Tuesday, September 29, 2009

Mar afuera

Cuando era estudiante, recién abandonado, telefónicamente, por quien hiciera las veces de primera “novia” (aquella irlandesa más adelante haría igual las veces de segunda, también, pero en otra encarnación, ya no católica-romana-hasta-aquí-nomás sino trosquista-feminista-hasta-acá-nomás), y con las navidades a la vuelta de la esquina, y sin hogar to speak of, decidí emprender un Viaje al Norte. Cogí un tren dirección a Leeds, donde me esperaba una “amiga”, hija de carnicero, vestida de pencil skirt (mejor imposible, ella era lápiz), y luego, después de consultar rápidamente con mis hormonas, cogí otro tren para Newcastle, donde otra amiga, hija de un cura anglicano y de una hipopotomesa, me esperaba en actitud de recién casada de Van Eyck (tenía ese cabello también, esas maravillosas trenzas empasteladas de Fräulein protoescandinava). Con la primera no intenté nada, creo que a despecho de ambos pero no había por dónde agarrar; con la segunda, sí, pero ella me puso en mi lugar con una reprimenda de maestra de kínder: no toques, eso es para los adultos. Desconcertado, me enteré entonces de que hay quien no gusta de ser usada. (Creo que yo todavía desprendía un tufo a virgen que mareaba a toda la compañía. Esas tierras thatcherianas de entonces eran baldías en Robinsons. Tuve que esperar cuatro años por una galesa compasiva cinco veces madre y ducha en braguetas oxidadas.)

Me viene ahora a la mente ese viaje por una cosa: la revelación de que si en el mundo había un lugar donde nunca, nunca querría vivir, ese lugar era Leeds, y eso por una razón muy sencilla: no había horizontes. La tal Alison R. podríase decir que sí tenía un horizonte, pero uno demasiado triste: fingir interesarse por El Poema del Mío Cid hasta que le saliera “un novio”, no importaba que fuera feo, vago y acomplejado, con tal de que sacara becas y premios por doquier y que llevara lentes, como ella (La Comunidad de las Almas Through the Looking Glasses). Por lo demás, horizontes, los podías buscar durante todo un día y nada, ni uno. Hasta la cerveza local se llamaba Tetley’s, como el té, y los pubs donde se servía parecían aulas de Secondary Modern. En Leeds el té es lo único que hay para que determines tu orientación respecto a la tierra: si rehúye de la taza, es que te has sentado en el techo, cabeza abajo, o bien en la pared. Caso contrario, estás ortodoxo y perpendicular. Pero como allí todo es plano (todo), y la ciudad entera se ha declarado zona libre de contour lines, y cuando andas por la calle lo único que separa la sosegada pesadilla suburbana del apantanado cielo son los tejados de las casas semi-detached, entonces no sólo existe el riesgo de terminar en carnicero, sino en carnicero inglorioso, cobarde, gago, tabloide, inglés. Por eso mismo, por simple carestía de horizontes.

Es que yo, personalmente, siempre había vivido en un valle.

De niño, viví entre río y bosques; de adolescente, entre diversidad de élans habitacionales hacia lo celeste desdibujados por el clima, y un legendario paraíso silvestre, recostado en chaise longue frente a la ciudad cual maja uniformada, que tardé lo mío en saber que era recinto arbolado perteneciente a un colegio femenino de los más exclusivos (colegio femenino, ya de por sí suena exclusivo). Siempre, dondequiera que fuera, había movimiento geotectónico capturado alrededor. Siempre había hacia donde alzar la mirada. El Chiltern escarpment, un mal sueño de las rocas, resaca geológica, con lo que lo nuestro, lo humano, quedaba en hormiguero oportunista, nomás, servía para recordar, como el Duero de Machado, o como esas otras contour lines de los sequoia, que hasta nuestra Carta más Magna no es más que inconsecuente disparo al aire en medio de tamaña infinitud rocosa.

Y hablando de (esas) sequoias…

Bernard Herrmann una vez dijo que Vértigo tenía que haberse ambientado en “una ciudad más calurosa” y tener como coprotagonista no a Stewart sino a un actor menos wholesome, más apto para encarnar obsesiones enfermizas. Con un genio como Herrmann es inútil discrepar, pero tal vez, como todos nosotros, daba demasiado por sobreentendido: San Francisco por lo menos tiene horizontes, pues quien se encuentre allí está vertiginosamente, sí, entre la espalda de la tierra y la mar, noche y día: entre dos violencias dormidas. Quien teme a la ridiculez de la obsesión (temor que al guionista le hizo sacar de entre los muertos a una token normal person, a modo de contrapeso y observadora, la intermitentemente saboría Midge) no habrá vivido entre horizontes sino entre humanos, destino empequeñecedor como pocos, sin más referente planetaria que la calvicie del vecino suppin’ in t’Woolsack. En cambio, no se puede vivir envenenado por el ozono de un cercano océano y seguir siendo estricta y protocolariamente humano, por algún lado ha de salir el leviatán: si Hitchcock hubiera insistido un poquito más en ese aspecto ambiental Herrmann seguramente se habría callado (piensen en El Fantasma y la Sra Muir, donde el mar es protagonista pleno: allí, no hizo falta ninguna normal person). Hubieran extendido unos segundos más la climáctica escena del acantilado, el beso con fondo marítimo, y mandado al diablo la Legión de la Decencia y el Código Hays (nota curiosa, si las prendas interiores de la Novak, colgadas en la cocina de Stewart, no parecen aptas para revestir cuerpo humano alguno, acháquenla a la mencionada Legión, que en mojigatería rivalizaban con los Buenaños y Panchanas de estos lares: el dato, agradézcanlo a la versión comentada de la restauración digital). Yo con Stewart ni con San Francisco tengo queja: tan sólo con el reduccionismo falaz que sustrae al individuo de su entorno antes de juzgarlo o de salvarlo. Mínimo, para entender a una persona hay que saber si creció en un valle o no, si siempre tuvo a su lado algo mucho más alto o profundo que él, algo que le obligara a escalar, a tranviar o a relajar el derailleur.

(Aquí, Guayaquil, mi horizonte forzosamente quedó en una taza de café; no importa, soy viejo. Pero ay de los que crecieron sin valle, sin cimas emboscadas que traspasar, sin más mundos alrededor que les esperaran con impaciencia quinceañera.)

Con Herrmann sí que no tengo pelea. Si la obsesión se caracteriza por una sístole de huída y una diástole de regreso al objeto, que atrae como imán la voluntad del sujeto, sin estar por ello enraizado en unas coordenadas reconocibles desde fuera (world space), siendo el vértigo precisamente esa incertidumbre gravitacional, esa falta de referentes externas, entonces se precisaba eso, un ostinato poco prolijo cuyo punto de partida y de regreso se sitúa en la atonalidad: con, quizás, una falsa tónica intermitente que se desplomara semitonalmente hacia abajo como tierra movediza, o como bocina de niebla. El romanticismo tardío, principal referente de Herrmann, con armonías musculosamente cromáticas y una orquestación que recuerda al Debussy de Pelléas o al Wagner de Parsifal, se pone truculentamente al servicio de una historia de un hombre soltero enamorado de un ritmo de habanera, el que a su vez (faltaba más) se encarna en un estilo pujante de corsetería, unas sorprendentes cejas y en unas muy pero muy buenas caderas. Más o menos de lo que pudiera haber sufrido yo, durante ese viaje, si no fuera porque el posible magnetismo de la irlandesa lo había despilfarrado demasiado en poses neoconservadores pretendidamente coquetas, y en susurradas negativas que ya, por lo repetitivo, cansaban. Creo que por aquel entonces yo estaba más que dispuesto a obsesionarme, pero no hubo manera: las ganas se quedaron en una especie de involución enfermiza y un oportunismo gauche y aleatorio.

Tuvieron que pasar muchos años antes de que conociera a quien sí se permitiera ser tótem de obsesión. De hecho, al igual que la Novak, ella siguió un guión sencillo estudiado para tal propósito. Creo que cualquier chica de pueblo tiene la capacidad de obsesionar, siguiendo unas simples normas, que parten siempre de la base de que la obsesión es algo pre-existente: no se trata de crearla, sino simplemente de encarnarla, de prestarle un nombre, unos detalles indumentarios, un perfume, unas cejas y unos colores. Dado que la obsesión masculina carece de sentido de humor y es recontrapesada, la mayoría, pudiéndola inspirar, pasan. Unas cuantas, generalmente sicólogas o aficionadas al romanticismo tardío, muestran curiosidad al respecto.

Sí, es cierto. Existe para cada uno de nosotros mujer perfecta, aunque no todos son capaces de describirla ni tal vez de identificarla en un simple desfile policial; yo no la conocí hasta el segundo acto, tal vez porque ella tenía que obtener de mí, mediante trucos, los datos necesarios para encarnarla. Ellas no son inocentes.

If I do what you want me to do, if I let you change me - will you love me?

Chantaje, evidentemente, pero ¿de quién hacia quién?

Please… it can’t matter to you.

Ingenuidad, la de todos nosotros. Los billetes de a cien también son sólo papel. (Interesante observar que para Hitchcock, la femme fatale ideal tiene un toque de vulnerabilidad tan descontrolado, que se dispone a enamorar a quien de por vida podrá humillarla con el recuerdo de un crimen, fundado desprecio que servirá de excipiente invariable para un deteriorado cariño. El masoquismo a corazón abierto funciona mejor en las películas, donde puede imaginarse duradero, que en la vida real, donde su hábitat natural son los moteles y las salas de fotocopiadora.)

You´ve got it bad, haven´t you?

Entre los requisitos caprichosos que muchos agregamos a nuestro blueprint: la ensoñada houri debe de tener el sistema de valores tan distorsionado, que es hasta capaz de sentir compasión por alguien que goce de una salud de hierro y de una holgada independencia financiera, basándose en el delirante pretexto de los “sentimientos” no correspondidos: un sistema de valores, digamos, telenovelesco. Este comentario de la Novak es lo que más marca la película como románticamente prefeminista. Inconcebible, hoy, fuera de los miasmas de las novelerías mexicanas.

Aaaaaaaaaaaah!

Sospecho que alguien ya lo habrá hecho, pero en todo caso, la cosa invita a parodia: el tipo que, dondequiera que vaya, sólo hace falta que emprenda la subida de una escalera para que vea a alguna maniquí de almacén vestida de gris cayéndose allá fuera. (Se podría mostrarlo dudando en cada rellano si debe coger el ascensor, y luego siguiendo, para que caiga otra, y otra… una lluvia tropical de Kim Novaks, vaya). En rescate de esto, la toma de la torre, justamente famosa, con sus perspectivas desafiantes y sus insectos humanos saliendo por ambos lados. El observador, el de verdad, no la impostora de la película que se hace la entendida pero cuya sagacidad se limita a una constatación pasajera de la inutilidad de Mozart, registra en esto la estaca que atraviesa el corazón de nuestros anhelos.

Monday, September 28, 2009

Extra limitándose

Hace unos días escribí que la simple idea de que el diario Extra pudiera tener un Código de Ética (requerido por el proyecto de ley de comunicación oficialista) me daba risa. También les relaté que un zombi me había dicho que no había agua "en todo el universo". Pues bien, rectificar es de sabios: sí hay agua, según los científicos, en la Luna y también en Marte, de una pureza de 99% (eso, queridos lectores, les enseñará algo sobre el grado de fiabilidad que pueden tener los zombis como fuentes de información), y en cuanto al Extra, un lector que prefiere guardar el anonimato me ha enviado el siguiente borrador de Código de Ética que los dueños del Extra ya tienen preparado, por si acaso llegue a triunfar la Ley Panchana.



Diario El Extra
¡¡CODIGO DE ETICA!!


ARTÍCULO 1 - ¡¡De la Libertad de Exclamación!!

(i) Nosotros apoyamos y defendemos sin ambages la libertad irrestricta de cualquier medio, oral, escrito o televisual, de emplear ¡abundantes signos de exclamación! ¡¡Libertad que en ningún caso se podrá supeditar a la naturaleza del contenido a comunicar!!
(ii) Considerando la gran necesidad por parte del pueblo, en la presente coyuntura histórica, de disponer de un adecuado suministro de puntuación incongruente, garantizamos que todos los artículos publicados en nuestro medio contendrán un mínimo de ¡¡¡catorce (¡14!) signos de exclamación sin ton ni son!!!
(iii) Considerando que es deber de cualquier periodista responsable proveerle al lector de toda la puntuación a su alcance, nuestro Diario resuelve emplear a un ¡¡¡Defensor del Signo de Exclamación!!! quien dispondrá de un ¡espacio semanal!, para que los lectores puedan expresar sus fundadas quejas respecto a la ausencia o carestía de signos de exclamación en ¡¡cualquier artículo!! publicado en este medio!!!!

ARTÍCULO 2 - ¡¡De la responsabilidad educativa! ! !

(i) Reconociendo la gran responsabilidad que tenemos los medios hacia los niños y jóvenes de este país, en cuestión de educación, resolvemos publicar cada lunes una nueva ¡¡Lección de Anatomía!!! la cual se mostrará en portada, en beneficio de los que no dispongan de fondos para la compra de un diario, como gesto a favor de los más necesitados. Dicha Lección estará a cargo de ¡¡las más bellas modelos colombianas del momento!!
(ii) En vistas de que las oraciones subordinadas producen estrés y cansancio, nuestra política de redacción favorecerá y priorizará las oraciones simples, lo cual redundará en beneficio de la Educación de nuestros lectores, ya que la falta de pronombres relativos obliga a buscar Sinónimos para el sujeto principal de cada oración, v.gr., “galeno” para “médico”, “mandamás” para “presidente”, etcétera, lo que contribuirá a expandir ¡¡¡el Vocabulario del lector!!!

ARTÍCULO 3 - ¡¡Del deber de Contrastar las Informaciones!¿!

(i) En nuestro medio reconocemos la suma importancia de que cualquier información sea ¡contrastada! con las versiones de sus principales protagonistas, a fin de que prevalezca la versión del que disponga de ¡¡¡más billetes sueltos!!! Garantizamos, por tanto, que no se publicará ¡¡ninguna información!! sin que se haya realizado un estudio exhaustivo de las posibilidades económicas de ¡las principales fuentes orales!!
(ii) Considerando, además, que en las páginas de un diario de Calidad debería haber una armonía y simetría platónicas de Contenidos, procuraremos, ¡siempre que sea posible!, que una noticia de índole Sensible, Dolorosa e Íntima, tal como un lamentado fallecimiento, vaya acompañado ¡¡en la misma página!! por la imagen de las Nalgas de una Presentadora de Televisión Local Venida a Menos, ¡¡¡a modo de contraste y contrapeso!!!

ARTÍCULO 4 - ¡¡De las Tecnocumbieras!!

(i) Siempre reconoceremos como falta de ética periodística grave, a más de falta de patriotismo repudiable, la omisión de cualquier dato disponible acerca de las bellas tecnocumbieras de nuestros pueblos. ¡Estos datos imprescindibles siempre incluirán: medidas vitales; color favorito; estado conyugal; talla de sostén; pueblo de nacimiento; animal con el que le gusta compararse; y opinión respecto a quién debe ser dominante en la cama, ¡y a quién a pesar de lo dicho a veces le place que el otro lo sea!
(ii) ¡El posible hecho de que la tecnocumbiera en cuestión no haya grabado ni un solo disco, ni sepa bailar ni cantar, o que sea también Ministra de Finanzas, no se considerará óbice para que se le dedique una página a full color, con tal de que sus manifestaciones de agradecimiento al reportero encargado sean lo suficientemente palpables!!!

ARTÍCULO 5 - ¡¡Del Equilibrio Ideológico!!

(i) Nuestra política es la de favorecer a todas las ideologías por igual, finalidad que en la práctica se consigue mediante el simple recurso de ¡publicar todos los chistes al respecto de los políticos del momento que se nos ocurran! Puesto que todos los políticos son igualmente ridículos, de ese modo se consigue un equilibrio ideológico que de otra forma ¡fuera inconcebible!

ARTÍCULO 6 - ¡¡¡¡De los Cachosl!!!

(i) ¡El derecho de ser cachudo es el más fundamental de los derechos humanos! Nosotros apoyaremos la lucha de los cachudos en defensa de ese derecho, mediante nuestra conocida labor en pro de la socialización de la cornamenta. Siempre que sea posible, daremos espacio para que algún cachudo opine sobre las noticias más significativas del día, y defenderemos su opción u orientación sexual mediante chistes, innuendos y elementos gráficos! Y sobre todo, ¡con cachos!!!!!!

ARTÍCULO 7 - ¡¡De la Veracidad Sanguinaria!!

(i) La Constitución de la República establece la necesidad de que el contenido de las noticias sea ¡veraz!, lo que a su vez obliga al Diario éticamente responsable a informar sobre la cantidad de sangre vertida en cada evento noticioso (evidentemente, un suceso en que no se haya vertido sangre no se puede calificar de noticia). ¡La mejor manera de realizar esta labor social es mediante la publicación de fotografías que indiquen, con la mayor exactitud posible, la ubicación de tal sangre, su nivel de frescura, su color, su viscosidad y la posible presencia de diluyentes tales como: gasolina, semen, lodo, detergente o agua lluviosa, ¡que podrían influir en el cálculo final!!
(ii) Entre la sangre y los cachos existe una relación causal necesaria, de tal modo que en el hipotético caso de que haya sangre sin cachos, ¡los reporteros tendrán la responsabilidad de inventar una historia de cuernos que justifique el derramamiento de sangre en cuestión! ¡Una elemental ética periodística obliga a que tales historias sean lo más absurdas e inverosímiles posible!

ARTÍCULO 8 - ¡¡De las Fuentes de Información!!

(i) ¡En la praxis periodística es de vital importancia que las informaciones publicadas provengan de una fuente fidedigna! Nosotros consideramos por experiencia como fuentes más fiables, en orden de mayor a menor:

¡Los espíritus de seres muertos con nombres churriguerescos que se manifiesten a través de escuálidas clarividentes de cabello alborotado residentes en México o en Miami!;
¡Los chismes relatados a través de programas de tele protagonizados por personajes extremadamente babosos!;
¡La inagotable imaginación de nuestros periodistas de mayor antigüedad!;
¡Las manifestaciones verbales de jueces corruptas, políticos caducos y agencias de marketing!;
¡Los rumores propagados por locutores de canales de radio de bajo rating!
A falta de datos que provengan de una de estas fuentes de confianza, se considerarán las agencias de noticias nacionales e internacionales, pero sin acordarles demasiada credibilidad, y siempre en letra pequeña y lenguaje laboriosamente infantil.


ARTÍCULO 9 - ¡Jueves ético!!!

(i) ******
(ii) En exclusivo para nuestros lectores, presentamos el
(iii) ¡¡Jueves Ético!!
(iv) Cada semana, un nuevo Principio Ético a todo color, encarnado a página completa por nuestros intrépidos filósofos morales: ¡¡¡NO TE LO PIERDAS!!!
(v) *****

Saturday, September 26, 2009

Soberanía Alimentaria

Ayer cometí un pecado grave: me compré un helado. No es que me preocupe el tema de las calorías (por fin estoy por debajo de mi "peso ideal", primera vez en 20 años), sino que mi situación económica realmente no da para esos lujos ahora: la plata del helado era para mis acreedores. En fin, mientras me lo comía se me dio por pensar en esas debilidades de la carne que hacen que traicionemos a nuestros propios principios éticos.

¿Por qué será que me paso el día soñando con helados?

¿Por qué será que antes, cuando vivía en España, y tenía con qué comprar helados, no me llamaban siquiera la atención? ¿Por qué, en cambio, allá la cerveza era una necesidad vital, mientras que desde que estoy en Ecuador, no me atrae en absoluto?

Y me puse a buscar en Internet. Al final, surgió la respuesta, que para algunos ya será evidente: todo tiene que ver con la fauna digestiva, con esos diminutos bichos que cargas en tu estómago y en tus intestinos. En mi caso concreto, resulta que demuestro claras síntomas de llevar en mis entrañas una colonia floreciente de Heladobacter pingüinii, pequeño ser unicelular con cara de yo no fui que habita en tus tripas y que se alimenta exclusivamente de Sánduches de Chocolate, de Gemelos y de Caseros de Coco. Al enterarme de esto, hice el esfuerzo mental/espiritual de concentrarme en mi hambre de helados, en una suerte de interrogación interior: usted - decía - sí, usted, hambre de helados, no te hagas la loca, contéstame sin rodeos, ¿eres realmente parte de mí o eres simple impostora? Y al no recibir respuesta (tan sólo una diminuta risita sofocada) me puse de pie y bramé en tono apostólico: Te exorcizo vil bacteria, mismísima encarnación de nuestro enemigo, en el nombre de Jesús Heriberto Cristo, sal y huye de este estómago de Dios. Él mismo te manda, el que manda al mar, los vientos y las cadenas presidenciales. Escucha y teme, Oh Heladobacter, enemigo de la economía familiar, adversario de la raza humana, productor de las manchas en las camisas, ladrón de centavos, destructor de billetes, raíz de los males…

Nada. Después de todo esto, seguía con el mismo deseo de comerme otro Casero de Chocolate. Peor, las risitas en mi estómago se multiplicaron.

Con lo cual, he tenido que reconocer a la fuerza que no ejerzo soberanía ni sobre mi propia alimentación. Son estos pequeños animalitos que llevo dentro quienes deciden a todas horas lo que voy a comer. Son ellos los que realmente comen. Yo no.

Naturalmente, uno reacciona ante esto queriendo ser santo. Se me ocurre que hay que ser absolutamente medievales, cultivar el ascetismo, establecer claros límites entre lo que es verdaderamente de uno, o sea, el alma, y lo que es propiedad de los microbios, del gobierno y de la Comisión de Tránsito, es decir, el cuerpo vil con todas sus debilidades, arrugas, extirpaciones y vistosas podredumbres. "A César lo que es de César..."

El problema es que aparentemente no tengo alma.

Así que sólo queda eso: la contemplación de la paulatina disgregación del ser; el espectáculo de las imágenes fotográficas superpuestas; el pasear después de desayunar con la cabeza de otro, situada unos metros más adelante en protocolo mahometano por falta de cuaterniones; resignarse a tener el cuello helicoidal y a pensar en idiomas desconocidos; disponer de una salchicha de aluminio, levemente veteada, sin manual de instrucciones. Por lo mismo es que uno a veces sucede que se cansa de ser hombre.

Friday, September 25, 2009

La Ilustre y Muy Venerable Cofradía de Nuestra Señora de los Pies Perforados

“Om... Mani? Pad me. Hum.”

La tradicional (entre redactores de opinión) invocación al espíritu de Mani, legendario profeta cuyo principal legado en nuestros días sigue siendo el maniqueísmo político, parece haberle servido a Emilio Palacio, cuya columna el El Universo de ayer da a entender que quien apoye el paro de la UNE y grite “viva el paro” en las inmediaciones del Presidente, merece por ello un trato especial de “valiente” pocas veces otorgado desde aquella columna en particular: un tratamiento, digamos, poco menos que de héroe. Ahora, sin saber nada más sobre el tipo en cuestión, un tal Marlon Tenecela, fuera de algún melenudo deseo, visible en las fotografías, de parecerse al Lennon de los años 68-69, no podemos decir que no sea un héroe, aunque para mi gusto personal “valiente” es quien demuestre talento para sobrevivir, y conociendo las susceptibilidades del Primer Mandatario, gritar delante de él cualquier cosa que no sea una expresión de supina adoración o una petición de autógrafo, es arriesgarse demasiado: hay una línea muy delgada entre valentía e insensatez. De todas maneras, lo que me preocupa en esto es que pareciera como si, para ese respetable periodista, quien se manifieste en contra del Presidente por la razón que sea, se convierte ipso facto en aliado de esa gran masa de personas generosas y liberales que, según él, se encuentran disconformes con el actual régimen. O séase, que los enemigos de mis enemigos son mis amigos.

Por eso digo: el espíritu de Mani está todavía con nosotros.

Ayer tuve que ir a mediodía a la Universidad Estatal. Por instancias de la CTG, el autobús hizo un pequeño desvío forzoso; por fin llegué, y, cumplido mi recado, me dispuse a ir caminando hasta Urdesa. Fue cuando un grupo de personas paradas en una esquina me gritaron: ¡cuidado con las piedras! Al doblar la esquina, efectivamente, me encontré con una calle llena de rocas, y a lo lejos, un grupo reducido de manifestejantes que se dedicaban a lanzar piedras, al parecer de forma aleatoria, más o menos en dirección a un pequeño destacamento de policías que había allá cerquita. Como yo no llevaba uniforme de policía, en ese instante decidí que no habría dificultad en seguir caminando en dirección hacia los manifestejantes, puesto que conmigo no tenían ninguna pelea. Lo que me disuadió fue una piedra grande que pasó cerca de mi cabeza en ese momento. Al tirador de la piedra le dirigí un gesto de lástima, y retrocedí, para acto seguido ponerme a buscar un taxi que me llevara adonde tenía que ir.

Cuando en algún momento el taxista tomó una calle que llevaba indirectamente hacia donde estaban parados esos manifestejantes, salieron algunos al paso, haciendo gestos enérgicos que daban a entender que retrocediera, que por ahí no podía pasar. El taxista, conversando conmigo en ese momento, y dando la vuelta, dejó soltar otro “hijos de puta”, tal vez el tercero o el cuarto. En eso convenimos sin discusión: quienes allí se manifestaban eran, efectivamente, unos hijueputas. ¿Qué otro calificativo sirve para personas que se toman la calle e impiden con violencia la libre circulación de la gente? (Y sí, eso va para los de la CTG también, con sus “desvíos”).

Lo que me parece triste es que haya gente que no sabe hacer oposición.

A estas alturas, “a favor”, incondicionalmente, del gobierno sólo quedan los lobotomizados y los arrimados al abrevadero estatal. El resto de la gente, como gusta de señalar Palacio, espera “un líder”. Viendo el panorama de ayer, podremos convenir en que tal “líder”, cuando llegue, tendrá a sus espaldas un impresionante historial de tirador de piedras aleatorias, y pocas cualidades más. Es decir, en política acá uno se limita a imitar los peores defectos de sus enemigos. Si el mismo gobernante le hace pagar al ciudadano de a pie toda su frustración y sus malas pulgas, pues no vayamos a ser menos. Si ellos son vandálicos, pues nosotros también. Y así nos va. Como en otras ocasiones señaladas, la “oposición” en este país se dedica nomás a dispararse a sus propios pies.

Qué fácil hubiera sido organizar un paro (si paro hacía falta) disciplinado y con cierto nivel de apoyo popular, con justos reclamos y talante (ahí me salió el zapatero) dialogante, frente a la archiconocida intolerancia gubernamental. Pero ¿quién iba a apoyar a una pandilla de energúmenos que tiran piedras a diestra y siniestra, con total indiferencia, y a quienes no se les ocurre mejor consigna de guerra que “viva el paro”? Un servidor, no.

Thursday, September 24, 2009

Ley Mordaza, quinta parte

Artículo 10.- De la cláusula de conciencia.- Quienes informen o emitan sus opiniones en los medios de comunicación social tendrán derecho a negarse fundamentadamente a realizar acciones contrarias a la Ley o a la deontología periodística; sin que esta objeción afecte su estabilidad y derechos laborales. Los propietarios o administradores de los medios de comunicación social no podrán restringir este derecho ni directa ni indirectamente, o de manera abierta o encubierta.

Ya nos acostumbramos a que los gobiernos y los leguleyos se metan en las relaciones entre empleador y empleado: nada de novedoso hay en eso. Aquí, se trata nomás de reclutar soplones entre los empleados de los diarios y canales de televisión. Clarito.

En caso de formularse la objeción de conciencia, esta deberá fundamentarse por escrito a su empleador y al defensor del público adscrito a la defensoría del pueblo; éste último juzgará la pertinencia de la objeción de conciencia utilizando como referente los principios constitucionales.

Los comunicadores sociales podrán presentar un máximo de dos objeciones de conciencia ante un mismo empleador. Una tercera objeción será sometida a la mediación del Consejo Nacional de Comunicación e Información. Esta acción no excluye la posibilidad de plantear acciones legales, penales, civiles, laborales o de otro tipo para solucionar el conflicto.

En caso de que el Consejo Nacional de Comunicación e Información considerare pertinente la tercera objeción de conciencia por parte del comunicador social, el medio será sancionado conforme a esta ley.

Artículo 11.- Secreto profesional y reserva de la fuente.- El secreto profesional es un derecho y un deber de quienes recaban información en los medios de comunicación social, que asegura la confidencialidad de sus fuentes de información.

El Estado garantizará el derecho al secreto profesional y a la reserva de la fuente, salvo en los casos en que se vulnere o ponga en peligro derechos fundamentales de los personas. Cuando la fuente pida el anonimato, así debe constar en la información.

Aquí, no cabe ninguna salvedad.

Artículo 12.- Del cambio en la naturaleza de los contenidos del medio de comunicación especializado.-
Quienes informen o emitan sus opiniones en los medios de comunicación social de carácter monotemático o especializado tendrán la facultad de poner término a la relación laboral, toda vez que se produzca un cambio en su naturaleza o en la línea de sus contenidos dará derecho a una indemnización equivalente a despido intempestivo. La calidad de los cambios será determinada por el Consejo Nacional de Comunicación e Información.

CAPITULO TERCERO
DERECHOS, DEBERES Y RESPONSABILIDAD SOCIAL DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN

Artículo 13.- Derechos de los medios de comunicación social.- Los medios de comunicación social tienen derecho a:

Desarrollar su actividad en el ámbito de la comunicación, sin censura previa y con responsabilidad ulterior;

Ejercer la libertad de información, de conformidad con los principios establecidos en la Constitución, en la presente ley y en los tratados e instrumentos internacionales, sin restricciones;

Solicitar y recibir información transparente y oportuna de las entidades públicas y de las entidades privadas que manejen fondos del Estado o presten cualquier servicio público, con las excepciones y limitaciones establecidas en la Constitución, instrumentos internacionales y las leyes de la República;

Los demás derechos establecidos en la Constitución y la ley.

Nada que no haya sido establecido en leyes anteriores.

Artículo 14.- Deberes.- Son deberes de los medios de comunicación social:

Difundir contenidos informativos, educativos, culturales, artísticos, científicos y recreativos de calidad, sin censura previa, que promuevan y fortalezcan el desarrollo de las capacidades y la formación del público;
La protección de la identidad de menores de edad en situaciones de ser autores, cómplices, encubridores o testigos de delitos, o de cualquier otro antecedente que conduzca a la desprotección de su identidad;

Difundir información responsable, contrastada, precisa, contextualizada, plural, sin censura previa, y con responsabilidad ulterior, acerca de los sucesos de interés general;

Respeto a la integridad, el honor, la dignidad y la intimidad de las personas, en los términos establecidos por la Constitución de la República y en la ley;

El rechazo a toda forma de discriminación, de incitación a la guerra, de violencia, toda forma de colonialismo, neocolonialismo, de ocupación e intervención extranjera y agresión a la soberanía;

Empezó bien, pero a ese Panchano se le pierde el entusiasmo de salvador del mundo: con la capa azul a partir de aquí se va enmarañando progresivamente. No hay por qué rechazar a toda forma de discriminación: de hecho, hacerlo a conciencia significaría renunciar a comunicar, ya que para formar una frase, hay que saber discriminar entre sujeto y predicado. Desde luego que son censurables las incitaciones a la guerra, pero especificar que un medio tenga el “deber” de oponerse a tal, es atentar directamente contra la libertad de expresión. Que algo no me guste, e incluso que no guste a casi nadie, no significa que su expresión deba estar prohibida; el verdadero demócrata tiene especial cuidado en proteger las expresiones con las que no esté de acuerdo; es un instinto que nace con la percepción, muy de adultos, de que yo no soy la vara con la que el mundo se mide. Con esta última frase citada, Panchano se muestra como un ser infantil que piensa, sinceramente, que el mundo tiene el sagrado deber de ajustarse a sus gustos y preferencias personales. En cuanto a eso de la “intervención extranjera”, se trata de la expresión más desvergonzada de racismo estatal que he visto en bastante tiempo. (En Inglaterra, recuerdo haber escuchado algo similar allá por los años 70: no hizo falta ni terminar de ver la emisión para saber que era de la National Front, organización neonazi de la época. Lo que a Correa y compañía les separa de la ultraderecha nacionalista europea, a estas alturas, no es apenas más que unos cuantos tics costumbristas, que el tiempo sin duda sabrá aplanar.)

Dedicar espacios y horarios destinados al público infantil y adolescente, en los cuales, se difundan contenidos que atiendan a sus necesidades, evitando cualquier tipo de contenido, incluida la publicidad comercial, que atente contra sus derechos;

Promover y privilegiar la producción cinematográfica y audiovisual local y nacional independiente, con estándares de calidad. Los medios audiovisuales de alcance nacional o regional, incluirán al menos un diez por ciento (10%) de espacio en su parrilla de programación para la difusión de la producción nacional independiente;

Así que, según Panchano, las producciones nacionales alcanzan apenas un 10% del valor de las extranacionales, tendencia extrapolable hacia un futuro indefinido. Qué falta de patriotismo, por Dios. Puestos a legislar gustos, ¿por qué no insistir en un 100% de producciones nacionales? Anda, Rolando, expláyate. Sólo se vive una vez.

Los medios audiovisuales de alcance nacional o regional, tienen la obligación de incluir al menos un cuarenta por ciento (40%) de producción nacional en el total de su programación diaria.

Eso está mejor. Sigue, sigue. A por los 75%. Tú sí puedes.

El Consejo Nacional de Comunicación e Información vigilará el cumplimiento de esta obligación y sancionará su incumplimiento de conformidad con la presente Ley;

En el caso de los medios audiovisuales, conservar en archivo todos los contenidos de su programación, durante el plazo treinta días; y de los programas de información y opinión durante el plazo de seis meses.

Los medios audiovisuales están obligados a poner esta información a órdenes de las autoridades competentes de conformidad con la Ley y cuando estas lo soliciten. En el caso de los medios impresos, la conservación es permanente. Para los medios comunitarios se establecerá reglamentariamente una normativa específica sobre archivo, atendiendo sus peculiares características;

Le dio pereza.

Registrarse ante el Consejo Nacional de Comunicación e Información, para lo cual deberán acreditar su Código de Ética y su Defensor del Público, que actuará de manera independiente, designado exclusivamente para esta tarea. El Código de Ética de cada medio deberá ser aprobado, previo debate, con la participación de todos los funcionarios y empleados del medio de comunicación y cumplir plenamente con los principios y derechos establecidos en la Constitución del Ecuador, así como con los principios y derechos de comunicación que garantizan la responsabilidad social, la transparencia de procedimientos y el manejo de la información como un servicio público de acuerdo con la presente ley. El Código de Ética deberá ser suscrito por todo el personal del medio: directivos, periodistas y administrativos; de forma que no se pueda alegar su desconocimiento.

Y ahora, estalinismo puro y duro. No es difícil que un dueño de periódico, grande o pequeño, tenga, a más o en lugar de un "código de ética", sólidos principios éticos que le impidan prestarse a semejante trampa burocrática. Se inaugura la nueva era del samizdat a lo criollo.

Colaborar en los procesos convocados por el Consejo Nacional de Comunicación e Información, para intercambiar opiniones y lograr acuerdos para el mejoramiento del ejercicio comunicacional;
Permitir la reproducción parcial, por parte de otros medios de comunicación social, de contenidos informativos, una vez que los eventos u otros ya hayan sido trasmitidos; y,

Nada de propiedad intelectual, entonces. En este punto por lo menos podemos estar de acuerdo.

Dar el crédito correspondiente cuando se reproduzcan contenidos de otros medios.

La exigencia de un Código de Ética y de un Defensor del Lector por parte de estos ignorantes en temas de periodismo sin duda le recordará a cada lector una experiencia diferente pero equiparable en su propio ámbito de trabajo. El profesor, por ejemplo, termina acostumbrado a esas reuniones de alto nivel con algún rector, algún director o algo por el estilo, donde una feliz ocurrencia de algún individuo entre la plantilla de repente se vuelve exigencia general, a pesar de que el propio autor de la inspiración no la vea generalizable. Ya saben: "nos hemos enterado de que la Profesora Penelope Hartley ha iniciado a su clase en los bailes típicos de su región, eso a los alumnos les encantó. Así que por favor, la semana que viene quiero que todos entreguen un plan de cómo piensan aprovechar el baile regional de su tierra en la clase. ¿Alguna pregunta?"

"Soy de Liverpool. El único baile regional que conocemos en mi tierra consiste en romperle la nariz al contrincante a cabezazos. ¿Quiere que le enseñe eso a los alumnos?"

"A usted le falta imaginación. Seguro que si piensa un poco, se le ocurrirá un baile de su tierra que sirva. ¿Nada más? Fin de la reunión, entonces."

La idea de que el Extra pueda tener un Código de Ética me causa tanta gracia que voy a estar riéndome a lo largo de toda la ruta del 65 esta noche.

Grandes renuncias

Ayer, un conato de pelea entre mi hijastra (10 años) y mi hijo (22 meses) se resolvió a favor del último, con estas palabras (de la madre de ambos): “déjale jugar con eso, es un bebé”.

Gran sabiduría. Cuando tienes diez años, que te quiten el juguete durante tres minutos y medio es sólo una calamidad; cuando tienes apenas dos años, es una tragedia. Las lágrimas del niño, privado de su escoba (juguete favorito: vocación de barrendero ostenta) harían callar a cuanta mater dolorosa que en el mundo ha sido; las siete espadas no son nada al lado de lo suyo. No le ha hecho falta ningún modelo de rol para aprender a tirarse en el piso, o en el sofá (más cómodo) y deshacerse en un llanto desesperado, amargo, existencial, desconsolado. Es simplemente un talento, un don. La Santa de Ávila contempla, muerta de envidia.

Llegará el día en que aprenderá a renunciar, a ceder y a transigir. A no llorar (por aquello de ser hombre), y, esperemos, a decir correctamente, con buena entonación, “las uvas eran amargas”, o (como yo, ahora) “eso de tener muelas funcionales realmente no iba conmigo. Qué quieres que te diga, nací para escuálido”.

Cuando yo tenía tal vez doce o trece años, me leí, varias veces, La Imitación de Cristo, de Thomas á Kempis. Se me antojó un libro deprimente. No entiendo bien esa voracidad que tienen los muchachos de 12 años por los libros deprimentes, pero yo la exhibía. El tema del libro, si me acuerdo bien, es que todo lo que nace de uno es malo, aunque se trate de “buenos sentimientos”. La personalidad que uno tiene, hay que anularla. La única forma de llegar al cielo es mediante una lobotomía virtual tan radical que hasta el mismo deseo de ir al cielo queda extirpado. Hay que intentar ser como Cristo, ese extraño ser que fue como una singularidad caminante, un Agujero Negro temporalmente residente en las riberas del Galileo.

Creo que a los muchachos no les conviene leer ese tipo de libros. Que los lean, sí, pero que los “contrasten” (gracias Rolando) con Spiderman, el Hombre Araña, que también imita a Jesús, pero a su manera, más liberal con los mamporros y con el semen digital. (Descubrí a Spiderman un poco más tarde que a Kempis: me pareció una clara evolución, una oportuna mise á jour del misticismo pretridentino). Luego, en aras de la pluralidad, Homero, Cervantes, Fielding (un Cervantes pequeñito y graciosillo), Dickens, Eliot (aquélla, aunque ése también, por qué no). En fin. Yo fui con el canon, pero me salí de él de vez en cuando, para tomar aire. Así aprendí que, llámese o no “música”, se puede conjugar a los Beatles y Diana Ross con Mozart y Pachelbel, todo esto cabe en una sola cabeza, aunque hagan falta tal vez dos oídos, y a ratos tres (“I can wait” - Schoenberg). De modo parecido, creo que, llámese o no “comunicación social”, caben tanto en los quioscos circundantes El Universo como el Extra como alguna hipotética imitación de The Manchester Guardian, en fin, todo cabe, menos ese parásito (El Telégrafo) que, como polluelo cucú, se las ingenia (gracias Rolando) para expulsar del nido a toda boca competidora. A mí, especialmente, el Extra me sirve para ponerme al día (eso sí, en el 17 y por encima del hombro de alguien) con los últimos glúteos colombianos y las tendencias de la temporada en colores de sangre. Me paro aquí, para no terminar citando al tío de Shandy sobre la mosca en la ventana. Retornemos a nuestras ovejas.

Para una mente hambrienta toda comida es buena. No hay nada de malo en eso. Pero los muchachos y las muchachas, para grandes renuncias, siquiera algunas pequeñas, no fueron hechos. Las leyes de la física, que prohíben que nadie se realice, que todos nos quedemos en tristes remedos de lo que pudiéramos haber sido, porque “total” hay que currar, ya imponen tantísima renuncia diaria, que aumentar todavía más el cupo de sacrificio ya huele a perversión eclesiástica.

“No, no, I don't want that time to come hither.”

Para los viejos, eso sí, la renuncia necesaria. A nuestros dientes, a nuestra visibilidad para con el sexo opuesto (que antaño no fuera opuesto sino subyacente). A esa nitidez que antes caracterizaba las fronteras entre sueño y velo, ahora convertido en sopa subliminal llena de sorpresivos descubrimientos de tigres vestidos de peatones, de hediondos prejuicios propios similares a objetos en descomposición descubiertos en la nevera, detrás del kétchup, de tristes garbanzos de entusiasmos inconexos. Ser viejo es renunciar poco a poco a todo, pero ninguna renuncia es grande, ni menos heroico.

Toda renuncia es un dejar de ser, un ser menos, y ninguna aporta nada que no fuera otramente impuesta, mediante procesos químicos, con el tiempo. Se puede enseñar de todo a un niño, menos a crecer.

Wednesday, September 23, 2009

Ley Mordaza, cuarta parte

CAPITULO SEGUNDO
DERECHOS Y DEBERES DE LOS COMUNICADORES SOCIALES

Artículo 8.- De la libertad de opinión.- Se reconocer el derecho al ejercicio de la opinión libre, sin censura previa, sin afectar el derecho a una información veraz, ni los derechos fundamentales de otras personas, consagrados en la Constitución, leyes, pactos, convenios, declaraciones y demás instrumentos internacionales de derechos humanos. Toda opinión es de exclusiva responsabilidad de quien la emite, advertencia que debe hacerse de manera explícita. De lo contrario se presume que dicha responsabilidad será también del medio de comunicación.

Que el libre “ejercicio” (supongamos que quiere decir la libre expresión) de una opinión no afecta, ni tiene por qué afectar, los derechos fundamentales de otras personas, eso ya lo sabíamos. Que el autor de este texto tiene dificultad con la conjugación de los verbos (“se reconocer”: habrá querido escribir “se reconoce”, o tal vez “sé reconocer”), también. Lo novedoso es ese estrambótico “derecho a una información veraz”, apto para provocar sonoras carcajadas en la sala de conferencias de cualquier Facultad de Periodismo a lo largo y ancho del planeta. Que alguien más allegado al pobre autor de este documento se tome su tiempo para explicarlo por qué no se puede postular un derecho que tiene por objeto una entelequia.

Por otra parte, se recomienda corregir la engañosa y tendenciosa redacción de las dos últimas frases, pues tal como quedan, dan lástima por lo contradictorio. Si de verdad toda opinión es de “exclusiva” responsabilidad de quien la emite, entonces es imposible que la responsabilidad sea, bajo alguna circunstancia, también del medio. Debería decir: “La responsabilidad de toda opinión es de quien la emite, y también de los dueños del medio en que se publica, salvo en el caso de que la opinión vaya acompañada por un disclaimer por parte de los dueños del medio.” Con una redacción así de contundente, apreciaríamos mejor el espíritu mezquino, litigioso y censurador que informa este documento.

Queda por determinar, evidentemente (y en una Ley de estas características, nada debería “quedar por determinar”) si tal disclaimer debería acompañarle a cada artículo de opinión, o si basta con que la sección en que se encuentra se titule “Opinión”, o si basta con la típica advertencia en letra pequeña al principio o al final de la publicación, o del año.

Artículo 9.- Derecho y deber a la información.- Los comunicadores sociales gozan de todas las garantías para obtener y difundir información, entendiéndose por tal el conjunto organizado de datos y evidencias procesados que producen conocimiento.

Los comunicadores sociales deben difundir información que sea socialmente responsable, veraz, contrastada, oportuna, contextualizada y plural.

Me pregunto cómo reconocería a un comunicador social. Tal vez son diferentes de los demás comunicadores en el sentido de llevar zapatos de tacón pronunciado y gomina en el pelo. Quién sabe.

En todo caso, si mi hijo más adelante quiere ingresar en una Facultad de Comunicación Social, me opondré violentamente. No es por nada: se ve aquí claramente que la tarea de ser comunicador social es poco menos que imposible, puesto que hay tantos requisitos que ni un Ernest Hemingway sabría cumplir con todos a la vez.

Por ejemplo, imaginemos que me piden redactar una noticia referente a alguno de esos exabruptos del bueno de Ahmadineyad, al tenor de que el Holocausto es un engaño masivo que nomás sirvió de pretexto para fundar el Estado de Israel.

En primer lugar, “veraz”. Si la noticia proviene de Yahoo News, tengo que hacer mis deberes. Pero por fortuna proviene de una agencia de noticias solvente (iba a decir AP, pero me resistí, por la posible confusión resultante). Vayamos al siguiente punto: “contrastada”. Ahí nos jodimos. ¿Con qué tengo que contrastar esta noticia? ¿Debo hacer un trabajo de investigación con el fin de resaltar que ese tal Ahmadineyad no ha sido siempre un vil mentecato? Debo contrastar lo repugnante de sus declaraciones con lo admirable de su obra en beneficio de los verdugos jubilados de su país? O tal vez debo contrastar sus declaraciones con algún texto sacado del Diario de Anne Frank, o con los testimonios oculares de los soldados aliados que ingresaron en Belsen o en Dachau? En fin, hay tantos contrastes posibles que no sabría dónde empezar. Pero dejemos esto de lado y sigamos: “oportuna”. ¿Cuándo, en qué momento es oportuno saber que el tipo con el que Correa quiere establecer relaciones de comercio y fraternal amistad es un peligroso demente paranoico? Imaginen que en estos momentos se iba a cerrar algún tipo de tratado comercial con Irán. Publicar una noticia que haga cuestionar la salud mental del jefe de estado iraní, ¿es oportuno (por lo que puede hacer reflexionar a unos pocos), o es inoportuno (por lo que podría hacer peligrar la firma del tratado, si el público se escandaliza lo suficiente)? ¿Quién decide estas cosas? Pero sigamos: “contextualizada”. Ahí, realmente, se me hace muy larga la noche. ¿En qué contexto se debe de presentar esta noticia? Debería acompañarla un artículo sobre los horrores de Auschwitz? O por el contrario, ¿deberían resaltarse, a modo de “contexto”, similares declaraciones por parte de los terroristas de Hamas, o por parte de algún historiador loco británico de la extrema derecha, a modo de dar a entender que lo de Ahmadineyad es patología recurrente? O tal vez el “contexto” que precisa darle a estas declaraciones es otro: que el tal Ahmadineyad, a pesar de lo que puede aparentar, es un hombre de estado hecho y derecho con el que interesa buscar alianzas estratégicas… No hay premios por adivinar cuál “contexto” les daría mayor satisfacción a los De Arriba, en esta coyuntura. Pero ahí está el quid de la cuestión: la enorme subjetividad de todos estos términos, y por ende, su impresionante capacidad para prestarse a lecturas sesgadas e interesadas en aras de una censura encubierta. Y no empecemos con lo de “plural”, o con eso de "socialmente responsable", que en el ejemplo utilizado, sería ya de pesadilla.

Convengamos, pues, en que el autor de este proyecto de ley ha sucumbido ante el encanto de las utopías de salón y de la palabrería biempensante. Lo articulado en este enunciado es de una ridiculez y de una torpeza pasmosas. Pero más que eso, es una receta para amordazar: así de claro. De aprobarse esta ley con este acápite, será prácticamente imposible publicar ninguna información sin temor a represalias gubernamentales amparadas precisamente en la imposibilidad de cumplir cabalmente con los mencionados preceptos.

Ley Mordaza, tercera parte

Artículo 4.- Garantía para el cumplimiento de la rectificación, réplica o respuesta.- Toda persona afectada por informaciones sin pruebas, inexactas o que agravien su honra, publicadas por los medios de comunicación social, tiene derecho a la rectificación, réplica o respuesta correspondiente, en forma obligatoria, inmediata y gratuita, en el mismo espacio impreso o audiovisual en el que se difundió.

Resulta bastante irónico que quien no sabe siquiera redactar una frase libre de errores gramaticales (“difundieron”, por favor, ya que no hay antecedente posible que no sea plural) pretenda “regular”, mediante ley, la comunicación de los demás. Ahora sólo hace falta que Walter Mercado se autoadjudique el puesto de entrenador de Barcelona.

El plazo de publicación o emisión para viabilizar el derecho de rectificación, réplica o respuesta no podrá exceder las 48 horas laborables, contabilizadas a partir del momento en que el medio reciba la solicitud de la persona afectada.

El derecho de rectificación, réplica o respuesta no está sujeto a dubitación, contraposición u oposición por parte de terceros; la sola afirmación fundamentada de la persona afectada por la información que incumpla lo dispuesto por la Constitución será suficiente para que el medio de comunicación proceda a la rectificación o réplica, en un espacio proporcional y con la misma característica al utilizado en difundir la información objetada. El medio de comunicación al publicar la rectificación o réplica podrá ratificarse en el contenido de la información objetada. Cuando se trate de respuesta el medio de comunicación social estará obligado a proporcionarla inmediatamente cuando así fuera solicitada por la persona que fuera aludida en la información.

Esta retahíla de sandeces merece especial atención. Hasta ahora los comentaristas se han limitado (algunos) a observar que el autor de este artículo evidencia poseer pocos conocimientos en periodismo. Seamos más precisos.

Primero, si yo publico una revista semanal, a todo color, y me aprovecho de una red de distribución adecuada para tal empeño, ¿qué pasará si algún aludido en algún artículo que salga en la edición del sábado me escribe por correo electrónico el día siguiente para solicitar el derecho a réplica? Como tengo que publicar la rectificación en un plazo de 48 horas, entonces no me queda más remedio que imprimir una nueva revista, a todo color, y hacerla llegar a los puntos de venta habituales, antes del día martes. Mi imprenta podría estar cerrada el domingo; que los dueños de la imprenta estén dispuestos a dejar todo trabajo pendiente para dedicarse a lo mío el lunes es difícil; pero aun en el caso milagroso de que consiga, el domingo o el lunes por la mañana, hacer imprimir mi revista (que inevitablemente será copia de la edición anterior, ya que no habrá habido tiempo para ultimar contenidos nuevos) con rectificación y todo, es prácticamente imposible que mis distribuidores estén dispuestos a hacerla llegar a su destino en el plazo previsto, a no ser mediante fuertes coimas; y en todo caso, el supuesto agraviado podría argumentar que el hacer publicar la rectificación en una copia de la misma edición no le soluciona nada, puesto que quienes hayan ya comprado la edición anterior no iban a querer volver a comprar lo mismo sólo para ver su réplica.

Es decir, este artículo tiene toda la pinta de haber sido escrito bajo el supuesto de que los “medios de comunicación social” tengan todos, como mínimo, frecuencia diaria. Si el tal Panchana los concibe así, sería útil (sobre todo para los editores de revistas como Vanguardia o Vistazo) que lo especifique dentro de la propia Ley. Ya hemos visto que eso de los “medios sociales” carece de definición dentro del texto. De nuevo, nos topamos con un comunicador incapaz de comunicarse claramente. Como diría el bueno de Bernard Shaw: “If you can’t do, regulate”.

Pero lo que más llama la atención aquí es la suprema impracticabilidad de este enunciado. Pongamos como caso hipotético que un diario nacional publique la noticia de que un creciente número de taxistas, según datos de la Policía, están implicados en casos de secuestro express. Ahora, que ese dato haya sido debidamente verificado no importa, pues la disyuntiva aquí

Toda persona afectada por informaciones sin pruebas, inexactas o que agravien su honra…

deja bien claro que de poder aplicarse cualquiera de estos supuestos (en este caso, el del agravio a la honra) el derecho a la réplica se mantiene: así que cualquier taxista podrá exigir que se publique su réplica, fundamentándose en que la noticia, por muy veraz que sea, le afecta en el sentido de espantar a su clientela, que empezará a sospechar de su probidad y a temer por su seguridad. Evidentemente, este argumento no se podría sostener en un pleito legal por difamación, por tratarse de un colectivo y no de un individuo, pero aquí lo notable del caso es que no se requiere de sustento legal para la aplicación de este derecho a réplica, pues para ello basta “la sola afirmación fundamentada de la persona afectada”: es decir, cualquiera que se sienta agraviado y sea capaz de “fundamentar” esta sensación con argumentos así sea torpes o improcedentes, tiene derecho a que se le publique una réplica… y en el caso hipotético citado, ese “cualquier persona” se podría multiplicar fácilmente por miles. Con lo que, si un medio no quiere verse inundado a diario con solicitudes de réplica de obligado procesamiento, mejor que deje de publicar noticias que “afecten” a nadie, y se dedique a difundir crucigramas, recetas de cocina y obituarios.

… Y, por supuesto, propaganda gubernamental, que eso sí resultará fácil de publicar, como vemos en este siguiente enunciado:

Los medios de comunicación quedan exentos de las obligaciones, sanciones y responsabilidades establecidas en este artículo cuando solo actúen como canales para difundir mensajes de las autoridades del Estado a través de cadenas de radio y televisión o remitidos oficiales, y cuando se trate de espacios políticos contratados. En ambos casos, los responsables de los daños causados o los delitos cometidos serán las personas que producen y generan tales mensajes, quienes responderán por ellos judicialmente.

… O no, según el caso (pregunten a Daniel Ortega “El Pedo”: cosa maravillosa la inmunidad parlamentaria). Evidentemente, lo más rentable para un diario que no quiera llenar páginas y páginas de réplicas de descontentos de diverso índole, es limitarse a reproducir artículos de la web Presidencial.

(Y todos felices comiendo lombrices.)

Artículo 5.- Protección judicial al derecho de rectificación y réplica.- Ante la omisión de los medios de comunicación social en conceder la rectificación, réplica o respuesta en la forma y plazos señalados en el artículo anterior, el interesado podrá interponer la acción de incumplimiento, de conformidad con el procedimiento establecido en la Ley Orgánica de Garantías Jurisdiccionales y Control Constitucional, sin perjuicio de las ejercer otras acciones legales y constitucionales, previstas en el ordenamiento jurídico

Artículo 6.- Obligaciones del afectado y los medios de comunicación antes de emitirse resolución.- Cuando el afectado por una información u opinión emitida por los medios de comunicación social, ejerciere una acción administrativa o judicial para la reparación de sus derechos afectados o para el cumplimiento de la rectificación o réplica, ni el medio ni el afectado podrán referirse a la materia de la controversia mientras ésta no se resuelva.

Y así termina con el tema. Interesante observar que incluso en el caso de que se interponga acción de incumplimiento, el supuesto agraviado no tiene la obligación de legitimar su exigencia mediante argumentos de jurisprudencia: de principio a final, basta con que se sienta “afectado” por la noticia o el artículo que fuese. Si existe una manera más eficaz de trabar y dificultar el ejercicio del periodismo serio de investigación, que alguien me lo explique.

Artículo 7.- De las veedurías ciudadanas.- A fin de garantizar el ejercicio pleno de los derechos establecidos en el artículo anterior y los demás que consagra la presente Ley, las personas, comunas, comunidades, pueblos, nacionalidades y colectivos sociales organizarse de conformidad con las leyes vigentes a fin de constituir organizaciones que tengan por objeto promover y defender desde la ciudadanía, los derechos que consagra la presente ley.

“A fin de garantizar…, las personas, etcétera, organizarse…”

Esta frase parecerme de una torpeza casi sorprendente.

Las organizaciones que se constituyan para tal efecto, deberán inscribirse en el Registro que llevará el Consejo Nacional de Comunicación e Información.

Para tal fin, dichas organizaciones deben cumplir con los siguientes requisitos y acreditar:

No tener fines de lucro;
Tener inscritas un mínimo de veinte (20) personas naturales;
Que sus integrantes no tengan participación accionaria, ni sean directores o trabajadores de los medios de comunicación, ni lo hayan sido en los doce (12) meses anteriores a la solicitud de registro;
Que su patrimonio no esté integrado por recursos, bienes, aportes, ayudas o subvenciones de personas naturales o jurídicas públicas o privadas, que puedan condicionar, limitar e injerir en sus actividades de promoción y defensa de sus derechos.
El Consejo Nacional de Comunicación e Información procederá a entregar el certificado de registro a quienes demuestren cumplir estos requisitos. El Consejo establecerá los documentos necesarios que se deberán acompañar a la solicitud.
El Consejo Nacional de Comunicación e Información revisará de forma periódica el cumplimiento de los requisitos establecidos en este artículo; en caso de comprobar que una organización no cumple con tales requisitos, el Consejo cancelará su registro.

En otras palabras: con el fin de contrarrestar el posible efecto negativo de un aluvión de solicitudes de réplica por parte de los agraviados por la Presidente y los miembros del gobierno, se constituirán organizaciones de fachada pobladas por miembros de AP, que actuarán de fuerza de choque contra cualquier voz disidente.

Ley Mordaza, segunda parte

TITULO II

OBJETO Y ÁMBITO


Artículo 1.- Objeto de la Ley.- El objeto de la presente ley orgánica es regular el ejercicio de los derechos que tienen las personas, comunas, comunidades, pueblos, nacionalidades y colectivos sociales a acceder a todas las formas y servicios de comunicación, en su propia lengua y con sus propios símbolos, así como garantizar el ejercicio integral de la comunicación y de la información.
La presente Ley además define los medios de comunicación públicos, privados y comunitarios, norma el ejercicio de la comunicación social, establece la responsabilidad social, derechos y deberes de los medios de comunicación, crea la estructura institucional para el cumplimiento de los derechos de conformidad con lo que consagra la Constitución de la República.


Como ese pobre perro que se alardea de que sus dueños lo van a llevar a "get tutored" ("neutered", evidentemente, no estaba en su vocabulario), habrá quienes, habiendo escuchado mal las confusas grabaciones que de vez en cuando salen de Carondelet, dirán con orgullo que con esta ley nuestros Dueños sólo pretenden capear a los medios tradicionales y consagrados. Lo de Dueños, aquí encuentra plena justificación: tan obcecado el pobre de Panchano con la retórica chavista, que ni se le ocurre pensar que si algunas personas, por muy limpias que estén sus manos y ardientes su corazón, aprueban una ley que pretende regular (limitar, sujetar a normas) el ejercicio de un derecho que se supone era de todos, entonces nos está diciendo que los derechos, cualquier derecho, son dádivas de los legisladores, y para nada consustanciales con la naturaleza humana. Es decir, eso de que el ejercicio de un derecho se pueda "regular" desde arriba es otra manera de decir que tendríamos que dar gracias todos los días a la casta gobernante por concedernos unos derechos (eso sí, limitados y administrados con cuentagotas como veremos) que de otro modo no tuviéramos.

Qué tufo a Trujillo. Recomiendo la lectura de La Fiesta del Chivo, para ver en qué puede derivar esa ideología que reserva para quien esté en El Poder, el patente de la solvencia testicular.

A ese lobotomizado capaz de consentir que sus derechos sean "regulados" por una pandilla de trasnochados nostálgicos de las agonizantes progresías de ultramar, le deseo la suerte del protagonista de esa novela de Ken Kesey.

Artículo 2.- Ámbito de la Ley.- Esta ley rige a las personas, comunas, comunidades, pueblos,
nacionalidades, colectivos sociales, medios de comunicación públicos, privados, comunitarios, entidades, organizaciones sociales y comunicadores sociales.


Podría haber puesto: "a todo Dios": el metano también daña la capa de ozono.

TITULO II
DE LOS DERECHOS

CAPITULO PRIMERO

DERECHOS DE LOS CIUDADANOS A LA COMUNICACIÓN

Artículo 3.- De los derechos a la comunicación.- La presente ley garantiza a los ciudadanos el ejercicio de los siguientes derechos:

A una comunicación libre, intercultural, incluyente, diversa y participativa, en todos los ámbitos de la interacción social, en su propia lengua y con sus propios símbolos;

Si la comunicación de veras es libre, entonces se sobreentiende que dentro de tal libertad cabe la posibilidad de comunicar con personas que tengan otra "cultura", asimismo, que uno podrá usar la lengua que desee; se supone, también, que una comunicación realmente libre mostrará "diversidad", y que las personas "participarán" en ella... es decir, aquí sobran todos los adjetivos menos uno. ¿Por qué el autor ha querido especificar que esa comunicación "libre" sea también "incluyente", "intercultural" y todo lo demás? Una mente malpensada podría llegar a la conclusión de que, aquí, "the lady doth protest too much": es decir, que la intención es de que la ausencia de una verdadera "libertad" se vea compensada por un pletórico folclorismo, con gran alarde de "participación" por parte de "actores" tradicionalmente "excluidos", todos ellos, por supuesto, coreando los eslóganes del gobierno, que para eso están las "comunidades", las "etnias" y los poseedores de lengua propia, para servir de sepoys al régimen, como ya hemos visto en las cuñas gubernamentales.

Evidentemente, no iba a poner Panchano

A una comunicación libre

sin más, ocupando todo un apartado: no se atrevería. Su instinto le dicta que la palabra "libre" debe de ir siempre con calificativos. Cuantos más calificativos, mejor. Así son ellos.

A la expresión de sus ideas, pensamientos, opiniones, creencias políticas o religiosas, a través de todas las formas o medios de comunicación, sin censura previa y con responsabilidad ulterior, derechos que no podrán ser restringidos, directa ni indirectamente, de manera abierta o encubierta;;

"sin censura previa y con responsabilidad ulterior", es decir "puedes decir lo que quieras, con tal de que aceptes las consecuencias, que ya veremos cuáles van a ser".

La frase "sin censura previa" no tiene ningún significado si esas personas a las que no se les censura "previamente" no se atreven a decir lo que piensan por miedo a las consecuencias.


A la participación activa y crítica en el campo de la comunicación, a través de todas sus formas previstas en la Constitución y en las leyes;

A acceder al uso de los medios de comunicación social y a las nuevas tecnologías de la información en igualdad de condiciones;

Novedoso. Entonces, a partir de que se apruebe esta Ley todos tendremos Internet gratis, en nuestra propia casa (cualquier otra cosa no sería "igualdad de condiciones")... Y los chanchos también aprenderán a volar.

A la asignación, a través de métodos transparentes y en igualdad de condiciones, de las frecuencias del espectro radioeléctrico para la gestión de estaciones de radio y televisión públicas, privadas y comunitarias, de conformidad con la Ley, precautelando que en su uso prevalezca el interés colectivo;

Jajajaja. Esa última frase es una auténtica perla. Evidentemente, "el interés colectivo" es patente exclusivo de esos Corazones Ardientes que se han erigido en nuestros Dueños: por tanto, tan transparentes serán los "métodos" como los usados hasta ahora.

Al acceso a todas las formas posibles de comunicación visual, auditiva u otras, que permita la progresiva inclusión de personas con capacidades especiales;

Yo tengo la capacidad especial de insultar a Correa. Tal vez por ello se me garantice una progresiva inclusión. Qué bueno.

A las herramientas y tecnologías de la información y comunicación, en especial para las personas y colectividades que carezcan de ellas o las empleen de forma limitada;

A la democratización de los medios de comunicación social, incluyendo los servicios tecnológicos convergentes, por medio de la eliminación del oligopolio o monopolio, directo o indirecto, en su propiedad; así como mediante una distribución equitativa del espectro radioeléctrico a los medios públicos, privados y comunitarios.

Como sea que en este país no hay ni oligopolio ni monopolio de los medios, este apartado sobra. Pero lo interesante es que en toda esta Ley, se hace referencia repetidamente a "los medios de comunicación social", sin definir en ningún lugar lo que se entiende por este extraño término. Como sea que la comunicación por naturaleza propia siempre es "social" (la comunicación necesita de un emisor y un receptor) cabe todo tipo de especulación sobre este punto. Tal vez un medio deviene "social" cuando su influencia abarca un número suficiente de personas como para que tenga relevancia electoral.

A la creación y el fortalecimiento de medios de comunicación públicos, privados y comunitarios;

A la difusión y promoción de los derechos humanos y los valores culturales de los distintos colectivos, comunidades, pueblos y nacionalidades, en sus diversas expresiones;

A la rectificación, réplica o respuesta, de toda persona, natural o jurídica, agraviada por informaciones falsas, infundadas, inexactas o injuriosas, emitidas en los medios de comunicación social;

Hasta aquí, éste último es el único derecho cuyo ejercicio no estuviera ya consagrado por las leyes y costumbres actuales. Evidentemente, la enorme masa de personas agraviadas e injuriadas por el actual Presidente (mujeres, periodistas, emigrantes, banqueros, empresarios, maestros, afiliados a partidos de Oposición, etcétera) no ha tenido derecho a réplica alguno: qué bueno saber que a partir de la promulgación de esta Ley, cada sábado tendremos espacio en las cadenas presidenciales para que todas esas personas expresen su punto de vista (con trasfondo de escuadrón de chanchos voladores donados por las FFAA venezolanas).

A la cláusula de conciencia, el secreto profesional y la reserva de la fuente para quienes informen o emitan sus opiniones a través de los medios de comunicación social, salvo en las excepciones establecidas en la presente Ley; y,

A acceder, de forma gratuita, a las grabaciones de audio, videos o textos difundidos por los medios de comunicación, cuyos contenidos se relacionen en forma directa con el o los peticionarios.


Para garantizar el ejercicio integral y efectivo de la comunicación y de la información, el Estado apoyará la gestión institucional, el protagonismo e interacción de las personas y el acceso al desarrollo científico y tecnológico, en el marco de un sistema democrático, de forma ética, incluyente, participativa, diversa y equitativa.


Qué bueno saber que el Estado apoyará mi protagonismo e interacción con otras personas. Evidentemente, sin esta Ley fuera incapaz, al igual que los demás, de protagonizar nada. De nuevo, se recomienda dar un paso atrás y ver todo el bosque en su esplendor, todo el intríngulis en su sentido global.

Sin nosotros, ustedes no serían nada, no tendrían derechos, no sabrían hacer nada solos. Todo lo que tienen nos lo deben a nosotros, sus salvadores, sus pastores, sus dueños.

Panchano no dice esto último: lo respira.

Tuesday, September 22, 2009

Ley Mordaza, preámbulo

Con comentarios. El texto original, cortesía de la Prensa Corrupta. Continuará.


Luego de una serie de eventos políticos, que en diferentes momentos históricos, provocaron que la comunicación haya sido manejada ignorando los derechos de los ciudadanos, se ha identificado la necesidad imperiosa de proceder a la elaboración de un nuevo marco normativo que regule la comunicación de manera que responda a la dinámica de esta actividad y que se la reconozca como parte de los derechos humanos.

Weaselly. Si no se especifica cuáles fueron tales “eventos políticos” (dudo que ni el autor los sepa identificar), y de qué manera se ha ignorado los derechos de los ciudadanos en esos “diferentes momentos históricos¨ (un ¨momento histórico¨, confesión inequívoca de un remedo de periodista preso de sueño y languidez etílica), la tal “necesidad imperiosa” queda sin sustento alguno. Peor, ¿a cuál actividad se refiere con “la dinámica de esta actividad”? No me vayan a decir “la comunicación”, pues entonces estaríamos diciendo que hay que regular la comunicación de manera que responda a la dinámica de la comunicación, lo que equivale a decir que sin regularse, una actividad no se sabría responder ni a su propia dinámica (entiéndase como quiere lo de ¨la dinámica¨, otra palabrota preferida de los seudointelectuales de salón tipo El Telégrafo). Nos damos de bruces, ya de entrada, con la imprecisión y la pomposidad que, como veremos, marcan la pauta del documento bajo análisis.

La regulación vigente se origina en la dictadura militar y bajo gobiernos democráticos, la misma Ley de Radiodifusión y Televisión fue objeto de múltiples reformas, auspiciadas y respaldadas por los mismos medios de comunicación.

Un "medio" no puede auspiciar ni respaldar nada. Un comunicador, aprovechándose del medio en cuestión, sí. Eso de dotar a los medios de personalidad propia es una constante de la retórica gubernamental, y por tanto de este proyecto de ley, como veremos.

Las reformas que se introdujeron a la Ley de Radiodifusión y Televisión se ajustaron a modelos privatizadores y corporativistas, que incluyeron en los entes de regulación y control a los mismos sujetos de control, provocando conflictos de intereses y afectando el ejercicio de los derechos relacionados con la comunicación.

De nuevo, el autor nos profiere una serie de observaciones generales, con evidente sesgo (“modelos privatizadores y corporativistas”) sin sustentarse en ningún hecho ni ninguna cita concreta verificable. Por lo menos deja claro su intención de que los “sujetos a control”, que en el caso que nos ocupa serían todas las personas que deseen comunicar algo (Ley de Comunicación, recuérdenlo, no “Ley de Medios” ni “Ley de Prensa Corrupta”), no estén incluidos en ¨los entes de regulación y control¨: es decir, la ciudadanía será excluida de los organismos que controlarán cómo y cuándo y de qué manera deben comunicar o expresarse. Cualquier otra cosa sería un “conflicto de intereses”, evidentemente.

Por otra parte, se reconoce la necesidad de establecer parámetros normativos, por una parte sobre el contenido y la programación y, por otra, sobre el espectro radioeléctrico que se concede a las estaciones de radiodifusión y televisión para la emisión de sus señales.

“Se reconoce”, al igual que ese “se ha identificado” de la primera parrafada, qué modo más cobarde de decir “yo, Rolando Panchano, identifico y reconozco”. El tipo quiere meternos el cuento de que esa supuesta necesidad de establecer parámetros normativos sobre ¨el contenido¨ (¿de qué?) sea algo ampliamente reconocido, cuando en realidad los únicos capaces de “reconocer” algo así serían los aspirantes a dictadores y sus secuaces. En realidad, no se ha demostrado necesario en absoluto establecer parámetro normativo alguno sobre el contenido (¿de qué?) ni sobre la programación, pues cada persona es libre de decidir qué ¨contenido¨ quiere crear o consumir, y qué programación le interesa o no. Eso, por supuesto, en un país que disfrute de elementales libertades...

La Constitución de la República reconoce al derecho a la comunicación e información como uno de los pilares del Buen Vivir, lo que hace necesario gestionar y regular actividades como la comunicación, que al constituirse en derechos de los ciudadanos se transforman en responsabilidades del Estado.

La Constitución de la República dice muchas burradas, pero dejémoslo pasar. Evidentemente, nadie en realidad tiene, ni puede tener “derecho a la información” fuera de un modelo de sociedad totalitaria, pues ello implicaría obligar a unos cuantos a “informar”, quieran o no, y por ende implicaría ejercer un control absoluto hasta sobre la actividad u ocupación elegida por cada cual. De todos modos, lo que está claro es que aquí el autor trata de sentar de nuevo la imperiosa “necesidad” de una Ley sin la cual el país ha ido sobreviviendo durante casi 200 años, sin aportar a modo de justificación otra cosa que palabrería altisonante y prejuicios ideológicos. En realidad, la existencia de un ¨derecho de los ciudadanos¨ a lo que obliga al Estado es a reconocer ese derecho y garantizar su libre ejercicio, no a “gestionar y regular” cualquier actividad que derive de tal ejercicio.

A través de este marco normativo, se propone instituir un cambio de época en la gestión, regulación y control de las actividades de la comunicación, fijando principios y normas claras que permitan a todos los actores en este ámbito el ejercicio pleno de sus derechos y responsabilidades: a las personas, a las comunidades, a los comunicadores sociales, a los medios de comunicación y a la sociedad en general.

En tal sentido se propone una alternativa legislativa adecuada y eficiente para fomentar la actividad y garantizar el ejercicio efectivo del derecho a la comunicación sin censura previa, pero con una clara y precisa responsabilidad ulterior, que separe la comunicación, contenido y programación del control técnico que le corresponde al organismo concedente de frecuencias.

El proyecto de Ley de Comunicación se convierte en un instrumento garantista, técnico y eficiente para cumplir con las responsabilidades que la Constitución establece para el ejercicio de la comunicación desde una perspectiva integral articulando a todos sus actores a través del sistema nacional de comunicación y de las normas internacionales. que ejerzan efectivamente su derecho a la comunicación e información de conformidad con los principios constitucionales y las normas internacionales.

Por lo del “cambio de época”, se le otorga al tal Panchano el Galardón Imperial de la Nariz Marrón, en reconocimiento de los servicios de lameculos presidencial prestados. Por lo demás, una simple parrafada propagandística apta para rellenar partes de prensa, que no tiene nada que ver con el contenido posterior del documento, como veremos.

Que la Constitución de la República del Ecuador entró en vigencia el 20 de octubre del 2008, con su publicación en el Registro Oficial 449;

¿Cuál Constitución? ¿La votada por los asambleístas, o la posteriormente trucada y falsificada?

Que la comunicación es un derecho constitucional que es considerado como un bien público;

Ridículo y penoso. Un derecho no puede ser “un bien público”, pues el sujeto de un derecho siempre es un individuo.

Que para regular el ejercicio de un derecho y una garantía constitucional, se requiere de una ley orgánica tal como lo determina el numeral 2 del artículo 133 de la Constitución de la República del Ecuador;

Que es necesario dotar a la sociedad de leyes que protejan, auspicien y regulen los derechos consagrados en la Constitución de la República, y en los pactos convenios, declaraciones y demás instrumentos internacionales de derechos humanos;

Que la comunicación es un bien público, que en cuanto a su ejercicio tiene responsabilidades previas y ulteriores;

Que es deber del Estado y sus legítimos representantes, promover la conformación y consolidación de medios de comunicación que democraticen el acceso a la información de las y los ciudadanos;

Que es deber del Estado, propender a la profesionalización de actividades que atañen a derechos fundamentales del ser humano así como la participación ciudadana y de la comunidad, como sucede con la comunicación;

Me gustaría que alguien me explique de dónde sacan tantos deberes del Estado, sobre todo éste, el más pintoresco de todos. “Propender a la profesionalización”… ¿de la comunicación? La experiencia diaria nos muestra que a la gente, si se le deja, le encanta comunicar, y lo hará igual tanto si se le paga por ello o no. Entonces, nos está diciendo el bueno de Panchano que es deber del Estado que la gente reciba remuneración (lo único que distingue un “profesional” de un simple aficionado) por algo que la propia naturaleza humana le obliga a hacer de todos modos… Interesante idea. Pero no nos quedemos ahí. Como sea que nuestra naturaleza también nos obliga a comer y a beber, y que seguramente en alguna parte la Constitución reconocerá estos “derechos” básicos, profesionalicemos eso también: hagamos una ley para que el Estado nos pague cada vez que comamos algo. Qué ridiculez.

Que es necesario dotar a la Sociedad de una estructura organizacional que vigile y proteja el cumplimiento de los derechos y obligaciones relacionados con la comunicación y que dirima las controversias que sobre ellos se suscitaren;

No es en absoluto necesario nada de eso, la experiencia actual nos lo demuestra día a día. Lo que si puede ser necesario es que el Estado deje de intentar acaparar todos los medios de comunicación en beneficio propio, pero eso es otro tema.

Que los mecanismos de autorregulación de los medios de comunicación social y de los gremios relacionados con el ejercicio de la comunicación social no ha existido o han demostrado ser ineficientes;

Tan ineficientes como la sintaxis de esta frase (“los mecanismos… no ha existido”), lo dudo sinceramente.

Que de conformidad con lo dispuesto en los artículos 120 numeral 6 y 133 numeral 2 de la Constitución de la República del Ecuador, la Asamblea Nacional expide la siguiente:

LEY ORGÁNICA DE COMUNICACIÓN

Sobre la cual seguiremos hablando.

Tan Panchos




"Las personas naturales o concesionarias de canales o frecuencias de radiodifusión y televisión, deben ser ecuatorianas de nacimiento."
(Proyecto de Ley de Comunicación)

Lo que faltaba. Ni en los medios (Art.22) ni en la publicidad (art. 34) se permitiría difundir información que induzca al racismo o a la discriminación; sin embargo, que la propia ley induzca al racismo, y discrimine ufanamente entre quién puede y quién no puede tener titularidad de un medio, no es problema. Es para llorar de risa.

De verdad, una lectura somera de este proyecto de Ley me ha convencido que, de aprobarse tal Ley, este país será una dictadura en toda la regla; sólo hace falta fijarse en el detalle (Art. 24) de que todo medio debe estar "registrado" ante un ente burocrático cuya composición (Art. 42) constaría mayoritariamente de esbirros del gobierno (un Representante del Presidente, otro del Ministerio de Educación, otro de la Asamblea Nacional, y tres del Consejo de Participación Ciudadana, léase perros falderos de AP, o séase, 6 esbirros frente a 2 posibles loose cannons; atado y bien atado, que digamos); pero eso no es nada al lado de la "estructura administrativa" del mencionado y supuestamente "autónomo" (Art. 41) Consejo Nacional de Comunicación e Información (Art. 48), que sin el mínimo pudor el tal Panchano ha atiborrado de layacos presidenciales (Art. 48), y cuyo acometido (Art. 57) es de "sancionar", mediante (Art. 59) la suspensión o hasta la cancelación definitiva del registro del medio que se atreva a disgustar a Su Majestad, en obra o en palabra. Para que se te apliquen tales sanciones, sólo hace falta incurrir (de forma reiterada en el caso de la cancelación definitiva) en la "realización e incentivo de actos atentatorios contra el orden constitucional y la seguridad interna y externa del Estado", es decir, hablando claro, decir o difundir cualquier cosa que al gobierno de turno le caiga trucho. Nada más.

Me gustaría decir ahora: "disfruten de sus bailes regionales, de sus sermones sobre el Buen Vivir, de sus interminables cuñas presidenciales, I'm outta here." Desgraciadamente, el billete de sólo ida para Costa Rica aun está lejos. Pero por fin tengo un meta en la vida: salir de la jaula antes de que echen la manta de seguridad encima, y buenas noches.

Monday, September 21, 2009

Pequeñez

“Antes no eras así”, ha vuelto a sentenciar mi esposa. Es cierto. Antes no era explosivo, no gritaba. Decir que estoy perdiendo los estribos sería pecar de clarividencia: no está dicho que esto sea un proceso. Podría ser un altibajo, un tropiezo, o podría ser también un destino. Quién sabe.

Otros que han ocupado este pequeño niche, estadísticamente irrelevante, de “extranjero europeo en Ecuador”, tambalearon antes; muchos se marcharon vencidos, murmullando improperios. Si no fuera contra mis principios, diría que esto cansa. ¿Qué cosa? Pues esto de llevar por todas partes una etiqueta en la frente, que según quien lo lea reza “extranjero: aquí hay plata”, o alternativamente “gringo cojudo”. Tal vez lo que da más rabia es que sea cierto, hasta donde alcanza. Soy cojudo. Para mi esposa, la cojudez es medible en dólares y centavos: simplemente se saca la diferencia entre lo que me costó el viejo San Remo hace dos meses y el precio que me acaban de dar por él (es sólo un ejemplo: esto es imparable), o la autocomplacencia con la que mis deudores, la mayoría familiares de mi esposa, se perdonan sus deudas (para qué pagar, si el man debe de tener harta plata, ése nomás se hace). Para otros, es aquella cualidad intangible que hace que uno se sienta confiado al proferir descalificaciones que dentro de la misma relación laboral pero tratándose de un paisano fueran impensables. (Me hizo gracia, empero, enterarme hoy de que hasta a Juan Montalvo pretendieron arreglarle la sintaxis.) Pero he de reconocer que llevo esto del antirracismo a extremos censurables. Hace unos meses estuvimos en un centro comercial, y un viejo se me acerca sonriente para preguntarme de dónde soy. “De Durán”, le contesté impaciente. “No, pero ¿de qué país viene?”, insistió, y al no registrar respuesta, se puso a hablarme en un inglés bastante fluido. No recuerdo si le contesté, pero me dio ganas de escupirle en la cara. ¿Por qué? Pues simplemente porque el tipo juzgaba por las apariencias. Acertadamente, pero juzgaba. Ajá. Y unas líneas más arriba, tuve que suprimir (pero me salió del alma) “un viejo con aspecto de abogado”. Ya, pero a mí no se me ocurriría acercarme a un desconocido a preguntarle cuánto cobraba por un divorcio, simplemente por su aspecto. Eso no se hace. Pues acá sí. Parece que sí.

Estoy condenado. Lo mío, ajj, tiene historia como todo: cuánto me costó, luego de toda la indoctrinación que sufrí a mano de mi primera novia, radicalfeminista, aprender a reconocer a las putas (mis antepasados cromañones también tuvieron que aprender a reconocer a los mamut: vida o muerte, digamos). En ese caso, me tuve que aguantar el halitosis a juez decrépito (“¿minifalda? Se lo buscaba”) hasta acostumbrarme a él. Pero el instinto torcido me sigue. En el caso de los Ornitorrincos, el que me hayan perseguido con estribillo huayyyemsieï por todas partes al principio me resbalaba, hasta me daba una extraña sensación de seguridad, pues evidentemente si me cantaban los Village People era porque me tomaban por marica, lo que me hacía gracia por lo desacertado. Que te tomen por lo que no eres siempre es reconfortante, siempre es motivo de honda alegría. Ese viejo abogado se hubiera salvado hablándome en ruso. Hubiera sido, como lo otro, un cumplido exquisito. Sólo empecé a sentirme paranoico cuando, meses más tarde, se me ocurrió que Village People lo habrían traducido ineptamente por Gente de Pueblo, y la canción era para dar a entender que yo era demasiado Del Pueblo como para merecer trabajar en un colegio tan exclusivo, con adolescentes tan de marca. Como yo mismo hacía tiempo que pensaba lo mismo, eso escocía.

En fin, convengamos en que racismo no es, como antes pensaba, la simple convicción errónea de que la especie humana esté subdividida en “razas” (la ciencia genética desechó esa hipótesis hace cosa de treinta años), sino, en un sentido más general pero con toda propiedad, esto:

You would play upon me, you would seem to know my stops…

(Hamlet, creo que somewhere in Act 3)

(Y a propósito de Hamlet, esto del Universo de hoy: ¨se puede sonreir y seguir siendo un canalla¨ lo atribuyen inocentemente a Oliver Stone. Esa gente del Universo, como diría algún comentarista estatal, estatista o estático, es lo más.)

Pero ¿por qué no? Si peor sería, en opinión de algunos, que nadie te tocara, aunque fuera los bemoles, aunque fuera sacándote, como ese viejo, el Land of Dope and Tories. Tal vez. Tal vez no. Estoy así, cambiado, “no el de antes¨, por esta sequía, creo, esta interminable sequía. Por haber conocido, una vez, a quien tocaba, sí, bien, pero bien.

Lo que queda: simple pequeñez, pequeñez, que no justifica tanta logística de testosterona o de adrenalina. Recuérdalo.

Saturday, September 19, 2009

Conversando con un zombi

- ¿Haiti?

- No exactamente. Hay una especie de mí, pero harto desdibujado. Intenta influir, y no le dejamos.

- Legión, entonces.

- Podrías decir eso. (sonrisilla siniestra)

- Y ¿a qué se dedican ustedes?

- A no ser.

- Bueno, pero eso hacemos todos.

- Ya, pero ustedes los vivos lo hacen mal. El apego al clima emocional personal les pierde. Nosotros somos razonablemente listos.

- Explícame eso.

El zombi colocó sobre la mesa, con sumo cuidado, una copia del último boletín del Estado, y se repantigó en el sillón. Una pierna se le cayó, con estrépito olfativo de estiércol caduco, y rodó unos centímetros debajo de la mesa. Fingí no haber visto nada.

- Qué hermosa tarde – espetó con enojo y mal disimulada ironía. - ¿No te parece? Mira esos sauces que aletean allá por la Perimetral. Mira esa iguanilla que husmea dulcemente los exámenes sin corregir que has dejado allá en el piso, cubiertos ya de hormigas. Mira ese corpulento rector de colegio secundario que sube y baja por el aire allá detrás de las casas, manteado sin duda por una pintoresca chusma de subsecretarias. Mira todas esas ensaladas que quedan por aliñar antes del fin del mundo: considera, asimismo, todas las canciones de Myriam Hernández cuyas insipideces aún quedan por desconocer. Mira ese papamoscas que canta que canta, posado encima del corcho de tu botella de excelente vino. Escucha ese dulce ronroneo de la lejana ciudad, que ha perdido su papel de votación detrás del asiento del carro, donde también hay un semicírculo de aluminio con puntas redondeadas que parece haber salido de un sostén. Mira y escucha y dime si todo esto no es hermoso.

- La verdad, prefiero las cadenas del gobierno. Ésas en que un tipo ve en la tele cómo otro tipo le estrecha la mano a un tercero, con ceño razonablemente adusto, y el primero hace un leve gesto de complacencia. Eso me chifla.

- Y a quién no. – asintieron solemnemente las miles de voces que del zombi salían, con imperfecta pero adecuada sincronización. - Pero diimee, ¿a qué edad perdiste la virginidad?

- A los cuarenta. Siglo más, siglo menos. ¿Qué tiene que ver?

- Hablas de la virginidad emocional, por supuesssto.

- Por supuesto. La otra, no sé, tal vez fue en una lavandería. En las lavanderías, todo se pierde. Una vez perdí un filete de merluza.

- Y ¿qué edad tienes ahora?

- Cuarenta y ocho.

- Así que soportas sólo ocho años, siglo más, siglo menos, sabiendo que estás dividido, como Galia, en tres partes. ¿Cómo se lleva, a tu edad, eso de ser tres?

- La verdad, bastante mal. Para Dios es fácil, tiene más práctica.

(En ésas se le cayó la otra pierna. Esta vez, la recogió y se puso a examinarla detenidamente, mientras hablaba.)

- Exacto. Y si te dijera que nosotros alcanzamos, según notorio cálculo imbécil, los ciento cuarenta y cuatro mil. Personalmente, no sé si sumo tanto, pero mira, en lo que va de esta conversación ya me ves dolorosamente multiplicado por simple división, y proliferando lastimeramente por el piso, cual pendejadas de vinilo altamente educativas. Seguro que dejaste tu corazón en San Francisco.

- No señor. Lo tengo repartido entre una trabajadora social aficionada a las nalgadas, una acaudalada catadora de licores centroamericanos amiga de siquiatras putativos, y una inmensa zona erógena justo detrás de mi casa, habitada por reptiles, pilares de hormigón, pares de zapatos y colchones podridos. De tal forma que a veces me parece pura e incomprensible terquedad de parte mía ser éste y no el de al lado, el que duerme donde cualquiera escogiera, en la maleza. A veces me dedico a ser él, en secreto. Cultivo coleópteros, y transformo discrepancias sintácticas en asuntos personales, en medio de gran algarabía. A veces me confundo seriamente sobre quién soy.

El otro, que se había colocado las piernas de nuevo dentro de los ensangrentados huecos pélvicos a ellas destinados, y que había mirado subrepticiamente el reloj mientras yo le hablaba, se levantó y se puso a deambular rígidamente por el patio con los brazos extendidos por delante, como toro en un almacén de televisores.

- ¿Qué demonios hace usted?

- Son las cinco y diez. Nos toca ser espantosos y tétricos. Exigencias del oficio. ¿Te doy miedo?

- No, gracias, ya tengo. De hecho, a veces pienso que el miedo es lo único que, a partir de los treinta y tantos, impide que nos disgreguemos completamente en innumerables personalidades mutuamente aburridas que siguen diferentes horarios. Es como el pegamento que nos mantiene intacta la individualidad. El miedo, digo.

- Veo que no hay moscas encima tuya: de hecho, cimas parece que también te faltan. Alguna vez hubieras querido ser mujerrr.

- Como todos. Pero en un mundo de sólo mujerrres, gracias. Hay géneros que, al igual que cuatro ó cinco de los Estados Unidos, sencillamente sobran. Los hombres somos como New Hampshire, para entendernos. Si desapareciésemos, nadie lo notaría.

- El cromosoma Y fue un mal invento, eso es innegable. Apesta como un político a los dos años de votado.

- Ustedes, me imagino, abarcan todos los géneros.

- Casi todos. Hasta tenemos a Vinicio Alvarado, fíjate. Pero eso del género, serle tan benevolente, es otro error de ustedes los vivos. Cuando llegas a cierta edad, puede que la tuya, o la mía hace un par de siglos, empiezas a soñar con órganos reproductivos enroscables, ¿no es cierto? Uno echa de menos poderlos quitar y dejar en remojo, como la dentadura, para luego ponerlos cuando haga falta. Aunque viéndole bien a usted, no le habrán hecho falta en bastante tiempo.

- Tanto, que ni completos, seguramente. Puedo haber perdido alguno por el camino. Últimamente pierdo todo.

- Pero sigues vivo.

- Es un decir.

-¿No te hartasss?

Lo veía, lo veía de lejos. Ese sujeto era un simple vendedor ambulante, tipo Morpheus en el poema de Spenser, o tipo Cámara de Comercio de Guayaquil.

- A ver. ¿Cuáles beneficios me reporta asociarme a su gremio, el de los muertos vivientes? ¿Me otorgan una tarjeta de descuentos?

- La muerte tiene una mala fama injustificada. En realidad, hay mucha gente, hasta gente muy famosa, que está muerta y no lo quiere reconocer, por eso del qué dirán o del qué velarán. Piensa que estar muerto es como estar dormido, pero con más seguridad y un horario más cómodo. Reflexiona también en las inconveniencias del despertar. Para usted, seguramente, es un lento proceso que empieza con una especie de dolor sicosomático, una vaga conciencia de que unos centímetros encima de tu cara hay una piñata de angustias esperándote con paciencia para que las vuelvas a asumir como propias e intransferibles. Luego está ese desequilibrio momentáneo, esa desesperación ciega, cuando la angustia ya ha hecho presa en usted y todavía no se acuerda de por qué esa mala broma de estar vivo: no se acuerda ni de quién es ni de cómo se llama ni de cualquier epidermis que te proteja contra el desastre inminente, cuya fuente en ese momento tampoco se revela. Usted se pelea por recordar, y entonces empieza el lento y delicado aterrizaje en el helipuerto de tu raquítica personalidad, que últimamente, como hemos visto, se está desprendiendo y despedazando que da gusto. Luego empiezan las tensiones artificiosas de que habla Larkin, la fuga hacia delante que puede tomar forma de café o de llantos de niño o de deberes cotidianos cuyo cumplimiento promete infundirte una falsa sensación de estabilidad, que te sirven de talismán contra el desastre, contra el hambre y la desnudez y la acechante irresponsabilidad. Luego te acuerdas de que no hay agua. Y de que ese “no hay agua” se ha convertido en una sentencia metafísica, en un atributo del universo, es decir, en mandato. Te acuerdas.

- Y si me hago zombi….

- Si te conviertes en zombi, todo eso cambia, por supuesto que sí. Desde ese momento, usted disfrutará de la cómoda certeza de que todo lo que puede haber de malo en el mundo es culpa de otro, y que por lo tanto, no te tienes que responsabilizar de nada, ni asumir nada, ni temer nada, sino simplemente reclamar y acusar, esgrimiendo un polifacético dedo índice, como una señora inglesa en una tienda de electrodomésticos. Aprenderás a hacerlo con cierta ironía: lo suficiente para no darte cuenta demasiado de que estar muerto es como ser una sopa, un estofado, algo medio viscoso cargado de materia orgánica grumosa, por esa proximidad de todos los demás muertos, que como tú ya hace tiempo dejaron de pensar, y se limitaron a reproducirse por división multicelular y a veranear en Miami. Tus recuerdos, algunos tendremos que confiscar en concepto de cuota, para el bien común, ¿quedamos?, pero el resto, los que no tengan demasiado significado, podrás conservar y consultar cuando quiera.

- Suena atractivo.

- Lo es.

- Pero ¿hay agua? De verdad, ¿hay agua?

- No quisiera engañarte. No, no hay agua, en todo el planeta, ni en todo el universo. No lo vayas contando, ojo. Que quede entre nosotros. El agua se agotó tiempo atrás. Ya no queda. Hace tiempo que usted bebe solamente orín descolorido.

- Así que en realidad estamos todos en el mismo barco.

- Exacto. Regálame una firmita aquí y aquí.