Wednesday, December 29, 2010

Mis regalos

A mi hijastra le compré un iPad. Al otro retoñastro, un iPhone. A mi hijo pequeño, un iPod. A mi esposa, después de pensármelo mucho, decidí regalarle un iRon.

Monday, December 27, 2010

Maestra

La canción requiere a Joyce para su cabal comprensión (final de Ulises), y se recomienda a Blake por lo de "arrows of desire", pero no es imprescindible. También, diría que algo de encarnación. La pura ciberpersona no llegaría demasiado lejos, aunque se autofelicite por entender lo de "going deep South". La misma canción lo dice: salgamos de la página. (De paso, reconozcamos que la letra en poco ayuda a distinguir entre esos dos conceptos que acá, en este país, generan tanta confusión en los medios populares: sensual y sexual. Será otra ocasión.)

Me he dado cuenta de que en todo lo escrito aquí he obviado lo principal. "Libertad pero ¿para qué?" En algún momento lo intentaré contestar. No podré traer a colación mi triste vida, pues aunque he vivido en diversos países, y no he votado nunca por nadie, y conseguí llegar a cumplir cuarenta sin casarme, no se me ha notado nunca demasiada libertad. He pasado sólo huyendo de los demonios personales, preso de ese nostalgie de la boue que en momentos cruciales me ha arrancado el timón, ha decidido por mí. Me he impuesto una moralidad arcaica, medieval, caballeresca, desesperación de sicoanalistas. Últimamente me viene a la mente con insistencia, a propósito de este fracaso vital que ahora me quiere definir, el recuerdo de cuando me gradué en Oxford: ellos querían que siguiera, que hiciera el doctorado, que me convirtiera en un don. No, dije: me falta graduarme en otras cosas primero. Me falta enlodarme. Y así hice: fui directo a Connah's Quay, el lugar más perdido de la mano de Dios del Reino hUnDido, el lugar de las lluvias, de la heroina, del desempleo y de la desesperación. Pero seguían insistentes esas voces: no sirves para esto. Sólo sirves para feto académico, arreglador de frases elegantes. Sólo sirves para discurrir narcóticamente sobre la fecha de composición del Poema de Mío Cid. Deje que los vivos entierren a sus vivos.

Di muchos cabezazos sin sentido. La mayoría tienen nombre de mujer.

En la película Karate Kid, el niño que quiere aprender a defenderse se pasa la tarde pintando una valla, hasta que le duele el brazo. Se nos enseña que para ser libre, tienes que someterte a una disciplina primero. Si quieres conducir, ser el Rey de la Carretera, tienes que pasar por un frustrante aprendizaje. Si quieres tocar piano, tienes que pasar por el purgatorio de las escalas. Si quieres ser poeta, primero afínate el oído, lee a los grandes, escribe mil sonetos y quémalos. Si nunca se te han sangrado las yemas de los dedos, nunca serás buen guitarrista. Todo idioma (que no sea el maternal) cuesta de aprender. El arte no es user-friendly.

Los gobernantes de todas las tendencias aprovechan esa verdad a favor suya. Ellos pretenden imponerte esa "disciplina" sin el cual, dicen, no serás nunca "libre de verdad". Apurados, se envuelven en la toga del maestro, con instinto de saltimbanquí. Es por ello que cobra importancia el chisme sobre la casta política. Es necesario a veces llamar la atención sobre el hecho de que el emperador no tiene ropa: ni exterior, ni interior (a nivel de amueblado cerebral). (Para satisfacer a JMLC, podría citar a Hayek en este sentido, pero paso.) Pero eso también nos vuelve obligada la pregunta: ¿y los maestros de verdad? ¿Dónde se esconden?

Ya por los años sesenta, un grupo musical británico se fue a la India con la idea de encontrar allí a un auténtico sabio en el arte de vivir. El resultado: la hilarante canción Sexy Sadie, en la que Lennon lanza los dardos de su ironía contra el farsante del Maharishi, que ya se nos ha convertido en arquetipo de todos los gurús lascivos, los Deepak Chopra, los Paulo Coelho, habidos y por haber. A partir de esa experiencia, podemos estar razonablemente seguros de que el maestro no es nunca quien dice serlo. La sabiduría nunca necesita autopublicitarse. Se conoce por sus frutos.

¿Por qué será que nunca aprendí a ser sabio, siquiera sabido? ¿Por qué siempre, en lo que fuera, con fatal constancia, perdedor?

Siempre tomé muy al pie de la letra, seguramente demasiado, aquello de busca dentro de ti. El sabido de Coelho le dedica todo un libro al cliché, con exasperantes aires de iniciado. (Leí El Alquimista hace algunos años: lo encontré aburrido, plomizo. Es un vademécum de la espiritualidad instantánea para analfabetos: éxito asegurado, evidentemente.) Para aprender algunas cosas, entre ellas la guitarra, prescindí casi completamente de tutores. Mi fallida técnica lo demuestra. Por supuesto, busca dentro de ti, pero si no encuentras... págate algunas clasecitas, hazte el favor. Hasta los grandes tuvieron quien les guiara.

Y no tiene por qué ser tan ardua la experiencia. Las clases de sexo, divertidísimas, si tienes buena maestra. La Carmen me enseñó a decir zorra, aunque no pudo (careciendo de la especialidad de logopedia) corregirme la pronunciación, que siempre recordaba a una historia perdida de la hermana descarrilada de Fairbanks (the Mark of Zorra). Pero la cuestión es ésta: la función del maestro no es solamente enseñar las técnicas, sino enseñar también los resultados, adónde puedes lícitamente aspirar. El virtuosismo que cautiva. En algunos artes eso se puede encontrar todavía (aunque a diferencia de la corte de los Habsburgos, los maestros vihuelistas de hoy, los Vai y De Lucía, raramente son buenos compositores), pero en el arte de vivir es lo que extraño, que siempre extrañé. Quien vive bien hoy en día se lo tiene muy callado. No hablo de ricos sino de aventureros. Nadie en sus cabales quiere ser obscenamente rico: con unos pocos millones la mayoría nos conformaríamos. Todos, en cambio, querríamos tener alguna aventura, descubrir algún continente. Pues bien: los aventureros de hoy son vilmente censurados. Nuestra civilización tiene terror de ellos. Todo lo que engrandece al ser humano es por ello mismo subversivo. Interesa que sigamos siendo simples consumidores, obedientes, predecibles y regulables como termóstatas. Sólo así puede más o menos funcionar un planeta con siete billones de habitantes. Y un cuerno.

¿Como lo hacen? Como decía Orwell: empiezan siempre por el idioma. Ninguno de los cambios son inocentes. Ayer mismo, en El Universo, la residente experta en lingüística nos decía que ya no se estila discapacitado, sino con discapacidad. Lo primero es insultante, lo segundo no. Ya veo. Álvaro Noboa ya no es un imbécil: es un miembro de la comunidad de las personas con imbecilidad. Y a todo esto, se olvida de recordarnos que el plural de malentendido no es malos entendidos, chucha, y que no puede ser posible es peor que una redundancia: es una redundancia redundante. Ya empecé a desesperarme cuando en España, hace años, escuché a una amiga describir a una compañera suya como invidente. Qué triste. De ser ciega, palabra recargadísima de connotaciones místicas, misteriosas, poéticas y sublimes (lean a Herrick), pasó a ser simplemente alguien incapaz de ver. Pero lo peor no es lo políticamente correcto, sino el cliché. Con esa arma nos quitan el código que hace palpable y valiosa la experiencia, que permite que vislumbremos continentes en medio de la cocina. Todo lo que podría entusiasmar, arrebatar, inspirar, es ninguneado por el cliché mediático. Vivimos la democracia de los dominios basura.

El mundo sensual, el único que se nos mantiene algo puro, en la medida en que las saetas de los puritanos no le llegan. La música también, aunque últimamente ha habido un esfuerzo por homogeneizarla, volverla aburrida y predecible al 100%. Con la disyuntiva delante, pudiendo hacer algunas cosas medianamente bien y careciendo de modelos de rol para las que siempre hacía muy mal, yo siempre transigí, fui por lo fácil y lo inmediato, por el placer.

Tal vez me faltaba una maestra.



Saturday, December 25, 2010

Nuestro amor

Me acerco al tema con supersticiosa cautela. Les puedo adelantar que en un solo post no voy a hacer más que escarbar en la superficie. Pero urge. Me quedan pocos meses y si se trata de exorcizar todo, tarde o temprano voy a tener que luchar contra ese ángel.

Así que: ¿qué es lo que se esconde tras tanta propaganda?

Ya intuyen lo que quiero decir. Sabemos, por tanta cadena que hay, que el gobierno está fracasando pero de lo lindo. Un gobierno que realmente hiciera las cosas bien hechas no tendría que gastar ni un centavo en propaganda: sus obras serían su tarjeta de presentación. Del mismo modo, si al amor romántico tanta propaganda se le hace, algo tiene que haber de podrido dentro. La señora protesta demasiado. En este momento estoy escuchando la música romántica favorita de los vecinos de enfrente, que padecen de esa creencia común a todos los vecinos de enfrente del mundo, que sus gustos en música son un valioso don que hay que compartir con todo el barrio, bajo la rúbrica de educación cultural. No me pregunten. Tal vez Laura Pausini, no sé, algo me suena. Una de las canciones se llama "Mío".

Salgo a la calle cualquier día, veo a una tribu de seres bípedos, extrañamente familiares. Casi todos llevan un artilugio, no me preguntes cómo se llama, será iPod o MP3 o alguna cosa de ésas, la cuestión es que se conecta a los oídos, y esos seres patéticos así andan, permanentemente (aun en mis clases alguno no puede resistirse) conectados con la fuente de propaganda, de lavado de cerebro, y lo digo porque estoy casi casi seguro, por mucho que reconozco mi ignorancia en música contemporánea, que todo, todo lo que escuchan será de alguna manera eso, apología del amor, sea en la fase "me gustas", sea en la de "seamos novios", sea "por qué me engañas con otro/a", sea "vuelve a mí", sea "no puedo vivir sin él/ella", o alguna otra que de momento se me olvida. Hasta he hecho la experiencia, poniendo en mis clases canciones que no tratan del amor, y otras que sí: con un pequeño margen de error, se puede estar estadísticamente seguro de que en una clase típica de 30 alumnos cualquier canción que no trate del amor será considerada consensualmente como mala, con independencia de sus cualidades musicales, mientras que otra que sí trate sobre ese tema, por execrable que sea musicalmente siempre tendrá sus adeptos, casi siempre abrumadora mayoría (las chicas en las clases de idiomas siempre son mayoría). Y cuanto más se limite su letra al cliché mil veces explotado, más arrasará.

Pero no sólo eso. El amor también aparece como invitado de lujo en las telenovelas, y hasta en la literatura más clásica. Se insinúa en las conversaciones, que en el momento en que se asoma se tornan "serias", "íntimas". Hasta presume de dirigir nuestras vidas. Constituye el pretexto, a veces el único, para que las personas firmen desastrosos contratos de mutuo auxilio de por vida. Su megalomanía parece no tener límites.

Claro, me contestan: es algo que para nosotros, los humanos, es muy importante. Hazte humano y lo entenderás mejor.

Siempre me han dicho eso, hasta que al final me harté y me hice humano. Lo que encontré fue que el amor se adueña de ti, eso es indudable, pero tiene algo de hipócrita que no me gusta. Finge ser una fuerza vital, elemental, y no lo es. Por el contrario, es un espantapájaros hecho de cosas prestadas, de clichés, de lecturas y argumentos de películas de Hollywood. Claro que habrá quien defienda que las películas sólo "reflejan". Mentira. Definen, acondicionan. El hambre de mujeres que tenemos los hombres es una cosa maravillosa, hasta que se enfrenta en desigual batalla con las convenciones hollywoodienses, que la transforman en algo tan prosaico y rutinario como un supuesto deseo de besar o de follar. Como si ellas no tuvieran más asas donde agarrar que aquéllas. Las convenciones del amor nos trivializan, nos ridiculizan. ¿Será eso su verdadero objetivo?

No, dicen las feministas clásicas. El amor es un mito diseñado con el propósito de mantener una estructura social de dominación y sumisión. Es la superestructura ideológica, en términos marxistas, que nos oculta la base económica de superexplotación del género femenino. La teoría me parece interesante, por supuesto respetable, pero poco convincente. En parte porque quien conoce algo de la antigua cultura griega sabe que el romanticismo no necesariamente tiene nada que ver con las mujeres (unos seres simplemente despreciables e incapaces de inspirar nobles sentimientos, según cierta ortodoxia de aquellos tiempos). Uno puede ser, siendo hombre, igual de romántico, de amoroso, con otros hombres. La cuestión género me parece un arenque rojo. Por otra parte, las mujeres ya dejaron de ser explotadas en nuestra civilización, y no por eso se escuchan menos suspiros. Acaso más. Los victorianos que consiguieron prostituir una tercera parte de la feminidad de Londres no acudían a sus burdeles escuchando MP3. Les interesaban bastante más los gusanos (miren a Darwin). Ahora, hoy en día si no andas enamorado es como si no te hubieras lavado el cabello. La gente te mira con un urbano y lacónico asco. Eres un poco rarillo.

Otros, impacientes: ¿estás loco? Sin el amor, sólo pensaríamos en follar. El amor nos dignifica. Es el glutamato de civilización que condimenta nuestras "bajas" pasiones. Mi respuesta: ¿por qué será que todos los que dicen eso resultan ser curas católicas? Las pasiones católicas, por lo visto, son bajas. Las mías no. Horribles, destructores, irracionales, ridículas, todo eso y más, pero nunca las vi bajas. Más bajo he estado yo sin ellas.

Ah, ya salió de su escondite. Pasión. Del verbo padecer, voz pasiva. Sufrimiento. Ya he tenido mil veces esta discusión. Hasta los más masoquistas, lo que propiamente deseamos no es sufrir, cosa que por su naturaleza no se puede desear. Anhelamos algo que nos han dicho va con el sufrimiento, y sólo es accesible a través de él. Quizás el estatus de víctima, quizás conjurar el terrible espectro de la responsabilidad adulta, quizás otra cosa, tal vez incluso algo de ese rudo estímulo fisico que echamos de menos en el insípido y políticamente correcto roce cariñoso pos-Dworkin. En todo caso, es notorio (o debería serlo) que un sufrimiento tan unánimamente perseguido como el que celebran todas las canciones románticas mucha hipocresía encierra. Sólo hay que escucharlas. Nos dicen "me dejaste, me muero", pero lo dicen con acordes llenos de chocolate y chicle de fresa.

No, no estoy diciendo que hay un cabal de seres de élite que intenten programarnos para que nos distraigamos con el dichoso tema del amor hasta el punto de no darnos cuenta de las putadas que nos hacen y de la miseria que vivimos. Solamente estoy diciendo que es lo que parece.

Y que los que sufrimos, no somos todo lo pasivos en eso que nos gustaría dar a entender y que nos gustaría, llegados a eso, creer.



La cantante no es para el papel, la puesta en escena apesta, la voz subyuga. Espero burlas inmisericordes, pero para mí la canción es bonita, aparte de ser una lección magistral en el uso del séptimo disminuido (pregúntele a George Harrison).

Navidades

Si, como dicen algunas malas lenguas, la "Virgen" María en ese entonces (pongamos, Dies Natalis Solis o allá por marzo, según gusto) tenía como catorce o quince años, entonces deduzco que lo que se celebra es la consecuencia de un abuso sexual de una menor de edad, donde los principales sospechosos son un carpintero judío de nombre José, y un siniestro personaje que en el mundo del hampa se conoce como Espíritu Santo, buscado por la justicia desde hace tiempo por la autoría de algunos panfletos sediciosos. Estoy esperando la apertura de una investigación por parte del juez Baltasar Garzón (si bien ese nombre pudiera sugerir para algunos cierto conflicto de interés) para aclarar el caso, pues ese tal Espíritu Santo se rumorea que todavía sigue vivo en alguna parte y tal vez no sería tarde para que reciba la condena y el castigo ejemplar que se merece por tan notorio y atroz crimen sexual.

Pero no hay justicia en el mundo. Ayer, fue cuestión de encender la tele y tener que soportar la voz de ese desquiciado que ocupa la Presidencia de este país, farfullando algo sobre "solidaridad", mientras por otro lado el acostumbrado de Emilio Palacio nos recordaba que estas Navidades se las pasará en la cárcel un tipo cuyo único crimen fue ser director de un hospital militar en el momento en que Correa quiso montar toda esa farsa del "secuestro" (el primero en el mundo donde el secuestrado se pasa el tiempo dictando Estado de Emergencia), junto con una treintena más de personas a las que no se les ha acusado de nada aparte de haber ofendido a las narices parnasianas de la misma Presidencia. Habría sido bonito que tal "solidaridad" se hubiese manifestado en un permiso para que ciertos presidiarios notoriamente inofensivos pasen con su familia; pero reconozcamos que con alguna gente es imposible, desde aquellas alturas, solidarizarse. No pidamos peras al peral.

Para JMLC, la Navidad es la época en la que los católicos y otros burgueses oprimidos por el peso de la tradición judeocristiana se sientan medio obligados a expiar su sentimiento de culpa dando ayuditas a "la gente necesitada", de la que en otras fechas se olvidan olímpicamente. Si es así, de acuerdo en que tal vez no sirva de mucho, pues una generosidad que se activa puntualmente por influencias del calendario lo más probable es que le falte puntería por completo. Aunque realmente, no creo que ése sea el mayor problema. Recuerdo que en el Colegio Ornitorrincos del Saber (pensión: más de 300 pavos y no de los navideños), en estas fechas tan señaladas se invitaba a los niños de una escuela fiscal del suburbio a ingresar en sus impresionantes terrenos, recoger los regalos (Made in China) recolectados por cada paralelo, y asisitir a un espectáculo en que se les invitaba a los niños a bailar por el premio de Míster y Miss Auténtico Primor Barriobajero. Esto, sin duda, es lo que le da mal timbre a la palabra caridad. Gente "que tiene" restregando tal hecho en la cara de los que "no tienen", con el mensaje subyacente de que si algo llegan a "tener", será siempre por obra y gracia de los primeros, quienes hasta pueden acceder al insospechado lujo de sentirse "generosos" por tal ostentación. Yo mismo recuerdo que en mi adolescencia, decidí por capricho dedicar una Navidad a ayudar, terminando en un hospital geriátrico donde lo único que recuerdo es haber tenido que ir de un lado a otro durante todo el día con enormes pilas de ropa de cama lavada y planchada, es decir, ejercer de portero lavandero. Aparte, me invitaron más de una vez a tomar té. Acepté con gusto, pero no pude evitar de pensar que lo que se gastó en proveerme de tickets canjeables por bolsitas de té, leche y agua tal vez fuera más que lo que yo había aportado con el valor de mi dudoso trabajo de reubicasábanas, con lo cual empecé a pensar que mi pretendida "ayuda" en términos fríos y económicos tal vez fuera más estorbo que ayuda. No pude evitar de notar que, en lugar de felicitarme por mi afán de servicio, los enfermeros de allí más parecían resignarse ante la mala noticia de mi llegada: "vaya, otro mocoso que quiere ser Madre Teresa, otro estorbo más que nos quitará tiempo. Odio las Navidades". Idéntica experiencia tuve algo más tarde, cuando fui a pasar un año en Segovia y me ofrecí, a unos días de mi llegada (que ni fue por Navidad, sino en septiembre), a todos los hospitales de la ciudad, incluido uno militar y un hospicio, para hacer "cualquier trabajo voluntario que me encomienden". Recuerdo la misma pregunta burlona que me hicieron todos: "pero... usted ni es médico. ¿Qué cosa, exactamente, sabe hacer?"

Se me quedó grabada la lección: si quieres ayudar a la gente, aprende un oficio, o venga con algún dinerito. A los aficionados, a los De Buena Voluntad y nada más, no los quiere nadie. Más tarde, aprendí que hay organizaciones caritativas, entre ellas la Cruz Roja y la CAB británica, que sí aceptan voluntarios a condición de que sean lo bastante serios como para acceder a formarse primero. Trabajé para las dos organizaciones, y alguna más, bajo esa condición. Valió la pena. Pero para lo que más valió tal vez fue para saber que lo que cuenta no son intenciones, sino resultados; y que como algún sabio alguna vez puntualizó, de buenas intenciones están pavimentadas las carreteras al Infierno. En el Citizens Advice Bureau, sobre todo, recuerdo el estereotipo corriente en ese gremio de la Twinset & Pearls Brigade, es decir, la típica señorona menopausica de alta sociedad que quiere "ayudar" haciéndose voluntaria, y lo único que consigue es entorpecer y ofender a todo el mundo con sus rancios prejuicios sociales.

Si la Navidad es, efectivamente, la época de los aficionados en lo del servicio humanitario, Dios nos libre, y venga el Año Nuevo con su redivivo y saludable egoismo.

Ahora bien, hay otro tipo de solidaridad que sí impresiona. Fui beneficiario de ella aquel mismo año, en Segovia, cuando después de haber trabajado (es un decir) de asistente de inglés en un Instituto (Giner de los Ríos, se llamaba) durante pocos meses, al acercarse la Navidad una de mis alumnas, que tendría como unos catorce años, me preguntó cómo pasaría la Navidad, mientras otros me preguntaban si quería algún regalo. Tuve que confesar ante todos que no tenía plata para volver a mi país, así que pasaría solo las Navidades, comiendo tal vez garbanzos; y medio en broma, que para mí el mejor regalo sería algo de chorizo de Cantimpalos. Cuál fue mi sorpresa cuando unos días antes de Navidad, los alumnos me regalaron ese chorizo, en cantidad impresionante, y por otro lado esa maravillosa niña me extendió una invitación formal de parte de sus padres a ir a comer con ellos el día de Navidad. Resultó que la familia era religiosa (tuve que asistir a una misa con ellos) pero ese detalle feo no empañó para nada el valor que tuvo para mí tal invitación, que siempre recordaré con gratitud.

El quid era que yo no presentaba todavía, en ese entonces, ninguna de las cualidades estereotipos de un necesitado. Tenía un trabajo (eso sí, ridículo), estaba en medio de una carrera universitaria, tenía piso alquilado (eso sí, compartido entre cuatro). Era un simple estudiante. Con lo cual lo de la niña se me antojó, no caridad, sino delicadeza, natural generosidad del alma. Algo así.

Desde entonces, he pasado bastantes Navidades solas y otras en compañía, lo que me ha inclinado ligeramente a favor de las primeras, es decir, creo que estas fiestas es mejor pasarlas a solas si puedes, eso sí, rodeado de gente pero a solas, a solas con tu copa, claro está, con ese fiel compañero que por estas fechas siempre tanto da de sí. Es la época ideal para sentirte sentimental, llorón, maudlin es la palabra, contemplando con filosofía parda la extraordinaria multiplicación de esas familias que brotan como hongos por todos lados, y preguntándote a quoi bon tanto empeño en replicar tanta insulsa y esperpéntica receta de felicidad instantánea "just add water".

Familias. No me hagan hablar.

Lo he dicho antes: toda la sabiduría alcanzable por el hombre se resume, lo presiento, en la iluminación de que la vida es una puta mierda (por si acaso, la frase es mía, quiero la patente), y no una cualquiera sino una tan mierda, tan mierda, que mejor que dejemos de hacerla más mierda todavía, sino que dentro de nuestras limitadas posibilidades intentemos aliviarnos mútuamente la travesía por este valle de excremento como sea. El problema de los caritativos, sean de la especie menopausica-bondadosa, como de la estatista-autoritaria es que, simplemente, les falta enmerdarse más, familiarizarse con lo que se vive acá abajo, para darse cuenta de lo inútil y ridículo de sus bienintencionadas soluciones. Mi consejo para ellos sería: dejen al lado la magnilocuencia, dejen de pretender arreglarles la vida a gente que ni conoce, y dedíquense a sus semejantes, que también entre ellos algún puntualmente necesitado habrá.

Y dejen de impedir que hagamos lo propio con los de nuestra propia especie. (El anuncio del Ministerio de Inclusión (sic) en la tele, "no ayude a la gente, deje para nosotros", lo más insultante y obsceno que he visto en la vida en materia de propaganda estatista.)

Yo estoy con la Gabriela Calderón: la especie humana sí tiene posibilidades, si solamente se le deja hacer a su acostumbrada manera, entre semejantes, entre iguales.

Felices Navidades.


Thursday, December 23, 2010

Mis nombres

Al niño le sedujeron los nombres aliterativos: Clark Kent, Peter Parker. A ratos se le daba por salvar el mundo. Antes de acostarse solía vencer al Duende Verde o al Doctor Pulpo, era festejado y las chicas se desmayaban por tener su bebé. En otra época quiso ser Robin Hood un día, Tarzán otro: total, la cuestión era trepar en los árboles.

Los bosques brindan un entorno de lo que se ha dado en llamar privacidad, comprensible y entrañable. Tu privacidad te la ganas trepando. Quieres ser menos visto, menos asequible, subes más, otra rama, otra más. Tras ti se cierran las hojas amigas en probabilísticas cortinas. Desde tu atalaya, observas pasar, observas hacer. A partir de cierta rama ya no tienes nombre. Eres simple vista, un ojo en el cielo. Eres un cuervo. No importa en realidad lo que eres. Un halcón peregrino, tal vez, a partir del libro de Robert Murphy, que devoraste como unas quince veces, con infantil glotonería.

Más adelante, descubres otro tipo de libros. Yo pasé cierto tiempo, parece que meses, siendo Sir Lancelot, en la versión de TH White (en cuya traducción en castellano, el nombre vacila entre Lancelot y Lanzarote, según a cuál traductor le tocó ese capítulo). Mi pesada armadura me impedía trepar. Era increíblemente feo (bien por los autores que se acuerdan de esos niños), pero era invencible, y tenía a dos mujeres, una de ellas reina de Albión. Un día ellas se pusieron de acuerdo para enloquecerme. Me convertí en el Hombre Salvaje, que andaba por esos pueblos medievales totalmente desnudo. La desnudez no importaba: iba vestido de anonimato, el mejor ropaje del mundo. A Sir Lancelot al final le reconocen, le visten, se apiadan de él, y el episodio salvaje queda en anécdota. No así conmigo.

En el colegio pasé por varios apodos. El último, el que más me gustaba, había sido sugerido por una de esas mariconadas de canciones eduardianas que nos hacían cantar con lo que nos quedaba de tiple en las clases de música. Era un reconocimiento tácito de que los demás apodos no habían dado en el blanco. En casa no me llamaban de ningún modo. Las fuerzas centrífugas de mi familia, o lo que quedaba de ella, se aseguraron de eso. Ahí sólo era soledad.

En todo caso, el nombre con que me bautizaron siempre ha sido inservible. Sale en algunos documentos de poca monta: cédula, pasaporte, ese tipo de cosas. Cuando escribo cartas de solicitud de empleo, tengo que hacer memoria de él: me da cosa escribirlo, siente como un engaño. La única persona que lo utilizaba era mi madre (creo que fue idea suya: ella siempre tenía gustos estrambóticos), y eso, sólo para llamarme la atención en los supermercados, para hacerme pasar mal rato.

Fue mi primera novia, la Yvonne, que me lo trocó por la versión irlandesa, infinitamente más sobrellevable. Me sirvió en diferentes momentos para granjearme más novias (tener novia siempre ha sido mi versión arisca y displicente de "hacer vida social"). Igualmente sirve en el trabajo. Esos nombres los franceses los llaman noms de guerre. Son como estandartes: insípidas ridiculeces que sirven a los cojudos, a los Abdón Calderón, para ganarse renombre de tenaz, para ser recordados. Son símbolos públicos, a los que se supone hay que aferrarse, llevar en alto, no manchar.

Así que cambié mi nombre de bautizo por un monosílabo equivalente, más económico y menos fantasioso. Eso fue todo. Tal vez me faltó esa imaginación que hace nacer de las cenizas de un Marion Mitchell Morrison un John Wayne, de los restos de un Samuel L. Clemens un Mark Twain, o un Lewis Carroll de la agonía de un reverendo Charles Dodgson. Sin hablar de la oscura génesis de un Dick Van Dyke, o de la condenable malicia que hace que unos padres Woodward al hijo le encombren con un Edward, dando lugar a un nombre que a todo el que le escucha le recuerda ineluctablemente un pedo en la bañera. La verdad, tener nombre siempre me ha parecido lo de menos. Pero aún no había descubierto el Internet.

En el Internet, y en la informática en general, rápidamente descubres que la cuestión no es tener nombre, sino tener asa (handle). Los portales tienen que identificarte de alguna manera. Las personas (si es que te interesan las personas) también. Cada portal viene con su dominio respectivo, dentro del cual has de ser único. Si te llamas John Smith, Paco González o Helmut Müller, mejor olvídate del literalismo. A la fuerza nos tenemos que reinventar, ora mezclando nuestro nom de guerre con capciosos numerales, ora poniendo a trabajar la fantasía, el ego o el capricho, y siempre respetando la democracia de la longitud de campo máxima y mínima. En mis primeros pinitos en Internet (más precisamente en Usenet), me identifiqué con el apelativo modesto y poco inspirado de Ordinary Bloke (tipo normal), el cual con el tiempo se redujo a OB, hasta que me harté de ser comparado (avejentadamente o no, según el caso) con cierta marca de prenda íntima femenina. Hablando de lo cual, para variar de vez en cuando usaba por capricho algún nombre femenino, apareciendo con el alter ego de Gwendoline Cakesniffe, o en otro momento como Two Old Ladies (Dos Señoras Ancianas). También he llegado a postear bajo el nombre asumido de The Entire Population of Liechtenstein. Es decir, en el Internet he sido (de cara a los bobos desprovistos de sentido de humor, claro está) hombre y mujer, singular y plural, y hasta he sido población de un país entero. Lo único que no he hecho nunca es identificarme con ese nombre que, con variantes, me identifica en el trabajo, en el banco y en las instancias burocráticas. ¿Por qué? Muy sencillo: porque no sirve para nada (las personas que me conocen en el trabajo, etcétera, es poco probable que frecuenten los mismos dominios que yo en Internet) y aumenta innecesariamente el riesgo de llegar a ser víctima de algún crimen de suplantación de identidad. Allá en los noventa, cuando Internet todavía era una aventura donde triunfaban quienes iban provistos de ciertos conocimientos, existía un amplio consenso según el cual el que utilizaba su propio nombre para identificarse en Internet era, en el mejor de los casos, un ingenuo (algunos usaban calificativos más feos). Los internautas entonces venían en tres sabores: los sabidos que usaban un nombre que parecía auténtico pero que no era el suyo (la mayoría, si se atenía a las revelaciones proporcionadas en privado por correo), los anticuados que teníamos escrúpulos y preferíamos identificarnos con apodos caprichosos de nulo valor persuasivo; y los cojudos que alegremente adelantaban su nombre de cédula sin preocuparse de las posibles consecuencias derivadas del creciente número de estafadores, espameros, ladrones y psicópatas que ya empezaban a pulular por la Red. Supongo que en poco habrá cambiado la situación desde entonces.

De modo que quien recrimina a los que "no se atreven a dar la cara" o "se esconden bajo seudónimos" en la Red lo único que revelan es su ignorancia respecto a las convenciones y costumbres que rigen en la misma.

O tal vez sea algo más que eso.

Hace algún tiempito salió un comentario bajo uno de mis posts donde un defensor del Regimen me recriminó el ser de poca o nula fiabilidad, puesto que mi handle es claramente el nombre de un plato de comida (con lo que se quiso transmitir, en ese entonces, no tanto la comestibilidad de las opiniones que pensaba regalar al lector, sino la elegante sencillez y brevedad de las mismas. Ay, que la experiencia decepciona a veces); o sea, no es un nombre que se esperaría encontrar en una cédula. Y entonces me pregunté: ¿en qué incide el nombre de una persona en la fiabilidad de sus expresiones? Para mí, la única manera de relacionar las dos cosas es mediante el recurso del argumentum ad hominem: es decir, tus opiniones valen en la medida en que no tienes el mismo nombre que algún miembro de la antigua partidocracia, o tal vez (¿quién sabe) el valor de tus expresiones tendrá proporción inversa con la similitud entre tu apellido y alguno de esos apellidos altos en grasas trans tipo Febres Cordero o Palacios o Viteri. ¿Será eso? ¿O tal vez estoy buscando la quinta pata al gato, y la explicación sencilla es que el tipo quiso indagar en mis circunstancias personales o laborales con la finalidad de encontrar materia aprovechable, denunciable? Si es así, razón de más para despreciar a quienes se alardean de ser solidarios con los compatriotas indocumentados en otros lados, pero que se convierten en soplones de inmigrantes en su propio país.

Hay que decirlo clarito: los únicos que se preocupan por los nombres de quienes escriben en la Red son policías (o seres con vocación de tal), chismosos, morbosos, o tarados mentales que piensan que algunos nombres confieren, o restan, autoridad a las palabras emitidas.

A esas personas lo único que les puedo aconsejar es que se hagan un baño de literatura. Navidad: tiempo ideal para agarrar un libro (si es que la plata te llega). Yo, si pudiera, en estos días volvería a leer la que para algunos es la mejor novela en lengua inglesa del s. XIX: Middlemarch, de un tal George Eliot, que para los chismosos siempre será Mary Ann Evans. Lástima que quien profundizara más en sicología humana que cualquier otro autor de su época no haya querido (al igual que los hermanos Bell, aka hermanas Brontë) dar la cara. Si no, tal vez esas novelas fueran fiables y todo.

Wednesday, December 22, 2010

The silly season is upon us

Correa se pasea por Guayaquil y aprovecha para ordenar a los que se ganan la vida vendiendo objetos robados que no los vendan: ¡asunto solucionado! También pregunta si de verdad venden cosas robadas. (No lo culpemos: si viajas a EEUU también tienes que contestar por escrito a la pregunta: ¿Es Ud. terrorista?)

Nueva Zelanda "desclasifica" textos supuestamente escritos por marcianos. (Señal de más que El Telégrafo últimamente quiere hacerle la competencia al National Enquirer.)

El gobierno de coalición británico declara un paso cebra (sí, como lo lees) "lugar de importancia cultural e histórica", porque salió en una portada de los Beatles. El pobre de iDave evidentemente no era fan de los Floyd, si no, la central eléctrica de Battersea fuera octava maravilla del mundo. Se rumorea que están buscando las originales alubias con salsa de tomate Heinz que inmortalizara en su día Roger Daltrey para declararlas patrimonio cultural universal.

Y por último, Thomas L. Friedman se coloca del lado de los alarmistas climáticos (la sensatez al respecto de las predicciones catastróficas resulta ser fruto de "una campaña fraudulenta y anticientífica, financiada en gran medida por las grandes compañías petroleras y carboneras", la cantaleta de siempre) y se congratula por eso de que las fuerzas armadas estadounidenses están "salvando el planeta" ahorrando en combustible. Ni si le ocurre preguntarse qué chucha están haciendo en Afganistán y cuando tocará irse. Ni se te ocurra decirle que la mejor manera de ahorrar en combustible es no viajar innecesariamente. (Digo innecesariamente: me han dicho que en Cancún hay unas lindas playitas.)

Saturday, December 18, 2010

Sturmabteilung correista

Se nos acerca otro escándalo político, esta vez por gentileza de esa gente de La Vanguardia.  ¿Que cómo lo sabemos? Pues porque el Regimen ha considerado necesario enviar un operativo policial a la sede de esa revista y hacerse con las computadoras. La excusa: un "desalojo" consecuente al hecho (¿?) de que los de La Vanguardia se olvidaron de pagar el alquiler en "algunos meses del 2009 y 2010". Bien. Yo he visto algunos desalojos en mi tiempo, y lo que suele pasar es que vienen unos gorilas y te dan una hora para sacar tu sucio cuerpo y todas tus cosas a la calle (hasta el osito de felpa), de donde luego las arrastras penosamente al siguiente lugar de residencia dentro de unos carritos de supermercado que tu novia ha conseguido con ayuda de una servicial estudiante de medicina que casualmente andaba por ahí. Lo que no hacen, normalmente, es confiscar tus computadoras, si es que tienes alguna. Eso se sale del guión pero bien a lo Houdini. Estoy viendo que la sutileza no es cualidad destacada del correismo. Es hasta tierno, lo obvios y directos que son. Un Assange se hace con información supuestamente embarazosa para EEUU, y olé. Una revista se hace con algún dato jugoso sobre nuestros Amos y Señores del Gobierno Revolucionario: arde Troya. ¿Y la moraleja? Si tienes un medio de comunicación y haces investigaciones, o si tienes cualquier cosa que pudiera interesar a la Gestapo correista: PGP. Los policías son tontos, pero el software desencriptador está hecho especialmente para ese tipo de tonto, y todo departamento policial que se precie lo tiene. El PGP es lo único: es tan bueno que hay un caso ahora en el R. hUnDido de un tipo que se va a la cárcel no porque hay cosas incriminadoras en su compu, sino porque la policía en cuatro meses aun no ha conseguido desencriptar lo que hay, y él se niega a darles la contraseña. (Claro que los políticos tuvieron rapidito que inventarse ese nuevo crimen, el de "no dar tu contraseña a la policía", pero cuando hay voluntad todo se puede).

¿Qué será el nuevo escándalo cocido por los Vanguardistas? Aun no lo sabemos. Lo que sí puedo aventurar es que por muy escandaloso que sea, no pasará absolutamente nada en consecuencia. Al propio hermano del Presidente le pillan lucrándose con contratos a dedo, y nada. A un ministro le cogen comiendo cheques, y nada. A un Arellano Raffo le atrapan extorsionando a sus empleados: corre el tiempo, y hélo aquí en El Telégrafo (Decano de la Hipocresía Nacional) escribiendo articulos piadosos sobre... ¡la corrupción! El caretuquismo es el espíritu santo de la política ecuatoriana. Por eso nuestros comentaristas ni se molestan en glosar el (para mí, levemente sorprendente) dato de que, según el mismo artículo mencionado, el "Fideicomiso AGD-CFN No más Impunidad" está a cargo de un tal Pedro Delgado, primo de Correa. Que una organización cuyo nombre indica una vocación desencubridora y transparentadora tenga como jefe un producto del más descarado nepotismo me parece magnífica ironía. De nuevo: Caretuquism Rules. A este paso, los gobernantes, que todos ahora viven en Vía Samborondón, exigirán que se traslade allí la sede de la Policía guayasense, para mayor protección de su fabuloso botín. ... Nah. A tales extremos, todavía no creo. Todavía no.

Friday, December 17, 2010

The hollow men




¿"Despreciable"? Bueno, algo es algo. Ponte en esa columna y revisaremos tu solicitud de afiliación a la raza humana en un momento.

Quienes, por su "cultura" (buajrrf), consideren que esto es aceptable o necesario, esa otra columna. Quienes consideren que "no debemos imponer nuestros estándares occidentales" (textual, 4:03), eso se llama un bluff: "no jugaré mi reina de corazones, pero sí tengo una". Nah. Un estándar que no aplicas (no se trata de imponer, se trata de aplicar) es uno que no tienes. A otro con ésas.

Quedamos los de la primera columna. La conversación, mientras se espera:

"Llevaba uniforme. ¿Policía?"
"Por supuesto. Pero policía musulmán."
"Bah. Policía, con eso está todo dicho. Mutatis mutandis, podía haber sido robaburros de Nebot. Son de la misma especie."
"¿Qué es lo que les hace así?"
"Mejor preguntar qué nos hace así."
"¿Así cómo?"
"Huecos. Lo sabemos todo, tenemos toda la información, las conclusiones evidentes, y no hacemos nada."
"¿Qué quieres que hagamos, si ellos, los del Estado, tienen todas las armas, y nosotros nada?"
"Protestar, desobedecer, no colaborar. Acusar."
"¿A los musulmanes?"
"Llegaste tarde. A los estados, amigo. A todos los que de una u otra manera justifican que unas personas tengan poder sobre otras. Recordando que la definición de poder es poder hacer esto."
"Sin policías, un hombre así también agrede a una mujer en la calle."
"Sin policías, cuando lo hace intervienen los demás transeuntes y le arreglan a ese agresor la dentadura en un tris."
"Tienes razón."
"Va muy lenta esta columna. ¿Qué estará pasando allá?"

La conversación en la otra columna:

"Lamentable. Cosas así no deberían poder verse. Podría afectar la valoración de la ciudadanía de las instituciones del Estado."
"Muy cierto es. Tal vez la solución sería censurar más los contenidos en Internet, como decía un amigo mío el otro día."
"Lo que hay aquí es un error de percepción, simplemente. Deberíamos hacer campaña para que los empleados del estado sonrían más. Todavía en los funcionarios y los policías se echa de menos la sonrisa ecuatoriana."
"Exacto. ¿Cómo podremos esperar que los ciudadanos disfruten de ser molidos a palos, si los agentes del orden ni sonríen cuando lo hacen?"
"A mí hace un año me dijeron que mi negocio en que había gastado todos mis ahorros no tenía permiso de funcionamiento. Fue un golpe terrible, pero por lo menos la que me lo dijo sonrió. Fue una sonrisa encantadora, llena de burla y desprecio. Me alegró el día, te lo digo de verdad."
"A mí lo que me saca de quicio es cuando dicen burocracia como si fuera mala palabra. Los servidores públicos deben adquirir prestigio en el imaginario social por prestar un servicio de gran valor."
"Claro. ¿Quién si no se encargaría de asegurar que las mujeres no lleven ropa inadecuada, que los letreros de los negocios en Urdesa sean con letras corporales, que las tiendas de las gasolineras no vendan alcohol, que las emisoras de radio pongan el porcentaje correcto de producción nacional, y que para enterrar a un pariente muerto tengas que pasar docenas de horas rellenando papeles inútiles que nadie jamás mirará?"
"Nadie, por supuesto. Por eso el Estado es sumamente necesario. Y lo peor es que hasta hay gente que se queja de que "su" dinero sea usado en contra de ellos, pagando a matones para que les agreda en plena calle sin motivo. Por eso el burócrata promedio vive con el temor constante de tener que gastar dinero público."
"¿No exageras un poco?"
"Bueno, sí, un poco. Pero en serio, yo una vez conocí a un ministro que una vez viajó en Clase Turista."
"Sería antes de ser ministro."
"Por supuesto."
"Se ve que no avanza mucho la columna."
"Eso es lo que me encanta de las columnas. Que no avanzan. Te da la oportunidad de tener estas conversaciones tan amenas."
"Eso es una gran verdad."


Para mí, si todavía puedes ver este video y creer en el Estado (por no hablar del hijueputa de Mahoma), algo te sucede a nivel de simple humanidad. No sé la solución; consulta con un especialista.




(h/t Counting Cats)

Thursday, December 16, 2010

Santa Claus vino temprano

Para los afortunados venezolanos, la Navidad llegó temprano.

En un sorpresivo gesto de benevolencia, el mandatario bolivariano ha anunciado que él, o en su defecto algún ayudante suyo (los "duendecillos rojos" que dicen allá) visitará personalmente cada hogar (de los que han sobrevivido a las lluvias) por la tradicional vía de la chimenea, para traer el regalo de Navidad, que este año consistirá en un nuevo y reluciente paquete de censura.

"Hemos hablado largo y tendido sobre este asunto, y llegamos todos a la conclusión de que lo que más pide el pueblo venezolano en estos momentos de crisis, de temporal, de lluvias torrenciales y de hambre generalizada, es poder disfrutar de un servicio de Internet censurado, donde no haya nadie que fomente zozobra o incite al homicidio," dijo Chávez ayer.

Al ser interrogado sobre qué tipo de cosa se entendía como incitación al homicidio, respondió: "Es bastante evidente. Algunas personas hablan ahora de cómo será el país sin Chávez, después de las próximas elecciones. Como todos saben que yo no abandono la presidencia si no es en un ataúd, eso es una clara invitación al magnicidio. No se puede tolerar eso en un país democrático. De modo que hay que prohibir que se hable en contra del gobierno. Claro que es importante que haya oposición, pero sólo cuando la oposición está de acuerdo conmigo en todo. Cualquier otra cosa es traición a la patria," expresó.

Además, anuncio que como regalo por haberse "portado bien", el país disfrutará de un año entero de decretos suyos. Al darse a conocer esta noticia, las calles de Caracas se llenaron de fiestas espontáneas organizadas por el pueblo.

La Sra. Zoila Mastonta, una de las primeras en celebrar la noticia con un baile callejero entre sus vecinos, dijo: "Estamos encantados de saber que ahora vamos a tener más Chávez. Personalmente, me encanta olerle las axilas. El año pasado en las Misiones nos regalaron un poco de sudor suyo, en un frasquito. Yo hago que mis niños todos lo huelan cada noche antes de acostarse. Es mucho mejor que rezar," agregó.

Sunday, December 12, 2010

Vinieron las lluvias

y con ellas aquella especie de empatía que uno siente hacia ciertos artrópodos. Demasiada quitina, ahí está todo dicho. Uno mira para atrás, hacia esa juventud tan lejana, perdida e irrelevante, y ve sobre todo eso, acumulación afiebrada de exoesqueleto. Como si el paisaje sólo fuera pies gigantes, como si en cada recoveco del horizonte se desarrollaba otro disaster movie inconexo y solipsista. Y como si servía para algo autoconservarse a toda costa.

Una vez acudí a una sicoanalista. Dos sesiones semanales. El quid era en buscar cualquier otra respuesta que no fuera la misma, inaceptable, que siempre arrojaba el oráculo (y que más tarde llegaría a ser eslógan de una conocida marca de zapatos deportivos). De ella lo que más recuerdo era el ángulo de su cabeza ladeada, interrogativa, que me recordaba siempre un mirlo o un tordo escuchando los gusanos debajo de la césped. Ella, la Dra. Merce, nunca decía nada, sólo escuchaba. Yo tampoco decía nada, de todo lo que tendría que haber dicho. Me parecía que ella era medianamente inocente (creía en Freud, por ejemplo) y que no era correcto pisar ese jardín. Afortunadamente, el subconsciente se esforzó en colaborar: en unas pocas semanas recordé más sueños que en el resto de la vida junta. Siempre tuve eso que contar, el último sueño; de las realidades conseguí en gran medida escaquearme. He aquí unos ejemplos.

Estuve en la catedral de Segovia. Dentro, había otra catedral en escala más pequeña. Alguien me comentó, de paso: La Leyenda dice que esta catedral pequeña fue la primera, y que ésta hizo existir la más grande alrededor, para protegerse de la lluvia. A continuación, la misma cicerone me invító a acercarme a una de las paredes de la Catedral mayor, donde había unas imágenes bastante grandes grabadas en relieve. El contenido de estas imágenes era básicamente erótico, nada religioso.

Estuve en el Bloque de Ciencias de mi antiguo colegio, en un laboratorio en el cuarto piso. Poco a poco me di cuenta de que, a pesar de que ese colegio había sido masculino cuando yo era alumno, ahora era sólo de chicas. Acababa de terminar una clase, y me encontraba en ese laboratorio con la última chica que aún no había salido. Por alguna razón que no recuerdo bien, yo le insté a que se quitara algunas prendas de ropa. Ella empezó a obedecer, pero sin entusiasmo, de una forma algo rutinaria, maquinal, como cumpliendo con una exigencia burocrática. En ese momento se me ocurrió exigirle su DNI (cédula de identidad). Ella se negó. Me puse nervioso y algo histérico, y le grité algo así como "¿Cómo puedo estar seguro de que no eres menor de edad?" A continuación, escuché ruidos como si estuvieran a punto de entrar otros alumnos o alumnas. Le pedí a la chica que arrojara mis zapatos por la ventana, para que yo fuera a buscarlos al salir. Así lo hizo. Con algo de sigilo, salí del edificio y me puse a buscar los zapatos. No aparecían. En ésas, se congregó un grupo de personas, algunas conocidas y otras no, que querían emprender una larga caminata, de destino impreciso. Gustoso me uní a ese grupo, sobre todo al enterarme de la noticia de que "los siete minutos que en un principio teníamos entre clase y clase se podrían prolongar hasta doce". Mientras caminábamos, tuvieron lugar algunas conversaciones que ahora ya no recuerdo, sólo que en alguna de ellas un compañero mío hizo un comentario algo despectivo acerca de la obsesión con las crucigramas. La carretera por la que caminábamos era la que salía de la ciudad inglesa de Henley, una de esas carreteras romanas tan rectas, señoriales y pintorescas. Llegamos a una cueva, con mesas de madera afuera. Mis compañeros se sentaron allá: yo entré en la cueva, para hablar con el viejo que vivía dentro. Éste, arisco y malhumorado, se quejaba continuamente de que los viajeros que se aprovechaban de su hospitalidad desdeñaban comer su ensalada de mierda de caballo. ¿Qué tendrán esos señores en contra de mi ensalada de mierda de caballo? se preguntaba el hombre con voz indignada, furibunda. Y me la enseñó. Efectivamente, era mierda de caballo, con algunos trocitos de espinaca, judías y espárragos verdes. Me dije para mis adentros que tampoco me parecía muy apetitosa dicha ensalada, pero que sería de muy mala educación rechazarla. Salí afuera. Mis compañeros ya tenían servida su comida. Cada comensal tenía delante de él una oreja de elefante, y en medio de la mesa había el torso y la cabeza de un primate grande, algo entre chimpancé y humano, ennegrecido, horriblemente descuartizado. Chocaba y daba un poco de asco. Me pregunté si estábamos a punto todos de convertirnos en caníbales.

Fast forward. Estuvimos de nuevo caminando, todo el grupo, y en ésas empecé a ver, más o menos a la altura de Stonor (donde hay una de esas casas señoriales muy retraídas) una larga muralla de piedra, y al lado de ella, unas ballenas que flotaban en el aire como dirigibles. Lo curioso fue que en medio de tanta realidad, parecían ballenas de dibujo, ilustraciones para un bestiario medieval.

Me desperté con una sensación de honda satisfacción, de alegría, de plenitud y de serenidad. Siempre me han gustado las largas caminatas, y la ausencia de un destino preciso. (Los sueños ajenos son aburridos, ya lo sé, pero esas sensaciones no. Ojalá pudiera encontrarles el correlativo exacto, plasmarlas.)

Otros sueños... si me pusiera a buscar en los newsgroups que frecuentaba entonces, igual aparecían resumidos. Ya no los recuerdo tan bien. En uno, fui abandonado por mi padre en una carretera donde había un cisne. En otro, tuve que atravesar una especie de falso suelo de traicioneras losas al estilo Indiana Jones, encima de un estadio olímpico, en compañía de un niño árabe, cuyo padre me aseguraba que él sabía el camino. En otro, estuve hojeando un libro grande para niños, que contaba las aventuras del Espíritu Santo, que al parecer tenía la forma de un fantasma del juego de PacMan; de repente me introduje en el libro, en medio de la acción, y tuve que evitar ser devorado por cocodrilos en una densa selva, lo que era difícil pues tales reptiles se disfrazaban de trozos de carne de chancho flotantes. Al final, tuve la visión de un Buda malhumorado, con la piel plateada, que contemplaba con cara de chasco una mujer y un niño que formaban los otros dos puntos de un triángulo místico en una inmensa playa.

Y en otro sueño también salía el Buddha, sólo que esta vez era dueño de un prostíbulo que también hacía las veces de gabinete de belleza. "Tú no eres tan santo", le dije en esa ocasión. Dentro del gabinete, detrás de una cortina, descubrí a una ex, la R., a quien le estaban remodelando los ojos y las pestañas con un instrumento horrible que me hizo gritar. Ella me miró con cara de tristeza insondable. Nunca vi, ni en sueños ni fuera de ellos, tanta tristeza. Me desperté para no ver más.

¿Vida onírica después de la sicoanálisis abortada? Sólo lo típico. Algo en ti quiere que sigas sacando fuerzas de flaqueza, que sigas trabajando y produciendo y endureciéndote baldíamente, así que el subconsciente, de noche, te trae a la C_, te la muestra, a pocos metros, y te la quita de nuevo. Para que te despiertes con la confusa sensación de que la vida va a alguna parte.

Vinieron las lluvias. No deseo ahogarme, lucho contra ello, pero sí, intensamente... verme ahogado.

Wednesday, December 8, 2010

Ex-ing a paragrab

"la libertad de empresa no puede, en ningún caso, prevalecer sobre el derecho de los ciudadanos a una información rigurosa y verificada"

¿Quién lo dijo? ¿Betty la Fea? ¿Xavier Flores? ¿Rolando Panchana? Podría haber sido cualquiera de ellos, y sin duda no sería difícil extender la lista a voluntad hasta llegar a cien o a quinientos nombres, pues nada hay más sagrado que el derecho a la clonada uniformidad en el pensamiento y en la expresión. En realidad, el autor fue un tal Ignacio Ramonet, periodista español que ayer hizo las delicias del correísmo al entrevistarse con el Führer y luego deshacerse en elogios, ante los micrófonos, de tan notable estadista. La cita viene de un ensayo suyo que hojeé por curiosidad, para cerciorarme de que, en efecto, el tipo, descrito unánimanente como "experto" por los medios correístas (TC Televisión ayer, por ejemplo), es una perfecta nulidad en lo que a pensamiento político se refiere: leyéndolo, uno tiene la sensación de estar leyendo a Chomsky (con quien habrá colaborado en alguna publicación), faltando sólo esa sensación de un intelecto privilegiado pero cuidadosamente amaestrado que, como jovial pastor alemán, a veces amenaza a fuerza de saltitos con interrumpir el flujo de las ideas. He aquí una muestra del estilo de Ramonet:

La prensa y los medios de comunicación han sido, durante largos decenios, en el marco democrático, un recurso de los ciudadanos contra el abuso de los poderes. En efecto, los tres poderes tradicionales -legislativo, ejecutivo y judicial- pueden fallar, confundirse y cometer errores. Mucho más frecuentemente, por supuesto, en los Estados autoritarios y dictatoriales, donde el poder político es el principal responsable de todas las violaciones a los derechos humanos y de todas las censuras contra las libertades.


Pero en los países democráticos también pueden cometerse graves abusos, aunque las leyes sean votadas democráticamente, los gobiernos surjan del sufragio universal y la justicia -en teoría- sea independiente del ejecutivo. Puede ocurrir, por ejemplo, que ésta condene a un inocente (¡cómo olvidar el caso Dreyfus en Francia!); que el Parlamento vote leyes discriminatorias para ciertos sectores de la población (como ha sucedido en Estados Unidos, durante más de un siglo, respecto de los afro-estadounidenses, y sucede actualmente respecto de los oriundos de países musulmanes, en virtud de la "Patriot Act"); que los gobiernos implementen políticas cuyas consecuencias resultarán funestas para todo un sector de la sociedad (como sucede, en la actualidad, en numerosos países europeos, respecto de los inmigrantes "indocumentados").

La flojera de análisis resulta demasiado obvia para detenernos mucho: digamos que tan alegre clasificación de Estados en buenos (los "países democráticos") y malos ("Estados autoritarios y dictatoriales") demuestra un simplismo que sólo es sobrepasado por la ingenuidad con que insiste en catalogar los abusos de los tres poderes tradicionales como "fallos", confusiones y "errores". El autor señala que hasta en esos "países democráticos" se pueden dar abusos (¿quién lo hubiera dicho?) pero al intentar ejemplificar ese punto, remite a un supuesto "parlamento" (sic) en EEUU que habría votado "leyes discriminatorias" contra la población afro, olvidando que las Jim Crow Laws fueron disposiciones de los estados del Sur, no federales y menos "parlamentarios", por supuesto todos dominados por gobernadores Demócratas (que el partido Demócrata hoy en día se atreva a alzarse en paladín del antiracismo es una de las ironías más hilarantes de la escena política yanqui). Asimismo, que el USA PATRIOT (así, con mayúsculas: es acrónimo) Act tenga disposiciones que viertan específicamente en contra de "oriundos de países musulmanes" es sencillamente falso (aunque esa Ley es una auténtica barbaridad, ahí no hay discusión). Antes de recurrir a ejemplos que evidentemente no conoce bien, uno se pregunta por qué no se busca ejemplos de abusos estatales mucho más cercanos a casa, como las leyes francesas en contra de la libertad vestuaria... Pero resulta demasiado obvio que este tipo tiene la mirada muy selectiva:

En este país latinoamericano donde la oposición política fue derrotada en 1998 en elecciones libres, plurales y democráticas, los principales grupos de prensa, radio y televisión han desatado una verdadera guerra mediática contra la legitimidad del presidente Hugo Chávez (4). Mientras que éste y su gobierno se mantienen respetuosos al marco democrático, los medios de comunicación, en manos de un puñado de privilegiados, continúan utilizando toda la artillería de las manipulaciones, las mentiras y el lavado de cerebro para tratar de intoxicar la mente de la gente.

Así que Chávez "se mantiene respetuoso al marco democrático". Me pregunto si este tipo no estaría interesado en comprar un puente en Brooklyn de mi haber, o tal vez un hermoso reloj que tengo actualmente en exposición en el Malecón.

Pero no era éste mi punto. Simplemente, me hicieron reir frases del artículo como la siguiente:

Al abrigo de la libertad de expresión, las empresas mediáticas no deben poder difundir informaciones falsas, ni realizar campañas de propaganda ideológica, u otras manipulaciones.

Quizás debería decirselo a TC Televisión, o a El Ciudadano, que ambos porfían en describir al propio Ramonet como "director del periódico mensual Le Monde Diplomatique", cuando la propia web de tal revista desmiente tal aseveración. Al parecer, el actual director se llama Serge Halimi: Ramonet dejó de ser director de la publicación en 2008. La descripción correcta, por tanto, sería "ex director"; la ex se habrá caído, supongo, en medio de tanta emoción.

Tuesday, December 7, 2010

Mercaderes del dolor

Lo he dicho anteriormente: soy tan viejo que hasta me acuerdo del Gran Consenso de la posguerra en mi país natal. Y de su tambaleamiento en los años ochenta. Hasta aquellos años, era imposible ser neoconservador ni socialista en buena sociedad: el espectro político comprendía solamente diferentes variedades de la triunfadora y acaparadora socialdemocracia, se estilaba el turno pacífico (Ha ha Mr Wilson! Ha ha Mr Heath!), y Keynes era el dios de la lluvia. Lo que siempre me chocó fue observar, dentro y fuera de mí mismo, el espectáculo de la indefensión intelectual general ante la llegada de las hordas thatcheritas. Las verdades que hasta el día de ayer fueran tomadas como evidentes, indiscutibles, que sólo un troglodita podría cuestionar (por ejemplo, que el lugar correcto de la opulencia era público, y de la escualidez, privado, según dicho de Galbraith), de repente al ser cuestionadas revelaron ser simples eslóganes huecos que si alguna vez se habían erigido sobre la base de una argumentación racional, éste se había podrido y desintegrado por falta de uso y mantenimiento.

Me sirvió de lección, aunque no inmediatamente. Fui descubriendo poco a poco que muchos "consensos" se basan en la pereza para pensar, a veces en el miedo a pensar. Es más cómodo que te dicten tus prejuicios con una arrulladora retórica de aburguesada biempensantería, que tener que enfrentarte a los rigores de la lógica y de la investigación. Y siempre, como arriére-pensée: "doctores tiene la Iglesia". Es decir, uno confía en que las arduas líneas de razonamiento que uno no quiere acometer, existen en alguna parte, que otros han hecho los deberes por ti. Cometemos la equivocación de pensar que los memes que más arrollan en sociedad serán los que más argumentos tienen en su apoyo (donde "sociedad" significa el subconjunto de personas que te caen bien).

Hasta que uno finalmente se cansa (siendo profesor) de leer redacciones de alumnos que apoyan la prohibición de fumar en público basándose en el argumento (presentado siempre con simpáticos aires de sabelotodo) de que "el cigarrillo hace más daño a los fumadores pasivos que a los activos". Es decir, que si yo fumo y tú estás sentado al lado mío, el humo te afecta más a ti que a mí... lo que equivale a decir que ese humo que tú respiras como fumador pasivo es impedido, de alguna manera evidentemente mágica, de entrar también en mis pulmones, a pesar de que yo también estoy respirando el mismo aire que tú a la vez que fumando. Es un poco como decir que si yo orino en la piscina, estando en ella, mis compañeros acuáticos van a terminar oliendo más a pipí que yo, pues el hecho de ser origen de tal contaminación amarilla me protege de algún modo. Podríamos citar también, a modo de ejemplo de absurdas verdades piadosas, eso que hace poco era cliché para los feministas radicales en EEUU, y para muchos fellow travellers inconscientes también, esa estadística que decía que el 96% de las familias estadounidenses eran disfuncionales. A nadie, al parecer, se le ocurría pensar que si ser disfuncional es apartarse de la norma, era imposible que una mayoría aritmética de cualquier cosa pudiera ser disfuncional. En fin. Con el tiempo uno aprende a desconfiar tanto de los memes populares, que a veces cae en la imprudencia de suponer que cualquier cosa que es creída por muchas personas a la fuerza tiene que ser falsa.

Todo ello me vino a la mente al leer lo último (imperdible, como siempre) de nuestro amigo Arellano Raffo en El Telégrafo. Se me ocurrió, al leerlo, que estamos ante un fenómeno parecido a esa "pérdida de vergüenza" que ocurrió en la angloparlantería en los años 80, cuando de repente llegó a ser posible decir cosas como "siempre hay dos puntos de vista sobre cualquier cuestión: el correcto y el falso", o "la sociedad no existe", o "la caridad empieza por casa", o "fin de la Historia", o "los desempleados no son víctimas: son vagos" y un gran etcétera de lo que (insisto) hasta aquellos años hubieran sido boutades, simples excentricidades que no merecían siquiera respuesta, pero que ahora asumían la categoría de obviedades, al encontrarse las trincheras de los defensores del cliché de antaño ignominiosamente desertadas, sus combatientes huidos en tropel ante la disyuntiva de ponerse a pensar o ponerse a salvo.

"Pero deben saber que existe una granítica voluntad dispuesta a ir a la guerra que han declarado los miserables que no se identifican con los intereses nacionales ni con el dolor ajeno. "

Also sprach Arellano. Léanse todo el artículo si no me creen: esto de "miserables" se dirige a todos aquellos que no apoyan la Revolución Ciudadana, exceptuando tal vez a los que no llegan a miserables por tratarse de simples manipulados. El que no está con Correa, aupándole, vitoreándole, es porque, primero, no se identifica con los "intereses nacionales" (interpretados por ya sabemos quién), y segundo, porque tampoco siente como suyo el dolor ajeno.

¿Será que en la vida política de este país nunca ha habido consenso sobre los límites del discurso? No me refiero a incontinencias puramente verbales tipo me te meo, sino a algún tipo de manual de demagogia demasiado obvia por ser aprovechable, y tal vez otro de cabezas de Turco demasiado explosivas para armarse. Tal vez no. (Aquí se sorprenderían de poder ver la situación en España, país donde hasta hace poco reinaba una libertad de expresión teóricamente absoluta, pero donde a ningún político se le ocurre acusar al bando contrario de flaquear en la lucha contra el terrorismo, pues existe un consenso explícito sobre ese punto: referencias a terrorismo en el discurso político, no, por favor. Contra esa lacra, todos somos unidos, y si no, haremos ver que lo somos.) Entonces, he de creer que hasta que aparecieron los correistas, esto de ser custodios en exclusivo del dolor ajeno no le competía a ningún partido, simplemente porque a nadie se le había ocurrido que disfrazarse de Jesucristo podía ser estrategia resultona. Y claro, como suele suceder en tales casos ni el propio Arellano se da cuenta de la magnitud de su descubrimiento. En la incontenible impetuosidad de su verborrea (el tipo es una auténtica fuerza de la naturaleza, eso es, dentro del género especializado de la coprolalia lisonjera), sólo le falta acusarle a la oposición de blasfemar contra su adorado caudillo. (Tal vez la tal identificación viene por otra parte. En un video del simpático hijo de Carlos Vera, se observa que la publicidad del gobierno en los Mundiales identificaba a los medios como serpiente, por ende "el demonio". Para mí, lo que se da a entender con eso es que los medios libres, cual árbol prohibido, dan acceso al Conocimiento, y es por eso que no hay que comer de esa fruta). De veras, ustedes dirán que soy anticuado, pero eso del dolor ajeno me chocó, y eso que me creía habituado a los excesos de ese incalificable juntaletras.

¿Qué tenemos que esperar ahora? ¿Enterarnos de que la oposición son caníbales que disfrutan en secreto de los primores de la carne de bebé?

No sé, el Evangelio nos dice que no juzguemos, pero a mí que me venga a decir que no me afecta el dolor ajeno un tipo babosillo que al parecer se dedica a hostigar y a acosar a las mujeres de su entorno, y a extraer de los magros sueldos de sus empleados suculentos diezmos dedicados a protervos fines propios, y que ahora se gana la vida insultándole a todo el mundo a cuenta del contribuyente, me parece un poco original. 

Pero no nos detengamos en eso. Como siempre, el artículo entero merece el fascinado respeto que merece toda escultura elaborada en excremento puro: en palabra de Dr Johnson, no es que esté bien hecho, sino que uno se admira de que se llegue a hacer tal cosa. Si no fuera por el tiempo, casi se merece un diagrama de divulgación científica este proceso, al que habría que llamarle pedosíntesis: una especie de ciclo natural donde el metano que se le escapa al esfínter presidencial es hondamente aspirado por el coprófilo telegrafista, que luego lo transforma en garabateos sobre el papel, que luego se publican y llegan a la mesa carondeletiana (a pocas mesas más, evidentemente, pero a ésa, sin faltar), donde el baile del más descarado servilismo y de la más desvergonzada adulación en pocas líneas estimula nuevamente los jugos gástricos del solitario caudillo, dando lugar a nuevas acumulaciones de gas con los cuales comienza otra vez el ciclo. Y aparte de la fascinación de dicho proceso, el sempiterno juego de adivinar al santo de qué viene un artículo que parece no tener más finalidad que la repartición aleatoria y pomposa de insultos. Creo que en este caso, la pista nos viene con la frase

ya no cabe que se siga culpando de todo lo malo del presente  al breve lapso de tiempo que el país disfruta de este régimen

Es decir, el articulista se ha encomendado la tarea de intentar explicar cómo es que después de cuatro años de Revolución Ciudadana, el país está a todas luces peor que antes, sobre todo en términos de desempleo y, notoriamente, de delincuencia. Frente a la imposibilidad de culpar a un pasado cada vez más remoto e irrelevante, nuestro polifacético intelectual aboga por la siguiente estrategia:

Si somos responsables y serios, si nos duele la historia recibida, debemos hacer un examen objetivo y reposado de qué es lo real y qué es lo inventado en los actuales días del convivir nacional. Sin olvidar que este gobierno no solo que está transformando al país, sino que también está transformando la manera de entenderlo y ordenarlo. Y quienes crean que poner orden en el Ecuador es tarea fácil, demuestran que desconocen la propensión del temperamento de los ecuatorianos.

Es decir (empezando con la última frase), culpemos primero al "temperamento de los ecuatorianos", que al parecer son genéticamente desordenados. Los males del país, demasiado evidentes, no son responsabilidad del gobierno, sino que parten del hecho de que lastimosamente éste ha heredado un pueblo horriblemente bruto, hasta el punto de que una pregunta perfectamente sencilla que el propio Arellano es capaz tanto de formular como de contestar, no puede ser formulada con idéntica claridad por el resto de la gente, sino que "flota en el inconsciente colectivo de las masas", pues propio de las masas es ser inconscientes. ¡Si solamente a Correa la suerte le hubiera regalado una población de suizos o de estadounidenses, no te imaginabas qué progresos hubieran visto! Pero como tenemos lo que tenemos, un pueblo retrógrado, lo que hay que hacer es examinar "qué es lo real y qué es lo inventado", sin olvidar que el gobierno es capaz de "transformar la manera de entender" el país. Es decir, la solución no pasa por cambiar las cosas, sino por cambiar nuestra visión de las cosas, nuestra "percepción". En una palabra: propaganda.

La historia no puede reescribirse de manera antojadiza.

Entrañable constatación de que, efectivamente, se trata de eso: de reescribir la historia, a la usanza orwelliana. Ya demostraron que hasta algo tan reciente como el 30-S se puede "reescribir" perfectamente, cambiando los hechos y los protagonistas, colocando a Carlos Vera en el nuevo papel de Emmanuel Goldstein. Si eso resultó fácil, ¡cuánto más fácil la reescritura de la historia más antigua! Así que prepárense: Bolívar fue socialista del s.XXI avant la lettre, a Lucio le sacó de Carondelet el propio Correa en persona, Cuba siempre ha sido y es democracia, León Febres Cordero nunca iba a ninguna parte sin su sombrero de copa, las víctimas de Dayuma fueron culpa de Carlos Vera, y PP El Verdadero verdaderamente tiene mucho más que trescientos y pico lectores. Todo es cuestión de dominar las ondas, para poder repetir los mensajes hasta que se tornen verdaderos. Por algo será que Chávez ahora se ha hecho con acciones de Globovisión. La guerra no es contra el crimen, sino contra las percepciones. Y si tras ser asaltado por quinta vez, o tras perder un empleo o un hijo, tienes la sensación de que algo en ti te duele, eso también, fíjate, es "pura percepción". ¿O aun no te habías dado cuenta?

No es por nada que lo llaman dolor ajeno. Más ajeno que para los señores de la Revolución predicada por Arellano, imposible.


P.D. Acabo de leer un demoledor artículo de Gabriela Calderón en El Universo que demuestra, con datos de la FLACSO y del  Centro de Análisis e Investigación de Políticas Públicas de Quito, que el gobierno de la Revolución Ciudadana ha fracasado estrepitosamente en lo que se supone era uno de sus mayores acometidos, la reducción de la pobreza. Eso ya lo intuíamos: ahora es un hecho verificable. De modo que tenemos, con Correa, un aumento espectacular en delincuencia e inseguridad, un aumento notable (si bien los cambios en el modo de calcularlo lo intentan disfrazar) en niveles de desempleo y subempleo; y una desaceleración igualmente llamativa en la reducción de la pobreza. Es decir, se hace patente que cualquier apoyo a este gobierno poco o nada tendrá que ver con una supuesta sensibilidad hacia el "dolor ajeno". Claro, nada de esto será noticia para quien haya compartido planeta con algún socialista durante los últimos 100 años. Son como el Equipo A en creación de miseria.

Sunday, December 5, 2010

Assange

Para algunos, héroe de la transparencia. Para otros, irresponsable cañón suelto, que compromete los esfuerzos emprendidos por EEUU y aliados en pro de la estabilidad en regiones volátiles. Para otros, un tipo listo pero con preocupantes tendencias hacia la paranoia y las teorías de conspiración.

Se receptan opiniones al respecto. Conviene, por lo menos, tener claro que los motivos de Assange no son ningún misterio: ha declarado en diversos ensayos y entrevistas que su meta es obligar a los Estados a defenderse contra las filtraciones blindando sus sistemas de comunicación hasta tal punto que su eficiencia operativa se vea seriamente perjudicada. A tal respecto, una analogía que me resulta: hace tiempo comenté que el antivirus de Norton, supuestamente de los mejores, desde el punto de vista del usuario actúa de manera muy parecida a los virus contra los que supuestamente protege. Si instalas el Norton, prepárate para ver tu computadora funcionar a paso de caracol, o para ver aparecer en tu pantalla mensajes que cuando clicas en "Aceptar", se reproducen eternamente, obligando a reiniciar, etc. Es lícito suponer que algunos de los creadores de virus más originales trabajan con ese objetivo: lo que quieren no es tanto infectar, sino obligar a que el remedio sea, a la larga, igual o peor que la enfermedad, obligar a los antivirus a consumir cada vez más espacio y tiempo, hacer que la experiencia de trabajar con determinado sistema operativo o con determinada configuración sea cada vez más trabajosa y cara. ¿Por qué? No lo sé: a los hackers nunca entendí demasiado bien sus motivaciones, nunca fui del gremio. Pero en el caso de Assange, es lo que quiere: que el Estado, cualquiera, se vuelva paranoico, que sus canales de comunicación se vuelvan cada vez más caros y complicados y rebuscados y, sobre todo, indirectos, para - según su teoría - entorpecer la eficiencia con la que nos subyuga. Para que sus defensas se conviertan en síntomas palpables de enfermedad.

Lo que sí me parece de ese Assange, es que no va a llegar a viejo. Si los rusos llegan primero, o algún otro, está por ver. Pero el nombre ya huele a cadáver. Una pena.

Friday, December 3, 2010

Mery Zamora: "quiero dedicar más tiempo a mis alacranes"

Elecciones de UNE (sólo una candidata): según alguna vocera gubernamental, tendrían que trasladarse al día siguiente, para evitar incidir en horario y programa escolar establecidos.

Ecuador TV (sólo un candidato): según algún vocero gubernamental, tendría que no trasladarse al canal siguiente, sino incidir todo lo que se pueda en frecuencias establecidas.

En todo caso, pese a la aparente diferencia de criterios gubernamentales al respecto, hay una cosa en común: ni en uno ni en otro caso hay elección.

Thursday, December 2, 2010

Persona non grata

¿De qué me suena esta frase, aparecida en portada del Telégrafo de hoy ("Nebot es persona non grata en Sinai")? Ah, sí: es lo que pusieron unos estudiantes en Guayaquil hace un año en una pancarta, refiriéndose al presidente. En ese entonces, sin embargo, El Telégrafo no hizo eco de la afirmación, en su portada ("Correa es persona non grata en Guayaquil"). Qué cosas. Leyendo el artículo, se colige que Nebot es persona non grata en Sinaí, en opinión de dos (2) entrevistados. Qué era lo que se decía en ese entonces desde las columnas de El Telégrafo... ah, sí, que era inadmisible que un grupo de activistas hablara en nombre de toda una ciudad. Autres temps, autres moeurs.

Wednesday, December 1, 2010

Opus Curuchupi

A veces acusan a los diarios de este país de ser curuchupas. Siempre me parecía una exageración, si bien es cierto que algunos cuentan con curitas mascotas. Hoy, sin embargo, me obligué a leer entera una columna de ese siempre soporífico Nicolás Parducci, y le encuentro de humor inusualmente animado - hasta, cómo diría, despierto. Al parecer, ha leído un artículo en una revista con nombre Cristianisme y Justicia (vaya curiosa mezcla de catalán y castellano) y oh sorpresa, en tal revista confesadamente cristiana un artículo de una tal Dra. Oller i Sala a más de recomendar "repensar el mundo", propone la siguiente idea "sumamente interesante":

"construir la convivencia armoniosa deseada requiere la aportación de las tradiciones religiosas"

Como dijo el dueño del chifa catalán a su esposa: ¡Caldes de Malavella!

O en bajo babeleño: ¡fóllenme lateralmente con una cuchara oxidada!

¿Quién hubiera imaginado que en un artículo en una revista religiosa alguien se atrevería a sugerir que las religiones pueden aportar a la convivencia armoniosa?

No sé, igual en estas latitudes el silly season, fenómeno conocido para todo periodista, sucede en fechas distintas al resto del mundo. Mientras algunos debaten encarnizadamente si la ola delictiva en Guayaquil se soluciona mejor con más milicos o cerrando las fronteras a los colombianos o abriéndolas a los australianos buscados por el Interpol por oscuros crímenes sexuales de pensamiento contra Hillary Clinton, el bueno de Parducci en su Olimpo, desdeñando nimiedades, va directo al grano: hay que repensar el mundo (el que, aparentemente, "hemos construido": debo haber pestañeado, no lo recuerdo, pensaba que gran parte de tal construcción había sido a cargo de no lectores de El Universo, mucho tiempo atrás); pues este tal mundo está lleno de injusticia (de veras, la agudeza de percepción de este señor es asombrosa), para lo que se propone "pasar desde la cultura de la violencia hacia la cultura de la paz": es decir, hay que enseñarle este artículo a Bin Laden, a Ahminanastimud, a Kim Jong Il, y en general a todos los señores de la guerra a escala mundial, para que todos digan "ah, ya veo, estaba equivocado, pensaba que la guerra era buena y resulta que no, gracias, señor Parducci, rectificaré en seguida". O quizás no dirán eso exactamente, pero qué importa, lo que cuenta es el pensamiento.

Hay que repensar el mundo. Hay que cambiar el mundo.

Ya lo dije hace tiempo, lo que yo creo a propósito de tales eslóganes: antes de proponer cambiar el mundo, más vale que primero propongamos cambiar nuestras medias. Lo digo porque, mientras el primer propósito está destinado al eterno fracaso, el segundo, con algo de constancia, tiene visos de poder cumplirse. Y de no resultar tampoco todo lo fácil que parece, tal vez porque ya no hay medias limpias o porque tienen todos más agujeros que un informe de la IPCC, nos daremos cuenta tal vez de la inmensa estupidez que encierra cualquier propósito de cambiar aquello que ni conocemos en su totalidad, peor entendemos, y de que ni somos nosotros dueños absolutos ni siquiera en un 0.000001%, como para que vayamos alegremente queriendo cambiarlo o repensarlo. Sin embargo, tal pensamiento megalómano, psicótico, desquiciado, se ha vuelto tan común desde que los centros educativos empezaron hace medio siglo a impartir la teoría de que todos somos dueños de todos los demás, en una especie de esclavitud recíproca a que se le da el nombre caprichoso de sociedad.

Y claro, en ese mass-debating session global e incluyente que con tanta solemnidad se propone, que no falten las religiones. Faltaría más.

Lo siguiente es imperdible:

¿Cuál puede ser la contribución de las religiones a la gobernabilidad mundial? y propone: Educar en las actitudes éticas democráticas fundamentales y en el consumo responsable, favoreciendo el diálogo a todos los niveles.
También reconoce que los dos grandes ámbitos de importante aportación de las tradiciones religiosas son la construcción de una cultura que tenga cuidado y respeto hacia el ser humano y su hábitat natural, así como la construcción de una cultura de la paz.

No sé cómo decirlo. Si la policía me pusiera delante de una fila de sospechosos de haber, alguna vez, "educado en actitudes éticas democráticas", o de haber "favorecido el diálogo", o de haber "respetado al ser humano" o de haber "construido una cultura de la paz", ni que sólo fueran diez sospechosos, o cinco, ni que los demás fueran todos asesinos a sueldo: en mil años no identificaría a la religión por tal descripción. Se rumorea, eso sí, que existen en el mundo religiones simpáticas - el taoismo, el budismo - pero lo siento, me educaron en Occidente, y acá lo primero que te enseñan de las religiones en la escuela es que son, desde siempre, la mejor y más potente excusa jamás inventada por la humanidad para convalidar a los tiranos, para descalificar al que piensa diferente y amenazarlo con sufrimientos eternos, para torturar y matar a personas inocentes, y para sumar a los pueblos en guerras inútiles y fratricidas. Mil disculpas, religiones, tuvieron su oportunidad y la cagaron. Que tengan algo positivo que contribuir en el mundo actual es una proposición absolutamente rebatible desde cualquier ángulo histórico. En el caso del cristianismo, remito al discurso de Stephen Fry posteado hace poco. En el caso del Islam, al 11 de septiembre. La religión, en el mundo de hoy, es prácticamente sinónimo de intolerancia y odio. No tiene nada que enseñarnos. No es más que una despreciable superchería.

Hay que procurar identidades relacionales e impedir identidades aisladas y la polarización entre comunidades religiosas.


Eso es un poco como decir que hay que evitar la polarización entre seres humanos y neumococcos. Seamos razonables. El cristianismo enseña a sus fieles que cualquier ser humano que no siga su particular interpretación de la Biblia está destinado a ser torturado eternamente por un Dios bondadoso. En tales circunstancias, polarizarse es prácticamente un deber. Otras religiones, si no van tan lejos, se limitan a masacrar a los infieles cada vez que se da una oportunidad, pues a los dioses desde siempre les ha encantado el olor a carne chamuscada. Es lo que hay. Pedir que los sumos sacerdotes de las diferentes religiones se asocien a un putativo movimiento de regeneración mundial es tan "revolucionario" - para contestar a la pregunta habitual de Parducci - que revoluciona hasta la lógica. Tan lejos, a tales terrenos de autonegación mística, no creo que nunca podré llegar.