Wednesday, December 28, 2011

Humor ecuatoriano

Executive summary:
no such animal.

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Ya, los ejecutivos se durmieron, abrazados a sendos ositos encorbatados. Podemos empezar. Les seré franco: no sé si habrá un "humor ecuatoriano", del mismo modo que siempre he dudado de la existencia de un "humor inglés", o de cualquier otra nacionalidad. Por tanto, me dio curiosidad el artículo de JMLC (no puedo enlazarlo, sale en un pdf que bajé del Telégrafo del domingo pasado): pensé que tal vez ahí encontraría alguna pista al respecto. Lastimosamente, el grueso del artículo es más prescriptivo que descriptivo, pues arranca con imputaciones no sé si objetivas o no dirigidas a una fugaz primera persona singular, luego casi enseguida a esta primera persona singular le viste de "uno", número que de singular en ciertas usanzas nada tiene, para pasar cómodamente a una primera persona plural algo machacona y bien sazonada de debémoses, hayques y ecuadores diversos. Espero que no se tome como crítica si digo que ahí me pierde o me pierdo. Lo mismo da. El lector ya sabrá que al plural de la primera persona tengo una alergia sin duda demasiado reveladora de una patología que no le deseo sino a quien realmente quiera padecerla.
Del mencionado artículo, sin embargo, quiero rescatar esto:

En el Ecuador, sin embargo, tenemos las sensibilidades supurantes, como una herida infecta. Entonces, el humor sólo nos gusta cuando es sobre el otro, cuando se convierte en una simple burla artera para reducir al otro a la mínima expresión.

Me parece que eso es lo contrario al humor, porque el humor es un camino bilateral, de dos vías, donde uno da y, cuando toca, recibe.

De acuerdo: lo que acá suele pasar por "humor" es más propiamente burla. Y de acuerdo también con que no hay nada de malo en la burla, mientras quien se ría del otro sea también capaz de reirse de sí mismo, requisito que en muchos casos se echa de menos. Lo único que me preocupa aquí es que la definición del humor se ciña a esta burla idealizada de dos vías. Para mí, la burla de cualquier tipo es, tal vez, pariente del humor, pero no llega a más de eso. Lo único que tienen en común, quizás, es la asociación de ambos con la risa. Y, cabe preguntar, ¿con cuál risa? [nota para ejecutivos: ¿todavía despiertos? Pueden saltarse los siguientes puntos, a menos que suspendieron el Cambridge FCE.]

Algunos verbos ingleses que se refieren a diferentes tipos de risa:

  • to guffaw: reirse explosivamente y con ganas, salpicando de saliva la mesa en un radio de unos 30cm
  • to chuckle: reirse de forma algo ensimismada, con cara de gato que acaba de comerse la crema
  • to chortle: reirse con los labios en forma de "O" y la garganta algo estrujada, produciendo sonidos que recuerdan a un gallo en celo; o bien, reirse de tal manera que de sólo escucharte los demás se rien
  • to titter: reirse como colegialas en una asamblea, o como feligreses en una iglesia cuando el cura tiene un lapsus freudiano, cubriendo la boca con la mano de esa manera que se enseña en los "finishing schools" suizos de más renombre
  • to giggle: reirse de manera condenadamente sexy y seductora,  con cierta discreción y cierta ondulación de hombros que se comunica a los pechos, enseñando al mismo tiempo los dientes en los cuales no se debe apreciar ningún tratamiento odontológico fallido; o bien, reirse como si fueras la esposa de un ministro a quien se le acaba de contar un chiste soez realmente bueno
  • to hoot (with laughter): reirse como una mesera de un restaurante Hooters, tras haber ingerido unos dos litros y medio de ginebra barata en un club nocturno con muy poca luz
  • to laugh like a drain: pues eso, reirse como un alcantarillado o un desagüe, obvio
  • to snigger: reirse como un adolescente de unos 14 ó 15 años que acaba de escuchar un chiste que contiene la palabra "fanny"; este tipo de risa requiere fruncir la nariz y los ojos y hacer un sonido que se asemeja a una grabación de un lejano carro Lada intentando arrancar, pero a una velocidad de playback de aprox. x5.
  • to snicker: reirse como un jefe pervertido que acaba de pedirle a una entrevistada para el puesto de secretaria que deletree la palabra "idiosyncrasy"; o bien, reirse de una manera ostentosamente furtiva; o bien, emitir un curioso sonido nasal combinado con un repetido fricativo palatal-alveolar (el ricaner francés tiene mucho de snicker)
  • to cackle: reirse como una bruja o como un bebé
  • to snort: reirse como quien tiene la boca llena de cerveza cuando escucha el punchline: el sonido es aproximadamente el que produciría el hígado de un buey si fuera utilizado para limpiar la ventana de un carro en una temperatura de unos 5 grados bajo cero
  • to shriek (with laughter): reirse como una aristócrata cincuentañera que acaba de reaccionar ante la noticia de la muerte de su marido tomando un complicado cóctel de downers y uppers
Son los que se me ocurren. Creo que la conclusión es obvia: si te burlas de alguien (así seas tú ese alguien) y le pones realmente ingenio y dedicación al asunto, como mucho puedes granjearte un snicker o un chortle, pero difícilmente más que eso, y te pierdes lo mejor de la risa. Por lo que digo: la burla es una provincia distante, pluviosa e irrelevante del humor. Pero aun así, lo que me llama la atención en todo esto es que hasta hace muy poco, en mis siete años en este país no había escuchado ni visto a nadie reirse de ninguna de estas maneras, ni de ninguna otra.

Lo cual se me antoja terrible.

Bueno, exagero. Mi esposa se rie de vez en cuando, sobre todo cuando me ve en la ducha. Mis alumnos se rien, aunque podría ser por puntos (hay una risa especial, "de compromiso", reservada para los chistes sin gracia, que cuando se propaga a través de una aula de clase se asemeja al titter de marras). Pero lo que más conozco de este país es más sonrisa que risa. O tal vez habría que llamarse risa silenciosa. Es eso que ves en la cara de la gente, esa epifanía de deslumbrante dentadura que aflora cuando estás caminando por la calle y de repente te caes por un hueco (en Durán, esta experiencia es cotidiana). Al principio, lo tomaba como sonrisa de burla, hasta que con el tiempo me di cuenta de que no era eso: era una simple sonrisa de gozo irreprimible al ver que los huecos en la vereda siguen cumpliendo con su acometido, es decir, que el mundo sigue funcionando correctamente. Actitud que me provoca simpatía, pero que al mismo tiempo encierra y entraña cierto peligro.

Para darse cuenta de este peligro, nada mejor que encender la tele o la radio (perdón, el radio), o viajar en metrovía más allá de lo que dura el anuncio de la Mujer Modelo. Así conocerás, o pequeño saltamontes, los siguientes fenomenontes:

Programas importadas de videos caseros en que, mientras te agarras desesperadamente al poste vertical al lado de la puerta, se escuchan cortas ráfagas de risa enlatada, que parecen de lluvia, y que acompañan a videos de mala calidad en que siempre es cuestión de un bebé en pañales que camina dos pasos y se cae, o de un perro que da saltitos, o de alguna otra ocurrencia penosamente sin gracia.

Programas televisivas y radiofónicos en que alguna payasada improvisada se presenta acompañada de un efecto sonoro copiado de una serie de dibujos animados de los años sesenta, tipo Tom & Jerry, seguramente grabado en un CD pirata y etiquetado con esfero azul de la siguiente manera:

39. Relinche de caballo
40. CLANGG!
41. sonido de correteo
42. silbido divertido

Programas televisivas en que unos soi-disants comediantes intentan hacer reir repasando ad nauseam un pequeñísimo repertorio de tics pretendidamente costumbristas, salpicados de improvisados diálogos en que cualquier bloqueo mental se sortea con el insistente ladrido de la muletilla "compadre".

Lo que tienen en común estos fenómenos es que no hacen reir, salvo a quien se ha propuesto suicidamente la meta de reirse como sea y de lo que sea. Y lo otro que también tienen en común es que dependen del estereotipo y de la costumbre. Nos reimos (así se supone) porque escuchamos reir a otros, o porque el efecto sonoro así nos pide, o porque el estereotipo social nos da licencia. En suma, se trata de una risa pavloviana. Sólo que en este país, hasta hace relativamente poco las técnicas del acondicionamiento masivo no eran muy desarrolladas ni muy efectivas. De ahí la sonrisa resignada y un tant soit peu hastiada que recuerdo tan bien de hace algunos años.

Esto está cambiando. En parte por la influencia de la cultura norteamericana que ha impuesto exitosamente la exigencia de que cualquier mujer joven que se precie no debería bajo ninguna circunstancia escribir tres palabras seguidas sin intercalar el obligatorio "lol". Que muchas de ellas, en este país, no saben siquiera lo que significan estas letras es algo que he podido comprobar en mis clases, y que de todas maneras me parece secundario, pues cuando se les informa que todo este tiempo han estado "riéndose en alto" unas 500 veces al día, el dato no parece desagradarlas en absoluto. ¿Por qué habría de hacerlo? ¿No que es buena la risa? ¿A más de sexy?

En realidad, según la teoría bergsoniana, lo que hacen estas jóvenes al apropiarse del incomprendido LOL (a más del trillado WTF y cantidad de otros anglicismos pasados de moda) es servirse ellas mismas en bandeja como materia de risa ajena: lo único que hace falta es que esta raideur mécanique, en palabras del mismo Bergson, se tope con una circonstance extérieure que la traicione. Así:

estefi me acabo d enterar lol de la muerte d tu papi lol deves estar desecha lol llamame si nesesitas algo lol lol.

Así de ridículos nos han de ver aquellos políticos que votamos (sí, se me ha contagiado el despreciado plural, ya se me pasará) cuando tras sufrir todas las putadas que son capaces de idear por capricho e infligirnos por diversión, les volvemos a votar como si tal cosa, por la misma raideur mécanique que nos impide seguir el guión que una inteligencia siquiera elemental nos parece estar dictando. Lo cual es una manera de decir que si bien no parece reirse mucho, Ecuador es un país que reune todos los requisitos para hacerle reir, largo y tendido, a cualquiera. Por lo menos, así me parecía hace tiempo, incluso antes de llegar aquí, pues en el exterior Ecuador queda definido a lo largo y ancho del gran mundo por esos manabitas que llaman a sus hijos cosas como "Semen de los Dioses", "Burguer King", "Dos a Uno" o el soberbio "Calcomanía Aeropajita de Morcillo".

Lo que nunca me convenció tanto de Bergson es su insistencia de que la risa nace de un reflejo normativo social, como reacción a las excentricidades a las que se pretende (inconscientemente) corregir. Creo que tal teoría es más fácil de sostener en una sociedad abierta que en una como la del Ecuador actual, cada vez más regimentada, subyugada y apocada, donde las diferencias entre risa sana y liberadora, burla propagandística, y simple acondicionamiento pavloviano quedan tan evidentes como el hecho de que, para reirse con ganas en este país, forzosamente hay que situarse fuera de esta sociedad asfixiante, con su superficial religiosidad, sus atávicos prejuicios y sus corrosivas envidias. Más prometedor parece la teoría bisociativa de Koestler, en el sentido que su versión de la comicidad exige simplemente el choque de dos matrices, de dos sistemas, de dos maneras de entender, sin que ninguna de ellas sea necesariamente consagrada por "la sociedad" ni ninguna entidad parecida. Así, el conocido bumper sticker de hace algunos años en que salía el Divino Niño, con la acostumbrada leyenda "Yo Reinaré", pero con la cara de Álvaro Noboa reemplazando al del Niño original: ahí sí se trata de un humor fértil, pues invita, entre otras muchas cosas, a clasificar al empresario-candidato como ícono religioso, como patrimonio cultural de los ecuatorianos, o como legítimo heredero de un reino que en derecho le corresponde, es decir invita a ahondar en barbaridades conceptuales a cuál más desconcertante, y todo ello simplemente jugando con dos universos de discurso habitualmente alejados. Nótese bien: esta imagen no era de burla a la usanza actual. Podías ser del PRIAN y todavía reirte con aquello. Ni siquiera ese titular inspirado del Extra ¡Ganó el Bacalao! dejaba entrever la saña desalmada del discurso político actual, que intenta destruir al enemigo mediante la risa sarcástica, generalmente vacía de pretexto, en todas sus modalidades desde la je hasta la juas.

Tendencia de la que pocos se escapan, aunque siempre nos queda el gran Bonil, capaz de entretener simultáneamente en varios niveles, y de resumir en una imagen de pocos trazos lo que el columnista apenas consigue palpar en cinco párrafos:




La risa no es necesariamente cuestionadora ni subversiva. Puede serlo como puede ser un amén piadoso delante del más rancio prejuicio. Pero me aventuro a decir que para cada risa tonta hay otra risa inteligente que a la primera le deja en evidencia. Claro que esto no se consigue simplemente con las ganas. Hace unos tres décadas, los "nuevos cómicos" británicos intentaron volver obsoleto el chiste racista, el machista, el tópico de la suegra, etcétera, inventándose un estilo nuevo de chiste... en que en lugar de la suegra, se burlaba del "Sun-reader", y en lugar de la esposa derrochadora, se torpedeaba al marido vago. Muchas veces con los mismos argumentos, los mismos trucos, el mismo timing. Y pensaban, en su inocencia, que reemplazar un estereotipo por otro era un gesto político socavador y revolucionario. La historia ahora se ríe de ellos.

El libro que más guffaws me ha sacado no ha sido ni el Tristram Shandy, ni La Conjura de los Necios, ni siquiera el Lucky Jim de Amis. Fue una de esas recopilaciones que anualmente hace Private Eye de los gazapos de la prensa, principalmente la británica. (Lastimosamente ya no la tengo; creo haberla citado en este blog en alguna ocasión, posiblemente acerca de los village gits.) En la primera página, a modo de ejemplo, se reproducía la foto de una joven y no muy agraciada pareja, mirando la cámara con amplias sonrisas. El pie de la foto rezaba algo así:

Terry and Sharon Wells, after seeing their home destroyed by a fire.

Así, tal cual, uno se preguntará si tan, tan hilarante era. El quid estaba en las expresiones seráficas de la pareja, en ese modo que usaba Sharon de descansar la cabeza amorosamente en el hombro del marido. Evidentemente, la foto habría sido tomada antes del siniestro, pero el ítem era una clara y desvergonzada invitación a especular sobre cuál podía ser el motivo por el que la destrucción de una casa podría dar lugar a tal derroche de risueño optimismo: o sea, el chiste encaja perfectamente dentro del esquema koestleriano. Ahora, se me ocurre que en este país, ese libro o uno parecido valdría verga: pues si bien allá en en R.hU. todo el chiste en parte descansaba sobre esa vana pretensión de los diarios a informar, acá los políticos han conseguido que a cada gazapo se le busque la intencionalidad maquiavélica. De modo que se destruye uno de los postulados (de nuevo según Bergson) del humor, que es precisamente la presunta inocencia de la víctima.

La mala leche, entonces, empaña la comicidad, y es lo que dice JMLC, y en ésas estamos.

No es necesario nada de esto, ni se trata de nada culturalmente predeterminado en este país, ni cosa por el estilo. Como decía, nunca me he podido convencer de que cualquier tipo de humor tenga que ver con la nacionalidad. Existe un humor pavloviano y es el que se intentará vender en toda sociedad regimentada: un humor, sobre todo, predecible, insípido, que no incomoda a los políticos y que haga que la producción de sitcoms se vuelva despiadadamente eficiente. Sus tópicos son lo de menos. Existe un humor que intenta destruir a través de la burla y del sarcasmo, pero que pronto se olvida de reir y se transforma en cualquier cosa menos humor. Están los que se burlan de sí mismos, pero a veces cansan: hacerse el payaso es algo en que los perros aciertan bastante más que los humanos. Donde mejor abonado se encuentra el campo para el humor, el que puede jugar con todo el diapasón de las risas según conveniencia, es allí donde se cultivan, se toleran y se comunican las diferencias y las visiones individuales, donde no hay una sola sociedad sino infinidad de sociedades configurables a voluntad, y donde, sin embargo, hay valores, guiones y cadenas causa-efecto predecibles y compartidos, de donde se puede divergir so pena de provocar carcajadas. Un lugar, por ejemplo, donde se supone que si te dedicas a la odontología no estarás ofreciendo al mismo tiempo un servicio de desparatización para perros; o donde si tu equipo de fútbol pierde muchos partidos, intentarás resolver el problema cambiando la plantilla en lugar de contratar a un chamán con tobilleras de hierbas, mucho humo y pasos de baile prestados del Mudd de los tempranos años setenta. Si este lugar tiene algo que ver con aquél en que usted vive, lo dejo a su criterio.

Sunday, December 25, 2011

Para quienes lo perdieron la primera, la segunda y la tercera vez



Lo siento, pero voy a seguir posteándolo. Es el video musical apoteósico. Es más que eso. Es la definición completa del ser humano. Cargando esto, una sonda espacial no necesita más para que los extraterrestres sepan de nosotros todo lo que hay que saber.

Día de Navidad

Estoy, creo, en las proximidades de un pueblo llamado Naranjito. O tal vez más cerca de Milagros. En fin, tengo algo agnosticadas mis coordenadas. Mi esposa es quien, como siempre, me dirige a este sitio (los caminos no se me quedan, si no hago ese esfuerzo). Sales de la carretera, y es otra carretera de calzada única, con bastantes huecos. Sales de ésta, y es un largo camino de piedras, por donde transitan algunas motos pero carros apenitas. Antaño, salías de ésta, para emprender otro camino, esta vez de monte y lodo. Pero ya no. Mi suegro tiene construida nueva casa al lado de la carretera de piedra. Se la hicieron algunos cuñados y algunos vecinos. Paredes de bloque y cemento, techo de cañas y de zinc. El suelo es tan plano como el del compartimiento congelador de esa nevera que quieres vender. Niinguna de las tres ó cuatro paredes interiores llega al techo, ni de cerca. Nadie ha pensado en pintar nada.

Fuera, está la bomba de agua, los contenedores, los bloques que sobraron, vigas, un sofá medio podrido, y un gallinero, ése sí, de construcción impecable. Mi hijo contó ocho pollitos. Hay también guineafowl (¿gallinas de Guinea? en fin, ésas de las que una sola pluma es un tesoro para un niño, como para guardar en una cajita de madera noble regalada por el abuelito). Y está la hamaca, en la que ahora me estoy balanceando.

Dentro de la casa queda mi mujer, con las otras mujeres (solamente unas cuantas, esta vez, ya que hay tensión familiar, temas de herencia), haciendo esas cosas que las mujeres hacen el día de Navidad, que nunca supe bien qué cosas son, pero que requieren estar en la cocina, en cualquier cocina, y platicar mucho. (Por favor, no digan "cocinando", no sean malpensados: al final comimos bocadillos de pavo frío traidos de casa.) Mi hijo y la diminutísima de mi ... (¿tatarasobrinastra? en fin, la hija de la hija de la hermana (ausente) de mi esposa: no me culpen, los parentescos no son mi fuerte, pues mis padres me vedaron The Forsyte Saga de pequeño) corretean aquí y allá. Mi suegro, el de los 81 años y del ojo de vidrio y de la espalda encorvada, todavía no aparece: ha tenido que ir a no sé qué lugar por compromiso. Estoy, por tanto, libre de compromiso como de pecado.

Y llovizna. Esto es lo maravilloso: llovizna.

Encima de mí hay tendido un trozo de ese material con que se hacen los sacos de fruta. Abriga, pero de manera parcial. Y como ustedes ya saben, con la lluvia es importante que todo abrigo sea parcial. Si no, ¿para qué mierda se molestará en llover?

A mi izquierda, la carretera, que apenas me llama la atención, a menos que muy de vez en cuando pase algún vehículo: el último, una furgoneta cuyo trasero rezaba, en una cursiva deficitaria de atención, "Sufres cuando me vez", y que transportaba, como siempre en este país, a destino ignoto un cargamento de diosas, de reciente cosecha. A mi derecha, el campo surcado de manera experimental, con el otro campo, el del arroz, más al norte, detrás de la casa.

Estoy pensando en quién pintaría un paisaje así. Sea quien sea, un simple aficionado, ya que se trata de un paisaje aficionado, un paisaje sin grandeur, sin pretensiones, un paisaje al fin y al cabo de gouache o, como mucho, acrílico. Esos surcos, por ejemplo: en la tela, simples cagadas de pavo sobrealimentado, no necesitan trabajarse, aunque los árboles, a lo lejos, son algo ambiguos en cuanto al grado de refinamiento que exigen, pues tienen ramitas de obstinada precisión. Más allá, unas colinas medio perdidas en la niebla, en tonos grisáceos apenas azulados. Sir Gawayne las despachó hace seiscientos y pico: Each hill had a hatte, a mist-hakel huge... y las he visto un poco por doquier. No tienen nada de especial. Sólo para mí, y eso por todas esas cosas que no puedo aquí explicar, por estarlas viviendo.

Cambian de rumbo los pensamientos. De acuerdo, esto de alguna manera es naturaleza, aunque peleo conmigo por definir este concepto. ¿Tranquilidad? ¿Dominio de la gama verde-amarillo-pardo de los colores? (¿Es concebible una naturaleza roja, prescindiendo de dientes y garras?) Y dejando esto sin solución, ¿lo mío con esta naturaleza? ¿Es simple gandulería? Quisiera estar aquí siempre, en esta hamaca, balanceándome, sin responsabilidades (las correcciones que queden para el lunes), cara a cara con la llovizna, con los gallinazos y los gavilanes y los caracoleros y el monte y el arroz. Lo cual me revela como simple intruso, por supuesto. Los que realmente viven aquí no son como yo: tienen la espalda rota, también, pero de trabajar, de agacharse, de arrancar de la tierra, no de estar sentado; tienen la cara afeada, también, pero del sol, no de dudas y complejos. Sin embargo, me encuentro sin ánimo para ridiculizarme. Tanto que he pagado, por doquier, por ser intruso siempre. Ya basta.

Qué descansada vida, pues. Aquí, se desconstruye el miedo occidental, el eterno y corrosivo ¿y si algún día pasa esto de moda? Pues el arroz es de las pocas cosas que nunca pasan de moda. Siembras, cultivas, recoges, vendes. Por aquí nunca pasaría ni el pata caliente de Correa, para ensombrecerlo todo con sus prometeanos odios. La existencia de la política apenas acá se rumorea por el vaivén de los precios. Y la resolución de tu propia existencia sólo se predica sobre el derecho a la propiedad privada, ganada y trabajada y justificada ante Dios (God is big around these parts, for some reason). Los detalles de la vida son estas paredes de cemento mal construidas pero perfectamente adecuadas y diariamente mejorables, estos pollos, este cielo gris, esta maravillosa soledad que va y viene desde la cocina y refresca como brisa.

No puedo, sin embargo, hundirme demasiado en esto. Como siempre, el cigarrillo, fumbled, se ofrece como salvavidas, como alternativa al cara a mueca con los demonios que rodean la jaula de mis pensamientos. Pero saco de todo esto un voto: cuando tenga vacaciones, aquí estaré, posiblemente una semana, o más, y solo con el suegro y los pollitos, desintoxicándome. Como aquella vez que fui, de adolescente, a casa de la abuela en Hereford unos diez días y aprendí, brevemente, a querer a la remolacha, entre leerme los Cuentos Morales de Clarín. Eso, me lo debo.

Mientras tanto, se me hace que, desde que dio a luz, el culo de mi sobrina política necesita ser reclasificado.

Saturday, December 24, 2011

Chuckygate

Atrás quedan esos felices días en que cualquier correísta podía sentarse bonito y comodito en el cine (primera fila, por su puesto) y ponerse a reir con el humor mordaz y políticamente correcto de un Michael Moore. Ya no. Las semejanzas escuecen demasiado. Si para Moore (como para todo ser sintiente) es escandaloso que unos congresistas aprueben una ley que ni se han dignado en leer, y más escandaloso que lo justifiquen ("pero ¡si nadie se lee las leyes antes de votarlas, es lo normal, no hay tiempo, aterrice!"), pues ya, a estas alturas, sólo les queda esperar que el gordinflón de la cámara al hombro nunca aterrice por aquí, para escuchar al Presidente decir que "es normal" que el juez que dicte la sentencia no sea lea todas esas fojas de la demanda y de la defensa, pues no hace falta: las fojas no son para ser leídas, son para envolver empanadas de atún, ¡aterrice! Es como las tesis de grado: el buen profesor universitario no hace falta que las lea para calificarlas, es suficiente tener formada una noción de la valía del alumno desde la cátedra, ¿no Rafico?

¿Algunos de esos incondicionales ya tendrán esa curiosa sensación de estar a la deriva en un océano moral donde el único viento que sopla lleva nombre de arcángel y oculta rencores propios de un personaje de Ruth Rendell?

Para otros, la única brújula del cinismo ya les bastó para sortear el atolladero. Y es que estamos en el país donde siempre acierta qui mal y pense. El país de "una firmita aquí y listos". De modo que ya a la primera lo supieron: el juez Paredes tiene la misma relación con la sentencia emitida en su nombre que la Reina de Inglaterra con las leyes expedidas en el suyo. "Siento interrumpirle, Alteza, necesito una firmita acá, por favor". Y lo sabemos, ahora, todos, no tanto por lo que ha dicho (todavía tendrán que convencerme de que el Juez en cuestión es capaz de formar una frase coherente), sino por lo que ha callado y, tal vez más, lo que ha farfullado. Como dicen por allá: "anything you don't say may be held against you...".

Como dijo alguno en Twitter: todavía hay quien espera que todo esto sea para tanto. Tengo una idea: seamos para tanto. Y que de ninguna manera, de ningún modo, y Dios nos libre, nos distraigamos con la cuestión secundaria de qué chucha hace un representante de la Justicia manejando programas pirata.

Thursday, December 22, 2011

Tonadillera

These chords help housewives keep faith with romance
despite the lack of real-world evidence:
dull years surrender to a descending bass,
while wind-chimed ritenutos dust her face
a shade less weary as the minors tumble.
Is this the Ministry of Mustn’t Grumble
broadcasting through a cunningly plangent sax
(the push theory)? Or (the pull) Dost Thou This Axe
take to be Rebellion, stupid bint,
because slick feedback clings to it like lint?

Cierra tu cuenta de Facebook

para sentirte refrescado y limpio. Como salir de la ducha. El mundo luce más bello después.

Monday, December 19, 2011

Mixtificación

De El Universo, 18 septiembre 2011, proviene la siguiente cita, de Beatriz Caicedo, subsecretaria de "Apoyo y Seguimiento a la Gestión Educativa" (en buen cristiano: subsecretaria de Innecesarias Interferencias), explicando por qué la educación en todos los colegios públicos tiene que ser mixta:

Tenemos que ser coherentes, hay leyes, decretos, acuerdos en los que la mujer tiene que estar en igual situación para ser elegidos, para desempeñarse en un cargo público si eso es a nivel macro aun más dentro de un plantel.

A lo que sólo cabe contestar sujetando una olla en la cabeza con la mano izquierda y acercando la nariz a la axila izquierda mientras con la mano derecha imitas una bailarina de sevillanas, caminando al mismo tiempo de lado, a modo de cangrejo, medio agachado, diciendo "nnf, nnf". O por lo menos, es una respuesta que pertenece al mismo universo de discurso que lo citado. Aquí, sin embargo vamos a probar otra cosa.

¿Educación mixta o colegios de un solo sexo?

Respuesta 1: la anecdótica.

Yo fui a un colegio de sólo chicos. Si alguna vez en la historia de la raza humana hubo alguien que odió a una institución, ése fui yo. Odié esa pretenciosidad de las "Houses" (nunca averigüé a cuál "House" pertenecía, ni en qué universo eso tenía alguna relevancia). Odié el Director de la Sección Junior, ese maladaptado ligeramente siniestro, con cara color vino tinto y tufo a pederasta, cuyo deporte favorito era azotar a los malhechores con vara de rattan. Odié al Director de Middle School, ese idiota militarizado que un día desató un escándalo de hilaridad en la Asamblea cuando demostró no saber cómo se pronuncia "masochistic". Odié, no a los profesores, pero sí al hecho de que teníamos que llamarles "maestro", y sí al puto mundo que les condenaba a ser profesores, oficio que casi todos evidentemente aborrecían, por ser en su mayoría demasiado maladaptados socialmente para servir para otro cosa. Odié ese párrafo extra, grahamgreeniano, que añadían al Padrenuestro en la Asamblea, que como católico no me sabía. Odié esa Asamblea, esa inútil ceremonia matutina, en que siempre era cuestión de un tipo con acné intentando ganarse puntos leyendo something de David Sodding Kossoff. Odié a David Sodding Kossoff. Odié ese uniforme. Odié esa ridícula gorra que se suponía que tenías que llevar camino del colegio en primer año (la mía terminó en el lomo de un tren camino a Marylebone). Odié el hecho de que a la comida basura la llamaban "tuck". Odié el hecho de que algunos jugaban una mariconada de juego llamado "fives", sólo porque era Una Tradición Histórica del Colegio (no, no fui a Eton. Tranquilos). Y llegados a eso, sí, también: odié el estar rodeado de chicos. A esa edad, un "chico" es poco más que una voz rota, una cara de pizza, un pantalón mal ajustado con medio metro de tobillo al descubierto y una fuerte tendencia a tratar de copular con el tubo de escape de las motocicletas. Yo tenía tres hermanas, así que estaba informado de la existencia de otro género, infinitamente más civilizado a la vez que más pintoresco, y consideraba que la ausencia de ese otro género en mi colegio era producto de un sadismo, una malicia, un evidente deseo de joder de parte de esos Poderes Fácticos que incluían solamente de rebote y de reojo a mis propios padres (que para ese entonces ya se habían separado, así que ellos tampoco eran mixtos).

De modo que si me preguntan mi opinión, diré que los colegios masculinos son caca. (Y los femeninos, de rebote, terreno abonado para todo género de fantasía pornográfica edwardiana.)

Pero resulta que mi opinión no cuenta, pues nadie me ha votado. No soy, sobre todo, un Mashi, es decir ese tipo de persona cuyos complejos, rencores y torceduras psíquicas son a la vez un tesoro nacional y la fuente de todo progreso social. Probemos, pues, con otra cosa.

Respuesta 2: la ideológica-doctrinal

Yo no tengo opinión que cuente, o Ermanos míos, o compañeros, pues no soy el Presidente, sólo soy un pobre y Umilde Ingorante, pero una cosa sí sé, y es que Diosito a hungido a su Cirbiente, Rafael Correa, y a hescrito la Constitución de la República, donde está contenida Toda la Verdad. Y esta Constitución dice que los Sombras y las Mejores tienen que ser Higuales en todo, o como dice la Compañera Caicedo, "hay que ser coherentes", no puede ser que en un colegio masculino, por falta de féminas, un chico se haga con el importante puesto de Cuidador Matutino del Lugar de Parqueo del Subdirector, puesto además remunerado con la importante remuneración de veinticinco (25) centavos semanales, sin que para dicho puesto se establezca un Concurso con Veeduría Internacional y que incluya una cuota obligatoria de Mujeres equivalente al total de iguanas en un radio de 5 km del plantel, más el total de chifas, más uno, menos el número que primero pensaste: porque dondequiera que eso suceda, es decir, dondequiera que "en un plantel" "la mujer" (¿cuála?) no está "en situación" de desempeñar "un cargo público" como el mencionado, por el traicionero hecho de que no asiste a ese plantel, sino a otro, donde ella ya es Jefa de la Limpieza de las Copas de Hockey, Presidente del Club de Fans de los Jonas Brodes, Tesorera de la Sociedad Secreta de los Tampax Puestos Al Revés (cada semana, nueva contraseña) y Cuidadora del Sagrado Sánduche de Queso con Pepinillo, dondequiera que eso se da, de buen seguro estamos perpetuando el neoliberalismo, el caos, la rabia humana, el sexismo, el maltrato y los zapatos con demasiado tacón.

La susoeructada respuesta sólo adolece de un inconveniente: es falsa. Primero, como dicen y como pendrivean machaconamente los Gutemberg, "falso de falsedad absoluta" que la Constitución de algún modo siquiera indirecto prohiba la existencia de colegios públicos femeninos o masculinos. La argumentación de la Sra Caicedo, de que los colegios no mixtos impiden que "la mujer" (¿cuála?) tenga acceso a "cargos públicos" se da de bruces contra el hecho de que si uno es colegial, no puede de todas maneras ejercer un Cargo Público (que en este país la mayoría de los Cargos Públicos se porten como niños es otra cosa). Y en segundo lugar, suponiendo que la meta es la constitucional de propender a la igualdad y equidad de género, no está nada claro que la educación mixta contribuya a cumplir dicha meta mejor que la otra. Hay gran número de estudios que sugieren lo contrario: que las mujeres educadas en colegios femeninos no solamente sacan mejores notas, sino que son más proclives a competir en áreas de conocimiento, estudios superiores y vocaciones laborales que antaño se consideraban "de hombres".

Lo que nos lleva a:
Respuesta 3: la Estadística-Científica

Usted lo puede hacer tan bien como yo. Ánimo: entra en Google y tipea mixed vs single sex schools. Si lo hace con el mismo panache que yo, encontrará, entre otros flotsam:

Un documento de un pressure group a favor de la educación single sex. Sorprendentemente, los estudios que ellos citan, salpicados de "testimonios", parecen demostrar que son mejores los colegios no mixtos.

Un artículo sobre un estudioso convencido de que no hay beneficios en la educación single sex. El "estudio" resulta ser una simple comparativa, sin una metodología clara. Pero algunos datos mencionados son interesantes, sobre todo si eres de Birmingham.

Otra comparativa, bastante más impresionante a mi parecer, con enfoque estadounidense y metodología explícita. Algunas citas relevantes (SS=Single Sex, CE=Co-educational):

In terms of outcomes that may be of most interest to the primary stakeholders (students and their parents), such as academic achievement test scores, self-concept, and long-term indicators of success, there is a degree of support for SS schooling.
The preponderance of studies in areas such as academic accomplishment (both concurrent and long term) and adaptation or socioemotional development (both concurrent and long term) yields results ranging from supporting SS schooling to no differences between SS and CE schooling.
Finally, there are limits to what a systematic review can accomplish when an intervention is being judged by multiple criteria and all stakeholders do not share the hierarchy of these criteria. Some issues cannot be resolved by any type of research, even randomized experiments, because they involve issues of philosophy and worldview and represent the relative priorities of dueling stakeholders. There is no way to resolve whether an outcome that is important to one stakeholder group, such as parents, students, civil libertarians, and feminists on both sides of the issue, should be accorded more weight than an outcome valued by another group.

Lo que nos lleva ineluctablemente y con algunas señales de prisa a:

Respuesta 4: la correcta-quememportista

Bien es cierto: no compartimos todos los mismos criterios. Si tuviera una hija, la mandaría pitando a un colegio de monjas, tipo 28 de Mayo, pues considero que la mayoría de las monjas, pese a ser cristianas, son en realidad mujeres muy sensatas, que a temprana edad se dieron cuenta de que la compañía de las mujeres es más divertida que la de los hombres, que somos realmente unos plastas. No sólo por eso, sino porque todas las feministas de más renombre, todas las mujeres que uno desearía ser desnudado a zarpazos, cubierto de rice pudding y azotado con un cepillo de pelo de larga manilla por, resultan haber ido a algún colegio de chicas, normalmente con nombre de santa. Los colegios femeninos producen más mujeres fuertes: punto muy a su favor. En cambio, a un niño ni en broma le mando a uno de esos colegios lóbregos y lúgubres que no tengan chicas. Eso no es ser incoherente: se llama aprovechar el libre mercado, la diversidad, todas esas cosas que la Constitución a la vez propone y prohibe. ¿Cómo lo digo? (A veces resulta difícil decir cosas que a uno se le antojan obvias:)

Cuantas más opciones hay, hasta en la malograda "educación pública", mejor.

La constitución dice Diversidad. En serio, léela. Eso dice. Fíjense si no en esto, del Art. 29:

Las madres y padres o sus representantes tendrán la libertad de escoger para sus hijas e hijos una educación acorde con sus principios, creencias y opciones pedagógicas.
 
Bueno, ya sé que lo que se propone en materia de desaparecer los colegios tanto masculinos como masculonas sólo atañe al sector público. Aun así. ¿Cómo demonios se cuadra eso de "libertad de escoger" con esa manía sicópata de los ministros de Educación de destruir toda variedad, todo atisbo de opciones diversas, de imponer la rigurosa conformidad en todo, de no permitir que exista un colegio un poquito diferente de otro colegio? No sé. Realmente no lo entiendo. Lo único que sí entiendo, que parece evidente, vaya, es que si dices cosas como que "las tendencias mundiales apuntan", "el progreso social dicta y exige", "lo que está de moda es", "en los demás paises se observa", etcétera, toda la letanía, no solamente estás renunciando a pensar, a tener un criterio, sino que estás despreciando a esos "stakeholders" que en un mundo racional son los únicos dignos a ser tenidos en cuenta: los papis. Estás diciendo que la posible preferencia de ellos por un determinado tipo de colegio, tan fácil y tan barato de mantener y de ofrecer como cualquier otro, como puede ser un colegio masculino o femenino, y que ya existe, no cuenta para nada al lado de tu iluminado y requeteprogresista visión de un país lleno de personajillos adorablemente y tiernamente mixtos. Que lo que quiere la mamá vale verga porque tú sabes mejor que ella lo que le conviene a su hijo, el de ella. Lo que pasa es que eres demasiado cobarde para decírselo a la cara. Para eso está la Prensa Corrugta, para que se lo diga a su manera, y que atraiga para sí todo ese oprobio reservado a los portadores de malas noticias. Para algo sí sirven El Universo y demás, a fin de cuentas.

Friday, December 16, 2011

En esto, Melibea

Yo no lo haré, pero sí se hará. Dos veces lo intenté. La primera dio lugar a un aborto de texto, que apenas pasó de ser una traducción bastante abreviada y algo ingenua del texto original al inglés, y digo ingenua porque nunca resolví satisfactoriamente las cuestiones de registro lingüístico, sino que me limité a traducir a un inglés más o menos actual pero descafeinado, sin por ello intentar ninguna actualización de contenido. Ésta fue la versión con la que me envalentoné a contactarme con Nuria Espert, y que fue rechazada tanto por ella (telefónicamente, sin haberla visto, valga aclarar) como por algún que otro agente literario que le echó una ojeada por la misma época. La segunda versión quedó en unas cuantas escenas, en las que me tomé muy a pecho los consejos de aquellos serviciales agentes: "deje de lado el diálogo, por impresionante que sea: una película tiene que contarlo todo con imágenes". Lo intenté, pero la vida me interrumpió y me llenó la cabeza de otras cosas, de otras preocupaciones y obsesiones. Ahora, aparte de que todo eso se perdió tiempo ha, ya es tarde para volver. Ni que me dieran, alguna vez antes de morir, algunos días de vacaciones.

De La Celestina han brotado, claro, infinidad de adaptaciones (por no hablar de secuelas y derivados literarios diversos, sobre todo allá por los 1750-1800: recomendable la Segunda Celestina, bastante divertida, sin olvidar aquella impresionante novela de Arce). En Inglaterra ha sido radio play en la BBC, y creo que aún se puede conseguir copia de la maravillosa traducción isabelina de James Mabbe (1631) que me acompaña actualmente en mi escritorio. En España se le ha hecho casi de todo. Serie televisada de bajo presupuesto en los 80, película supongo que dos ó tres veces, aunque sólo recuerdo haber visto una, en que salía la siempre deliciosa Maribel Verdú y una saboría Penélope Cruz; de esa película me bastaron las primeras escenas para darme cuenta de que el guionista (un tal Rafael Azcona) no tenía ni idea de lo que traía entre manos, y el director todavía menos. Entre otros fallos, el autor evidentemente no tenía siquiera claro a quién quería colocar como protagonista principal, con quién se tenía que identificar el espectador en cada momento, por lo que la cosa queda en un confuso y desdibujado costumbrismo de superficial ironía posfranquista, "amenizado" por canciones de Luys Milán arrastradas por los pelos. Por lo que digo: está todo, todo por hacer. Esa película tiene que hacerse, pero bien. Cuando se haga, la conoceréis por esta seña: será inolvidable.

Yo me devoré La Celestina en mi segundo año de universidad. Era una opción entre varias: me gustó lo que pude colegir sobre ese libro en el vademécum del Prof. P.E. Russell que usábamos todos los hispanistas en aquella época. De esa breve descripción o sinopsis, recuerdo sólo alguna referencia a ese "profundo conocimiento de sicología femenina" de que supuestamente hacía alarde la protagonista en sus intentos de avasallar voluntades. Como yo tenía entonces unos 20 años y no comía ni una rosca, la posibilidad de sacar algún dato suculento y provechoso sobre cómo (demonios) pensaban las mujeres era como para interesarme. Cuando leí la obra la primera vez, me quedé anonadado. No era posible que algo así se hubiera escrito hace casi quinientos años. Era demasiado bueno. La volví a leer una y otra vez, y cada vez era una experiencia más emocionante que la anterior. Si me hubieran preguntado en ese entonces qué era lo que tenía de especial para entusiasmarme, habría contestado: esta maldita obra aniquila el tiempo, la historia. Le pone a sus protagonistas nombres rebuscados, nos entretiene con una historia atiborrada de elementos costumbristas, "de época", hasta de brujerías, la presentación exclusicamente dialogada (pero no teatral) no se compadece con ningún género literario conocido... y pese a todo esto, cuando la lees tienes la sensación alarmante de que el autor está vivo, de que esto fue escrito ayer o la semana pasada.

Por varias razones. Primero, por aquello mismo de que la obra rechaza burlonamente todo intento de encasillarla por género literario. La crítica al respecto se ha vuelto tan desesperada que hasta ha rescatado al teatro humanista italiano, género light de la época que más o menos se puede comparar con esas efímeras producciones por y para universitarios clasicistas, llenas de elegantes ironías y machacona erudición, con que se suele intentar amenizar a temprana edad un currículum vitae ocioso y cervecero. Como si con eso nos iban a engañar. Peor todavía, La Celestina ni siquiera cumple comedidamente con aquella exigencia básica de toda obra literaria que se precie, la de tener un autor (conocido o desconocido). En eso como en todo lo demás se burla del académico, teniendo dos. Ni siquiera ostenta una sola versión, con un número estable de actos. Según tu humor, puedes leerte la versión corta, fulminante y tremendista, o la posterior, más alargada, con más sexo y más comicidad.

Si alguna vez hubo antiliteratura, entonces, fue esto. Ni siquiera intenta Rojas hacerse con el copyright. Al decirnos que la primera parte no la escribió él, nos reta a contribuir, como él hizo, con nuestras escenas, nuestras interpretaciones, nuestras alternativas. Muchos, posteriormente, lo hicieron. Sólo que nadie lo hizo tan condenadamente bien. Su Celestina planea sobre las demás. Él sí entendió de qué iba la historia.

Inteligencia, entonces. En la literatura española, hay tres inteligencias acaparadoras: Cervantes, Quevedo y Rojas. Yo me quedo con Rojas. Y es que hay que ser un genio para hacer lo que él hace, tan inmisericordemente, con las creencias cristianas, y todavía escaparse, durante siglos, del Índice de Libros Prohibidos. Para burlar censuras, en el cine, Berlanga y en la literatura, pues, Rojas. Para quien sepa leer, la primera página ya te está diciendo que no hay Dios, que lo que hay son sutilezas calientabragas y lo demás es teología; pero él sabe que el censor no sabe (nunca ha sabido) leer, y por eso, se permite lo que se permite, que llega hasta citar al Salve Regina (en el discurso final de Pleberio) al servicio de un nihilismo tan sombrío que deja sombreado hasta a Kafka. Escuchen:

Oh mundo, mundo! ... yo pensaba en mi más tierna edad que eras y eran tus hechos regidos por alguna orden: agora visto el pro y la contra de tus bienandanzas, me paresces un laberinto de errores, un desierto espantable, una morada de fieras, juego de hombres que andan en corro, laguna llena de cieno, región llena de espinas, monte alto, campo pedregoso, prado lleno de serpientes, huerto florido y sin fruto, fuente de cuidados, río de lágrimas, mar de miserias, trabajo sin provecho, dulce panzona, vana esperanza, falsa alegría, verdadero dolor.

Y sólo por si alguno se pregunta cómo es que un joven estudiante en Leyes en la España de los 1490 podía no creer ni en Dios, ni en "el mundo", ni en el amor (por lo menos como fuerza benévola y estructuradora), la cosa está en que este tal Rojas, según lo poco que sabemos de él, era converso, es decir, judío de nacimiento obligado a profesar la fe cristiana; y en que perdió a su propio padre a manos del Santo Oficio. Y de hecho, el hombre era tan poco creyente que hasta no creyó más en sí mismo, después de escribir esta obra única e inmortal: no se le conoce producción literaria alguna posterior. (Según Arce, tal instinto que haga rechazar la gloria literaria en aras de la autenticidad apunta a una autora primitiva, o inspiradora, femenina: estoy con él, la cosa parece probable). Pero hay más.

Esto es tan aleatorio como puedo hacerlo:

CELESTINA
Hijos, por mi vida, que cesen esas razones de enojo; y tú, Elicia, que te tornes a la mesa y dejes esos enojos.
ELICIA
¡Con tal que mala pro me hiciese, con tal que reventase en comiéndolo! ¿Había yo de comer con ese malvado, que en mi cara me ha porfiado que es más gentil su andrajo de Melibea que yo?
SEMPRONIO
Calla, mi vida, que tú la comparaste: toda comparación es odiosa; tú te tienes la culpa, y no yo.
AREUSA
Ven, hermana, a comer, no hagas agora ese placer a estos locos porfiados; si no, levantarme he yo de la mesa.
ELICIA
Necesidad de complacerte me hace contentar a ese enemigo mío, y usar de virtudes con todos.
SEMPRONIO
¡He, he, he!
ELICIA
¿De qué te ríes? ¡De mal cáncer sea comida esa boca desgraciada y enojosa!

Ya ven. El diálogo es tan real, tan convincente, que cualquier novelista actual lo codiciaría para sí: apenas cuatro arcaísmos nos hacen pensar que esto no es de ahora, de ayer mismo. Pero fue escrito hace 500 años. Y es más: no hay apenas nada, salvo esta obra, que nos convenza de que así se discutía en esa época al igual que ahora. Lo que extrae Rojas aquí, en una sola pincelada, es la esencia universal y atemporal de la encantadora inocencia de los celos femeninos. Y si él sabe regalarnos esto y otros no, es porque a aquéllos se lo impedía el clasismo, el creerse que las historias que valían contarse eran de noblezas, mientras que la plebe sólo daba para estereotipos cómicos a lo Mi Recinto. (The snobs will be with you always: el otro día en Twitter leí que "entre la gente culta y los demás hay más distancia que entre vivos y muertos". Fuck off.). Si con algo es más inmisericorde Rojas que con la Iglesia, es con esos aires. Arriesgándose terriblemente, insiste en yuxtaponer los nobles amoríos de su Calixto con los barriobajeros de su Pármeno: son, salvo en el lenguaje, igualitos, y hasta con el estilo altisonante tropieza Calixto, olvidándose de bruces, para comparar a La Amada con una gallina a la que toca desplumar. Hombres son hombres. Se nota bastante en esto que Rojas era bebedor a más de estudiante en Leyes: sólo así se puede, a esa manera isabelina, moverse fluidamente entre clases sociales, escuchar cómo habla un rufián peleón y cobarde a más de una doncella retraída, de "buenos padres", recatada e indulgente con "los pobres".

Con lo que se puede concluir: en la película, ésa que tiene que hacerse, vale cualquier cosa en cuestión de registro, vale ser fiel al original como vale pasar el diálogo por el Guasmo guayaquileño, lo único que no vale es preciosismo, es resaltar esos cuatro arcaismos para contentar al profesor, que es con lo que la película que yo vi jugaba. Porque si haces eso, contribuyes a ese terrible malentendido que encontré en España, ése que hace que los jóvenes piensen que la Celestina es "literatura", y por tanto, "aburrida". Y que para que se salve de esa suerte, hagan falta las piernas de una Maribel Verdú.

En fin. Podría seguir hablando del lado sicología de la obra, pero si lo hago este post no aparece en tres semanas, y me he dado una hora. Prosigamos.

Esa película. En un momento, como soy bastante reactivo y la palabra "wordy" duele terriblemente, decidí hacer una película muda. Todavía pienso que puede hacerse. Sólo música e imagen. Me compré un teclado y un dispositivo MIDI y escribí la música. Entraban Rosa das Rosas, L'Aceu en Gabiola, alguna cosa de Alfonso X, en fin, melodías medievales pero con arreglos modernos. Ahora no soy tan purista, pero lo evidente es que tienes que saber contar la historia con imágenes antes de permitirte el lujo de dejar entrar, a cuatro patas, algo de diálogo. Entre ellas, las que recuerdo:

Amanecer. Ciudad enmurallada (¿Ávila?) a lo lejos. Camino serpenteante, de tramposa perspectiva, que conecta la puerta de la ciudad con este cadalso, donde los reos son abandonados a los cuervos. Algo en la composición recuerda a Dalí, pero más a lo Goya. Celestina y Claudina subiendo al cadalso, con enormes pinzas, para sacarle dientes al cadáver actual (sí, la referencia está en el original). Aparecen los hombres de la Ley, a caballo.

Claudina, manteada. POV shot, la torre sube y baja. El hombre barbudo, en su trono, hace un gesto con la cabeza. El manto es retirado, Claudina cae al suelo, queda rota. (Por bruja.) La (relativamente) joven Celestina, en el disturbio y en el intento de salvar a su amante lesbiana (sí, efectivamente, está en el original) recibe el navajazo que le deja esa cicatriz permanente. El niño Pármeno es impedido de llegar hasta su mamá (esto no está en el texto, sino que es una hipótesis mía) que parece ya muerta.

Todo esto a modo de flashback.

El cielo estrellado. Se dibujan nuevas constelaciones con animales y figuras bastante más siniestros que los conocidos.

Los niños Pármeno y Areúsa, persiguiéndose a través de las murallas de la ciudad, a ritmo de arpsicordio. INTERCUT: los mismos, de adultos, follando.

Hay tanto. El cura en el armario; la escena de la comida en casa de Celestina, que parodia la Última Cena, hasta que la mesa se cae cuando Sempronio y Elicia se lo montan encima. Celestina, sola, en la plazoleta, después de triunfar, dando vueltas como derviche (OVERHEAD SHOT). Los perros, que son quienes realmente descubren a Sempronio: tuve el detalle de vestir a uno de ellos con esa cadena de oro, regalo de Calixto a Celestina por la que él ha matado, sin llegar a encontrarla hasta ese momento. Ah, y el barbudo que condenó a Claudina era Pleberio (soy así de hp). Nada de esto, claro está, es importante: lo importante es que aquí, por fin, hay una historia que tiene por heroina a una vieja asquerosa, a una lesbiana (bisexual, en realidad), a una persona grotesca pero no psicópata: a un ser humano capaz de cautivarnos desde lo extremo, desde las últimas fronteras del rechazo. Una historia cuyos personajes todos, a su diferente manera, tienen que apartarse de "la sociedad" para vivir, para poder actuar, para ser ellos mismos. Una historia, por tanto, hecha de soledades, de sombras y relámpagos, que pide composición de escenas y chiaroscuro, que necesita camarógrafo que conozca a Goya, y que tiene que recordarnos cómo era realmente aquella sociedad, de totalitaria, de excluyente según la jerga actual. Y luego se me ocurre: brujerías, sociedad estamentada, oscurantismo religioso, mujeres que realmente son mujeres... ¿una Celestina actual, latinoamericana, incluso ecuatoriana? No, imposible. Absolutamente imposible. Ni pensarlo siquiera.

Thursday, December 15, 2011

Honest money


Interview with Steve Baker MP from The Real Asset Co on Vimeo.

Resulta que el tipo es diputado de la ciudad donde fui al colegio y donde por última vez registré mi voto. "Mi" diputado, entonces. Para ser un político, maneja una coherencia sorprendente. Aunque no entiendo muy bien qué chucha hace en el Partido Conservador. Supongo que para un político, la posibilidad de ser "elegido" ejerce una atracción fatal, que nubla la razón. Ver un político inteligente en elecciones es como ver un vulcano en época de celo. Luego, tienen que cargar con las consecuencias ("dishonest money", exempli gratia). Pobrecitos.

Tuesday, December 13, 2011

Birthday photo


She's on the left, half rising from her chair,
her lowered eyes on me, for I'm that cake.
Intently, in a predatory prayer,
she leans towards the action she must take;
and there, I clown her age in scarlet wax,
hopelessly, and offer her that flame
that leans as she does. Past her parents' backs
some dappled shadow haunts containing frames
and silent yellow roses. Is there doubt
still lingering between that yearning light
and those approaching lips? This doesn’t say;
nor will the candle count itself blown out
as long as limpet pixels crowd out sight
or cakes live on, forgotten for the day.


note to self: do sth with "wax" l. 14 (verb & noun), need next word to be both adj and verb, "forgotten" is negotiable

Monday, December 12, 2011

Reynardine



Nunca fui buen alumno de él en ningún sentido, pero de joven por lo menos lo intentaba. Es uno de esos maestros que en vez de deprimirte, te libera. Plagiado inmisericordemente por Led Zep, entre otros, admirado y envidiado por Bob Dylan, él grabó sus primeros discos en la cocina de su apartamento y a pesar de Pentangle, nunca cortejó el superestrellato. Bueno, para que tengas referencias.

Yo, de profundis, pedí auxilio anoche y la respuesta fue esa tónica bent (2:13), que arranca el estribillo instrumental (aunque en esta versión live apenas se escucha un par de veces), el cual contrasta con su escala diatónica con el verso modal para producir una suerte de mística. Si puedes escuchar esto y todavía creer que el mundo es pequeño para que no quepas en él, con tu estúpida añoranza y con todo, o para que esto tenga arreglo, o para que la pequeñez de unos ensombrezca la belleza de otros, es que no tienes alma.

RIP

Thursday, December 8, 2011

Herpes simplex

No recuerdo desde cuándo ni quién me lo regaló. Es un virus que hace que muy de vez en cuando sientas una especie de escozor en la boca, que significa: o bien vas pitando a la farmacia a comprarte un tubo de Zovirax, la crema más cara jamás inventada, o mañana tienes una llaga fea en el labio inferior, rodeada de piel seca y rojiza. En general, los brotes coinciden con épocas de mucho cansancio, estrés o exceso de sol (léase: champear paredes), por lo que muchas veces el viaje a la farmacia no se da. La llaga desaparece después de unos días. Pero el virus no hay cómo deshacerte de él. Una vez que lo tienes, lo tienes de por vida.

Ayer encontré una nota de Carmen en mi Bandeja de Entrada, a través de Facebook. Quería saber si aún vivía. Entonces, hice algo que habitualmente no hago. Llevo tiempo con la intención de cerrar mi cuenta de Facebook, pero todavía la tenía, y se me ocurrió usarla, por primera vez en años, para visitar la página de otra persona. Bueno, casi por primera vez. Hace unos días había abierto no sé cómo esa página, y lo único que vi fue una especie de primer plano expresionista de una cara que tenía un extraño parecido con la de su madre. Esta vez, sin embargo, supongo que envalentonado por el mensaje, abrí la sección fotos. Fue el peor error que he cometido en mucho tiempo.

Esos virus nunca te dejan. Simplemente, duermen. Ayer, despertó.

No estoy para nadie. Creo que por un tiempo.

Wednesday, December 7, 2011

Carmen:

Nunca escribí más que eso. Sólo el nombre. Muchas veces ni eso. En el mundo hay muchas Cármenes. Hay una de la que tengo un especial recuerdo: la Calle del Carmen, en Segovia, que sirve de atajo para evitar las muchedumbres del Acueducto y donde se codean la Caja de Ahorros y ese aburrido y carero bar que frecuenté bastante durante aquellas extrañas vacaciones después de nuestra separación, desde donde te llamé un día por teléfono para que me confirmaras que efectivamente, no me echabas de menos en absoluto, ni en lo más mínimo. Mi respuesta a eso fue comerme otra ración de chorizo frito, por siete euros, y empezar a sentír una especie de oscura hermandad con los cerdos.

Por lo que es imposible que te rastreen, que gente extraña y curiosa te localicen. Aunque fuera yo persona para estimular curiosidad. Puedes estar tranquila.

Yo no lo estoy. Quise, supongo, "sentir algo", así que con la excusa de tu mensaje me fui raudo como un tonto a ver tus imágenes colgadas desde hace no sé cuánto tiempo, quedándome con la sorpresa de que contrariamente a lo que había supuesto y predicado, no has cambiado. Eso no se hace. Tienes todo el derecho de no cambiar, pero si vas a hacer algo así, se avisa primero.

Quería sentir algo, pero no esto. Sobre todo porque ya no estoy en situación de ahogarlo ni en cerveza ni en otro líquido. Acaban de subir de nuevo los impuestos: acá, ahora, sólo los millonarios beben. Los demás van a la iglesia. Pero no creo en Dios.

No creo en nada. Sólo en mi hijo, que algún día ha de tener descendencia, entre la que en algún siglo muy lejano alguna molécula de lo que yo fui, o algún enrevesado fragmento de código ADN, se volverá a unir con alguna portadora de esos genes tuyos, para que todo esto se repita. Y toda mi fe se resume en creer que cuando eso suceda, cuando tu tátara se encuentre con el mío, ella llevará el mismo color de pantalón que tú llevabas ese día.

Ni así le encuentro sentido a esto.

Me voy a dormir. Ojalá no sueñe.

Monday, December 5, 2011

Pereza

De la adolescencia datan esos recuerdos borrosos de tantas novelas francesas devoradas (Balzac sobre todo) en que era siempre cuestión de un viejo enfermo (física o psíquicamente) con tierras, propiedades o dinero, y unos hijos crueles y despiadados a la caza de "la herencia". Dado que esta avaricia filial tan vistosa y desvergonzada no la apercibía en otras partes, me formé confusamente la idea de que en Francia las leyes deberían de ostentar alguna peculiaridad que propiciara este tipo de conflicto. A fin de cuentas, en mi país natal los descendientes no tienen derecho alguno sobre ninguna "herencia", caso de que el progenitor decida legar sus bienes a la sociedad protectora de animales (RSPCA) o bien (citando a los Python) "to the girl with the biggest tits" (elección que me parece demuestra asaz justicia y sabiduría, si uno tiene la mala suerte de ser encombrado de una familia balzaciana). A fin de cuentas, la herencia no es más que un mal necesario, un triste y escuálido corolario al derecho de propiedad privada.

Mi esposa tiene una cantidad sorprendente de hermanos y hermanas. Su madre, quien fuera en su día la tirana de la casa, murió hace un año. Su padre, con sus ochenta años y su recia devoción a la Biblia y al trabajo duro, vive pero penosamente: enfermo, encorvado, con su ojo de vidrio y sus cuerpo enjuto. Ahora resulta que hay una conspiración entre la mayoría de los hijos por "obligarle" a darles "su parte" de la herencia de la madre. Razonan así: la madre murió sin hacer testamento, así que según la Ley (¿cual Ley?) les corresponde a ellos como hijos la totalidad de sus bienes, lo que a su vez corresponde a la mitad de los bienes del marido superviviente, pues vivían en el regimen antiguo, sin separación de bienes. Reclaman también "su parte" del resto. Entre estos inconformes, tengo a una cuñada pesada y ociosa que se casó hace tiempo con un hombre rico, ya difunto, y quien ahora malvive con los pagos del mantenimiento de la familia de éste, en consideración de los dos hijos que tuvieron. Tengo otro cuñado, "pastor" y predicador, que se sostiene con los diezmos de los cojudos, y que saca las compras en crédito de los supermercados dejando nuestro teléfono. Ahí también hay metido un abogado que no es de la familia, pero que lleva años parasitando a la gorda, haciéndole ceder sus tarjetas de crédito (los cuales vació en poco tiempo), su carro (que destrozó) etcétera, y que ahora impulsa este último pleito, hasta con la pretensión de que hay que "fiscalizar" los bienes del papá, quien hace poco cedió alguno de tus tierras en arriendo a un vecino. Porque de eso se trata: tierras. Tierras que llevan años produciendo arroz y poca cosa más. Una casa de caña, algunas gallinas, y muchas hectáreas. Estoy viviendo una novela francesa decimonónica.

Hemos tenido a este suegro mío viviendo en casa con nosotros. A mí me cae bien. No molesta nada: se pasa las horas en el patio, con su Biblia. Mi esposa hace aún todo lo que puede para evitar que el espectáculo de tanta ingratitud filial no "le mate" (tal vez literalmente) "de la ira". Pero no se acostumbra a vivir en una casa. Allá está otra vez, en el campo, arrancando arroz, y rodeado de buitres.

Algo veo que tienen en común todos los buitres: no matan la presa. Pero llevan, algunos, el parasitismo, el estar en el momento oportuno, el gregarismo amenazador, la chulería, al grado de arte. Y todo en aras de conservar energía, todo ofrendado en el altar de la divina pereza, del "no me pidas que sude". Hay quien suda mucho por no sudar. Pienso en asambleístas. Pienso en mi familia política. Inevitablemente, pienso en las leyes. Y ya que, por falta de tiempo, este blog últimamente es apenas más que un diario de asociaciones libres prácticamente inconexas, lo diré: pienso en inmunidades parlamentarias. Esa habilidad que tienen los políticos de aquí para distraernos de las cuestiones de fondo (infame obligatoriedad del voto, evidente incompatibilidad de la doctrina de "inmunidad" con la teoría del Estado de Derecho, dos elefantes en habitaciones contiguas) con el espectáculo (cambio en el sistema electoral al son de "d'Hondt worry, be happy").

Bah. Pienso en demasiadas cosas. Y en demasiado pocas, sin duda.

Mientras tanto, #misalumnos. Corregir redacciones acá, en este país, es un suplicio. De cada tres redacciones, dos obligan a hacer una búsqueda entrecomillada en Google, de la que invariablemente se colige plagio. Y cuando se les devuelve con un 0, hasta ponen cara de ultrajados. (A veces sueño con vivir en un país moderno, donde al primer indicio de plagio demostrable el alumno pierde la carrera: a veces las soluciones son así de fáciles.)

Y a veces (sobre todo cuando leo declaraciones de ciertos abogados de ciertas majestades) tengo la sospecha de vivir en un país donde el éxito de la mayoría, sobre todo en el campo político, se basa en la habilidad para copiar.

¿Y mi conclusión? Pudiera ser: qué bueno soy, qué incorrupto, etcétera. Pero no. El hecho de no haber cometido en la vida ningún tipo de plagio consciente no se debe en mi caso a ninguna virtud ni inquebrantable moral alguna, sino a la simple cobardía: no me gusta que me descubran. Y a su vez, esa peculiar preferencia tendría algo que ver con las normas de una sociedad en la que antes vivía, convenientemente asimiladas. Una sociedad en que el ser plagiador era una descalificación mayor, y no, como aquí, una manifestación de pillería algo simpática y hasta consonante con algún que otro improvisado esprit de corps ("nosotros: los alumnos, los jóvenes, los soñadores, los bacanes, los modernos, los que tenemos prioridades sensatas: ellos, los viejos, los arrimados, los hipócritas").

Si eres bacán, como arrimado te lo digo con toda sinceridad: para los crímenes sin víctimas, al menos, todos tenemos nuestro precio. "Por un beso de la flaca...", en mi caso, pero en otro universo, y no me pregunten cómo se habría de construir tal universo, en que fuera imposible ser descubierto, porque me da demasiado pereza meterme en esos detalles. Con lo cual llego a la siguiente paradoja: la inmoralidad se basa en la pereza: la moralidad, también. Y sin duda, la mejor sociedad es la que premie las diferentes modalidades de pereza de la manera más conveniente y producente.

Viciste, Ganduleo.

Hasta aquí los devaneos de una mente actualmente perturbada por falta de sueño y exceso de exámenes, líos de notas y diversas quebraderas de cabeza financierias. Me queda como ingrato deber contestar esto, de esa primera página de gkillcity que misteriosamente no quiere aparecer en mi browser pero que se me hace visible en modo View Source:

Ayer leí una entrada de un post donde dicen que los de gkillcity.com no escogemos bien nuestras causas. Que cómo se nos ocurre iniciar una acción de eliminación de registros de la Iglesia Católica, cuando hay una ley de comunicación de por medio.

Debo decir, más allá de que hemos intervenido en la Ley de Comunicación con una propuesta sobre derechos y libertad digital, que me resulto algo curioso que aún haya gente que esté interesada en que le “den haciendo” el activismo.

La verdad, no sé si esto tiene algo que ver con alguna cosa vomitada en este blog hace unos días, pero Carly Simon insiste en que sí. Por segunda vez en pocos días, me encuentro gratamente sorprendido por la atención que recibe este espacio por parte de gente naturalmente muy alejada de estos pantanosos y enfermizos ambientes, y a pesar de que mis estadísticas de visitas diarias raramente alcanzan los dos dígitos. (A este paso, tendré que hacerme a la idea de que escribo para "un público", lo cual me aterra en cierta medida.) En fin. La crítica expuesta aquí, de que quiero que me "den haciendo" el activismo, me parece un poco floja, primero en vista de que la palabra "activismo" no forma parte de mi vocabulario: no sé siquiera qué es lo que habría que hacer para ser considerado un "activista" por estos lares, lo único que sí sé es que no soy activista ni quiero serlo ni quiero impulsar ningún tipo de activismo, pues casi lo único que me sugiere esa palabra es una imagen sesentañera de un tipo con barba, camiseta de Che y un fajo de "periódicos" debajo del brazo, con mucha tinta roja. (A propósito, si alguien sabe cómo quitar una pegatina del Che de la puerta conductora de un (destarta)Lada sin dañar la pintura, comuníqueme el método en toda confianza. Tengo mis razones.) En segundo lugar, si bien la acusación implícita (la de pereza y gandulería) es dolorosamente acertada en lo que a mí me refiere, en sentido general, digamos, en lo tocante a la Ley de Comunicación, y el dato a mí mismo me sorprende, resulta que tengo escritas más de una docena de entradas sobre dicha Ley, algunas bastante extensas, lo que no parece indicar una persona que pide "que le den haciendo", si bien sí sugiere una persona que no sabe muy bien cómo aprovechar su tiempo libre de manera racional y oportuna. Pero al margen de estos desacuerdos, estoy dispuesto a aceptar que lo escrito en esa entrada sobre "esa gente de gkillcity" puede ser una fatuidad: de hecho, estoy convencido en un 67% de que sí lo es. Me estoy acordando del blog de xavierflores, cuando hace tiempo tenía un blog, donde enviaba con cierta regularidad a freir espárragos a quienes le sugerían temas "que merecían": recuerdo haber pensado en ese entonces "Kehlog Albran this guy ain't" (ya saben: maestro, háblenos del Dinero. maestro, háblenos de las Toallas Sanitarias Con Alas, etc.). Por supuesto que todo el mundo puede hablar de lo que le dé la gana; por supuesto también que la selección de temas tanto como su priorización puede ser objeto de análisis y de crítica por parte de mentes ociosas sin nada mejor que hacer. Pero mi intención no iba por ahí, sino que me limitaba a rumiar en voz alta (cosa bien peligrosa cuando tienes un Público) sobre los posibles por qué de lo que sigo considerando una campaña desconcertantemente frívola e inútil (la de los desbautizos). En fin, dejémoslo ir: el tema no da para tanto. En lo que a gkillcity se refiere, me ratifico en lo ya dicho: lo considero un proyecto positivo y les deseo suerte. Y más, si por milagro consiguien que a algún monseñor se le atragante el caviar cualquiera de estos días. Cosa que dudo, pero siempre fui demasiado cínico.

Saturday, December 3, 2011

Nostalgia



Allá por finales de los sesenta. Imaginen lo que haría esto a un niño indefenso.



Nicky Horne, 6-7pm, creo que circa 1978. Gobsmacked es poco.



Madrid, tal vez 1980. Mil y una noches.



Lo posteé antes, pero pertenece aquí. 1982-ish. Estaba yo en Chester para aquel entonces.



Una década más tarde...





La voz femenina es la bomba más potente jamás inventada.

CELAC

"Sammie."

"Qué."

"Juan, Johnny, Jhonny, Juanita, Joan y Jean-Baptiste han hecho un nuevo club. Se llama El Club de Los Que No Se Llaman Sammie. No estás invitado."

Creo que Sammie sobrevivirá al chasco. Tal vez no el Club que antes había. Pero en fin... ¿a qué se dedicará este nuevo Club? Se supone que a lo mismo que antes: a intercambiar cromos. Lo que pasará cuando a alguien le falte ese cromo que sólo lo tiene Sammie... ya veremos.

Preveo puños y puñetes.

Friday, December 2, 2011

Linfa

- Ozú. (crossed out)
- Ondia. (crossed out)
- ¡Fuck me sideways with a Christmas tree! (crossed out, twice)

Al final, decidí prescindir de cualquier expresión de sorpresa, con o sin sabor regional (la primera sigue siendo mi cita preferida de la película Bienvenido Míster Marshall). También, de mencionar el efecto momentáneo que había tenido la respuesta de Silvia sobre el diámetro de mi laringe. Pensaría que soy raro. Incluso más de lo que ya había supuesto.

Starstruck. Un poquito, lo admito. Mi hermana mayor, cuando tenía ¿14? años, se fue a Londres para regalarle un pastel de cumpleaños a Noel Edmonds, en aquel entonces un DJ de la BBC joven y con ínfulas de simpático. “Gracias,” le dijo, no sé con qué cara. ¿Qué más le iba a decir?

En fin, uno no espera visitas de personajes televisivos en estos pueblos perdidos y estiercolados, ozú. Y cambiando de tema:

El sistema nervioso central, el sistema parasimpático, el sistema linfático, todas esas tuberías y ductos y todos esos kilómetros de cableado que tiene tu cuerpo, pero bien escondidos, pueden parecerte, según el día, un poquito asquerosos (por lo carnal, por lo húmedo, por lo gelatinoso, por lo amarillento), o bien algo fascinantes (por lo servomotor, por lo model railway), o bien decepcionantes (por lo estándares que son, y aquí está en parte la cuestión). Pero admítelo: no pierdes sueño pensando en tu sistema linfático. Ni en tus glándulas lacrimales. Y sin embargo, hay una cuestión importante relacionada con éstas últimas, y es la siguiente: si una película te hace llorar, y otra también te hace llorar, en la misma cantidad y mediante el mismo mecanismo, o sea, apelando a las mismas emociones, ¿quiere decir que las dos películas son idénticas o por lo menos intercambiables?

¿Siquiera desde tu punto de vista subjetivo?

De joven, pero de muy joven, era fácil arrancarme alguna lágrima. De adulto, sólo se me ocurren dos películas que me hicieron llorar, y las dos fueron con la misma actriz (la más bella en la historia del cine, since you asked): The Ghost And Mrs Muir y también The Razor's Edge. He buscado en YouTube y nadie ha subido el beso de esta segunda película, que basta por sí sólo. Yo no la tengo: mis VHS quedaron en España. La primera, tienes que ver toda la película y el Kleenex sólo te servirá en los últimos quince minutos. (Y tienes que dejar tu cinismo fuera, atado al poste.)

De Gene, una crítica repelente (alemana, no recuerdo el nombre) dice que tiene una cara blanca como una pantalla, en que cada hombre proyecta lo que quiere proyectar, sin tener que negociar con ningún rasgo de personalidad definido (algo así). Lo repelente es que tiene razón. Gene tiene una cara Vicky 4 (en versión adulta). Puede ser más o menos lo que quieres que sea. En sus treinta y tantas películas fue neoyorquina, rusa, polinesia, inglesa, italiana, monstruo, ángel, sofisticada, pueblerina bruta (en serio: Tobacco Road), kleptómana, ama de casa, rica heredera, borracha, fría asesina. No muy destacables sus dotes como actriz, pero esa perturbadora plurivalencia sí. Me estoy saliendo del tema.

Cuando te enfrentas a la muerte, y no es de noche (esos terrores, ese walk on the wild side) lo que seguramente pensarás es algo así como: que se pudra lo que tiene que pudrirse y que se rescate lo rescatable. A menos que seas Gene, tu cuerpo entra en la lista de lo definitivamente prescindible. La humanidad no pierde nada perdiéndolo de vista. Ni tú tampoco. Nunca valió para nada. Ni siquiera a ti te sirvió de mucho. ¿Y tu mente? Cuesta un poco reconocerlo, pero siempre fue un SEAT 600, por mucho tuning que le diste. Donde se fabricó ésa, se fabricaron montones, con las mismas características. Y el gusto con que la decoraste, reconócelo, apesta un poco. No hay nada peor que un kitsch pretencioso. Quedan tus emociones. Lo que siempre, en el fondo, valoraste. Ahí sí, quisieras, en tu lecho de muerte, tener la seguridad de que todo eso que sentiste no se va a perder, sino que se irá reproduciendo en otras personas. Pero ay. La gente es tan hijueputa que se resiste a sentir lo que tú sientes: o si lo siente, no te lo dice. Y te despiertas con un susto y un grito sofocado, exclamando:

- Pero ¿es posible que nadie más en lo que queda de nuestra dinastía humana vuelva a sentir esta excitación, este endiosamiento (entusiasmo, si prefieres el griego y el bathos) delante del cuerpo  y de la cara de una mujer? ¿Tiene que morir esto conmigo?

Y vienen los sonrientes a contestarte: qué te crees, idiota, si por lo menos un 30% de los seres humanos sienten eso, y el resto algo parecido, si es lo más normal, chucha, por lo menos haber escogido un sentimiento algo más sutil y refinado y no una vulgar lujuria.

¿Cómo que vulgar?

Pues porque las emociones son simples químicas amarillas, creaciones de linfa y de dopamina y de testosterona (protesterona en versión hembra), y su variabilidad, muy limitada. Así como en toda la historia de la literatura y del cine sólo ha habido ocho (8) argumentos básicos, escondidos debajo de disfraz de ilimitada diversidad; así como sólo hay tres (3) estrategias para arrancar lágrimas al final de una película, y otros tantos para arrancar semen; así como hay sólo un (1) tipo de policía, pues de la misma manera únicamente hay cincuenta y siete (69) maneras de babear copiosamente en un improvisado arranque de cachondez delante de alguna diosa. Los seres humanos somos muy simples. Imposible que hayas descubierto una nueva manera de sentir.

Pero ¿si lo hubiera hecho?

Ahí no sé.

Y entonces te haces escritor (a tu manera). Simplemente para que este virus que tienes se propague, aunque tenga que esperar años, lustros, en un laboratorio de alta seguridad en medio de un páramo antes de infectar a otra persona. Porque no confías en que el sustrato linfático le reste por completo importancia a los detalles que hicieron únicas tus sensaciones, a pesar de lo predecible y guionizado de las secreciones que se toman por expresiones de las mismas. Porque escribir es esto: salvar enfermedades de la destrucción definitiva. Es un querer contagiar.

Y adueñarte de glándulas lacrimales ajenas.

Thursday, December 1, 2011

Apostando por el Apóstata

No solamente es brillante (así se la presenta, y no hay nada en el video que desdore tal apreciación), es también linda. Tiene una sonrisa primaveral, una carcajada suculenta, un discurso fluido, sin pretenciosidad, una naturalidad que enamora a la cámera. Viéndola en la entrevista de gkillcity, uno desearía haber visto alguna vez ese programa de Ecuavisa en que aparece según rumores (yo apenas no veo la tele: la monopoliza el pequeño, que está en la etapa de Mickey Mouse, a quien él llama Itchy Mouth, de los Ositos Cariñositos, del Agente Oso y del Jardín de Florilú); uno desearía también ser más cuerdo, pues ella, en su faceta de Embajadora de la Cordura, resulta la mar de evangelizadora. Es de aquellas personas que te hacen sentir marginal, unsavoury. No "te hacen sentir": te recuerdan que lo eres. Con un suspiro prolongado, le doy al Pause. Haber nacido normal, haber tenido una vida normal, para así haber podido ingresar con las de la ley en la clase media ilustrada, con todos esos dientes intactos (00:42-43: preciosura) y esa impoluta moral y "espiritualidad" progresistas... Ya, basta de nostalgias. Hace diez, veinte años aún lo dudaba, pero ahora lo sé: es menester cargar con el peso de todo lo que eres, no hay otra (sobre todo a esta edad: pretender ser buena gente a estas alturas ya sería ridículo).

Ustedes la ven segura de sí misma: yo la veo amenazada y vulnerable. Las dos impresiones no están reñidas entre sí. Lo que veo son paredes que se van cerrando, paulatinamente, como en una pesadilla o un episodio de Batman (yo y #mivastacultura), o como en un torno de banco. En una de esas paredes está la cara magnificada de un demente con un micrófono arengando a un rebaño sabatino. En la otra, sombreada en un monocromo de baja resolución, está la Pesadilla: la de ella, tal vez la de ustedes, la que, aunque nadie ose referirse a ella, dio lugar a las circunstancias políticas actuales: aquella cosa ante la que es preferible sacrificarlo todo en el altar de Kali. Y mientras las dos paredes se van cerrando, cerrando, ella va hablando, hablando, con la misma frescura de siempre. Sin darse cuenta de que hasta los estantes de libros detrás de ella están desapareciendo. En la pared de la derecha, la del demente, ya se está armando la gran Hoguera, la de los Libros Prohibidos. Mientras, ella va diciendo algo sobre Gore Vidal y su Julian. Porque para ella, incluso ahora que las inexorables paredes trituradoras están a escasos centímetros de su cabeza,

En estatutos y en Constitución el estado ecuatoriano es de los más progresistas y modernos

: es un estado en que, incluso, hay cabida para ese juego infantil e inocente del monseñor-baiting (humanamente practicado, no es contrario a la Constitución: no se sacrifica públicamente al animal, simplemente se lo torea y aturde). Y la verdad, estos señores de gkillcity que se ponen tan entusiastas con la espléndida ocurrencia de darle unfollow en masa a la Iglesia Católica, para joder al arzobispo, a nada me recuerdan tanto como a unos niños que se confabulan para empapar la alfombra del vestíbulo de ese vecino antipático, mediante pistolas de agua chorreadas por el buzón de la puerta delantera; o para sacarle humo al gato del escaparate con una lupa (Delibes, El Camino). De acuerdo: todos lo hicimos en nuestra juventud; pero esas infancias fueron doradas y veraniegas: ahora los tiempos son otros, más sombríos. No les voy a sugerir que maduren: eso sería irrespetuoso. Además, a veces me cuesta creer que no lo hacen adrede. No incluyo a Silvia Buendía en esto, pero hay otros que (discúlpenme la paranoia, es temporal, ya verán) te hacen pensar que todo forma parte de un plan para distraer la atención de su (bien) nutrido público de las cosas que realmente están pasando. Vamos: ¿un grafitero? ¿una exposición de arte a cargo de un subnormal mojigato? De acuerdo que da para unas cuantas parodias, pero ¿¿llevar el tema a las cortes en nombre de la L de E?? ¿Una campaña para obligar a los curas a escribir "rebelde" al lado de tu nombre en el registro de bautizos, como si eso fuera el único nihil obstat suficiente y necesario para convertirte en Jim Morrison? Y mientras discutimos, que si el Derecho Canónico, que si apóstata o hereje o descarrilado o "en rebeldía", mientras tanto, se van acercando las paredes trituradoras: Ley de Comunicación (si la mera yuxtaposición de estas palabras no te da naúseas, ya te alcanzaron, o será que nunca tuviste nada que comunicar), metida de mano en la justicia, cazas de brujas, "renuncias" de funcionarios insumisos, ataques frontales a medios independientes, opinadores encarcelados, tuiteros detenidos por ridiculeces, amenaza de metida de zarpa hasta en el sistema electoral...

¿No que éstos son temas algo más serios, y que acerca de las normas de exposición de un certamen artístico a cargo de un cabildo carca - y citando a otra mujer brillante a quien tengo el honor de seguir babeantemente en Twitter - "too many fucks are given"?

No, no creo en realidad que ellos sean tan maquiavélicos. Su meta no es despistarnos, sino despistarse. El izquierdoso de tropa, si algo tiene, es esa obsesión, que parece un picor, por cuadrar el círculo, por intentar demostrarse a sí mismo que se puede ser de izquierdas y aún ser algo generoso; que su meta no es realmente esclavizar, sino "en el fondo", "a fin de cuentas", liberar. Está bien, entremos en el juego.

¿Qué tan dentudas son las fauces de la Iglesia Católica en Ecuador actualmente?

Bueno, desde mi perspectiva de extraterrestre ateo (ateísimo, en realidad, pues ni siquiera tengo "espiritualidad": la emfisemia se encargó de eso hace rato) no mucho. Y eso que sigo los argumentos de la Buendía y me parecen sólidos (mucho más que los de una Buenaño, por supuesto, ni qué decir del muy respetable Buensiglo, de anunciada aparición). Resumiendo: Ecuador es un estado laico, pero sólo sobre el papel. Las leyes en realidad, son muy secundarias: lo que cuenta es la tradición y la educación, dominadas por un "discurso hegemónico" que es el de la Iglesia, que se arroga en exclusividad el papel de árbitro moral, pues según la creencia católica es imposible tener valores morales fuera de la religión; un ateo es, necesariamente, inmoral o por lo menos amoral. Con lo cual existe un perpetuo conflicto solapado entre la Iglesia y cualquier gobierno que enarbole la bandera de la ética laica, que la Iglesia se resiste a reconocer. Todo lo cual me parece cierto, salvo un punto, y es ése de que el discurso moralizante de la Iglesia sea en este país tan arrollador, tan poderoso, tan decidor, tan importante. Esa parte no me convence tanto.

El pequeño, los viernes, va a una terapia. El conductor encargado de llevarnos desde Durán a ese lugar, ese día, viéndome solo y sin compañía conyugal, se envalentonó a preguntarme, entre titubeos:

- Usted que tanto ha estudiado, a ver si me puede ayudar con una duda que tengo. ¿Es cierto que a los ojos de Dios, está mal que un hombre casado se acueste con otra mujer?

Viré la cabeza un poco para verle la cara. En verdad, el hombre parecía algo acongojado.

- Muy al contrario - le contesté. - En realidad, si lees la Biblia hallarás que hubo un Rey, llamado Salomón, que tenía centenares de esposas reconocidas y otras tantas queridas, y a ese hombre Jehová le sonrió. Hasta se le atribuye la autoría de un par de libros de la misma Biblia. De lo cual deduzco que a Dios le parece de putamadre que uno tenga amantes. Cuantas más, mejor. Lo que pasa es que los curas son envidiosos. Eso es todo - .

- Ah, ¿cierto - ? dijo el chófer, y parecía más relajado. (En ese momento el pequeño vio un avión.)

Ahí hay para todos los gustos. Verdad es que esa ansia por conocer la opinión de Jehová es muy de aquí, de este retrógrado país. Pero para mí lo interesante es que, primero, el tipo genuinamente no se sentía seguro de conocerla ya; y segundo, que mi respuesta improvisada le haya parecido completamente convincente. Lo que me hace pensar que se puede ser ecuatoriano de treinta y pico años y no tener ni puta idea, salvo por rumores, de las doctrinas de la Iglesia. Y eso es así porque la Iglesia, en cuestiones de educación, tiene una estrategia bien definida que ha variado poco en centenares de años: educar bien a la élite, y mal al resto, pues considera que mantener una ignorancia generalizada entre el populacho es mejor que proporcionarle las herramientas básicas que le permitieran cuestionar los fundamentos de su "fe", y que por otra parte, la enorme inversión en términos de tiempo y mano de obra  necesaria para amoldar a su conveniencia el universo conceptual de la élite política deja poco margen para similares experimentos con los estratos inferiores. De modo que en Ecuador, según entiendo, hace tiempo que la educación pública está a cargo del MPD, que predica una especie de McMarxismo criollo rupestre y dicharachero, en esencia alejado de los postulados del Vaticano, si bien se habrán llegado a puntuales ententes cordiales. Sin lo cual difícilmente se entendería el triunfo y la fuerza electoral del propio correismo, por mucho que éste dice nutrirse de "la doctrina social de la Iglesia" (en realidad, del lunatic fringe de la Teología de la Liberación). Y no hay que olvidar que la educación siquiera pública nunca ha sido de todos. Y es que para mantener un discurso hegemónico, necesitas también medios y convocatoria, canales. Ahora, hagamos una pregunta: ¿cuándo fue que por última vez tomaste una decisión moral?

A ver. Yo ayer a los niños les llevé a la escuela, luego fui a ver a la amante, pasando por el banco, donde hice una donación a ese niño enfermo que ayer salió por la tele, pero luego discutimos, porque ella dice que le debo más por la liquidación (hasta la semana pasada era nuestra mujer de limpieza, pasa que mi esposa la despidió por el presunto robo de todas esas cosas que yo en realidad le había regalado), luego fui a trabajar unas horas en la oficina, donde estamos con unos abogados ahora intentando ver la manera legal de despedir a un montón de gente de la fábrica sin tener que pagarles nada, o no demasiado, en todo caso, luego vengo a casa, y resulta que cuando parqueo, escucho un chillido y ahí está el gato del vecino, aplastado debajo de la rueda delantera derecha, chucha, lo que menos necesito ahora es discutir con ese tipo, pues trabaja en el Municipio y estoy esperando que me eche una mano para conseguir ahí algún contrato, entonces tuve que rematarle al animal y esconderlo en el monte que hay detrás de la casa, hecho, y no creo que nadie me haya visto, y entonces, pues viene la otra vecina, la serrana aquélla apestosa y dice que hoy ha venido a casa el Jhonny y estuvo por los menos una hora, ¡Dios! así que nada, discutí con la mujer que dice que él sólo estuvo cinco minutos, por el asunto de las gallinas chuecas, pero yo no la creo, así que le di un par de golpes, y ahora ella está brava conmigo y dice que no la quiero, la verga así que al final cogí y me fui al Salón a tomarme alguna que otra biela, y eso que ahora andamos medio chiros por el tema de la Luz, desde que descubrieron que teníamos trucado el medidor, pero cuando uno se encuentra tan incomprendido es que ya no queda otra. Así que ayer, por lo menos, no recuerdo ninguna decisión de ésas, como dice usted, morales, pues en mi caso como ves no hay tiempo para nada así.

No dudo que, como dice la Buendía, los planteamientos morales se resuelven en la calle casi siempre a favor de los prejuicios incomprensibles del Todopoderoso. Pero en personas irreflexivas (característica que se sospecha algo puede tener que ver con el nivel de educación recibida) el universo de lo moral puede resultar muy, muy reducido, una lejana galaxia, digamos. De ahí que, mal que le pese a las trucadas Estadísticas Oficiales, el ecuatoriano de a pie se siente bastante más atraido a esas "iglesias" donde sólo hay eslóganes displicentes, guitarras eléctricas y sandías imaginarias, que no a aquéllas católicas donde un desesperado curita intenta sermón tras sermón hacerle sentirse culpables a sus feligreses por cada detalle de su caótico desbarajuste de vida cotidiana. Y pasando al campo político: ¿cuántos ecuatorianos considerarán que votar es un acto que tiene que ver con la moralidad? Apuesto que menos de un 5%. De ahí que el poder político se construye y se consolida bastante al margen del discurso agresivamente moral de la Iglesia Católica, y mucho más en armonía con el discurso solapadamente moral, digamos, del criptomarxismo mamitapegadurista, mucho más de andar por casa, según el cual el mundo se divide, no en salvos y condenados, ni en justos y pecadores, ni en creyentes y no creyentes (un no creyente en Ecuador es simplemente un marciano) sino en ricos y pobres, el rico siendo por definición aquella persona que tiene más que tú, y también, por definición, malvado, corrupto e injustamente privilegiado. Esta mañana enciendo la tele y sale una asambleista del PRE, a quien se le pregunta por qué quieren cambiar el sistema electoral, y contesta:

La democracia es, estee, equidad, y... equidad, eeh, de género.

Convengamos en que del discurso supuestamente "hegemónico" de la Iglesia se le puede esperar cualquier cosa menos un voto a favor de la equidad, eeh, de género. Resumiendo: la Iglesia no es responsable directa de estas tonterías: simplemente se limita a asegurar y a perpetuar, según su limitada influencia, la producción nacional de tonterías en general.

Y si queda alguna duda al respecto, recordemos lo que pasó en el voto por la nueva Constitución. El papel de la Iglesia se resumió en mentir, en decir que ésta era una Constitución abortista, cuando no lo era (ojalá hubiera sido abortista; mejor dicho, ojalá hubiera apartado explícitamente las decisiones personales como abortar o no abortar de las sucias y apestosas manos de políticos y jueces). Y ¿cuántos le hicieron caso a ese "discurso hegemónico" de la Iglesia a la hora de votar? Según los resultados, CASI NADIE. Ahí tienes retratada la influencia "moral" de la Iglesia Católica en el Ecuador actual: especialista en arenques rojos, y poca cosa más. Lo que no es extraño, puesto que la doctrina católica es tan repugnante, tan berracamente anacrónica, tan antihumana y antialegría y antitodo, que bien explicada, le da naúseas a cualquiera. Y sus clérigos bien que lo saben, por eso la guardan en frasquitos de plata dentro de una especie de hueco sagrado en la pared, y se dedican mayormente a aquello en que más pericia pueden demostrar, que es a abusar sexualmente de menores de edad.

Ahora bien, el argumento de la Buendía tiene otra vertiente, a mi juicio algo estrambótica, que descansa sobre el tema de la inclusión (tralalá, tralalay). Según ella, si bien las leyes son "secundarias", no es menos cierto que tenemos que "vernos reflejados en ellas". Francamente, no veo el por qué. Si hay una ley que dice que robar es un crimen, ¿de qué manera puedo "verme reflejado" en ella? ¿Más "reflejado" en dicha ley es el ladrón, o el no ladrón? La cosa para mí no tiene sentido. Las leyes deben, en todo caso, ser las mismas para todos. Yo no quiero leyes que "me reflejen", de hecho, la idea me da escalofríos. De ahí pasa la Silvia al tema de la inclusión, donde asevera que el típico cristiano "excluye" a los que no comparten, no solamente su fe, sino su sistema operativo (Jebus v. 1538.194.62, pongamos por caso). Muy cierto es, como que los Mac Users también excluyen a los güindouseros que da pena. No tienen ustedes idea de lo que he tenido que sufrir por ser usuario de Windows 7. Hasta mi hijo el otro día dijo: papi, no quiero que me vengas a buscar a la escuela, pues ahora se han enterado todos de que usas el Windows y sólo se burlan de mí y me dicen hijo de un pantallazo azul. A lo que yo digo: la exclusión es de los instintos humanos más básicos y arraigados, y todos queremos de algún modo demarcar nuestra cueva, lo mismo que hace la propia Silvia aunque no se dé cuenta. Y no la llamo excluyente porque su encanto personal y su lindura y su frescura me excluyen a mí, viejo arisco, perverso y medio desdentado. Me parece muy bien este tipo de exclusión: cada oveja con su pareja. Además, hay que admitir que la exclusión es prácticamente la razón de ser de cualquier religión. Tener libertad religiosa es, ncesariamente, tener libertad para condenar al infierno a quien te dé la gana y para acumular los puntos que quieras canjeables por vírgenes morenas en la Próxima Vida. Es decir, tiene que haber libertad para ser idiota y repulsivo, no solamente para ser listo y xavierflores. Libertad para todo. Eso es el enunciado impostergable que hemos heredado, medio por milagro, de la Ilustración, y que estamos en peligro de perder, a escala mundial, definitivamente, por culpa en parte de quienes quieren leyes "que nos reflejen", o sea, que santifiquen a la gente linda (abstemia, no fumadora, ustedes completen la lista) y condenen a los demás.

Y lo penoso de esto, lo trágico, es que ahora en Ecuador sólo hay una persona realmente linda (en sustancia y no sólo en accidentes), bendecida por todas las leyes existentes y posibles: el Presidente. Lo demás son percepciones, equivocaciones, mentiras de la Prensa.

Las paredes se van cerrando.

No, no entiendo esa obsesión con ser incluyente. Las leyes, siguiendo la útil distinción de Buendía, sí que nos tienen que incluir, en un Estado de Derecho; las personas, las tradiciones, las culturas no en absoluto, pues llevándolo a extremos, incluir también es disolverse. Una religión "incluyente" ya no es religión; como mucho es fatuo newage (palabra, para mayor ilustración del lector, que se ha de rimar con "sewage"). ¿Para qué "aceptar a Jesús como Salvador" si con ello no puedes siquiera sentir la inmensa satisfacción de poder imaginar al vecino de enfrente aullando en el infierno mientras tú en el cielo estás viendo repeticiones de Jackie Chan en pantalla grande? ¿Para qué sirve la religión, si no es para eso? Y aparte: desde hace tiempo sospecho que la inclusión es una forma de infantilismo. Por circunstancias de mi vida, genéticas, biográficas, lo que fuera, yo desde muy niño me acostumbré a ser excluido (característica que sospecho, sólo sospecho, comparto con el actual Presidente). Sufrí por ello. Pero a estas alturas... no, no diré que me hizo bien. Sólo diré que sin estas exclusiones, no sería yo; sería una persona equilibrada, posiblemente feliz, o posiblemente no, en todo caso socialmente adepto, mucho más in tune, probablemente izquierdoso de esa misma manera elegante y melíflua que la propia Buendía. Es decir que la exclusión me sirvió para definirme, para descubrirme a mí mismo. Bueno o malo, no lo sé, pero sirvió para eso, y por tanto, estoy condenado a aprobarla, porque me va la identidad en ello: en un mundo sin hijueputas excluyentes, sin la posibilidad de excluir hijueputamente, no sería concebible la existencia de seres como yo.

Sólo habría personas felices, toditos toditos con la misma permanente sensación arrulladora de pertenecer a una gran familia feliz. Un mundo en que cada persona se levantara cada día y al estirarse sonriera, pensando: ¡pertenezco a la única raza completamente no fumadora que hay en toda la galaxia! ¿No les da terror eso? A mí sí.




PD Casi me olvido. Que Dilma Roussef haya "tenido que" hacer teatro para demostrar un cristianismo mendaz al electorado a fin de ser votada, ¿qué nos enseña? ¿Lo terrible que es la religión? No: nos enseña únicamente que Dilma Roussef es inescrupulosa, hipócrita, y carente de principios, como algunos ya habíamos adivinado. He dicho.