Sunday, January 31, 2010

Flor nueva de malas conciencias

Al gobierno le duele que su diario, El Telégrafo, tenga tan pocos lectores. Entonces, alguien (que previsiblemente empieza por V.) ha decidido crear una versión algo más "popular" del mismo órgano, es decir, con horóscopos y fotografías de bellezas colombianas, para vender más. Claro que como están ideológicamente mal vistos el "mentalismo" y el sexismo, los horóscopos serán chinos (escritos en chino, por si acaso), y las bellezas colombianas serán hermosos ejemplares de focas, cocodrilas y vacas en lugar de seres humanos de género femenino. Pero la idea en sí es prometedora, desde el punto de vista del control social. Lo que pasa es que, siendo posible que la gente empiece a protestar ante tanto despilfarro de fondos públicos en propaganda y electoralismo, los apologistas del régimen tienen que cubrir bien sus huellas. No es conveniente que se vea esto como un costoso proyecto más de adoctrinamiento y lavado de cerebro colectivo. Por ello, los sospechosos habituales en las páginas de El Telégrafo se han encomendado la difícil tarea de convencer a una mayoría absoluta de sus 5 lectores de que puede haber un medio público que no sea vocero del régimen.

Primera ronda: Óscar Pineda, periodista. Título: "lo público no es lo mismo que lo oficial". En términos generales y abstractos, digamos que DUUH. En términos del debate, bueno, estamos dispuestos a escuchar. Todos conocemos ejemplos de medios que son a la vez "públicos" (en su propia estimación, sin perjuicio del derecho de ese público a prescindir olímpicamente de ellos) y "oficiales" (en el sentido de servir descaradamente como voceros del regimen) como El propio Telégrafo; pero veamos si el hábil periodista nos puede convencer con ejemplos de medios que sean a la vez públicos y "no oficiales", y a ser posible, que gocen de cierto prestigio bien merecido.

"Aunque en el mundo existen claros ejemplos de medios públicos bien manejados (la BBC, de Londres, la agencia EFE, de España e Inravisión, en Colombia, donde a ningún presidente se le ocurriría intervenir con asuntos políticos) Ecuador tiene el terreno virgen en este tema."

Es delicioso y algo tierno ver cómo este periodista, desde la fortaleza de su ingenuidad, arranca basureando al propio medio para el que escribe: pues admitir que "Ecuador tiene el terreno virgen en este tema" [el de los "medios públicos bien manejados"] es igualito como decir que El Telégrafo como medio público no es bien manejado (lo cual, según el contexto, podría interpretarse como que no es independiente del gobierno). Eso ya lo sabíamos, pero es lindo que él mismo lo diga.

Ahora, lo que no impresiona tanto es ver que desde el principio, los cañones fuertes de su artillería de argumentos se reducen a una pieza de museo, un pescado maloliente y un cadáver sepulto.

Empecemos por la agencia Efe. A este tal Pineda alguien debería acercársele al oído en algún momento para pasarle el dato que una agencia de noticias no es propiamente un medio de comunicación, sino un proveedor al servicio de los medios. Como tal, diríamos que nos ha metido un arenque rojo, pero seamos condescendientes y aceptemos como Exhibit A tal pescado. Ahora, que la agencia tiene raices "públicas" (es decir, estatales) es bien cierto: fue creado, como amalgama o refundición de organizaciones anteriores, bajo el franquismo en 1939, y siguió como organización deficitaria financiada directamente por el Estado español hasta (si recuerdo bien) el 2005, cuando fue absorbida en un grupo de empresas en bandeja de salida, en una especie de semiprivatización de subterfugio; su primer año de superávit comercial ocurrió poco después. Ahora, para argumentar que la Efe ha mostrado históricamente algún grado de independencia hasta el punto de merecer el calificativo de "público, pero no oficial" hay que ser maravillosamente ignorante. He aquí lo que escribe al respecto el estudioso Juan Beneyto:

En su conjunto, el mecanismo que sujetaba a la población española [bajo el franquismo] desde el punto de vista de la promoción comunicacional era el esquema del «noticioso oficioso de inserción obligatoria». Su imagen anda en las noticias dePrensa desde la creación de Efe, que aisla las agencias extranjeras que no le entreguen sus informaciones, selecciona el conjunto y lo distribuye a los diarios de todo el país. Esta acción de Efe es fundamental en todo el franquismo y aún culmina en la misma Ley Fraga por cuanto resulta previa a ella la contratación de la totalidad de la oferta exterior por la propia agencia nacional.

Es decir, la Efe fue la respuesta de una dictadura al problema de la censura de noticias exteriores: crear una agencia por la que tenían que pasar forzosamente todas las noticias internacionales, para poder ahí realizar la selecciòn y la censura necesarias al servicio del gobierno.

Aqui, para un toque más de inri, hay otra reseña sobre el papel de Efe como válvula de noticias extranjeras, esta vez en el contexto de una Ley que se parece asombrosamente al proyecto gubernamental de aquí y ahora:

Algo parecido ocurrió con la ley de Prensa de 1966, promovida por el ministro de Información y Comunicación Manuel Fraga. La nueva ley abolió la censura previa y concedió una cierta libertad de prensa con la que la oposición incrementó su capacidad de expresarse. Pero también tenía bastantes limitaciones como la contemplación de delito cuando se "atentase" contra el Jefe del Estado, los principios del Movimiento, las Leyes Fundamentales, la seguridad nacional y el orden público. Además se controlaban las noticias extranjeras a través de la agencia EFE, se podía cerrar medios de comunicación y se controlaban la mayoría de los medios informativos. En definitiva, la prensa que se había configurado con la ley de Fraga no era una prensa libre, pero tampoco la de los primeros tiempos de la dictadura.

Es llamativo que ahora un apologista del Correísmo le eche flores a tales creaciones de la dictadura. Desde luego, la posibilidad de controlar toda la información que confluye del exterior a través de una sola agencia financiada por el Estado debe de ser para los gobernantes ecuatorianos un sueño húmedo de los que nunca quisieran despertar.

En fin. Pasemos al caso de Inravisión. Aquí, lo que más llama la atención es que el autor lo señala como ejemplo de un medio existente ("en el mundo existen", textual), cuando en realidad hace años que dejó de existir, pues el propio Alvaro Uribe firmó su acta de defunción en el 2004, tras comprobar que era inviable como compañía. Es decir, aquí se nos vende como medio existente, "bien manejado", un medio no existente y que fue manejado de tan pésima forma que consiguió acumular un pasivo pensional de 350 mil millones de pesos. Además, en ese lindo país "donde a ningún presidente se le ocurriría intervenir con asuntos políticos" a un presidente sí se le ocurrió, umm, cerrar el medio por completo, de un plumazo. ¿Cómo así? Porque mientras que una buena constitución puede protegernos contra la censura estatal, nadie puede proteger contra la inherente debilidad de las instituciones públicas, financiadas por el estado, cuando es el propio Estado quien no les desea la mejor de las suertes.

ejem...

Finalmente, la BBC de Londres. Ya comenté antes sobre la ingenuidad que atribuye a tal organización una vocación democrática y popular y una neutralidad a prueba de bombas. He aquí lo que dice John Pilger al respecto, con magnífico sarcasmo:

"The BBC began in 1922, just before the corporate press began in America. Its founder was Lord John Reith, who believed that impartiality and objectivity were the essence of professionalism. In the same year the British establishment was under siege. The unions had called a general strike and the Tories were terrified that a revolution was on the way. The new BBC came to their rescue. In high secrecy, Lord Reith wrote anti-union speeches for the Tory Prime Minister Stanley Baldwin and broadcast them to the nation, while refusing to allow the labour leaders to put their side until the strike was over. So, a pattern was set. Impartiality was a principle certainly: a principle to be suspended whenever the establishment was under threat. And that principle has been upheld ever since."

Claro que eso es historia antigua. También puede que lo sea, para los más peques, el papel de la BBC como instrumento propagandístico del gobierno durante la segunda guerra mundial; papel que fue satirizado por Orwell (que trabajó para la BBC) mediante su Ministerio de la Verdad (Ministry of Truth, o Minitrue) en la novela 1984, que hasta incluye una descripción detallada del famosamente lóbrego refectorio o canteen de la BBC, tema de oscuros chistes para cualquier humorista televisiva que se preciaba hasta bien entrados los ochenta. En realidad, la BBC siempre fue instrumento predilecto de control social por parte del establishment, y la que recuerdo yo de mi infancia era pieza importante de ese Gran Consenso de la posguerra británica entre los principales partidos políticos, que empezó a desmoronarse en los ochenta, junto con el antiguo prestigio de la Corporación, que si bien de vez en cuando todavía se distancia tímidamente de las directrices de la propaganda estatal en casos concretos (cf. el Hutton Enquiry), por lo general se identifica como cheerleader de la desastrosa intervención militar británica en Afghanistan, entre otros sinsabores.

Digamos, entonces, que la BBC puede parecerle "bien manejado" a quien esté acostumbrado a la turbia mediocridad de los medios locales de este país, pero si de lo que se trata es de defender un modelo de medios "públicos" financiados por el estado, es decir, a través de impuestos, tal vez ese "bien manejado" relativo no sea suficiente (pues muchos medios privados del mismo país también son acusados de superar ampliamente en calidad a la oferta local nuestra); y entonces, cobra relevancia esa retórica socialista según la cual los medios públicos han de representar no solamente la calidad relativa sino

"la diversidad, ser la vitrina del ciudadano, aplicar el periodismo en función de la ciudadanía con el mayor de los rigores..."

Que la BBC haya representado alguna vez "la diversidad" es chistoso: hasta la fecha tienen miedo de algunos acentos regionales que se consideran inapropiados para la lectura de las noticias nacionales. Ese "mayor de los rigores" tampoco se hace notar desde tiempo ha. En fin, la BBC lo que sí parece representar es un modelo anticuado y obsoleto de medio semigubernamental con pretensiones de cierta independencia, pretensiones periodísticas que se manifiestan huecas en cuanto se avecinan los vientos de guerra. Por otra parte, como comenta el mismo Pineda:

"Allí la British Broadcasting Corporation (BBC) se sostiene por el impuesto que paga cada ciudadano por la compra de un televisor. Aquel mismo ciudadano impidió que la ex Primer ministro inglesa, Margaret Tatcher, intentara censurar al medio por su relación tirante con esta empresa."

Esto es falso: el impuesto se paga no en el momento de comprar el televisor, sino a través de una ridícula "licencia" que es requerida legalmente a cualquiera que tenga un televisor en su hogar, independientemente de si tal televisor fue comprado por él, o heredado, o robado, o regalado. Lo más notable de tal sistema es su tremenda injusticia, pues aunque una persona no vea nunca la BBC y se limita a ver programas en otros canales, tiene que financiar igualmente los canales estatales. Se ha señalado en muchos lugares que tal sistema es un atentado contra el derecho a la libertad de recibir información teóricamente consagrado en la legislación europea: "si no tienes plata para pagar la licencia, no puedes ver ningún canal de televisión", o sea, se discrimina en este sentido a los más pobres, lo que se supone para un socialista tendría que darle remordimientos de conciencia; pero estoy hablando de socialistas concienzudos, no los de salón. Por otra parte, la tal Tatcher (sic) sí tuvo una relación accidentada con Auntie Beeb; pero la solución más evidente a estos problemas es que no haya medios estatales ni siquiera semiestatales, para que los políticos no sufran esas tentaciones de meterles mano. Elemental, diríamos.

Por lo demás (el tiempo apremia) el periodista hace un excelente trabajo en refutar su propio argumento, pues admite que en América Latina

Las vías de financiación y los cambios de directivos, ambos en múltiples ocasiones dictaminados por el partido en el poder de turno, dejaban en cifras rojas la credibilidad al comandar las riendas editoriales del medio público.

Q.E.D.

Segunda ronda: Xavier Flores.

"Al respecto, valga precisar que el Gobierno tiene el legítimo derecho de crear y desarrollar un medio gubernamental que represente sus intereses; pero lo que sí resulta nefasto para la tarea de “diversificar y democratizar la oferta informativa” es que en la creación de ese medio gubernamental se irrespete la autonomía administrativa y financiera de diario El Telégrafo."

A lo que sólo cabe preguntarse, en tono de burlesca extrañeza, ¿Y por qué misteriosa razón habrá pensado el Gobierno aprovecharse de El Telégrafo como incubadora de su nuevo proyecto (El Recontratelégrafo)? ¿No será porque desde que cayó bajo el ala estatal, El Telégrafo no ha sido más que la caja de resonancia del correísmo y de algunos fellow travellers de adorno? Por otra parte, es interesante que el propio XF reconozca aquí que "sus intereses" (los del gobierno) no necesariamente son los del ciudadano (pues en tal caso serían "nuestros intereses"). Claro que eso es una obviedad; pero tal obviedad normalmente, según la tradición, se ofusca y se evita constatar cuando se trata de justificar el despilfarro del dinero de los contribuyentes en la creación de medios, pues en tal caso supuestamente se estaría gastando en algo beneficioso para el consumidor que lo financia desde su bolsillo a través de sus impuestos. Aquí, en cambio, se reconoce que lo que llegue a crear el gobierno usando dinero del contribuyente será netamente al servicio de "los intereses del Gobierno", sean éstos los que sean, y de nadie más. Es curioso, entonces, que para el mismo XF el "legítimo derecho" de dicho gobierno a gastar nuestro dinero en la defensa de sus intereses le resulte tan evidente.

En fin, de Pineda, periodista de El Telégrafo, aprendemos que en Ecuador todavía no hay medios públicos que no sean también "oficiales"; de Flores, editorialista, aprendemos que el proyecto actual del gobierno es crear otro periódico igualmente "oficial", que defienda "sus intereses" (los del gobierno) y que tal proyecto es un "legítimo derecho" del mismo gobierno. De ambos sabemos que, en palabras de Flores

"Suelen escucharse críticas acerbas sobre el trabajo periodístico de El Telégrafo..."

y en las de Pineda

"se dice que cumplen (los medios estatales como El Telégrafo) una especie de vocería benevolente y hasta vasalla de la gestión gubernamental..."

Acusación contra la cual ni el uno ni el otro ofrece ninguna defensa. (Claro que una muy buena defensa sería encontrar a alguien que haya dicho, sin morirse de la risa, que El Telégrafo es demasiado duro en sus críticas contra el Regimen... es sólo una sugerencia. ¡A buscar, compañeros!)

Entonces, ¿de qué se quejan? Su labor como voceros del regimen será complementado con otro órgano más dedicado al mismo fin. Sólo que esta vez, no pondrá en su portada "el primer medio público" sino, previsiblemente, "el segundo diario oficialista". Y eso, para quienes gustan de decirles a sus amigos que son en verdad muy independientes, duele. Duele reconocerse como lo que uno realmente es.

"Pero lo mío era un apoyo crítico, matizado..." A todos los que tienen vocación de groupies alguna vez les pasa eso. Sobrevivirán.

Saturday, January 30, 2010

Prohibido imaginar

Y hablando de Venezuela...

El artículo que el gobierno bolivariano considera inaceptable, y en base a que se propone sancionar al diario que lo publicó, se puede leer aquí. (El original está en el diario Tal Cual, pero quién sabe por cuánto tiempo). El comentario del Ministerio incluye las palabras:

Esta es una invitación a un plan golpista, genocida y terrorista, que se enmascara a través del humor.

Los lectores dirán dónde en el citado artículo se invita a tal cosa. (Es curioso cuán pocos son los que hoy en día entienden el significado de "genocida", pero esto es aparte). Lo que hace el artículo, simplemente, es relatar en plan humorístico cómo sería Venezuela después de que el tal Esteban (evidentemente, Chávez) se haya ido, sin especificar mediante qué proceso. No hay nada que induzca a suponer que la salida del tal Esteban se haya producido, en este escenario imaginario, por culpa de una insurrección o un golpe de estado. Entonces, tenemos que concluir que lo que molesta es simplemente que alguien se atreva a imaginar el país sin su Caudillo. ("Imagine there's no Chávez... it´s easy if you try". A eso prácticamente se reduce el escandaloso artículo.)

Lo que, a mi modo de ver, me ratifica en todo lo dicho acerca del proyecto de Ley de Comunicación acá, en el sentido de que el país bolivariano hasta la fecha ha cumplido bastante bien con el papel de barba del vecino.

Que no se diga más tarde que no tuvimos aviso.

Thursday, January 28, 2010

Los Impresentables (theme music by J. Barry)

En un mundo perfecto, no habría políticos: todos tendrían un empleo productivo. En un mundo imperfecto pero aún codiciable, ser político sería como ser cualquier cosa, albañil, fontanero, cartero, con la salvedad de que su salario mensual se basaría en el GDP per capita de su país durante el último ejercicio completo (así se incentivarían las políticas sensatas creadoras de riqueza); acá, por ejemplo, el presidente y todos los asambleístas se embolsarían unos $625 mensuales (según datos del 2008). Por otra parte, como sucede en cualquier trabajo normal, la vida privada, la moral y las rarezas personales de cada político serían asunto exclusivamente suyo, lo mismo que en otros países no presidencialistas, como España. (Todavía recuerdo esa especie de aleluya colectiva de incredulidad cuando allá trascendió en los diarios que en EEUU peligraba el gobierno de Clinton por un simple lío de faldas - ni eso, sino apenas de pintalabios - de lo más aburrido y cotidiano). En el mundo real, en cambio, EEUU vivirá para siempre jamás bajo la estrella de la hipocresía puritana colectiva (lectura recomendada: The Scarlet Letter), mientras que en el Reino Unido los periodistas de The News of the Screws se esconderán en eternos arbustos para fotografiar los encuentros homosexuales de los ministros, o sobornarán a notables dommes para que revelen su clientela aficionada al látigo de alto vuelo; y acá, los columnistas propasivos lamentarán in saecula saeculorum que la prensa corrupta se pierda en personalismos, como si las imperfecciones de carácter de un presidente tuvieran alguna importancia al lado de las políticas que él ejecuta o propugna.

Ahora, sácame a un político de derechas, de cualquier nación, casado, a quien le hayan fotografiado en la cama con su secretaria, y garantizo cacería abierta para todos, hasta los más intelectualmente remilgados, pues ellos, los políticos derechistas, se lo buscan con su patética retórica sobre los valores de la familia: se sirven ellos mismos en bandeja. Por lo menos, eso dicen los columnistas.

¿La hipocresía es un asunto personal de cada uno, o tiene relevancia política?

¿Tiene alguna relevancia el hecho de que Presidente de la República, por ejemplo, mantenga una doble vida de ciudadano cualquiera (cuando le conviene, o sea, cuando se trata de proferir simples recomendaciones a miembros de la judicatura, o cuando se trata de perseguir a editorialistas por supuestos atentados contra su honra de padre de familia, o cuando se trata de hacer viajecitos a Cuba, a Europa o a Centroamérica) y de majestad (cuando le conviene, o sea, cuando se trata de pagar esos mismos viajecitos, o de conminar a un público de 400 personas para que dén lecciones de democracia a sus enemigos personales, o de hacer cumplir arcaicas leyes mediante detenciones arbitrarias de supuestos gesticuladores)? Tal vez la tenga para aquellos policías que todavía no han sabido reconocer las señales físicas del cambio de estado del Primer Mandatario - que todavía no han aprendido que cuando se le crecen las cejas y se le vuelven peludas las manos es cuando se ha transformado en majestad, y es entonces y sólo entonces cuando un evidente deseo de atrapar al supuesto insultador se debe interpretar como una orden tácita de arresto, mientras que si las cejas las tiene normales no hay que intervenir, pues ese ciudadano cualquiera no lo va a agradecer. Pero para los demás, para los que no somos policías ni funcionarios públicos, ¿tiene alguna relevancia la esquizofrenia o la hipocresía de un Presidente?

Hace unos seis años (ya saben: me gusta estar siempre en la onda) el Presidente de Venezuela, Hugo Chávez, dijo en cadena nacional lo siguiente acerca de la entonces secretaria de Estado de EEUU Condoleeza Rice:

"Hemos vistos en los últimos días: bailes, fiestas lujosas, celebrando en Washington la nueva toma de posesión de mister Bush, ahora acompañado por una nueva Secretaria de Estado la mister “Condolencia Rice”. Condolencia Rice. Yo lamento no haberle enviado – Fidel, mándame por favor el método “yo si puedo” para mandárselo en inglés a Condolencia Rice –no se lo mandé la otra vez se me olvidó, tanto trabajo que uno tiene - porque sigue demostrando un “analfabetismo completo” en relación a lo que pasa en Venezuela y a lo que pasa en el mundo y a lo que pasa en América Latina. (...)

Miren, aun cuando ella es la Canciller de aquel gobierno imperialista y le tocaría al doctor Alí Rodríguez reunirse con ella, soy capaz de invitarla a una reunión, a ver, a decir ¿Qué te pasa a ti conmigo pues? vamos arreglar esto a ver. ¿Quieren ustedes que la invite? (Coro de layacos: NO)

Yo hago lo que ustedes me digan.

Hace poco me recomendaba alguien ¡Mira, porque no le propones matrimonio! A ver si eso se arregla. ¿Le propongo matrimonio? (Coro de lacayos: NO)

Que mala suerte tiene esta dama, dijeron ustedes que no.

(...)

El próximo 3 de febrero –por eso es que yo digo que no me puedo casar con Condolencia porque tengo mucho trabajo. Ella tendrá que buscar otras opciones. Que se olvide de mí un poco. Ah, no Alí Rodríguez pudiera hacer. Cristóbal Jiménez está allá disponible. Bueno, Juan Barreto está soltero. Que otro haga el sacrificio ese por la patria. Pídanme cualquier otra cosa, no me pidan eso. Nicolás Maduro. Pedro Carreño. "

¿Entendieron? Las críticas de Condoleeza Rice hacia el regimen de Chávez no tienen que ver con la política, ni con diferencias ideológicas, ni con el imperialismo, ni siquiera con la pendejadez, como fuera el caso del propio Bush o de cualquier otro varón que no consiga dar con el adecuado tono de mística adulación requerida por el Caudillo. No tienen nada que ver con la función política que desempeña la tal Rice como lacaya del imperialismo yanqui, ni con su demostrable mentecatez de propulsora de guerras e invasiones sanguinarias, ni tiene nada que ver con nada de lo que pudiera estarle pasando en la cabeza (si es que la tiene). Es mujer, y por tanto, todo lo que dice y hace es hormonalmente y vaginalmente glosable. Como dijo en otra ocasión el propio Chávez, refiriéndose a su esposa y en público, hay que darle a Condolencia "lo suyo", y se supone que si a la tal Rice alguno de sus ministros (no importa cuál) hace "ese sacrificio" dándole "lo suyo", ella dejará de molestar y se volverá dócil y complaciente con el regimen.

La verdad, sorprende esto bastante cuando viene de la boca de quien en otros momentos no tiene reparos en declararse "feminista".

Pero si es hipocresía, no deja de ser una de esas hipocresías anecdóticas, superficiales, un personalismo de prensa corrupta. Lo importante de Chávez, ya se sabe, no es su carácter personal ni lo (muchísimo) que dice, sino lo que hace.

En el caso citado, el trasfondo verdadero, lo que realmente se nota "hecho" por él, se podía observar, según algunas fuentes, en la reacción de los presentes, una audiencia en vivo que incluía a varias ministras. Convengamos en que, en cualquier país verdaderamente libre, tales comentarios provocarían en tal público, en lugar de risitas... bueno, mejor que lo diga otra comentarista más elocuente:

"All this is without even mentioning that in any decent country gestures such as this would not provoke knowing little laughs and applause, as we saw on the part of his ministers and mayors on Sunday, including some female ministers; instead it would produce embarassment in all social and political sectors in response to such a testimony to backwardness, vulgarity, and immaturity on the part of the authority that offered them publically. "

Es decir, lo significativo de esto es que allá, nadie se atreve ni a taparse la nariz ante el sonoro pedo presidencial. Esto es lo que él hace. Callar e infundir miedo. Infundir servilismo.

Por ello será que, ante la sorprendente declaración (ahora sí, reciente) de que Chávez ha recibido a Karl Marx como señor y salvador personal, nadie dice nada, ni siquiera "ejem... yo voté a un paladín de la economía mixta con fuerte intervención estatal... ¿me podría usted devolver ese voto, por favor?" No sé, a mí me parece que cuando se vota a un Presidente adherido a algún tipo de socialismo sui generis altamente revisionista, y ése luego se declara marxista tout court, es un poco como someterse a un largo tratamiento médico para que el médico de tu confianza de repente un día declare que ha decidido que la medicina moderna es una simpleza y que acaba de descubrir la inmensa superioridad terapeútica de la sanguijuela y de las pociones hechas a base de alas de murciélago hervidas. Lo peor, que diga eso cuando estás tendida en el quirófano, como ahora la economía bolivariana.

Olvidémonos, sí, de personalismos; pero en ese caso, seamos consecuentes, y olvidémonos también de cambiar constituciones para permitir reelecciones de la misma persona; y aceptemos que si un Fiscal General se deja quemar así sea un poquitín las manos, hay miles, decenas de miles, de reemplazos perfectamente cualificados para relevarlo al instante, al igual que los hay para el puesto de Presidente de la República y cualquier otro puesto similar, y que el ser "amigo de" en casos así es perfectamente irrelevante. Exijamos, entonces, que ese gente haga su trabajo no solamente bien, sino perfectamente, so pena de ser reemplazados al instante. Cuando tal situación de alta disponibilidad del cargo se dé, los comentaristas corruptos perderemos el interés en señalar las incoherencias de los funcionarios públicos; mientras, la superficialidad de la crítica personalista es, tal vez, una necesaria correctiva para la superficialidad del omnipresente autobombo oficialista.

"Soy más joven que ustedes..." (un mitín reciente)

"'¡A la Patria hay que darle el Sí!" (en poster con foto de un Correa vestido de novio)

(retch)

Tuesday, January 26, 2010

Protección a la niñez. "The very fabric of society!" Ach, put a sock in it.

Si vives ahora en Ecuador, puedes escoger entre dos indignaciones. Hay la que provoca la angustiante crisis de falta de ayuda en Haiti, donde las personas mueren por miles y quedan amontonadas en pilas en los lados de las carreteras, y donde las provisiones quedan igualmente amontonadas o bien en almacenes costeños fuertemente guardados, o bien a salvo al otro lado de la frontera, todo porque los supuestamente encargados de repartir tales provisiones tienen miedo. Bien. Por otra parte, también puedes indignarte porque la mujer del Fiscal General no reconoce su culpabilidad en un accidente de tránsito que mató a una joven inocente,y que como siempre pasa en este país, algunos billetes cambiarán de mano y aquí no ha pasado nada. Bien.

En Inglaterra, la primera indignación se comparte por la misma causa. La segunda es diferente. Ahí las chattering classes están hablando del sonado caso de dos niños de 11 años que torturaron y casi mataron a otros dos niños, de 11 y 9 años, quemándoles, pateándoles, cortándoles, ahógandoles y sometiéndoles a abusos sexuales, durante 90 minutos, en un lugar desierto cerca de un patio de recreo. Con lo cual, entre otras cosas se demuestra que hace tiempo que Gran Bretaña no pertenece al "mundo desarrollado", pues en aquel mundo, según palabras de la socióloga María de los Angeles Páez,

cualquier expresión de agresión, violencia, discriminación, es severamente sancionada por la ley, así que a nadie se le ocurriría insultar a alguien en la calle, tratar mal a un turista, golpear a un niño y mucho menos hacerlo trabajar.

(Yo quiero unas gafas como ésas.) Ahora, al igual que aquí, lo primero que se ve en los medios son los aprovechados que intentan sacar réditos políticos de cualquier evento noticioso. El líder del Partido Conservador británico, un tal Cameron, ha dicho que lo sucedido es muestra de una sociedad "rota" (y él, casualmente, tiene en su caja de herramientas la supergoma necesaria para arreglarla, qué bárbara suerte: claro que hay que votarlo primero). En fin, no tiene por qué tomarse más en serio que ese curita socialista de El Telégrafo para quien todos los males de Haiti son culpa de "los países ricos". Algunos hablan por hablar.

Tenía un amigo hace años que sólo sabía hablar de robots. Miento: tenía dos. Los robots ejercen una poderosa fascinación para los varones de entre 25 y 33 años de edad. El primero hablaba mayormente de servomotores, el otro sudaba larguísimos discursos sobre la evidente incompatibilidad que existe entre hombres y mujeres y la solución a tal incompatibilidad que al parecer consiste en fabricar robots de apariencia femenina, que puedan servirles de pareja a los hombres, así obviando la necesidad de tener cualquier trato con mujeres reales: algo, en suma, en la línea de las Stepford Wives. Bien. Tal vez sea por influencia de tales malas compañías que a veces cuando se trata de dilucidaciones morales me hallo inclinado a intentar resolver tales cuestiones construyendo robots imaginarios. Eso es lo que hacía a cierta hora esta tarde, en el bus No 17 por encima del puente.

Al final di con lo que quería: unos parámetros de programación conductista que si se llevaran a la práctica darían consistencia a dos robots, uno un poco más grande que el otro, en un espacio cerrado, donde en poco tiempo el robot más grande al más pequeño le habría destrozado por completo, no por malicia sino porque su programación le hiciera buscar siempre un "estímulo", el cual se definiría como una interacción con el entorno que produjera resultados impredecibles. Según este planteamiento, el robot más grande en poco tiempo agotaría las posibilidades de interactuar con las paredes de la habitación vacía, o con el suelo, en una serie de acciones que siempre dieran el mismo "aburrido" resultado; entonces, empezaría a desmontar al otro robot, ante lo cual la programación autodefensora del otro le obligara a intentar escaquearse, lo cual a su vez produciría una retroalimentación positiva para el primero, pues los intentos del otro de defenderse serían altamente impredecibles, y todavía más cuando sus circuitos empezaran a fallar. Según los pocos datos sobre el caso que han filtrado a la prensa, algo así es lo que habría sucedido con esos niños, pues en el juicio quedó evidente que ninguno de los dos agresores siente el más mínimo remordimiento, y según uno de ellos, la agresión no tuvo ninguna otra causa que no fuera "el aburrimiento", o sea, porque "por aquí no hay nada que hacer".

Claro que si la tortura a uno le resulta "estimulante", sin que entre ningún otro tipo de cálculo, algo está mal. Eso es lo que ahora se discute por allá. Algunos dicen que los Servicios Sociales, otros que el mal está en nosotros mismos, otros que el Partido o que la dirección que ha tomado el país, o la sociedad, etcétera: ya puedes imaginar. Una palabra muy repetida: "incomprensible". Lo que quiero postular es que no es incomprensible que un niño quiera torturar a otro, sobre todo si la tortura se concibe como "hacer algo" frente a la terrible alternativa de "no hacer nada", y siempre en el supuesto de que faltan por completo otros instintos, otras consideraciones, otras maneras de pensar o de sentir más allá de esa programación primitiva que nos hace siempre buscar "diversión". Esos niños son en realidad robots, dotados de una programación de una terrible simplicidad. Tal vez sea lícito llamarlos sicópatas, pero no es más que una etiqueta ofuscadora. Es cierto que una investigación posterior nos revela que los padres de esos niños eran padres-basura: esos chicos apenas habían visto otra cosa en su vida que papá golpeándole a mamá, quien cuando no tocaba golpiza pasaba el tiempo contándoles sus intimidades en plan reality show. Pero no hace falta indagar tanto, creo. Los padres de estos niños son irrelevantes. Ahí precisamente puede que esté el problema.

Según la citada socióloga invidente de El Telégrafo, si no quieres que la gente vaya golpeando a los demás hay que "sancionar" "cualquier agresión" "severamente". Es decir, un buen motivo para que un robot no desmonte a otro robot sería el miedo. La programación sería algo más complicada, pero es factible. El instinto de supervivencia, y el de evitar cualquier dolor o incomodidad, son suficientes para inducir el buen comportamiento en un ser racional, dada la existencia de un entorno que "sancione", demostrablemente, el "mal comportamiento". El problema con esos niños, bajo tal perspectiva, sería la ausencia de miedo. El hecho de que llevaron a sus víctimas a un descampado antes de iniciar las agresiones demuestra que sí tenían ese elemental instinto de autoprotección, el "miedo a ser vistos": pero evidentemente no fue suficiente. No temían, o no temían lo suficiente, ni la ira de papá, ni a la de la policía, ni a la de "la sociedad", tal vez porque su experiencia de "la sociedad" les había inducido a creer, primero que era poco probable que nadie los descubriera, y segundo, que en todo caso lo peor que podría pasarles sería tener que aguantar algún sermón. Si esas percepciones no estuvieron muy acordes con la realidad, tal vez habría que concluir que eran tontos, pero no cambia el argumento.

Pero claro, el miedo no es lo único que les faltaba. Lo que se suele suponer distingue a los sicópatas de las demás personas es la completa ausencia de empatía, es decir, esa facultad de poder ponerse en el lugar del otro y sentir lo que él siente. Yo creo que en realidad una parte importante de esa empatía que profesamos tener es producto del acondicionamiento social, es decir, fingimos "sentir" por el otro cuando en realidad sólo queremos impresionar o ser aceptados en cierto grupo social. Ese tipo de falsa empatía es la que aprende a exteriorizar el adulto sicópata, que en su fuero interno se muere por poder torturar a otro ser humano por pura diversión, a sabiendas de que no le va a tocar sentir ninguna pena por tal hecho si no es descubierto. Nosotros, en cambio, los laodiceos, los chapuceros y mediocres, "descubrimos" de vez en cuando nuestra empatía ante eventos y circunstancias extremos, y nos ponemos a llorar ante vistosas desgracias, pero en el día a día estamos, eso sí, comfortably numb.

Fuera bueno que a nuestros hijos les enseñáramos (porque sólo los papás pueden hacerlo con relativa eficacia: los gobiernos sólo saben estropear más lo estropeado) a temer el castigo, sí, pero también a sentir por el otro, de verdad, a desarrollar esa divina facultad de la imaginación que subyace a la empatía verdadera. No creo que haya ninguna receta fácil. Para lo segundo, recomiendo el hábito de la lectura.

Hay otra cosa que también creo que falta, pero soy consciente de que, siendo no sociólogo (para ser francos, no me gusta la sociedad), me faltan los necesarios conocimientos para que esto suene convincente. Consulten en todo caso a Arnold Van Gennep y Victor Turner. Me refiero a que estos niños viven, malogradamente, en una sociedad donde no hay adultos, pues no hay nada, ningún conocimiento obligatorio, ninguna cicatriz reveladora, ninguna ordalía necesaria, para alcanzar tal grado, que actualmente se consigue simplemente con el paso del tiempo. Lo cual, para más inri, nos es recordado a diario por la televisión, que se deleita en enseñarnos a supuestos adultos que actúan (en el mejor de los casos) como niños. Los ritos de pasaje han quedado en el Bar Mitzvah y en la quinceañera ecuatoriana (algo es algo: para ser señorita acá hay que saber bailar un vals. En otros países, ni eso.) Creo que si no es causa sí es síntoma: no sabemos, colectivamente, lo que es un adulto, lo que es "madurez", más allá de la servil imitación de "modelos de rol" que nos impresionan no tanto por lo que son o por lo que hacen sino por lo que consiguen, a fuerza de chutzpah, tener y gozar. Así que, aquello que falta en la educación de esos niños puede ser eso: la definición, a través de cualquier detalle de su entorno, de un adulto, de algo que serían capaces de llegar a ser, sin que ese devenir les sea garantizado de antemano.

Monday, January 25, 2010

Cáscaras de nuez

He vuelto a mi antigua ocupación de traductor a tiempo parcial, para suplementar mis exiguos ingresos.

Cada cliente (los "clientes", para el traductor, no suelen ser end users sino organizaciones o escuelas, o sea, tercerizadoras) tiene sus excentricidades. Cuando el cliente era el Hospital Clinic de Barcelona, cobraba una pequeña fracción decimal de un centavo por palabra, no recuerdo si era 0,2 centavos. Bien. Cuando trabajaba para una academia en el mismo país, cobraba creo que 15 pesetas por "línea"; la definición de una "línea" no tenía nada que ver con el espacio ocupado en la página, sino que era precisamente 55 letras, descartando los espacios. Tuve que crear un macro de MS Word (en ese entonces, crear macros era fácil y divertido; con las últimas versiones no he probado) que me proporcionara el recuento de los carácteres sin espacios, dividido por 55 y redondeado hacia arriba. Ahora, mi actual cliente resulta que cobra "por página", con lo cual hay que hacer malabarismos con tipos y tamaños de letra para que todo lo traducido ocupe, página impresa por página impresa, el mismo espacio que el original.

En fin, uno se acostumbra a cualquier cosa. Lo que había olvidado, empero, es lo cansado que es traducir del español al inglés (en sentido contrario es casi siempre facilísimo) cuando se trata de textos legales, oficiales o administrativos. Y eso, porque según mi forma de pensar hay una especie de meta-idioma en juego, el officialese, que se distingue por la cadenciosidad, la depurada abstracción y la clínica ausencia de connotaciones indeseadas. El castellano, tal vez en virtud de su linaje imperial romano, mantiene con este officialese que mora en nuestro subconsciente colectivo una relación de cordial amistad: es fácil unir palabras en sonoras y asépticas combinaciones consagradas por el uso y la repetición, sin caer en ningún momento en el personalismo, en la torpeza, en el sarcasmo o en el balbuceo. Claro que, tanto como en inglés, muchos practicantes del officialese se dejan llevar por el entusiasmo y se vuelven prolijos, tendencia especialmente notable en este país donde en cada pronunciamiento oficial hay que meterle un "mismo que" para estar seguros de acertar con ese excelso tono oficial-administrativo, mismo que por su rebuscada cadenciosidad termina enloqueciendo a los oradores más obnubilados (siempre supuse que el desdichado de Jonathan Carrera, mismo que antes daba en el noticiero televisivo los informes de crónica roja, en un inconfundible estilo rimbombante e hipersensiblero, y que ahora supongo encerrado en el Lorenzo Ponce, era la inspiración original para el Sangrera de la serie telebasurera). Lo que pasa es que no existe una correspondencia muy evidente entre los giros más pomposos en un idioma y en otro; y mientras que un estilo altisonante, latinizante y extremadamente prolijo en inglés, al traducirse al castellano con bastante literalismo suena simplemente "correcto", intentar la proeza en sentido inverso suele dar resultados impresentables. Si, por el contrario, uno opta por la sencillez en la versión inglesa, termina perdiendo muchas horas puliendo el texto, en un desesperado intento de dar con ese tono de impersonal y locuaz autosuficiencia de funcionario obeso tan evidente en el original, y tan difícil de conjugar con la simplicidad. El idioma inglés entonces se vuelve como vergonzoso, recatado, hasta un poquito malfollá. Uno prueba sinónimo tras sinónimo, pero todos vienen erizados de connotaciones foráneas. Nada suena bien. Mi consejo para cualquier traductor, en tal caso, es: sleep on it. Lo he comprobado una y otra vez: no es tanto la posibilidad (a veces sí pasa) de que al despertar de repente se vuelva evidente la traducción correcta de tal o cual frase, sino que -mucho más importante - el tiempo pasado le confiere a tus palabras una pátina de convicción, de respetabilidad. Vuelves a leer lo que anoche te pareció tan torpe, tan impresentable, y de repente te parecerá en su mayor parte, si no elocuente, por lo menos adecuado.

Lo mismo, ahora se me ocurre, pasa con los blogs.

Miento: pasa con todo.

Ser mediocre es sólo angustiante en el momento de serlo. La mediocridad que ha conseguido burlar tus defensas y se ha instalado en tu prosa se nutre, en lo sucesivo, de ese aire de leve heroicidad que corresponde por derecho a cualquier texto escrito, sobre todo en nuestra civilización de superficialidad audiovisual donde escribir cualquier cosa, hasta una sarta de idioteces, es una hazaña digna de reverencia por parte de la gran mayoría.

Pero, hablando de héroes, creo que todavía falta que alguien en el idioma castellano agarre el testigo que nos dejó gente como Orwell (en su ensayo Politics and the English Language) y haga campaña, con la eficacia de la venerable Plain English Campaign, a favor de la brevedad, la sencillez y la precisión en la comunicación. Un ejemplo de por qué sería recomendable eso:

LA UNIVERSIDAD CATÓLICA BLA BLA BLA
FACULTAD DE BLA

Por cuanto la bachiller señorita Mengana de Tal ha cumplido con los requisitos académicos, legales y reglamentarios, le confiere el título de

INGENIERA EN AUSENCIAS JUSTIFICADAS

a fin de que se le reconozca como tal y goce de los honores y privilegios que por ley le corresponden.

Lo he señalado en rojo para que se vea más claramente. ¿Para qué demonios se explica en el certificado de grado el supuesto motivo por el que se confiere, como si la utilidad de tal certificado no fuera ya una evidencia? En realidad, lo único que hace esta oración es servir de relleno y contrapeso rítmico, para evitar la brusquedad y conferirle un tantico más de solemnidad o gravitas al documento. "A fin de que se le reconozca como tal" es, en realidad, una bobada: es como escribir "... y aquí firmo a fin de que se me reconozca como autor del presente documento".

Pero veo que, a su manera, el inefable José Mario Ruiz Navas, en El Universo de hoy, ha abierto la campaña a favor de la sencillez de expresión con un salvo en contra de ese ridículo modismo lingüístico del artificioso equilibrio de géneros, es decir en contra del "... a los miembros y a las miembras". Hasta ahí, nada que objetar: ese modismo es, más que nada, una ofensa simultánea contra la claridad, la sencillez y la brevedad. Pero a decir verdad, las pocas veces que leo a este cura siempre me acerco a su artículo con la fundada sospecha de que algo en él me va a hacer reir a carcajadas. En este caso, la risa me cogió aquí:

La experiencia en el campo eclesial me permite afirmar que la participación específica de la mujer con su aporte específico, voz y voto, no como mera ejecutora, llega a la raíz de la vida eclesial, dándole mayor consistencia.

Es decir: "la iglesia Católica, que todavía tiene vedado a las mujeres ostentar cualquier cargo dentro de su jerarquía, nos proporciona un ejemplo ideal de participación femenina; tema en el que yo, por otra parte, en mi calidad de hombre que tiene por obligación evitar cualquier relación íntima con representantes del género femenino, soy autoridad".

Con lo que habría que actualizar el famoso tríptico de eslóganes orwellianos:

WAR IS PEACE!
FREEDOM IS SLAVERY!
IGNORANCE IS STRENGTH!

EXCLUSION IS PARTICIPATION!

Gracias, monsignor. Lo suyo es impagable.



¡Ah! Me olvidé del título. Es sencillo. Hace unos años, tuve que traducir del castellano al inglés un folleto publicitario de un fabricante de calderas industriales. En el texto explicaba que la ventaja de cierta línea de calderas es que funcionaba con todo tipo de combustible: "carbón, leña, o cáscaras de nueces".

"Walnut shells"??

Cómo cargarse un intento de expansión internacional en dos palabras (creo que al final opté por "natural fuels". In a nutshell, de eso se trataba).

Wednesday, January 20, 2010

La vaca

Una novia uruguaya (de corta duración) una vez me dijo, no recuerdo en qué contexto: "a Fulano de Tal hay que matarle la vaca." Le pregunté qué quería decir con eso, y me contó la siguiente historia.

Un sabio maestro budista iba caminando por el campo con su discìpulo. Llegaron cansados a una pequeña aldea donde se notaba un ambiente de extrema pobreza. Llamaron a la puerta de una humilde choza. La pareja que vivía allí los acogieron con gran hospitalidad. "No puedo ofrecerle mucho, maestro," dijo el marido, "como ve Ud., somos pobres. Pero le ofrezco unas cuantas habas y un poquito de leche de nuestra vaca, que es lo único que tenemos."

El maestro les agradeció su generosidad y pasaron la noche allí. Llegó la madrugada y el maestro despertó a su discípulo al amanecer. "Nos vamos," le dijo, "pero primero quiero que me ayudes en una tarea". Se levantaron, y salieron de la casa mientras la pareja seguía durmiendo. "Ahora," dijo el maestro, "quiero que me ayudes a matar esta vaca."

El discípulo quedó horrorizado. "¿Por qué, si esta gente humilde ha sido tan generosa con nosotros?" "Ya verás," contestó el maestro. Y a continuación, llevaron a la vaca a un peñascal cercano y la empujaron para que se cayera. La vaca quedó unos veinte metros más abajo, con el cuello roto y ensangrentada. "Vámonos," dijo el maestro.

Un año más tarde, el maestro y su discípulo volvieron a pasar por esa misma aldea. Pero ahora todo estaba cambiado. Los campos florecían, y las casas tenían otro aspecto, más arregladas. Se respiraba un ambiente de prosperidad.

Volvieron a llamar a la misma puerta. La misma pareja los acogió, con grandes señales de alegría. El marido les contó que, sin que pudiera explicar cómo sucedió, su vaca al día siguiente de la última visita del maestro había tenido un accidente y había muerto. Con lo cual, como último recurso, el hombre había sembrado sus habas en un campo cercano. Al poco tiempo, viendo tan buena cosecha que tuvieron, otros siguieron su ejemplo, y ahora todo el mundo en esa aldea se dedicaba a la agricultura, con óptimos resultados, pues la tierra de allí era extremadamente fértil. "No sé como ha sido, pero la visita de ustedes parece que nos ha traído la bendición."

El maestro miró a su discípulo. "¿Ahora lo ves?"

Fin de la historia.

No era tan interesante, ¿verdad? Pero a mí me parece que esta historia es una buena manera de determinar la tendencia política de cualquier persona, con independencia de la ideología que pretende profesar. Se trata, tal vez, de un simple instinto. Si después de escuchar o leer esta historia te quedas convencido de que la actuación del maestro budista era una encomiable muestra de sabiduría, entonces lo tuyo es el autoritarismo, de izquierda o de derecha, poco importa, es decir, eres de los que creen que el fin justifica los medios y que los que saben más tienen la responsabilidad de arreglarles la vida a los pobres ignorantes. Si en cambio te quedaste convencido de que el tal maestro era un reverendo hijo de puta, y que esta apreciación en absoluto tiene que revisarse a la luz de los resultados que obtuvo, entonces eres liberal.

Excusado decir que entre las dos especies, no hay aproximación posible. Por eso la que me contó esta historia y yo hace tiempo que nos separa un tranquilizador océano.

Saturday, January 16, 2010

Maltrato capilar

Fue el sábado pasado. Subí a bordo del 17 (Durán - Padre Solano) a las 6.45 de la mañana, y me senté casualmente cerca de ella. Ella llevaba pantalón blanco, una camisa de color verde guacamole con mangas cortas abombadas, y aretes a juego. En el cabello recogido llevaba un adorno con forma de clavel y color blanco, del que sobresalían unas cuantas plumas de ave del mismo color. Era de piel trigueña y su expresión era impasible, al estilo de Hedy Lamarr o de la joven Gene Tierney, es decir, ese tipo de impasible que Frieda Grafe decía (a propósito de GT) que proveía al espectador una especie de tabula rasa sobre la cual escribir a voluntad su propia fantasía. Como sabemos que los gatos pueden a los reyes contemplar, y que no está todavía convenientemente regulado el tema del encaprichamiento de los viejos chiros, evidentemente me enamoré. Claro que el enamoramiento de un viejo verde es una cosa muy sui generis, que involucra a muchas menos endorfinas que su equivalente juvenil; quedan completamente descartadas, por ejemplo, las alteraciones de adrenalina, pues como el viejo se reconoce incapaz de inspirar a través de la división de géneros otro sentimiento que no sea la indiferencia, el asco o el miedo, se encuentra inmune (por fin) a los efectos de toda esa industria multibillonaria del deshojar de margaritas. El romanticismo popular, esa enfermiza miasma de obsesión en el fondo narcisista (¿qué pensará de mí? ¿Sentirá lo mismo que yo?) se le antoja, pasado el umbral de los cuarenta y cinco, una gloriosa irrelevancia. En rigor, no tiene la más mínima importancia lo que ella puede haber pensado durante ese breve escrutinio rutinario con el que cualquier mujer responde a una mirada lasciva captada por radar, pues a cierta edad la lascivia se vuelve un fin en sí mismo y uno ni siquiera se plantea una narrativa autoincluyente. Pero sí elaboré una historia imaginaria a medida que el autobús cruzaba el puente, principalmente para explicarme ese atisbo de pesadumbre que reflejaba su mirada bajo determinadas luces. Al principio me parecía que se trataba de esa vergüenza residual que siente una mujer que se reconoce bastante más guapa, o por lo menos bastante más arregladita, que el resto de pasajeros: ese "quise destacar, pero hmm, tal vez no tanto". En cambio, al llegar a mi destino (el engullepasajeros de la Metrovía) ya tenía resuelta toda la trama: ella era, sin duda, la asistenta personal de un coleccionista de caracoles muy avanzado en años quien, en uno de sus viajes por la Amazonía, habría descubierto una nueva especie de caracol, la Caracolius ignoradissimus, y quien a través del Internet habría hecho contacto con un coleccionista de caracoles estadounidense, de origin anglolibanés, previsiblemente llamado Imal Forsnailes, quien le habría ofrecido una suma no desdeñable a cambio de un especimen vivo de tal hallazgo. A lo que el decrépito amante de caracoles, en vistas tanto de la costosa enfermedad de su hijo como de las estrictas restricciones en torno a la exportación de animales, habría urdido un plan para hacer llegar el caracol a su destino atravesando la frontera peruana para luego aprovecharse de una conocida red de traficantes de artefactos precolombinos que opera en tal país. Artimaña que requería de la colaboración de su asistenta personal, pues sería ella la encargada de pasar la frontera peruana con el molusco, sirviéndose de su encanto personal y de esa curiosa flor artificial que llevaba en el pelo, dentro de la cual, evidentemente, iba escondido el mencionado gastrópodo (a quien le habrían administrado un somnífero antes del viaje, para evitar sorpresivas apariciones). Sí, la historia tras ese aire ligeramente acongojado parecía bastante evidente, por lo menos para un detectiva nato como yo.

Sin embargo, me desconcerté levemente al constatar que ella, al igual que yo, tenía previsto coger la Metrovía, pues mi versión de su biografía predecía un rendezvous con el viejo algo más adelante en la ruta del 17. Confieso que fue bastante divertido observar el efecto que produjo ella al quedarse esperando delante de la puerta del paradero de la Metrovía, con toda esa cena de perro a plena vista en tres dimensiones. Lo que pude verificar en esa ocasión es que una mujer guapa muy arreglada tiene el mismo efecto que un campo de fuerza, una especie de agujero negro que atrae a los varones pero que al mismo tiempo los estruja y los deforma a medida que se aproximan. Es decir, si mirabas detenidamente a cada hombre que se le acercaba casualmente, veías que el ademán y la postura de éstos se modificaban en función de la distancia: lo que empezaba como un caminar normal, a medida que se acercaban se transformaba en swagger, en un forzoso pavonearse que a veces se contrastaba risiblemente con la humildad de su apariencia y su atuendo, y que evidentemente los convertía en seres más pequeños, de modo que al llegar hasta ella le llegaban a la rodilla. La evolución de Homo sapiens contada al revés.

Antes de perderla de vista, mi última sorpresa fue el notar que una chica que también iba en el Metrovía, al parecer alumna de uno de esos colegios navales que pululan por la ciudad, llevaba en su pelo exactamente el mismo adorno, con plumas y todo. Ello me obligó a abandonar mi historia inicial a favor de una nueva hipótesis que involucraba el espionaje internacional: pero esa otra historia es otra historia. Quedémonos con lo principal:

¿Por qué las ecuatorianas (algunas) maltratan tanto su cabello? No me refiero al transporte de caracoles, pues eso, reconozcámoslo, es una ocupación muy minoritaria. Me refiero a eso de cambiar el color de cabello cada semana, o cada dos días, o cada cinco minutos en casos extremos, mediante el uso obsesivo del tinte. Pero no sólo eso, sino ay, los colores escogidos. El color moreno, en todas sus variantes desde negro hasta castaño yuca, es lo más atractivo en pelo que la naturaleza hasta la fecha ha conseguido crear: seamos sinceros, las rubias, las que no son bobas son infanticidas, y las pelirrojas naturales son una rara especie que apenas se encuentra fuera de las telenovelas catalanas. Pero aun así, es comprensible que alguna que otra ecuatoriana quisiera ser rubia al estilo de Madonna, o pelirroja al estilo de la Maureen O'Hara, si ésas son o fueron unas reales hembras. Pero ¿qué modelo de rol sirve para pintarse el pelo de ese color tan recontraecuatoriana (en España, la comunidad ecuatoriana se reconoce a la legua por la gorra de béisbol, en algunos casos, y en los demás por ese indecible color de tinte de pelo) - ese color que es como una neurótica mezcla de caca de iguana, miel, cartón mojado, cáscara de nuez y vómito en chuchaqui de noche cervecera? ¿Por qué la primera y única mujer de la que me enamoro en toda la semana tiene que tener pintado ese preciso color de pelo?

Y me contestan al unísono: es la moda.

Bueno. A mí me parece que las modas aquí duran demasiado. En otros países la moda cambia cada temporada, aquí cada siglo. Ya está bien. Y otra pregunta que se me ocurre: ¿cuándo se pondrá de moda ser uno mismo, o una misma?

Nunca, dice mi oráculo (que a veces se disfraza de zombie, para joder). Eso no mueve plata. Ser uno mismo no beneficia a nadie, salvo, claro está, uno mismo. ¿Dónde estarían las ganancias de diseñadores y confeccionistas?

Es más rentable la neurosis.

En la autobiografía de Malcolm X, hay un pasaje donde describe con lujo de detalle el proceso de conking, es decir, intentar que el pelo afro se parezca al pelo caucásico, mediante el uso de una sustancia alisadora, congolene, entre cuyos efectos secundarios destaca, según el autor, el extremo dolor. Vinieron los años setenta, y el congolene se fue: uno recuerda todavía al joven Michael Jackson, que junto a su familia lucía un esplendoroso afro. Pero lo que más recuerdo de esa década y de la siguiente son esas interminables series policíacas importadas, donde siempre era cuestión de un detective con alguna letra de WASP entre sus credenciales, a pesar de ser o bien tullido (Ironside) o italianamente desarreglado (Colombo) o griegamente calvo (Kojak) o asquerosamente regordinflón (No Recuerdo El Nombre) o simplemente mujer (Cagney & Lacey)... vamos, la cuestión es que el detective tenía que lucir alguna ostentosa discapacidad, ser miembro de lo que los americanos hilarantemente dicen una minoría, pero ninguna discapacidad tan grave como la de su acompañante, o informante o quien fuera, es decir ese Also Starring, que siempre era amable, respetuoso, obsecuente, buen dato, pero claro, siempre tenía esa misma color de piel y ese mismo afro. Con lo cual el afro estilo años setenta quedó, quién sabe para cuánto tiempo, emponzoñado a pesar de sus orígenes autoafirmadores con un sabor, si no de Uncle Tom, por lo menos de eterno sidekick, de transigente y conformista. Vinieron los ochenta-noventa y para alegría de todos, la moda Rasta. Como acertadamente cuenta Sue Townsend en la historia Mole, se puso de moda, por fin, ser negro hasta en círculos no musicales como, por ejemplo, las aulas de colegios secundarios ingleses.

Pero quedó como triste reliquia el propio Jackson, que mientras tanto se había transformado paulatinamente en esperpento, impulsado por la creencia de que el dinero permite ser consumidor de identidades: hoy me apetece ser blanco, no, mejor dicho, blanca... es decir, quiero ser Liz Taylor. ¿American Express?

Y el otro día va y abro el periódico digital (Yahoo) y hay una foto de un tornado de cabello rubio, acaracolado, digno del Hitchcock de Vertigo, que resulta ser de una mozuela de 23 años que lleva varias docenas de operaciones de cirugía cosmética a sus espaldas, en sus pechos y un peu partout, quien confiesa que en una sola sesión se hizo una vez diez repuntes de carrocería. Lo que induce a pensar que de rubia probablemente tenga lo que yo de deportista. Y uno se pregunta: ¿cómo se sentiría una siendo vendedora permanente, sin vacaciones de un producto, verbigracia la habilidad de bisturí del gurú plástico de su elección, a través del cual, por la experta opacidad que tal producto muestra, es vedado al hombre común entrever cualquier otra cosa?

Eso debe cansar. Debe cansar terriblemente.

¿Complejo de inferioridad?

Si tal, probablemente inducida; de todas maneras, asquea. Dediquémonos mejor a enviar botellas de agua a Haití, que al lado de esas modas masoquistas (para un sádico como yo, la posoperatoria de esa mozuela horroriza: ¡tanto dolor sin gozar, tanto desperdicio!) luce, como moda, blanquísima. Ser buena gente tal vez no ayude directamente a encontrarse con uno mismo (a veces sí: contaré la historia en otro momento), pero ser un monstruo de superficialidad rebuscada y retocada, creo que todavía menos.

Thursday, January 14, 2010

Bisnieto del Bosque

5.1) Sobre el “derecho a recibir información”.

XF: "Luego, sostienes que el “derecho a recibir información” consiste “esencialmente en el derecho a no sufrir censura por parte […] del mismo Estado”, con lo cual asumes que “lo único que puede y tiene que hacer el Estado en pro de ese derecho es no interferir en el proceso de comunicación”. Esta es una importante diferencia entre tu pensamiento sobre este tema y el que yo postulo. El derecho de toda persona a expresarse (digamos, la dimensión individual de la libertad de expresión) y el derecho de toda persona a recibir información (digamos, la dimensión social de la libertad de expresión) no solamente lo puede censurar el Estado, sino que también lo puede censurar (o llama como quieras al efecto de impedir la expresión de ciertas voces o de privilegiar otras y a la distorsión de información para satisfacer un propósito de interés particular de la empresa de comunicación) los medios de comunicación. Esa censura, por ejemplo, que puede sucederle a los periodistas que trabajan en un medio de comunicación (v. informe de la Ciespal acá): de ahí la necesaria regulación de la cláusula de conciencia. Esa distorsión, por ejemplo, que puede afectar la honra delas personas: de ahí la necesaria regulación del derecho de rectificación o respuesta. Ese acallar de algunas voces o privilegiar otras: de ahí la necesaria regulación de los monopolios y oligopolios, así como la creación de medios públicos y comunitarios. "

Desde hace algún tiempo, el autor del párrafo citado ejerce "censura" (según su propio criterio aquí expresado) en la sección de comentarios de su blog, donde algunas "voces" (es decir, lectores de su blog que se molestan en comentar el contenido de algún artículo) son "impedidas en su expresión", es decir, sus comentarios son suprimidos. El propio XF justifica este actuar con el argumento de que los comentarios suprimidos, que se intuyen de naturaleza ofensiva, no contribuyen al debate que se pretende establecer. Si el lector quiere, puede echar un vistazo a los comentarios que sí se publican, para formar su propio criterio respecto a si todos ellos contribuyen a algún debate. En fin. Lo que hace XF (ejercer de "moderador" de los comentarios siguiendo su propio criterio) lo he hecho yo también en algún momento; es algo rutinario en este mundo bloguero, y no tiene apenas trascendencia, eso es, hasta el momento que alguien grita "¡censura!" (lo cual, de modo algo paradójico, en el pasaje citado le cae el propio "censor" hacer). En tal caso, nosotros (los blogueros) nos vemos obligados a defendernos contra tamaña acusación. La defensa más habitual consiste en alguna variante o traducción de las palabras get yer own friggen blog. Sinceramente, creo que con eso basta. Es decir, hablar de censura (intento de silenciar la expresión de alguna opinión o la difusión de alguna información) no resulta demasiado creíble en un medio como el Internet, donde cualquiera puede expresar lo que le salga del/de la níspero/a (o casi: algún día me molestaré en leer las condiciones de uso de Blogger.com... ah, y cuidadín con las fantasías que vierten sobre cantantes femeninas) con la única inversión de unos dos minutos de tiempo rellenando formularios en pantalla. Claro que el simple hecho de expresar lo que sea no garantiza la "comunicación", o sea, no garantiza audiencia; y es por eso que el atractivo que para algunos ejerce la contumelia en caja de comentarios ajena parece ser el del secuestro del público; eso es, si le insulto a fulanito en su propio blog entonces, jeje, mis insultos serán leídos por todos esos lectores fieles que él, mediante constancia y esfuerzo, ha conseguido granjear. (Tal secuestro, evidentemente, es precisamente lo que hace Vinicio con los periodistas televisivos que le caen trucho, tal como vimos en la última entrada.) Aquí hay, lo sé, distancias que salvar, pues un blog no es lo mismo que un diario de gran tirada, y una caja de comentarios no es lo mismo que una sección de opinión, y una sarta de improperios no es lo mismo que una opinión bien argumentada... sin embargo, creo que el ejemplo propuesto demuestra la necesidad de distinguir, como mínimo, entre aquella "censura" que no involucra a más personas que el dueño del medio y un público al cual se propone, a veces con sinceridad, ahorrar lecturas ingratas, por un lado, y por otro la censura que ejerce el Estado, que a diferencia de la anterior, realmente funciona, es decir, es capaz de impedir totalmente la difusión pública de determinadas opiniones u informaciones dentro del territorio donde ejerce soberanía. Creo que en este tema hay que matizar, o mejor dicho, reconocer que existen diferentes grados de "censura" cuya gravedad depende en parte de la naturaleza de lo que se intenta suprimir, y en parte del grado de control que el censor consigue ejercer sobre la difusión de información (que en el caso del Estado suele ser total, mientras en el de cualquier medio privado no pasa de ser parcial, temporal y circunstancial).

Y puestos a matizar, creo que es importante reconocer que el "malvado" dueño de un medio que "censura" a sus empleados (periodistas), es decir, insiste en suprimir o modificar alguna expresión de parte de ellos no siempre actúa de mala fe o con intereses protervos (a veces sí, por supuesto), y que no es del todo claro que el periodista tenga, por el simple hecho de serlo, el "derecho" a que todo lo que escribe sea publicado íntegramente en el medio en cuestión (no es que XF sugiera tal cosa, sino que los términos maniqueos en que suelen reducirse este tipo de debates en muchas ocasiones asignan el papel de villano al dueño del medio, de un modo irreflexivo, y parecen apuntar hacia tales conclusiones). En este respecto conviene recordar que el periodista que trabaja para un determinado medio es depositario de un privilegio en muchos casos inmerecido, es decir, tiene la posibilidad de dirigirse a un público muy grande cuya disponibilidad se debe al esfuerzo de otras personas, durante años o décadas, entre ellas el propio dueño del medio en algunos casos, que conjuntamente han creado la actual reputación del medio en cuestión y esa gran audiencia de la que goza. Tales consideraciones apuntan hacia una necesaria distinción entre, por un lado, la libertad de expresión que es derecho inalienable del periodista como de cualquier persona, y por otro lado, el derecho del dueño del medio a disponer de lo que es suyo, del propio medio y de los contenidos, de los que depende en gran medida el éxito de su empresa y la fidelidad de su público (valga apuntar que ese derecho que yo postulo es violado con frecuencia diaria por el gobierno de este país mediante la mencionada técnica del secuestro de audiencias en las llamadas "cadenas"). El conflicto postulado entre estos dos derechos, en mi opinión, es más aparente que real, por lo menos en el supuesto de que el periodista "censurado" por un medio determinado tiene la posibilidad de ejercer su libertad de expresión de otra forma, o bien migrando hacia otro medio (lo que hizo el propio XF migrando desde El Universo hacia El Telégrafo), o bien abriendo su propio espacio mediático, siquiera simbólico (Carlos Vera TV), o bien subiendo a bordo de una caja de jabón en la esquina Speakers Corner, en Londres (esto último es broma, por si acaso). Claro que en todos estos casos el periodista puede ver mermado o transfigurado su público, pero, recordémoslo, disponer de un determinado público no es ni puede ser "derecho" de nadie, pues ello implicaría la obligación de cada miembro de ese público de continuar ejerciendo ese papel, lo cual nos llevaría directo al totalitarismo. Aquella persona que tenga algo que comunicar, en principio, tiene que ganarse su propio público.

Nada de esto es óbice para que existan regulaciones como la cláusula de conciencia o el derecho a réplica, con tal de que dicha regulación, en los detalles de su aplicación, sea respetuosa con los mencionados derechos del dueño del medio y al mismo tiempo sea realista (una legislación irreflexiva, como otros autores más sabios han señalado, podría dar como resultado que los diarios se llenen de interminables páginas llenas de intercambios de contrarréplicas en letra minúscula, a cuál más incoherente, al lado de las cuales, la necrología de repente cobrará inusitado interés para el lector). Supongo que habrá quedado claro que no albergo grandes esperanzas de encontrar tal grado de pragmatismo y de sensatez en el proyecto final, y que no considero que la supuesta necesidad de tal regulación justifique apoyar un proyecto tan peligroso como el que motiva esta discusión (eso es, suponiendo que el agravio que afecte "la honra de las personas" ya esté sujeto a algún tipo de sanción bajo la ley existente, como ya comenté en otra entrada).

En todo caso, lo evidente es que aquí hay diferencia de criterio sobre el alcance de ese problema de la supuesta "censura" ejercida por los propios medios de comunicación (que los periodistas digan, mediante encuestas, que se consideren objetos de censura no ayuda a aclarar la cuestión si aceptamos, como apunté arriba, que tal "censura" puede tener diferentes grados de, digamos, "gravedad", en función de la naturaleza de los contenidos censurados y de la existencia o no de medios alternativos de expresión). También llama la atención el hecho de que, aun reconociendo la posibilidad de que el Estado ejerza censura, el "elenco de garantías" que propone XF no incluye ninguna propuesta que vierta sobre este tema, por ejemplo, una garantía de que no habrá censura previas de contenidos ejercida por instancias estatales.


5.2) Sobre el “rol regulador del Estado”.

XF: "Finalmente, sostienes una crítica al supuesto de que tengo esa creencia “de que la solución a todo problema humano pasa por crear mejores leyes, prohibiciones, restricciones y sanciones cada vez más exquisitas, hasta que por fin las personas empiecen a comportarse como yo prefiero”. Yo creo, en efecto, que la existencia de leyes (no de las leyes controladoras, como tú afirmas reiteradamente, con ausencia de matices) puede contribuir a una sociedad que garantice de mejor manera las libertades de las personas (tomándonos la libertad en serio, no con esa retórica meramente ontológica y privilegiadamente patrimonial que es denominador común del liberalismo clásico y del universo mental neoliberal), incluida, por supuesto, la libertad de expresión. Lo que implica, en el marco de la legislación que propongo, la existencia de restricciones legítimas a ese derecho (prohibición de monopolios y oligopolios, e.g.) y, en particular y más importante, la posibilidad de todas las personas de ejercer su libertad de interactuar con los medios de comunicación para resarcirse de daños que estos le ocasionen a su honra (derecho de rectificación o respuesta, e.g.) o para hacerles saber de su inconformidad (el defensor del público, e.g.) o para participar en medios de comunicación y difundir información y opinión (los medios comunitarios, e.g.). Nuevamente, esas regulaciones son en beneficio de ese “nosotros” que tanto te preocupa a ti pero al que, curiosamente, las leyes del mercado suelen acallar para privilegiar las voces de unos pocos. "

Esta propuesta de la creación de medios comunitarios merece tratamiento aparte, pero por el momento no pienso entrar en esa discusión por falta de tiempo. Por el resto, repito, creo que en todos estos temas las buenas intenciones no cuentan, y es preciso reconocer que lo que se persigue con la Ley propuesta es un recorte de las libertades y la creación de un paisaje mediático homogéneo, árido, sumiso al poder, donde se privilegiará lo "oficial" y se perseguirán todas aquellas voces que demuestren algún grado de independencia. En este contexto, hasta la propuesta más aparentemente inocua merece reticencia en la medida en que la "letra pequeña" de la ley se preste a abusos autoritarios. En tal sentido, por ejemplo, hemos visto que en este país no se reconoce como en otros lugares que el estatus del funcionario público conlleva necesariamente cierta tolerancia hacia la crítica en aras del debate libre y abierto; al contrario, nuestros gobernantes han demostrado hipersensibilidad hacia la crítica y un marcado afán litigioso, que sólo hace falta que se refuerce con nuevas sanciones y nuevos poderes para que el entorno mediático se vuelva, para cualquier crítico del gobierno, "irrespirable". Un ejemplo práctico de lo que quiero decir con eso se encuentra en la entrada anterior donde mencioné el caso de las cadenas gubernamentales que interrumpen los programas de debate, sin duda con el amparo teórico de un supuesto derecho a "réplica", pero que realmente, en mi opinión, constituyen un flagrante abuso de privilegio. ("Es de mala educación interrumpir" - mi abuelita. Intimidar con veladas amenazas, se supone que todavía más.)

Por lo cual, considero que se tendría que partir de otro planteamiento, el de que esas "voces de unos pocos" que se encuentran actualmente "privilegiadas" son las del oficialismo triunfante, y que por consiguiente lo que hace falta urgentemente en cuestión de leyes son garantías respecto a la libertad del ciudadano y del medio independiente frente al Estado. (En términos precisos, por ejemplo, sería bienvenida una regulación de derecho a réplica en la línea de la propuesta por XF, pero que excluya del ejercicio de tal derecho expresamente a los funcionarios públicos, que realmente no lo necesitan.)

6) Un par de correcciones.

XF: "Para finalizar, un par correcciones. En Reino Unido no se regula a los medios de comunicación impresos, pero a diferencia de tu enunciado “no hay nada remotamente semejante”, se regula de manera extensa a los medios de comunicación audiovisual (en la Communications Act del año 2003) y se tiene un ente regulador llamado Office of Communications (OFCOM -acá una explicación detallada de esta ley). No sé si fue por ignorancia o por confusión conceptual (el concepto “medios de comunicación” no es idéntico a “medios de comunicación impresos”) pero es necesario aclarártelo. "

El hecho de que la Communications Act del 2003 no contenga una regulación de los medios impresos, ya de por sí la aleja de cualquier semejanza con el proyecto bajo discusión. Pero es bueno recordar que también en el Reino Unido los vientos autoritarios están soplando en la misma dirección que acá (y provocando las mismas protestas).

XF: "Para concluir, sobre la referencia que haces a John Milton en el título de tu réplica, valga señalar que él escribió un interesante alegato contra la censura previa (lo chistoso es que decía que la censura previa –por un elenco inteligente de razones- era siempre mala, salvo cuando se trataba de censurar los escritos de los religiosos católicos, ja). Te hago notar, en todo caso, que en ningún apartado de mis columnas yo he alegado por la censura previa (la que sólo reconozco como válida para el caso de protección moral de la infancia y adolescencia) con lo cual el título que utilizas es inapropiado para la crítica que me formulas. "

En tal caso, como ya señalé, es llamativa la ausencia, en su "elenco de garantías", de una expresa prohibición de tal "censura previa". Lo que no menciona XF es que el escrito de Milton es el de un "revolucionario" convencido, que a pesar de apoyar un gobierno "progresista" (según las luces de la época, es decir, en contra del absolutismo monárquico) sin embargo tuvo la entereza de mostrar su discrepancia con sus colegas revolucionarios en este tema preciso de la necesidad de censura gubernamental; y que este escrito ha servido de inspiración a generaciones posteriores de luchadores por la libertad de la palabra.

Wednesday, January 13, 2010

Hijo del Bosque

4.2) Sobre tu crítica a las garantías que propongo como “mecanismo alternativo”.

XF: "Tu respuesta al respecto es, en principio, evadir su discusión, porque sostienes que esa enumeración de garantías “cuidadosamente evita lo central de la Ley propuesta, es decir la ‘garantía’ de que el Estado puede multar o clausurar los medios que le resulten incómodos”. Te diré, en principio, que nunca he considerado que el Consejo aquel tan polémico sea “lo central” de la Ley de Comunicación. Ha sido, eso sí, “lo central” de la paranoia de los medios de comunicación privados, una paranoia que nos revela la pobreza de la discusión que proponen sobre este tema. Lo que tú llamas “lo central” de la Ley de Comunicación es, para mí, todas esas garantías que menciono en el antecedente de esta contrarréplica."

Es cierto que no entré a discutir cada "garantía" por separado, precisamente por la mentada razón, de que no considero dichas garantías "lo central de la Ley propuesta". Volvamos al bosque. Desde que se formó el presente gobierno, la obsesión del mismo, y sobre todo la obsesión del Primer Mandatario, con los medios de comunicación ha sido una constante en la vida política del país; hasta el punto de que, como fui testigo y comenté en su momento, se interrumpió un día una emisión del programa matutinal Contacto Directo, presentado en ese entonces por Carlos Vera, con una cadena gubernamental dirigida al fin exclusivo de desprestigiar a ese periodista y a entrar en polémica sobre una afirmación suya del día anterior cuyo alcance no era en todo caso demasiado trascendental; lo cual ya demuestra una preocupante falta de sentido de proporción y, diríamos, de dignidad y altura por parte de los responsables de la misma; pero lo más grave era el contenido, en que se mostró al sorprendido espectador una fotografía de la casa del mismo Carlos Vera con una voz en off que decía con sorna algo así como "no todo el mundo puede vivir en una casa así, ¿verdad Carlos?". Ahora, cuando un gobierno se muestra capaz de intentar intimidar y silenciar a un periodista tomando fotos de su casa, y cuando ese cuidadito, sabemos donde vive lo transmiten a través de un canal nacional, para mí queda demostrado, primero que ese gobierno no tiene el más elemental compromiso con la libertad de expresión, y segundo, que es capaz de cualquier vileza (hasta podrían dar lecciones en ruindad a medios como El Universo) con el fin de procurar silenciar a sus críticos en los medios. Esa emisión orwelliana, por sí sola tengo que decir que me obligó a revisar radicalmente mi concepto anterior, bastante más generoso, en lo referente a las intenciones del gobierno de Correa en materia mediática; pero en realidad, no hay por qué quedarse con la anécdota, pues sobran los ejemplos de pronunciamientos oficiales en el sentido de que consideran como enemigos a los medios de comunicación (no a alguno en especial, sino a todos, lo cual se desprende del comentario original sobre las bestias salvajes). Ahora, con estos antecedentes, considero que habría que padecer de un grado de ingenuidad rayano en lo esquizofrénico para creer que con la Ley propuesta se persigue otro fin que no sea el de silenciar a los críticos del gobierno y/o crear un paisaje mediático dominado por voceros partidistas más o menos conscientes de su papel; es decir, de crear un entorno mediático permanentemente sumiso al poder. Es posible, eso sí, que dentro de las filas gubernamentales existan diferentes tendencias, que abarcarían por un lado a los que creen, sinceramente, que una mayor democratización de los medios lograría por sí solo el fin deseado (en el supuesto de que todas esas "voces sístemáticamente excluidas" en palabra de Gargarella estén ansiando entrar en escena para cantar las alabanzas de Su Majestad), y por otro lado a los más realistas que reconocerían la necesidad (desde su punto de vista) de medidas más coercitivas y restrictivas. Tal variedad de criterio explicaría la existencia, dentro del mismo proyecto, de propuestas más "liberales", como la garantía de la reserva de fuente, y medidas más autoritarias, como el registro obligatorio de medios. Lo que se considera "central" en el proyecto depende del criterio subjetivo de quien lo mira, pero, repito, con los antecedentes de este gobierno (encarcelación de opositores, amenazas contra periodistas y contra medios, clausuras de medios, tácticas de intimidación física) es razonable suponer que hasta la medida más aparentemente inocua puede formar parte de una estrategia destinada a acallar las voces opositoras, y suponer también que si algo hay en el proyecto que sirva para fomentar de alguna manera la libertad de expresión, está allí para contentar al ala wet del partido o para servir de señuelo, pues queda sobradamente demostrado que lo que motiva el proyecto no tiene que ver precisamente con ninguna libertad.

Por tanto, considero que es más sensato centrarse en los aspectos de la propuesta que más se prestan a abusos autoritarios, a sabiendas de que serán los más aprovechados. Entre dichos aspectos, por ejemplo, el registro obligatorio de medios, que obviamente tiene la finalidad, primero, de implantar la idea de que el ejercicio de la palabra no es un derecho innato a la naturaleza humana sino una concesión estatal, y segundo, de usar la técnica del atasco burocrático para inhabilitar medios ("su aplicación para registrarse está en trámite, pero mientras tanto, no se le ocurra publicar nada").

XF: "Para probar tu punto, citas dos de las siete garantías, la de “promoción de mecanismos de autorregulación” y la del “defensor del público”. La primera, la cuestionas (sobre este punto escribí en otro artículo, a él te remito, acá) sin mayor fundamento. La segunda, tú afirmas que “no es demasiado relevante”. Esto último es obvio: ninguna garantía por sí sola lo es, pero desechar un mecanismo de garantía porque no sea una panacea es una torpeza. "

Sobre el tema de lo que se entiende por "mecanismos de autorregulación", el artículo al cual me remite es, ciertamente, elocuente. Cito un extracto del mismo a continuación.

"Que el debate entre propietarios, periodistas y público sea el que determine los contenidos de esos mecanismos, pero que sea la ley la que establezca de manera clara que su institución no es opcional: si los medios de comunicación no los implementan debería sancionárselos con multas periódicas hasta que cumplan su obligación (lo que en términos jurídicos se llama “astreinte”). "

De modo que estamos ante una exigencia legal destinada exclusivamente a los medios, que podría incluir, por ejemplo, un código ético, un libro de estilo, un defensor del lector, etcétera. Todo lo cual suena muy bonito, pero en la práctica, sobre todo añadiéndole este toque de obligatoriedad y de coerción, es lícito especular que su efecto podría ser cualquier cosa menos el fomento de la libertad de expresión. Pongamos como hipótesis que yo decido crear un periódico "online", sobre la actualidad política, con artículos de diferentes colaboradores (estoy pensando en algo al estilo de Guayaquil Insumiso, blog que admiro desde hace tiempo, pero algo más a lo grande). ¿El hecho de que sea una publicación exclusivamente electrónica significaría que escaparía a las atenciones de las autoridades? Tal vez sí, pero tal vez no, sobre todo si llegara a gozar de cierto nivel de popularidad. En tal caso, y ante la posibilidad de multas, y a pesar del carácter voluntario y no lucrativo del proyecto, me vería obligado a crear un libro de estilo al gusto de las encuestas y a pagarle a alguien (caso de no poder contar con ayuda voluntaria en tal sentido) para que haga de "defensor del lector". No sólo eso, sino que tendría que ejercerse un permanente (y perfectamente inútil) trabajo de adecuación del contenido a las exigencias de esos manuales (de ética y de estilo) que previsiblemente, tratándose de una publicación de tendencia liberal/anarquista, no acabarán de gustar a todos mis colaboradores, algunos de los cuales ante tanta exigencia estilística pedante terminarán por desinteresarse y dejar de contribuir. Dicho de otro modo: las exigencias propuestas no tendrían por qué proporcionarles mayores dolores de cabeza a los medios más grandes, pero su existencia previsiblemente desanimará a cualquier aspirante a abrir espacios alternativos; aparte de lo cual, como ya dije en su momento, en mi experiencia sirven de muy poco. Se trata, entonces, a mi modo de ver de una propuesta discriminatoria, antiliberal y en el fondo, homogeneizante (se supone que ese "debate" a que se refiere XF, entre propietarios, periodistas y público será un debate general cuyos resultados serán aplicables a todos por igual: el contenido del manual de ética, por ejemplo, ya se servirá prácticamente escrito de antemano).

XF: "Precisamente, en interés de “nosotros” es que se instituyen esas garantías, las que no son panacea alguna (lo cual, no es óbice para desecharlas, como ya fue dicho) pero que permiten superar la idealización boba del consumidor y del productor independiente de información que atraviesa este discurso liberal y otorgarle, en la práctica, herramientas (garantías, para hablar con precisión técnica) para que la voluntad de ese “nosotros” (al que tú aludes) interactúe con los medios de comunicación (sea para sugerirle o imponerle correctivos, o para participar de ellos, como en el caso de los medios comunitarios)."

Sigo manteniendo que en la medida en que el consumidor (sea o no éste bobamente idealizado) desea interactuar con los medios de su elección, las leyes del mercado por sí solas y sin necesidad de ninguna medida coercitiva darán respuesta a tal exigencia. Por ejemplo: las columnas de opinión en la versión online de El Comercio permiten comentarios de los subscriptores; los de El Universo, no. Para mí como supongo que para XF y para muchos más, El Univoz en este sentido decepciona. Se echa de menos tal posibilidad de interactuar. Pero seguimos leyendo ese diario... ¿por qué? En el caso de XF, posiblemente con el fin de recolectar material para su próxima sátira en contra de Emilio Palacio; en mi caso, con la esperanza de poder crear elaboradas y malsanas fantasías que involucran a Gabriela Calderón, un rebenque de jinete y varias latas de frejoles en salsa de tomate; en el caso de otros lectores, ellos sabrán. Pero desde el momento y en la medida en que esa falta de interactividad llega a ser algo que influye en la elección de medio (lo que tal vez implica cierto ceteris paribus referente a otros aspectos determinantes), El Univoz tendrá que escoger entre cumplir con esta exigencia o ver menguarse su audiencia online. Así de sencillo.

XF: "Finalmente, sobre tu idea de monopolio, en realidad, no atacas el que la “prohibición de monopolios y oligopolios” sea útil para mejorar la libertad de expresión, sino que atribuyes la existencia de un “monopolio efectivo” del Estado: el monopolio de “la verdad” (¡?), el de “la fuerza y del poder de decisión respecto a la continuidad de cualquier medio”. Ese supuesto poder de decisión sobre la continuidad de los medios, como ya fue dicho más arriba, es premisa falsa."

No estoy tan seguro, sobre todo a raiz de lo sucedido con Teleamazonas estas Navidades. En todo caso, referente a ese "monopolio de la verdad", a modo de aclaración considero que se tendría que desterrar, como gesto hacia la inteligencia del público, toda exigencia en el sentido de que el contenido mediático tenga la obligación de ser "veraz", pues ello implica que haya una instancia de apelación (presumiblemente estatal) capaz de determinar la "veracidad" de todo contenido, es decir, que el Estado o sus autoridades delegadas tengan el monopolio práctico de la verdad, frente al cual otras "verdades" subjetivas estarían en relación de permanente subordinación. (Respecto a este tema, hace poco vi en El Telégrafo un artículo firmado por Orlando Pérez, que me sorprendió sobremanera al reflejar matizadamente mi propio punto de vista sobre este tema. Vaya por delante que no creo que nadie esté en posesión de "la verdad" última e inapelable sobre ningún tema. )

Uno más, y ya estaremos.

Novia del Bosque (con Christopher Lee)

3.1.) Sobre tu idea de “responsabilidad ulterior”

XF: "Esta idea se elabora a partir de una premisa falsa, cual es que la responsabilidad ulterior implicará el posible “cierre del medio”. "

Remito al comentario que hice al propio post citado. En el momento de redactar mi artículo, el acuerdo interpartidario no estaba firmado, y tengo entendido que aun hay dudas sobre lo que pasaría en el previsible supuesto de un veto presidencial al proyecto así "debilitado". En todo caso, como indico arriba lo sucedido con Teleamazonas parece demostrar que aun sin Ley de Comunicación de por medio, la clausura (por lo menos temporal) de medios puede darse. Eso implica que lo que tendría que hacerse con el proyecto de Ley no es simplemente eliminar cualquier referencia a posibles clausuras, sino prohibir expresamente que un gobierno utilice, directa o indirectamente, otros reglamentos ya existentes para ejercer tal método de control.

Volviendo al tema: ¿qué significa entonces lo de la responsabilidad ulterior? Interpreto que se trata de la aplicación de sanciones, aunque éstas no incluyan la clausura de medios, en caso de incumplimiento de las exigencias estipuladas en ésta o cualquier otra ley relevante y que viertan exclusivamente sobre los mismos medios. Si se acepta tal definición, entonces insisto: lo que se propone en tanto "exigencia de responsabilidad" es simplemente redundante, pues a todo individuo y toda empresa ya le es exigible tal "responsabilidad" en sentido general: la responsabilidad por nuestros actos viene implícita, por ejemplo, en las leyes sobre difamación, que pueden aplicarse igualmente a los medios de comunicación. Aclaremos: no soy partidario de que a los medios se les conceda un tratamiento especialmente favorable amparado en un supuesto estatus privilegiado como "defensores de la Libertad de Expresión" (no hay razón para suponer que siempre ejerzan tal función). Simplemente que no se les exija nada legalmente que no sea razonablemente exigible de la misma forma a cualquier individuo u organización en aras de la convivencia libre y pacífica. Por ejemplo, si no se les exige legalmente "veracidad" a los individuos en su comunicación diaria personal, tampoco tiene por qué ser exigible tal cosa a los medios. Es decir, no es que esté en contra de la "responsabilidad ulterior" per se, pero sí en contra de la utilización de tal concepto para ejercer un control discriminado sobre los medios con fines políticos.

Em todo caso, el que quiera dar a los medios un tratamiento especialmente discriminatorio, en un sentido u otro, lógicamente es quien tiene que justificar tales exigencias, pues se supone que en la Ley prima lo equitativo. Y respecto a este tema, el funcionario que equiparó el cierre temporal de Teleamazonas con "clausurar un burdel" me parece que no fue tan errado, pues tanto lo uno como lo otro son actuaciones autoritarias indefensibles desde un punto de vista liberal.

3.1.) Sobre la supuesta proporción directa, etc

XF: "En varias pasajes de tu réplica, tú pareces suponer que, para quienes postulamos una regulación en materia de comunicación, existe una directa proporción entre la mayor libertad de expresión y una mayor regulación legal: esa idea es absurda (en todo caso, no es atribuible al escrito de mi autoría que motiva tu crítica, ni a ningún otro que yo haya hecho). "

Que tal relación sea absurda es justamente lo que quise destacar: de acuerdo, entonces. Y sobra decir que, intuitivamente, lo contrario parecería más acertado: que cuanto más regulación, menos libertad.

4.1 Sobre tus ideas acerca del “mecanismo alternativo”.

XF: "Tú mencionas que “a falta de ese mecanismo alternativo, arremeter contra el mercado es un poco como arremeter contra la Ley de la Gravedad, y prometer nuevos derechos es prometer pastel celestial”. Ese mecanismo alternativo (tu redacción no es muy precisa, en este punto) parece referirse al “disfrute de ese supuesto derecho [a la información] mediante un mecanismo adecuado”. "

Aquí va parte del pasaje citado por XF:

Una cosa es elevar un desideratum retóricamente a la categoría de "derecho", colectivo o no, por lo que tiene de bonita la palabra, y muy distinta cosa es hacer extenso el disfrute de ese supuesto derecho mediante un mecanismo adecuado, sobre todo cuando uno ha excluido de entrada como inadecuado el laissez faire del mercado. Y desafortunadamente, a falta de ese mecanismo alternativo, arremeter contra el mercado es un poco como arremeter contra la Ley de la Gravedad, y prometer nuevos derechos es prometer pastel celestial. Pues al fin y al cabo, ese "mercado" tan denostado, en el campo de la comunicación es lo único que impulsa el libre acceso a la información.

Que mi redacción no precise cuál sería ese "mecanismo alternativo" en realidad no es tan extraño, pues lo que se da a entender aquí es que no creo que exista tal "mecanismo alternativo" que permita el disfrute de la libertad de expresión en ausencia de una economía de mercado. Es decir, mi crítica va dirigida a aquellos autores (en El Telégrafo, pululan) que arremeten contra "el mercado" sin ofrecer ninguna alternativa mínimamente coherente.

XF: "Esa “falta de mecanismo alternativo” que tú supones en esa frase no la pruebas en ningún momento. Yo promuevo, en el artículo que motiva tu réplica y como lo expuse en el antecedente de esta entrada, una regulación adecuada que incluya “la prohibición de monopolios y oligopolios, la distribución equitativa del espacio radioeléctrico, la creación de medios públicos y comunitarios, la protección a la libertad y la independencia de los periodistas (reserva de fuente, cláusula de conciencia), la promoción de mecanismos de autorregulación, el establecimiento del defensor del público y de mecanismos de rectificación o respuesta”. "

Es decir, lo que promueve XF como mecanismo básico de difusión e intercambio de ideas, de forma implícita, no es otra cosa que el mismo mercado, sólo con mayor regulación estatal. Eso era precisamente mi punto. El contexto, recordémoslo, era una crítica de aquel pasaje en que da a entender que lo que ahora son "mercancías" en el mercado de las ideas, dejarían de ser "mercancías" y se transformarían en "derechos fundamentales" mediante la regulación que él propone. Mi crítica consiste en cuestionar si cualquier cosa deja de ser "mercancía" por el simple hecho de aprobarse una ley regulatoria, ley que no afecta en absoluto el modo básico de producción e intercambio de dicho producto. Yo creo que no (también creo que el hecho de que algo sea "mercancía" no excluye el que también pueda considerarse su disfrute como un derecho, si uno quiere).

XF: "Que tú asumas que eso que tú llamas “prometer nuevos derechos” (en rigor, no se trata de “nuevos derechos” sino de mecanismos de garantía para el cumplimiento de un derecho) para referirte a esos mecanismos es “prometer pastel celestial” es una idea exagerada y absurda que no tiene sustento alguno, ni en hechos ni en inferencias lógicas. Por cierto, la falsa analogía entre una ley natural y una ley social ya es simplemente chistosa."

Tal vez el humor irritable que se desprende de estas líneas se debe a lo ya referido: que XF sabe que por mucho que quisiera, no puede prescindir del mercado como mecanismo de intercambio tanto de ideas como de otras "mercancías", y que tales mercancías seguirán siéndolo por mucho que su producción e intercambio se "regule". En fin. En cuanto a la analogía, que sea falsa (es decir, inaplicable o que induzca a error) es algo que se tendría que demostrar: en todo caso, la intención no es más que señalar que, por mucho que uno se sienta insatisfecho con cualquier realidad que se le antoje opresiva (por ejemplo, que uno se frustre por no poder volar), tal lamentación de poco sirve a menos que exista una alternativa factible. Yo no estoy afirmando de modo categórico que no exista nada mejor que el mercado; pero sí exijo a cualquiera que critique tal sistema, que proponga uno mejor. Lo que propone XF en materia de comunicación es lo mismo, a mi modo de ver, sólo con la guinda de una "regulación" bienintencionada pero de discutible utilidad. Sobra entonces tanta grandilocuencia.

En cuanto al pastel celestial ("pie in the sky", en traducción convengamos que execrable) y el tema de los "nuevos derechos", precisemos un poco. Se suele acusar al liberal (XF lo hace, en otro artículo) de desestimar los derechos ajenos a favor de los suyos propios, de forma egoista, y también de desentenderse de problemas sociales como la falta de vivienda digna o de alimentación adecuada a favor de los derechos meramente "patrimoniales", es decir, el derecho a la propiedad. En realidad, el liberal que privilegia como "fundamental" el derecho a la propiedad puede que lo haga pensando en que, para muchos, parte de la "dignidad" de esa "vivienda digna" que se presenta como legítima aspiración estriba precisamente en ese derecho patrimonial sobre la misma; o en todo caso, es probable que tenga, como yo, la sincera y fundamentada creencia de que sin la garantía del ejercicio de tal derecho se desincentiva de forma catastrófica la producción de riqueza, sin la cual no hay ni alimentación adecuada ni vivienda digna para nadie. (En este tema se puede aprender mucho de de los errores ajenos, como el desastroso experimento estalinista de la colectivización de la agricultura). En todo caso, vaya por delante que para mí el derecho a la propiedad es de rango superior a cualquier otro derecho menos el derecho a la vida y el derecho a la libertad (se entiende individual). Para XF intuyo que no es así, pues cita a Gargarella en el sentido que el derecho a la propiedad (de un medio, en esta instancia) es, por tratarse de un derecho excludendi alios, inferior en rango a algún otro de índole "social" como puede ser el derecho postulado a la información. Si tal interpretación es correcta, entonces he aquí otra fuente de desacuerdo; pero lo que quisiera señalar es que tal falta de definición sobre la relativa importancia jerárquica de los diferentes derechos, según tengo entendido es algo que nos viene inscrita en la propia Constitución de este país, que concede a todos los derechos constitucionales igual rango, lo cual de ser cierto podría tener el efecto de promover, a medida que la jurisprudencia y la experiencia constitucionales se acumulan, una fundada suspicacia frente a las garantías que en ella se ofrecen, cualquiera de las cuales parece que puede quedarse súbitamente en nada frente a un ataque que venga justificada por una interpretación generosa de otro "derecho" de "igual" rango pero que goce en ese momento de mayor aceptación gubernamental, como en el caso que nos ocupa. En tal sentido, y en ausencia de cualquier jerarquía establecida, todos los "derechos" que tan generosamente nos ofrece podrían quedarse como "pastel celestial".

XF: "Esa posibilidad de exigencia y de cumplimiento de un derecho es bastante mejor que la no existencia de esa posibilidad..."

Precisamente. Y para poder exigir el cumplimiento de un derecho, hay que tener la posibilidad de fundamentar tal exigencia en un marco legal claro y que no se preste a interpretaciones interesadas. Ahora, hemos visto que para hacer valer el supuesto "derecho a la información", se propone relativizar (en la práctica, anular) otro derecho, el derecho patrimonial del dueño de un medio. Ello implica una necesaria jerarquización de los derechos, que sin embargo no se ha dado a conocer ni a debatir de manera explícita. Para el humilde lego, se trata de leguleyadas, subterfugios, de viveza, en fin. ¿Cuántas personas habrán votado sí a la constitución con la ingenua convicción de que en ella se garantizaba la propiedad privada de modo estable, y no solamente "hasta que se nos ocurra un argumento para no tener en cuenta este derecho, alegando otro de mayor importancia"?

Es por esto, y no por tacañería ni por falta de sensibilidad social, que ante cualquier declaración de que tal o cual bien (como puede ser: la información) constituye "un derecho", conviene la reticencia, pues es raro aquel "derecho" cuya exigencia no ponga en entredicho otros derechos establecidos.

(interrumpimos esta transmisión de nuevo: a Vinicio le duele la barriguita)