Thursday, April 29, 2010

Elecciones UK: por qué no pueden ganar los liberales



Llegar hasta acá abajo, como pedir vainilla en una heladería de Haagen Dazs. Demasiados sabores.

¿Necroturismo o Relinchamiento?

La primera vez que fui de campamento con Yvonne, llegamos (mediante autostop) a un pueblo de la costa de East Anglia a eso de la medianoche. Dentro de una oscuridad perturbadora, nos dedicamos a buscar un lugar para poner la tienda: pueblo afuera, al final se presentó algo que por el tacto parecía un campo, esperábamos que sin toro. Dormimos mal esa primera noche, por los estertores de algunos animalitos cercanos (¿conejos, tejones?). Al amanecer, saqué la cabeza, y me sorprendió hallarme acampado en medio de un cementerio.

Encontrarse en un camposanto no es óbice, valladar ni cortapisas para que se haga escuchar el perentorio clamor de la uretra (el chófer, aparente bigwig local, nos había dado licencia para tomarnos el chaser en el pub del pueblo, oficialmente cerrado, antes de emprender la búsqueda de terreno baldío la noche anterior). Fue cuando descubrí por primera vez lo dulce, lo decoroso y lo tierno que se siente al orinar sobre la tumba de un desconocido al amanecer. Entre el muerto, que podía haber sido un rudo pueblerino, con el aliento apestoso a cebolla, para quien una radio era algo que se tenía que acariciar con alambre bigote de gato y un político era otro bigote, enorme, con algo blanco, húmedo y pegajoso detrás capaz de nombrar varias veces, sin sonrojarse, el canal de Suez, entre éste y el vivo, simple crisol de neurosis y de atropelladas hormonas, se estableció fugazmente ese maravilloso y mágico arco de agua cristalina, surcando el aire helado del alba, misterioso puente de comunicación entre mundos dispares. Fue para mí un momento único, inolvidable; aunque el momento quedó teñido anacrónicamente en la memoria por el negro brilloso del bañador de Yvonne, que ese día, más tarde, estaba destinado a convertirme en priapista espiritual, al parecer ya para siempre, en algún lugar de esas inmensas y desiertas playas (Blakeney Point, para ser exactos).

Si lo menciono es para que quede claro que mis remilgos con Baltasar Garzón no se deben al supuesto de que éste sea necroturista. Claro que algo de eso hay. Uno no abre una investigación sobre crímenes cometidos hace setenta años con la esperanza de jalar ante los tribunales a reos vivos, a menos que uno sea la mar de optimista y un poco gil. Veamos: hasta ese caracol humano (es un decir) que quedó atrincherado en una casa prestada en Londres mientras los Lard Lords discurrían sobre su suerte, tenía ya más de cadáver pestilente que otra cosa. Eso sí, la anécdota sirvió para que a la Tacha de los cojones (es un maldecir) se le escapara eso de que el enjuiciado era un "pobre anciano", lo que demuestra que yo crecí en un país gobernado desde otro planeta, menuda desazón. Pero si eso es justicia presta y oportuna, ¿entonces Clint Eastwood qué? ¿Eyaculador precoz? No, convengamos en que lo de Garzón no tiene mucho que ver con ninguna justicia en el sentido popular y justiciero de la palabra. Entonces se trataría presumiblemente de un conato de micción tardía, crepuscular, sobre los ataudes de los asesinos de Lorca y de sus incontables correligionarios republicanos. No veo nada de malo en ello, a título personal. Es más: si yo tuviera una compañía de viajes, promocionaría fuertemente el necroturismo, que se anuncia la próxima moda arrasadora, capaz de desplazar al ya gastado ecoturismo y hasta al turismo sexual. Me están llegando... sí: hermosas y alentadoras visiones de un futuro en que una anciana pareja norteamericana, recién apeados de su viaje a Cuba, ahora república democrática, contaría su peregrinaje a Santa Clara para mear, frente a una larga columna, sobre el mausoleo de un tal Jay Güevara o J. Huevara, de quien carecerían totalmente de orientaciones biográficas, pero que se había demostrado capaz de atraer a decenas de miles de latinoamericanos ansiosos de regar la última morada de tal siniestro personaje con Pony Malta filtrado, y de abonarlo con estiércol yuquero. (El año que viene, querida, qué tal esto de Highgate y Pére Lachaise.) En ese sentido, aplaudo o por lo menos le entiendo a Garzón: ¿quién, si pudiera, no se dedicaría a marcar territorio sobre cuanta tumba de infame dictador encuentre a su paso?

Pero puede que algo más de eso haya.

En otra entrada de este blog ya dije sobre el Todosomosismo, auténtico azote de nuestra civilización, y en cuanto a que lo de Garzón sea un poco eso, me dan la razón tantas manifestaciones recientes de españolitos hijos de La Transición con sus velas y sus pancartas de Todos Somos Baltasar Garzón, o para los más avispados, Todos Somos Víctimas de la Franquicia Franquista. Respecto a tales burdos intentos de vampirismo biográfico, el viejo Rey Salomón tuvo la solución: sírvase colocarse a veinte pasos del verdugo (o de su ataúd) y lance el cuchillo. Quien acierte entre sexta y séptima costilla es víctima real (o hijo de, o mutatis mutandis), por aquello de haber pasado lustros ensayando el golpe; en cambio, el todosomosista, saltimbanqui de rencores, oportunista, fashion victim de causas "sociales" de última tendencia, dará en cualquier parte menos en el blanco. El odio, viejo tutor, nos enseña a quien corresponde odiar, y afina puntería. Hace diez años, un dominical británico se lanzó a la caza y captura de nuevos lectores mediante la campaña Name and Shame, contra "pedófilos" ex convictos: tuvo tanto éxito que el público llegó a considerar trivial la distinción entre pedófilo (ese ser que, de reincidente eso sí, le va de perlas el collar) y pediátrico, total, son gente de lo último, vandalizables. Convengamos en que "turba enloquecida" es casi un oximoron (aunque los libros de historia ecuatoriana estén llenos de ellas): los linchadores, no, los colectivos en general, son así. Entonces, digo relinchador de quien explote conscientemente esas tendencias, de quien azuce macedónicamente a las chusmas presas de repentina e intachable rectitud, organiza Five Minute Hates y Three Day Belonging Experiences, y parece deleitarse pidiendo siempre más y más turba. Que Garzón sea así no me consta, pero encuentro en su discurso por lo menos una grave omisión que conduce hacia similares derroteros.

La Biblia sí lo dice, y la saeta lo repite: No hay dolor como este mío.

Todos no somos víctimas de todo: y el querer serlo es síntoma de una civilización enferma. Que se procese a quien corresponda no es para que todos subamos al carro de la indignación, peor, de la solidaridad, esa falsa virtud que no es más que una estrategia mauvaise foi de burlar la soledad y por ende la condición humana. Solidario es quien no aguanta estar solo, igual que libertario es quien no aguanta estar libre. Desconfiemos siempre de las sílabas de más. Antes de solidario prefiero ser caritativo, pues lo segundo no implica mentir, ni que me cuelgue medallas de víctima en segundo grado. Nunca habrá dolor como ese suyo: dejemos, entonces, de intentar compartirlo, y limitémonos a prestar ayuda en cuanto existan posibles paliativos.

¿A Dawkins le hizo algo el Papa?

Las causas son para los afectados, y nadie más. Fin del espectáculo y principio de la sensatez. En la España actual no creo que haya habido desmemoria, más bien una fundada cautela respecto al papel de las cajas de Pandora en una democracia nueva y todavía frágil. Ahora, con el paso del tiempo, quedan cada vez menos afectados por el franquismo, por lo menos para que al respecto suyo haya restitución factible. Claro que no estoy con Reece cuando dice

Esperamos que a Garzón se lo sancione por el bien de la democracia en todo el mundo, porque se debe entender que esta se edifica sobre la concordia y el consenso, no sobre el rencor.

No veo motivo para que a Garzón se le sancione: el pobre de Reece parece sobremanera afectado por no sé qué asunto de anticlericalismo ibérico, olvidando que los más anticlericales hace tiempo que son los propios clérigos, frente a quienes los demás siempre seremos meros neófitos en el tema de desacreditar a la Iglesia. Pero sobre todo, no creo que tener legítimos rencores hacia (pongamos por caso) los verdugos de un abuelo sea algo vergonzoso ni antidemocrático. Simplemente, los rencores son asunto de cada uno, y la búsqueda de resarcimiento, también. No es para armar espectáculos mediáticos, y si éstos se dan, de seguro que detrás esté algún desaprensivo ansioso de poder: de ese poder que se construye sobre la base de la atropellada huida de la soledad que cada uno emprendemos en algún momento.

Wednesday, April 28, 2010

Maudlin

La palabra es sospechosa de ser una simple aproximación desde abajo, desde donde alcanza el léxico y la mirada vacuna.

La mía, muy parcial, apenas distingue ahora entre tus dos futuros: ése que tenías antes del accidente, y el que te espera ahora, posiblemente muy diferente. En el segundo, se te habrían roto algunos cables, imposibilitando así la fluidez en el hablar, la coordinación entre pensamiento y expresión. De lo que se derivaría, supuestamente, un tratamiento social idiotizado (sólo la sociedad sabe idiotizar; lo hace muy bien, es prácticamente lo único que sabe haber). No quiero pensar en lo que esto significaría para ti, pero en todo caso, sería tan sólo el agudizar de una misma tristeza, la que de todas maneras aun en el primer futuro subyace: la de seguir donde yo dejé.

Sentirás a veces que se te estalla la cabeza (el nerviosismo traicionero, ya se te nota, a tu madre le saca de quicio que te laves compulsivamente las manos en el aire, "como un loco", ella impone inocentemente patrones de conducta), de todo lo que queda por decir y por hacer, de todas las confusas y enmarañadas posibilidades que te rodean, y no sabrás si etiquetarlo como arrebato o como honda frustración. Tampoco entenderás la perversa tranquilidad de los demás: sospecharás, como yo siempre hice, algún decoro impuesto mediante mundial consenso, decoro tal vez necesario y sagrado, de túnica negra y ademán estilizado, como el de los asistentes al entierro del Conde Orgaz(mo). Poco a poco hallarás que bailas mejor solo, que el cuerpo pide desahogos y aspavientos que nadie entiende. Te parecerá curioso que la gente diga que eres tranquilo, cuando lo único que haces es remedar hipócritamente la bovina tranquilidad universal, como modo de supervivencia.

Entonces, se te ocurrirá que esa apremiante necesidad de volcar hacia fuera lo que tienes dentro, y la imposibilidad de hacerlo, impuesta tanto por la sociedad como por tus propios genes (ese defectuoso cableado, no ha sido sólo por el accidente, es heredado, como otras cosas), se sintetizan sólo en la droga, sea ésta la que sea, la música, el alcohol, el tabaco, el trabajo, el sexo, el caminar kilómetros a través de un mapa mitológico de elaboración propia, cualquier cosa a fin de diluir ese dulce ácido interior, a fin de poder dormir despierto como todo el mundo. No puedo aconsejarte otra salida: no conozco ninguno. Ten cuidado con la droga que eliges. Los mencionados son de aprendizaje rápido y más o menos fiables.

Soñaras con lluvias (tu imparable atracción hacia el agua ya despierta la atención de todos: ¿por qué demonios tienes que haber salido tan inmisericordemente yo?), con charcos y ríos, con ser querido y tener "tu lugar", visible en otros mapas. La persecución del amor te llevará a muchos despeñaderos: trate de que sean pintorescas, que armonicen con tu paisaje interior. Como ideal fiel y manejable del amor, el que nos tenemos. Si llegas, como yo, a abrazarte a la costumbre de nunca pedir nada a nadie, para no ser decepcionado, lo serás igualmente, de manera permanente. Recuerda (es imposible, ya lo sé) que a mí me pedías todo. No hay cómo no darte todo: si ella es de otra opinión, aléjala como sabes tan bien hacer.

(Ese triste don también lo heredaste.)

Siempre hay una alternativa a la vergüenza.

Si terminas tu vida llorando, como yo, tal vez significa simplemente que con estos genes no se puede hacer otra cosa, y mejor es que los dejes morir. En todo caso, siempre quedará Tubbilandia.

Monday, April 26, 2010

Superpoderes

Nunca tuve ni un maldito superpodercito de cuarta. Nada que justificara la fabricación casera siquiera de unos guantes alados, mucho menos de una capa o una máscara. Siempre he pensado que es por eso que las mujeres me resultaban siempre tan misteriosas. Saber desde temprana edad que tienes el poder de hacer redistribuirse la sangre en cuerpos ajenos con un simple aleteo de pestañas debe de ser la hostia. Los niños fantasean con armaduras de hierro, con telarañas de mocosidad a presión, con mazos voladores, y la cosa se queda en fantasía. Para incidir kinéticamente en esa obstinada realidad extracorporal, nada, las tristes leyes de Newton y se acabó. Las niñas, con miradas que abrasan, con caminares que siegan, y se les cumple, por lo menos a algunas. Uno habría pensado que con eso les bastaría. Resulta que todavía no.

Le debemos al clérigo e investigador polifacético Hojjat ol-eslam Kazem Sediqi el dato de que algunas mujeres están descubriendo cómo provocar terremotos con la simple técnica de "llevar ropa inapropiada". Claro que no entra en detalles sobre cuál tipo de ropa inapropiada tiene ese efecto, pero uno fácilmente imagina: un sostén de bikini atado encima de una gruesa gabardina, por la cintura, o una regadera llevada a modo de sombrero, una pulsera hecha con piel de guineo y pinza de ropa, algo por el estilo. Hay que estar atentos. Si en la playa, entre todos esos cuerpos en bañador ves a una mujer que en vez de biquini lleva puestos un casco de astronauta, un chaleco antibalas y un tutú, ten por seguro que está intentando provocar un tsunami, posiblemente para asegurarse una mesa libre en el restaurante de marisco más cercano. Tales comportamientos merecen severos castigos, sin duda alguna. Y no vale ponerse en plan escépticos y burlarse de tal presunción de causa y efecto, pues queda cientificamente demostrado que todo el universo está interconectado, y que el aleteo de una mariposa en las selvas de Borneo puede provocar una tormenta en San Francisco. Cuánto más fácil que unas rodilleras puestas al revés en Nueva York provoquen un terremoto en Haiti. El mundo está más interconectado de lo que creemos.

Hace muchos años, en España, paseaba por los pasillos de un supermercado cuando vi unas cajitas de plástico verde con una hierba que crecía dentro. En el envoltorio de celofán decía, en letras grandes: "MAKES CATS VOMIT". No especificaba mediante qué mecanismo hacía devolver a los gatos, si era necesario que el gato primero comiera de esa hierba o si bastaba con que la olfateara o que la viera nomás. Pero me quedé pensando en ese interesante efecto, y en el tipo de persona que compraría un producto con sólo la malévola intención de hacer vomitar a cuanto gato se le acercara, y en cuestión de minutos, antes de llegar a caja, ya había ideado un superhéroe, el Catpukeman, que con su Cat Vomit Vision hiciera vomitar a cualquier felino que tuviese delante, y antes de que me dieran el cambio de cuarenta euros ya estaba escribiendo mentalmente las primeras escenas de la película (basada en el cómic), en que una vieja se daba cuenta de que su gato había tragado un veneno que era para las ratas, y se llevaba las manos a la cabeza, y en ésas apareció Catpukeman por la ventana, y todo era agradecimientos y "sólo hago mi trabajo, señora". De ahí, era fácil idear situaciones en donde la habilidad para hacer vomitar a un gato podría salvar el mundo de las garras de todo tipo de criminales. El gato escogido podría, por ejemplo, estar andando sobre una viga, y vomitarle al ojo del villano loco, quien quedaría ciego el tiempo necesario para quitarle el control de la bomba nuclear. La enemiga predilecta de Catpukeman era, desde luego, la felinamente malvada Pussywoman, que a pesar de ser súper vulnerable a miradas eméticas, tenía la ventaja de saber que Catpukeman era originariamente habitante del lejano planeta Bakel, por lo que al acercársele esa peligrosa sustancia, el Bakelite, sus poderes se quedaban en nada. En fin, creo que daba para una película pero tal vez no para secuelas ni precuelas, al faltarle la necesaria variedad de enemigos de características afines. Ahora, en vistas de que el gobierno ecuatoriano pronto está lanzando al mercado un nuevo diario tipo Extra, pero en socialista, y que les va a hacer falta un cómic algo patriótico, se me ocurre que para el requetepredecible Bolivarman o Boliman (defensor de la Verdad Contrastada, el Control Social y la Manera Caribeña), le van a hacer falta enemigos también a su altura, y que entre ellos podían estar esta tal Seismogirl, que con sólo colocarse un calzoncillo de hombre en la cabeza haría instantáneamente temblar la tierra alrededor, tal como explican nuestros amigos y socios iraníes, y que para la batalla final de los Titanes podía entrar en acción también el temido Human Chicken, el villano más cruel de todos, el que con sus chorros de hormonas femeninas hace que al superhéroe a quien se enfrenta de repente se le afloje la muñeca y se ponga a pavonear con la otra mano en la cintura. Imaginen la espada de Boliman enfrentada a tan espantoso adversario. Sería para sacar subscripción de todo un mes.

Que nadie diga, entonces, que no hago lo que puedo para colaborar con la Revolución Ciudadana. Compañeritos, la idea les viene gratis. Tan sólo quiero una mención en letra pequeña al final de la última página.

Sunday, April 25, 2010

Me Mate Liz






La conocí en línea, en un foro para gente rara. Cuando se acercaba la posibilidad de un encuentro ella me avisó: tengo la cara estropeada. Accidente en moto de adolescente, secuelas, parálisis unilateral. Cuando me abrió su puerta, a pesar de tal aviso, me quedé durante aproximadamente un segundo sorprendido: ese rostro de víctima no casaba con la persona que esperaba ver, esa dueña del humor seco, deadpan, esa encarnación viva de la inescandalizabilidad. Después de la primera taza de té, ya era simplemente su cara, no podía tener otra, como yo. De víctima, evidentemente, no tenía nada.

Todo en ella era inmune a los estereotipos. Por algo se es artista. Vivía en una casa antigua, un poco destartalada, con magníficas vistas, en la costa inglesa. Tenía un hijo de once años, heredero de la piel color café del papá, donde la suya era de un blanco casi espectral. Ese papá por lo visto no era más que anécdota aburrida: el dinero lo percibía por otro lado, de un ex marido viajero con que ella seguía manteniendo excelentes relaciones de amistad. Su vida social se resumía en fiestas y borracheras, y ella se preciaba de estar al día con lo último en música bailable. Vestía, de preferencia, imposibles minifaldas y planetarios aretes. Su cuerpo era desnutrido al gusto de la moda gótica de entonces; el hijo, según ella, sólo comía papas fritas. Tenía una cocina AGA, donde habitualmente ponía a secarse las ranas difuntas que sus gatos le traían diariamente a modo de amistoso ofrecimiento. También tenía entre los diversos e inquietantes enseres de su biblioteca el pie de un antiguo maniquí, de color blanco hueso, el cual más adelante dijo que quería regalarme, pero entonces no había cómo, pues yo me encontraba en un país sin correo.

Fui yo quien le colgué su primera página web, en Geocities, el cual con todo lo demás de Geocities, con todo lo mío también, se fue a la mierda hace unos meses por decisión de los filisteos de Yahoo. Y resulta que había perdido su dirección. Fui a buscarla en Google, y me encontré con lo siguiente, que linkeo aquí a modo de homenaje. La verdad, no sé si ella tendría mucho interés en conocerme ahora, ya que me he tornado miembro de las clases casadas y sufridas. Cuando uno se casa, pierde todo derecho a presumir de amistades solteras: ellos habitan espacios de libertad que tú no te atreves ni a soñar. Amanece el recuerdo.

Su poesía lucía despreocupada, de versificación atropellada, de una ironía fácil y sin pretensiones; pero era dueña de efectos cumulativos donde un surrealismo superficial y vistoso escondía una certera finura emocional. Esos poemas ayudan a entender los cuadros, pero aparte del mal recitado villanelle en YouTube, no tengo cómo acceder ahora a ellos.









Selección Saatchi

Thursday, April 22, 2010

UB Illin' *

(* University of Bullshit, Illinois)


"Si en América Latina se comete un error, le vamos a tirar piedras a la Embajada de Estados Unidos."

(Rafael Correa Delgado, en su discurso de agradecimiento por el codiciado Bullshitter of the Year Award en Illinois)

"Condorito hubiese hecho plop. "

(Manuel Ignacio Gómez Lecaro, comentando lo anterior)

"El presidente de la República, Rafael Correa, ratificó que el Gobierno nacional continúa en la elaboración de un informe sobre los Derechos Humanos en Estados Unidos"

(Correa, de nuevo tirando piedras a la Embajada de Estados Unidos).

You be illin'.

Thursday, April 15, 2010

Back-brained

Y encima, cack-handed. (Hola.)

No frecuento esas páginas, así que no sé si ya se hizo o sólo se piensa hacer, esa película basada en Dorian Gray. Leí la historia con 15 años, y ya me parecía un atavismo. Por mucho que frecuentara The Penn Bookshop, esa cueva de Aladín de libros antiguos, mayormente edwardianos, con su inconfundible olor a entrañables supersticiones perdidas, a entrañas de árboles criados con dióxido de carbono puro, con sus veteadas traducciones de Maeterlinck realizadas por el bueno de Alfred Sutro, con sus lujosas ediciones de R.L. Stevenson a prueba de ICBMs, aun así no podía ignorar que en ese mundo dudosamente moderno que quedaba acechando tras aquella puerta ya no se estilaba creer en homúnculos jinetes de espermatozoides, ni en exploraciones frenológicas, ni en ciencias fisionómicas (pace Mary Ann) que emparentaran rasgos de la cara con elementos de la personalidad. De modo que el postulado central del libro de Wilde, eso de que en una cara podíanse leer vicios y crímenes, me pareció entonces simplemente pueril, aunque quedaba la esperanza salvadora de que quizás aún se pudiera leer el cuento en registro alegórico o simbólico, como un cuento de hadas o de Hawthorne, o bien en registro sicológico, como la confesión encubierta de una conciencia torturada. Lo intenté, pero no me recompensó. Todavía no sé qué tenía Wilde en la cabeza, en realidad. Lo que sí sé es que de hacerse la película como manda el buen sentido comercial, ha de triunfar, pues la historia en sí es original, sensacionalista y se presta a elucubraciones de sicología popular barata.

Otra cosa que sé es que yo mismo estoy, a cierto nivel, demasiado comprometido con algunas de esas supersticiones. Creo, por ejemplo, que la mujer que tiene los dientes salientes (overbite) es más apasionada, más loca que las otras. La explicación de tal creencia probablemente yace en lo atractivo que me resulta de por sí tal dentadura, es decir wishful thinking de andar por casa, con una pizca de feliz casualidad biográfica para sellar el trato. En rigor, nada en la autobiografía de Gene Tierney (Mademoiselle, vous devriez faire du cinéma) apoya tal hipótesis. Pero no se puede ver Shanghai Gesture sin creer, sería demasiada lástima que no fuese verdad.

Cuando nació mi hijo, algunas personas se autoexcluyeron de nuestra lista de tarjetas de Navidad, al insinuar que la forma de su cráneo era algo grotesca. Yo dije: malos genes, la mamá se desconcentró, el homúnculo no se sintió en casa. El mestizaje celta es una guerrilla genética que aguantamos con estoicismo los ingleses, y con frecuencia saca cabezas así, aun cuando buscamos aliadas estratégicas de ultramar. La mía es igual. Piensa en James Stewart (de orejas para atrás) y estás en camino. Una vez, en Barcelona, un joven mariquita me hizo un corte de pelo en forma de champiñón (fui "El Champiñón" en el Reina Victoria durante una semana) según el para "disimular" "esa forma de cabeza tan rara que tiene". Mi familia, vengándose de no sé qué agravio, todavía llama "cabeza de bala" a ese niño que fue mi primer amigo de la escuela.

Y yo le digo al niño: back-brained. Lo digo con cariño y tristeza. Mi esposa también habla de tristeza: es tema recurrente en nuestra casa. Según ella, hay peligro de que el pequeño termine llevando una vida tan triste como ha sido la mía (por lo solitaria, y vista desde su mirador que no es el mío). Y ello en parte porque el papá pronto ha de morir, y no hay dónde buscar resarcimiento financiero ante tal eventualidad, pero también porque su tardanza en hablar demuestra (ella no lo dice, ni lo razona, pero lo intuye) que el pobre tiene, como yo, esa mala estrella genética que predestina a tímido, a bonachón y a perdedor. Su cráneo es como esas casas del barrio de la Marta, donde la sala con puerta principal que da a la callejuela le brinda al visitante sólo cemento, un jarrón de agua, un par de sillas medio rotas, todo pobre y simpático. Y es detrás donde habita el resto, la parafernalia, el trastero de dudosa riqueza, de libros descuartizados, que un día se espantó y se instaló allá, fuera de la vista de los ladrones. En nuestra subespecie, el cerebro se esconde tras un desorden mental disfrazado de lacónica seriedad.

No es más anticientífico que el simplismo ése de la lateralización de las funciones cerebrales (right-brained, mi pie).

Y fue ese trastero occipital que traicioneramente se fracturó hace un año. Ahora, el niño anda con un lío de tirantes de mochila, pues hace unos días se volvió a caer de la cama y se quebró (lo que se dice quebrada, partida por completo) la clavícula. En este momento está bailando delante de la tele. Es demasiado pequeño para saberse malaventurado. Los dos andamos teletubificados que da gusto.

Volviendo a la Tierney: en El Fantasma y La Sra Muir, al final, cuando ella se muere, su afterlife arranca con un cuerpo espectral que en un segundo pierde cuarenta o cincuenta años. Mi hermana dice que esto es puro neoliberalismo, ese prejuicio abierto a favor de la juventud, siendo tal edad la de mayor consumismo. "Ese basureo de la vejez." Yo creo que se trata simplemente de esa superstición que es más arraigada que cualquier otra, la de que en un universo paralelo, podemos o podremos escoger algún día lo que queremos ser. Ella escoge la época en que fue bella y pudo imantarse de amor. De joven, tal vez, como yo, hubiera querido ser vieja, para poder escaquearse de sus implacables hormonas, para tener tranquilidad espiritual, para no depender tanto. Sólo que tal vejez nos la imaginábamos diferente, no como lo que resultó ser, una carrera extenuante contra el tiempo, una constante nostalgia de esa Edad Dorada en que uno podía vivir en ese cerebro-buhardilla dejando que la fachada se cuidara más o menos sola.

Wednesday, April 14, 2010

Por lo menos no dijo violín

"Did somebody say mattress to Mr Lambert?"

Ya decía yo que había gato encerrado: lo que pasa es que los periodistas a veces se olvidan de soplarnos los datos más importantes, los que sirven para resolver el enigma. Ahí estaba yo intentando dilucidar qué elementos del artículo "Camilo, el matón" le había servido a la jueza Carmen Alicia Argüello para fundamentar el fallo en que consideró a Emilio Palacio culpable de injurias, y también me preguntaba cómo era posible que el delito de injurias llevara pena de cárcel, cuando en una democracia esa pena únicamente sirve para apartar de la sociedad a las personas consideradas peligrosas para la misma. Ahora, este interesante artículo de León Roldós por fin aclara ambos puntos. En lo referente al segundo punto, dice textualmente:

¿Por qué infracción condenan a Emilio Palacio?

Por la del art. 493 del Código Penal: “Serán reprimidos con uno a tres años de prisión y multa de seis a veinte y cinco dólares de los Estados Unidos de Norte América, los que hubieren dirigido a la autoridad imputaciones que constituyan injuria calumniosa”.

Aquí, lo evidente es que la pena de cárcel no guarda relación con ningún supuesto peligro para la sociedad, sino que el peligro que representa tal injuria es para "la autoridad", es decir esa casta de seres superiores que nos gobierna, esos seres cuyo "honor" y cuya tranquilidad valen más que los nuestros, por lo menos cuando se miden así, en escala penal. Se trata, evidentemente, de una ley autoritaria en el sentido más puro, pues establece un trato preferencial para los gobernantes, tratamiento cuyo efecto es precisamente el de proteger tal autoridad contra esos rudos golpes que de vez en cuando el ejercicio de la democracia podría asestarle.

En cuanto al otro punto, vale la pena otra cita textual:

La jueza temporal que sentencia expresa: “Llamamos matón a los delincuentes que les quitan la vida a otras personas, a los homicidas, asesinos, etcétera, y concluye: “Esta acepción es la que se colige a priori al leer el artículo”.

Resumiendo: el fallo se ha basado, por lo visto, en una fantasía de la jueza Carmen Alicia Argüello. Digo fantasía porque la acepción que ella "colige" no aparece en el Diccionario de la RAE, que ofrece para la voz matón únicamente las siguientes tres acepciones:

1. adj. coloq. Ec. Estudiante muy aplicado. U. t. c. s.

2. m. coloq. Hombre jactancioso y pendenciero, que procura intimidar a los demás.

3. m. El Salv. Caída de una persona al suelo.

Tengo entendido que la propia jueza se permitió algún brote de sarcasmo referente a un torpe intento del abogado de Palacio de traer a colación la primera acepción mencionada. Bien merecido lo tenía, pues nada en el artículo apoya tal interpretación. Pero por lo menos se trataba de una acepción reconocida. La de la jueza, en cambio, no es reconocida ni por el diccionario ni por el habla coloquial, donde "a los delincuentes que les quitan la vida a otras personas, a los homicidas, asesinos, etcétera" se les suele llamar así, homicidas, asesinos, no matones. Y sobra decir que la interpretación, llamémoslo así, de la jueza no tiene ningún sustento contextual, pues como ya analicé en otro post, el contexto del artículo de Palacio deja bien claro que lo que se le critica a Samán es ese rasgo típico de "los hombres jactanciosos y pendencieros", estereotipo literario bien establecido ya en tiempos de La Celestina (recuérdese el soldado Centurio), eso de que el valor se les va por la boca y que en la escena de la batalla se les suele echar de menos, tal como describe Palacio en el caso del plantón de los asalariados de la CFN, donde Samán no aparecía por ningún lado. Palacio puede ser bueno o malo como periodista, pero supongo que cualquiera le reconocería la suficiente cordura para no haber tomado la ausencia de una persona en una manifestación como indicio de que la persona ausente posea tendencias asesinas.

Entonces la pregunta es: ¿se trata simplemente de ese analfabetismo funcional que notoriamente aqueja a los jueces de este país, sobre todo cuando está en juego la aprobación de las máximas autoridades de la función judicial, léase la del Gran Jefe? ¿O bien la extraña ignorancia de la jueza Carmen Alicia Argüello respecto al significado de las palabras tendría un etiología algo más pintoresca y sui generis? A mí me parece más convincente esta última hipótesis. Pero, eso sí, si de verdad ella cree que matón significa "el que mata", eso evidentemente traería consecuencias para los periodistas, que tendrían que mirar si hay alguna posibilidad de ser llevados en querella ante ella, antes de usar cualquier palabra terminada en -ón. Por tanto, se me ocurre que podría ser útil para dichos periodistas un diccionario argüellés-español, a tenor de lo siguiente:

matón nm. Una persona que mata, un asesino. Pedro Alonso López fue un matón en serie.

cantón nm. Persona que canta. Mi cantón preferido es Julio Jaramillo.

limón nm. Una persona que lima, p.e.j., asperezas: En las negociaciones entre gobierno y oposición, a Fernando Cordero le tocó ejercer el papel de limón.

riñón nm. (t.u.c.a.) Dícese de alguien que riñe mucho, p.ej. a sus empleados o sirvientes. Me sentí mucho mejor tras haberme despedido de mis riñones.

cojón nm. (t.u.c.a.) Dícese de una persona lista, despierta, que "coge" las cosas al vuelo. Su Majestad es cojón.



bombón nm. Persona que organiza atentados con bombas, terrorista. Las chicas de la ETA son auténticos bombones.

salón nm. Persona que sala, que atrae mala suerte. Se ha hecho famoso el Salón de Carondelet.

timón nm. Persona que tima o que estafa. En el tema de la deuda exterior, Correa dio un magistral golpe de timón.

mentón nm. Persona proclive a mentir. Nada, es otro artículo de Erika Sylva sobre el mentón del Presidente.

Como se verá en los últimos ejemplos, hasta los comentarios más inocentes se podrían volver materia de juicio y de encarcelamiento en caso de que la Sra Argüello esté presidiendo en el momento de ser jalado ante las tribunas. Eso, de por sí, ya es preocupante; pero lo es mucho más el hecho de que no hemos, ni mucho menos, sondeado todavía todas las excentricidades de la nueva generación de jueces correistas que nos ha tocado. Si una tiene debilidad por el -ón y el ín, a otro resultará que se le va la mano con el -ito o el -uco. Por eso creo que para armarse de valor, recomendable el sketch de los Python enlazado al principio de este post. Y que Dios tenga piedad de nosotros.

Monday, April 12, 2010

We don't need no Ley de Educación

El gen que impulsa a repasar apuntes en los autobuses es recesivo en el sexo masculino.

CALIDAD - CALIDEZ, llevaba escrito en su letra pequeña, encorsetada, maquillada con marcador amarillo. Se leía bien a pesar del exceso de velocidad y de las concomitantes vibraciones.

Todavía recordaba aquella reunión, en que la Rectora, a la que hoy ella tenía que sustituir en esa conferencia del Ministerio, les había tomado a todos por sorpresa con esas nuevas consignas. Claro que todos los Jefes de Área sabían que iba a haber una presentación con PowerPoint. La Rectora ya llevaba como tres meses enamorada de PowerPoint. Pero pensaban que tal vez iban a disfrutar de un remake o una secuela de los Siete Hábitos de Covey. En lugar de ello:

Ahora, no, este no, el anterior, sí, gracias, ahora quién quiere leer estas dos palabras de aquí. ¿Profesor Ramírez?

Ella pensó: tendré que preguntarle dónde se hace peinar. Ese peinado era como la misma Rectora, como el mismo colegio: cada cabello iba exactamente en el mismo sentido, cada cabello era orientado, formado, abombado en idéntica curva, con perfecta disciplina y coreografía. Ningún cabello tenía la falda demasiado corta, ninguno el pelo demasiado largo. Ninguno de sus cabellos ostentaba incipiente bigote, como últimamente los suyos de alguna manera sí.

El profesor Ramírez, Jefe del Área de Lengua, puso cara de asesino, y dijo: Calidad. Calidez.

Gracias, profesor Ramírez. Ahora, ¿quién nos quiere explicar en qué se diferencian estos dos conceptos? ¿Nadie? Ah, profesor Macías.

Ella pensó: por qué será que todos estos profesores, quien más, quien menos, tienen bigote. Reunidos en fila a un lado de la mesa, parecían jardín de bonsais. Había algo a la vez promiscuo y desgarradoramente vulnerable en esos brotes de hongos faciales, como si cada bigote era un diario íntimo de secretas frustraciones inoportunamente salido de su escondite nasal. En un rincón de la sala había un pequeño Toulouse-Lautrec, allí en la zona reservada para tautologías. El pequeño Toulouse-Lautrec, que dibujaba y coloreaba a velocidad de energúmeno, intentando plasmar esa reunión antes de que se disolviera, le guiñó el ojo. Soy muy pequeño, decía aquella mirada, nadie me ve. Chitón.

Pues calidad se refiere a si algo es bueno o malo, verdad, y calidez en cambio significa, pues, el trato que le das a una persona, un trato cálido sería algo así como cariñoso. Creo.

No, dijo la Rectora, concediéndole al profesor Macías, nominalmente Jefe del Área de Informática, un par de momentos para ajustarse a su nuevo papel de cucaracha aplastada en el piso. - Usted puede creer, profesor, pero ésa no es la respuesta. ¿Alguien más? Entonces por favor apunten. Calidad significa, sí, no, el siguiente, gracias, no, pantalla completa, eso, significa una gestión basada en procesos hacia la calidad y la eficiencia, con indicadores y medidores que nos permitan saber hasta dónde hemos llegado. Calidez significa dig-ni-fi-car al alumno, significa darle un trato adecuado, a-fec-tivo, y ponerle en el centro del proceso educativo.

Medidores está mal escrito, refunfuñó el profesor Ramírez mientras se escuchaba traqueteo de plumas y cuadernos. Allí pone "mediodres". Cambiando una letra...

Ella tuvo una inspiración.

¿Podemos decir, Miss, que calidad es el lado Efectivo del trabajo de profesor y calidez es el lado A-fectivo? Como si fueran las dos caras de la moneda?

La Rectora puso cara de haber visto de lejos a una alumna de cuarto con pintalabios rojo. Luego se compuso. Efectivamente, dijo, así es. Aunque cuidado, como decíamos el otro día no hay que confundir ser eficaz con ser eficiente. Son dos cosas to-tal-mente distintas.

Sí, es cierto, dijo ella con voz de niña repelente. Era divertido ser odiada al unísono por tantos hombres. Lo malo era su cabello. Tenía que cambiar de gabinete. La señora Eumelia era demasiado Eumelia, ya.

¡Terminado!, exclamó el pequeño Toulouse-Lautrec, blandiendo una enorme hoja, mientras el autobús ralentizaba delante del nuevo edificio rodeado de árboles recién plantadas y ella se levantaba de su asiento.

La reunión del Ministerio era para recolectar ideas para una nueva Ley de Educación. Por eso era importante repasar los apuntes.


Saturday, April 10, 2010

Euslace

Se trata de una de las familias literarias más destacadas de la época victoriana. Eran tres hermanas, Charlotte, Emily y Anne, que publicaron sendas grandes novelas que dejaron huella en la historia literaria inglesa y se han vuelto referentes en el estudio del romanticismo. Esas obras maestras se publicaron inicialmente bajo seudónimos masculinos, pero los críticos no tardaron en descubrir la identidad de las escritoras, que como es natural fueron festejadas y aplaudidas in saecula saeculorum.

Luego estaba el hermano, el único varón, Euslace (n.h.r.n.). De pequeño había sido invitado de honor en todos los juegos de las hermanas, y había participado como autor en todas esas fabulaciones juveniles, ideadas en una pequeña habitación con alfombra y chimenea, sobre islas imaginarias, dragones y reinas encantadas. Para las hermanas y para el papá, era el más talentoso de la familia. Pero a medida que crecía y se hacía hombre, se convirtió en una figura patética. Quiso ser pintor, pero su mano fue torpe. Quiso ser poeta, pero sus versos inspiraban sólo vergüenza ajena. Trabajó en los ferrocarriles; fue despedido por un sórdido asunto de peniques. Al final fue su hermana quien por caridad le consiguió un puesto de tutor de un niño en un caserón burgués, donde ella misma había laborado, y entonces no se le ocurrió mejor plan que "enamorarse" de la esposa de su empleador. Despedido de nuevo, optó por la romántica salida (bien conocido y algo popular también por estos lares) de dedicarse por tiempo completo a la irrigación etílica de su autocompasión. Terminó con una mezcla muy fin-de-siécle de tuberculosis, alcoholismo y drogadicción.

De él no se ha dicho nunca eso de qué tragedia, qué gran talento nos fue robado, etc. Por una razón muy sencilla: el tal Euslace (y todavía quedan algunos de esos poemas para demostrarlo), con todo lo simpático que puede haber sido, valió verga.

Entonces a uno se le ocurre preguntar: ¿cómo es posible (para lectores ecuatorianos: cómo puede ser posible) que un tipo que compartía los mismos genes que 2.35 de las más grandes escritoras del romanticismo inglés haya valido verga?

La respuesta, por supuesto, tiene que ver con la educación, entendida en su sentido más amplio de preparación para la vida adulta, o de aprendizaje de las necesarias habilidades y conocimientos para poder desempeñar una vida fértil y feliz. Si por educación entendemos sólo escolarización, entonces habría que concluir que el tipo no fue educado, pues nunca asistió al colegio. En lugar de ello, fue adiestrado en casa por un fantasioso papá que quería transformarle en candidato para Oxbridge, lo que en ese entonces significaba mucho latín, mucho griego, y algo de trigonometría.

- ¡Ajá - ! interrumpen en coro los inmortales redactores del borrador de la nueva Ley de Educación. - Por eso hemos dispuesto que la escolarización sea una obligación (Art. 2 (l) ), pues está claro que eso de educarse en casa con padres y tutores no funciona.

- No tan claro - replican en coro Florence Nightingale, Thomas Jefferson, Blaise Pascal, Mark Twain, Charles Dickens y un tal W.A. Mozart.

Bueno, no entremos en eso. A lo que me refería con lo de la educación no fue el detalle de haber tenido a papá como tutor. Me quise referir más bien al hecho ése, a la gran desgracia aquélla, de haber tenido tres hermanas. Y es que de eso algo sé. Tengo tres hermanas y ningún hermano. Por eso puedo asegurar con total confianza que a Euslace de muy niño le encantó el reino imaginario de Angria, pero a medida que iba pasando el tiempo, que se medía en velas y en lluvias, comenzó a sentirse molesto y encombrado por ese instinto que le impulsaba a cada rato a disponer en espléndidas hendecasílabas el rapto de la Reina Encantada por parte de una tribu de salvajes con taparrabos quienes luego la someterían a humillantes rituales en que la semidesnudez y el desgarramiento de prendas jugaba un importante papel; trama que evidentemente no sería del agrado de la Charlotte, artífice detallista de tan espléndidos ropajes. Y que más adelante, él se sentiría a pesar suyo infectado por esa miasma de enfermizo romanticismo de cinta rosada y billets-doux que se respiraba en toda la casa. Y que tal romanticismo, en alianza oportunista con ese wistelkiya que había empezado a definir las relaciones familiares, le llevaría a una serie de absurdas y desastrosas relaciones sentimentales basadas en una extrema timidez y en una voluntariosa idealización de la otra.

- ¡Ajá - ! interrumpen otros interlocutores menos identificables. - Por eso es importante la segregación sexual en los años escolares, a pesar de lo que dice el Art. 347 del Mamotreto. Ello fue lo que a una ex novia mía le permitió asistir a un colegio de monjas, que decían cosas como que a una fiesta nunca hay que llevar zapatos de charol, pues los chicos verán reflejado en ellos tus bragas, o que si te sientes encima de las piernas de un muchacho hay que colocar en medio un listín telefónico, preferentemente uno de Londres, el cuarto, el que lleva la S de Smith. Los colegios de monjas son un destello de gozosa ridiculez en un mundo de guerras, plagas y tinieblas. Además, la segregación sexual produce mejores resultados académicos, sobre todo en las chicas. Comprobadísimo.

Bueno, no entremos en eso. Lo que quiero recalcar, en primer lugar, es simplemente que si Euslace viviera hoy en el Ecuador, y pese a la dificultad con la que uno intenta imaginar a un poeta, por muy astro que fuese, diciendo Reciban un cordial saludo por parte de quien les habla, es más que probable que él estuviera vendiendo Un Nuevo y Delicioso Producto Masticable en los colectivos, subsistiendo con eso y con las remesas ocasionales de sus hermanas exiliadas en Barcelona. Es decir, aquí también con la Educación hay un problema. Posiblemente, varios. Y en segundo lugar, que en la medida en que uno insiste en una definición amplia de la Educación, es decir insiste en rechazar la filosofía que quiere que la educación sea únicamente la formación de mano de obra dócil para el Capital, se da de bruces con la realidad de que tal Educación integral y holística es algo cuyo éxito en último término puede que poco o nada tenga que ver con el Estado, pues con la mejor voluntad del mundo el Estado no puede intervenir en una cuestión de desequilibrio hormonal familiar.

Según este punto de vista, entonces, es un poco el mismo problema que con la Ley de Comunicación. Una y otra vez nos decían, con tono plañidero y agraviado, que "no era sólo una Ley de Medios". Pues con más razón criticable, pensaba yo. Por lo menos, y sin perjuicio del contenido, el título "Ley de Medios" demostraría cierta conciencia de los límites impuestos por la realidad sobre el campo de acción del Estado. Pretender regular, en cambio, todo una vertiente de la conducta humana que abarca desde un carraspeo intencionado en una reunión hasta la publicación de una historia del mundo en veinte tomos, y en una sola Ley, eso ya es de locos. (Y luego está el hecho trivial de que si lees el contenido, resulta que sí es Ley de Medios. O me van a decir que el roce de una pierna debajo de una mesa, ejemplo primordial y entrañable de comunicación, puede ser también veraz, contextualizado y contrastado.) Sin duda, la moda de las Leyes Megalómanas todavía nos ha de suministrar una Ley de Ocio, una Ley de Digestión, una Ley de Ensimismamiento, tal vez y a modo de coronación de tanto esfuerzo, una Ley de Vida, antes de ceder a otra nueva tendencia proveniente de las pasarelas caraqueñas.

Y dicho eso a modo de preámbulo...

Thursday, April 8, 2010

Los Intocables de Elliot Pesantess

ESCENA 1 INTERIOR DIA

UN BAR TRANQUILO, CASI VACÍO

Un CLIENTE CON SOMBRERO se acerca a la barra.

CLIENTE CON SOMBRERO: Un café americano.

BARMAN: Lo siento, la máquina no funciona. No hay luz. Tenemos Coca Cola.

CLIENTE CON SOMBRERO: Está bien.

El CLIENTE CON SOMBRERO se traga la cola y se dispone a salir. Unos segundos después de su partida, una NIÑA recoge el diario que él ha dejado encima de la barra, y apresurada le sigue hacia fuera.

NIÑA: ¡Señor! ¡Su periódico!

ESCENA 2 EXTERIOR DIA

El mismo bar, visto desde fuera.

El CLIENTE CON SOMBRERO se aleja rápido en coche. Al cabo de unos segundos de silencio, se escucha:

VOZ DE NIÑA: Urrrgh!

ESCENA 3 INTERIOR DIA

El capo mafioso, EMIGLIO PALAZZI, visto desde el techo, rodeado de manicuristas, un barbero, y varios periodistas con cuadernos de apuntes.

PALAZZI: (con gesto lánguido) Se me acusa de ser desestabilizador. Qué craso error. Lo que soy es un filántropo. Cada día traigo felicidad a la gente. Lo que hago es un servicio a la comunidad. Los desestabilizadores son ellos, que a veces me desestabilizan hasta la digestión.

Los PERIODISTAS se ríen.

ESCENA 4 INTERIOR NOCHE

El héroe, PESANTESS, sentado en su despacho. Es de noche. Una taza de café medio vacía sobre la mesa. Se escucha una llamada a la puerta.

PESANTESS: ¿Quién?

Entra una SEÑORA DESENCAJADA.

SEÑORA DESENCAJADA: Soy la madre de la niña que murió tras leer la primera frase de un artículo de Emiglio Palazzi. Quería desde mi humilde corazón felicitarle, señor Pesadess, por lo que usted hace.

PESANTESS: ¿Vienes a agradecerme mi abnegado trabajo en contra del periodismo organizado?

SEÑORA DESENCAJADA: No exactamente. Lo que quiero felicitarle es el talento con que imita a la gran actriz española Sara Montiel. Es casi perfecto. Usted arrastra las heces igualito que ella.

PEDÁNTEZ: Las eses, señora. Las eses.

SEÑORA DESENCAJADA: Eso mismo pues. Las esses.

Sale, con gesto reverencial, la SEÑORA DESENCAJADA. Entra un tipo con lentes y aspecto de inofensiva rata de biblioteca.

SAMÁN: Jefe, he encontrado algo. Mire estos artículos.

PESANTESS (enojado) ¿Ahora qué?

SAMÁN: El tipo va insultando a la gente. Podríamos acusarlo de injurias. Tres años. Concurrencia de delitos, cinco años.

PESANTESS (incrédulo) ¿Qué es esto? El mayor peligro para la civilización, el que con sólo un punto y coma asesina a tiernos infantes, y usted quiere enjuiciarlo por... ¿¿insultos??

SAMÁN (compungido) Era sólo una idea.

Entra sin anunciarse un SEÑOR OBVIAMENTE CORRUPTO.

SEÑOR OBVIAMENTE CORRUPTO: Tengo un asunto para tratar con usted en privado, Señor Pesantess.

PESANTESS: Está bien, Sr. Obviamente Corrupto. Ustedes, déjennos solos un momento.

PESANTESS indica con un gesto que los demás esperen fuera. Salen.

El SEÑOR OBVIAMENTE CORRUPTO le lanza un abultado sobre a PESANTESS, con una sonrisa conspiratorial. Éste echa un vistazo dentro del sobre.

PESANTESS: ¿Y usted cree que con eso puede comprarme? Qué asco. Como si yo fuera tan barato.

SEÑOR OBVIAMENTE CORRUPTO: Usted lamentará esas palabras.

PESANTESS: No lo creo. Soy el héroe de esta película.

SEÑOR OBVIAMENTE CORRUPTO: Bueno, me voy. En mi Porsche del año.

PESANTESS: (de repente más animado) ¿Un Porsche? ¿Qué modelo? ¿Tiene televisor satélite?

ESCENA 5 INTERIOR NOCHE

Altas horas de la noche. El despacho de PESANTESS, quien se ha quedado solo. La taza de café está vacía. Hay unas llaves de carro sobre la mesa. PESANTESS se sienta delante de su computadora.

PRESÚNTEZ: (hablando solo mientras teclea) Hmm. ¿Será que Montiel se escribe con una sola L?

ESCENA 6 INTERIOR ATARDECER

Un ascensor. SAMÁN RUSHDIE se adentra inocentemente en él. Tras él, apresuradamente entra un PERIODISTA, con abultada gabardina y siniestra sonrisa.

ESCENA 7 INTERIOR ATARDECER

El mismo ascensor, en la planta baja, con la puerta abierta, rodeado de policías. En la pared del ascensor, escrito con sangre: MATON.

PÉSAMEZZ: Qué asco de vida, qué asco de ciudad. No era tan guapo como yo, evidentemente, pero era nuestro mejor hombre. Un santo, vaya. ¡Cuánta violencia verbal!

Suena el celular de PESANTESS (música: "Fumando Espero").

PESANTESS: ¿Sí? ... Sí, cariño. Claro. Sí. No. No, no es necesario. Sí, por supuesto, escoge el policía cojudo que quieras. Ya. Sí, pero dentro de unas horas. Adiós. (dirigiéndose a un policía) Mi mujer. Parece que acaba de atropellar a una niña en la carretera. ¡Pensar que en este mundo todavía, en algún lugar, hay quién se preocupa por las niñas atropelladas en la carretera! Es hasta tierno.

El policía asiente con la cabeza, y ambos se quedan mirando la pintada del ascensor, ensimismados.

ESCENA 8 INTERIOR DIA

Una sala de juicios llena de gente. Allí está sentado EMIGLIO PAGLIACCI, con sus esbirros, sonriendo de manera siniestra.

PESANTESS: ¿Cómo puede quedarse tan tranquilo?

SAMÁN: Jefe, acabo de darme cuenta de algo.

PESANTESS: ¿Qué?

SALOMÓN: ¡Nos olvidamos de sobornar al juez!


ESCENA 9 INTERIOR DIA

La misma sala de juicios.

JUEZ: (con aire asustado, apesadumbrado) He decidido que tengo que marcharme, se me necesita urgentemente en otro lugar. Por eso hemos decidido, entre el Fiscal y yo, que quien debe de llevar este caso es otra.

PALAZZI: (levantándose)¿¿Qué??

PESANTESS: El último que queda en la cancha es el que gana. Y yo en mi puesto soy intocable. ¡Ja!

(música)

ESCENA 10 EXTERIOR DIA

En la calle, PESANTESS sale del imponente edificio donde ha trabajado todos estos años. Un PERIODISTA se le acerca.

PERIODISTA: Acaban de declarar que eso de las manos limpias era un error. Ahora ¿qué piensa hacer usted?

PESANTESS: Ir con las manos hechas un asco.

El PERIODISTA se le queda mirando con admiración y cara de "qué gran hombre". SARA MONTIEL se aleja poco a poco, adentrándose en la niebla hasta quedarse invisible.

FIN, MUSICA Y CREDITOS


(con disculpas a Brian de Palma)



Nota: lo anterior fue escrito antes de que se diera la noticia de que en el "juicio político" de Pesántez un simpatizante suyo ingresó armado a la sala. Lo que obligaría a reescribirlo todo con el Fiscal en el papel de Capone, pero no me da la gana.

Wednesday, April 7, 2010

El profeta

Esta vez no se trata de Kehlog Albran, sino de un profeta de verdad, Matt Johnson, quien me sirve acá para dejar plasmado, sin tener que escribir nada yo mismito, un pensamiento sobre lo que él llama el conflicto de culturas entre Occidente e Islam. Bueno, eso a nivel superficial, pues si se lee, mira y escucha poéticamente dice mucho más que eso. Atención al pez moribundo al principio. Lo increible es que esta canción se escribió cuando la Guerra del Golfo era apenas un destello siniestro en el ojo izquierdo de Bush Senior. Yo no tengo esos dotes, lastimosamente.

(Para no conocedores de Johnson, recomendable también esto, y esto. El 51avo Estado es el R. hUnDido, evidentemente, pero podría ser algún otro.)

Monday, April 5, 2010

"Colorless green ideas sleep furiously."

La frase es de Chomsky, quien la acuñó con la intención de demostrar lo fácil que es construir una oración que es a la vez perfectamente gramatical y absolutamente sin sentido. Sospecho que en realidad no le fue tan fácil dar con ese ejemplo. Uno se pone a estrujarse el cerebro ideando frases enteras que cumplan la condición de no tener el más mínimo significado, y al final sale derrotado, ignominiosamente.


El vacío perfumado revolotea encima de tu hamburguesa.


Éste fue mi primer intento, pero se nota que es de un simple aficionado en el arte de la incoherencia. En realidad, la frase parece sacada de una letra de canción al estilo de una de esas bandas de moda devotas del pop-Weltschmerz con pretensiones poéticas. Significa hasta demasiado: significa que quien lo canta padece, como algunas piscinas de Villa Yagüachi, de falsa profundidad. Volvamos al ataque:


No hay que pedir hostias al calamar.


Prometedor, ¿verdad? El problema sobreviene cuando un momento de reflexión equipara la frase con el familiar "no hay que pedir peras al olmo", de que resulta ser un calco inconsciente, algo excéntrico pero con idéntico significado. Nada, volvamos a intentarlo.


Sus algas postizas no me decepcionan lo suficiente.


Creo que voy mejorando. El problema con esta frase, como con tantas otras del mismo estilo, es que desafía al lector a crear un contexto imaginario que le concediera significado, lo cual en este caso no resulta demasiado difícil. Pensemos en un director de teatro que quiere, de modo cortés y caballeroso, llamarle la atención a la actriz que hace el papel de sirena sobre el mal posicionamiento de esas plantas marinas hechas de trocitos de tela que son lo único que le cubren la parte superior del cuerpo. De repente la frase no tiene nada de incoherente. Ahora, en un claro intento de impedir este proceso racionalizador, Chomsky opta por emparejar conceptos mútuamente excluyentes, como incolor y verde. ¿Le sale bien la jugada?

Yo diría que no. Nuestro hambre de significado es tan fuerte que nos obliga a crear sentido hasta de los ingredientes más reacios. En este caso, si convenimos en que eso de las "ideas verdes" hoy en día sugiere irresistiblemente ideas ecologistas, y que esas ideas en general suelen ser (según acepción vigente de "colorless") anodinas, aburridas o sosas, entonces la primera parte de la frase no presenta ninguna dificultad de interpretación. (Sobre lo aburrido que es el ideario ecologista, me remito a los focos ahorradores. Yo de niño quería ser Tarzán; Johnny Weissmuller era mi único role model que ahora recuerdo. Tuve que venir a Ecuador para conocer a su mamá, pero aun así, con tanta Amazonía flotando por ahí uno esperaba poderle seguir la pista así sea de lejos. Nada: focos ahorradores y buenas noches. Salvemos el planeta. Regenerémonos todos. Separa tu basura, recicla tus amantes, ahorra neuronas, no salgas de casa.) Y referente a la furia con que esas ideas duermen, Yasuní-ITT. No hay mejor testimonio. Bueno, hasta que apareció ese curioso especimen, la señora Inés Manzano, que el otro día fue calificada por el Presidente de "mentirosa", con toda la razón del mundo, pues si una se pone a defender a los tiburones hay que ser un poquito coherente y defenderle también a él, el tiburón más grande y dentudo de todos, el martillo de los sábados, si no, ¿en qué quedamos? Y sin embargo, ese sueño eterno de los justos al que ha sido relegado el ecologismo por el gobierno actual, que ya harto favor le hizo concediéndole un pequeño espacio en la Constitución, no parece bastarle a los ecologistas, que ahora se ponen hasta hechos unas fieras con el fracaso teledirigido del plan Yasuni. Todavía puede que esos anoraks terminen siendo los que provocan el descalabro de este gobierno, que sólo espera que alguien descubra el fallo tectónico que lo atraviesa. Cosas más extrañas suceden en alta mar.

Pero luego uno piensa: no hay que pedir hostias al calamar. Ni hamburguesas al perfumado vacío.

Saturday, April 3, 2010

Nueva oferta televisiva

A las pocas horas de publicarse la última entrada de este blog, mi buzón fue inundado por un correo en que un lector me criticaba por referirme a Correa como "presentador" de televisión. La verdad, lo decía de modo proléptico, pues el programa mencionado todavía no ha salido al aire, salvo en un episodio piloto que pocos llegaron a ver; sin embargo, ya que forma parte de una proyecto del gobierno para hacerse con una gran audiencia de masas en los canales del estado lo mismo que en los quioscos (véase la nueva propuesta de diario "popular"), en un futuro próximo, valdría la pena ser un poco más preciso.


El programa ¿Quién Quiere Ser Presidiario? se define como "un concurso especial para periodistas, que servirá para dar a conocer las verdaderas intenciones del gobierno respecto a la libertad de expresión y contrarrestar la propaganda de la oposición en torno a este tema". Cada semana, se invitará a un grupo de estudiantes de periodismo a concursar, mediante preguntas sencillas como:


¿Cuál de los siguientes epítetos es un término cariñoso?

A. Matón
B. Bocazas
C. Gordita horrorosa

ó

¿Cuál de las siguientes frases es más injuriosa?

A. Vieja pelucona
B. Idiotas como tú...
C. Póngase a trabajar

Según contestan los concursantes, irán acumulando puntos que, para el ganador final, se convertirán en unas vacaciones de tres años en el exclusivo resorte de moda "la Peni", con todos los gastos pagados. A los perdedores se les ofrecerá como premio de consuelo un empleo de columnista en El Telégrafo. La serie se empezará a emitir el próximo mes de agosto.

Asimismo, y comenzando en el mismo mes la oferta televisiva estatal se enriquecerá con el programa-concurso No Haga Negocio Conmigo. Este concurso, según los mismos apuntes gubernamentales se define como "un concurso educativo, que enseña lo importante que es la dignidad para el verdadero progreso de un pueblo". El presentador, Rafael Correa, en este programa se rodeará de un par de "espectaculares bellezas", cuyas identidades aún no han sido reveladas, aunque se rumorea que tras conocerse el formato del programa, Fernando "el Corcho" Cordero se ha sometido a un regimen de adelgazamiento, y Ricardo Patiño ha reservado fecha para una cirugía de implantes de glúteos. En este programa, los concursantes asumirán el papel de gobernantes de un país, y el objetivo del juego, como el título indica, será ahuyentar toda posibilidad de "hacer negocio" con un panel especial de desalmados capitalistas chinos, que intentarán traicioneramente invertir en el imaginario país, financiar proyectos y crear riqueza. Cada vez que el concursante consigue frustrar tales intentos de negociar un contrato, mediante alegatos fantasiosos, se le sumarán puntos en su contador de Dignidad, los cuales al final del programa se podrán canjear por premios, como por ejemplo un año entero de cortes de luz diarios, o un lujoso secuestro express nada más abandonar el estudio.

Con estas y otras ofertas similares, el gobierno demuestra su firme intención de crear un nuevo estilo de hacer televisión, a la vez educativo, estimulante y popular. Desde aquí se les desea la mejor de las suertes.

Friday, April 2, 2010

E Bananibus Unum

El otro día estaba el esa librería de la ESPOL frente al Malecón. Allí me llamó la atención un libro delgadito, de tapa negra, con el título

Ecuador: de Banana Republic a la No República

cuyo autor resultaba ser el mismísimo Rafael Correa Delgado, famoso comediante, crítico gastronómico y presentador del popular programa sabatino ¿Quién Quiere Ser Presidiario? La verdad, tuve curiosidad y hasta me molesté en preguntar el precio del libro, pero al enterarme que costaba $18.00, o sea, unos 11 centavos por página, desistí de mi intención de comprarlo, pues no estaba tan seguro de poder justificar tan ingente gasto ante mi esposa. Sin embargo, durante el posterior viaje en Metrovía pude reflexionar que, del mismo modo que los cantantes populares casi siempre resultan ser pésimos actores, los políticos suelen salirnos unos escritorcillos truchos, a pesar de que en ambos casos esas personas suelen considerar tales incursiones como algo natural, hasta como un derecho adquirido. En el caso de Correa, la falta de vocación de escritor se hace patente ya en el título del libro. Alguien le tenía que haber avisado de que el título es, o debería ser, un poderoso gancho para el lector. Y si uno se propone coquetamente servirse de un término en inglés ("Banana Republic") desdeñando la traducción en castellano avalada por escritores de prestigio como Neruda, pues bien, entonces con ese pretencioso anglicismo haz algo. Eso de "la No República" nos abofetea con su falta de ingenio unido a su extrema imprecisión, como coletilla de penosa mediocridad.

Y entonces se me ocurrió:

Ecuador: de Banana Republic a Just Plain Bananas

Sencillo, ¿verdad? La escisión de la noción de república se propone de igual forma, pero ahora se nota mayor equilibrio en el título, que contrasta dos términos en inglés, uno referente al Ecuador de antaño, país productor de banano y sometido a políticas neocolonialistas, y otro que denota el Ecuador de ahora, país encarcelador de periodistas y sometido a una constitución ridícula y a los caprichos autoritarios del caudillo de turno. Y eso mediante el simple empleo de una expresión coloquial inglesa de uso extendido en los países angloparlantes, que alude a la locura que invade a una tropa de simios cuando de repente les cae del cielo una buena porción de esa fruta que ellos más valoran: lo cual nos sirve de metáfora idónea para la clase política actual, evidentemente.

Se me antoja hasta demasiado bueno para dejarlo pasar. Con tiempo, tal vez un nuevo blog...