Thursday, September 30, 2010

Gliese 581g

Esto es lo que yo llamo una noticia.

Hay un planeta a tan sólo 20 años luz de aquí - como de Durán a Guayaquil en hora pico, vaya - que se encuentra en la zona Trenzas Doradas de su sistema solar (no demasiado frío, tampoco demasiado caliente) y que de momento parece ostentar todas las condiciones para ser habitable.

Lo único malo: parece que gira alrededor de un enano rojo. Pero bueno, también están los casos de Nicaragua y Bolivia. Aun así.

Lo que a mí me parece interesante es que ese planeta tiene un "lado oscuro" permanente (y otro soleado ídem), debido a su ángulo de rotación.

Lugar de vacaciones ideal, entonces, tanto para fotofóbicos como para británicos en pos del elusivo bronceado camarón.

Warp factor 2, Mr Sulu.

El "secuestro" más corto de la historia

La próxima vez que saque la pierna de la cama y no esté la zapatilla directamente bajo el pie, también pienso gritar "¡secuestro, secuestro!". Parece que da resultado.

En serio, no soy amigo del todosomosismo, pero si estar secuestrado significa no poder entrar en el Palacio de Carondelet cuando nos dé la gana, pues es evidente que todos somos secuestrados. Claro que no todo el mundo se pone a vociferar por ello.

All together now: ¡Dios bendiga a las presentadorcitas de televisión pública con su voz entrecortada, sus ojos humedecidos y su solemnidad a prueba de sensatez! ¡Loor al héroe Correa, aplaudidas sus teatrales bravuconadas por su séquito de guardaespaldas! ¡Loor al simpático Cordero allá en España con su freeloadin' family, en sus decimoterceras vacaciones a cuenta del Estado, que no escatima conexiones vía Skype para decir lo mucho que desearía estar aquí con nosotros! ¡Loor al pueblo ecuatoriano, que ha demostrado su vocación democrática y su respaldo al Presidente cerrando las farmacias y asaltando los bancos! ¡Démonos todos una gran palmadita en la espalda, somos los mejores, así nos libramos de esos traidores a la patria, y vengan muertes cruzadas y lo que nos quieran echar!

Estupido montaje

(De momento, lo unico que me han robado son las tildes.)

Lo conozco de otros paises. El gobierno se siente un poco solito, asi que organiza un "Three Day Belonging Experience", con cualquier pretexto (en este caso, se habla de policias y militares insubordinados, pero sin ninguna evidencia). Basicamente, una excusa para que el televisor se llene de mensajes tipo "Respaldamos a nuestro Presidente, que tanto por nosotros ha hecho", etcetera.

Barf.

Si no desocupan el puente pronto esos agents provocateurs al servicio de Alianza PAIS, a los que se les ve el plumero a dos leguas, no podra llegar a casa mi hijastra y tendra que dormir en el colegio. Cabrones de mierda.

Saturday, September 25, 2010

Se busca: felicidad

Cada día veo a gente feliz. Sí, existen. La mayoría de ellos están sentados fuera de algunos locales en algunas esquinas del centro de Durán. Y lo científicamente interesante del caso es que están todos borrachos, o por lo menos sosegadamente plutibundos.

Hay una correlación muy alta, sospechosamente alta, entre intoxicación etílica y felicidad.

No diré que todas las personas felices están ebrias. Hay casos aparte, como el de esta mujer, que según colijo de sus escritos parece encontrar algo parecido a la felicidad en el muertimonio y en las enseñanzas de unos seres esferoïdales de dudoso género que comparten sastre con Demis Roussos y a los que debe de conocer de Supermaxi, ya que en Mi Comisariato no se ve nada de eso.

Hay géneros de felicidad, indudablemente. Es preciso descartar primero los que a uno no le sirven, por ser simplemente inalcanzables. Como todos saben, para ser feliz en, mejor dicho a través de, el martirmonio hay que ser mujer, lo cual en mi caso implicaría unos enormes gastos (sobre todo en zapatos) que en mi actual situación de penuria no me puedo permitir. Descartado, entonces. Asimismo, lo de tener un padre espiritual, o madre ídem, a eso no me alcanzan los cuartos. (Cuando, hace años, me pude costear durante un tiempo una sicoanalista, que se parecía asombrosamente a un mirlo, sirvió casi únicamente para tener sueños raros cada noche. Eso pertenece a otro post. Ballenas voladoras: recuérdenme.)

Hay algunos que alcanzan la felicidad, o algo superficialmente parecido, cultivando creencias estrambóticas. A mí me encantaría ser feliz creyendo que hay un Ser Invisible con el que se puede comunicar asumiendo posición genuflectoria, y quien practica gratis sencillas intervenciones odontológicas en sus discípulos favorecidos durante la noche (me iría de perlas). Pero no conozco el truco mental ése de adormecer la racionalidad a voluntad, aun aceptando que tal racionalidad no ha sido actor destacado en mi historial personal. Yo sí puede creer en seis cosas imposibles antes del desayuno, pero no suelen sobrevivir a la inyección de cafeina. O no todas ellas. No las que uno quisiera.

Asimismo, hay esa felicidad que procede de un cálculo aritmético que a uno puede que le haya salido favorable. Lo explica a la perfección Mr Micawber:

"Annual income twenty pounds, annual expenditure nineteen six, result happiness. Annual income twenty pounds, annual expenditure twenty pound ought and six, result misery."


En mi caso, tal cálculo me condena a misery, que no es miseria sino desdicha, a raudales, pues si bien vivo modestamente, el servicio de mi deuda externa desde el pasado annus horribilis se como los ingresos no sólo presentes sino futuros que da terror pensar en ello.

(A veces uno se imagina ser Jeffrey Archer. Ése, cuando estuvo endeudado hasta el cogote, en lugar de apabullarse simplemente se dijo que para ser tan endeudado hay que ser una persona extraordinaria, y de hecho, cuanto más endeudado te hacías más extraordinario te volvías, así que se dedicó a endeudarse más, alimentando sobre todo a ese ego de escritor que al final le permitió ser millonario fabricante de best-sellers, dirigente de partido thatcheriano, filántropo kurdo, embotellador de orina beatliana y presidiario, el sueño de todo joven ambicioso. Según rumores, también caminaba sobre el agua, en su tiempo libre.)

(Y a propósito de presidiarios: ¿alguien más vio esa noticia la semana pasada, según la cual a algunas mujeres las pillaron "escondiéndose" en la Peni? Fascinante país en el que, en lugar de que los encarcelados intenten huir, los no presidiarios se las ingenian para intentar introducirse subrepticiamente en la cárcel. No sé cuál será el castigo penal por introducirse dolosamente en una prisión. Justicia manda que a esas mujeres se las condene a un año de no reclusión.)

Volviendo a la felicidad. El año pasado mi esposa se fue a Miami para comprar ropa con el fin de venderla y hacerse algo de plata. A la vuelta, me trajo la noticia interesante de que en Miami, todo el mundo es feliz. Como prueba de ello, trajo unos sobres de cereales Quaker. Ahora, tanto aquí como en el resto del mundo, sabemos que bajo la marca Quaker sólo se encuentran humildes copos de avena, sin añadiduras de ningún tipo. Allí, en cambio, en EEUU, puedes comprar copos de avena con sabor a miel y canela, con sabor a frutilla, o con sabor a chocolate, por citar sólo los ejemplos que ella trajo. Con esas evidencias, me dejé convencer. Es difícil imaginarse cómo uno se sentiría sabiendo que cualquier cosa que comes puede tener sabor a cualquier otra cosa que desearías comer. Como una vez dijo el escritor británico David Lodge en un ensayo sobre su experiencia de viajar a EEUU, ese país es, o parece ser, "una enorme conspiración para hacerte feliz". (Lo compara con su país natal, que podría denominarse asimismo, aunque él no lo dice, como una pequeña conspiración para hacerte sentir tristeza y resignación.)

Así que otro modo de ser feliz sería ir a vivir en EEUU. El problema, en mi caso, es encontrar trabajo allí. Lllevo meses intentándolo, y de momento nada.

¿Qué me queda, entonces?

Emborracharse es uno. Otro, más complicado, es intentar vivir siempre en la frontera de tu esfera, mirando hacia fuera en lugar de hacia dentro. Lo de dentro se cuida solo, después de todo.

Don't Hang Up

10CC, de nuevo. Amazing song, crap video.


Wednesday, September 22, 2010

Sylvia

Sylvia.

In tests, 8 out of 10 swains who expressed a preference commended her.

Sunday, September 19, 2010

Sorry, wrong culture

Voy a la farmacia y me planto detrás de una gorda charlatana. Espero con paciencia para que la despachen y me toque el turno a mí. Entretanto, se acerca un tipo del barrio, bajito, fornido, con cara de lector del Extra. Sin mirarme, se pone al lado de la gorda. En cuanto se acerque momentáneamente la tendera, aprovecha para hacer su pedido en voz alta. "Cuatro pármato". La tendera pone cara de extrañeza. "¿Cuatro papas?" El tipo insiste: "Pármato". "Ah, Pharmaton", dice la farmaceútica, y se ríe. Haciendo uso de ese talento de multitasking que tienen las tenderas de aquí, le despacha a continuación, sin dejar de hablar con la gorda y de despacharla a ella también. Ahí se acaba la historia. No tiene nada de interesante, excepto a nivel estadístico. Es que esa historia se repite por promedio dos veces al día, cada día, desde hace seis años. Lo tengo comprobado: no importa que esté en Durán, en Guayaquil, o cualquier otra parte de la zona litoral, basta que yo me acerque a alguna tienda para que me torne invisible.

¿Qué hacer al respecto? Una vez - una sola y única vez - interrumpí el proceso, espetándole a la recién llegada, también (por extraña coincidencia) una gordita: "Disculpe, yo estuve aquí primero". Ella puso cara de limón y se calló. Lo hice en parte porque en esa ocasión ya se me habían adelantado dos personas más de la misma forma, y en parte porque recordé que la Carmen siempre decía que hay que ser asertivos, no agresivos pero tampoco pasivos. Quise poner a prueba esa teoría según el cual ser asertivo conlleva alguna ventaja. Me dejó sin convencer. Al mostrar yo esa inequívoca seña de asertividad, no se abrió el cielo, no se escucharon trompetas celestiales, no se convirtió Ecuador instantáneamente en un país moderno, lleno se sonrisas y de gente agradable, nada de eso. Simplemente, se agrió una cara cercana, y yo me sentí un poco ridículo.

Ridículo, porque si bien es ciencia que las gordas demoran un promedio de cinco minutos en ser servidas en las farmacias, también es cierto que yo no tenía tanta prisa, no se me iba ningún avión, ni lo que se despachaba ahí era el último elixir de la eterna juventud. Podía haberme callado y esperado con paciencia, o haber hecho lo que hice hoy, que fue simplemente abandonar el sitio e ir a comprar en otra farmacia cercana, jurando (por quinta vez) en mi fuero interno no volver a comprar en esa farmacia, donde no saben lidiar con la mala educación. Tal juramento no suele cumplirse, no obstante, porque después de pensármelo bien, siempre llego a la conclusión de que no existe tal mala educación. El sempiterno tipo que se acerca después de que tú te hayas puesto a esperar, y se te adelanta, no está siendo descortés, sino simplemente actuando conforme las normas no escritas de esta cultura, que dictan que al llegar a una tienda hay que pedir inmediatamente, confiando en que el cerebro de quien despacha allí dispone de una pila tipo FIFO, bien ordenado, y en que todo el mundo que allí espera ya habrá formulado su petición. Visto desde esta óptica, todo tiene perfecto sentido, e incluso se puede constatar que tal sistema es más práctico (mientras la pila de la tendera sea FIFO y no LIFO, que a veces pasa). El concepto de turno para todo acá no existe, y el ridículo soy yo.

Cuando en Roma, etcétera. Sin embargo, veo que esto es algo más fuerte que yo. No puedo, por mucho que quisiera, dejar atrás mi cultura (acondicionamiento, si quieren) y adoptar otra, por superior que se demuestre. No puedo acercarme a una tienda donde alguien está siendo servido, e interrumpir la conversación para pedir lo mío. Creo que en los británicos el instinto de hacer cola, de no interrumpir, es el más fuerte que existe: más incluso que la libido sexual, o el instinto de dibujar bigote, lentes y colmillos de vampiro en cualquier representación de figura humana en los libros de texto del colegio.

An Englishman, even if he is alone, forms an orderly queue of one. (George Mikes)

Incluso diría que es nuestra manera de ser asertivos. Un inglés se vanagloria de lo mucho que ha esperado por cualquier cosa. Le encanta demostrar su savoir faire en cuestión de hacer columna. Sólo que no suele estar preparado para esas situaciones en que no todo el mundo sigue la misma norma de conducta.

Pero lo interesante del caso son aquellos pequeños brotes de paranoia que a veces a uno le cruzan la mente. Tipo: ¿tendré cara de pasivo, es decir de tonto, que la gente me ignora como si estuviera pintado en la pared? ¿Se tratará de algún tipo de racismo? etcétera. Claro que una mente racional desecha estos pensamientos. Sin embargo, es fácil imaginar cómo en algunos casos la paranoia puede ganarle la batalla a la racionalidad. Entonces, la conflictividad personal estaría servida. (Y las majestades del oficio, supongo que también.)

Thursday, September 16, 2010

Pasajeros, que tengan cuidado con su acento

Por si no fuera suficiente que te arranquen el celular, ahora hay hasta ladrones de acentos.

Lo curioso del artículo: ese "raro síndrome médico" que hace que una persona adopte un acento extranjero desconocido tras sufrir una jaqueca parece en la práctica limitado a sujetos ingleses.

"Entre los casos constatados figuran personas que adquirieron acentos de Alemania, España, Gales, Italia o Irlanda. En el 2006, una mujer de la ciudad norteña inglesa de Newcastle adquirió un acento jamaiquino tras sufrir una apoplejía. En el 2009, un inglés se despertó con acento irlandés tras una operación en el cerebro. A principios de este año, un británico nacido en Alemania adquirió un acento chino tras sufrir una migraña. "

Lógicamente, si ese británico "adquirió" un acento chino sin haberlo pagado de la manera acostumbrada, es decir pasando muchos años en China, hay que suponer que se trata de un hurto, o más probablemente de un trueque involuntario, un birlibirloque, donde algún chino que entró en el mismo vórtice temporal y espacial inducido por la migraña habrá despertado, ante el horror de propios y extraños, hablando mandarín con acento inglés (teñido de alemán, en este caso). Si este inevitable corolario ha pasado desapercibido por los científicos, será por la vergüenza que debe de dar el tener que cargar con ese tal acento en particular, la cual induce a mantener en secreto tan inmerecida desgracia.


En realidad, somos una nación de ladrones. No me refiero (aunque también) al Museo del Expolio, tb. ll. Británico, donde puedes ver hasta las Agujas de Cleopatra, el Cortauñas de Bolívar (¡alerta! ¡alerta!) o el Blackberry del Rey Tutankamún. Me refiero a que la bebida nacional de Inglaterra proviene de una planta, Camellia sinensis, que hasta la fecha nadie ha conseguido hacer crecer en las Islas Británicas, o a que lo que se conoce como "literatura inglesa" es mayoritariamente literatura irlandesa (sumando nativos e hijos adoptivos de la vecina isla), a que el inventor de la prensa murió pobre pero William Caxton se hizo una fortuna con el invento, o a que los más destacados inventores e ingenieros que se suponen ingleses por eso de haber nacido en las Islas Británicas, resultan haber sido escoceses. También, a que cuando uno, como yo, ha pasado muchos años fuera de la Isla, lo que más echa de menos no es nada autóctono sino las comidas hindúes que allá son ritual universal los viernes por la noche. Ser inglés, entonces, según los más consagrados estereotipos significa sorber como un chino, comer como un hindú, dormir como un esquimal, vestir como un jamaiquino, bailar como un mongol, pelear como un vikingo, jugar fútbol como un vaticanense y acomplejarse como un japonés.

Sí, somos ladrones: de bebidas, de platos, de música, de reputaciones, de palabras (por eso los franceses ya no tienen palabra para entrepreneur), de casi todo. Por eso repito la advertencia: si alguna vez usted se encuentra en la Metrovía en las inmediaciones de Las Peñas y ve a un tipo alto, adusto y carcomido, con zapatos polvorientos (¿para cuándo el asfalto en este barrio?), cuide mucho de su acento. Y si después nota que ha empezado a acompañar sus plosivos con una aspiración fuerte, que no pronuncia casi nunca las erres y no es capaz de distinguir el Presidente de un país asiático, acude al santo patrón de bibliotecarios más cercano sin demora.

Les dejo con uno de esos ingleses que no lo es. Él roba a Bogart y Lorre, el creador del clip le roba la canción y le agrega a la irrepetible Bergman (en aquella época sabían hacer mujeres mujeres), yo le robo el clip a ése, y ustedes verán qué harán.



Tuesday, September 14, 2010

Via Negationis

Hace unos días mencioné un artículo de El Universo que sostenía que el eslógan "mentes lúcidas, manos limpias, corazones ardientes" se parecía sospechosamente a un eslógan inventado por el fundador de la Cheka (temido y sanguinario servicio secreto ruso, autor de ejecuciones en masa y numerosas atrocidades). El autor del artículo citó el libro de donde había sacado esa información, y hasta proporcionó números de página. Sin embargo, yo personalmente no verifiqué esa información antes de repetirlo. Me limité a indicar la fuente y hacer algunos comentarios al respecto, que daban por supuesto que el dato era certero.

¿Por qué no me molesté en verificarlo? ¿Demasiada ingenuidad? A mí se me ocurrió que tal vez el dato podría ser impreciso (una burda mentira, en tal caso) pero bueno, miremos el contexto. Esa información, por trivial que parezca, era algo que no dejaba demasiado bien parado al gobierno o al partido que se asociara con un eslógan de tan infames antecedentes. Por tanto, y dada la visibilidad de los medios en cuestión (tanto El Universo como El Comercio publicaron el artículo) uno puede estar razonablemente seguro de que si fuera falso, sería desmentido, o bien por el propio Correa en su sermón sabatino, o bien mediante alguna cadena oficial o ... tal vez a través de un medio oficialista como El Telégrafo. Que es, en efecto, lo que ha ocurrido.

El artículo de nuestro querido amigo Francisco Arellano Raffo arranca de manera característica, con insultos. El autor del artículo sobre el eslógan de los corazones ardientes es "un nerviosito", "con arrogancia de gallina vieja y estúpida": más adelante se vuelve plural y se confunde entre una masa de "perversos", "despreciables", "mediocres y cobardes enmascarados", etcétera. Bien. Uno puede perdonarle a Arellano tantas salidas de tono, pues evidentemente, el autor original se lo habría merecido, haciéndonos creer lo que no es, inventando datos históricos falsos. Leí el artículo de El Telégrafo con interés, esperando el momento en que revelara la verdad del asunto, que el libro citado por El Universo "Stalin y los verdugos, del inglés Donald Rayfield" no existía, o alternativamente, que el dato atribuido no salía en ese libro, ni en la página citada ni en ninguna otra. ¿Cuál sería la verdad del asunto? Con evidente gozo y magistral conocimiento efectista, el Sr Arellano Raffo nos deja en suspense en el primer párrafo... y en el segundo. En el tercero y el cuarto, se muestra juguetón, gozando en su imaginación de la idea del autor original sangrando por la nariz después de un soberano puñetazo propiciado por (se supone) el propio Presidente. La tensión aumenta. Y sigue aumentando a lo largo del artículo. Simplemente magistral. El autor nos ha dejado para el final el desenlace, como tiene que ser, el desenmascaramiento del autor original, la prueba de que todo lo escrito sobre el supuesto eslógan de reclutamiento de la Cheka eran falsedades. Y así llegamos a la última frase. A la última palabra. Nada. ¿Eh? Un momento. Buscamos arriba y abajo, a ver si nos perdimos algo... Nada. ¿Qué ha pasado aquí?

Sucedió, al parecer, que el Sr Arellano Raffo perdió los estribos. Nada más. No pudo controlar su ira al ver que alguien se atreviera a hablar "en contra" (así se lo habrá imaginado, el pobre) de su amado Presidente, y respondió de esta manera, dándole la razón al articulista original de la manera más elocuente posible: insultándole pero mostrándose incapaz de desmentir el dato preciso que había suscitado su enojo.

Si quieres verificar un dato, acude a la fuente. Si te citan algo de un libro, busca ese libro. Si te citan a una persona, pregunta a esa persona. Pero en caso de que no puedas, o no tengas tiempo, la segunda mejor opción es buscar a alguien que tenga gran interés en que el dato no sea cierto. Esa persona te servirá de investigador. Si hay mentira, esa persona la descubrirá. Ahora, lo normal es que si no encuentra la mentira que espera encontrar, se callará y fingirá no interesarse por el tema, dejándonos con la duda. El Sr Arellano Raffo, en cambio, cuando no encuentra la mentira que espera encontrar, en vez de callarse se pone apopléctico, y se lanza a insultar a Raimundo y a todo el mundo. De esta manera nos hace un gran servicio. Casi casi se puede decir que el Sr Arellano se está convirtiendo en el arma secreta de la oposición al gobierno. Por ejemplo, hace unas semanas no solamente él, sino varios articulistas de El Telégrafo y un correspondiente de El Universo mostraron gran júbilo por el hecho de que Emilio Palacio, editor de opinión de El Universo, había cometido una equivocación, admitida por él, en uno de sus artículos. ¿Qué nos demuestra eso? Simplemente, que cuando el Presidente, entre otros, afirma que ese periodista miente constantemente, no es cierto, pues si lo fuera, la equivocación en cuestión no habría suscitado más que un resignado "ahí va una más". La furia inmoderada con que recibieron lo que resultó ser un equivoco trivial, reconocido y corregido al poco tiempo, demuestra que ese tipo de argumentos no les suele caer en el regazo con mucha frecuencia. Y es una suerte que tenemos, al menos en El Telégrafo, a personas tan poco inteligentes que no son capaces de ver el servicio que nos hacen, indirectamente y a pesar suyo, a los que preferimos conocer la verdad de cualquier asunto. Shakespeare lo dijo de manera inmejorable hace cuatro siglos y medio:

The lady doth protest too much, methinks.

Ahora, ese lujo de no tener que verificar ciertas cosas uno mismo, por el hecho de poder contar con adversarios públicos que le ahorran a uno la molestia de hacerlo, eso no es algo que podemos dar siempre por descontado. Depende de la existencia de medios libres, para que esos adversarios se puedan escuchar. Evidentemente, cuando es el Poder quien no sale bien parado de cierta revelación, podemos dar por descontado que cualquier inexactitud será motivo de impugnación instantánea: por lo menos cuando el Poder tiene a su disposición 20 medios propios y una maquinaria propagandística a escala de este gobierno. Al revés, es más problemático. El gobierno puede insultar, difamar y mentir, y ya no hay garantías de que la mentira se revele. Cada vez hay menos garantías de eso. Y es por eso que sólo cabe desprecio por los que defienden la estúpida teoría de que se puede conseguir que todos los medios digan siempre "la verdad", así por decreto, ignorando que "la verdad", cuando no hay libertad (que incluye necesariamente libertad para equivocarse), siempre será lo que quiere el gobierno de turno que sea.

Yo no quiero tener que vivir confiado en que me están diciendo "siempre la verdad". Quiero poder disponer de maneras de averiguarlo yo mismo. Y si una de esas maneras de averiguarlo, la más cómoda y práctica en muchos casos, es simplemente ver qué argumentos en contra son capaces de presentar los adversarios de esa "verdad", entonces bienvenida sea aquella libertad de expresión que permite que todos esos argumentos (o insultos) se puedan expresar libremente. Bienvenidos, entonces, los ataques de furia del Sr Arellano Raffo, que demuestran diariamente que el gobierno que él apoya no tiene a su favor nada más que un pesado y manoseado diccionario de insultos.


PD: Resulta algo misterioso el hecho de que Arellano Raffo insista tanto, en el artículo citado, en que el investigador del eslógan de la Revolución Ciudadana sea "un enmascarado" y "un cobarde", cuando el artículo sale firmado (Antonio Rodríguez Vicéns), sin ningún intento de disimular su autoría. Se supone que será un simple descuido estilístico, digamos, como aquel que le indujo el otro día a afirmar que Calderón y Zurita, los autores de "El Gran Hermano", eran simples aprovechados que no habían realizado ningún "periodismo de investigación en un asunto publicitado y ya conocido por todos"... olvidando que el asunto llegó a ser "conocido por todos" precisamente porque el propio Zurita, entre otros, había realizado esa investigación el año pasado, y lo había publicado en un diario de que Calderón era editor general. Otro más malicioso diría que en cuestión de rigor periodístico lo que hay en el ojo de este señor más parece verga que viga. Pero en todo caso que siga buscando motas ajenas, pues la diversión promete ir para más.

Sunday, September 12, 2010

Lady In Red

The Lady In Red hides under the bed
From a husband who quotes Chubby Brown...

(HMHB, He Who Would Valium Take)

Mi esposa hace unos días se hizo con uno de esos CDs de "música romántica" que venden en los autobuses. Me recordó, primero, mis tiempos de disc jockey en una discoteca segoviana, con 20 años a cuestas, cuando todavía era una escoba con barba. El playlist era siempre improvisado pero dentro de un patrón fijo: arrancar con Frank Sinatra (cuando el local todavía estaba vacío), luego música disco (tipo Earth Wind & Fire, ya saben) durante bastante rato, luego tecno mezclado con Not So New Wave (en aquella época: Depeche Mode, Haircut 100). luego música "de producción nacional" (Mecano, Tequila, Alaska y los Pegamoides aunque ésos ya cantaban un poco), luego cuando se notaba ganas de bailar agarraos, canciones MOR tiradas a románticas para iniciar el descenso (me suena una tal Paloma San Basilio, Barbara Streisand, Donna Summer), y entonces tocaba romántico, pero (el jefe insistía) "quince minutos, nada más". Yo estiraba esos quince minutos lo que podía, pues siempre había muchos agarraos, pero al final tenía que botarlos de la pista, pues si no, no consumían. Se botaban con más música disco, con bastantes reprises de lo más bailable de la semana, que siempre era un extended play de unos tales Boys Town Gang con un cover de una canción de los 60, y entonces uno empezaba a sentirse más libre para mezclar géneros y hacer experimentos, pues aunque oficialmente sólo me tenían que dar un cubalibre gratis por noche, en realidad me tomaba todo lo que quería, cortesía de los barmen de aquel local, en general creo que rondaba entre 8 y 12 cubalibres de Larios por noche (trabajaba una noche sí, una no). Eso sí, cuando era momento de intentar vaciar el local (sobre las 3.30 de la madrugada, a menos que hubiera soldados americanos de visita, entonces se tenía que abrir hasta que se fueran, pues gastaban que daba gusto), había que poner música de la más rebarbativa posible. Alguna vez probé poniendo heavy metal, pero encontraba que esos jóvenes pijos (la nuestra era la discoteca más pija de la ciudad) a esas horas solían descubrir una oculta vena heavy, y cuando tienes gente en la pista tocando air guitar y dándole con la melena (aunque sea una melena imaginaria) ya resígnate a no cerrar en menos de una hora. Entonces, se le daba el gusto a la gente con un poco de música latina (Brasil! Brasil!) y luego, implacable, The Birdie Song, en la versión de María Jesús y Su Acordeón, pajaritos por aquí, pajaritos por alla, las veces necesarias, y buenas noches.

No sé, no creo que haya tocada nunca a Chris de Friggen Burgh, ni en la guitarra ni en el plato. Tal vez todavía no había salido entonces.

La canción se supone haber nacido de una especie de Manhattan Project donde era cuestión de idear alguna arma capaz de aniquilar virginidades, o sensatos propósitos, a escala masiva en poco tiempo. Por lo menos, si hablas con algún dicharachero en un pub de barrio en Inglaterra, te asegurará que no hay nada como Lady In Red para apuntarse un tanto con cualquier ama de casa aquella misma noche, máxime si tienes la suerte de que ella lleva puesta alguna cosa roja (excluyendo el tampón). Y es precisamente lo que no me gusta de esa canción: su aire de trampa, su insinceridad tan eficaz, tan despiadada.

I've never seen you looking so gorgeous as you did tonight...

No conozco ninguna otra canción que use esa palabra "gorgeous", la verdad, no se me ocurre ni una (bueno, Genesis en Suppers Ready, pero ahí era cuestión de gansos). Es que pone a rechinar los dientes, por lo prosaico, por lo oportunista. Toda la canción es así: un experimento de NLP, de psicología femenina para pulpos desesperados, una lisonja musicalizada. No digo que no haya hombres que experimenten

such a feeling of Complete And Utter Love

de vez en cuando, pero que lo digan, aunque estén tres cuerdas al viento, ya es otro cantar: existe algo que se llama vergüenza. Pero para los De Burgh, y son muchos, son un regimiento, que sea verdad o no es lo de menos, la cuestión es que resulta. Vaya si resulta.

Lo de los sexos no es una guerra, sino un desencuentro, y es por esta canción y sus adláteres.

Seamos mútuamente insinceros. Yo te fingiré que me importa bastante más que un bledo el color de tu vestido, y que lo primero que se me ocurre al mirar tu escote es una sensación de Amor Completo y Absoluto, y que no hay mejores palabras que éstas para describir tal sensación. A cambio, tú me fingirás que estás gozando del momento y no de la perspectiva de un compromiso a medio plazo capaz de llenar varios diarios e infinidad de conversaciones en el gimnasio. Mentiremos y nos felicitaremos de ser comprensivos y sacrificados, domesticados si se quiere. Till deaf do us part.

El CD ése es un empacho. Vomito cerezas.

Friday, September 10, 2010

Posible nuevo modelo de asambleista



Por fin. Para algo parece haber servido el viaje de Correa a Corea. Una buena noticia para todos los que se preocupaban por lo mucho que cuesta anualmente mantener a un asambleista de Alianza Pais, vestirlo, alimentarlo y darle de beber amén de todos esos caprichos en materia de laptops y viáticos. Los coreanos tienen la solución: el nuevo Robosambleista. Para las próximas elecciones, en vez de postular candidatos (supuestamente) humanos, se estudia ahora presentar una lista compuesta exclusivamente por estas encantadoras máquinas, que aparte de consumir algo de electricidad durante la recarga nocturna, no tienen por qué incidir más en el erario público, lo cual liberará fondos para proyectos de mayor envergadura y relevancia, por ejemplo, un avión presidencial todavía más grande que el que ahora se piensa comprar. Los robots tienen sendos controles remotos, los cuales a petición del Presidente se combinarán en uno solo, para que se vuelva más práctica la tarea de alzar todas esas manos metálicas con perfecta sincronización. Un verdadero avance en materia de economía, y una razón màs por estar orgullosos de la Revolución Ciudadana.



Thursday, September 9, 2010

Posible nuevo avión presidencial



No deberían dejar a Correa ir a esos países. Siempre cuando vuelves, lo tuyo parece de repente muy pequeño.

Fumiguémonos todos...

Que la Revolución Ciudadana tomó su famoso lema "mentes lúcidas, corazones ardientes, manos limpias" de la Cheka, casi verbatim ("lúcido" por "frío" es apenas un masaje connotacional), es algo que vale la pena saberse. Agradezco al descubridor del dato. Nunca me había parado a pensar de dónde se sacó, pero coincido con el autor del artículo en que todo, todo de esta pretendida revolución es vil emulación. Es la revolución de la Urraca, ese ave que no puede ver objeto reluciente sin codiciarlo para su nido, de modo que bien puedes encontrar varias tapas de botella de refrescos junto con algún valiosísimo anillo de compromiso. No le pidas que diferencie entre el valor de estos objetos: todos relucen, es suficiente. De modo que ahora tenemos a Kim Il Correa admirador del "milagro económico" surcoreano, al tiempo que en su propio país aplica recetas norcoreanas (culto personalista, concentración de poder, centralismo, monopolio mediático, supresión de la disidencia, gobierno por decreto, etcétera). Y como antes comentamos, tenemos un gobierno que constantemente se cuelga medallas retóricas, que se apresura en asociarse con todos los buzzwords recién (1789 en adelante) salidos del horno. Es incluyente, antimachista, cree en la igualdad, en la cooperación por encima de la competencia, es ambientalista, cree en los derechos de los humanos, de la naturaleza, de los árboles, cree en la libertad pero sin caer en el libertinismo, en la movilidad humana, en la patria y la matria, es antiimperialista, es keynesiano y stiglitziano, cree vislumbrar algo rescatable en el marxismo y en el cristianismo y en el islamismo, está a favor de la cultura, de la contracultura y de la recontracultura, de la producción nacional, de los indígenas, de los discapacitados, de todas las minorías, está en contra de todas las drogas menos la coca boliviana, y de todas las dictaduras menos las de izquierda. Nombra un concepto que está de moda y la Revolución Ciudadana se declarará partidario de él, por convicción y desde siempre.

Como iba diciendo: todos tenemos nuestra miasma, nuestro perfume. Todavía recuerdo a mi profesora de biología, una cuarentona o tal vez cincuentona que todos conocíamos por "Ma Brown" ("Ma", apelativo de preferencia para profesoras femeninas, de las que muy pocas había en ese colegio masculino) que se ponía una aroma tan fuerte que el técnico de laboratorio del Bloque Ciencias tuvo que hacer malabarismos para que los ratones skinnerianos no murieran en tropel a su paso (en la hora del recreo, él tenía un negocio pingüe vendiendo ratones blancos a los alumnos por 25p la unidad: yo crié a algunos en el garaje, pero los pequeños se salían entre las rejas de la jaula). Ese perfume de la Brown se supone que era la Madre de Todos Los Perfumes, una irrepetible combinación de notas florales, jazmín, rosa y madreselva, con un toque afrutado de cítricos, un sugerente basso ostinato de almizcle, y juguetonas insinuaciones de Play Doh, whisky, curry, bacalao, parafina y entrepierna de luchador sumo. Pues a algo parecido creo que visa la Revolución Ciudadana: crear la Madre de Todas Las Ideologías De Gobierno, con ingredientes de marxismo, de stalinismo, de castrismo y de chavismo, con toques de ambientalismo Greenpeace, de feminismo radical años sesenta, con ricas notas ancestrales y cierto après-goût orwelliano. Lo malo es que las mujeres que llevan ese tipo de perfume piensan siempre que "caen rendidos a sus pies" quienes realmente están presos de asfixia y buscan surtidores de ventilación a ras de suelo.

Encuentro muy bien que haya una belle époque quiteña (según Abdón Ubidia, no sería la primera), una sociedad de lectores de The Guardian y portadores de boinas de Che que se reúnen en las cafeterías después de llevar a los niños al colegio para masajearse verbalmente, entremezclando recomendaciones sobre Flores de Bach y minispás para pies con citas de Chomsky y de Germaine Greer, y preocupándose en voz alta por los "juguetes violentos" para niños y por si es o no es sexista la trama argumental de Eclipse. Lo encuentro perfecto. Sólo se lamenta que estén en el gobierno, y por ello piensen que su perfume - tan, eh, original, tan seductoramente superficial y contradictorio - tiene que fumigarse por todos los barrios, por si los moscos. Algunos aún seguimos intentando vivir lo poco que queda de nuestra vida. Algunos quisiéramos respirar.

Wednesday, September 8, 2010

Miasma

Todos tenemos nuestra "esfera" (concepto clave de Nathaniel Hawthorne, escritor que me impresionó mucho en mi adolescencia, que es cuando leía), que si quieres puedes imaginar como un globo de chicle alrededor de la persona, de su "círculo social" (el cual centra sus coordenadas en el sacroilium), de sus fantasmas y de su discurso. Ese chicle, ese Beethoven Bubble Gum, describe nuestro mundo: estirado, el chicle permite traslucir objetos exteriores para que no nos sintamos demasiado desamparados. Es nuestra burbuja (desconfía de quien se las dé de no tener ninguna). De modo que para influir en mí tienes que entrar en esa esfera, lo cual implicará necesariamente que te cubras de una fina capa de chicle. Para que te tenga en cuenta tienes que ser Bazooka Joe. Tranqui: otros (otras) lo han conseguido, y han vivido.

Para los escépticos: todos tenemos nuestra miasma: ese olor que nos identifica, que hace que sea levemente más o menos agradable subir o bajar en un ascensor con nosotros. El olor es apreciable a cierta distancia, y puede ser más o menos compartido por una comunidad de personas. Hoy, y también el otro día, fui a entrevistarme en la CEN (mal asunto: pagan poquísimo), y aproveché para ver un poco de CNN en el televisor que hay en la entrada. Curioso, no hubiera esperado escuchar allí acentos británicos. Estaban entrevistando a un tipo frente a un edificio, y el tipo, entre otras cosas, dijo "Pakistan". No me preguntes más. Algún escándalo deportivo. Cuando escucho la palabra "deporte" mis ojos se tornan vidriosos y desencajados (El Camino, Miguel Delibes: recomendado). El quid era que la combinación de ese acento, un Estuary algo tirado a RP pero muy actual, y ese peinado al rape, esa dicción, contribuyeron a crear un olor perfectamente identificable, y eso que han sido tantos años: Inglaterra ahora para mí tendría que ser un país extranjero. Pero por el acento, sin poder predecir en lo más mínimo las tendencias políticas del sujeto (son modas: no las sigo ni me doy por enterado), tengo la impresión de conocerlo. Sé perfectamente su nivel de educación, sé que el tipo te arreglaría cualquier avería en tu carro en un santiamén, y que conoce la geografía iraquí mejor que muchos iraquíes. Sé exactamente qué platos pediría, y en qué orden, en un restaurante hindú. Sé qué es lo que le hace reir, qué diarios lee (sí, en plural) y qué tipo de mujeres prefiere (bueno, en eso los ingleses somos requetepredecibles). Algunas veces, cuando era más joven, me preguntaban por qué yo no quería vivir en Inglaterra. La respuesta me incomodaba. Normalmente, me escudaba detrás de alguna media verdad socorrida. La verdad entera era ésta: es incómodo, hasta aterrador su me apuran, que te conozcan tanto. Que por tu simple acento pueden deducir tantas cosas, algunas de las que ni tú mismo has descubierto. Todo ha sido por eso. La odisea fue por eso.

Desde hace algunos días me he vuelto adicto a Tubular Bells. En su día ese simple vinilo estaba en cualquier casa británica, a veces hasta repetido (lo mismo se puede decir, por desventura, de Mull of Kintyre: el mal gusto británico es un asunto misterioso). En parte es una cuestión de folclorismo. Apreciamos hasta cierto punto todo lo que tiene el sello nostálgico de Merrie England. Antes de un Tierce de Picardie, un Sexto de Emmerdale. De niño (la web no me lo confirma, pero estoy casi seguro), esa música que acompañaba al Test Card F de la BBC (ja! hasta nos volvemos nostálgicos por una imagen de prueba para técnicos de televisores: hay screen savers de ese Test Card, les prometo) era On Hearing the First Cuckoo In Spring, de Delius, por lo que cuando llegué a mi época Delius, esos acordes ya sonaban a infancia, a tardes lluviosas de sarampión, de no ir a la escuela, de comer sopa mulligatawny y dedos de pescado (la anatomía piscina inglesa es distinta). En parte es otra cosa más sutil. En las transiciones sorprende: lo que hace un momento era folk añejo ahora es puro John Barry, y después, hay algo en el arreglo que hasta a Barry le sobrepasa. Yo sí creo que ese Oldfield algo tenía de genio. Claro que los genios musicales duran poco. Luego sólo suele quedar el astuto reciclador.

Es una música que invita a crearte un guión. Algunos irán con el tema marino, arrecifero, cerrarán los ojos y se volverán Jacques Cousteau el tiempo que dura. Yo: mis fantasías son algo más oscuras. Más infantiles, seguro que también. Yo sí recuerdo lo que es la perversión polimorfa.

Digamos sólo que cuando escucho a la primera sinfonía de Rachmaninov, sueño con una chica en edad de casarse acostada en el lado de una colina, en Pennsylvania, a entradas del siglo diecinueve, viendo cómo se extiende por encima de ella, por todo el cielo, como una profecía, una sábana de palomas pasajeros (passenger pigeons), y cómo por debajo de ella la gente del pueblo, diminuta, se dispone a matar todo lo que se puede: más tarde, ella remata a un ave, con una piedra bien asida, y se tiñe de sangre su ropa, allí donde cuenta teñirse de sangre.

Hasta ahí aguanto. Hay música que prefiero ya no oir. Demasiados recuerdos. Entre ella, la Sheherazade de Rimsky-Korsakov. No es nada del otro mundo, pero aun así, creo que podría evocar todavía demasiado. Hasta los Grateful Dead me saben siempre a ginebra y a Carlsberg Special Brew.

Triste cuando nuestra miasma se convierte en "mi asma". Estoy en ese proceso. Hay peligro de que al enfrentarse a la muerte uno busque hacerse el importante: luego se acuerda de todas esas vidas segadas al azar y sin aviso, esas víctimas aleatorias de La Perimetral. Y entonces, hacer tanto canto y baile por una simple defunción, aunque sea la tuya, parece ridículo. Morir es simple anécdota, y las anécdotas repetidas aburren.

Pero no me la imaginaba así. Había tantas evidencias de que iba a morir en Segovia. Wishful thinking, claro. Segovia es para mí una segunda madre. Empecé a vivir allí, por eso siempre supuse que allí también moriría (ahorcado, probablemente). Para eso hubiera hecho falta una vida más enfocada. Perdí el camino.

Ahora, hedonista de los sentimientos, estrujo la tristeza. No tanto la mía, aunque también: la de mi hijo, que no quiere crecer, y querrán obligarlo, y la cosa se tornará fea, no estando yo.

Ha sido como una emboscada. Uno imagina tener un hijo para enseñarlo. No para ver todo lo que tú no admitías ser ahí esparramado en el suelo, como vísceras. Tanta inocencia en medio de tanta obscenidad.

Y ahí a lo lejos sigue Londres, con sus sutiles notas dickensianas, sus museos, sus lluvias protectoras, su zoológico, sus colecciones (de sellos, de insectos, de seres dedicados a sellos e insectos), su clima de tolerancia y de resignación ante el grisáceo vencedor.

Monday, September 6, 2010

De nuevo

sin laptop, por culpa de una placa madre que HP no vende sino a proveedores autorizados que lo revenden e instalan por unos $600 (textual). Mañana toca ir a comprar un sleeve, a ver si puedo por lo menos recuperar algo del disco duro. Más adelante: no sé. Tendría que haber ido a Saudi, para ganar algo más, pero en serio, no creo que mi vida útil se extienda otro año más, y no quiero que mi último año o medio año sea en ausencia de mi hijo, quien todavía no habla. Tengo cita con los tanques de oxígeno, no sé cuándo, pero pronto. Por eso, la fragilidad y nula fiabilidad de Hewlett Packard jode. Este desktop casi siempre está ocupada, salvo por la noche.

Se aceptan recomendaciones: ¿qué marca, en el supuesto no consentido de que algún día pueda permitirme comprar otro laptop, tiene mayores posibilidades de durar un año o un poquito más sin estarse estropeando todo el tiempo?

Saturday, September 4, 2010

Libertad

No me da la gana de ir a buscar la cita. Web de la presidencia, sección discursos, perorata ante Chávez y compañía con motivo de la tétrica reubicación de restos humanos: "nuestra Manuela", y un cuerno. Vaya donde vaya, Correa lleva el Escudo de la Fe (San Páblum, no recuerdo si Efesianos, por ahí, vaya), la Doctrina Social de la Iglesia, y se supone que un cepillo de dientes. El pijama ya la tiene guardado en el ropero su amiguito. El Escudo de la Fe es maravilloso, permite dar discursos en el London School of Economics sin quedar como payaso: ah, es cristiano, eso explica todo. El discursito ante el Oxford Union, otro tanto: "¿para cuándo el encíclico que trate sobre el neoliberalismo?" Ah, es católico, eso explica todo. Cuando estima tener delante a un público ignorante, v. gr. el "pueblo" ecuatoriano, el sujeto es economista, y a mucha honra: hasta saca libros de ensayos. Cuando se siente desclasado, es cuando sale el bendito Escudo. "No, me entendieron mal, olvídense de la teoría económica, lo mío es el cristianismo." Ah, el cristianismo: toca callarse, actitudes de reverente tolerancia. La religión es el as en la manga que triunfa sobre cualquier argumento meramente racional. Nos recuerda a todos los occidentales que hay que ser culturalmente relativistas. Los sudamericanos son así: son muy religiosos. Qué le vamos a hacer. Es otro mundo.


Entre las perlas del discurso en Venezuela (y entre incontenibles aplausos simios, que la transcripción recoge asiduamente): nosotros sí creemos en la libertad. Pero libertad sin justicia (lo decía un decrépito pontífice, ha de ser cierto) es esclavitud. Freedom is Slavery! para los entendidos orwellianos. El ejemplo de rigor: si un "obrero" tiene que escoger entre un "trabajo mal pagado" y "morirse de hambre", ¿qué libertad es ésa?


Antes de contestar a eso, anotemos el dato importante: el neoliberalismo, al parecer, es un sistema político en que los "obreros" no sólo carecen de la opción de dejar de ser "obreros", sino que no pueden escoger entre trabajar en un sitio y trabajar en otro. Por ejemplo, la ayudante de limpieza no puede dejar de laborar en determinada casa para ir a otra donde la tratan un poco mejor. Sólo tienen dos opciones: seguir en lo mismo, o languidecer en el desempleo. ¿Dónde se ha visto eso? (Hmm.) Pero la cosa no termina ahí. En el discurso ante Chávez, Correa acusa directamente al neoliberalismo de favorecer la movilidad, a escala global, de bienes de consumo, pero de "criminalizar" la movilidad de seres humanos (el meme le gusta: lo repitió, dicen, en su rendición de cuentos, digo de cuentas). Me hubiera gustado que eso lo sacara a relucir en alguno de sus viajes a Cuba. Pero curiosamente, cuando va a Cuba (esa "democracia") y pronuncia discursos allí, se le olvida eso de que criminalizar la la emigración es un pecado neoliberal. De hecho, parece no darse cuenta de que el modelo de ese neoliberalismo que tanto gusta de denunciar se encuentra perfectamente plasmado en esa sociedad isleña y aislada: no solamente criminalizan la movilidad geográfica, hasta el extremo de prohibir la emigración salvo bajo custodia gubernamental, sino que ahogan cualquier atisbo de movilidad social: el obrero, obrero ha de ser siempre, y el trabajo que desempeña será el que el gobierno le destina: sin más opciones, y ojo, sin rechistar. De modo que uno se queda dudando qué será lo que estos señores entienden por neoliberalismo. Lo único evidente es que con el liberalismo ni con la libertad, nada que ver.


Volvamos a nuestras ovejas. El pobre tipo que sólo puede escoger entre un trabajo mal remunerado, y morirse de hambre: ¿qué libertad tiene? Pues depende, supongo, del modelo económico que rige en su país de residencia. Si es un país como éste, como Ecuador, donde oficialmente su penosa situación no existe (La Patria Ya Es de Todos, ¿recuerdan?), y por tanto el tipo mal remunerado, el titular del McJob en cuestión, goza del estatus algo humillante de ser una no persona, una no estadística, pues relativamente poca libertad tendrá, y eso porque para mantener la ficción de que la "explotación" es cosa del pasado, se habrá ilegalizado el trabajo por horas, por tanto, no podrá hacer siquiera horas extras en ese o en otro lado para ahorrarse algo más que le ayude a sacar cabeza. Además, existirá toda una serie de trabas legales y burocráticas que dificultarán su búsqueda de un empleo más digno, pues el contrato entre empresa y trabajador, en lugar de ser un acuerdo entre dos partes, habrá pasado a ser entre tres, una especie de matrimonio a la antigua con el Estado como vieja chaperone, ansiosa por evitar cualquier "abuso" que afecte a la honra de su protegida, quien como suele ocurrir en tales casos se muere por ser dejada en paz, y que vengan abusos. Deseémosle, entonces, la suerte de vivir en una sociedad donde podrá tener libertad para buscar otro empleo, suplemento o reemplazo del anterior, donde posiblemente también ganará poco, pero por lo menos un poco más que antes, o que ofrezca mejores condiciones... y donde, algún día, hasta podrá establecerse por su cuenta, con el modesto capital fruto de sus ahorros, o de los de sus padres o abuelos.

Es decir, todos somos capaces de imaginar una situación de poquísima libertad, donde las únicas alternativas sean igualmente malas... pero la naturaleza, tanto la humana como la social, es más generosa que eso, pues en la práctica y en la ausencia de una fuerza humana coercitiva siempre hay alternativas más prometedoras que las que nos restregan en la cara (aunque algunas personas, por pereza o por otras causas, no nos aprovechemos de ellas): siempre, eso es, a menos que venga alguien con un Plan para estropearlo todo, para ponerle bloqueos a la movilidad humana tanto horizontal (geográfica) como vertical (social). Claro: se necesita un talento especial para crear esa situación, casi inexistente en la naturaleza, en donde realmente no haya dónde elegir... y desde luego, ese talento ha de ir acompañado por una Visión maravillosa y utópica, de un País de Nunca Jamás en que todo el mundo será ganador, y donde, en consecuencia, no habrá por qué escoger, ni por qué ser libre. Luego, bajo el lema de la Igualdad, se irán aboliendo alternativas: todos los que no demuestren ser aptas para todos. Y al final, llegamos a Brazil. No el país, malogradamente, sino la película de Terry Gilliam (soy incondicional suyo, espero que no se me note demasiado), donde el único héroe será ese electricista que no trabaja para la compañía estatal, sino que entra pintorescamente por la ventana y realmente sabe arreglar cosas. Pues el tribalismo tiene ese inconveniente: no descubre, no innova, con su inmovilismo se autoimpone fecha de caducidad. A no ser que algunos, ante la disyuntiva de "servilismo o exilio" escogen el exilio, esa supuesta muerte de hambre, que a veces resulta ser muy otra cosa: el descubrimiento de tierras más fértiles al otro lado de la colina. (Algunos reportan el hallazgo: a otros, comprensiblemente, no les da la realísima gana).

(Yo mismo, ante ese "trabajo horrible o morirse de hambre", un par de veces en la vida he escogido morirme de hambre: en los dos casos, en poco tiempo tenía un trabajo mejor que el anterior. Habrá ayudado, supongo, el haberlo buscado.)

Ah, pero lo que nosotros ofrecemos es mejor que eso. Nosotros estamos por trabajos dignos, bien remunerados. Estamos a favor de que la gente viva bien. Queremos que tengan la posibilidad de elegir ir al ópera o al cine. Queremos educación de calidad, sanidad para todos...

¿Y quién no? Por favor. Las buenas intenciones no hacen héroes. Decir que ante la disyuntiva "pobreza o muerte" es preferible que la gente tenga que escoger entre "riqueza, pobreza o muerte", donde "riqueza" sea ese estado bienaventurado de tener todas las necesidades básicas cubiertas, y tal vez algo más, es decir una obviedad, y echarse flores por desear que las personas sean "ricas" es el colmo del infantilismo. Pero aun así, no está nada claro que en el segundo escenario la gente tendría más libertad. En ningún diccionario consta que libertad signifique disfrutar de un buen nivel de vida, o tener plata como para, digamos, ir a cenar en Pizza Hut en lugar de comer arroz en casa. Libertad, en lo político, es otra cosa: se ha definido tradicionalmente como "ausencia de coerción": y ya se sabe, todo intento de conseguir que todas y todos tengan plata para ir al Pizza Hut ha acarreado siempre muchísima coerción a todos los niveles. No importa: somos libres de despreciar tal libertad si entendemos que sin ella, posiblemente, quedan mejor cubiertas nuestras necesidades o las del "pueblo". Podemos predicar la falta de libertad como necesario corolario de una mejoría del nivel de vida colectivo, y poner a prueba nuestra teoría por encima de los aullidos de los más directamente afectados. Eso, en un político de la ideología de Correa, sería lo honesto. Pero no lo hace. De modo algo patético, como atraído a pesar suyo por el brillo de esa mágica palabra libertad, intenta redefinirla para que quepa también en su discurso.

No cabe. El asistencialismo no es libertad. Si lo que se propone es sustituir por "trabajo mal remunerado, o morir de hambre" la nueva opción "bono del Estado, o morir de hambre", dejemos de hablar de libertad y empecemos a hablar del tema de verdad: de la perennización en el poder de un gobierno chantajista, que en vez de explotarnos a cambio de un misérrimo sueldo, exige nuestro voto a cambio de sesenta dólares, arreglándoselas mientras tanto para que no tengamos más posibilidades de subsistencia.

Ser neoliberal no sé qué demonios significará (cuando por fin conozca a un neoliberal, se lo haré saber), pero ser liberal no es desear que la gente no tenga un trabajo bien remunerado, sino todo lo contrario. Es confiar en que lo podrán tener, en números crecientes, mediante su propio esfuerzo e iniciativa, con tal de que ningún gobierno se les interponga en su camino de progreso. Es, también, desconfiar de la alternativa facilista de las ideologías redistributivas a ultranza como camino al mismo fin, basándose tal vez en el hecho notorio de que tales ideologías han demostrado, por lo general, producir solamente pobreza y mayor falta de alternativas. Si se sacrifica la libertad, mejor que sea para algo más atractivo que pasar los fines de semana escuchando discursos del Comandante.