Monday, May 31, 2010

Cita del día (el evangelio antireligioso de Dawkins)

La misma excusa de siempre. Tengo 44 planes de clase, seis traducciones y dos exámenes entre mí y el tiempo para pensar.

"If you're going to complain about children being indoctrinated with phoney values, why not start with the left-inspired ideology taught in schools these days under banners such as "citizenship" and "ethics"? The reason Dawkins picks on religion is simple (and it’s this which undermines his claim to be acting as the champion of enlightenment): it is an easy target because it’s already fashionable to kick it. Its intellectual power — certainly in formerly Protestant countries other than the US — is minimal. I have a bit more sympathy with Daniel Dennett plugging the same line in the US, as Christianity actually has some cultural influence over there."

(De un interesante blog que acabo de descubrir. El autor parece adolecer, eso sí de una forma algo atenuada, de la hilarante y entrañable falta de humor de su ídolo, la filósofo Celia Green, quien a mí me fascina no tanto por su increíble talento por ahuyentar a los mecenas en perspectiva, por culpa de su estilo entre quejumbroso, pordiosero y desabrochado, como por su parecido con una compañera mía de universidad, una tal Michelle Stubbs, que una vez me confesó con la cara algo triste que no sabía lo que era un sentido de humor. En fin. Estoy en tal edad que difícilmente tolero a las personas que no demuestren por lo menos algo de excentricidad.)

Thursday, May 27, 2010

Jeremy Ironies

Es difícil no estar en desacuerdo con quienes niegan que una absoluta falta de sinvergüencería no sea precisamente algo de que ese hombre dejaría de carecer.

(Versión para no asiduos de Hansard: el tipo vale verga.)

“La gente tiene que reducir su nivel de vida para que la riqueza pueda ser repartida.”

Así farfulla el actor, dueño de siete (7) casas, entre ellas, un castillo en Irlanda de color rosado. También cree que la guerra es una manera de que "la naturaleza" controla la población, y que "tenemos que encontrar maneras de no botar nuestra basura y desechos". Es decir, hay que seguir conservando los viejos videos de Brideshead aunque el VCR ya no funciona.

THE EONS ARE CLOSING!

Envejecer no hace sabio: sólo desnuda la idiotez. Se amenaza película, a menos que Al Gore le diga cuál es su sastre.

Tuesday, May 25, 2010

Un héroe, y una diosa

Pura nostalgia. (Creo que fui entre los primeros a caer ante el primer álbum de los Pretenders. Fue escuchar Lovers of Today en la radio y darme cuenta de que eso era otra cosa. Bert Jansch y Stefan Grossman fueron quienes me dieron qué tocar en la guitarra en todos esos años.)



Monday, May 24, 2010

Pechos voluptuosos que derriten glaciares

Ya les hablé del inefable Doctor Rajendra Pachauri, el actual Rey del Cambio Climático. Lo que no sabía en ese momento era que el tipo además de ser hombre de negocios, experto en derretimiento de glaciares y multimillonario climático, era novelista.

“Sanjay saw a shapely dark-skinned girl lying on Vinay’s bed. He was overcome by a lust that he had never known before … He removed his clothes and began to feel Sajni’s body, caressing her voluptuous breasts.”

Parece ser que el buen doctor, a sus casi 70 años, tiene el mismo síndrome que yo cuando alcancé los 40: un intenso y desesperado anhelo de sintetizar y destilar su experiencia de la vida de modo literario, para poder, mediante un cómodo e inofensivo autoengaño, tener la sensación de burlar un poquito la mortalidad.

El único problema, en el caso del Dr Pachauri, es que ese legado literario, esa rica cornucopia de experiencia humana a lo largo y ancho de tres continentes, parece reducirse fundamentalmente a dos observaciones:

1. La influencia histórica del hombre sobre el medio ambiente ha sido negativa.
2. Los pechos desnudos de las mujeres suelen ser voluptuosos.

Según las reseñas de esta novela, la segunda observación es la que nos presenta con mayor énfasis y agresividad. Sin embargo, se echa de menos un gráfico que demuestre que la tal voluptuosidad ha sido constante durante los últimos mil años, mientras que en los últimos setenta, ha presentado una fuerte tendencia al alza, que hace urgente la necesidad de intervención por parte de los gobiernos mundiales para evitar posibles catástrofes inminentes.

Sunday, May 23, 2010

Cita del día (Burqa, etc)

"The French seem to take secularism to religious extremes..."

(de un comentario a este artículo)

Los franceses parecen llevar el laicismo a extremos religiosos.

Allá en Cataluña, hace algunos años, una psicóloga me comentó un día en tono resignado que el barrio donde ella vivía se había llenado de ecuatorianos bulliciosos y pendencieros. Puse cara de limón. ¿Qué te hace pensar que son ecuatorianos? le espeté, esperando la respuesta más predecible: qué quieres que sean, si llevan gorras de beisbol y la mitad de las mujeres andan con el pelo teñido del mismo color de la piel, para que de lejos parezcan macrocefálicas calvas. Pero lo que me dijo, sorpresivamente, fue esto: qué quieres que sean, si casi todas las noches al salir una al balcón se escucha: puta, yo te vi mirando a ese hombre, a mí no me engañas, ya te dije que no te pongas esa falda que se te ve todo.

Fue cuando me enteré de que en Ecuador primaba un extraño código social según el cual los casados o emparejados no debían mirar a seres humanos del sexo opuesto, con excepción de la pareja; también, que el marido ecuatoriano prefiere que a su mujer no se le vea todo. (Todavía no me consta con seguridad que lo mismo esperan las mujeres de sus maridos.) Lo que últimamente en algún momento me ha hecho pensar que tal vez se estila en este país, y en algún otro, que las parejas casadas ejerzan alguna influencia, tal vez un poder de veto, sobre el atuendo de su cónyuge. En mi caso no es así. Mi esposa suele quejarse de que "siempre llevo las mismas camisas", pero nunca lo dice a tiempo para que me ponga otra más a su gusto. Ayer fui a dar clase por la mañana con una camisa azul claro que tenía un pequeño agujero en el pecho, al lado izquierdo, fruto de una ascua de cigarrillo caída hace no sé cuántos años: como toda la familia duerme cuando me levanto, y no quiero estorbar encendiendo luces, sólo me di cuenta de este detalle al salir de casa. Cuando llegué a mi destino, tuve tiempo para comprar una botella de Pepsi, la cual desconsideramente decidió estallar al abrirse, manchando la parte correspondiente de la camisa por el lado derecho. Uno se siente un poquito incómodo dando clase disfrazado de basurero loco. Dicho de otra manera, me encantaría que mi pareja me dictara la ropa que tenía que llevar cada día: sería otra sensación más de culpabilidad y de atroz contingencia existencial que me ahorraría. Claro que no serviría para evitar exuberancias de bebidas refrescantes, pero por lo menos significaría el fin de la exhibición pública de las camisas quemadas.

Por tanto, no me puedo solidarizar demasiado con esas esposas de algunos maridos franceses que supuestamente las obligan a llevar burqa o niqab. Evidentemente, habrá quienes no gusten de este tipo de vestuario, pero la solución evidente en tal caso sería (a) no casarse con ese tipo de hombre, o (b) caso de encontrarse ya casada con uno, divorciarse. La cuestión es que tanto el hombre como la mujer al casarse sacrifica ciertas libertades en aras de la convivencia (me salió clonvivencia, acháquenlo a Freud), de forma contractual; el matrimonio en teoría no tiene por qué suponer ningún sacrificio, pero en la práctica casi siempre conlleva alguno. Si tal sacrificio te parece demasiado grande o injustamente repartido, no te cases. Yo para estar casado he dejado de beber, de fumar en la cama, de frecuentar prostíbulos, de leer novelas, de bailar, de pasar sin afeitarme más de dos días, y de decidir cómo gastarme la plata (como no acostumbro tener plata, este último sacrificio es más aparente que real). Mi esposa ha dejado de decir démelon (por dénmelo) y de teñirse el cabello de un color nuevo cada tres días. En todos estos casos, ni ella ni yo sentimos la necesidad de que el Estado intervenga para sancionar al supuesto autor de tales crueles limitaciones a nuestra libertad. Hasta diría que para mi esposa sería noticia el que por culpa suya yo haya dejado de leer novelas. El sacrificio no es resultado de una prohibición explícita, sino del deseo de evitar escenas desagradables (tipo "qué chucha haces ahí leyendo, como vago, cuando hay tanta cosa por hacer"). Yo me imagino que ha de estar así en muchos casos, tengan o no algo que ver con el tema de la ropa. Y convengamos en que, de todas maneras, para la gente pobre y trabajadora la ropa es un asunto absolutamente trivial.

Por todo ello, me parece francamente surrealista esa nueva ley francesa que, no contenta con prohibir que alguien lleve la cara tapada, al estilo niqab, hasta pretende sancionar con fuertes multas al marido que insista en que su esposa lleve tal atuendo. Examinemos los argumentos presentados en apoyo a dicha ley:

(1) Llevar la cara tapada en público es incompatible con el secularismo (laicité).
En primer lugar, aunque no he podido comprobarlo de modo satisfactorio, el artículo antes referido sostiene que ni el burqa (enfantasmamiento de cuerpo entero) ni el niqab (taparse la cara al estilo policía antinarcóticos) son preceptos islámicos, sino que son simples tradiciones culturales de ciertas comunidades y naciones. De ser cierto, esto haría irrelevante cualquier argumento relacionado con la laicité, entendida ésta como la ausencia de influencia religiosa en la vida pública. Si por el contrario se acepta que el taparse la cara es habitualmente una práctica religiosa, o que lo importante es que sea interpretado como tal, entonces por simple coherencia estaríamos obligados a prohibir un sinnúmero de manifestaciones de prácticas religiosas afines actualmente permitidas hasta en Francia. Yo recuerdo de mi niñez que en los años sesenta las mujeres católicas todavía se cubrían la cabeza para asistir a misa (fruto de una interpretación literalista de San Pablo). Los judíos ortodoxos se dejan crecer las patillas (aquí la interpretación es del Leviticus, donde dice que "no hay que cuadrarse la cabeza"). Los Sikhs llevan turbante y no se cortan el cabello. Los Hari Krishnas llevan ropa anaranjada. Las Testigas de Jehováh llevan vestidos largos, para no tentar a los hombres con la voluptuosidad de sus pantorrillas. Los Amish llevan fibras naturales. De modo que en una supuesta sociedad laïque, tendrían que prohibirse los vestidos largos, las patillas exuberantes, la ropa de color naranja, los cabellos largos, los turbantes, las fibras ostentosamente naturales y cualquier tipo de sombrero o pañuelo que cubra la coronilla. Pero hay más. Sería inaceptable llevar una cadena alrededor del cuello con una medalla de San Cristóbal, o una cruz. Asimismo, las cruces por ser símbolo cristiano no deberían ser visibles públicamente bajo ninguna circunstancia, ni como adorno en la ropa, ni como forma arquitectónica. Podríamos fácilmente extender la lista, pero el punto es obvio: es prácticamente imposible impedir que en algún lugar, en algún momento, se asome públicamente algo que pudiera interpretarse como símbolo religioso. Y en todo caso, convengamos en que el taparse la cara no tiene por qué interpretarse así. Hasta es bastante probable que algún día llegue una moda juvenil al estilo punk o goth de taparse la cara, como extensión lógica de la moda hoodie de nuestros días. Prohibir tal cosa, entonces, sería lo mismo que prohibir que los hombres lleven el cabello en colita, o que la gente se tatúe, o que se perfore la nariz. Adieu, Notre Dame de Paris, hola, 1984.

Frente a estos absurdos, si realmente nos interesa salvar el concepto de laïcité, mejor lo limitamos a la encomiable voluntad de evitar que las religiones se impongan en la sociedad civil, es decir, evitando que el estado las financie siquiera mínimamente, por ejemplo.

(2) El taparse la cara ayuda a cometer robos y otros crímenes.
No he visto citarse ningún estudio que lo demuestre. Sería interesante conocer las estadísticas de robos y asesinatos cometidos en Francia por mujeres vestidas con burqa o niqab. Sospecho que habrán sido poquísimos. En todo caso, lo mismo se podría decir de cualquier ropa holgada: ayuda a cometer crímenes, en el sentido de que permite esconder armas blancas o de otro tipo (en relación a esto, una maligna ocurrencia de un dibujante de Private Eye, basándose en la architemida pregunta de las esposas inglesas Does my bum look big in this?, fue dibujar a una mujer palestina con chador total diciendo al marido Does my bomb look big in this?). Si la seguridad contra el crimen es más importante que la libertad para llevar la ropa que uno quiere, mejor hagamos una ley que diga que todo el mundo debe de ir siempre en bañador o biquini, o por lo menos en ropa muy apretada.

(3) Las mujeres que llevan la cara tapada lo hacen porque les obligan los maridos o las comunidades. No tiene nada que ver con ninguna libertad.
Eso no es necesariamente cierto. Allá en el Reino hUnDido, más de una vez me he topado con artículos y entrevistas donde algunas mujeres de esas ciertas comunidades aseguraban que el velo les proporcionaba una sensación agradable de anonimato y de seguridad, y que sin él se sentían expuestas, vulnerables y avergonzadas. Es decir, ellas lo escogían libremente porque complementaba su forma de ser. Lo entiendo perfectamente. Si llegara a ser moda masculina, yo también iría con la cara tapada todo el tiempo. En mi caso, y dado que soy extremadamente feo, sería un acto intachable de generosidad hacia mis semejantes. En todo caso, como antes dije, el quid está en propiciar una cultura social donde para casarse nadie se sentiría ni obligado ni presionado, y donde el divorcio sería un simple trámite sencillo e instantáneo al alcance de todo el mundo: para que los que actuén habitualmente por obligación impuesta por el cónyuge sean solamente los que realmente quieren someterse a ese tipo de regimen, por natural y bendita perversidad. Cualquier otra cosa es marear la perdiz, y hacerles pagar a los solteros los platos rotos de los casados.

(4) Esa gente que viene de fuera tiene que adaptarse a nuestras costumbres, de la misma manera que cuando nosotros vamos a sus países tenemos que adaptarnos a las suyas.
Es discutible hasta qué punto una mujer "occidental", fuera de los casos extremos de Irán y Arabia Saudita, se encuentra legalmente obligada a llevar ropas exóticas en sus viajes por el mundo. Pero en todo caso, aquí creo que llegamos al meollo del asunto. Olvidémonos de los argumentos hipócritas de secularismo, de peligrosidad criminal y todo lo demás, y convengamos que de lo que se trata en realidad es de una expresión de rechazo a una cultura que se considera inasimilable y peligrosa para la, ejem, clonvivencia. Da lo mismo que esa cultura provenga del Quran o simplemente de los prejuicios de algunos mullahs influyentes. La cuestión es que no nos gusta, y nos sentimos amenazados.

Si de Islám se trata, a mí tampoco me gusta. Me parece una religión peculiarmente antipática, estúpida y miserable. Pretende abiertamente construir estados antiliberales, y donde aun no alcanza tal fin, construye comunidades antiliberales. Algunos creen que contra ese tipo de amenaza hace falta un Estado fuerte, que intervenga activamente a favor de los que tal religión o cultura pretende oprimir, principalmente las mujeres. Yo considero errada esa opinión. Primero, porque en una sociedad razonablemente abierta y tolerante, el Estado, con la mejor voluntad del mundo, que ya es decir, realmente no puede hacer mucho para ayudar. Para que tal intervención sea eficaz, hay que renunciar a tantas libertades que el objetivo empieza a ser cuestionable. Estamos sacrificando liberté en el altar de egalité, a marchas forzadas, y la fraternité hace tiempo que ya ni se asoma. A veces para vencer a un enemigo hay que parecerse a él, de acuerdo, pero siempre a título individual y voluntario. Yo puedo convertirme en monstruo para defender a mi familia, pero en todo caso con la idea de que así ellos no tendrán que convertirse en monstruos. Si todos tenemos que ser monstruos (en el caso que nos ocupa, si todos tenemos que postrarnos tres veces al día en dirección a Paris, y llevar solamente aquella ropa que el Estado (que Robespierre le bendiga) haya pronunciado apta para la clonvivencia pacífica, ya perdimos el argumento y la batalla.

Frente a eso, sostengo que nadie se tiene que adaptar a las costumbres de nadie. En una situación normal, la mujer que lleva la cara tapada sólo molesta a las personas profundamente intolerantes, los que quieren vivir en una monocultura, es decir, los que quieren rodearse de copias de sí mismos. (Seguramente, tales personas tampoco estarían cómodas en una ciudad como Toronto, donde las normas municipales permite a las mujeres andar en topless sin ser detenidas por espectáculo indecente o cualquier idiotez de leguleyada por el estilo.) Ser tan intolerante, aceptémoslo, no es compatible con la vida en sociedad. Y si no estamos en tal situación normal, si a mucha gente de buena voluntad le infunde paranoia ver lo que consideran una invasión de costumbres y atuendos exóticos y amenazadores, la culpa en gran parte la tienen los mismos gobiernos que cuando no nos están largando sermones sobre la diversidad, se dedican casi a tiempo completo a los negocios de la guerra, al discurso del odio, y a la infamia de las leyes migratorias xenófobas.

(5) La prohibición es voluntad de la mayoría de franceses, y punto. No tenemos que dar explicaciones.

Cuando ellos sean mayoría, entonces, podrán decretar lo que les venga en gana sin dar explicaciones ni atenerse a ninguna norma civilizada. La raison du plus fort, justo lo que ellos quieren. Gracias, cojudos.



Désolés, Monsieur Jackson...

Monday, May 17, 2010

¿Qué tan escandinava es la muerte?

Estaba viendo (cortesía Teletubbies) a unos niños en un campo, bailando en círculo. Alrededor, unas casas grandes que ellos nunca sabrán construir. Hierba que nunca sabrán cortar. Árboles que nunca sabrán plantar, ni podar, ni talar. Llevaban puestas unas camisetas, como las que nunca sabrán confeccionar, hechas de materiales que nunca sabrán identificar. La música venía de un equipo electrónico cuyos circuitos nunca sabrán entender.

Sube la cámara (pan up). Por encima de ese horizonte entrañable, como torres gigantes, como cristos redentores, como estatuas de Ozymandias, tres seres fantasmagóricos hechos de nubes: un policía sonriente, una enfermera tetona y un político encorbatado.

Poco a poco se desvanecen en el aire. Lo último que queda del político, tal gato de Cheshire, ese rictus. "Soy pecador arrepentido, jaja".

Cuando volvemos a bajar, la tierra está desierta, y el viento lleva arrastrando unos billetes de una denominación desconocida.

¿Qué tan escandinava es la muerte? Yo me paso los minutos libres calculando cuánto tiempo me queda, calculando pero sin datos, utilizando sólo el álgebra de mis respiraciones. Si estuviera en los Paises Bajos (o Bélgica, Luxemburgo, o para más inri, el mismo estado de Oregon) iría a ver a esa enfermera tetona. El sonriente político me lo facilitaría. Las tetas son tetas, no importa quién las tiene. Son la viva evidencia de todo lo que decían Plotinus, Pico Della Mirandola, Blake, Jakob Boehme, cuanto hereje en el mundo ha sido, acerca de que todos los seres humanos tenemos una esencia común y comunicable.

Iría para decirle: "últimamente me asedian ganas de cagarme en la leche. No se vaya a permitir tal cosa. Eutanásienme." (Todavía no.)

¿Qué tan escandinava es la muerte? ¿Por qué la muerte legal, asistida, facilitada, la muerte entre tetas, se considera un lujo y una excentricidad de paises nórdicos? ¿Es que aquí faltan tetas o qué?

Sunday, May 16, 2010

Robin Hoods

¿Cuántos? ¿Alguien lleva la cuenta? Recuerdo que allá por los 80 salieron dos, simultáneamente. Con característica perversidad, sólo llegué a ver el que todos decían que era el peor, el de Kevin Costner (por lo poco que recuerdo, era otra costnerada). El Príncipe de Ladrones todavía me espera. Y este nuevo.

Robin Hood dispenses with much of the mythology - including his reputation as the man who stole from the rich and gave to the poor - and transforms the hero into a war veteran swept up in political intrigue.

Buah. Seguro que no le hará sombra a Erroll Flynn.

Pero algo falta aquí. Imaginación. Hay que adaptar la historia a los tiempos que corren. Hoy en día, a los veteranos de guerra de vuelta de Afghanistan no les esperan intrigas políticas, sino coaliciones de oportunistas querubines en corbatas. Probemos algo diferente.

SHERIFF OF NOTTINGHAM: ¿Qué nuevas traedes?
ADALID: Noticias terribles, mi señor. Las fuestes indígenas de la selva capitaneadas por Robin Hood se están dedicando a la caza indiscriminada de venado, lo que pone en peligro la biodiversidad de toda la floresta y podría desembocar en una tragedia ecológica. Ya se han detectado aumentos considerables en la población de champiñones en la región.
SHERIFF OF NOTINTERESTED: ¿Qué más?
ADALID: Han amenazado con cerrar la carretera principal que pasa por en medio de la floresta, señor, dando lugar a escasez y aumento de precios de ciertos legumbres en la ciudad de Nottingham, si no se cumplen sus demandas, que nadie sabe cuáles son.
SHERIFF OF NOTINMYBACKYARD: ¡Pero si cierran esa carretera, no podré llegar a Melton Mowbray para hacer mi monólogo zabatino zemanal ante mis zúbditos! ¡Y tenía comprada esta nueva zaya especialmente para la ocasión! ¿Os agrada?
ADALID: Permíteme sugeriros algo, señor. ¿Vos habedes visto la película de Jean de Florette?
SHERIFF OF NOTINTOFRENCHCINEMA: ¿Cómo querés que viese tal cosa, bellaco, si todavía faltan unos 800 años para que se invente el proyector cinematográfico?
ADALID: Pues es muy sencilla la cosa, mi señor. Ese Robin Hood es un fombre como cualquiera otro. Como tal, necesita agua. Ahora hay un arroyo que corre por la floresta. Si vos nacionalicás el agua, como medida previa, y luego bloqueas la fuente de ese arroyo, no tendrá de qué beber. Tendrá que abandonar la floresta con todas sus forripilantes fordas.
CHAMPIÑON 1: Hola, ¿hay alguien en casa?

Griterío y música heroica. El SHERIFF y el ADALID desenvainan sus espadas y se preparan para una pelea a muerte contra los CHAMPIÑONES GIGANTES GENÉTICAMENTE MODIFICADOS que se abalanzan por la ventana.

Wednesday, May 12, 2010

¿El peor nombre de marca o de empresa?

La traducción va como va. Me queda un día, 12 páginas y todo el formateo y la corrección de pruebas. Mientras tanto:

En Durán, uno está acostumbrado a pasar al lado de un edificio perteneciente a una cooperativa de seguros y préstamos a plazo fijo llamada La Dolorosa. Si en cambio vives cerca del aeropuerto, le habrá llegado a parecer normal que haya una compañía aérea llamada Ícaro. Hace tiempo que se habrá olvidado de esas terroríficas visiones de un avión de esa empresa cayendo del cielo como su tocayo o inspiración original. Pero no sé, todavía, cuántas visitas tendré que hacer a las farmacias locales para que deje de parecerme chocante que a una marca de condones alguien le haya puesto Trojans. Me pregunto si es posible ver ese nombre en la caja sin que a uno le asedie la alucinación de todos esos espermatozoides aprovechándose de la oscuridad intravaginal para abrir un pequeño hueco en el látex, previamente practicado, y así llevar a cabo su ataque sorpresa contra el indefenso óvulo. Dicho de otra manera: ¿existe mejor manera de dar a entender que algo aparentemente seguro o inofensivo es realmente todo lo contrario, que llamándolo Trojan?

¿Forma parte del Zeitgeist posmoderno la autodescalificación de los productos? ¿Podría ser, en el sofisticado mercado actual, acaso la mejor manera de vender? Cuando crea mi propio perfume, lo voy a llamar Peste. Entonces veremos.

Monday, May 10, 2010

Cita del día (Europa)

Ya sé, es el colmo de la pereza, pero tengo excusa: una traducción de 60 páginas para el viernes mediodía.

Esta idea de gobierno mundial es la que subyace en la construcción de la Unión Europea sin tener en cuenta que el Leviatán al que se ha dado vida es más peligroso para libertad, el progreso y la paz de los hombres que cualquier otra amenaza de la que se les quiera proteger. Mientras tanto, los europeos le devuelven a esta maquinaria burocrática la más grande de sus indiferencias, pese a los fondos que se destinan a fomentar sus símbolos, siguen unidos sentimentalmente a sus naciones, himnos y banderas. Y cuando se les llama a las urnas, la gran mayoría prefiere dedicar su tiempo a otros menesteres.

(de un artículo en el Independent)

A lo que quisiera acotar rapidito, en registro anecdotal:

La coautora del libro de texto que publiqué hace unos 15 años, "Berzita", esa mujer menuda, con voz de Minnie Mouse, aguileña nariz y cuerpo de niño famélico, española de alta alcurnia antaño casada con un lamparoso venezolano, la que servía media hoja de lechuga y brizna de tortilla rancia a guisa de almuerzo - ¿se acuerdan? - pues a ésa misma, tras un hiato en nuestra relación de varios años, la volví a ver cierto día y se me ocurrió preguntar qué había hecho en todo este tiempo para dar de comer a sus hijas.

Según su respuesta, su estrategia ante la cruel indiferencia del mundo había sido coger a estudiantes extranjeros y darles alojamiento a cambio de sumas no desdeñables, amén de otros improbables proyectos de enriquecimiento rápido exento de esfuerzo físico ni mental. Lo que más me impresionó, sin embargo, fue la confesión de que había conseguido pasar varias semanas en hoteles de lujo en diversas ciudades europeas, con todos los gastos pagados, a expensas de la Unión Europea. ¿Cómo así? Pues resultó que lo único que había que hacer era presentar una simple hoja de DIN A4 a no sé cuál instancia burocrática, en que detallaba un novedoso plan de fomentar intercambios culturales entre colegiales de secundaria de diferentes países mediante un revolucionario sistema de intercambio de libros de texto. Es decir, se intercambiaban primero los libros de curso, y a continuación mediante no sé cuál misterioso proceso físico y kinético los libros intercambiados se convertían en sus dueños. La interrogué un poco sobre este plan, lo suficiente para asegurarme de que mi querida Berzita, o estaba como una chota (más que antes, incluso) o bien se había percatado astutamente de que cuanto más incomprensible el proyecto, más impresionaría a los burócratas. Le pregunté qué resultados habían surgido de tal peregrinación hotelera con chequera supranacional. Ella me aseguró que en una de esas ciudades, creo que fue Paris, sí tuvo tiempo para visitar un colegio y hablar con alguien sobre su proyecto. Pero predeciblemente, resultados ni uno. No importaba, dio a entender: que le quiten lo bailado.

Me dio que pensar. Creo que el autor del mencionado artículo exagera en decir que la UE suscita entre los europeos sólo indiferencia. Suscita también, entre algunos, una fundada curiosidad sobre la posibilidad de vivir requetebién a costa de los cojudos. Como toda institución burocrática, llegados a eso.

Lo que pasa es que hay que tener cierto tipo de nariz, que yo nunca tuve. Ni siquiera fui capaz de retener el nombre de la subdelegación educativa a la que había que aplicar con el proyecto surrealista de acercamiento nacional y construcción de armonía universal bajo el brazo.

Sunday, May 9, 2010

¿Eres austríaco?

Hace unos meses, el excelso diario ecuatoriano (según las malas lenguas, caimaneño) El Universo me sorprendió bastante al afirmar, en un artículo, que Hitler era "un dictador alemán". El articulista no indicó sus fuentes de información, pero me hizo reflexionar sobre la ligereza de algunos biógrafos que hasta la fecha han insistido en que tal personaje nació en Braunau am Inn, pueblo austríaco que en aquel entonces pertenecía al imperio austrohúngaro, mismo que posteriormente remodeló sus fronteras para abarcar, como mis lectores saben, un pequeño espacio de suelo elevado en un balcón durandeño, es decir, un enclave dentro del territorio ecuatoriano. Tal afirmación, de que Hitler era alemán y no austríaco, apenas me causó mayor sorpresa que el descubrimiento posterior, a través del mismo diario, de que la universidad donde yo estudié, que yo inocentemente creí era británico, era en realidad estadounidense, como se colige de éste artículo sobre los antecedentes del presidenciable colombiano Mockus:

Mockus se ha desempeñado como profesor e investigador visitante en las universidades estadounidenses de Harvard y de Oxford, dos de los centros de investigación más reconocidos del mundo en ciencias políticas, economía y sociología.

(emphasis mine). Ahora, hace tiempo que algunos nos han ido avisando de que el R. hUnDido ha devenido en el 51avo estado de aquella Unión, sin embargo, yo en mi inocencia creía que eso era una simple metáfora. Ahora, tales confusiones sobre identidad nacional se han vuelto tan corrientes que yo, que hasta la fecha me he considerado austrohúngaro de pura cepa, basándome en el hecho de ser emperador del antes mencionado territorio enclave, he llegado a dudar.

Por eso, arrancando con la afirmación incontestable del escritor George Mikes a efectos de que "todo el mundo es húngaro", quise determinar nomás si tenía título legítimo a la parte austro-, es decir, si soy también austríaco. Encontré en línea un cuestionario que pretende dilucidar este tema, aunque la sorpresa es que en ningún lugar te pregunta dónde naciste. Contesté a conciencia todas las preguntas esta mañana, y la sorpresa ha sido que soy austríaco, sí, pero sólo en un 94%. El restante 6%, según los resultados del cuestionario, me acerca a la ciudad estadounidense (o será canadiense? Que se pronuncien los expertos geográficos de El Universo) de Chicago. Por lo que estoy considerando en serio cambiar el nombre de mi imperio de austrohúngaro a austrohúngarochicagüeñalechense, o algo parecido: como siempre, los lectores tendrán la palabra final sobre los matices ortográficos y fonéticos de este necesario neologismo.

Recomiendo también averigüen si son austríacos o no. Tales conocimientos podrían ser de extrema utilidad más adelante, sobre todo en algún que otro lío de controles fronterizos.

Thursday, May 6, 2010

Pepsi va ganando

En el Reino hUndido, el actual referéndum en torno a la pregunta ¿con qué líquido preferiría que funcionaran los automóviles voladores de mañana? está arrojando un resultado, en este momento, claramente a favor de Pepsi, cuando hace más de una década que la preferencia había sido Coca. La sorpresa de la noche: la Virgin Cola, a pesar de una campaña muy fuerte, parece que pierde terreno. Apasionante.

(Nota: soy tan viejo que de verdad recuerdo una época en que las elecciones británicas despertaban pasiones, y en que nos mofábamos de los americanos por congratularse de su "libertad" mientras eran condenados a elegir entre dos partidos a casi todos los efectos idénticos. Ironías de la historia. Ahora, sólo me queda desearle una pronta recuperación al desdichado de Nigel Farage, con quien me une cierto lazo de solidaridad por un tema que probablemente no interesaría a nadie aquí.)

Heeeere's Lucio

Ayer mi esposa se fue a la metrópolis para sacar el resultado de una prueba médica. A la vuelta me comentó que había topado casualmente con un ex presidente al lado del Correos.

Me hizo recordar lo que me dijo un amigo gringo hace años: qué triste que en un país como Ecuador se vuelva símbolo patrio intocable un simple ganador de medalla olímpico. En EEUU, en cualquier columna delante de la caja de cualquier McDonalds te saldrá un medalla olímpico, tal vez dos ó tres si las papas demoran en freirse. Ahora, tengo ganas de responderle (no se me ocurrió en ese momento): sí, pero en cualquier McDonalds en Ecuador hay una probabilidad altísima de que el tipo delante tuyo en la columna sea un ex presidente. En EEUU, en cambio, los ex presidentes andan tan escasos que hasta hay sociedades dedicadas a su conservación.

El ex Presidente en cuestión, ayer, resultó ser Lucio Gutiérrez, descrito así por mi esposa, con tono de maravillada sorpresa: "es más bajito que yo." (Recordé, inevitablemente, los anuncios publicitarios televisados de sus últimos días de Supremo Pichífice, donde andaba cabalgando, tal un conde-duque de Olivares, sacando cabeza por encima de las marejadas de plebeya adulación.) También: "no tiene ni culo, el pobre" (sic), y "anda como arrugado y muy humilde. Ah, y tiene otra nariz. Me invitó a afiliarme a la sopa, pero dije que no gracias." Bueno, y esta mañana dio la casualidad de que yo mismo vi pasar a su cabalgata, por el Malecón, ahora con modernos equinos de cuatro ruedas en cuyos flancos se veía escrito: Lucio=Seguridad. Me quedé pensando, Cerro Santa Ana adentro (mientras el Metrovía y la cabalgata patriótica se disputaban el palmarés en plan Ben Hur), en lo mucho que había cambiado el país en estos últimos años, para que tal inmenso sarcasmo hoy en día ya no llame apenas la atención. En esta podrida república, hasta parece perfectamente normal que un asesino vaya pregonando por las calles que representa la seguridad. Claro que los familiares de Julio García discreparán de tal mote de Míster Seguridad, pero ¿a quién importa lo que pueden pensar unos chilenos? Pero en fin, a pesar de todo, a pesar de tan corta memoria que tiene el país (o sus medios, por lo menos: peligroso asesino anda suelto en Guayaquil, ni uno que lo saque como titular), no deja de ser una contínua bendición para el actual gobierno, que su única oposición visible siga consistiendo en un cadáver, un bufón y un matón (en el sentido argüellesco).

Y hay que decirlo todo: peccavi. Tuve ganas, ayer, durante como tres segundos, de decirle a mi esposa "si tan humilde va, ¿por qué no lo invitó a nuestra casa a comer?" Ahora, en el caso impensable de que a ella se le hubiera ocurrido tan peregrina idea, y el tipo hubiera aceptado tal propuesta (no creo: por mucha humildad que haya, a subject and a sovereign are clean different things), ¿qué? Habría entonces que reetiquetarme como oportunista, aprovechado, inescrupuloso, ingenuo (capaz de postular un Koronel Kumbaya), o, por aquello del contagio moral, un casi como-si-fuera asesino? (Recordemos que Lucio, según columnista de El Telégrafo, es acusado de ser del Opus, convicto por asociación: yo soy desde hace años racista también por asociación y por Google; es curioso que la mierda se pega siempre y las aureolas, nunca). Pues en realidad, no, pero me cuesta explicar esto ante un público imaginario de jóvenes moralistas. En realidad, lo de dime con quién andas sólo es válido para cierto tipo de persona: tal vez, para ese tipo de persona que es capaz de mirar dentro de sí y encontrar esa sustancia elusiva que tantos años buscó en vano Sir Walter Raleigh, la autoestima. Esas personas que escogen sus amistades, sus comensales y sus conversaciones por puntaje social, para ganarse créditos en el Banco de la Presunción. Yo, en cambio, me siento a comer con cualquiera con tal de que la conversación prometa ostentar valor periodístico o novelístico, que haya de qué escribir después. Es lo único que pido de cualquier compañía. Asimismo, soy capaz de sentir hacia la misma persona y al mismo tiempo cierta simpatía, y cierto deseo de empujarla por el balcón de un octavo piso. Las dos cosas no están en absoluto reñidas.

Si crees que sí, es que todavía no te has casado. Formidable (y entrañable) maniqueismo el de la dulce y soltera mocedad.

Wednesday, May 5, 2010

¿Se merece Dios un guineo?

Éstos creen que sí.




Letra, acá. (O descifra los jeroglíficos).

Se anhela versión ecuatoriana (and he also gave us Álvaro Noboa. And he also gave us Fernando Villarroel...)

La música, simplemente sublime.

Tuesday, May 4, 2010

Educación: ¡abajo el fantasticismo!

De no recuerdo qué comentario a no recuerdo qué blog, hablando de la crisis de la educación en el R. hUnD.: Se necesitan profesores fantásticos, que se hagan respetar por esos adolescentes problemáticos, y lastimosamente tales profesores son muy escasos.

Primera observación: "adolescentes problemáticos" es una redundancia.

Segunda observación: "profesores fantásticos"... bueno, no es una redundancia, y sin embargo tampoco es una contradicción, pues al parecer sí existen, lo que pasa es que les detesto, a esos profesores fantásticos. ¿Por qué? Porque fui profesor durante dos años y medio en un colegio secundario, y en todo ese tiempo me cuidé muy mucho de ser fantástico con mis alumnos, porque... bueno, aunque parezca inverosímil, diría que porque los respetaba. Yo recordaba mi propia adolescencia, y sabía que para un adolescente no hay nada que le saque más de quicio, que le produzca mayor repugnancia, que ser tratado como un niño o como un idiota, o lo que es un poco lo mismo, tener un profesor que intente mediante trucos ganarse la amistad de sus alumnos, congraciarse con ellos, o peor todavía, largarles sermones y consejos en plan avuncular, de haut en bas. Por ello, pensé que era mejor y más honesto, en lugar de erigirme en supuesto modelo de rol tal como recomendaban las autoridades del plantel, ser yo mismo, es decir ser antipático, inestable, fumador detrás del arbusto, rígido, antisocial, y sobre todo - preciado don - mortalmente aburrido. De tal manera, pensé, ganaré a los más inteligentes su respeto como rompedor del sofocante molde del supermíster, y para el resto serviré de cuento precaucionario sobre lo patético que puede llegar a ser una persona perdedora en la vida. En la segunda intención tal vez logré mi propósito: en la primera, decididamente no. Fue más adelante cuando daba clases en la universidad, que se me ocurrió preguntar a algunos estudiantes quién había sido su "mejor profesor", y recibí como respuesta invariable "Fulano de Tal, porque era como un amigo, y me/nos dio muchos buenos consejos, por ejemplo, me/nos dijo que hay que confiar en uno mismo, que hay que ser honesto aunque cueste, que hay que superarse cada día un poco más..." Me quedé boquiabierto. ¿Eso es un "buen profesor", un tipo capaz de eructar semejante retahíla de piadosas bobadas como si fuera una lección magistral en el arte de vivir? En mi colegio, un profesor que hubiera soltado un lugar común tan quesoso como "hay que superarse cada día un poco más" habría sido objeto de constantes burlas y sátiras. Alguien habría levantado la mano enseguida para preguntar, con la cara muy seria, si se había comprobado la relativa eficacia de superarse cada día un poco menos. No sé, pero parece que aquí el alumnado dieciseisañero es mucho más inocente.

¿Por qué en algún momento no se me ocurrió comprobar, mediante simple experimento, la relativa eficacia de ser un profesor fantástico? Con lo fácil que parece ser y todo.

Hasta algunos alumnos, ahora que recuerdo, sostuvieron que El Club de los Poetas Muertos era "una buena película", "real" como el atún mismo. Sorprendente.

Pero no quería hablar de eso.

Esta mañana (y se debe entender que no como últimamente mucha fruta, ni duermo, el presupuesto no da, y lloro un poco en los buses al ver la belleza femenina del siglo entrante) caminando por Abel Gilbert se me reveló la respuesta a una pregunta que desde hace mucho tiempo me molestaba: ¿cuál debe de ser el siguiente mantra? Siempre he tenido un mantra, es decir una palabra o una frase que repito para mis adentros, o en voz baja, como una suerte de distracción para evitar el excesivo ensimismamiento cuando mis pensamientos se ponen feos. Hace algunos años decía "slime". Más recientemente, "dead rabbits" o "dead cockroaches". En algún momento el mantra ha sido cualquier sustantivo aleatoriamente compuesto que contenga el elemento "termite", por ejemplo, "reversible termite jellification meter", que creo que dije en voz alta hace unos días cuando le cambiaba el pañal al niño. No soy consciente de haber escogido estas palabras. Surgen del inconsciente, simplemente, y se instalan. Lo que pasa es que no me gustan mucho: son, cómo lo digo, algo tétricos y con un exagerado sesgo entomológico. Otras personas dicen om mani padme hum: tampoco me impresiona, pues no parece significar mucho. Debe de existir una frase que sirva en todo lugar para darse un poco de ánimo. Y de repente se me reveló:

It helps if you learn a few of their words.

Esta frase, que vi por primera vez en el dominical The Observer, hace cosa de quince años, en una lista de las 50 frases más repetidas en los artículos sobre viajes (travel clichés), hasta hoy nunca me pareció interesante. Pero resulta que últimamente ese tema de la educación, y cómo mejorarla, me ha llegado a obsesionar. En el momento en que se me ocurrió la frase, me estaba preguntando qué es lo que falló en mi propia educación, por qué no fui capaz de retener los misterios de las matemáticas y de la química más allá de esos 24 horas que sirvieron para sacar sobresalientes en los exámenes, cómo pudo ser que en cuestión de días o de semanas conseguí olvidar por completo todo lo supuestamente aprendido en esas materias... y como siempre, empecé a preguntarme si la respuesta no habría tenido algo que ver con el hecho de que tales asignaturas me parecían completamente irrelevantes, aburridas, sin ninguna aplicación práctica remotamente inspiradora. Y en tal caso, me decía por enésima vez, ¿existiría una manera de enseñarlas para que el alumno los viera como algo relevante, sin por ello presumir demasiado sobre los supuestos intereses y pasiones del alumno en cuestión? Entonces me salió esta frase, repito:

It helps if you learn a few of their words.

Me imaginaba un profesor (de mates, de física, de literatura, poco importa) diciendo eso, y me daba un escalofrío de placer. ¡Qué modo más elegante de dar a entender que los autores de los libros de texto constituían un "ellos", un conjunto de seres remotos, tal vez limitados, sospechosos pigmeos emocionales, presos de una insoslayable pedantería, pero que sin embargo eran partícipes de unos conocimientos que de cierto modo ya te pertenecían, pero que requerían un simple aprendizaje instrumental para lubricar el provechoso tránsito entre sus mentes y el tuyo! Más aun: empecé a imaginarme diversas situaciones más o menos límite, y en cada una, esta frase se demostraba apta, profunda y capaz de facilitar una mirada benigna y un actuar positivo.

Mañana intentaré comer unas peras. A ver si se me arreglan un poco las células y los pensamientos.

Para otro post: por qué y cómo la educación debe de ser organizada de tal manera que no hagan falta profesores "fantásticos", sino simplemente profesores competentes, como en cualquier otra profesión.

El racismo que viene



Ruddy duck: What do you get for living in a climate like this, green stamps?




White-headed duck: What IS a "waldorf", anyway?


Hace algunos años fue noticia en Inglaterra: la población nativa de patos de la especie White-headed Duck (Oxyura leucocephala) estaba en peligro. El motivo, algo sorprendente hasta para los más empedernidos twitchers (subespecie de los anoraks a la que yo pertenecí en la infancia): la hembra de esa especie prefería, de manera abierta y desvergonzada, al macho de otra especie, la del recién importado Ruddy Duck (Oxyura jamaicensis), proviniente de Estados Unidos. Lo cual, inevitablemente, hacía recordar la queja de los británicos en la Segunda Guerra Mundial, cuando la isla empezó a llenarse de soldados yanquis en misión supuestamente salvadora: overpaid, oversexed and over here. El joven macho británico, que según todas las películas de guerra se llamaba Tomlins o Atkinson o simplemente Spiffy para los amigos, lucía dentadura dadaista, pelo color zanahoria y cuerpo raquítico, no podía competir contra esos espléndidos y fornidos especimenes de masculinidad alimentada con peanut butter, grits y brownies, que aprendieron en la niñez a apartar caballerosamente de la mesa la silla de la señorita antes de sentarse ellos, a tocar coquetamente el ukelele, y a cortar la carne con la misma mano que la llevaba a la boca. Era como enfrentar a David Niven contra Clark Gable, o peor, a John Mills contra Burt Lancaster. No contest. Creo que fue cuando los patos (o específicamente, los machos White-headed, en secreta reunión detrás de algunos cañares) descubrieron el racismo.

Lo más gracioso de esto, claro, es el nombre. Ruddy, aparte de denotar una tez salubre, tocada por el sol californiano, en el británico coloquial significa algo así como "maldito" (un bloody eufemístico), de modo que aunque no se llamasen oficialmente Ruddy Ducks, para los White-head lo hubieran sido de todos modos.

Ayer estuve leyendo el blog de Peter Hitchens, que escribe para uno de los diarios más ultraconservadores del Reino hUnDido. Escribe bien, el condenado. Por eso, no debería, pero me sorprendió que entre la discreta letanía de tics, reflejos y desvaríos ultra que de vez en cuando se pone a canturrear (defensa del cristianismo, oposición a la legalización de la marihuana), figura el del nosoyracistaperoismo, aquí en versión "no soy racista, pero hay que frenar la inmigración". Lo tomaría más en serio si demostrara por lo menos una conciencia básica del fenómeno, bastante notorio, de la inmigración uterino: ése que consiste en que algunos avispados, para burlar los controles migratorios, se las ingenian para dividir sus cromosomas entre los órganos reproductivos de dos seres de sexos opuestos, que luego serán reunidos mediante una técnica rápida (sorry darling), sencilla y fácil, para a continuación inmigrar en el país a través de una sala de partos, donde los oficiales de la policía migratoria suelen ser ausentes. El año pasado, hubo más inmigrantes por ese método que por el tradicional cruce de fronteras. Y sin embargo, para ese fenómeno dicho bloguero no propone solución alguna, ni siquiera la recomendada por Swift para el caso de la población irlandesa.

Y es que ese tipo de racismo está como en el aire últimamente. En las próximas elecciones británicas, hay un partido (el BNP) que no tiene más razón de ser que el odio racial sabor neonazi. Otro hay (UKIP) que a pesar de propugnar la salida de la Unión Europea (propuesta que considero acertada), lo hace por razones equivocadas, porque cree (al igual que Correa) en algo llamado "soberanía", que no es más que la perpetuación histérica y beligerante del estado-nación caduco. En ambos casos, esperan pescar a río revuelto dentro de un supuesto auge del nacionalismo, es decir del racismo más rancio, de la más venerable xenofobia tipo "se llevan nuestros trabajos, nuestras hembras...". Ya veremos. Y como si el mundo se hubiera puesto silenciosamente de acuerdo, en Arizona acaban de descubrir que los hispanos huelen mal, y hasta (¿hasta?) en Ecuador, el aire se llena últimamente de quejidos sobre el bruto de Correa quien habría "abierto las fronteras" (¿cuándo?) dejando entrar en este pacífico país a hordas de colombianos y mexicanos, gente realmente de lo último, sólo capaz de robar y secuestrar.

Y ahora, para no ser menos...


¡Mata esos gringos!, grito de las milicias de Hugo Chávez


(Se lo contarán al ingenuo de Oliver Stone?)

Es de todos sabido que a mayor crisis económico, mayor racismo. Un poeta yanqui a que conocí en línea decía que conservaba en su poder una copia del New York Times del año 1923 en que la conversión del marco alemán al dólar tenía, en lugar de un valor numérico habitual, el signo del infinito. De ahí, decía, el ojo avizor podía deducir Hitler y todo lo demás: pájaro de peor agüero difícilmente imaginable. Por ello, en vistas del actual descalabro económico del estado bolivariano, yo diría que lo único sensato que puede hacer allí cualquier extranjero o hijo o nieto de, si tiene la mala suerte de mostrar rasgos caucásicos, es salir volando. Y si tiene descendencia judía, más aun. La cosa se pone fea.

Y lo más deprimente, que en lugar de dirigirse a la verdadera causa de estas múltiples miserias, es decir el estatismo ahogador de iniciativa y progreso, el otro gran acuerdo mundial que se avizora es ese de enfrentarse a la crisis con más estatismo, o sea, de curar el dolor de la úlcera gástrica con más y cada vez más aspirina.



Sunday, May 2, 2010

El videojuego de la fecundación

En 1:00 aproximadamente verán lo que quiero decir. PacMan era, por lo visto, un espermatozoide, sólo que sin cola. (¿Mejor? Dicen los sospechosos habituales que la Diet Coke es espermicida bastante eficaz, de uso extendido en ciertos países africanos). Ha de llegar el videojuego de la fecundación, con espermatozoides de verdad. Los paisajes propuestos, de una extraordinaria belleza: no sabía, antes de ver este video, que el semen se parecía tanto a una galaxia; ni que la primera entrega de la Guerra de las Galaxias fuera una representación dramatizada del momento álgido de la fertilización (de 2:10 hasta 3:00, puro George Lucas). Eso sí, hubieran puesto otra música, alguna canción que trate específicamente de la esperma y de la fecundación, como The Carpet Crawlers de Genesis, por ejemplo. Pero en fin, un hallazgo fascinante: tanto o más que el descubrimiento de que Doris Day alguna vez hizo una versión televisiva burlesca de Midnight At the Oasis ("Remember when I was your slave girl?" - "Yeah... that didn't last long.") ¿Cómo viví tanto tiempo sin YouTube?

Saturday, May 1, 2010

Fofémonos las rodillas

Serendipity. Esta mañana tuve el honor de asistir a la ceremonia en que la ESPOL fue declarada por fin "zona libre de papel higiénico", logro galardonable que ha estado preparándose desde hace meses, con un equipo especializado en detectar y aniquilar restos de papel higiénico dondequiera que estén escondidos. Ahora el alumno puede asistir a clases con la tranquilidad de saber que no hay un solo rollo en un radio de cinco kilometros alrededor de su aula de clase. Después de la ceremonia, hubo un pequeño almuerzo con bocadillos y empanaditas de queso servidos por algunos miembros de la plantilla, aunque lo curioso es que nadie los quiso ni tocar. Luego, esta tarde salí a comprar cerca de casa, en el barrio de Abel Gilbert, y me encontré con la sorpresa de que hoy ha sido también el día en que por fin ese barrio accedió a la categoría de Zona Libre de Cambio de Veinte Dólares. No pude comprar las pastillas de mi esposa en la farmacia, pues no tenían cambio para mi billete de veinte. No hay problema, dije, lo cambiaré donde los shawarmas. Tampoco tenían. No hay problema, iré adonde siempre compro el pan. Tampoco tenían cambio. A mí se me antoja curioso que unos negocios como estos no dispongan de cambio, y parecen perfectamente contentos con que no se realice una compra en perspectiva por este motivo. Luego me di cuenta que de lo que se trata en ambos casos es de una respuesta perfectamente coherente al Cambio Climático. Pero no quería hablar de eso.

Al conocido cantante melófobo Mick Jagger hace algunos años se le acercó un niño que quería su autógrafo. El niño, empero, no disponía en ese momento de más superficie escribible que su cuaderno de química.

- Está bien - dijo el líder de los Rolling Stones, agarrando el cuaderno. - Yo una vez fui un laboratorio.

A cualquiera se le perdona el haber evolucionado en monstruo de Frankenstein, con tal de haber sido alguna vez un laboratorio.

Lo digo porque ayer, aprovechando un hiato entre curso y curso, me puse a buscar en YouTube algunos nombres de músicos que para mí simbolizan la nostalgia de la tierna juventud, y me encuentro con que casi todos ahora parecen extras en La Noche de los Muertos Redivivos. Algunos más que otros. Los que se escapan de tal suerte es porque murieron hace tiempo, como es el caso de Jerry García, ese guitarrista de los Grateful Dead (tal como suena) que siempre fue abanderado de la simpatía, o sea, fue ese tío que todos hubieran querido tener. Aun así, vivió lo suficiente como para haber exhibido dolosamente unas rodillas fofas.


Rodillas fofas: 3:53

¿Las rodillas fofas son consecuencia de haber vivido en (relativa) libertad y consumido cantidades industriales de drogas psicodélicas? Fofémonos las rodillas, pues. Seamos laboratorios y laboratorias del Señor (o de la Señorita, no seamos sectarios).

No me malinterpreten, en mi época de Deadhead, que fue sobre los quince, dieciséis años, no tenía cómo acceder a las drogas psicodélicas tradicionales, sino que tuve que contentarme con emborracharme de ginebra de la marca Gordons, y con Carslberg Special Brew. Pero la mezcla entre las dos sustancias era casi, casi psicodélica. Creo que fui un laboratorio, modestamente, a mi manera de colegial tímido y pasmado.

Ahora, mis razones por no consumir son otras. Que cualquier prohibición al respecto sea una simple estupidez queda demostrado por el caso de Portugal, que tras descriminalizar las drogas experimentó un auge de salud, de felicidad, de crecimiento económico y de hipermastia. Uno debe ser libre para consumir o no consumir, para ser laboratorio químico o biológico o de algún otro tipo. Lo importante es ser laboratorio. Lo importante es poder llegar a la vejez con la confianza de no haber perdido ninguna ocasión de reaccionar experimentalmente con el entorno. De no haber perdido ningún descubrimiento a lo que tus genes te destinan y te predisponen.

Hasta diría que deberíamos ser libres para usar o no usar papel higiénico. Prohibir el uso de esa sustancia, así sea en una institución educativa, por supuestas razones religiosas o éticas, creo que es síntoma de una ceguera preocupante. Quién sabe que, en el marco de la libertad, alguien llegaría a descubrir un nuevo y práctico uso para tal sustancia, en beneficio de toda la humanidad.