Sunday, February 28, 2010

Epilogo

No sé cuándo, sólo que este blog ya chirría, como las articulaciones de mis dedos de la mano izquierda. (Una vez vi a Andrés Segovia tocar, en el Fulcrum Center de Slough (of all the joints). Él tenía o parecía tener unos setenta, ochenta años, yo era niño. Se me quedó el pensamiento: esos dedos parecen bananas. No eran dedos "finos, artísticos", tampoco eran dedos de estrangulador; eran dedos que simplemente no parecían humanos. Demasiado grandes, demasiado curvos, sin articulaciones evidentes, y no parecían diseñados para parar cuerdas, eran más bien comestibles. Él tocó el Chaconne en Re menor sin micrófono, el sonido nos llegaba como con salvoconducto. Yo ya conocía de memoria toda la digitación de esa pieza: él, que lo había transcrito, la despreciaba a favor del capricho del momento.)

Es fácil soñar con carreteras en el campo, lo hago mucho: caminos sin destino visible. En este sueño, estás parado al lado del camino. Poco a poco se va acercando un harapiento con barba y derroche de dignidad. Cuando justo está pasando a tu lado (el barbudo ignora tu presencia, como manda el decoro), das un paso y te plantas delante.

- Papeles.

El tipo echa un vistazo alrededor.

- ¿Es a mí?

- Papeles.

Otra mirada circunspecta. - Me temo que no hay, por aquí. Si quiere papeles, acérquese a una papelería.

- No puede cruzar, entonces.

- ¿Cruzar?

- Esta línea imaginaria, trazada por una oscura paranoia colectiva, de la que soy representante.

-¿Entre?

- Nardo y jazmín. (Ambas repúblicas.)

- Amén de desnudo y desnutrido, usted está loco.

Y el tipò prosigue su camino.

Conclusión: si quieres representar una locura colectiva, vístete primero. A ser posible con uniforme. Rodéate de despachos y de archivadores. Coloca un puente. Échele dos cucharadas grandes de fuerzas del orden, algo de bullicio. Ah, y engorda.

A los que he dado en llamar "Libertoryans", la locura colectiva les puede. De su manifesto:

Totally free movement of people into the UK is not practical whilst we have a large welfare state and other countries are themselves not broadly Libertarian in nature.

Es decir: algunos son y serán más iguales que otros. Realmente, estoy por decir que el libertario es un conservador vestido de liberal "por si cuela". La única libertad que le preocupa es la suya. Ésa sí es absoluta: en cuanto a la otra, está dispuesta (no es invención mía) a concederles "puntos".

La raiz del problema, del preámbulo al mismo manifesto:

Unlike other political parties, we do actually have a genuine vision to pursue ...

Ahí está. Siempre me ha maravillado esa ridícula moda de que toda organización disponga de una declaración de su "misión" y otra de su "visión", obligando a eternos y lluviosos comités a malabarismos escolásticos con el fin de aislar uno y otro concepto (una ayudita: misión, para el vulgo, ="hacer plata", visión = "tener harta plata", fisión = "largarse con la plata"). Lo dije enantes: si tienes una "visión" que exige a los demás colaboración, cállatela y busca ayuda clínica. No vayas formando partidos políticos peso gallo. La cosa acabará en llanto.

Eso de que pueda haber un partido liberal. Cuanto más me lo pienso, más me parece que partido liberal es un oximoron, es decir una locución que encierra una llamativa contradicción interna, como "casi exactamente", "inteligencia militar", "acción sindical", "felizmente casado" o "Christian Scientist". Un ejemplo de tal contradicción: en su página sobre la clase política, empiezan arremetiéndose contra los absurdos salarios que perciben los políticos británicos. Dicen encontrar "something wrong" en el hecho de que éstos viven de unas pingües rentas arrancados a la fuerza del bolsillo del contribuyente, y observan que ser político, a juzgar por el registro de declaraciones de intereses, no es ni mucho menos un trabajo a tiempo completo, sino que es compatible con el más exuberante pluriempleo. Bien. Entonces, ¿los futuros (ROTFLMAO) diputados del UKLP no percibirán ese innecesario salario? Pues no exactamente. Simplemente se limitarán a declarar lo que perciben. Es decir, ni siquiera este "partido libertario" tiene la valentía de proponer aquello que su propio análisis demuestra, que a los políticos no les corresponde cobrar nada por el servicio que prestan, pues lo suyo no se puede llamar trabajo (el político no produce nada, excepto desazón), y en todo caso el estado no tiene la obligación de mantener a una casta de parásitos.

Es decir: forma un partido, y observa a tus principios huir como pájaros espantados.

"Yo antes era un ser humano: ahora, mi visión es ser humano."

Seamos gradualistas. Mañana nunca viene.

Un partido liberal nunca podrá triunfar porque los colectivos hechos de mayorías y minorías siempre tendrán tetas más grandes. Mientras, una página de un soi-disant "partido libertario" es como una página en que detallo lo que haría el día que me acueste con Halle Berry. Mejor que sea divertida, pues a otra cosa no le es lícito aspirar.

Ser liberal no es aspirar a ganar elecciones. Es usar correcta y elocuentemente el dedo medio cuando vienen a solicitarte tu "contribución". Mientras, hay que darle contenido a tal libertad. en vez de irlo predicando. No soy predicador nato: lo estoy viendo a través de estas páginas. Por eso voy a dejar esto y dedicarme a algún contenido.

Imagen de la semana: en Concepción (?), un tipo que lucha por sacar un refrigerador grande de un almacén en pleno saqueo. (Esto fue antes de que a la Bacheletti le visitara el Ángel de la Pizza Cuatro Estaciones que le reveló que las mujeres no son capaces de robar). Una voz en off: "eso no es un artículo de primera necesidad. Eso es Un Robo." ¿La voz es la del periodista, que filma, o de un miembro del público? igualmente quietista, jansenista. Antaño, los periodistas tomaban fotos de buitres que aguardaban la muerte de una niña. "Esta niña no es un artículo de primera necesidad", murmuraban, mientras ponían a buen recaudo su premiable y democráticamente intachable carrete (y más adelante tenían la decencia de suicidarse).

Saturday, February 20, 2010

Bennie and the Jets

Que los gustos en telenovelas varían en función del país sigue siendo un dato inexplicable en medio de tanta globalización mediática. El formato más popular a nivel internacional creo que es el latino: una huérfana con rasgos de reina de belleza que se disputa con una o dos astutas rivales el "amor" (léase: verga y/o cuentas bancarias) de un galán, todo ello salpìcado de criadas uniformadas, intrigas de herencias, un cura, varias hectareas de terrenos de cultivo y tres escopetas. Esto arrasa no sólo aquí sino, según tengo entendido, en las Filipinas, en Taiwan y hasta en Sudáfrica. El formato estadounidense, de dos familias poderosas enfrentadas, cada una con su patriarca o matriarca, su hijo pródigo, su hijo ingenuo/buen dato y su hija cursi y volátil, tiene bastante aceptación en algunos países, notablemente España, pero últimamente sus exponentes parecen sufrir crisis de creatividad. El formato británico, que muestra una pequeña comunidad de clase obrera con dos o tres elementos criminales que se reune cada noche en un pub para intercambiar chismes y problemas existenciales relacionados con temas como homosexualidad, infidelidad, SIDA, desempleo, drogadicción o agorafobia, no parece apenas exportable; recuerdo que en España se aireaba Eastenders durante un tiempo, y hasta se probó con Corrie, pero por mucho que los más aburguesados intentaban cogerles el gusto a esas series, dizque para "mejorar su inglés", no podían dejar de sentirlo como un oneroso deber, como leerse El Poema de Mío Cid o llenar una declaración de impuestos.

Por ello, que a los habitantes de las islas Malvinas se dio en llamarles Bennies hace cosa de veintiocho años requiere explicación.

La telenovela se llamaba Crossroads, y la trama se desarrollaba en un motel de la zona Midlands de Inglaterra. Uno de los personajes más populares de la serie era Bennie, un joven bajito, grueso, con aire simpático, inocente y obsecuente, que hablaba despacio y daba muestras continuas de un notable retraso mental. Esa serie todavía se daba cuando en 1982 estalló la guerra de las Malvinas, por tanto, tal vez fue natural que los soldados británicos que se desplazaron a las Islas echaran mano de ese prototipo para referirse a las consecuencias de la endogamia, al parecer harto evidentes en la población nativa de ese archipiélago. Eso sí, al enterarse del uso extendido de ese término (Bennies), las autoridades militares británicos ordenaron que se deje de usar, por considerarlo irrespetuoso. Al cabo de unas semanas, a uno de los oficiales se le ocurrió preguntar a un soldado por qué ahora les llamaban a los isleños Stills.

La sencilla respuesta: "Because they´re still Bennies." (porque todavía siguen siendo Bennies).

Ahora, no es que me las dé de diplómata internacional, pero se me ocurre que ese dato puede servir para, de una vez, resolver una posible crisis internacional y mejorar sensiblemente el gene pool de la humanidad.

El problema sigue siendo que los argentinos (mejor dicho, los políticos argentinos) insisten en reivindicar soberanía sobre las Islas Malvinas. Claro que tienen todo el derecho de reivindicarla, al igual que los británicos, los franceses, los holandeses y los españoles. De hecho, mirando la historia de esas islas, parece que prácticamente todo país, con las posibles excepciones de Andorra y de los Emiratos Árabes, tiene alguna reivindicación legítima sobre ellas, basada en alguna placa, o algún encendedor de cigarrillos que sus exploradores habrán dejado allí, así sea por descuido y por las prisas, en algún momento de los pasados 250 años. Pero dejando de lado cualquier argumento basado en la proximidad geográfica (pues esos argumentos son ciertamente infantiles), la reivindicación británica se demuestra netamente superior por el simple hecho de que se basa no solamente en los argumentos históricos sino en el deseo de los propios isleños (hablo de los humanos; de los pinguinos no hay datos estadísticos fiables) de seguir siendo posesión de Su Majestad, o séase de la respetable Sra. May Hessbinder-Neigh (Mrs). Cosa que no tendría especial relevancia (que la dinastía Kirchner vea peligrar sus criadas uniformadas ante la llegada de alguna huérfana arribista y haya decidido atrincherarse en el patrioterismo estilo Galtieri, son cuestiones de moneda pequeña electoral) si no fuera por el hecho de que ahí hay petróleo.

Ante un descubrimiento de tal envergadura, creo que sólo hay una opción diplomática realista: que los argentinos destaquen allí una brigada de soldadas del amor.

El plan sería, simplemente, hacer llegar a las islas, de cualquier modo, a un grupo de mujeres argentinas de la misma especie de las que pueblan las telenovelas de este continente. Esas operativas tendrían la misión de enamorar a los isleños, acostarse con ellos, enseñarles si fuera necesario unas nociones del castellano, y de esta forma trocar ese inexplicable deseo de ser británicos en un ardiente afán de pertenecer a un país capaz de proporcionar tales bellezas en abundancia. Tal misión no se me antoja demasiado difícil (la Diana Rigg ya está algo envejecida, y no se me ocurre ninguna otra arma secreta que los británicos pudieran usar para montar un contraataque en este campo); además, el plan se muestra fiel al lema Make Love, Not War, y como ya dije, con ello se superaría posiblemente, con el tiempo, esas aborrecibles tendencias endógamas que tanto se han hecho notar en esas islas. Lo único difícil, tal vez, sería encontrar a unas voluntarias con el necesario sentimiento patriótico arraigado que les motive para tal sacrificio. En esto, confío en que siga existiendo ese heroismo que antaño inspiró a la Cicciolina a ofrecerse a Saddam Hussein a cambio de evitar una guerra. En todo caso, no se pierde nada al intentar.

Monday, February 15, 2010

Benditas lluvias

Nunca me llevé demasiado bien con Jesucristo: su vegetarianismo me resultaba sospechoso, por no hablar de esa mala costumbre de ir siempre maquillado de gringo hippie, como queriendo renegar de sus orígenes (digamos que parece haber sido el Michael Jackson de su época; hasta inventó aquel paso que más tarde se conocería como lakewalk), lo que no fue óbice para que en Escocia le pusieran a trabajar como adverbio de grado, y en Ecuador, más tarde, como vendedor ambulante de frutilla GM (a dos dólares la funda o a dos centavitos la unidad, nunca supe bien el significado de esos deditos levantados). Claro que las veces que vino a Guayaquil, el inefable Nebot estaba ahí para impedirle (gorilas uniformadas mediante) la entrada a esa maleconada del Malecón que tiene ahí: lo siento señor, con ese atuendo usted no entra acá: espantaría a los turistas.

Sí, pero soy el Redentor. Vengo no a traer paz, sino una espada.

¿Una espada? Con más razón. Aquí están prohibidas las armas. (Excepto las nuestras, por supuesto.)

Será por eso que hace unos meses lo vi intentando vender sus mercancías a alguna gringuita despistada a través de las vallas del Malecón, desde la calle, con actitud furtiva; estaba muy pero muy desmejorado, y se notaba que para esas llagas de las manos y los pies no estaba recibiendo tratamiento alguno, a pesar del enorme gasto en Sanidad del actual gobierno. Recuerdo haber pensado entonces: éste pronto se nos muere. Y así ha sido (ayer me enteré). Claro que no leerán ningún obituario suyo en los diarios. Por mucho que uno tenga en su currículum el haber sido en alguna ocasión salvador de la humanidad, como ahora vivimos en una sociedad práctica, la pregunta clave siempre será: muy bien, señor, pero ¿qué sabes hacer ahora? A ese tal Jesús, si iba en serio con esa vaina del Segundo Adviento, le hubiera hecho falta reciclarse, estudiar (se me ocurre) Comunicación Social en la Universidad Casa Grande, ponerse al día en técnicas de mercadeo con el prof. (se me ocurre) Vinicio; eso de subirse una montañita y lanzar sermones al aire ya no cuela, peor ese truco publicitario barato de hacerse crucificar. Puro populismo.

Ahora la cancha es otra. Il faut être absolument modernes, lo que entre otras cosas significa dominar las técnicas del doublethink, jugar con las disonancias cognitivas.

"Lee El Telégrafo", dijo telegráficamente el prof. Vinicio en su clase magistral el otro día sobre Nuevas Paradigmas de Babeante Estupidez Dialéctica. Y así lo hice. Lo primero que encontré fue este artículo de Wladimir Sierra F, que en su primer párrafo señala que el secretario de Comunicación del gobierno ha dedicado al mismo diario El Telégrafo los siguientes elogios:

El Telégrafo es un excelente producto.
La página editorial es muy buena.
El Telégrafo tiene una agenda independiente.

Ahora, para el lego, para el humilde hombre del ómnibus de Clapham (o del 17 a Padre Solano), en su inocencia e ingenuidad, si un portavoz del gobierno elogia un diario es de suponer que tal diario tiene una línea editorial afín al gobierno en cuestión, y es altamente probable que le sea totalmente sumiso, porque para un gobierno, elogiar un medio que podría un día enseñarle los dientes podría acarrear graves incomodidades más adelante. De lo que se deduce que el significado real, desconstruido, de las palabras del secretario de Comunicación, repito, para el ingenuo lego, vendrían a ser algo así:

El Telégrafo demuestra una excelente adaptación a las consignas del regimen.
La página editorial es muy fiel al correismo.
El Telégrafo tiene una agenda que depende felizmente del gobierno que lo financia.

Sin embargo, para el mencionado Sr Sierra, el significado de las citadas frases no es ése, sino que tendría que ver con un reconocimiento de la "independencia y autonomía" del medio. ¿Cómo así? ¿Será que de repente (y nadie me dijo nada, cabrones) nos hemos trasladado a un mundo fabuloso, fantástico, en que a los gobiernos les encanta tener medios independientes, que pueden cualquier día dar espacio a voces opositoras? ¿O será que ahora los empleados del gobierno (y secretarios de Comunicación, nada menos) se dedican a decir todo lo que les ocurre sin mirar la conveniencia electoral y propagandística de sus palabras? No sé, a mí me parece muy rara la tal interpretación. Claro que en lo referente a la supuesta independencia del medio, puede tratarse de una simple ironía, o de un chiste. Recordemos que en las últimas elecciones, los opinadores del Telégrafo se aventuraron a lo que ni siquiera los de El Universo: a pedir directamente y con la cara bien lavada el voto para su candidato preferido (Correa, oh sorpresa), lo cual, como comenté en su momento iba embadurnado en la misma página de malolientes inuendos respecto a la supuesta afiliación de Lucio al Opus Dei ("probada" por el hecho de que éste había hablado durante un par de horas con un arzobispo pro-Obra) o respecto a los supuestos atributos físicos gringos de un representante de la oposición: todo un canto a lo que Sierra llama la "opinión pública, amplia, inteligente y plural". (Y yo soy Marie Antoinette.)


En lo que sí le reconozco valor a ese Jesús es de haber vuelto, esta vez, en forma de viejo asqueroso (y mirón, para más INRI). Es que eso de tener treinta y pico y ser soltero y comerse magdalenas a cada rato hay que reconocer que era demasiado fácil. Entre las cosas que no se cuentan de la vejez, por ejemplo, yo destacaría el Benign Prostatic Hyperplasia (you'll be ecstatic! It will amaze ya!), aflicción que hace que, como decía Auden, realmente parecería que todos los órganos de tu cuerpo son como provincias de un imperio que se ponen en actitud revoltosa, todas a la vez, quizá no tanto por común acuerdo sino por un reconocimiento instintivo de debilidad central. Ser viejo es tener que mandar legiones a una parte de tu cuerpo tras otra, y no hay descanso. Verás La Mosca (el remake de Cronenberg) con gran comprensión. Sobre la etiqueta de benign, mejor no hablemos. El BPH es tan benigno como, digamos, un alcalde corrupto que le pone tantas trabas a la apertura de un nuevo negocio que tienes que estar dos meses gastando como idiota y haciendo colas en caprichosas ventanillas de dos días a la semana; o como un alcalde dizque amigo de la libre empresa que persigue a vendedores informales con grotescos policías municipales armados hasta los dientes (me hace recordar a esos simpáticos mossos d'esquadra de Barcelona, otra policía autónoma pero que tenían tan pocas competencias que lo único que escuché sobre ellos en 15 años fue que habían rescatado algún que otro gato de un árbol. Daba gusto pasar al lado de su cuartel al final de las Ramblas y ver todas esas motocicletas relucientes y nuevas y sin usar, ahí aparcadas para cuando a alguien se le ocurriera darles alguna competencia. Cobraban bien, también, los cabrones, hasta mejor que las otras policías que sí hacian cosas). La verdad, estoy contento de enterarme que no perdí (todos están de acuerdo en esto al menos) absolutamente nada por no ir a la marcha del otro día; habló, según dicen, tres cuartos de hora el bigot del Bigote sin decir absolutamente nada, bei Gott, salvo que con Correa viene el chavismo en paquete, cosa que ya sabíamos. Por lo demás, como veo que los del gobierno a todos los que acudieron les dividen por cinco antes de redondear a la baja, pues me veo bien librado: que me redondeen no me importa, igual lo necesito, pero a mi edad que me dividan aun más de lo dividido que estoy tendría que darles pena. (Dividido es quien tiene dos ID, como Gustavo "dos cédulas" Larrea: pero no entremos ahora en discusiones sobre anonimidades y alter egos, acabo de comer.)

A los que se extrañaron de mi falta de interés por el ejercicio autoafirmatorio de Nebot, qué puedo decir: soy liberal, lo que significa estar en contra de todo gobierno, tanto a nivel nacional como local, en cuanto ese gobierno se extralimita. No hay gobiernos buenos: sí puede haberlos soportables, pero uno que presume de decirme que no puedo entrar en un espacio dizque público por no estar vestido al gusto del gorila de turno, o que no puedo poner una escuela en tal lugar por ser éste regenerado (¿?), o que no puedo poner un letrero sino al gusto anticuado de no sé qué departamento, para no desentonar, y que tengo que pagar para saber cuál es ese gusto especial en letreros que se maneja por allí, qué quieren que les diga. Estoy convencido de que si Correa es autoritario, Nebot lo es cinco veces más: sólo ganó en Guayaquil por tener como contrincante a una farsante cuya hipocresía de evasora de impuestos presta en sermones ya la había convertido en hazmerreir antes de la contienda.


Lo segundo que vi en El Telégrafo, a instancias de Vinicio, fue el dibujo de Lucas. Pero no le presté caso. Siempre es el mismo dibujo. Salen unos monigotitos vestidos de sombrero de copa, con crueles y pérfidas sonrisas, haciendo alguna diablura. El símbolo del sombrero de copa los identifica como capitalistas, "neoliberales", o sea el enemigo. El estilo es el de todo periódico de la izquierda troglodita, y siempre se nota esa misma actitud infantil de solicitar aplausos por esa perspicacia que consiste en haber identificado, una vez más, a los verdaderos causantes de todos nuestros infortunios, que siempre resultan ser los mismos: perspicacia ya de sí tan notable que le ahorra al dibujante echarle más humor o ingenio al asunto. Nada de eso es realmente interesante, sólo lo es el hecho de que ese mensaje de odio hacia los ricos (siguiendo la acostumbrada metonimia) contrasta extrañamente con ¿qué cara? ya lo tengo, esa cara que vi en el noticiero de ayer, ese tal Lenin Moreno, que para mí lo pusieron ahí después de estudiar los manuales de interrogación de la CIA y de enterarse que en cualquier lado la interrogación eficaz de un sospechoso requiere de los oficios de un hijueputa a secas y de otro hijueputa disfrazado de simpático. El simpático es el encargado de agarrarle el cuello a la tortuga, es decir, de ganar su confianza compadeciéndose de él; es cuando el simpático se muestra pese a toda su simpatía incapaz de impedir que el otro le dé patadas en los testículos, que el sospechoso realmente se siente desamparado y con ganas de escupirlo todo. Algo así habrán ideado con el binomio presidencial, y por eso sale ese tipo de vez en cuando aconsejándonos que pongamos nuestra mejor sonrisa por muy puteados que estemos. El tipo habrá sido Superman en su juventud, pero ya no nos puede ayudar ni defender.

En fin, el panorama de El Telégrafo, deprimente como siempre, sólo que con la sorpresa de un artículo que si bien sale con una cara levemente pasmada encima, dice una gran verdad: el nacionalismo es una forma de estupidez, y el proyecto de crear "un nosotros inventado" (feliz frase) mediante publicidad gubernamental y diarios "populares" merece suspicacia.

Volviendo a la realidad, entonces: anoche llovió. Feliz lluvia. Así arranca, esperemos, el invierno de verdad, esa estación que acá sirve para recordarnos que lo que cuenta en la vida son las lluvias, ese dulce cantar, las ranas, el calor, la limonada, la poesía y la pornografía, eso placeres sencillos de la vida, y no toda esa mala leche y odios estimulados que nos quieren hacer creer consustanciales con nuestra esencia de seres "sociales" y por ende políticos. Ya están jugando al Carnaval allá fuera, y creo que un día de éstos posiblemente cierre este blog, que no me ha salido como quería, y empezaré otro, que ya no hablará de política sino de cosas que valgan la pena. Me quedan poco tiempo y poquísimas poemas. Y el Mesías ya murió. Como esto, en cualquier lugar donde viva un pobre con opiniones. Si quieren copiar algo antes de que cierre, quedan avisados.

Friday, February 12, 2010

Visual Porn Googling: the Next Generation

Acabo de descubrir (soy bruto para algunas cosas) el maravilloso mundo de BitTorrent. Resulta que en lugar de acumular archivos de porno uno por uno, ahora puedes bajarte varios Gb de una en paquete, claro que con la consabida lentitud impuesta por tu conexión y por las de tus peers.

Me hace recordar los años de mi adolescencia, de residencia en una caja de cartón al lado de una autopista, cuando para sesiones de manualidades el único material disponible eran catálogos de ropa íntima femenina, o una foto sacada de una revista de televisión de una actriz de película de ciencia ficción (creo que se llamaba Solaris) que ni siquiera iba ligera de ropa, sino que esas prendas futuristas tenían un no sé qué de seductor por la región pectoral, o si no (como lo confesó también Martin Amis, en Money) una reproducción enciclopédica de la Maja Desnuda o la Venus del Espejo. Más adelante, cuando uno rondaba los quince años, algo de mañosería, o un conocimento detallado del terreno de un bosque cercano a tu casa, te conseguía alguna revista de soft porn. Me acuerdo sobre todo de una que había con el curioso nombre de Health & Efficiency, de tamaño Readers Digest y llena de fotos que podrían ser el álbum de vacaciones de una extensa familia de clase media-baja y de hábitos alimenticios altamente criticables, con la salvedad de que esa familia al salir de casa se había olvidado de llevar nada de ropa. Las demás revistas en el estante más alto de WH Smiths prescindían de penes en bicicleta, de lonjas colgantes y de panzas cerveceras, y tenían nombres que sugerían que la desnudez femenina era íntimante ligada al estatus social: Playboy (nombre que evocaba en sus orígenes a un joven afortunado que vivía de rentas y no tenía que trabajar), Mayfair (mi revista favorita: el nombre viene de un barrio exclusivo de Londres) o Penthouse (demasiado soft focus para mi gusto: era como ver ninfas de bosque a través de una espesa niebla alpina, y vaya con esa obsesión lesbiana). Lo del estatus social más tarde descubrí que por desgracia era cierto: según la famosa ecuación que formuló Einstein en su tiempo libre

t = mc2

donde t = tottie, m = money y c2 es el número de automóviles que tienes al cuadrado. Lo supe demasiado tarde para que esa constatación influyera mucho en mi estilo de vida (ya lo dije, soy lento para algunas cosas). Pero lo que quiero resaltar es que ahora ha sucedido nada menos que una revolución: sin levantarte de tu silla en casa, ahora puedes en poco tiempo acumular decenas de millares de fotos y videos pornográficos absolutamente gratis y sin esfuerzo, lo que se me antoja un avance para el bienestar de la humanidad equiparable al descubrimiento de la penicilina. Es la demostración más formidable de la superioridad de la civilización tecnológica sobre cualquier tipo de sociedad primitiva.

Sin embargo, todo es mejorable, y se me antoja que en eso del intercambio libre y desinteresado de pornografía por Internet hay un obstáculo todavía por sortear, que consiste en la engorrosa necesidad de introducir cadenas de texto para buscar el tipo de pornografía que quieres. Dejando de lado la posibilidad de que una parte importante del mercado natural de este tipo de producto pueda adolecer de cierto nivel de analfabetismo (hecho que se vuelve evidente al examinar los nombres de algunos de esos ficheros, o los subtítulos de algunos videos del género), me parece que tendría que existir la posibilidad de especificar algunos atributos, o de las imágenes o de l@s principales protagonistas, de una forma digamos que cómoda e intuitiva, posibilidad que ahora no existe, pues en la práctica uno tiene que limitarse a especificar un género, como por ejemplo secretarias cachondas, o deportes acuáticos, o soi-disantes colegialas japonesas con polleras voladoras, o enanitos pisoteados con tacones stiletto, o perforaciones de pezones en la nieve, o trios en cocinas de restaurantes rodeados de jamones colgados, algunos de los cuales apenas te devuelven algún resultado pese a su presumible popularidad, por la falta de una adecuada clasificación. Peor que eso, no hay apenas ninguna manera de especificar los atributos de la actriz principal más allá de su supuesta vocación (en el caso de las consabidas secretarias, amas de casa o criadas francesas; una búsqueda tipo sex with part time legal assistants se vuelve aun más frustrante) y absolutamente no hay forma de buscar imágenes en función de la topografía corporal de la modelo, a menos que goce de alguna espectacular hipertrofia.

Mi propuesta entonces sería la siguiente: que se desarrolle una agencia de pornografía dotada de un software que permita escanear automáticamente las imágenes y clasificarlas en función de los aspectos visuales de mayor relevancia, como puede ser: color de pelo, proporción cintura-cadera, estilo de peinado, tono de piel, y obviamente posición y actividad; de modo que el usuario, en lugar de buscar por cadenas de texto, tendría en su pantalla una o varias geometrías humanas en tres dimensiones, con controles que ayudaran a especificar parámetros (colores, body mass index de cada parte relevante del cuerpo, postura, expresión, etcétera) para ir refinando la búsqueda sobre la marcha. Con el tiempo, uno podría incluso especificar la espesura y el contorno exacto de las cejas de la modelo: eso, para quienes colocamos a las cejas en el Top 5 de las partes de la mujer más seductoras (en el imperio austrohúngaro la depilación total de las cejas para sustituir horribles y caprichosos dibujos con lápices está severísimamente penada), sería como ya, por fin, entrar por la puerta grande del paraíso.

Por qué no fui a la marcha

Aquella mañana, iba en bus camino a un examen ($40, acabo de terminar las correcciones). En la radio (perdón, el radio, estamos en Ecuador, todavía), un periodista de ésos de a cuarto: "una abrumadora mayoría de guayaquileños apoyan a Nebot y su proyecto de regenerar la ciudad, entiéndanse o interpólense varios blas, si a alguien no le gusta que se vaya a Caracas."

Si aún me hubiera quedado un resquicio de curiosidad por la marcha, se me disolvió. Entre que me vaya bonito (Correa) y que me vaya a Caracas, prefiero lo primero: esa ciudad se ha vuelto demasiado peligrosa últimamente. Claro que para que se tome en serio un proyecto de desplazamiento o reubicación de tamaña envergadura como proponía ese periodista, les va a hacer falta algo más que la dudosa arma de un subjuntivo exhortativo (quiero y no puedo, espadita de goma, como la misma marcha). ¿Cuántos aviones para desplazar a casi media ciudad a otro país? Se me antoja más barato un proyecto de rehabilitación de periodistas, para que entiendan de una vez que en una democracia no es necesario que te guste el último modelito de Miss Patria Chica, ni que cada cuatro años tengas que refundar tus gustos, pues hay espacio también para las minorías. En fin. Dos autoritarismos contrapuestos, o mejor dicho, dos ladrones disputándose parte del botín (Me prometiste, chucha...). Dicen que la marcha ha sido por la dignidad, es decir, pa que el ladrón por lo menos te deje tus calzones aun llevándose el resto. Nebot, ese supremo sacerdote de la corrupción, no me convence como defensor convincente de tal dignidad. Puede que te deje al final tu calzón, pero primero te extirpa el hígado.

Friday, February 5, 2010

Corruptissima republica plurimae leges

Premio al mejor título de blog encontrado últimamente: Nappy Britain (o sea, Gran Bretaña en Pañales). Alguien ha hecho las sumas, y resulta que en ese infeliz país, desde que se eligió el gobierno criptosocialista de Blair y Brown se ha aprobado aproximadamente UNA NUEVA LEY POR DÍA. Dichas leyes sirven, por ejemplo, para prohibir a los motociclistas llevar visera oscura por la noche: o sea, para prohibir a los galácticamente estúpidos hacerle un favor al mundo colisionando contra un muro a 120km/h. Se supone que tal proceso cumple un siniestro designio autoretroalimentador, pues cuantas más personas estúpidas se salvan mediante leyes de protección artificial, más políticos estúpidos serán votados para representarlas, y más leyes estúpidas se aprobarán... etcétera.

Y pensar que ese país fue el lugar natal del mismo Darwin...

Wednesday, February 3, 2010

Bailando con lobos

Una vez, tuve el honor de conversar en persona con Tove Janssen, autora finlandesa de la serie de libros infantiles de los Moomintroll, relatos que devoré de niño y que estaría dispuesto a infligir en mi hijo bajo la muy improbable hipótesis de que yo llegue a vivir suficiente tiempo para verlo leer. Me viene ahora a la mente por un episodio que forma parte secundaria de la trama de unos de esos cuentos.

Hay un perrito, no recuerdo el nombre, de aspecto tristón, que rechaza la sociedad de los simpatiquísimos animalitos que lo rodean y se pasa el día llorando, y la noche escuchando el lejano aullar de los lobos en las montañas, a los que evidentemente considera como sus verdaderos hermanos.

Un día, desaparece de su casa. Se ha ido, por fin, a buscar a sus congéneres, a reunirse con ellos para gozar de esa vida de manada que es su verdadera vocación.

Por fin se encuentra con ellos, en una planicie cubierta de nieve en lo alto de las montañas. También, en pocos segundos, se da cuenta de que la mayor aspiración de su vida ha sido una terrible tontería. Esos lobos que lo rodean, que salivan y se acercan paulatina e implacablemente, no son sus hermanos. Son depredadores, y él es la presa...

No, compren el libro.

Lo que a su vez recuerda a Bill Bryson citando a Alan Walker sobre un hipotético encuentro entre un ser humano contemporáneo y un especimen vivo de Homo erectus: "If you were to look one in the eyes, it might appear superficially to be human, but 'you wouldn't connect. You'd be prey' ".

O tal vez a ese título maravillosamente ridículo del género folk-feminist: Women Who Run With The Wolves. (El libro omite mencionar que las mujeres que intentan tal proeza en general se encuentran con que sus vísceras corren en sentido diferente a sus extremidades o a su cabeza).

No he visto la película, pero parece ser que Avatar tiene el mismo argumento que Bailando con Lobos, y que la fantasía central vierte de nuevo sobre esa cultura superior, pacífica, esa vida en armonía con la naturaleza, incluida la lupina, esa maravillosa sencillez llena de sabiduría, respeto y exquisitez emocional, que caracteriza a las sociedades primitivas o en todo caso precapitalistas. O que las caracterizaría, si solamente alguien pudiera encontrar a un ejemplo fehaciente de lo descrito en alguna parte, maldita sea.

Lo cual no es para nada de sorprenderse: desde tiempos inmemoriales se ha idealizado lo antediluviano. Sólo que en la España del s. XV, por ejemplo, esa cultura primitiva y pacífica se poblaba con pastores, con nombres como Amaryllis o Syllibichis, que se pasaban el día componiendo sonetos amorosos acerca de los bellos ojos de Daphnis o de Salmonellis, pues el cuidado de las ovejas realmente deja a uno con mucho tiempo libre; en cambio, la nueva cultura primitiva idealizada se ha desplazado a un planeta lejano, de nombre Pandora, poblado por seres que parecen famélicas supermodelos sacadas de las pasarelas de París, con cierto exceso de arreglo maquillajístico.

Está dicho: algún sesudo comentarista de El Telégrafo, si no ha pasado ya, escribirá una columna explicando lo bien que la película refleja la dicotomía entre el capitalismo imperialista, brutal y agresivo, y la pacífica cultura de los pueblos primitivos, con su sumak kawsay, tan amenazados y explotados hoy en día.

Así, tal vez, conseguirán olvidar la vergüenza que pasaron los mismos comentaristas al alabar a ese cineasta tan independiente y políticamente astuto que era Oliver Stone, el de la panegírica sobre Chávez, cuando después se enteraron (¿se habrán enterado?) de que el mismo ahora planea hacer otra sobre la vida de Adolf Hitler, figura que al igual que Chávez, "hay que verlo en el contexto de su tiempo y sin prejuicos".

Podría haber esperado por lo menos un tiempo decente, ¿no?

El Bill Gates del cambio climático

Imaginen que se va a organizar una conferencia mundial con el fin de estandarizar el desarrollo futuro de la industria informática. Habrá nuevos protocolos para el intercambio de información a través de la Red; también nuevos estándares obligatorios para los sistemas operativos. Se rumorea incluso que se introducirá en la Red una especie de censura encubierta, junto con una cuota obligatoria que tendrán que pagar todos aquéllos que quieran seguir aprovechándose de la tecnología actual, y de la relativa libertad de acceso al Internet de que actualmente gozamos.

Luego resulta que el organizador de tal conferencia, a más del autor del principal documento que establece el marco y las bases de discusión, se llama Bill Gates; y la "cuota" propuesta irá a parar en gran medida en subsidiarios de la empresa Microsoft.

¿No sonaría un poco sospechoso?

Pues resulta que eso mismo ha pasado con el tema del cambio climático y la reciente conferencia de Copenhague. El presidente del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés) de la ONU, el Dr Rajendra Pachauri, principal promotor de la Conferencia de Copenhague y considerado como vocero privilegiado, en lo político y a nivel internacional, de las conclusiones de los científicos climáticos (a pesar de no ser científico él mismo) resulta, según revelaciones recientes, ser también un hábil hombre de negocios que lleva una década acumulando intereses financieros en empresas que explotan la nueva moda de lo climatológicamente sostenible. Actualmente tiene una veintena larga de cargos como asesor o director de empresas que en muchos casos usan fondos públicos (de la Comunidad Europea, y del estado británico, a más de fondos gubernamentales de su país natal, la India) para llevar a cabo proyectos de tecnología "alternativa", o en otros casos se benefician del mercado de los "créditos de carbono" que nació a raíz de la Conferencia de Kyoto. Los autores de este artículo suponen que con tantos cargos el tipo debe de ganar varios millones de dólares anuales, pero es pura suposición, pues al buen Doctor no le gusta dar demasiados detalles al respecto. Su principal empresa, con la que lleva más tiempo trabajando (3o años) se llama la Energy Research Institute, anteriormente la Tata Energy Research Institute (TERI), lo cual revela su relación con el grupo de empresas Tata, actualmente dueño de las marcas Jaguar y Land Rover, entre otras más exóticas. Esa empresa tiene en su haber la impresionante hazaña de haber desplazado a miles de pobres aldeanos en las zonas indias de Orissa y Jarkhand, para desarrollar proyectos de minería y siderurgía en esas tierras.

En fin, un tipo listo que seguramente bien se merece los millones de que le hacen acreedor tan notables manifestaciones de viveza, de clarividencia respecto a las tendencias de la moda catastrofista y de certero instinto carnívoro (en sentido metafórico empresarial: como buen hindú, es vegetariano). Pero que le tendría que hacer sentir un poco de vergüenza a cualquiera que se haya tragado el cuento del calentamiento global antropogénico "controlable" - controlable, eso es, siempre y cuando se invierte en productos auspiciados por las empresas que este hombre patrocina.

Genio y figura.

Ofmice (and men)

En El Universo de hoy se revela que más de 4.400 alumnos ingleses fueron pillados copiando en exámenes el año pasado, práctica que se asocia con las facilidades prestadas por la tecnología actual (celulares, Ipods, etc). Me siento tentado a asegurar que este fenómeno es relativamente nuevo, pues no recuerdo ningún caso conocido por mí de gente que copiaba en los exámenes allá en los 70, cuando fui colegial en tal país. En realidad, no puedo asegurar tal cosa. Lo único que puedo decir es que, primero, nunca se me pasó por la cabeza copiar en ningún examen, y segundo, en mi juventud en el Reino hUnDido la "cultura escolar" no alcahueteaba tal posibilidad: si había gente que copiaba (de acuerdo, podrían haber sido muchísimos) bien calladito se lo tenían, pues confesar tal cosa les hubiera ganado el desprecio y la mofa de sus compañeros, y con razón. Copiar en un examen es una manera de robar (una nota, un título), acción propensa a encolerizar a los que prefieren ganarse lo suyo con esfuerzo, a la antigua usanza; también es reconocerse a uno mismo como incapaz y como perdedor. Que en Ecuador, según lo que he podido comprobar personalmente, en una típica aula de 30 alumnos universitarios unos 25 se dedicarán a copiar siempre que pueden, ante la complacencia de sus compañeros, otros dirán lo que puede significar respecto a la cultura de este país. ¿Que prima la "solidaridad" por encima de los valores "egoistas" de la competencia? Puede ser (para los copiones). Pero no era eso de lo que quería hablar, sino del nombre de la entidad que proporcionó el mencionado dato en primer lugar. Ofqual.

Fui británico, a regañadientes, hasta el año 1986, cuando me largué del país para no volver, salvo de visita. Mis nociones del país se quedan en recuerdos y adolecen de un notable desfase temporal. El país que recuerdo nunca hubiera aceptado que se impusiera, por ejemplo, ese totalitarismo light que consiste en la posesión obligatoria de una cédula de identidad. (Todavía hay quien se resiste: por ello el gobierno actual está gastando ingentes sumas en propaganda en torno al tema). Paradójicamente, sí aceptaba, "desde siempre", la necesidad de tener licencia para poseer un perro o un televisor. Gente rara, esos británicos. Yo nunca los entendí bien. (Por si sirve de aclaración, mi mayor razón para largarme del país es que allí no hay mujeres, y en el resto del mundo en cambio sí.) Pero lo que sobre todo no podía existir en ese país que recuerdo, vamos, era impensable, es una organización con el nombre de "Ofqual".

¿Por qué? Bueno, aquí van unos nombres de instituciones que recuerdo de ese país de anteayer:

The Cambridge Examining Board
The Office of Fair Trading
The Citizens Advice Bureau
The Milk Marketing Board
The Greater London Council
The Royal Society for the Protection of Birds

¿Qué tienen en común todos estos nombres? Pues que son claramente descriptivos de la función de la organización, sin arrastrar ninguna ambiguedad. Es cierto que en algunos casos se podían abreviar, pero de un modo respetuoso: el Citizens Advice Bureau (para el que trabajé como voluntario durante algunos años) entre los entendidos se podía decir C.A.B., eso sí, sin convertirlo en acrónimo, lo que hubiera dado lugar a todo tipo de confusiones ("You want me to call a cab?"); la mencionada sociedad para la protección de las aves, que en sus mejores días tenía una fuerza política digna de tomar en cuenta, era RSPB para los ornitólogos. Pero a nadie se le ocurría que el Milk Marketing Board quedaba bien como Milmarbo, o que la Royal Family, llegados a eso, se podría comercializar adecuadamente como RoyFam. Eso sí, algunas de las abreviaturas de venerables organizaciones, sobre todo sindicatos laborales, tenían sus versiones cariñosamente eufonizadas: el GMBATU, sindicato que en versión widescreen era el General, Municipal, Boilermakers' and Allied Trades Union, para los entendidos quedaba mejor como "Jam Butties", o sea, como sánduches de mermelada, lo que no era de confundir con "Jam Sandwiches", que era el modo de referirse (entre camioneros) a los carros de policía.

Lo que no me gusta de OfQual, aparte del hecho que suena bastante como offal (esas partes del animal que no son carne y que pueden servir para alimentar a los perros) es esa vocación OfUscadura que viene implícita en el nombre. En lugar de utilizar una simple abreviatura, que en este caso podría ser OQER, la cual remitiría, para los curiosos, a una simple consulta de dilucidación, se crea un nombre que pretende instalarse en la conciencia pública sin sugerir apenas nada más allá de sus sibilinas sílabas y algún que otro malentendido (que "Of" remita a "office", puede ser: "qual", para la mayoría, podría sugerir "quality", lo cual aquí sería un error). Este nuevo hábito de truncar los nombres para crear abreviaturas chic a lo Microsoft también salió hace poco en este blog para el caso de la OfCom (Office of Communications, la nueva organización para la censura radiotelevisiva en el Reino hUnDido). Sin duda ahora el país se estará llenando de OfThisses y de OfThats, a medida que la fiebre regularizadora del gobierno criptosocialista arrastre la nación hacia el totalitarismo estilo 1984. La referencia a esa novela no es casual, evidentemente: fue el propio Orwell, en su largo prefacio a tal obra, quien arremetía contra esas abreviaturas que según él eran una forma de esconder la verdadera naturaleza o los origenes de una organización: él citaba el caso del Comintern, que en sus orígenes era la Communist International, pero que en su fase estalinista se abreviaba así para que no se notara tanto la vocación internacionalista de tal organización, que quedaba reducida a una jerarquía burocrática sumisa a las órdenes de Moscú. Para alguien de la generación de Orwell, el siniestro afán estatizante y eufemístico que daba lugar a nombres de organizaciones como Nazi, Gestapo, Komsomol o GULAG se rechazaba por instinto: que ese instinto se haya perdido me parece, simplemente, un dato significativo y tal vez preocupante.

En fin, hay que reconocer que como moda, esas abreviaturas arrasan ahora dondequiera. Aquí tenemos nuestro MIDUVI: que alcen las manos quienes, al escuchar este nombre, no pueden sino imaginar una bella dama rodeada de uvas en plan sibarita o en plan peel me a grape, Beulah. Cualquier cosa menos una casa mal construida con techo volador. Es que los nombres que les damos a las cosas no son inocentes. Por eso, propongo que en lugar de "copiar", se hable de Socialización Puntual y Encubierta del Conocimientos: para que en el futuro los graduados de universidades ecuatorianas puedan hacer alarde de esas técnicas de SoPEnCo que les han catapultado hacia los mejores puestos burocráticos en el nuevo regimen.

Tuesday, February 2, 2010

Tartuffe got nothin' on this joker

Realmente, es para desternillarse de la risa.

Cuando llegué a este país, el Presidente de la República era un tal Lucio Gutiérrez. No tuve mucho tiempo para hacer indagaciones al respecto de ese tipo: entre mi pequeño círculo de conocidos, se comentaba que era un mentiroso consumado, pero al mismo tiempo se le concedía cierto nivel de éxito en el manejo de la economía. Pensé que se trataba del típico caso de un político que llega al poder con eslóganes izquierdistas, que luego se trocan en un pragmatismo de incierto tinte ideológico, algo al estilo de Felipe González en España, a quien muchos todavía no perdonan su abandono del marxismo en Suresnes y su llamativo volte-face en torno al tema del ingreso en la OTAN. Pero a medida que pasaban las semanas, y pude ver esos hilarantes anuncios de autoadulación en la tele, el tal Gutiérrez empezó a revestir para mí cierto patetismo. No era muy claro para mí el por qué, pero era evidente que se sentía arrinconado; tan evidente como que no tenía la necesaria astucia para ejercer de estadista por mucho tiempo.

Luego vino esa sorpresa teatral de la breve visita de Abdalá Bucarám a Guayaquil. Esa visita, festejada por algunos y motivo de escándalo para otros, junto con esa larga y sinuosa telenovela de la Pichicorte, que para mí era fascinante a pesar de que no conocía los personajes ni su historial (la verdad, para un recién llegado desde España el término pichicorte evocaba más que nada alguna proeza de la Bobbit, que recién por esas fechas supe que era ecuatoriana), al parecer fueron los dos detonantes de lo que pasó después, que no sorprendió a nadie excepto a mí.

Para aquellas fechas yo ya daba clases en el Colegio Bilingüe Pequeños Ornitorrincos del Saber, en la Juan Tanca Marengo. Recuerdo esa sensación de viva curiosidad que sentí cuando tocó asistir al siguiente Momento Cívico (lo de "momento" es un decir: había que escuchar el himno nacional ecuatoriano entero, a más del estadounidense). Sabía que la Rectora del colegio se sentiría obligada a soltar un pequeño discurso y que era imposible evitar el reconocimiento explícito de que el país acababa de sufrir un golpe de estado. ¿Qué nos diría? ¿Que era menester rezar para que las legítimas autoridades democráticamente elegidas se restablecieran en el poder? ¿Que tendríamos que ejercer una resistencia pasiva contra los golpistas? Cuál fue mi sorpresa al escuchar que, "cualesquiera que fuesen las razones que una u otra parte pudieran tener de su lado", lo que tocaba era desear con todas nuestras fuerzas que al nuevo Presidente se le guiara y se le iluminara Dios para que tome decisiones acertadas en beneficio de todo el país. Y nada, a seguir con las clases. Se acabó la fiesta.

Recuerdo preguntarme: ¿qué significará democracia para esta gente?

Pasó sin pena ni gloria la corta presidencia de Alfredo Palacio, y vino el turno de Correa, un joven listillo que salió al parecer de la nada para ocupar el puesto de Ministro de Economía en el gobierno interino, golpista si se quiere, de Palacio; recuerdo que a los periodistas de Radio Sucre el tipo les caía muy bien: era locuaz, muy seguro de sí mismo, un tantico arrogante, con respuestas para todo. Empecé a escuchar aquí y allá "ése se candidatizará para Presidente", y pensé que era poco probable tal cosa, pues el brillante economista tenía de todo menos un partido que le apoyara, y acá, sin un partido no vas ni a la esquina. (Así de wrong about everything me empecé a mostrar desde temprana edad. También creí que iba a ganar la Cynthia. Cuando soy malo, soy muy malo.) En fin. El tipo sí se presentó, y ganó de manera espectacular, aparentemente sin trucos (con algunas mentiras, eso sí, pero con los políticos ya se sabe. Una campaña electoral sin mentiras sería como una Navidad sin regalos.)

Lo que no fue tan claro de inmediato, sino que poco a poco se fue descubriendo, era que con el cambio de regimen se había producido también un cambio sustancial en la cultura política del país, que si antes se caracterizaba por la hilarante incompetencia, la improvisación, la irresponsabilidad y cierto toque dionisiaco de borrachera y frivolidad, a partir de entonces se transformaba en un acoso mediático permanente conducido con fría eficiencia, en alarmantes manifestaciones de groupthink y doublethink, en una brecha vertiginosa entre retórica y realidad (por ejemplo, se arremetía contra la vieja partidocracia al tiempo que se ofrecía pingües sinecuras a todos los miembros de dicha partidocracia que no se autodescalificaran voluntariamente) y en la institucionalización de la corrupción. De tal modo que todo aquello que antes escandalizaba (por ejemplo, que un Presidente electo pudiera crear una Corte Suprema a su imagen y semejanza, con un amigo personal a la cabeza) parece moneda pequeña al lado de lo de ahora, sin que a nadie le parezca extraño ni piense en derrocamientos y defenestraciones. Y claro, es precisamente esta nueva cultura de hipocresía ilimitada la que tenemos que colocarle como trasfondo a las recientes declaraciones de Correa, para poder entender de dónde saca tanto desparpajo. Es que se supone que ya estamos todos acostumbrados.

Los detalles se pueden leer en Ecuador Sin Censura. Basta con esta breve cita:

"Nosotros no vamos a legitimar un Gobierno cuyo origen es ilegítimo, no se pueden legitimar elecciones bajo un gobierno de facto, ¿qué garantía tienen esas elecciones? además de que no se permitió terminar su periodo al gobierno democrático del presidente Zelaya", sostuvo Correa, que aclaró que la actitud de Ecuador no significa un rompimiento con el pueblo hondureño."

(Rafael Correa, elegido por primera vez en elecciones bajo un gobierno de facto, tras no poder terminar su período el gobierno democrático el presidente Gutiérrez. Se supone que tal negativa a legitimar a los ilegítimos no significa un rompimiento consigo mismo.)

Es que es para mearse de la risa. Cuando termine como Presidente, que se ponga la nariz roja y desplazará al mismísimo Tikotiko.