Saturday, August 28, 2010

SIEMPRE FIDEOS

Es la traducción de un grafitti visto en el pueblo de Matadepera, que para la ciudad catalana de Terrassa le hace las veces de Vía Samborondón. El original, escrito en catalán e indescifrable desde luego para cualquier lego que no disponga de mis avanzados conocimientos lingüísticos, rezaba así: SEMPRE FIDEOS. A su vez, ésta era la alteración alevosa de una leyenda anterior, que decía: SEMPRE FIDELS (siempre fieles). El grafitero original no quiso o no pudo, por lo visto, especificar a qué cosa o a qué persona correspondía tal admirable fidelidad plural. Sospecho, por la ubicación, que se trataba de una declaración de lealtad a la causa del nacionalismo catalán, pero puedo equivocarme. En todo caso, me parece irrelevante. Lo destacable es el genio de ese artista de las palabras que supo ver a través de la abstracción de la fidelidad eterna, su correlativo objetivo, que diría Eliot, bajo la forma de un plato de fideos servido en la misma mesa a la misma hora día tras día per saecula saeculorum. Y es que ese arte para enmendar y mejorar letreros públicos es una muestra de lo castizo que parece estar en declive últimamente. Algunos recordarán ese anuncio que iba encima de las puertas del metro madrileño en tiempos del franquismo tardío:

EN BENEFICIO DE TODOS ENTRE Y SALGA RÁPIDAMENTE. NO OBSTRUYAN LAS PUERTAS

el cual, habitualmente, lucía mejorado de la siguiente manera:

EL PENE DE TODOS ENTRE Y SALGA RÁPIDAMENTE. NO HUYAN LAS PUTAS

mensaje que, evidentemente, manifiesta mayor vocación didáctica, mayor realismo y mayor capacidad de captar la atención del viajero. Lo que da verdadera pena es que el autor anónimo de esta enmienda no esté trabajando ahora para el gobierno ecuatoriano en esa oscura campaña contra la falta de reacción del país contra no se sabe bien qué actitud de desidia antibotánica. De lo que estoy seguro es que, si todavía vive, es alguien en el mundo del márketing. Faltaría más.

A mí, personalmente, los fideos me gustan. Como muchos fideos. Soy de los que encuentran en el hambre perruna poco material de goce, y entonces me las arreglo para matarla cuanto antes, sin ceremonias (la teoría femenina de que este rasgo sicológico es extensible a una actitud hacia el sexo: wrong, o como mucho half right) con la artillería más pesada que encuentro, que suele ser algo de costo barato, de preparación fácil y alto en carbohidratos. No tengo nada en contra de los fideos, vaya. Pero aun así, "siempre fideos" me suena a sentencia de juez implacable. Suena a algún recinto del infierno (tal vez un suburbio tipo Matadepera o Majadahonda del tercer círculo dantesco). Por eso llama la atención el que la progresía de este país (y parte del extranjero) siga tan empeñada, día tras día, en su fidelidad hacia los fideos, o lo que da un poco lo mismo, que sigan fieles con sus Fideles.

A lo que ustedes me contestan: no fueran progresía si no fueran así. Y es cierto. Pero aun así, sorprende la perfecta coordenación, la impecable coreografía a lo Busby Berkeley que demuestra la progresía de este país en la reiteración de lugares comunes y el solemne rechazo a cualquier atisbo de dialéctica o de sentido común: una coordenación que sugiere que aun en esos tiempos cuando los neoliberales con sus pequeños cerebros todavía dominaban la tierra, ellos, silenciosamente, se estaban organizando, se estaban viendo en pequeños cafeterías quiteñas, estaban intercambiando panfletos, consejos sobre Flores de Bach y recetas de quiche Lorraine. De otra manera, no me explico cómo puede haber surgido perfectamente formada, de la noche al día, una clase social tan herméticamente cerrada a la realidad, tan apegada a la ortodoxia biempensante, tan notablemente asustada ante la posibilidad de pensar por cuenta propia, sin garantía de retroalimentación social ni de validación sonora en la forma de añejas canciones protesta. Porque, admitámoslo, hay que tener bien puesto el casco de realidad virtual, bien sellada la burbuja, para a estas alturas seguir echándole flores a un viejo y anacrónico dictador que se ha mostrado tan carente de vergüenza y de urbana modernidad como para declarar heredero a su propio hermano. Hasta el mismísimo General Franco no tuvo cara para intentar que la dictadura quede en familia, sino que se aprovechó astutamente de una realeza ya existente y con ciertas pretensiones históricas para sellar la sucesión. Pero ahí viene el Padre Pierre, con sus sinuosas lisonjas a la tiranía y a la brutalidad:

Reapareció públicamente Fidel Castro por sus 84 años, aunque no desapareció nunca. Y sigue llenando páginas de periódicos y pantallas de televisión. Habla, escribe, protesta, denuncia, orienta desde su alma revolucionaria. Los años no han borrado sus visiones proféticas sobre los males que proyecta internacionalmente el sistema neoliberal.

Que hable y escriba me parece muy bien, sobre todo a su edad. Que proteste y denuncie, tiene todo el derecho (lástima que tal derecho no lo tienen el resto de los habitantes de su país). Que "oriente", bueno, orientar por oprimir, son maneras de hablar. Pero eso del "alma revolucionaria", es de esas frases que revelan tamaña falta de honestidad como para desaconsejarle a cualquiera la carrera de escritor. Si Fidel es "revolucionario", también lo serán esos policías que la semana pasada golpearon a un ciudadano que, tras ser víctima de un robo en la Perimetral, estuvo esperando una hora la llegada de las fuerzas del orden, con la ingenua esperanza de que esos señores le ayudarían. Cuando escuché esa noticia, confieso que me reí a carcajadas: no por malicia, sino por amarga solidaridad. Pensaba que ese tipo de ironías sólo me pasaban a mí, eso de que te asaltan, llamas a la policía y vienen, finalmente, eso sí, pero sólo para propinarte, sin mediar palabra, otra golpiza. En fin, la cuestión es que la historia de Cuba es así: te sale un dictador ladrón, llamas a la guerrilla para que te lo solucione, con la ingenua esperanza de ser liberados, y al final viene un tipo siniestro con barba, mata a tu familia por sospechosos de contrarrevolucionarios, y se erige en nuevo dictador, y para más inri, de un país que para no someterse a los antojos del imperio yanqui, pasa a ser súbdito de otro imperio con otras siglas pero con la misma malsana fascinación por los misiles de largo alcance (y que ni siquiera muestra mucho talento para la supervivencia que digamos). Todo lo cual, sin duda, sería más soportable si no fuera por la existencia de esos intelectuales de sobremesa, esparcidos por el mundo, que con su inefable paternalismo consideran que a ti, como mero cubano, te basta y te sobra lo que a ellos no les sirve. Para un Padre Pedro Pierre, ahí sí, es importante vivir en democracia, y no en cualquier democracia sino en algo así:

Siempre hemos sido acostumbrados a que nos gobiernen desde arriba, cuando la democracia es gobernar desde abajo. Pienso que ese es el desafío del Ecuador en estos momentos: aprender a gobernarnos desde abajo, desde los distintos grupos sociales organizados.
A lo que uno se pregunta: ¿por qué esta solución, tan válida para Ecuador, no lo sería para Cuba, que tengan ellos también la posibilidad de "gobernar desde abajo", en lugar que tener que someterse a los caprichos de un viejo sátrapa tan trasnochado y acomplejado que hasta considera que el ser homosexual es una conducta criminal merecedora de cárcel? En otro lugar, el mismo cura se apresura a contarnos que la decisión de un amigo por abandonar su Ecuador natal para ir a EEUU a trabajar, pese a no gozar de su aprobación, merece su respeto, y acota: "cada uno decide en el íntimo de su conciencia". Qué pena que los cubanos no pueden decidir cada uno, "en lo íntimo de su conciencia", si mejor les sirve irse o quedarse. Qué pena que esa tolerancia y ese respeto de que se jacta nuestro curita a título personal no sean compartidos por ese tirano que él felicita y adula.

Y antes de seguir con el pasmo de Pierre ante el Siempre-Fidelismo, ¿qué es ese sistema neoliberal que internacionalmente proyecta tantos males, según ese profeta deuterocanónico que resulta ser Fidel Castro? Dudo mucho de que el bueno del Padre Pierre sepa contestar más allá de los infantilismos piadosos de rigor, eso de que ser neo es privilegiar "el dinero por encima de las personas", etcétera. Anotemos de paso que, al igual que en los años sesenta la juventud revolucionaria saldaba su ignorancia de política, economía e historia con cómodas referencias al sistema, entendido como el conjunto de cosas que no les gustaban, desde la Guerra de Vietnam hasta el último sencillo de Engelbert Humperdinck, tal ha sido la suerte del vocablo neoliberal por estos lares, palabra sin apenas solvencia académica y valor descriptivo claro, que ahora sirve igualmente para denotar personas, actitudes, regimenes económicos, políticas de gobierno, medios de comunicación, países enteros, y hasta (en los escritos de la Buenaño) una cultura, sin por ello llegar a significar aparentemente más que "incompatible con mi idea personal de lo que debe ser una sociedad perfecta, idea al cual todo el mundo tiene desde luego el deber de someterse". Ahora, le ha tocado al buen Padre mostrar de lo que es capaz uniendo esas dos entelequías en una sola. El sistema neoliberal, causa de todos los males. Ahora sí, los estudiosos en política y economía podrán por fin dormir tranquilos. Prosigamos.

Con sus defectos y errores, Cuba sigue siendo la referencia latinoamericana.
Si eso fuera verdad, ay del futuro de la pobre Latinoamérica. Pero mejor digamos: Cuba sigue siendo la referencia obligada de los nostálgicos izquierdistas que no quieren reconocer el fracaso de su ideología a nivel mundial.

Por otra parte, es curioso, y creo que aquí le traiciona el subconsciente al Padre Pierre, eso de que Cuba, un país, puede tener "defectos y errores". ¿Un país con defectos? Creo que se ha de entender: con los defectos y errores de su gobierno... pero al Padre Pierre le tiembla la mano a la hora de atribuirle defectos a su amado dictador, así que mejor atribuyámoslos al pueblo, que sí aguanta todo.

Claro que molesta a los empresarios cuyo lucro es la primera finalidad de sus esfuerzos. Molesta a los vendepatria cuyos intereses financieros son siempre primeros. Molesta a los que buscan el poder para construirse una figura de papel. Molesta a los terratenientes que prefieren la acumulación de tierra a una producción autogestionada. Molesta a los medios de comunicación que entierran la verdad debajo de las coimas de los banqueros corruptos. Molesta a los izquierdistas de escritorio que sueñan de revolución en sillones forrados.
Francamente, no creo que la existencia de un país llamado "Cuba" moleste en especial a ninguno de esos personajes (o bestias fabulosos, en algunos casos: todavía, tras varios años de machacona retórica gubernamental, no nos han podido revelar detalle alguno de ese misterioso "medio de comunicación" que recibe "coimas" de "banqueros corruptos"). Lo que sí puede molestar es el hecho de que tal país siga siendo una dictadura. Vamos, hasta a mí eso me molesta, y yo lo único que tengo de banquero es el haber dormido muchas veces encima de un banco, cuando no había cama. ¿Por qué me ha de molestar? Pues por eso de homo sum, et nihil humanum: me molesta que hasta las pocas libertades de que he podido disfrutar en esta misérrima vida, a otras personas les sean negadas por desalmados hijos de puta como ese Coma Andante barbudo que ahora nos ocupa. Así que descalificar a todas las personas así "molestas", insinuando que tal molestia nace de viles intereses egoistas u otras carencias personales (y es bien aleccionador ver cómo el buen Padre se regodea en buscar todo tipo y tamaño de mota imaginable en ojos ajenos) no es más que demagogia de la peor especie, que bajo la pluma de un Arellano Raffo no me sorprendería en absoluto, pero de un presunto representante de la Iglesia, confieso que un poco sí.

Molesta a los creyentes que esperan un cielo inexistente y claman a un dios en las nubes. Molesta a todos los que prefieren su comodidad individualista a una vida digna, libre y fraterna.
Ajá. El Padre Pierre no es creyente: el "cielo" que predica su Iglesia es "inexistente". Me pregunto cuántas doctrinas católicas más se esfuman bajo su perspicaz y penetrante mirada. Se supone rescatable por lo menos todo lo que tiene que ver con la autoridad del sacerdote y su putativa paternidad universal, lo cual es afortunado pues sin ese morbo derivado de la combinación de su vocación y su línea política, es dudoso que un generador de vaciedades biempensantes como éste llegara a publicarse en algún sitio.

Les ahorro un par de párrafos de adulación, para pasar a éste, bien curioso:

Olvidamos los cristianos que la liberación de Egipto se gestó en el asesinato de los primeros nacidos de cada familia egipcia. Olvidamos que la conquista fue vista como un regalo de Dios gracias a la violencia de las guerras y matanzas de la mayoría de las poblaciones vencidas. Olvidamos la guerrilla de los Macabeos que no aceptaron la dominación militar, cultural y religiosa del invasor griego. Así se constituyó el pueblo de Jesús que él vino a purificar. La primera violencia es la de la miseria y de la esclavitud organizadas en sistema de dominación.

A ver si leo correctamente. El Padre Pierre reprende a otros miembros de su religión por su falta de entusiasmo hacia... ¿el asesinato? Si el propio Yahveh no tuvo miramientos a la hora de asesinar a inocentes egipcios, ¿cómo es posible que nosotros los cristianos, seguidores e imitadores suyos, seamos tan tiquismiquis a la hora de segar vidas humanas? Ese Fidel sí que tuvo un buen par de cojones cuando se trataba de fusilar a sospechosos traidores, y a la hora de encarcelar y torturar a opositores de su regimen... matar, hermanos míos, sí es cosa de Dios, y por tanto cosa nuestra. Toda violencia es buena, con tal de que se pueda justificar como respuesta ante la miseria y ante los "sistemas de dominación". ... Con lo cual, colijo que el hecho de que el mismo Padre Pierre vive una vida bien tranquila (aunque sin sillas forradas) en el Ecuador, en lugar de ir a pelearse contra la dominación imperialista en algún lugar del mundo que disponga de auténticos guerrilleros, sólo es achacable a la disciplina de la vocación eclesiástica. Si no, él sería el primero en agarrar un fusil y defender con su sangre a los pobres, que por cierto, no se lo pedimos, pero tales detalles ante un alma revolucionaria son simples nimiedades.

¿Cuándo, en nombre de alguna fe cristiana o de un humanismo digno de este nombre, estaremos capaces de dar la vida por más vida, de poner nuestra inteligencia al servicio de un proyecto político verdaderamente socialista, de formar nuestra voluntad de tal manera que no desviemos el camino, de entregar nuestro corazón por la causa de los pobres que no aceptan vivir de rodillas, de celebrar una fe que descubre en estos logros la presencia de Jesús resucitado y los avances del Reino de Dios?
Es curioso, pero yo, que tuve una educación católica de niño, no recuerdo como parte de la fe cristiana eso de "dar la vida por más vida", en el sentido aquí expuesto de sacrificar la vida ajena en beneficio de la tuya propia. El pobre Pierre puede que no se dé cuenta, pero realmente, eso de arengar a los lectores para que "den su vida", cuando la tuya no tienes intención alguna de darla, o por lo menos recomendar la postración y el embelesamiento ante un tirano que, como buen modelo de rol, sacrificó un sinnúmero de vidas inocentes en el altar de su propia vanidad, realmente poco tiene que ver con ningún humanismo, peor que sea "digno de ese nombre". Esta confusión suya me remite a una cita memorable que saca a relucir hoy, en el mismo Telégrafo, otro columnista, de Ernesto Sábato:

"El pueblo de hoy no es esa fresca y virginal fuente de toda sabiduría y de toda belleza que imagina ciertos estéticos del populismo, sino el alumnado de una pésima universidad, envenenado por el folletín de la historieta o la fotonovela, por un cine para oficinistas y por una retórica para chicas semianalfabetas y cursis."
A lo que sólo faltaría añadir: el pueblo de hoy, ayer, y de siempre. Y cuando el Padre Pierre se despierte del chuchaqui de su idealización del "pueblo", de los "movimientos sociales", de su infantil humanismo al estilo del Autodidacte de Sartre, ése de extasiarse por la nobleza y la dignidad de los sufridos trabajadores desposeídos y por su excitante capacidad de violencia redentora: cuando se reponga de su malsana y muy latina fascinación por los hombres fuertes y brutales, por los Mesías de las Nuevas Ordenes Sociales, que si acaparan el poder y nos sumen en la miseria lo hacen en nombre nuestro y por nuestro bien, entonces (pero no aguanto la respiración) se dará cuenta de que, todo este rato, lo que pedíamos los pobres y desposeídos no era que "nos muestren otro camino, otro vivir, otra sociedad posible" (en la que, convenientemente, se encarcela a todos los que cuestionan ese otro vivir, aunque lo hagan cortésmente con el simple argumento de que ese otro vivir no da ni para cubrir la mesa), sino que nos dejen en paz de una puta vez para poder ejercer nuestra capacidad de decisión individual al respecto de cómo enfrentar nuestra situación de pobreza: por ejemplo, eligiendo un gobierno que nos represente mejor que el actual, o viajando libremente a otro país donde tendremos mayores posibilidades de progresar. El propio Pierre, en otro sitio, cita a unos obispos latinoamericanos "reunidos en Medellín" al respecto de tal progreso:

"La tarea de educación de estos hermanos nuestros –los marginados de toda clase– no consiste propiamente en incorporarlos a las estructuras culturales que existen en torno de ellos, y que pueden ser también opresoras, sino en algo mucho más profundo. Consiste en capacitarlos para que ellos mismos, como autores de su propio progreso, desarrollen de una manera creativa y original un mundo cultural, acorde con su propia riqueza y que sea fruto de sus propios esfuerzos."
A lo que, desde una perspectiva liberal, no hay nada que objetar, salvo esa amenazadora palabra "capacitar". Que la Iglesia sea la más indicada para "capacitar" a quien sea sobre el "progreso" ya resulta chistoso: que nos "capacite" para depender de nuestros propios esfuerzos, mientras sus dignatarios detentan una historia secular de depender de los esfuerzos ajenos para su propia subsistencia, ya roza el sarcasmo. Pero la cuestión es que aquí hay doble discurso flagrante. Estamos con los pobres, pero no con ellos, sino encima de ellos, capacitándoles. Apoyamos su lucha para progresar materialmente, pero en el momento que tienen éxito en tal empeño, denunciamos su "materialismo" como signo de egoismo. Mientras sigan siendo pobres, validan nuestro esfuerzo, nuestras ganas de "protagonismo" (en serio): denunciamos la pobreza pero dependemos de ella para ganar reclutas al "Reino de Dios". Estamos con los pobres, pero los despreciamos como no tienes idea. Lo que amerita nuestra admiración más desvertebrada son los portadores de botas lustradas que andan sobre sus cuellos... siempre que anden con fatigas militares y digan que son de izquierdas.

Yo como muchos fideos... pero prefiero poder decidir, cada día, comer fideos u otra cosa. No que me digan que comer fideos es ser digno y solidario, y comer cazuela, en cambio, es ser cómodo, egoista e individualista. Puede ser, pero si es así, prefiero poder descubrirlo yo. Que me solucionen la vida de antemano, aunque lo hagan algún día de verdad y no sólo ante las cámaras de reporteros progres, no me vale, cuando veo que otros solucionan su propia vida y algunos lo hacen con gracia y con garbo. Matar el hambre, lo intento hacer las veces que puedo, pero esa hambre que mato es mía, no la de otros que tal vez prefieren tenerla para matarla ellos mismos a su propio ritmo, hasta comiendo una insípida ensalada verde de primera. ¿Por qué resulta esto tan difícil de entender?


"Si al menos fuéramos más libres. Si todas esas necesidades materiales no se plasmaran también en una larga cadena que hace a cada ciudadano un siervo del Estado. Si la condición de humildes fuera una elección voluntariamente asumida y especialmente practicada por quienes nos gobiernan. Pero no. La renovada exaltación de la humildad lanzada por Raúl Castro este primero de enero nos confirma lo aprendido en décadas de crisis económica: que la pobreza es un camino que lleva a la obediencia."


- Yoani Sánchez

Monday, August 23, 2010

Vimos a los gigantes

A las cuatro y media de la madrugada, silenciosamente, una gran pancarta aparece en el cielo. Reza: "yo estuve allí. Yo lo vi." Al cabo de cinco minutos, desaparece.

La gente se despierta. Ninguno se acuerda. Este país es tan pequeño que sólo caben dos opciones: ser correísta o ser neoliberal. Ambas son esperpentos, apenas existentes salvo en la imaginación enfermiza de sus adversarios, y lógicamente, dan de qué masticar a los esperpénticos. Uno peina los diarios, cada mañana, en espera de otra cosa, y de vez en cuando vislumbra una mente plácida, educadamente escéptica respecto a las grandes y vociferantes ortodoxias, pero aquéllos son tan educados que sólo emiten clichés, por no ofender. Nada.

Yo crecí en un país relativamente grande. No en extensión, sino en opciones. Allá, nadie se preguntaba, suspicaz, si "libre" querría decir "libertino", sino que se entendía que la libertad servía, principalmente, para dedicar una vida a la entomología o a coleccionar fósiles, como Mary Anning. Acá, Mary Anning sería sospechosa de narcotráfico o de evasión de impuestos. ¿Para qué tantas horas a solas en la playa? ¿Qué estará tramando allí? ¡Reeducación!

Ese país tampoco existe. Se diría que sólo es recordado por nostálgicos conservadores que también han dejado crecer encima, como musgo, el esperpento. Reconocen que el Spitfire es, aparte de ser un avión de guerra obsoleto, una belleza de forma y de ingeniería que arranca lágrimas. Luego lo estropean aseverando que existe algo que se llama "diseño inteligente". Evidentemente, no han estado nunca en el Malecón.

El maniqueísmo se reproduce a nivel mundial. Siempre son dos equipos, el de los razonables y justos y equilibrados, y el de los otros, lleno de seres despreciables, egoistas, inmerecidamente privilegiados. Tal parece, hemos perdido los anticuerpos, hemos olvidado la vacuna. Ya no existe la posibilidad de abrir la ventana y recordar que nada de lo que pensamos es real, y que tenemos mucho más de cinco sentidos, que casi todo lo que es interesante en el mundo está bordeado por el misterio.

Los viejos recordamos la fracasada epopeya, la Mesa Redonda, los gigantes, las batallas. Recordamos cuando las modas duraban centenares de años, cuando tocaba morir, feliz, por una religión en la que ya nadie creía, simplemente porque ella sí creía en ti.

Es triste, y da algo de asco, ver trastornos de la adolescencia elevados a valores universales, por la falta de un rito de pasaje hacia la madurez reconocible. Ver el miedo a la soledad dignificado como imprescindible nexo social, ver el tribalismo convertido en urbanidad. Tener que desayunar cada día guerras de niños con otros niños.

Hermes Trismegistus, sácame de esta Red.

Sunday, August 22, 2010

Walpurgisnacht de narices marrones


En un solo Telégrafo:

"Merece destacarse ... la labor que encabeza la ministra coordinadora de Desarrollo Social, Jeannette Sánchez, una de las funcionarias de Estado más destacadas por su eficiencia, responsabilidad, claridad de visión y honradez, cualidades que son reconocidas en los medios académicos y amplios sectores sociales."

(Traducción, para no ecuatorianos: "déme un puestito en el Ministerio, porfa, no seas malita")

"Insistimos que la revocatoria del mandato no alcanza a Rafael Correa, porque es grande al considerar que todos los ecuatorianos deben ser grandes; es valiente, porque terminó con la partidocracia; y es luchador incansable contra la corrupción y por una sociedad sin opresores, donde los ricos dejen de ser más ricos y los pobres sean menos pobres. Su fortaleza radica en sus obras: construcción de carreteras, protección de la riqueza nacional, ayuda económica a los minusválidos, gratuidad en los servicios de salud y educación. La respuesta a la ilusa y pretendida revocatoria es su ya anunciada y decidida reelección como Primer Magistrado de la República."

(Traducción, para no ecuatorianos: "déme un puestito en algún Ministerio, porfa, no seas majestuoso")

Hasta aquí, normal para el medio en cuestión. Lo interesante es que el último artículo citado, fuera de la lisonja habitual, se centra en un ataque a Carlos Vera, quien resulta ser un "Don Juan" "acostumbrado a una vida de holgazán", y que busca "notoriedad y fortuna", y otro artículo de hoy hace lo mismo, metiendo también a Jorge Ortiz en el saco de "la vieja escuela del insulto y la calumnia", sin aparente ironía. Me pregunto qué tendrán esos dos que haga temblar de ira a tantos opinadores de los círculos rosados.

Friday, August 20, 2010

Don´t stand so

Hoy, al final de la clase, se me acercó una alumna. No se me acercan muchas: huelo a muerte. Fue la misma del otro día. De hecho, me había olvidado del otro día hasta que ella empezó con lo mismo, con eso de querer ocupar mi espacio personal, colarse dentro de mi sombra, y eso que no tenía sombra, excepto la de dentro. Mientras le corregí las frases escritas en lápiz, me sobró el brazo derecho: la sentí dislocada, inútilmente colgada, era un brazo desagradecido, que rechazaba rodearle la cintura como mandaba la geometría y otras ciencias. De vez en cuando las personas hacen cosas inexplicables. La primera vez que hizo eso, quedarse en el aula con un pretexto endeble, lo rechacé como imaginaciones mías: tengo 30 años más que ella (aparento todavía más) y soy el segundo profesor más feo de todo el campus. Esta vez, sin embargo, no había cómo equivocarse: ella quería provocar actividad hidráulica. ¿Por qué? Repasé distraído varias teorías:

se sentía aburrida
había hecha una apuesta con una amiga
hacía colección de fugaces erecciones profesorales
padecía un trastorno psíquico grave

Al final, cuando ya se había marchado y sólo me quedaba apagar la luz, se me iluminó la mente. Claro: quería aprobar el curso. El año pasado ya me había pasado eso, de que una alumna (casualmente, era en esa ocasión la que más me gustaba) casi a final de curso se me quedó al final de la clase, se las ingenió para que yo sintiera el roce de su aliento un par de veces, y de sus dedos en mi brazo, y me pidió que "la ayudara" con la nota. No la ayudé. No hago esas cosas. ¿Por qué no? Lo estoy pensando: tal vez porque no conozco muy bien el protocolo, y temo equivocarme y hacer el ridículo. Veamos: ¿a cambio de qué se le "ayuda" a una alumna? ¿A cambio de que se coloque durante un instante tan cerca tuyo que puedes sentir la leve presión de su cadera contra la tuya? ¿Eso vale un aprobado? ¿O se supone que uno puede pedir más? ¿Cuál es la tasa de cambio actual, roces contra puntos? Cuando pienso en lo difícil que debe ser para una chica acercarse tanto a un viejo decrépito medio desdentado con olor cochambroso, y lo poco que realmente representa un aprobado en esta materia, se me ocurre que pedir más sería pecar de presuntuoso. Pero luego tengo una súbita visión en la que, en mi imaginación, todos los demás profesores están organizando febrilmente orgías con todas las alumnas que no están seguras de aprobar, y yo soy el único gil que no se aprovecha de la temporada y recoge la cosecha. Además, toda la vida me ha pasado eso, de mirar a la gente que tengo alrededor e imaginar que, pese a las apariencias, todos tienen una vida sexual, menos yo, y que ellos no pierden ni un segundo en exquisitos cálculos de lo que puedes ofrecer a cambio de los favores recibidos.

En fin, a menos que ella insista mucho, es obvio que no va a pasar nada, ni la voy a "ayudar". ni ella a mí, pero me gustaría poder decir que es por mi magnífica entereza moral y no por simple timidez, incertidumbre e inercia, como parece ser el caso. Lo cual hace pensar que quizás la inercia es una virtud moral infravalorada, y que su función de reguladora social merece mucho mayor análisis y reconocimiento.

Wednesday, August 18, 2010

Cómo ser moribundo y no morir en el intento

El lunes pasado, a las 14.25 aproximadamente, empeoré. Quiero decir que se me reventó otro alvéolo pulmonar, o yo qué sé, la cuestión es que antes me sabía moribundo pero más o menos me las apañaba para oxigenarme adecuadamente, suspirando discretamente, y llevar una vida superficialmente normal, y tras ese instante el lunes, me vi convertido en un inválido (a nivel subjetivo), a más de que desde entonces la sensación de ahogo apenas nunca me abandona, y los músculos se me quejan de modo espantoso del mínimo esfuerzo, y pensar en ir a trabajar me da escalofríos (pero lo hago, obviamente). Sucedió en el momento justo: ese día me ofrecieron el empleo en Saudi, por un salario de fábula ($37.000 por menos de un año de trabajo), a lo que evidentemente hubiera accedido sin pensármelo, a pesar del apremio (habría tenido que marcharme para el R. hUnDido esta semana, para arreglar a tiempo los papeles), si no fuera por ese repentino e inesperado empeoramiento. Al final rechacé la oferta, con pretextos. ¿Por qué, si ahora más que nunca la cuestión es ganar lo que puedo para sanear un poco las cuentas familiares antes de morir? Pues porque tuve algo parecido a miedo, a ser sincero. No tengo miedo de morir: eso es una simple formalidad burocrática, un "clausurado" del cuerpo al estilo SRI. No es morir en sí. Es lo de antes, el lento asfixio, los atropellados pánicos nocturnos del corazón. No se me ocurre sitio peor que Arabia Saudita para estar muriendo, el país entero me parece un inmenso estar medio muerto y tres cuartos enterrado, con sus múltiples censuras de vino, de música y de cuerpos femeninos. Y la verdad, quisiera tener cerca a alguien conocido, sin saber exactamente para qué. No sé cuánto más puedo durar, si unos meses, un año, tal vez dos ó tres pero no creo. Lo supiera a lo mejor si me pudiera costear una visita a un médico. (Creo que no hay tratamiento ni paliativo para la emfisema, más allá de los caramelos Halls y, milagros financieros mediante, algún tanque de oxígeno, pero quisiera sorprenderme. En fin, estamos pendientes de un supuesto seguro de salud que como todo en este maldito trabajo, demora en concretarse. ) A veces me pongo a pensar en cómo me hubiera ido si no me hubiera casado ni tenido un hijo. Creo que estaría entonces la mar de tranquilo en esta situación de cercanía a la muerte, aunque no quiero decir con eso rebosante de alegría. La verdad, como antes comenté en algún lugar, uno teme la muerte en la medida en que se cree insustituible, y yo no me creo así. Por lo menos cuando me lo pienso. Casi todo en mí es minoritario, sin duda, desde mis instintos políticos hasta mis gustos en música y mujeres y mis incombustibles veleidades sadomasoquistas (serán lo último en morir, seguramente), desde mi estatura y torpeza poco latinas hasta alguna vergonzosa herida de guerra de la niñez... pero minoritario no quiere decir único. Y para argumentar que lo que sí es única es la combinación de tantos elementos dispares, haría falta primero demostrar que de todo ello se ha conseguido, no una simple mezcla, sino un compuesto químicamente estable. En mi caso dudo que sea así. Soy un ser contradictorio, pero tengo la sensación de que muchas de esas contradicciones nunca fueron del todo resueltas, sino que son facetas disgregadas de una personalidad cuyas distintas almas aprendieron a convivir, incluso cordialmente, pero sin llegar a tantísima intimidad entre sí. De modo que, estríctamente, soy poco cotizable en el mercado de los seres únicos (aunque, al contemplar lo que hoy en día pasa por "un ser único", casi me alegro de que así sea). Cuando me muero, las distintas batutas que llevo pasarán a otros, que seguramente no se volverán a encontrar, pues nunca tendrían por qué haberse encontrado en primer lugar. Siempre he sido demasiado promiscuo, en el sentido de querer que Carlitos, el chiflado, se haga rey de Inglaterra nada más que para instituir antes del Fin de los Días el Orden del Tampón (Honi soit qui pense, tout simplement) como sucesor al de la Jarretera o Liguero; o en el de querer que las noticias de las siete en Maryland sean presentadas por una iguana; o que el Parlamento Europeo celebre debidamente en sus respectivas lenguas el Día Internacional de Hablar Como Pirata.

Claro que entonces saca sus horripilantes cabezas el instinto familiar. Antes, hace tanto tiempo, pensaba dejar para mi hijo un mapa de ruta, esparcido por la Red, para encontrar la felicidad (ahora, por fin, sé dónde está, cómo se peina, qué modelo de sostén lleva) pero a estas alturas me di cuenta de que será inútil: él me lleva tanta ventaja en eso de ser como yo que me quedo fuera. Le espera tanta tristeza, tantísimas y variadas tristezas, que ninguna receta mía será válida para él. Yo apenas le di unas vueltas al archipiélago de mis paupérrimas posibilidades: él ya está zarpado, en alta mar, rodeado de una terrorífica soledad, donde no le puedo seguir sino sólo acompañar. Cuando me muera, él me recordará apenas una, dos semanas. Más adelante, sin embargo, se dará media cuenta de que hay dónde retirarse, adónde fugarse, muy adentro, y de que en ese espacio hay un misterioso ser que siempre está de su lado, y con el que puede conversar. Dicho de otra manera, este amor que le tengo no creo que muera conmigo, pues el amor se ríe de nuestros compartimientos estanco de individualidad. Hemos compartido lo suficiente para que él lleve toda la vida el recuerdo epidérmico del roce de una mano pequeña y esperanzada con otra más grande y desesperada.

Estos genes no le sobrevivirán. Ellos mismos protestan, apelan: pero la razón no está de su parte. La humanidad pasó la prueba de Turing, no a nivel colectivo pero si a través de unos individuos preclaros que tuve la suerte de conocer a tiempo. (Lo poco que ellos ignoran, dejaré constancia de ello en otro blog. Creo que bastarán unos 200 palabras y un par de dibujos.) Creo que me merezco un descanso.

Es curioso constatar que la respuesta a esa pregunta "si supieras que sólo te quedan X días, qué harías" es simplemente "ir a trabajar, pasar vergüenza, intentar que no se note demasiado el ahogo, las frases inacabadas, el terror, atiborrarse de aspirinas, preocuparse por las tareas no cumplidas, y soñar hasta el último momento con el cuerpo de la Yayita, la compañera de Condorito, en sus distintas avatares a lo largo de la Metrovía". Creo que me faltó organizar mi vida con suficiente previsión para que no terminara así.

Tuesday, August 17, 2010

Zona degenerada

El Telégrafo me ha vuelto a sorprender. En serio. No lo resisto, transcribo el artículo por completo, es que no tiene desperdicio.

Pastores de Pueblos

FRANCISCO ARELLANO RAFFO

arellanoraffo@hotmail.com

El que anhele ejercer su vocación de pastor de almas, sin importar la religión que profese, debe solicitar ser aceptado en una casa de formación, y sólo después de una adecuada preparación de muchos años, con rigurosos estudios dirigidos por venerables maestros, puede alcanzar la correspondiente autorización que le permita vivir conforme al llamamiento.

Para los pastores de pueblos, no existen casas de formación por la sencilla razón de que ellos llevan esa marca en el alma y son forjados en el silencio de las cumbres solitarias, siempre envueltos con la purísima virginidad de aromas espirituosos que los protegen de todo mal, sin importarles que cuando empezaron a lanzar sus primeros destellos de grandes y únicos, fueron pocos los que los reconocieron como tales. Pero sí demuestran grande iracundia por los grupos de poder que transmiten conceptos errados respecto de la esencia que individualiza al conductor de pueblos, pues odian y temen al tambor que marca el paso de la nación hacia mejores días.

A esos lagartos sonámbulos, preocupados solamente de tragar y tragar, les molesta todo lo humano que demuestren tener los caudillos populares, y malvadamente pretenden exigirles que no sean seres de carne y hueso sino mudas y frías estatuas, como las de tantos mediocres que observamos por doquier. Son incapaces de entender que muchas de esas estatuas se erigieron exclusivamente para que sobre ellas se posen y defequen las ingratas palomas.

La Historia, sabia consejera, tiene el encargo de resarcirlos siempre, porque generalmente los líderes no tienen junto a ellos, en el momento que toman decisiones controvertidas, a alguien que pueda dar testimonio desde el lado justo. En cambio, siempre hay muchos dispuestos a condenar y sobredimensionar sus aparentes errores. Y, oh cruel sorpresa, en este grupo están, en primera línea, quienes estuvieron al inicio y se apartaron por inercia. Como la grasa y la suciedad que no sirven y por ello se desbordan de la caldera, queda y vergonzosamente, cuando comienza a hervir el hueso carnudo que da sustento a la sopa.

Entiendan de una vez, burdos payasos, afiebrados mercaderes, y tardos aprendices de políticos, que Ecuador es un país de contrastes y extremos, en el que cada cien o doscientos años aparecen hombres maravillosos que marcan hitos en las letras, el arte, la política y el deporte. Que no guardan relación alguna con nadie del pasado, ni tienen compañeros o seguidores que tomen su posta, porque son únicos. Como los rayos que aparecen de repente precedidos por el fulgor del relámpago y que después de haber caído siguen aturdiendo los sentidos.

Rafael Vicente Correa Delgado es hoy por hoy, de manera indiscutible, el caudillo que las grandes masas ecuatorianas estaban aguardando. El pastor de pueblo que no se adelantó ni tampoco llegó tarde. Apareció en el justo momento de luchar por la institucionalidad del país y por el reconocimiento a nuestra soberanía, después de haber padecido con desgobiernos salvajes, corruptos y antipopulares.


Cuando alguien se autocaricaturiza de manera tan fulminante, prácticamente sobra cualquier comentario. Pero en fin, algo habría que decir. En primer lugar, en representación de todo "el pueblo" al que se supone haste un humilde residente inmigrante puede aspirar a pertenecer, le doy las gracias por ser el primero en percatarse de nuestra condición de rebaño de ovejas desprovistas de criterio propio y necesitadas de un pastor que nos guíe, que nos enseñe el camino hacia ese esplendoroso futuro, esos "mejores días" que con nuestro propio esfuerzo nunca podremos alcanzar. Y le agradezco también el haber señalado con tanta claridad, cual Juan Bautista redivivo y diezmero, la esencia a la vez sobrecogedoramente humana y también mesiánica y angélica de nuestro caudillo, de nuestro Führer, de ese líder grande y único que durante tantos siglos y travesías por el desierto del neoliberalismo fielmente aguardábamos, ese ser elegido, protegido contra todo mal por la purísima virginidad de aromas espirituosos (los guardaespaldas y séquitos de policías armados son sólo para despistar), forjado en el silencio de las cumbres solitarias (o de los cursos de Economía universitarios, poco importa) y contran quien los únicos que osan alzar la voz son lagartos sonámbulos a la vez que alcohólicos y payasos y afiebrados mercaderes, imagínense.

Le agradezco, asimismo, el haber rescatado la voz "caudillo" de ese largo e inmerecido oprobio en que languidecía desde hacía medio siglo, y aguardo con interés sus doctas aclaraciones sobre el papel histórico tan injustamente infravalorado de otros "pastores de pueblos", igualmente forjados en el silencio de las cumbres, etcétera, como Pol Pot, Mussolini, Stalin, Trujillo, o desde luego ese Caudillo por antonomasia y tocayo suyo, el excelentísimo General Franco Bahamonde.

Pero más que nada, le doy las gracias por hundir la poca credibilidad que pudiera haberle quedado a El Telégrafo de modo tan contundente e irrescatable. Ahora, si alguien pretende hacerte creer que El Telégrafo merece otro lugar que colgado en la pared del retrete, o que un "medio público" puede ser otra cosa en este país que una obscena pasarela de chupavergas y lameculos aspirantes a sinecuras con sobrecuota de tetonas, ensénale este artículo y disfruta de su repentino tartamudeo. Y es que lo que hace aquí el Señor Arellano, o mejor dicho lo que intenta hacer (le falta todavía algo de puntería) le acarrearía evidentemente expulsión inmediata del Malecón, por constituirse en espectáculo indecente en zona regenerada, y no digo más.

Sunday, August 15, 2010

Indeed

Si tiene alguna relevancia a nivel local, será porque demuestra que en otras partes del mundo los periodistas pueden ser muy, pero muy irrespetuosos con los políticos, y no por eso los tribunales se llenan de pleitos por injurias y amenazas de cárcel, tal vez porque se entiende de otro modo lo de "gajes del oficio". Lo innegable es que Blair se lo merece.

Del blog de Peter Hitchens, copiado de su propia columna del diario ultraconservador The Mail on Sunday:

The final chapter in Tony’s silly story?

Here’s an idea for Anthony Blair, whose vanity-packed memoirs will begin to fall like lumps of lead from the presses all too soon. Don’t bother having any signing sessions, not least because the country can’t afford the police presence. Just sit in a warehouse on some industrial estate and sign almost all the books. Then charge extra for the rare unsigned copies. People will give a lot more for an object they can be sure that you haven’t actually touched. They could even be offered as prizes.

And then, if you actually make any money, give it all to charities which help the maimed and bereaved people of Iraq, and the maimed British soldiers and bereaved military families whose grief and loss you caused by your vanity and your inability to stand up to the White House. And then just please go away, where we’ll never have to look at your silly face, or hear your silly voice, ever again. In return, we’ll all pretend that you wrote the book yourself.

Humor de perro

Un científico cuyo nombre no recuerdo, hace años, en un artículo: "Los perros tienen sentido de humor porque provienen de antepasados gregarios. Los gatos, en cambio, no lo tienen, por ser animales solitarios." Lo dijo con más finura. Algo así como: vives solo, y las únicas veces que apareas lo haces con otro ser solitario provisto de largas garras, acto que dura un instante, tras lo cual, vuelta a la soledad. ¿De qué vas a reirte? En cambio, el perro, o su abuelo lupino, vivía en una manada, donde si no eras el macho alfa mejor que cultivaras la resignación, el autocontrol, y el autoconsuelo ante la imposibilidad de hacerte con las hembras que quisieras, a más de que si sabías hacer el payaso vivías más años. Por eso, el perro sabe hacer conscientemente el ridículo, manera de publicitar su inofensividad ante posibles venganzas de seres jerárquicamente superiores. Se hace el simpático, pues de eso come y siempre ha comido.





Como los perros, provenimos de una especie gregaria. Nuestros congéneres más cercanos, los chimpancés, viven en tribus a veces enemistados entre sí, que hasta son capaces de matar los unos a los otros sin necesidad; tribus que además manifiestan estructura jerárquica. Toda esa podredumbre (el elitismo, la adulación del más fuerte, la borrega sumisión a directrices supuestamente colectivas, el tribalismo violento) la llevamos en la sangre, y nos resulta difícil concebir una sociedad humana que no manifieste por lo menos alguna de estas características (me quedo con la visión de Star Trek: una humanidad recontraevolucionada, pero que conserve los acentos escoceses y las minifaldas). Pero también somos seres pensantes, y si algo queda sobradamente demostrado por nuestra historia como especie, es que la capacidad de pensamiento creativo que nos distingue (sin hablar de la capacidad de sentir) es un atributo del individuo: la creatividad y el sentir colectivos no existen. El colectivo puede reproducir, socializar, masificar pensamientos y hasta sentimientos, con tal de que éstos sean primitivos y manidos; puede ser, a lo mejor, biblioteca para ilustrarse, historia del pensamiento; pero no puede crear ni una sola idea nueva, ni asociar ideas con emociones de modo impredecible. Por lo tanto, cualquier futuro que no sea rueda de molino ni lenta decadencia nos quiere desarrollados como seres humanos: es decir, libres.









Saturday, August 14, 2010

Es útil tener principios

Alcen las manos quienes recuerden a Moisés, o en su defecto a Charlton Heston, haciendo cosas bacanes con un palo, verbigracia, convirtiéndolo en una serpiente. Moisés, porque era Moisés. Niños, no intenten esto en casa.

Pero siguen intentando. Si cojo esta palabra larga y recia, esta should, y la arrojo al suelo con un bramido animador, se convertirá en algo vivo y venenoso, que herirá a muerte a mis enemigos.

¿No?

Esta semana tengo dos entrevistas por teléfono: uno es para un trabajo en Egipto, otro para Arabia Saudita. Con suerte (no me fío, la suerte no es lo mío, a mí me persiguen los relámpagos y las montañas esperan mi presencia para avalancharse sobre mi cabeza) estaré en uno de estos dos países a partir de septiembre. Odiaré, como es lógico, el Islám (aunque parece que en el Cairo sí hay vino: Omar Khayyam, Obelisk, Grand Marquis están entre las marcas disponibles, según mis contactos), pero dudo que por mucho desprecio que me inspire me obligue a renunciar a mis principios, entre los cuales figura la creencia de que cada cual es libre de hacer lo que quiera con la tierra de que es legítimo propietario, aunque ésta esté a unos bloques de Ground Zero. ¿Ven? Tener principios, si no otra cosa, te ahorra mucha saliva.

En el Guardian de hoy, otra feria de saliva en subempleo: la cuestión de si la autora que publicó un libro exitoso basándose en un supuesto mensaje en una botella que hubiera encontrado en las playas de Kent, escrito por la madre de un hijo muerto, es o no es una cínica aprovechada altamente despreciable. Dejando de lado la probabilidad, altísima a mi modo de ver, de que la historia sea pura ficción, me recuerda lo que pensé al enterarme de que alguna de las obras más relevantes de Franz Kafka fueron heredadas por un amigo que había prometido quemarlas, y que luego se desdijo "para el bien de la literatura universal". Siempre pensé que ese tipo era un canalla: parafraseando a EM Forster, si tuviera que escoger entre traicionar a la Literatura Universal y a un amigo, espero tener agallas para traicionar a la Literatura. Pero luego acuden prestos los Principios, que me recuerdan que no existe tal cosa como la propiedad intelectual, que todo lo que se publica (verbigracia, se mete en una botella y se lanza al mar) es de naturaleza pública (valga la redundancia), y que entre las libertades más sagradas está precisamente la de ser un canalla, o una cínica aprovechada, mientras con eso no se produzcan daños físicos ajenos.

Al fin y al cabo, las botellas son para que los mensajes sobrevivan, y Franz hubiera podido quemar sus libros él mismo (carajo). Y pedir a una "comunidad religiosa", cualquiera, cosas como tacto y sensibilidad es sublime quijotería.

En fin, hablamos demasiado.

Thursday, August 12, 2010

Teología de la Liberación: Nuevo Decálogo

1.Amarás a Fidel sobre todas las cosas.
2.No tomarás el nombre de Bolívar, o sea el tuyo propio, en vano.
3.Decidirás las fiestas.
4.Honrarás a tu padre y a tu madre delante de la cámara. El resto del tiempo, pondrás en tela de juicio la paternidad y maternidad ajenas.
5.No matarás, salvo que haya pretexto revolucionario.
6.No cometerás adulterio. Mejor te mantendrás libre, chingando a todo lo que se mueva y no use champú Ego.
7.No robarás. Crearás ministerios para que otros lo hagan por ti.
8.No dirás falso testimonio ni mentirás, salvo que te encuentres con la boca abierta.
9.No consentirás pensamientos ni deseos impuros en las clases inferiores.
10.No codiciarás los bienes ajenos; es una pérdida de tiempo, pudiendo expropiar directamente.

Wednesday, August 11, 2010

Bonjour tristesse

Somos una especie arboreal antes de cavernícola. Un niño afortunado se pasa la infancia, como yo, en lo alto de una haya, explorando su faceta de Tarzán, desde donde ve acercarse la tormenta. Para lo que, cuando llega, poco abrigo hay, ridículamente poco, es decir en el jardín había una construcción de cajas de cartón, en un bosque cercano también una furgoneta abandonada a ratos... y a veces, cuando arreciaba, la casa, pero como último recurso. Y dentro de la casa, por algún tiempo, estaba la Jenny, la del cabello negro tan hermoso y del acento Lu'on Airpor', la de las pinturas de flores y caracoles, la que me hizo avergonzarme de mi altura y condición de pubescente, la que me volvió la mirada huidiza y furtiva, la que trajo los discos de James Taylor y, desde luego, el Tubular Bells, que ahora tengo puesto (segunda parte, Piltdown Man). Claro que toda casa inglesa que se preciaba tenía ese disco: en aquel entonces, aún no me había dado cuenta de que casi todo lo que escuchaba tenía caducidad micróbica, llevaba pantálón acampanado y cuello mariposa, pero ese disco no. Perdonándole la producción, se escucha tan fresco ahora como entonces, e insiste en recordarme a la Renilde, la asistente de francés, la de los suéteres abultados y el novio guitarrista, rival mío en lo más íntimo. Para entonces ya estaba yo arrastrando destripamiento y leyendo a Victor Hugo (Les Contemplations). Volvamos atrás.

Ser niño también es esto: interesarse por las explosiones, los malos olores fascinantes, los artilugios hechos con bandas de goma elástica.




La ilustración es del Borderline Sociopathic Blog For Boys, el descubrimiento mío de la semana. Su tesis es muy sencilla: para ser niño a cabalidad, hace falta enfrentarse al peligro. Lo que, sin que el autor aparente darse cuenta, lo enfrenta con el Zeitgeist de modo irreconciliable. Toda Inglaterra ahora es una enorme residencia para ancianos, llena de enfermeras veloces y acucarachadas que esconden obsesivamente las tijeras y censuran escrupulosamente los anuncios de lencería. Acá (ver Informe de Labores Presidencial), tres cuartos de lo mismo.

En los comentarios al blog, un lector confiesa que su juego preferido de la niñez se llamaba "la Maleta de la Muerte". Uno se metía en una maleta en lo alto de un armario, tus compañeros lo cerraban, luego lo hacían caer al piso. El truco era sobrevivir a la caída sin ningún hueso roto. Eso es un juego y no el Interactivo Descubre la Biodiversidad Con Dora y Diego "los murciélagos y los banqueros hacen Iii, Iii".

Y seguirá siendo por mucho que los peligros arrojen víctimas, que es lo propio de los peligros.

En nuestro caso, ni la más benigna enfermera-estado lo hubiera evitado.

Ayer, sin embargo, llegó a casa llorando mi esposa. Me contó que se acababa de enterar de que había habido reunión de madres de familia en el maternal donde llevamos al niño desde hace meses. Ella no fue invitada. Cuando preguntó por qué, le contestaron: "porque su hijo no es un niño normal. Es especial."

Así son los apóstoles de la diversidad. En este mundo feliz, todos han de ser ganadores, y quien se resiste a serlo, es especial, es Caliban, y su madre no es siquiera madre de familia.

Se equivocan.

Él es y siempre será ganador, pero sólo donde yo también intenté serlo, donde no se nota ni se tiene en cuenta, en el alma, donde reside eso que algunos llaman pureza. Que él nunca sea capacitado para entender cuando le dicen aquí viene el tonto: no creo que ahí pierda nada. En casi cincuenta años aprendí lo prescindible del qué dirán. Tal vez nunca pueda hablar: poca cosa pierde. Yo sí aprendí a hacerlo y ¿de qué me ha servido? Lo único que importa, ese extraño entusiasmo por el agua, ese embelesarse delante de una cascada, ese saber de dónde vinimos y adónde hemos de volver todos, tarde o temprano, y mientras tanto, me agarra la mano para llevarme adonde quiere.

La normalidad, un truco demasiado fácil. También los encerrados en cuartos acolchados en San Lorenzo viven sin peligro.

Tuesday, August 10, 2010

Relleno de Arellano

Algunos se acordarán, aunque quizás no con claridad, del oscuro escándalo de los diezmos revolucionarios de hace dos años. Se trata del entonces superintendente de compañías, un tal Francisco Arellano Raffo, quien accedió al puesto al parecer por su condición de amigo y "viejo profesor" de Correa, tras un historial poco edificante de contratos de corta duración en diversas instituciones. Al poco tiempo, los funcionarios de la Superintendencia reclamaban encarecidamente que se le removiese del cargo, entre otras razones por el mismo tema de los diezmos al partido que insistía en cobrar a los recién entrados y ascendidos en dicha institución. Entre los documentos al respecto de este tema que circulan por la web, recomendable la lectura de esta denuncia, que nos proporciona un retrato más íntimo de este encantador personaje, en parte basándose en una carta de protesta del personal femenino de la institución, que se mostraron poco impresionadas por el trato revolucionario recibido por parte del personaje: Llámale a la culona, ¿Dónde está la tetona?, A chuchalud (a modo de brindis), entre otras lindezas.

Lo curioso del caso es que el mismo tipo ahora nos sale en su nuevo avatar de columnista de El Telégrafo, donde intenta cumplir un papel de rottweiler al servicio del amigo Presidente de la República, a quien se refiere habitualmente en estos términos:

"...el Presidente de los ecuatorianos, que no se arredra ante nadie..."
"...
trabaja como un titán a pesar de no contar con el equipo adecuado en ciertas áreas. Que Rafael Vicente Correa es un verdadero conductor de pueblos, lo reconocen amigos y enemigos"

A la par de semejante grasosa adulación, que en mi país le haría merecedor de la Orden de la Nariz Marrón, hay que reconocerle cierta incontinencia en la asignación de epitetos deshonrosos a supuestos "enemigos", categoría que por lo visto conforman todos aquellos que en algún momento hayan tenido discrepancias con su adorado Caudillo. En esta lista entra, por ejemplo, el periodista Emilio Palacio, "pobre diablo", "miserable", "malandrin", "repulsivo payaso", "tonto alegre y despreocupado" preso de "desarreglo hormonal y mental", etcétera. También entra don Francisco Proaño, ese valiente embajador ecuatoriano en la OEA que hace poco dimitió porque su conciencia no le permitía cometer las ilegalidades requeridas por Patiño: tal valentía, para Arellano, le convierte en un "perdedor", y su separación del cargo, motivo de maliciosa complacencia. Hoy le toca, entre otros, al "despreciable Lelo Listo", y todos los miembros de la Junta Cívica de Guayaquil, se supone por lo de la demanda de daños morales en contra del Presi.

Lo cual sugiere ciertas preguntas y reflexiones, no sobre el personaje en sí, sino sobre la política editorial de El Telégrafo.

Algunos viejos periodistas, al parecer, recuerdan cuando El Telégrafo era "un diario serio". Yo no. Cuando recién había descubierto su versión en línea, tocaba elecciones, y todavía tengo fresco en la memoria cómo, desde las columnas de opinión, pedían descaradamente el voto por Correa, cómo denunciaban una supuesta (a estas alturas, cómica) afiliación de Lucio al Opus Dei, cómo nos invitaban a rechazar a un candidato de la oposición quiteña por la profunda y sesuda razón de que tenía ojos azules y aspecto de gringo. Pero lo que no sabíamos en ese entonces es cuánto más bajo aún podía caer esa página de opinión, tras la exclusión del elemento naïf al cual le sorprendió la censura. A la vista está (de la edición de hoy, nomás):



Y pregunto: ¿dónde está la tetona?

Creo que en semejante tétrica fiesta de Hallowe'en, ya no es razonable esperar su grata presencia. Ya la cagaron, amigos. Mejor se solazan con sus anécdotas del Gran Caudillo y abran otro Liebfraumilch. Esta noche todavía da para largo.

Y sigo preguntando: ¿como diario gobiernista, El Telégrafo da la pauta? Quiero decir, eso de contratar a repulsivos payasos para endilgarle el mote de repulsivo payaso a otros, a cuenta del contribuyente, en artículos que no tienen más argumento ni más razón de ser que el insulto y la más rastrera adulación, ¿es a lo que se visa con la nueva Ley de Comunicación? ¿Para esto salimos de la larga noche neoliberal?

Sunday, August 8, 2010

Como la gente

¿Cuántas veces hay que decirlo? La gente no existe. El pueblo no existe. La sociedad no existe. Lo único que realmente existe es el café.

El otro día, entre clases, me fui a ese bar-quiosco frente a la biblioteca para reponer mis existencias de existencia, para tomar el acostumbrado vaso de agua caliente con granos de Noescafé con azúcar y, de paso, ponerme al día con la oferta televisiva de la sobremesa: "Caso Cerrado" a veces, o bien "Vamos con Todo". Esta vez se trataba de un tipo que acababa de pagar una cuantiosa suma a un miembro de la paparazzi, de nombre (creo) Papá Razzi, para que le entregue un video con el que el otro le hacía chantaje amenazando con revelar secretos sexuales. El mencionado "Razzi" fue quien salió delante de la cámara. "Ahora estoy bien," se congratulaba, "ahora, con lo que me ha pagado, estoy como la gente, con casa en Samborondón. Ahora tengo mi Mercedes Benz. Ahora, sí, vivo como la gente."

La dueña de la cafetería meneaba tristemente la cabeza ante tal derroche de teatral vulgaridad.

Un presentador del programa, gordinflón y dicharachero, ofreció: "Para mí eso no es vivir como la gente. Vivir como la gente es vivir en paz, sin enemigos, sin culebras..."

La cafetera sonrió y asintió con la cabeza.

Una presentadora del programa: "Claro, claro que sí. Vivir como la gente... para eso no hace falta vivir en Samborondón. Se puede vivir como la gente en cualquier lugar...."

La cafetera no pudo reprimirse un "eeeesacto".

La presentadora: "En realidad, no importa dónde uno vive. Lo que sí importa, ya lo sabemos, es tu cabello, que tu cabello tenga ese brillo especial, único, ese brillo que sólo podemos conseguir con..."

La cafetera hundió la cabeza entre las manos.

El pueblo es una creación publicitaria. Por definición, el pueblo son los otros, el infierno sartreano. Donde se reunen dos o tres alrededor de una pantalla, ahí estará, encarnado por un actor sacado del paro, con un guión hábilmente concebido para suscitar rechazo universal y sensación de superioridad moral y social en el espectador, quien a su vez, será escarnio de otros en la medida en que "se lo cree" (¿qué? ¿no sabías que son sólo actores?), estos otros siendo igualmente criticables por parte de los que consideran que previo al desprecio hay una necesaria identificación (si tan por encima de éstos estuvieras, ni los vieras), etcétera, en una suerte de regresión infinita.

O bien, a doña Juana Pueblo le damos cara de matriarca universal, de esa tía abuela legendaria que apenas conocimos, la que sabe a ciencia cierta quiénes son "ellos", los que por razones ignotas nos mienten, o que reparte sentencias inapelablemente justas a mazazo limpio; poco importa, desde el momento en que algunos "se lo creen" y otros cabalgan sobre esa ingenuidad para dárselas de mentes superiores, y otros más superiores todavía en su vociferante indiferencia parnasiana, muy distinta al vulgar parti pris anterior.

El pueblo no existe, pero como abstracción es útil, sobre todo para viajar en autobus. A cortas distancias, la individualidad se hace notar en perfumes o lamentables carencias de los mismos, en remolinos de cabello y Biblias con resaltes fluorescentes y cotizaciones de Chevrolets para guardar el lugar. Pero para que el viaje transcurra sin incidente, tiene que flotar por encima del resto de cabezas esa neblina azul alpina de semiconsciente colectivo. Esa electricidad estática que se galvanizará en tormenta el momento en que se te ocurre ponerte a cantar, o sonreirle a esa chica. En realidad, ya lo sabemos, las restantes 73 personas allí embutidas son (al igual que tus compañeros de trabajo) modelos de cartón, y esa chica es, aparte de ti, el único ser humano que queda en el mundo, naufragado en la orilla del momento tras una secular travesía de oceanos y desiertos. Lo más natural del mundo fuera saludarla, dar santo y seña de vida. Pero está el pueblo, esa oscura violencia que flota como vapor en el aire. A contenerse, pues, hasta ser vomitado cual Jonás en la parada de Luis Vernaza.

Eso hace que para muchas personas los viajes sean mucho más tranquilos y amenos. No voy a pasar por cada uno de sus asientos. No tengo nada masticable ni delicioso. Tranquilos.

Saturday, August 7, 2010

La Pasión Turca

Siempre lo he dicho: al mundo le falta más violencia. Me refiero, claro, a ese tipo de violencia tan sana y saludable que informa los juegos de los gatitos de meses. Nada de saña, nada de anhelos destructivos. Asertividad corporal, baile simbólico de fuerzas, rescate de músculos. Ahora veo que la tradición turca está de mi lado. La encantadora noticia: una familia turca en Nueva Zelanda se dedica a propinarse mamporros callejeros, a patearse y a estrangularse, de pura alegría, cada vez que la tienda de kebabs vende bien; y lo hacen apoyándose en el tradicional baile de los borrachos, el kolbasti, que parece hecho para gente como yo, gente triste por fuera y alegre por dentro, cuya natural torpeza parece excluir cualquier otra forma de expresividad corporal que no sea el choque violento, sea con otros cuerpos, sea con objetos inanimados, v.gr., (ayer) el espejo retrovisor de un autobús. La cita estrella:

"We are always dancing," Mr Can said.

"I'm happy to dance with my wife and my family. What's wrong with that?"


¿Quién no lo sería?

Friday, August 6, 2010

Roll-over veto, ¿ven?

El Universo:

Rectores de las universidades públicas y privadas indicaron ayer que aspiran a que el cuerpo legal de la Ley de Educación Superior, aprobado el pasado miércoles por la Asamblea Nacional, con 63 votos, no sea cambiando en su fondo con el veto del Ejecutivo. (énfasis mío.)

La Constitución (Art. 138):

Si la objeción fuera parcial, la Presidenta o Presidente de la República presentará un texto alternativo...

La RAE:

veto.
(Del lat. veto, yo vedo o prohíbo).
1. m. Derecho que tiene una persona o corporación para vedar o impedir algo. U. principalmente para significar el atribuido según las Constituciones al jefe del Estado o a la segunda Cámara, respecto de las leyes votadas por la elección popular.


Llevan días molestándome con esto. El veto es la facultad de decir que no: "vedar o impedir". No es la facultad de "presentar un texto alternativo". El Presidente de la República sí puede presentar un texto alternativo, según la Constitución, pero llamemos las cosas por su nombre, por favor. Si se limitara a decir "no me gusta esta ley, háganme otra si quieren, pero tal como está, no la dejo pasar", estaría ejerciendo el veto. Si presenta un texto alternativo, en cambio, no está ejerciendo el veto: está haciendo de colegislador. La Constitución expresamente lo permite; es, discutiblemente, uno de sus múltiples fallos. (Contra esto en otros lares se inventó la bicameralidad.)

Los fallos se hacen notar en los abusos. Fuera bueno que la Constitución, por lo menos, exigiera que la injerencia del Ejecutivo se justificara con alguna rúbrica determinada, tipo "salvaguardar la constitucionalidad", o "armonizar la Ley con disposiciones existentes" o "proteger los derechos de los afectados" o alguna cosa así: no hubiese sido tan difícil inventarse una serie de respetables pretextos. Pero no exige nada al respecto. Y el Presidente, en sus declaraciones públicas al respecto tanto de esta Ley como de algunas otras, se ha guardado olímpicamente de justificar sus pretendidas modificaciones con cualquier argumento de aquéllos que habitualmente adornan el discurso democrático. Podría haber dicho, por ejemplo: "creo que los legisladores no han tenido suficientemente en cuenta el clamor del pueblo", respecto a tal o cual detalle. Lo que realmente dijo en esta ocasión fue lo siguiente:

Ahora tenemos amplia libertad para retirar todas esas reformas que en búsqueda del consenso introdujimos...

Creo que estas palabras deberían ser grabadas en una placa de bronce de gran tamaño para ser colgada en lugar de honor dentro del hemiciclo, para que todos los asambleístas recuerden de aquí para adelante de qué sirve, así medido en libras y onzas y quitándole primero los granos de arena y vellos anales adheridos, la búsqueda de acuerdos y consensos parlamentarios, o incluso, llegados a eso, consensos sociales. Pero aparte de demostrar lo ingenuo que resulta crear acuerdos entre oficialismo y oposición en la actual Asamblea, esta frase merece agregarse a una larga lista de similares pronunciamientos del Ejecutivo, a tenor de que cualquier Asamblea en este país, sea constitucional o constituida, es vista desde la cima de ese Olimpo algo así como una clase universitaria de economía de primer año, de alumnos poco prometedores, en que el sufrido catedrático intenta ilustrar a sus educandos permitiéndoles descubrir algunas cosas por cuenta propia, incluso equivocándose de vez en cuando, pero siempre a sabiendas de que en el último cuarto de hora, los errores serán corregidos, los argumentos falaces rebatidos, los cálculos inexactos expuestos a crítica demoledora, y los alumnos reducidos a una actitud de postrada veneración ante la ciencia superior del Maestro.

Ayer me dio curiosidad sobre cómo racionalizan esos asambleístas del oficialismo su papel de marionetas al servicio del Gran Ego. Me recorrí algunos artículos y entrevistas en torno a un tal Gastón Gagliardo, asambleísta por Guayas, hermano mellizo de algún Fiscal e hijo de algún ex ministro (casualidades de la vida), aparte de ser miembro de la Comisión redactora de esta Ley de Educación Superior cuyo exitoso parto cesáreo dio lugar a tantos festejos el día de ayer. No hay que buscar mucho:

Raúl Abad y Gastón Gallardo (sic), ambos miembros de la Comisión Permanente de Educación, dijeron que frente a un eventual veto del Ejecutivo, “nosotros estaremos con el Presidente de la República”.

Tierno, ¿verdad? Los mencionados miembros de la Comisión encargada de velar por la integridad de esta Ley no saben siquiera en qué términos puede ser modificada por el Presi, pero éste ya dispone de su adhesión incondicional, borre lo que borre, dicte lo que dicte. ¿De dónde esa actitud tan supina, tan invertebrada? Por curiosidad, uno se pone a buscar más, y sale esto:

A mi Ciudad Guayaquil, en sus 475 años de Fundación

por Gastón Gagliardo

En sus 475 años de Fundación, rindo homenaje a Guayaquil, a esta libérrima ciudad cuna de gestas históricas, de gente emprendedora y de trabajo que lucha día a día para para engrandecerla.

Ciudad que genera calidez a propios y extraños, ciudad que acoje y abre sus brazos a ecuatorianos de todas las regiones del país y extranjeros.

Mi compromiso con mi ciudad y mi país, es trabajar generando leyes en beneficio de todos los ecuatorianos.

Ya está. No esperes más. Así, en su totalidad, fue ese "homenaje" tan lírico, tan sentido por parte del respetable asambleísta.

Fíjense bien: el escritor de este "artículo" tiene responsabilidad de determinar el futuro de la Educación Superior en este país. Por si esto no fuera demasiada sorpresa, tenemos que lidiar en nuestra imaginación con el concepto de una ciudad de lleva 475 años siendo fundada (¿cuándo dejará de fundarse?), y que es "cuna", no solamente de "gestas históricas" y de "gente emprendedora", sino también de "trabajo", y no cualquier trabajo, sino "trabajo que lucha día a día", se supone a fin de suprimir palabras duplicadas, como ese mismo "para", y para corregir errores ortográficos, tipo "acoje", pero que por lo visto se queda en el intento, eso sí, haciendo alarde de ese afán de contorsiones tan propio de dicha ciudad que le impulsa a "acoger y abrir sus brazos" (¿lo han intentado alguna vez? Realmente divertido, pruébenlo, acojan sus brazos), sin mencionar aquellas otras contorsiones que permiten al autor definir como "libérrima" una ciudad que según los portavoces más relevantes de su propio partido agoniza bajo la lustrada bota de un cruel tirano. En fin, no seamos tiquismiquis, la cuestión es que el tipo se compromete a generar leyes en beneficio de todos los ecuatorianos, y que tal compromiso de alguna manera, no sabemos cómo si no es "libérrimamente", pertenece al momento climáctico de un artículo de pretendido homenaje a una ciudad (con ilustración cortesía de la Prensa Corrupta).

Que estas leyes en beneficio de todos los ecuatorianos sean cambiadas posteriormente en pro de otros beneficiarios aún por determinar, con el beneplácito anticipado del mismo escritor, se supone que ha de formar parte de otro compromiso aparte, de otro homenaje diferente.

Wednesday, August 4, 2010

J.

Joder (asambleístas, gobernantes de todos los sabores) no es poder. Poder es esto.

Ella asiste a mi clase, donde se siente con unas tres chicas más y un presunto gay (ya saben, de ésos que apelan a instintos maternales en las chicas, y premia las atenciones de éstas con chismes y chistes), pero se distingue tanto por su altura como por cierto mutismo de niña bien criada. Hasta ahí llegaba, hasta darme cuenta hace algunas semanas (fue algo repentino, un camino de Damascus) que se parecía asombrosamente a la Carmen. Es como Carmen Mk. II, en nueva versión más mortífera, más exagerada, desde luego mucho más joven. Mofletuda igual que ella, tal vez incluso más. El mismo aire de cauteloso y amigable distanciamiento de sus compañeros de clase, un poco como si se supiera libre de un bacilo que a los demás les infecta, demasiado educada para subrayar tal diferencia. Y esa manera de hacer parecer a las otras personas alrededor como mal planchadas. Ese aire de hija única, esa discreta pulcritud. Esas caderas. Esa mirada interrogativa, huidiza, tan inquietante. Tengo la sensación, en general, de ser para ella como una sombra en la pared. Pero pasó lo de ayer. Sí pasó.

Los demás ya habían terminado el examen y habían salido. Segunda vez que ella termina la última. Se levanta, con el papel en la mano. Se dirige hacia mi mesa, hacia mí.

La memoria insiste en bordar, en darle un caminar de modelo de pasarela, en que sus pies se cierran sobre la línea a trazar como puntas de tijeras, etcétera. No es necesario creer nada de eso. Simplemente, durante dos segundos que parecieron minutos, sonrió. Mirándome a los ojos, y acercándose a paso de verduga experimentada, sonrió.

Luego entregó el papel, y salió.

Creo que sonreí también un poco, simplemente para no desentonar. Afortunadamente, en mi pobre repertorio de expresiones faciales no hay una que denote hambre, ni avasallamiento. Peor, combinación de ambos. Tengo una única expresión de despistado que cubre casi todo. Tal vez es por eso que incluso de joven, nunca me pasaban cosas.

Ni me van a pasar, evidentemente. Esto no llega ni a anécdota. Es simplemente una ilustración de lo que significa tener poder.

Uno se pasa el día - incluso a mi edad - abofeteado por lujurias de diversos tamaños. Pero no dejan huella. Cumulativamente, crean un ambiente anímico, eso es todo. Lo que llegas a sentir siempre está condicionado por lo que sabes que es imposible que suceda, que en mi caso es absolutamente todo, pues no soy siquiera una persona, sino una brizna de ectoplasmo. Lo de ayer fue diferente. Valga el cliché, uno se siente como venado hipnotizado por las luces del vehículo que viene directo hacia ti. Se olvida de la realidad, con todas sus limitaciones. Durante un instante, tienes la sensación de que todo puede pasar, y dentro de ese todo, lo más evidente: ella te va a aniquilar de alguna manera. Estás en extremo peligro, y a la vez, inmovilizado. Y ahí me quedo, porque se trata de un peligro tan bello, que no admite descripción.

Hace cosa de siete años (escribí al respecto entonces, pero no recuerdo dónde), estaba con la Pilar, y era el atardecer. De repente, me angustié, porque parecía que ella se había transformado en la otra, en Carmen. Se lo dije. Dije que en ese momento había un parecido que me confundía. Ella me respondió, muy seria:

- Es que soy la Carmen.

Y durante unos segundos, lo creí. Aquellos segundos pertenecen con éstos. Momentos en que la realidad se disuelve como acuarela bajo la lluvia.

Hasta ayer, yo me preguntaba si esa chica estaría consciente o no de sus poderes. Algún día la había visto con un novio que sólo admite la descripción de fofo. Ayer me convencí de que sí, pero que tal vez era consciente sólo inconscientemente. En todo caso, espero que en el futuro sólo los use para mal. El poder usado al servicio del bien es lo más triste y deprimente que puedo imaginarme.

Tuesday, August 3, 2010

Cita del día

He described the Spanish Cervantes Prize as "covered with shit". Subsequently, he was awarded the prize in 1995.

(wikipedia, sobre Camilo José Cela.)

Hay que saber jinglés

El presidente del gobierno de España (ojo, para incautos: no el "presidente de España") en el período 1996-2004, según Wikipedia, fue un tal José María Aznar. Según otra teoría, que considero respetable, fue un tal Manuel Pacho. Lo que es indudable es que sin Pacho, Aznar no hubiera llegado a ninguna parte. Sin Aznar, en cambio, Pacho se queda tan Pacho. Sólo podemos especular lo que habría pasado si en vez del Partido Popular, el primer encargo importante de la fábrica de jingles de Pacho hubiera sido para el PSOE, u otra agrupación política. Pero llegaron primero los peperos, y el resto es historia.

Lastimosamente, el único audio que encuentro de la legendaria musiquilla es el que sale (audio/corporativo, última fila) en la misma página de Pacho, y no me quiere downloadear entero. Aún así, los primeros compases les darán alguna idea. Si quieren saber algo de la evolución musical posterior del PP, esta página. Procedo a desmenuzar.

El tutti del principio del mp3, no lo recuerdo. La melodía propiamente dicha arranca en clave de do, con un modesto salto do-mi, a continuación do-fa, es decir primero sube al segundo travesaño de la escalera, luego al tercero, como si probara sus fuerzas. Siguiente compás, otra vez do-mi, bajando vía re a do y otra vez subiendo a fa, como si se asegurara de estos primeros travesaños antes de emprender una subida más ambiciosa. Siguiente compás: do-mi, sol-do, es decir trepa imparable por todo el octavo, antes de repetir el motif establecido, en base al sol, para terminar todavía más alto, en re. Según mis recuerdos, ahí empezaba el fade, para que el eslógan o lo que fuera coincidiera con ese vuelo todavía más ambicioso que nos sitúa en el mi más alto y sigue apuntando hacia arriba. Creo que nunca llegué a escuchar el último compás, donde se supone espera resolución armónica y cadencia final, pues el jingle servía siempre como cortísimo preludio a un mensaje hablado, y evidentemente interesaba más dejar en la mente del oyente ese élan de ascensión, abierto e irresuelto. De hecho, uno se pone a imaginar lo que sería una resolución rápida para que la melodía quepa en ocho compases, y sólo se te ocurren banalidades.

En honor a la verdad, cuando por primera vez empecé a escuchar ese jingle, me molestaba sobremanera. Me parecía cursi, algo al estilo de esos leitmotivs cacafónicos de viejas celebridades en programas de entrevistas, donde se quiere recordar que el plasta decrépito que acaba de de bajar las escaleras del escenario con pretendida gallardía tiene, o tenía, "su propia canción" (uno imagina a un Aznar setentón, calvito, en programa de variedades perpetrando algo jocosamente masónico con codos y cintura para rematar la faena). Pero funcionó, vaya si funcionó. Antes del jingle, el PP era un partido extenuado, sombrío, nostálgico, de malos antecedentes; de repente, con la musiquilla, era una formación joven, enérgica, pujante, ambiciosa. También, por la música uno imaginaba una organización de mediocre alcance intelectual y cultural; pero eso no importaba tanto. Por entonces, todo el mundo sabía que la cultura era, por definición, de izquierdas. La gente ya se hartaba de tanta cultura.

Un día por aquella época, sintonicé el congreso nacional del PSOE, con curiosidad para saber qué música habían encargado crear para llevar la batalla electoral al pentagrama. Cuando escuché la música socialista, me salió una mueca irónica: lo único que tenían era un fondo sinfónico, lleno de afectada grandeur y pinceladas patriótico-militares: evidentemente, ellos habían pensado lo mismo que yo al principio: que los peperos se ahorquen ellos mismos con su cursilonería de jingle, que va a dejar harta a la gente, con empacho de Pacho, nosotros simplemente nos mantenemos al margen, con nuestra gravitas de estadistas intacta. Se equivocaron. El jingle arrasó. Tanto, que para apuntalar el triunfo electoral, a Aznar no le hizo falta más que repetir, como un loro, "Váyase, Señor González". La música ya le estaba enseñando la puerta.

Por consiguiente, se fue.

Mi profesor de historia en el colegio lo dijo, a propósito del famoso encuentro televisivo Nixon-Kennedy: a veces se ganan unas elecciones afeitándose bien. A veces con una musiquilla, un eslógan demoledor (piensen Thaatchi & Thaatchi, 1979: "Labour Isn't Working"). Acá, entiendo que la tradición ha sido siempre: "con camisetas". (Es preciso admirar la calidad y durabilidad de esas camisetas: en el mercado de Durán los sábados, las hay de todas las elecciones del último cuarto de siglo: comprar limones es como asistir a una clase de historia.) Ya no. Si algo de revolucionario ha habido en toda esta triste historia de los últimos cuatro años, entiendo que ha sido la puesta al día del marketing electoral, que los de PAIS han entendido muy bien y el resto, ni flores. (Algo así pasó con las primeras elecciones en que ganó Blair, con Mandelson como éminence grise: la oposición quedó KO con el nuevo y agresivo enfoque tecnológico, con sus Unidades de Respuesta Rápida y todo el intríngulis: adiós, aficionados.) La máquina de ganar votos de PAIS, pienses lo que pienses de su ideología y de sus objetivos, es de una eficacia feroz y demoledora. Hasta da pena verle a ese Lucio, luciendo nueva nariz chata y confiando ciegamente en ese malicioso asesor que le habría aconsejado que vaya por ahí hablando de sí mismo en tercera persona, para darse más credibilidad. No han entendido que las reglas han cambiado. Ya salimos del Triásico, señores.

Es hasta impresionante pararse a considerar la tanda de triunfos de la oposición política en este país en los últimos cuatro años:

Eslóganes memorables...............0
Jingles pegadizos..................0
Epítetos arrasadores...............0
Escándalos hábilmente aprovechados 0
Espacios de propaganda productivos 0
Personajes con carisma.............0.667

Es como si pensaran que hacer oposición era otra cosa. Dios sabrá qué cosa. ("Negociarse una universidad", se me ocurre de repente.)

Hay que saber jinglés. Hay que entender que votar en función de propuestas y programas es de excéntricos, y Ecuador no es un país de excéntricos. Se vota por un imagen, aquí y en todas partes, pero sobre todo aquí.

Me atrevo a predecir que el partido que le gane a Correa (o su heredero, sea quien sea, de aquí diez, quince años) tendrá un jingle que, como el del PP, constará de figuras melódicas ascendientes, que permita contrapunto de nuevas voces (para dar la idea de algo que crece en tamaño) y que sea fácilmente adaptable a ritmos de cumbia, de bachata y tal vez de garage band rock. Tendrán como candidata a una mujer, entre otras razones por ésta:

ENTREVISTADOR/A: ¿No le parece que su enfoque es excluyente y sexista?
CANDIDATO: Ejem, en realidad, bla. Por otra parte, bla y bla. Pero déjeme terminar. Bla, bla, bla (cont. en la p. 96)
CANDIDATA: (esboza sonrisa irónica)


Y sobre todo, tendrán una agencia publicitaria de solvencia que les proporcionará spots televisivos de fino y demoledor sarcasmo a pedir de boca.

Ya lo sé: ciencia ficción.

Monday, August 2, 2010

Betty la Franca

(De El Universo) "Amores indicó que la intención de la ausencia del bloque en el pleno fue evitar que cualquier decisión que se pueda tomar al interior del pleno pueda entrar en contradicción con la posición del presidente Correa."

Así de nauseabunda está la cosa.

Imaginen: en la primera mitad del partido marcas un gol. En la segunda mitad, tu equipo se niega a salir del vestuario, no vaya a ser que el otro equipo marque también, o peor, te gane por goleada. En el fútbol, hay reglas contra eso, en la Asamblea, no. Qué pena de país, y qué miseria de partidocracia.

Con Atahualpa estábamos mejor.

Betty la Fea


¿No deberían definirse conceptos como información veraz, verificada y oportuna, para no caer en subjetividades?

Esto se encuentra en la Constitución... y está explicado en la parte de los derechos a la comunicación, dentro del proyecto...

(de una entrevista en El Universo, sobre la Ley de Comunicación)

Primera pregunta: ¿Dónde en la Constitución se encuentra la definición de esos conceptos? Salen nombrados en el Art. 18, pero hasta el buscador de Adobe parece incapaz de dar con esas definiciones. Y ¿dentro de cuál proyecto? Yo he buscado en el que se presentó a segundo debate, y ni rastro de definiciones.

Se me ocurren más preguntas. Si el entrevistador, sin duda un avezado periodista, y un experimentado usuario de Google (yo) no podemos encontrar esas definiciones legales, ¿no hubiera sido una cortesía de parte de la Sra Carrillo comunicárnoslas? Y otra, esta vez para el lector: ¿usted tiene la más remota idea de lo que es una información oportuna? Convengamos en que algo oportuno es algo que se hace o se dice en el momento y el lugar convenientes, pero ¿convenientes para quién? Si, por ejemplo, el Presidente de la República declara su simpatía por el jefe de estado iraní, Ahmadineyad, y yo el mismo día publico algunas declaraciones de este último a tenor de que el Holocausto judío en la II Guerra Mundial fue una mentira, ¿tal noticia es oportuno (por lo que permite señalar la coincidencia entre Rafael "Cuba es una democracia" Correa y Mahmud "El Holocausto nunca pasó" Ahmadineyad, en el sentido de que ambos dan muestras de ser unos tarados mentales de cuidado), o inoportuno (por lo que puede hacer dudar sobre la sensatez de la política exterior ecuatoriana)? ¿Quién decide, o decidirá, estas cuestiones?

Y otra pregunta más. ¿No será que estas definiciones no existen, y la Sra Carrillo está mintiendo?

¿Qué es para usted la libertad de expresión?
La libertad de expresión tiene que estar acompañada con la responsabilidad ulterior.

¿Cómo se expresa esa libertad?
En decir las cosas que pueda demostrar que son ciertas.


(de la misma entrevista)

Y sigo preguntando. ¿Por qué la Sra Carrillo esquiva la primera pregunta? (Ya me dirán ustedes. P: ¿Qué es X? R: X tiene que ir acompañado con Y. ¿WTF?) Y tal vez más crucial: ¿cómo es que los responsables de definir una Ley de Comunicación se muestran tan incapaces de comunicar? ¿Por qué el primer proyecto cayó a cargo de Rolando Panchana, redactor tan inepto que no tuvo empacho en soltarnos un

se ha identificado la necesidad imperiosa de proceder a la elaboración de un nuevo marco normativo que regule la comunicación de manera que responda a la dinámica de esta actividad

(es decir, si no se regula, la comunicación no sabría "responder" ni a su propia "dinámica": realmente penoso); por qué, a continuación, se nos presenta un proyecto que, sobre la definición de "opinión", opina tal como sigue?

Opinión: - Exposición y argumentación del pensamiento o expresión de un personaje o medio de comunicación acerca de cualquier información que la se la produce o difunde a través de cualquier forma incluyendo las formas artísticas de cualquier naturaleza-

De las confusiones gramaticales, mejor no hablar ("la se la produce"); ya nos fuimos acostumbrando con el Sr Panchana. Peor que eso es descubrir que si digo que la tal Betty Carrillo es fea (me refiero no tanto al aspecto físico sino a otras cualidades), eso según parece no es una opinión, pues la tal exposición por parte mía carece (aún) de argumentación posterior; además, no está claro que la propia Betty sea una información, con lo cual todo lo dicho acerca de ella, argumentado o no, difícilmente puede sostenerse como opinión según el citado criterio. Y entonces pregunto: si no es una opinión, ¿qué demonios será?

Y no hablemos de la tenebrosa confusión mental capaz de engendrar "pensamientos o expresiones" desde un "medio de comunicación". En la vida cotidiana terrestre, un emisor, léase persona, primero piensa y a continuación codifica tal pensamiento en un mensaje que comunica a un receptor a través de un medio. En el mundo encantado de Betty Carrillo, en cambio, el propio medio, es decir el papel impreso, las ondas de radio, o las señales enviadas a través de la Red, son los que piensan, a tenor de lo que acabamos de leer. Confusión por otra parte bastante frecuente en el discurso propagandístico de este gobierno, donde a menudo "los medios" son tildados de corruptos, de mentirosos, etcétera, queriendo dar a entender que los verdaderamente corruptos y mentirosos son los editores, los periodistas, los columnistas, o los propios dueños de las empresas mediáticas... a quienes sin embargo no conviene nombrar (pues ello implicaría el tener que sustentar las acusaciones), por lo que mejor quedémonos con la confusión, que siempre podremos excusar como metonimia.

Entonces la pregunta se vuelve insistente: ¿qué es lo que hace que unas personas incapaces de pensar ni de comunicar con claridad se autoadjudiquen la tarea de "regular" la comunicación de los demás? ¿No será que tradujeron mal el consejo de Bernard Shaw (si no sabes hacerlo, enséñalo) y quedaron con algo así como si no sabes hacerlo, regúlalo? (La doctrina del perro del hortelano, para entendidos.)

Sobre la segunda respuesta citada de la Sra Carrillo, se nos ocurre otra pregunta más. ¿Por qué esta pobre mujer dice tantas sandeces?

Ya me dirán. Si la única libertad de expresión que tenemos es, según la Carrillo, la de decir las cosas que podemos demostrar como hechos (aunque tal demostración remita a unas definiciones en unos textos que nadie ha visto: gajes del oficio, supongo), entonces libros como El Origen de las Especies nunca hubieran sido escritos, pues pese a ser casi universalmente aceptadas, las teorías del gran Darwin aun hoy por hoy no pueden ser "demostradas" de manera definitiva. Convengamos que en el universo telenovelero de Betty Carrillo, sobra la literatura (la veo en mi imaginación, ufana, haciendo hoguera de Palmerines y Amadises), sobra la exploración científica, sobra el debate (pues ante la razón evidente, no cabe ningún derecho de disentir, y cualquier razón que no sea evidente igualmente se ha de callar, según ese soberano parecer); en fin, sobra todo lo que no sea la piadosa repetición de chismes obtenidos de primerísima mano o de buena fuente.

Como dato curioso en relación a esto, mis investigaciones en algún momento desenterraron una propuesta de Ley de Comunicación de la autoría de César Montúfar, que si bien no la terminé de leer (buscaba otra cosa) por lo menos dejaba bien sentada y argumentada la distinción entre información y opinión y la necesaria libertad de expresar opiniones subjetivas, donde no cabe, evidentemente, ninguna exigencia de verificabilidad. Si suponemos que este texto, por lo menos (sin hablar de sus fuentes filosóficas: no pidamos peras al olmo), es conocido por los asambleístas de la ralea de esta Betty, queda claro que su confusión al respecto es totalmente voluntaria e interesada. Es decir, no es que no entienda el tema de la subjetividad, sino que no quiere entender. Prefieren seguir exigiendo la verificación de lo inverificable, por la simple razón, supongo, de que creen que eso les dará poder.

En otro artículo sobre el mismo inefable personaje, de recomendada lectura, constatamos:

Es partidaria de que el Estado "debe regular las relaciones en todo ámbito" y mencionó las relaciones económicas, las relaciones sociales, las relaciones de salud y las de comunicación.

A lo que pregunto: ¿de qué manera cree usted, estimado lector, que se podrán regular las relaciones sociales? En serio, el tema me interesa bastante. Quizás debería dirigirme a los incondicionales del gobierno con esto: por favor, indíquenme, ¿cuándo fue la última vez que, en medio de alguna actividad social, a usted se le ocurrió pensar: Caramba, aquí hace falta una ley? Habrá sido en medio de una conversación larga por teléfono, donde de repente se le ocurrió pensar que el Estado debería limitar la duración máxima de tal conversación? ¿O tal vez piensan que debería haber una exigencia de que los seres de clase inferior se quiten el sombrero al ver pasar un vehículo gubernamental, en señal de respeto ante la majestad de tal evento?

Si lo pregunto así, es porque veo que no hay límite a la aberrante trivialidad y las veleidades autoritarias que trastocan la mente de la Sra Carrillo. Sigue el mismo artículo citado:

Puso como ejemplo que para obligar a los ciudadanos a cruzar la calle por el paso cebra, se tuvo que poner una multa.

"Si todos tenemos la intención de cumplir, de ser buenos ciudadanos y de trabajar armónicamente, no hay que tener miedo a las sanciones", comentó.

El ejemplo es elocuente, y aparte de provocar los entusiasmados aplausos del Duce, invita a la siguiente pregunta: ¿cuántos hay en este país que creen que nuestros gobernantes son los que mejor saben, en cualquier momento, dónde tendríamos que dirigirnos para cruzar la calle? Y llegados a este punto: ¿no sería solución que las nuevas normas de tránsito estuvieran a cargo de una verdadera autoridad en la materia como, pongamos por caso, la esposa del Fiscal General? (Para que realmente no haya "que tener miedo a las sanciones", digo.)

Tantas preguntas sin respuesta. Y he aquí una más. ¿De dónde sacan esos horrendos personajes listos para ocupar cargos legislativos o gubernamentales? ¿Dónde crían estas mujeres - las Duarte, las Buenaño, las Carrillo - llenas de vacuidad, de pequeñez de espíritu, de autoritarismo alegre e irreflexivo, de servilismo hacia el Gran Gorila Jefe? Podráse hablar de la Revolución de las Abanderadas del Colegio, de esas chicas con pelo lacio, pluma verde y letra redondeada, asiduas del Club de Periodismo de quinto año, donde ganaban premios por sus pedantes ensayos sobre la necesidad de trabajar por un mundo más floreado y, de paso, más ordenadito?

Fea, realmente fea.


Posdata: "Vilema reconoció que los conceptos de veraz, verificada, contextualizada y plural no están definidos en la ley y se corre el riesgo de interpretaciones."

Ay, ay, Betty. Y de un compañero de partido, además.