Friday, September 30, 2011

Información y masaje(3)

Los economistas de la escuela de los trastornados-narcisistas, a más de los gobernantes de similar persuasión, son muy proclives a hablar de los famosos market failures o fallos del mercado. Para ellos, la existencia teórica de estos fenómenos les da un pretexto para interferir en el mercado, o lo que es lo mismo, para acaparar el poder. Su razonamiento: si el mercado no lo hace, o no lo hace bien, el gobierno lo tiene que hacer. Lo que no te dicen es que no existe una sola razón, siquiera en el reino etéreo de la economía teórica, que permita suponer que lo el mercado hace mal, el gobierno no conseguirá hacer peor todavía.

De todas maneras, en el caso de la información, ¿qué es lo que hace suponer que los fallos visibles tengan algo que ver con el mercado? Hemos visto que la descripción de la información como una sustancia invisible, homogénea, universal, algo así como "el masaje", difícilmente se adecúa con la experiencia, que nos enseña la información bajo otro aspecto, como un proceso intelectual que reviste de significado la materia prima, que son simples datos, proceso que habitualmente se replica de diferente manera en el emisor y el receptor, es decir, yo selecciono e interpreto las noticias para ti, tú analizas y criticas mi selección basándote, en parte, en otras informaciones recibidas de otras fuentes. Este proceso, del lado del emisor, se puede ofrecer como servicio, o sea que en principio puede formar parte de un mercado: yo te ofrezco un diario hecho a la medida del ecuatoriano de cierto nivel de ingresos y de determinada ideología política, para que te ahorres tiempo buscando escándalos y lo utilices para reforzar tus prejuicios, o bien, te lo ofrezco como medio publicitario para posicionar tus productos. Habitualmente, en la actualidad, las posibles falencias derivadas de la naturaleza propia de tal información - es decir, su dificultosa apropiación - se suplen con los ingresos derivados de la actividad publicitaria. Es una fórmula que, hasta hoy o digamos que hasta ayer, funciona. Por lo menos, eso parece. Tiene algo de irónico que Correa por un lado sostiene que el negocio de la información no puede ser rentable ("fallo de mercado", recuerdan) y por otro lado esté pidiendo $40m a unos perdedores que se dedican exclusivamente a ese negocio. Si un market failure proporciona ese tipo de ganancias, pues que vengan fallos y más fallos.

Pero claro, no se trata de eso, no se trata de esos cuantiosos ingresos que el negocio permite percibir. Eso, en realidad, es otro motivo más de queja. En teoría, quien intenta suministrar, a través del mercado, un producto con las características de no exclusividad y no rivalidad está destinado al fracaso. En la práctica, sin embargo, eso no sucede, por las razones esgrimidas, es decir, porque lo que se vende no es un intangible producto, sino un servicio. Entonces, para que podamos seguir hablando de un fallo del mercado necesitado de intervención gubernamental, hay que buscar otros pretextos. Uno podría ser la mala calidad de la información proporcionada. Sin embargo, mientras esto puede ejercer el pequeño ingenio de los columnistas del Telégrafo - demasiado cortos de entendederas para reconocer la ironía implícita en tales quejas - como argumento serio, y sobre todo en el campo de la economía, no sirve. ¿Por qué no? Porque en economía, están vedados los juicios de valor acerca de las necesidades y preferencias de los consumidores. Éstos son, simplemente, "given". Para que ese argumento de la "mala calidad" tenga algún sentido, se tendría que demostrar que una necesidad o un deseo de los consumidores, que en teoría podría ser saciado mediante una adecuada distribución de determinado bien, no lo está siendo. Es decir, que la población está pidiendo, infructuosamente, unos productos mediáticos de una determinada calidad, que no existe en el mercado actual. Y con eso volvemos al Telégrafo. El experimento - un diario gubernamental, "público", hecho con fondos ilimitados según la receta del sabio economista, y de una "calidad" infinitamente superior a la de cualquiera de sus rivales (pues evidentemente, "calidad" aquí se entiende como "sumisión al gobierno") sólo ha conseguido una minúscula penetración del mercado, correspondiente a ese segmento que podríamos calificar como el mercado lobotomizado. Lo que demuestra que es muy fácil ponerse a soñar, imaginar maravillosos periódicos llenos de diversidad, de sano entretenimiento, de útiles lecciones, de tronantes "voces excluidas"... hasta que se topa con la realidad de lo que el público realmente quiere. Fin de la lección.

Entonces ¿qué nos queda? Ah, sí, la cuestión del "poder". Esto es la parte más surrealista del argumento de Correa, que por mucho que estemos acostumbrados a escucharlo acá, debe de haber chocado al público de la U. De Columbia. Esencialmente la cosa va así: Los magnates mediáticos tienen demasiado poder. Esto puede dar lugar a abusos. Así que la solución es que los medios estén en manos de quienes tienen muchísimo más poder. De esta manera, terminarán los abusos.

(Para lectores extranjeros: no, no es coña. Así hablan estos incalificables señores.)

En realidad, debe de estar claro a estas alturas que eso del "poder" del magnate de la Comunicación es pura ficción. Si poder significa capacidad de ejercer coercíón (y si no, que me propongan una definición mejor), entonces a estas alturas debe ser claro que el único poder de los señores Pérez es el que posiblemente vienen ejerciendo sobre sus propios empleados. Si tienen algún otro poder, pues ya estaríamos viendo en cadena nacional esos escandalosos casos de personas que han sido obligados, a punta de pistola, a comprar un diario que no quisieron comprar, o a leer una columna que no quisieron leer, o a expresar conformidad con una opinión pese a no estar de acuerdo con ella. En realidad, todas esas cosas son prerogativa exclusiva de los gobernantes. Lo que pasa es que no quieren que nos demos cuenta de ello. Por eso esa extraña proliferación de "poderes fácticos" imaginarios, de cuento de hada.

(De acuerdo, hay columnistas que de vez en cuando discurren sobre el supuesto "cuarto poder". Pura masturbación intelectual. No tiene mayor relevancia.)

Lo que le duele al Sr Correa no es el "poder" de los medios o de sus dueños, que ninguno tienen. Es el hecho de que, en su imaginación, le restan devotos y seguidores. Convence a su público de que el Presidente no es el Mesías. Es decir, influyen sobre "la opinión pública".

Y peor todavía, ¡lo hacen con mentiras y medias verdades! Es decir, ¡copian al propio gobierno!

Aquí es donde a Correa y a sus seguidores les falta un poco de generosidad. Al gobernante se le elige una vez cada cuatro años: el medio se somete a elección todos los días. El político, donde le fallan los argumentos, puede usar la fuerza para salirse con la suya: el medio no. El político puede acaparar emisoras: el medio no. El político puede mandar a su competencia o su rival a la cárcel, o destruirlo financieramente por decreto, o simplemente "confiscarlo". El medio, en cambio, suponiendo un estado de derecho tiene que seguir las reglas del juego establecidas. Se mire por donde se mire, el político, el gobernante, tienen todas las de ganar. Si con todas esas ventajas a su favor, no consigue hacerse con la opinión pública, entonces es lícito preguntar si la culpa estará en sus estrellas o en algún otro sitio.

Fue realmente cómico escuchar, ayer, esa extensa perorata de Correa acerca de la supuesta "rule of opinion". Fue como escuchar a un niño en medio de una intempestiva rabieta. ¿De qué se queja exactamente? ¿De que algunos columnistas expresan opiniones? ¿De que algunas opiniones no le son favorables? ¿De que algunas de esas opiniones originan de unos sujetos que creen que el mundo gira en torno a ellos, y que el gobierno tiene la obligación de escucharles y seguir sus consejos? Si se trata de esto último, de acuerdo, yo también conozco a unos cuantos de éstos: pero por mucho que ellos piensen así, no tienen en realidad ningún poder, ninguna manera de obligar al gobernante a tomarles en cuenta. Por tanto, no existe "rule of"... nada. Se dice que no ofende quien quiere, sino quien puede; asimismo, no te influencia quien quiere, sino a quien le concedes voluntariamente tal "poder". Al parecer, Correa es de esas personas que no son capaces de simplemente ignorar a quien no le quiere bien, sino que deja que la mera existencia de esa persona le envenene el alma. Trastorno narcisista puro y duro. No veo otra explicación.

Y para terminar, eso de "greater citizen control". De nuevo, estamos ante la contradicción flagrante, esquizofrénica: pues ahora mismito el gobierno de Correa está intentando introducir una nueva ley que pretende controlar "el poder del mercado". Siendo economista, se supone que el Majestuoso Ilimitadito por lo menos entiende lo que es el mercado, es decir, un sistema de "citizen control" que hasta la fecha se ha demostrado superior a cualquier otro, en donde cada ciudadano tiene la posibilidad de hacer valer sus preferencias individuales con total libertad, donde las únicas reglas son, primero, que mis preferencias no pueden ser impuestas en otros individuos, y segundo, que no me van a dar algo a cambio de nada. Pretender "controlar" tal sistema desde arriba es una clara señal de que eso del "citizen control" no le convence mucho: por tanto, se ha de interpretar como eufemismo, donde el significado real es "control from above". Tal como estamos viendo todos los días.

Thursday, September 29, 2011

Información y masaje (2)

Cuando yo vivía en España, hace fuuu, una de mis actividades favoritas era ir a la peluquería. Sí, en serio. Me volví tan adicto a este pasatiempo, que la frecuencia de mis visitas pasó del reglamentario (dados mi nacionalidad y género) cada seis meses, a algo así como cada dos ó tres. El por qué, creo que quedó plasmado en una serie de posts en diferentes blogs o newsgroups que frecuentaba por aquel entonces; pero para entenderlo a cabalidad, mejor que primero vean la cinta Le Mari de la Coiffeuse. En el tiempo que duraban mis visitas, yo era aquel niño, aquel hombre feúcho, ensimismado a la vez que extasiado ante tanta inmerecida opulencia de carne femenina entrevista, o simplemente barruntada, a través de esas clínicas y a menudo astutamente escotadas batas blancas. No tuve más remedio que reconocer que mi cráneo reunía un sinfín de zonas erógenas antes insospechadas; y ese descubrimiento mucho tuvo que ver con aquella costumbre practicada por las huríes del lugar, que consistía en llevarte a una especie de lavacaras modificado, con apoyacuellos incluido, donde con el pérfido pretexto de lavarte el cabello te sometían a una especie de terapia de choque hormonal que por falta de una palabra más adecuada denominaré masaje (del enjabonado cuero cabelludo).

Los caballeros lo entenderán: en cada visita, lo primero que pedía era el diario. Y es que cuando tienes la cabeza echada patrás, y los ojos cerrados, y unos dedos femeninos recorriendo con insistencia los más íntimos escondites de tu frenológicamente accidentada testa, definitivamente no es el momento para pensar en el baloncesto, o en la fórmula química del glutamato monosódico (gracias, Anthony Burgess), o en la carrera armamentística de Corea del Norte, o en ninguna de esas cosas con las que uno habitualmente intenta conjurar en diferentes circunstancias el amenazante priapismo. El diario es mucho más práctico y perfectamente resultón. Se coloca cuidadosamente, doblado, en forma de V invertida, sobre el tumultuoso regazo y ya. Asunto solucionado, y a gozar.

Casi, casi, se supondría que para eso precisamente se inventó; o por lo menos, para eso se constata su presencia en todos los locales de trasquile con personal femenino que en el mundo hay. Pero no.

Ni siquiera, dicen, fue inventado para aquella finalidad a la que los ingleses, según secular tradición, lo dedican, verbigracia, el envolvimiento de filetes de pescado acompañados de papas fritas.

No, no, nada de eso. La finalidad del diario es comunicar información. Eso es lo que dice Correa, y como sabemos, él dice siempre la verdad.

Bueno, tampoco es como para parodiarle ni distorsionarle. He aquí lo que realmente dice:

Information, I repeat, is a public good. That is, an economic good that is available to everybody, and its use by one person should not prevent its use by others. In technical terms, these two characteristics are known as non-exclusion and non-rivalry, respectively. The problem of supplying public goods is a well-known problem in economics... And this involves what is known as a market failure. To provide public goods is a market failure. Why? In other words, that market driven businesses will not supply this good efficiently. And nevertheless, economics has hardly conducted any studies at all on the matter of supplying public goods from the standpoint of power. Supplying a public good such as information bestows power. The good or bad quality of information affects all of society. It impacts decision making by the public every single day. ... That is why, in supplying this good, regulations are required to prevent the abuse of power and foster greater citizen control over something than can help or civilly(? ) undermine society.

(énfasis mío)

Acabo de recordarlo. Sí, en aquellas visitas a la peluquería (al gabinete), yo sí consumía información. Pero no puede decir que tal información me fue suministrada eficientemente. Para empezar, y en aras de higiene esencial y simetría capilar, había que quitarse las gafas (los lentes). Con mi grado de miopía, eso representaba un óbice harto dificultoso para la adecuada asimilación de la información proporcionada por el Periódico de Catalunya, aunque ayudaba bastante el estilo casero de ese diario, con su característico apego al uso de diagramas y todo tipo de gráficos explicativos. Pero donde más padecí la falta de información fue en presencia de esas exquisitamente rellenas batas blancas. ¿Qué no quería saber? Desde el teléfono de la chica, pasando por su relación particular con los hombres feos, hasta la ecuación polinomial de segundo grado adecuada para describir la oculta curva inferior de esos senos celestiales vistos de reojo, más allá del borroso mapa de Kosovo. En momentos como ése, de epifanía que diríamos, todo deviene información, y todo es a la vez falta de información: pues el trabajo del cerebro, cuando está despierto, consiste en transformar datos en información mediante la asignación de significado, un proceso para él tan nativo como es la fotosíntesis para las plantas.

Resumimos. Según nuestro ilimitado oráculo, la información es algo que el mercado nos puede suministrar, o tal vez no, pero en ningún caso eficientemente: "market failure". Siendo esta cosa, o sustancia, o como quieras llamarlo, "un bien", del cual todo el mundo debería gozar. A este alto nivel de abstracción, creo que estaríamos justificados en postular como complemento conceptual, relevante en el caso citado (el de los gabinetes) y a guisa de comparación, otro bien público como es el masaje, pues en principio satisface los mismos criterios, es decir, los de no exclusión y no rivalidad, respectivamente: si me dan un masaje eso no significa que quede menos masaje para ti, ni que sea menos probable que te dén uno, aunque tal vez no sea la misma chica que te dé. Y de acuerdo que en uno y otro caso, el mercado, el dichoso mercado, fracasa estrepitosamente, pues si bien hay muchas formas de masaje y muchos lugares donde puedes conseguir uno, la distribución global de masajes en nuestra sociedad dista mucho, flagrantemente diría yo, de ser Pareto optimal. Sobre todo los del cuero cabelludo, de que no he vuelto a gozar desde que abandoné ese lujoso y sensual país. Ah, y además, "masajear confiere poder". (Pregunten si no a la que, al segundo año de estar yo acá en Durán, casi me rompe la espalda. Creo que se llamaba Hotty. No se rían.) Y si algún político está leyendo esto: sí, evidentemente, estoy diciendo que el gobierno debería tomar cartas en el asunto. Urge crear una Ley de Masajes, que garantice el acceso equitativo de todas y de todos a algún tipo de fricción corporal placentera, y castigos para quien tenga los pulgares callosos. Es la única solución.

Fuera de coña: ¿lo será?

Si una cosa se puede decir de Correa sin temor a equivocación, es que él odia los periódicos como yo la remolacha. No los aguanta cerca de él. Lo encuentro muy respetable. Todos tenemos nuestras betes noires. Pero el deceso del diario impreso en los países avanzados, que considero inminente, a mí personalmente me inspira una indecible nostalgia. Crecí con ellos. Me sirvieron para tanto: los usos detallados arriba, amén de las crucigramas de Araucaria en el Grauniad, sobre todo las de Navidad que eran soberbias en su cripticidad (¿existe?). Una amiga colombiana que trabajaba en los campos en Murcia los usaba para forrarse la ropa en aquellas heladas madrugadas. Para limpiar ventanas no hay nada mejor. El ya difunto News of the Screws, de Murdoch, era imposible de leer con fruición (la morfología pectoral femenina no se traduce bien en los colores simplificados de las imprentas de Wapping) pero tenía el tamaño perfecto para forrar la bandeja de arena de los gatos (que también era tabloide). Los gazapos tipográficos, sobre todo los del Grauniad, eran una fuente de hilaridad sin parangón en el mundo civilizado. Y encima de todos estos valiosos usos, como quien no quiere la cosa, te daban las noticias del día. De una manera torpe, a veces, sesgada, sensacionalista, incompleta, burda, pero te daban las noticias. Y eso, sin gobiernos de por medio, sin leyes de comunicación ni nada de nada. Puro mercado. Así que, a este nivel ahora no tan abstracto pero sí superficial, el mercado parece que algo hace. El problema, empero, y siempre según el Oráculo, es que ese mismo mercado no lo hacía entonces, ni lo puede hacer nunca, "bien", "eficientemente". ¿Bien según los criterios de quién? Y ¿cual es la alternativa? Estas fascinantes preguntas tenía intención de explorar aquí y ahora, pero veo que tengo sueño. Será para mañana.

Información y masaje (1)

De nuevo me veo obligado a rectificar. En una entrada anterior, describí como macarrónico el inglés del Presidente Correa, basándome en recuerdos de grabaciones cortas de hace tiempo. En cambio, y en honor a la verdad tengo que decir que cuando por fin pude escuchar por YouTube la conferencia que dio el Majestuoso Ilimitadito al World Leaders Forum de la U. de Columbia, me quedé impresionado tanto con la corrección gramatical, estilística y léxica como con la fluidez de que hizo gala el mencionado sujeto en un discurso que, si bien no era muy largo, lo era en suficiente medida como para descartar la posibilidad de que lo haya aprendido de memoria (salvo que tenga unas dotes mnemónicas bastante excepcionales, de idiot savant, digamos). Tampoco se notaba el uso de ningún aide-mémoire, en forma de teleprompter, poya u otro. Otra cosa es la pronunciación, que calificaría de execrable, y que en algunos momentos sospecho haya dificultado la comprensión para alguno de los asistentes, aunque tal vez no de manera significativa (lovesuit por lawsuit... bueno, pasa). Los tropiezos fueron poco frecuentes, y sería de más destacarlos. En suma, una actuación, en lo tocante a las formas, si no estelar, perfectamente respetable.

El contenido es otra cosa. Pero antes de pasar a comentarlo, es interesante siempre observar la reacción del público (que no fue enfocado en ningún momento por la cámara, por lo que solamente se pudo inferir por voces, aplausos, o ausencia de los mismos, y las preguntas al final). El Augusto Caudillo fue presentado al foro por el anfitrión, el Pres. de la Universidad Lee Bollinger (PrezBo para sus incondicionales), como un gobernante que había conseguido importances avances para su país en materia de reducción de la pobreza, construcción de carreteras y estabilidad política. Silencio. A continuación, Bollinger dice que hoy, en Ecuador, Correa "sigue siendo un líder popular y admirado por muchos". En ese momento se escucha una reacción yo diría que cortésmente escéptica. Algo así como unas risitas sofocadas (0:03:30-33), que interrumpen momentáneamente el discurso de bienvenida. El anfitrión esboza una sonrisa levemente irónica, como autodisculpándose, y a continuación, se refiere a algunas "críticas" que Correa ha recibido (risas mas fuertes) por su tratamiento de los medios impresos y emisoras en Ecuador. Es evidente que una parte del público algo sabe o algo ha escuchado acerca de este tema controvertido. A partir de este momento, empero, los asistentes a lo largo del discurso mantienen un silencio respetuoso. Incluso hay algún susurro de aprobación, o leve tentativa de aplauso ante ciertos enunciados, por parte (es mi impresión) de una minoría de asistentes. El tenor de las preguntas con que se concluye la sesión revela, con mayor claridad, que entre los asistentes hay quienes, sea por supuestas afinidades ideológicas, sea por los argumentos del propio discurso, sea por otro motivo, consideran a Correa como un interlocutor serio y solvente. Sin embargo, quienquiera se someta con frecuencia a esa ordalía que es el discurso en público sabe que no hay peor pesadilla para el conferenciante que el chiste mal recibido. Correa no se atreve a muchos brotes de humor, pero los que sí ensaya son recibidos con un penoso silencio. "As you well know, I am myself an economist," espeta, "yet... I am still a good person". Sigue ese incómodo silencio, algo de bullicio nervioso, ese frufrú de piernas que se descruzan y se vuelven a cruzar, de quienes se saben invitados a reir y no aciertan plenamente a transformar, a petición expresa, la vergüenza ajena en hilaridad. Pues si algo saben los asistentes a esta conferencia, o por lo menos deben saber, es que quien se dirige a ellos es todo menos "a good person". Le asistirá el carcomido derecho de su país, tal vez, como él insiste. Habrá sido, quizá, como él sostiene, calumniado. Será verdad (¿será?) que los medios de su país constituyen, como él afirma, una poderosa oligarquía. Pero no deja de ser cierto que él es un hombre que manda a la cárcel, caprichosamente, por tres años, a tres hombres inocentes. A tres personas que no escribieron nada, ni dijeron nada en contra del "honor" de nadie. Y desde luego, en todo su discurso, el propio Correa se cuida muy bien de referirse a esos tres hombres, ni de intentar justificar el absurdo legal que conforma su demanda contra ellos. Si alguien por inocente equivocación hubiese creido que todos los cuatro acusados en el caso El Universo fueron los autores de sendas calumnias maliciosas, nada en el discurso ni en la sesión de pregunta y respuesta posterior le habría desengañado de esta noción.

Para quien desee un resumen aséptico y pormenorizado del contenido del discurso, olvídense de esta entrada, éste me parece les ha de satisfacer. Las money quotes ya fueron desentrañadas por la prensa nacional (véanse: Telégrafo, Universo, etc), y no sorprenden, pues lo expresado aquí está muy en la línea de los argumentos ya ensayados en torno a la Ley de Comunicación, entre otros focos de controversia. La cita destacada en la página antes referida, en cambio, es ésta:

Ustedes critican al presidente, y nada les pasa. Ustedes maltratan a un perro, y van a la cárcel. ¡Interesante país!

De nuevo, un intento fallido de granjear alguna risita de complicidad de los asistentes. ¿Por qué no se ríen? Quizás porque lo destacado por Correa no es, para ellos, una pintoresca idiosincrasia gringa, ni un absurdo llamativo, ni una vistosa paradoja tal como el ponente entiende. Es simplemente algo normal en cualquier país que se precie de civilizado. El trato a los animales demuestra, se supone, algo de loable humanidad sentimental; y el trato a los presidentes demuestra que allí, en ese "interesante país", por lo menos queda algo de conciencia de que el Presidente no debe ser un semidios encombrado de privilegios, ni merecedor de ellos, sino todo lo contrario, es un sirviente público, depositario de responsabilidades de una importancia y gravedad tales, que la susceptibilidad ante la crítica - incluso ante la mentira - sería un rasgo sencillamente descalificador para el puesto. Tanto aquí como al principio, cuando el Caudillo recibe su vasito de agua y su servilleta de mano de unos flunkies tan obsecuentes como (en el primer caso) pintorescamente ataviado, Correa se enmarca inocentemente en el peor estereotipo gringo del dictadorzuelo latino, para quien el privilegio, la exagerada deferencia, y la muda obediencia de cuantos le rodean, son consustanciales con el altísimo y majestuoso cargo que ostenta.

Y hablando de deferencia...

Lo primero que dice Correa en su discurso es que Bollinger "está equivocado". Equivocado, porque "el pleito que yo seguí contra diario El Universo no utiliza ninguna ley especial que proteja a funcionarios del gobierno, no: es la ley común que protege el honor, la dignidad, excétera, de cualquier ciudadano". He aquí lo que dijo Bollinger:

"Students of the jurisprudence of free expression will recognise Ecuador's laws as another form of seditious libel".

O sea que en ningún sitio dice aquello que le atribuye Correa, acerca del pleito contra el Universo, específicamente, sino que hace una constatación general de que "las leyes ecuatorianas" amparan "otra forma de" la figura de "difamación sediciosa", es decir, del archiconocido desacato. Cosa bien cierta, como todos sabemos. Tan cierta como que, en esta instancia, el propio Correa no dice la verdad, pues en su propia demanda, se lee lo siguiente:

...solicito muy respetuosamente, que se digne [palabra ilegible: ¿dictar?] la sentencia en contra de EMILIO PALACIO URRITIA, CARLOS NICOLAS LAPENTTI, CARLOS EDUARDO PEREZ BARRIGA y CESAR ENRIQUE PEREZ BARRIGA, declarándolos autores del delito tipificado en el artículo 489, en concordancia con los artículos 491 y 493 del Código Penal...

... Los actos dolosos, intencionados y deliberados descritos... constituyen el delito de injurias calumniosas con los agravantes estipuladas en el artículo [ilegible] del Código Penal, numeral 1, 4 y 6, ... además que al estar dirigidas a mi persona ya que s[ilegible] autoridad, conforme al artículo 493 del Código Penal deben ser sentenciados y reprimidos con la máxima pena que es de 3 años de prisión por las injurias calumniosas.

Ahora: un vistazo al Código Penal revela que el mismo delito de injurias calumniosas recibe diferentes penas según sea el ofendido un simple ciudadano (art. 491) o una "autoridad" (art. 493). En el primer caso, la pena máxima es de 2 años; en el segundo, de 3. Entendámonos: si Correa, tal como viene diciendo últimamente, "no quería meter preso a nadie", sino sólo "sentar un precedente" para envalentonar a los simples ciudadanos injustamente calumniados por la malvada prensa corructa, pudiera haber pedido entre 1 año y 2 años de cárcel, estando dichas penas acordes, eso sí, con ese dichoso art. 493 pero a la vez dentro del límite de lo que "cualquier ciudadano" pudiera exigir. Pero no: su rencor, su odio y deseos de venganza fueron tales, que no pudo menos que pedir ese privilegio especial de las autoridades de ver pudrirse tras las rejas a sus enemigos un añito más. En fin. A lo que voy, es que si bien Bollinger le merece el calificativo de "wrong" (equivocado), no así el segundo interlocutor en la sesión de preguntas y respuestas, que es acusado, por una supuesta inexactitud terminológica ("opinión" vs, "mentira", ya llegaremos), de "mentiroso". ¿Qué es lo que demuestra esta diferencia de trato?

Estoy abierto a opiniones y aclaraciones. Confieso que más de una vez me he sorprendido con la ligereza y la presteza con que, tanto en Ecuador como en otros paises latinos, se suele calificar al adversario dialéctico de mentiroso, con la aclaración posterior de que algo dicho por él no es cierto. Y digo que me sorprende porque, a mi modo de ver, no es lo mismo estar equivocado y mentir. El mentiroso sabe que lo que dice no es cierto: el equivocado no lo sabe. Lo primero conlleva una crítica moral; lo segundo, no necesariamente (a veces sí, si del equivocado se le espera mayor dedicación en la búsqueda de la verdad: ya volveremos sobre eso). Sinceramente, a veces estoy tentado a creer que mucha gente no entiende esta diferencia, o que no les importa. Mentira, para ellos, es cualquier afirmación que no sea cierta, independientemente de si se hizo o no de buena fe. Y tal vez hay casos, hay situaciones en que a efectos prácticos da lo mismo. Pero hay casos que no. Quien me dice que estoy equivocado puede ser un amigo (muchas veces, lo ha sido) y por tanto, merece ser escuchado. Quien me acusa de mentiroso, salvo que yo mismo esté obligado, en mi fuero interior, a reconocer lo certero de la acusación, no es, en cambio, ningún amigo. La acusación de mentiroso, lanzada en circunstancias donde cabe una interpretación más generosa, es una agresión verbal, un modo de sembrar cizaña, de polarizar, de declarar la guerra. De modo que, una de dos: o la cultura latina encuentra en Correa un fiel exponente, y el inventor de alambicadas e inútiles distinciones soy yo, o bien por el mismo pecado de decir cosas supuestamente inciertas, un respetable Presidente de una respetable Universidad merece un castigo verbal sensiblemente menor que el apropiado para un don nadie como Lauría. ¿Obsecuencia? ¿Esnobismo? Ustedes decidirán.

En el resto de este artículo quiero profundizar en algunos temas tratados en el discurso de Correa, sin pretender, repito, resumir cabalmente todo su contenido. Mejor que arranque, para eso, en otro post, algo más adelante. Me he quedado sin tabaco.

Wednesday, September 28, 2011

Adolecientes

Tengo una hijastra, de casi-trece años, que "quiere" un "Blackberry". El entrecomillado alrededor de la dichosa marca es cosa mía (ya lo dije, soy raro); el otro se vuelve obligatorio tratándose de un ser de casi-trece años, y más, de una hembra, y más, de una ecuatoriana criada a la sombra de la Revolución Ciudadana. Con todo esto en su contra, ¿cuáles son las posibilidades de que, más allá de hambres y caprichos anecdóticos y efímeros, haya conseguido en algún momento, a su edad, querer algo? Ella misma lo dice: "quiere" el "Blackberry" solamente porque "todos los compañeros tienen uno" (sospecho que aquello de tener "Blackberry" entra a formar parte de la definición de compañero, así que estamos tal vez ante una redundancia; al escuchar estas cosas siempre me pongo a imaginar con nostalgia a aquel infeliz que por no tener lo que todos se ha vuelto social y estadísticamente invisible, fantasma de patio de recreo, es decir, embrionario individuo). Peor aun: cuando le interrogué a la niña sobre su ídolo del momento, un tal Justin Bieber (ella también le reserva un espacio en su promiscuo corazón para los hermanos Jonas y otro señor Zac nosécuántos), con el comentario de que el tal Bieber parecía una niña "con ese peinado", ella me miró con majestuoso desprecio para señalarme que "era la moda". Lo cual le acerca momentánea y yuxtapuestamente a otra hembra ya crecidita, allá en España hace como doce años, quien al acceder a "salir con"migo descubrió enseguidita la urgente necesidad de comprarme un bañador nuevo, de color lila, pues aparte de que las tiendas apenas ofrecían otro tono era lo que "se llevaba" aquel año, eso y el verde clarito, y si lo recuerdo tan clarito es porque apenas pude sobreponerme del susto de acercarme con ella en su flamante Suzuki Swift a la playa de Castelldefels y ver a todos toditos luciendo bañador y toalla en esos dos colores. La asiduidad con que los españoles, o tal vez mejor sería decir los españolitos (ya saben, los actuales indignadillos) siguen la moda (hasta en lo de indignarse) siempre me parecía cosa tierna, a más de gozosa a veces. Y es que dio la casualidad de que el mismo año en que llegué a España, estaba de moda la minifalda de cuero negro, y cuando digo estaba de moda, esto en España se entiende como que toda mujer debe llevar esa prenda, so pena de volverse invisible o perder el derecho de ser considerada mujer. El resultado era una fiesta para los ojos, si se admite que no todas las fiestas se organizan sobre la base de la diversidad o del buen gusto. En fin: de esa novia también aprendí alguna costumbre que se me ha quedado, como ésa que consiste en meterse la camisa dentro del pantalón para a continuación agarrar los lados de la camisa justo encima de la cintura y tirar, aflojando la camisa para que se pierdan los contornos de la barriga dentro de una distendida superfluidad de tela, lo que siempre he supuesto es una costumbre española equiparable (en cuanto a su colorido costumbrismo) a esa costumbre que aun perdura en el norte de Inglaterra, de meter la camisa dentro del calzoncillo para que éste se vuelva visible a ratos por encima de la cintura del pantalón, lo que hace que el inglés norteño (Watford Gap Services para arriba) sea tan identificable como el ecuatoriano inmigrante en España con su sempiterna gorra de beisbol. Y ya que estamos con los estereotipos nacionales: se me hace que yo mismo me vuelvo muy predecible en el momento de vanagloriarme, como todo inglés, de mi absoluta falta de pulcritud indumentaria, de mi vistosa fealdad, del desarreglo de mis dientes, de mis malos hábitos alimenticios, o incluso de mi incapacidad para recordar la ubicación de una isla en donde fui procónsul imperial durante diez años (el ejemplo es tomado de George Mikes, satirista de una sociedad desaparecida: yo nunca fui procónsul, ni ganas). Este tipo de reverse psychology elemental, en que uno se colma de epítetos deshonrosos con el fin de demostrar que, por lo menos, no ha sucumbido a la mayor ridiculez que puede padecer ser humano alguno, la de enorgullecerse por algo, ha demostrado ser, de todas las virtudes inglesas, la de más difícil exportación aun en época imperial y colonial. Así, mis alumnos me miran con algo de incredulidad cuando me lanzo a criticar la comida inglesa, o el mal gusto con que nos vestimos: no entienden que para el inglés, vestirse bien es señal inequívoco de una mente superficial, comer bien hacer presumir sibaritismo, y el peor epíteto que se le puede endilgar a una persona (Mikes también se da cuenta) es llamarlo clever, es decir listo, inteligente, pero inteligente de una manera vistosa, vulgar y limitadita, por no decir pérfida. Para esos alumnos, criticarse a sí mismo, o a su país, extensión de su identidad personal (pobrecitos), es indicio de trastorno. Bueno, tal vez lo sería si la autocrítica no fuera una manera indirecta de echarse flores. O tal vez no.

La niña, entonces, con sus casi-trece, está entrando nolens volens en la etapa de la adolecencia, es decir, en la que uno no hace más que adolecer, de ser o de sentirse pobre. De momento adolece de falta de Blackberry (y de Justin Bieber); más adelante, de otras agonizantes carencias: la de una buena nota en matemáticas, por ejemplo, o de una vida social que se adecúe con su condición de princesa. (Ahora se es princesa automáticamente a esa edad, con tal de lucir chepa, palabra de Disney: eso de inflar sapos hasta convertirlos en príncipes y desinflarlos, usando sólo la boca, de diferentes maneras, son simples perfeccionamientos posteriores, de finishing school, digamos.) Ahora, el hecho de que los ídolos propios de la edad se parezcan cada vez más a ositos de felpa (Bieber se me antoja más peluche que otra cosa) o a esas creaciones andróginas estilizadas con que las chicas decoran las páginas finales de sus cuadernos en las clases de inglés, no es tan de extrañar: es simplemente el mercado que acierta cada vez más en descubrir los secretos gustos del consumidor. Ya en los sesenta tuvimos a unos peluches, los Beatles, que se ganaron la fama y la adulación del público femenino como "lovable mop tops" y sólo más adelante tuvieron el descaro y el mal gusto de mostrarse buenos compositores (en esos años todavía era posible conjugar talento musical con éxito comercial). Lo perturbador no es eso, sino observar que se quiere eternizar la época de la adolecencia. Es decir, se nos quiere, ya para mil años, como seres sociales. O dicho de otra manera, se ha puesto de moda la moda.

Hasta el punto que una conocida empresa eléctrica se atribuye la generación de energía social (se me rechinan los dientes cada vez que escucho eso. Entiéndanlo, todavía hay lugares donde social es una palabrota de las malas malas).

Quark Schiz, en su blog (entre los dos o tres mejores de la ecuablogosfera, para mí), cita a Ayn Rand en el sentido de que la "búsqueda de lo inmerecido es la esencia misma de cualquier colectivismo". El mecanismo, al parecer, es así:

- "Quiero" un "Blackberry".
- Tendrás uno cuando saques buenas notas. (Por lo menos en las asignaturas serias. Tienes licencia para sacar pésima nota en "Preparación para el Amor".*)
- Pero Carlitos tiene las peores notas y él sí tiene "Blackberry".
- Tendrá padres cojudos. O pelucones.
- Eso no es justo.

Y así, arranca la Búsqueda de la Solucíón Justa. Primera opción: que todos los papás sean cojudos. Darwinianamente inviable. Segunda posibilidad: que todos sean pelucones. Económicamente inviable. Tercera alternativa: que ninguno lo sea. ¡Ajá! Eso ya suena más factible. Si no hay "Blackberry" para todos, no debe de haber para ninguno. Y en ésas estamos. El glorioso amanecer del Buen Vivir, en que la miseria se reparte con escrupulosa equidad, para que nadie padezca el peor de los tormentos, que es saber que otro tiene lo que uno no.

Yo propongo otra alternativa. Se llama madurar.




* No es coña. Al parecer, esta asignatura no tiene nada que ver con el uso del condón, sino que es una variante de lo que en mis tiempos decían Religión.

Tuesday, September 27, 2011

El ciudadano invisible (1)

De su infancia, recuerda palos y paraisos.

En su juventud, chupó.

Ahora vive en un lugar llamado martirmonio. Su religión profesa es la de hacer cuadrar, un poco como sea y ahorrando esfuerzos donde puede, los números que permiten comer a él y a su familia. Por cierto le quedan algunos restos de valores, en el fondo de la nevera, mohosos: sabe que ni por hacer cuadrar mejor asesinaría, violaría... pero ya, a su edad, los valores activos difícilmente se distinguen de los pasivos, de la cobardía o de la pereza. Secretamente, agradece el hecho de que ser inofensivo, ser bueno, sea la opción más fácil y la más acorde con ese permanente cansancio que le persigue como oficioso acreedor. Tiene la vaga sensación de que este hecho es algo extraordinario. Lo atribuye a alguna estructura confusa y difuminada que él llama "sociedad".

Le encantaría tener algún vicio, y está abierto a todos ellos, pero a diferencia de antaño, no le vienen a buscar, y él ni sabe dónde viven. Los más asequibles están ahí, dándole la espalda, justo a unos centímetros más allá de su poder adquisitivo. Envidia a quien le sobren centavos para tomarse una botella los viernes por la noche. Son los únicos a quienes envidian. Las aspiraciones de la mayoría son incomprensibles para él

Todavía recuerda (pero cada día menos) ese país que antaño visitaba con frecuencia, el de las mujeres. Ahora ni en sueños se ve posibilitado para volver a visitarlo. Sólo le queda como souvenir esa esposa, que como todo souvenir, en lugar de estimular el recuerdo lo neutraliza y trivializa. Amar, para él, se quedó en agradecer que te aguanten.

Se siente atrapado, como muchas veces antes en su vida, pero esta vez sabe que es hasta la muerte: los números así lo decretan. Lo encara bien. Intenta aprovechar al máximo su talento para gozar cada vez más de cada vez menos. Un descanso de cinco minutos entre trabajo y trabajo, la posibilidad de estar solo y de pensar, sin tener en qué, ha devenido en horizonte de su ambición.

Monday, September 26, 2011

La quema del Reichstag

El día 27 de febrero del 1933, se produjo un incendio en el edificio del Reichstag, es decir el parlamento alemán. 

Se detuvo inicialmente a un ciudadano, Marinus Van der Lubbe, que estuvo presente cerca del edificio cuando llegaron los equipos de bomberos, por su presunta implicación en el acto, ya que no cabía duda de que el incendio había sido provocado. Van der Lubbe, de nacionalidad holandés, era militante del Partido Comunista, que en unas elecciones recientes había granjeado un 13% del voto popular (y 17% de escaños), frente al 30% del entonces Canciller (Jefe del Ejecutivo, aunque no del Estado), un tal Adolf Hitler: quien, a pesar de su reciente victoria electoral, se enfrentaba a una incómoda situación de debilidad parlamentaria, con la posibilidad de una "muerte cruzada" y otras elecciones inminentes.

Abrazándose a la teoría de un supuesto putsch (golpe de estado), y a pesar de las nulas evidencias a favor de esa teoría, Hitler insistió en la detención de cuatro miembros destacados del Partido Comunista alemán como presuntos conspiradores. De hecho, el mismo día del incendio él se había personado en la escena (en un carro oficial) y apenas había esperado unos minutos antes de hablar, con ademán entre enfurecido y extasiado, de traición a la patria y de un complot comunista.

En el juicio que siguió, sin embargo, el acusado Van der Lubbe insistió que no había complicidad con nadie, y que su acción había sido una simple protesta. El juez, Dr. Wilhelm Bürger, declaró culpable a Van der Lubbe (que posteriormente fue ejecutado), pero los cuatro acusados por Hitler fueron declarados inocentes, ya que no había evidencias que los incriminaran.

Este resultado enfureció a Hitler. Entre sus primeras reacciones, denunció la "justicia corrupta" del país, y metiendo mano hasta el codo, estableció por decreto un nuevo sistema judicial, conocido por Volksgerichtshof (Cortes Populares) con jueces nombrados por el Regimen, que pronto se distinguieron por su absoluta servilidad ante la voluntad del Führer. De hecho, uno de los más sonados casos involucró a los autores de un panfleto que llamaba "dictador" a Hitler y abogaba por una resistencia no violenta al Regimen.

Los historiadores todavía discuten acerca de la autoría del incendio, aunque las evidencias más persuasivas apuntan a que, tal como dijo, Van der Lubbe había actuado solo, y que la cosa había originado en una simple tentativa de protesta. De lo que no hay ninguna duda es el beneficio que este caso le supuso a la causa Nazi. A pesar de su intención expresa de aprobar una Ley Habilitante que le otorgara poderes ilimitados a Hitler, a través de la quema del Reichstag pudieron presentarse como defensores de la institucionalidad en contra de poderosos enemigos que buscaban desestabilizar el país. Además, a raiz de este evento se suspendieron algunas garantías constitucionales bajo la figura del estado de emergencia, se instauró la censura, y se inició una persecución sin precedentes contra los opositores al partido de Hitler.

Referencia: wikipedia

Sunday, September 25, 2011

Mi limón

Mi limón, mi limonero,
retuérceme la sonrisa:
frente al olvido entero
me gusta más la desdicha.

Un inglés dijo: "Yes, yes,
avasállame, te lo exijo."
Y con nacional cojudez,
"hazme un francés", dijo.

Hola, la soledad
de quien por besar a Helena
ha vendido su libertad.
Me siento malo, Morena,

pues que haga lo que haga
no la saco de mi cabeza:
hinchada, morena, la llaga
de su recuerdo me apresa.

Si no le paro, Morena,
bola, es porque estoy
en el Laberinto de Mena
ni sé adónde voy.

Voy, voy a callarme.
Estas solas muecas, espero
no hagan pensar a nadie
en ningún limón limonero.






El Libro Sagrado

Los ves en los colectivos (para lectores españoles: autobuses) a cualquier hora. Suelen vestir formalmente, siguiendo la moda de hace medio siglo. Peinados pulcros y funcionales, caras un tantico asustadizas, pasmadas, o simplemente miradas perdidas. El enfoque de la cámara, forzosamente, baja a sus manos e inicia un lento acercamiento hasta quedarse en un primer plano de esas fascinantes extremidades. Los dedos, largos y delgados, palpitan, crepitan como oficiosos recuerdos, y se aferran más al Libro, el cual, a su vez, parece agradecer ese cobijo y acurrucarse más en esas finas articulaciones. Entre el Libro Sagrado y su portador humano hay un entendimiento íntimo, mucho más profundo que lo que el avezado matrimonio pudiera alcanzar. A veces incluso cuesta creer que el Libro sea, tal como afirma Dawkins, un parásito, que utiliza a los seres humanos cínicamente para reproducirse y propagarse. ¿Podemos llegar a depender, nosotros también, de nuestros parásitos? A mí me han dicho, de fuentes fidedignas, que en el Cielo hay psicólogos angelicales dedicados a socorrer a los que sufren del llamado "síndrome de desbiblificación", es decir a los que se resisten a aceptar que, una vez llegados a la meta, ya no sirva de nada la hoja de ruta; o que ese hermoso Libro no fuera más que un simple manual de instrucciones, ya,. en el Paraiso, caduco. Para ellos, quizás, el Libro que advierte contra los ídolos siempre fue el único ídolo que se permitían adorar.

Y lo cierto es que, puestos a elegir entre las tentaciones del amor terrenal y la oscura seducción del Libro, éste tiene casi todas las de ganar. Hasta la pareja más atenta y recursiva no siempre acierta en tus estados de ánimo: el Libro sí. Hay versos para cada ocasión, para cada dificultad, para cada nuevo reto, para cada chubasco interior. Y si son difíciles, muchas veces, de encontrar, eso no es sino parte de la seducción, pues ya se sabe que la desnudez aburre donde la provocación triunfa. Encantador el hecho de que, para encontrar una ternura, un guiño cariñoso de parte del Todopoderoso, tienes que ir a buscar esa perla en medio de lo que aparenta ser la yerma crónica de un reyezuelo. El Libro es, además, personalizable, pues cada uno de esos devotos lectores pasajeros en los 17 (Durán-Guayaquil) tiene marcados diferentes versos de diferente manera: y he aquí que el mismo Isaías 55:1 le merece a uno un marcador amarillo, a otro uno verde musgo, a otro el servicial naranja; pues para el uno es profecía, para otro, palabra de consuelo, y para un tercero, manual de cómo colarse en los cocteles al aire libre de las instituciones de educación superior locales para hacerse con los bocaditos amorosamente brindados por la Escuela de Catering. La opacidad es, en suma, requisito sine qua non de cualquier Libro Sagrado que se respete. Un Dios que esté viendo de cerca el proceso digestivo de una musaraña, al tiempo que atiende tus egoistas demandas y a las de tu director de banco, e intenta recordar que hay que ajustar los calendarios en el año 4882, no va a ver las cosas de la misma manera que uno cualquiera. Más se parece a ese profesor distraido que, en medio de una explicación sobre la fotosíntesis, descubre un tren de discurso que lleva hacia el Sitio de Badajoz pasando por la glándula pineal cartesiana. El lector hambriento de teleología no encuentra en ningún sitio el por qué de todo (para eso están los catecismos y las varas de mimbre), pero de generación en generación se renueva la invitación a entreverlo a través de mosaicas historias de hombres soñadores, de mujeres abnegadas, de trágicas equivocaciones, de épicos destinos. Para ser sagrado, el Libro no necesita ser inmenso; pero en la medida en que renuncia a serlo, se ve obligado a revestir mayor misterio y opacidad. Sin duda se podría resumir la Biblia en diez folios; pero el resultado sería una monstruosidad cifrada que dejaría atrás hasta el ingenio de un Mallarmé, de un Nerval o de un Ezra Pound.

Ahora dicen que el Libro ha pasado a la historia. Tal vez este país se ha adelantado a la historia enterrándose en el pasado. Nunca descubrió, por lo que veo, y con la salvedad heroica de esos pasajeros de autobus, el hábito de lectura. Coqueteó con la novela (Cumandá, es momento de confesarlo, a mí me dejó frío) sin encontrarle el qué. Devora bulímicamente opúsculos de autosuperación para no autosuperarse. Compra revistas con intención de leer los artículos, pero se queda con los titulares y con la modelo de la página 11. El profesor universitario ya está acostumbrado a escuchar, cuando pide una reseña "de algún libro que Ud. haya leído": pero profe, nunca he leído un libro. Más sorprendente que el hecho en sí, es que lo digan con toda naturalidad, hasta con cierta actitud de compasivo desdén. Está claro que piensan que el libro es algo obsoleto, como las máquinas de escribir, los calzoncillos apretados o las melodías, y que quien lo lea pertenece en un asilo de nostálgicos ancianos. Y será así hasta que alguien consiga escribir el próximo libro sagrado.
 
Ya va siendo hora. Los libros sagrados de ayer ya no sirven, la realidad los vence con una sola mano escojan el arma que escojan. Pero el desafío es terrible. Quien lo acometa tendrá que ser inmenso, como Shakespeare, y saber, como los doctos traductores del King James Bible, de ritmos y cadencias un buen rato. Tendrá (también como Shakespeare) que inventar una cuarta parte de las palabras que utiliza. Tal vez tendrá (en la tradición de los libros sagrados: la Biblia, las Mil y Una Noches, la Celestina) que ser varias personas. La escritura colectiva, la tradición oral del romancero y del épico, están por redescubrirse. (Algo de tradición oral se encuentra en los autobuses guayaquileños, donde cada vendedor intenta afinar más sobre lo heredado, ese "voy a pasar por ca'uno de sus respectivos asientos", ese "pero no vengo con las manos vacías", "no me dehen con la mao estirá", "su educación vale má que su dinero", etcétera: con el tiempo se vislumbra un verdadero poema, pero se pierden, de momento, en la perenne tentación castiza de la prolijidad y de la redundancia: "Ustedes se preguntarán cuánto le vale, cuánto le cuesta" y lo peor de todo, la muletilla del "lo que es": "He subido a lo que es este medio de transporte, a pedir lo que es una ayuda, después de estar perdido en lo que es el mundo de las drogas, confiando en lo que es su educación", &c. Tal vez todo esto se justifique por consideraciones prosódicas, ahí no me meto. Soy de fuera.)

Si los jóvenes de hoy pueden prescindir de los libros, bien por ellos. Tienen, a fin de cuentas, sucedáneos prometedores: el Interné, las redes sociales, las telenovelas (no se rían: Dickens escribió para revistas hebdomadales o mensuales, para un público novelero, y muchas veces, como en las telenovelas, los argumentos se fueron construyendo sobre la marcha en función de la reacción del público). Sólo digo que yo no podría. Y no es que lea mucho últimamente: no hay tiempo, y en este país tampoco hay cómo acercar esos productos suntuarios, con sus exorbitantes precios, al público de clase media-baja, de precarios ingresos. Pero tengo que reconocer que, de joven o de niño, heredé mi sentido de humor de Mark Twain, mi sentido trágico de la vida de Shakespeare, TH White, Dostoevsky y Graham Greene, algo de mi noción de individualidad de George Eliot; el deleite de lo pintoresco dentro de lo grotesco lo descubrí en Dickens, el poderoso imán de la excentricidad en Poe, en Sterne y en Alfred Jarry. Mis nociones de moralidad y de ética derivan en principio de Nathaniel Hawthorne, para quien la frialdad calculadora era el peor pecado humano, con glosas significativas de EM Forster y de DH Lawrence (a pesar de las tendencias criptofascistas de este último) y tal vez de Leopoldo Alas. Descubrí en las epopeyas cómicas de Fielding y en el Mr Polly de Wells (otro autor de cuestionables ideas políticas) el retrato de una mítica y caótica Inglaterra en la que me podía sentir en casa, en Cervantes una España también venerable, y en Lorca una embriagadora. En Villon descubrí mi vocación de pendu (algunos dirían, de pendejo) ansioso sólo por repartir un idiosincrático legado a la desconocida y desconfiada sociedad. De Rimbaud aprendí que se puede partir de cero, y de Joyce, que ese cero puede incluir todo y a todos. De Neruda (en las primeras dos Residencias), y de Chejov, una forma de entender mi propia desesperación. De Eliot, Larkin y Auden aprendí a callarme lo que debo callarme (olvidé esa lección después: se olvida fácilmente) y el valor incalculable del sustantivo idóneo. Hasta en la basura (Walt Whitman, Charlotte Bronte, Tolstoy, Chateaubriand, Tennyson, Vigny, el plasta insufrible de Victor Hugo, el piadoso Bunyan, etc) aprendí a identificar y sacar joyas. Sin todos estos autores y muchos más, yo no sería yo. Sería otra persona. No sé bien cómo sería. Tal vez más afable, más socializado, más contestador de emails, más sapiente en temas futbolísticos. O tal vez sería mísero presidiario, encarcelado por tentativa de estupro (uno de los valores menos reconocidos de la literatura es que enseña a masturbarse con elegante discreción: valioso aliado, por tanto, para la conviencia armoniosa en sociedad). Es decir (merece cursiva): Yo no podría.

En los colegios te dan literatura como si fuera gimnasia, o purgante, o braque para los dientes. Tienes que descubrir por ti solo que realmente, un libro es como un cigarrillo, como una botella de vino, como una foto de Erika Velez en paños menores. Si no es placentero, no vale paná. Buscando los misteriosos senderos del placer, te encuentras a ti mismo, en estos autores o en otros.

La consecuencia más nefasta de la falta de lecturas, cuando esto se transforma en referente e identificador cultural (Ecuador, el país que no lee) es esto que estamos viendo ahora, la metástasis de la sobredimensionada Palabra. La supersticiosa y temorosa reverencia hacia la palabra escrita o impresa viene a ser tal, que sin que nadie se muera de la risa, sin que sus seres más allegados le sugieran unas vacaciones o un tratamiento siquiátrico, un político puede declarar que por una sola frase impresa en un diario, en un artículo (para más inri) "de opinión", una serie de personas merecen pasar tres años de tortura en la cárcel, una empresa debe quebrar, y sus empleados deben languidecer en el desempleo. ¡Cúanta más sabiduría se encuentra en boca de los tiernos infantes ("sticks and stones", &c), antes de que se les conmine a participar de la locura general, con sesudos artículos de avispados enseñahigos gubernamentales sobre el supuesto poder de la prensa, y las terribles responsabilidades de quienes publican sus observaciones en formato broadsheet! Y de ahí, cuando el analfabetismo se casa con la sicopatología, nacen, ineluctablemente las Constituciones Progresistas, esas apoteosis de la intolerancia autoritaria, esos himnos a la tendencia humana de querer obligar a extraños a participar de la pobreza espiritual propia en aras de la igualdad y de la justicia, esas ruedas de molino de obligada comulgación. Y es que si reunes a doscientos metiches en un solo lugar y les das lápiz y papel, fácilmente te saldrán con otro Libro Sagrado, listo para ser encuadernado en el más lujoso piel de lagarto, para ser traducido al más shuar de los idiomas, para ser citado en la más rocambolesca de las Asambleas Nacionales. Y yo digo: si con la Constitución consigues una erección o una carcajada, bien por ti: léela. Incluso practícala si quieres (ama quilla, &c). Yo, para lo primero tengo a Anaïs Nin, y para lo segundo a John Kennedy Toole. Todo son gustos. Pero yo puedo sentir lástima por tu elección sin tener ganas de pregonarlo a través de un diario secuestrado. Tal vez ahí está la diferencia.

Sabatina

Como ya comenté en otra parte, no he podido ver ni escuchar en su ampulosa integridad ni uno solo de esos monólogos sabatinos del Presidente, por la simple razón de que trabajo los sábados, pero eso sí, no me pierdo nunca "el juego de la Pepsi descartable", que consiste en acercarme al puesto de comida en mi media horita de descanso a media mañana, para pedir el Pepsi, y de paso, coger al vuelo por la tele que tienen ahí lo que sea que el Presi esté diciendo en ese preciso momento, que suele ser sobre las 10:50 aproximadamente. He hecho una especie de voto de que, si algún día le escucho decir algo a esa hora que no sea un insulto o una descalificación, haré un peregrinaje a Carondelet descalzo y flagelándome la espalda en son de penitencia. De momento no ha hecho falta. No puedo afirmar que todo lo que diga Correa los sábados por la mañana sean insultos; a lo mejor él ha escogido la hora de las 10:50 para su Five Minute Hate, inspirándose en Orwell, y el resto de su discurso lo dedica a la búsqueda de diálogo y de consenso, a mostrar un espíritu magnánime y conciliador. No lo sé. A veces intento hacerme una idea, el día siguiente, de lo que habrá dicho, basándome en los reportajes de la prensa, tanto la corructa como la veraz, verificada, objetiva, oportuna y contrastada. Claro que es necesario acudir a la segunda para corregir todos los malentendidos derivados de la primera. Por ejemplo, El Universo afirma que en la Universidad de Columbia, el Augusto Mandatario acusó a uno de los asistentes de "mentiroso". En cambio, El Telégrafo describe así el intercambio de palabras:

En la Universidad de Columbia, cuando alguien afirmó que en Ecuador el gobierno no respetaba la libertad de expresión en referencia al juicio que le sigue a diario El Universo, el Mandatario pidió a los que  emiten comentarios que primero se informen...

El artículo citado no hace ninguna referencia a acusaciones de "mentiroso", así que sabemos de buena fuente que eso de que el Augusto Mandatario haya dicho, en su inglés macarrónico "Yuarlayín, yuaralaya" no son sino imaginaciones de la prensa corructa. O tal vez sí lo dijo, pero la cosa no tiene suficiente importancia para que estemos enterados de ello. Es bueno saber que hay gente del gobierno que se dedica a apartar de nuestras mentes todas las informaciones innecesarias e indeseables, para que no nos preocupemos por cosas que no nos conciernen, sino que nos concentremos en las bondades y benevolencias del gobierno, como eso de cerrar los casinos y echar todos sus trabajadores al paro, o eso de perseguir a los taxistas informales para que tampoco tengan cómo subsistir, o eso de subir los aranceles sobre las bebidas importadas, para que la gente se adapte a la costumbre de beber metanol, producto autóctono y cien por cien Made In Ecuador, y mucho más sano que el alcohol etílico tradicional, que ése sí, "es incompatible con el Buen Vivir" (en palabras de algún lacayo del gobierno el año pasado).

En fin. Parece que la sabatina de esta semana habrá salido algo así:

PRESIDENTE: Los jueces de este país son una porquería. Las cortes de Guayas, donde gané mi demanda, son una porqueria. La prensa, toda, de toda América Latina es una porquería. El Universo es una porquería. Cynthia Viteri es una porquería. Joffre Campaña es una porquería. No quiero que nadie vaya preso, y es por eso que en mi demanda contra el Universo pedí la pena máxima de tres años de cárcel para los acusados. Ahora me entran ganas de entablar otro juicio. A propósito, al nuevo puente tenemos que ponerle un nombre. ¿Qué tal "Unidad Nacional"?

Confieso que me reí como loco con esta última ocurrencia. Hay que reconocerle por lo menos este mérito. No son solamente los chistes en sí. It's the way he tells 'em.

Thursday, September 22, 2011

Fe de errores, 30 de septiembre, y bajón de adrenalina

En la última entrada hay un error, bastante garrafal, donde dice 'lo fallado por un juez en materia penal, a falta de una apelación exitosa a instancias superiores por parte del demandado, se cumple, por mucho que el demandante original pueda cambiar posteriormente de parecer, arrepentirse, o "perdonar". ' Al parecer (le agradezco a un comentarista anónimo esta valiosa aclaración) en Ecuador no es así, pues hay un artículo del Código Penal que reza (me perdonarán, blogger no proporciona fuentes góticas):

Por el perdón de la parte ofendida cesa la pena al tratarse de las infracciones de adulterio e injuria calumniosa y no calumniosa grave. Si hubieren varios partícipes, el perdón en favor de uno de ellos aprovecha a los demás

Eso me enseñará a no hablar de cuestiones legales locales sin antes consultar con ese interesante, a veces horripilante e indudablemente pintoresco Código. Digo pintoresco por lo del "adulterio": ¿de veras esa valiosa costumbre de acostarse con la mujer del prójimo viene tipificada en el Código Penal como infracción? En tal caso, se entiende por qué la Justicia en este país se ve tan sobrecargada de pleitos. En fin: para cuestiones legales mejor se vayan al blog de xaflag, que aquél sí entiende de estas cosas. Yo desde mi perspectiva de alienígena reciencito aterrizado hago lo que puedo. (De momento, he cambiado el título de la entrada en son de enmienda piadosa.)

En todo caso, no creo que se trate de una cuestión realmente importante. No creo que la oferta de Correa de "perdonar" sea sincera. Tampoco creo (puedo equivocarme en esto también) que los Pérez estén dispuestos a ofrecerle a Correa una "disculpa" (condicionante del "perdón") en los términos autodegradantes que a éste le satisfagan, aunque si lo hicieran, lo encontraría perfectamente comprensible: yo, personalmente, me desnudaría y me flagelaría en público si con eso pudiera evitar pasar un solo día en una cárcel ecuatoriana. Y si lo mencioné, era solamente con el fin de ilustrar una tesis ("La Justicia se encuentra en el bolsillo del Jefe de Estado") perfectamente ilustrable por otras vías. Ahora, por ejemplo, tenemos indicios bastante persuasivos de que el abogado de Correa, Gutemberg Vera, usa una versión pirata de Windows que firma todo documento nuevo con el nombre por defecto de Chucky Seven, y que en este sistema fue creada la sentencia que luego se le pasó mediante pen-drive a la computadora de Paredes, quien (salvo que resulte poseer algunos de los atributos de Superman) no hizo más que agregar su firma. Cuando el abogado del Presidente es quien dicta las sentencias a favor de éste último, creo que se puede hablar de una justicia secuestrada. Y no digo más.

Respecto al 30 de septiembre, no sé si seré el único que encuentra eso del "Día en que Triunfó la Democracia" de bastante mal gusto. ¿Cómo así, si ese día fueron suspendidas algunas garantías constitucionales, los medios fueron secuestrados, y la calle se llenó de ladrones y saqueadores? ¿Quién se atreve a hablar de triunfos si ese día murieron inútil e innecesariamente 8 individuos? No sé qué será lo que quieren dar a entender con este eslógan, a menos que sea una manera de intentar vendernos algún cuento de buenos y malos, de heroicos ministros y malvados golpistas, indigno de la capacidad de raciocinio de un niño de ocho años. Lo que sí sé es que ya va para un año y no ha habido investigación independiente de los hechos ocurridos. Uno se pregunta quiénes serán los facultados para impulsar o para obstaculizar tal investigación. Misteriosa cuestión.
 
Ah, pero me olvidaba. "No puede quedar en la impunidad." Yo, por la experiencia acumulada en este país, más bien diría que sí puede, y que con toda probabilidad es lo que pasará. En lugar de ir detrás de los que mataron, robaron y saquearon ese día, irán detrás de los enemigos de turno del gobierno intentando endilgarles alguna responsabilidad más o menos etérea en el asunto, con ayuda de las acostumbradas cadenas malolientes, como las que acusaron infructuosamente a Carlos Vera o a Pablo Lucio Paredes. Y a propósito de este último, encuentro algo curiosa la manera en que el joven Alvaroebbels, en la respuesta a la "carta pública" de éste en El Universo, dio originalmente en su blog (ahora no lo encuentro, incluso parece que desaparecieron las referencias a esto en los comentarios) un enlace a un documento de Word, siniestro a más no poder, titulado "PLP-intervenciones-públicas.doc" en que se ve una larga lista, cuidadosamente recopilada, de comentarios contrarios a las posiciones del gobierno que PLP ha expresado en diferentes medios desde el 2008 hasta la fecha. Primera pregunta: ¿quién está creando estos auténticos "libros negros", y con qué finalidad? He aquí un ejemplo de lo que alguien, en alguna parte, considera (como reza la introducción al documento) "un discurso de confrontación al gobierno":
 
¿El lucro es malo?


“¿El Estado, por ejemplo, que no busca el lucro, es por ello “mejor” comunicador? Para nada. Las motivaciones en su accionar no son mejores que las del capitalista buscando lucro. Todo lo contrario, existen poderosas motivaciones para pensar que será un mal comunicador: uno, el dinero no es suyo y como todo dinero ajeno gratuito tenderá a malgastarlo y, dos, utilizará esos recursos no para el interés colectivo sino para defender su Gobierno y su permanencia en el poder”.

La misma introducción al documento prosigue:
 
El 23 de septiembre de 2010, [PLP] asistió a un foro en Miami para escuchar a Lucio Gutiérrez, foro que congregó a personajes cuestionados, periodistas de derecha y empresarios venezolanos. Una semana más tarde, se llevó a cabo un intento de golpe de Estado en el Ecuador.

Esto, presentado por Alvaroebbels en la misma réplica donde dice:

insisto precise en qué momento y espacio se lo presentó como golpista y traidor. Sin subjetividades ni ambigüedades. 

Pues vaya. Para quien entienda lo que significa innuendo la cosa queda clara, tanto como si yo dijera: "Estando John Doe de vacaciones, su esposa recibió una visita de parte del vendedor de aspiradoras Joe Bloggs. Nueve meses más tarde, nació su primer hijo".

No me extraño de que Alvaroebbels haya quitado esta referencia. Como que desluce un poco.

Lo de la adrenalina: nada. Hoy entregúe todo lo que tengo que entregar. Me espera una semana, antes del próximo curso, con el nivel de adrenalina inusitadamente bajo. Tengo curiosidad (ansia diría, pero intentemos cambiar costumbres) para saber cómo se siente una persona no agobiada de trabajo. Ya les contaré.


Nota: Después de escribir esta entrada veo que el abogado de los señores del Universo, Joffre Campaña, comete idéntica equivocación, o dicho de otra manera, revela idéntica ignorancia sobre el contenido básico del Código Civil. ¿Eso me hace sentir mejor? No precisamente. Da algo de miedo vivir en un país donde hasta los abogados de más alto vuelo no hacen sus deberes.

Tuesday, September 20, 2011

Seis razones buenas, una turra, y una canción intencionada

1. Lo que escribe un articulista mediocre, a quien en sus mejores tiempos pocos leían y que tiene fama de disparar desde la baqueta, en un diario dominical de un país de analfabetos reales o funcionales, difícilmente puede causarle lucro cesante alguno a un político de alto vuelo que planea abandonar ese país una vez culminado su mandato. El mecanismo del lucro cesante funciona (se supone) así: el político o ex político escribe un libro, se ofrece a dar una conferencia, se candidatiza para un puesto de directivo, de profesor universitario, o similar. El editorial, o los organizadores, o la junta de selección, al considerar el manuscrito, la oferta, o la candidatura, se deja influir por la calumnia, y rechaza la oferta, dando lugar a la pérdida de una potencial fuente de ingresos por parte del político. Al parecer, hay jueces capaces de calcular en montos de millones de dólares el efecto negativo de este proceso. Pero para que realmente se diera, haría falta lo siguiente:

a) Que la calumnia, p.ej. la supuestamente contenida en el artículo de Palacio "No a las mentiras", haya llegado a oídos de los, llamémoslos así, seleccionadores, sorteando todos los obstáculos inherentes a su naturaleza efímera y circunstancial. Confieso que yo leí el artículo el día en que apareció, y casi inmediatamente me olvidé de él, pues me pareció bastante flojo y hasta aburrido. Si el dichoso artículo llegó a ser leído por gran cantidad de personas, el único responsable en todo caso sería el propio Presidente, que con su persecución judicial le ha concedido una inmerecida notoriedad a un escrito intrascendente y bastante mal hecho.

b) Que los seleccionadores para un puesto, pongamos por caso, de profesor de economía, sean tan inocentes como para creerse todo lo que leen en una columna de opinión de hace años, sin indagar más en la cuestión ni contrastar lo leído con la versión del propio candidato.

c) Que cuando Correa, dentro de unos años, ya esté en Bélgica o en EEUU o donde sea que escoja llevarse su cuantioso botín y esté solicitando puesto de profesor de economía para pasar el rato, sus seleccionadores se dejen influir más por una columna de opinión caduca que por el propio currículum del aspirante, sobre todo teniendo en cuenta que no existe presidente o jefe de Estado de país alguno de quien no se haya dicho pestes, con o sin razón, y que en el hipotético caso de que hubiera un presidente que nunca fue calumniado por nadie, la única conclusión posible sería que sus potenciales calumniadores todos fueron encarcelados o fusilados, es decir, que se tratase de un auténtico dictador.

d) Que gente como Adolf Hitler (cuyo libro Mein Kampf ha sido best seller durante medio siglo), Margaret Thatcher (cuyas memorias le aportaron impresionantes ganancias), Jamil Mahuad (actualmente catedrático de la Universidad de Harvard) o Rodrigo Borja (Doctor Honoris Causa por la Sorbona de París, la Universidad de Buenos Aires, la Universidad de San Andrés de Bolivia, University of North Carolina en Asheville, Estados Unidos; la Universidad Nacional de Córdoba, Argentina; la Universidad Nacional de Santiago, República Dominicana; y la Universidad Ricardo Palma de Lima; Profesor Honorario de la Universidad Nacional de Mar del Plata, Argentina y de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, República Dominicana; Profesor Invitado de “The University of North Carolina” en los Estados Unidos de América, gracias wiki) nunca haya sido, hasta la fecha, expuesta a ninguna crítica, merecida o inmerecida (para el caso no importa), o por alguna razón nacieron especialmente inmunes a los efectos nocivos (en términos de lucro y honores) de la maledicencia común.

En fin, si puedes creerte todo esto, el puente en Brooklyn es para ti.

2. Si en determinado país hay un problema con el sistema de Justicia, suficiente como para declarar Estado de Emergencia, y si parte de este problema reside en la notoria corrupción de los jueces, la mejor manera de atajar ese problema no es darle una oportunidad a los jueces para que se allanen al poder (con o sin argumentos, para el caso no importa) y luego celebrarlo públicamente como un triunfo. Aun en el supuesto  no consentido de que los argumentos de la acusación fuesen sólidos, y la decisión judicial bien fundamentada, montar un espectáculo de la Justicia acolitando a un presidente no contribuye a crear la percepción de una Justicia imparcial, que tanta falta hace. Por tanto, un presidente que se lance por estos derroteros, tenga o no tenga un legítimo reclamo, evidentemente está actuando exclusivamente en interés propio, y desdeñando los intereses del país al que hipócritamente dice servir.

3. Rafael Correa, 28 de julio del 2007, en cadena sabatina: "¿Sí saben quién dirige este diario? ¿quién lo maneja? No los Pérez, que son buena gente. Lo maneja un envenenado que no puede ocultar su odio por mí, que lo boté. Me odia desde que yo era ministro de Economía. Lo boté por majadero de una cadena radial. Lo hice sacar con la Policía por malcriado. Este tipo no puede ocultar su odio contra mí."

Lo citado demuestra que Correa es capaz de distinguir entre los dueños del diario ("buena gente") y el columnista Palacio ("un envenenado"), y hasta de formular la hipótesis (implícita en lo enunciado) de que los dueños no compartan necesariamente las opiniones del articulista, además de sugerir que los Pérez no "dirigen" ni "manejan" lo expresado en las páginas de El Universo. Cuatro años después, sin embargo, lo encontramos exigiendo a gritos tres años de cárcel para esa "buena gente", sin presentar ningún argumento que justifique o explique el cambio de parecer, más allá de insistir en que esa "buena gente" tuvo a la fuerza que ser consciente de lo que Palacio ha expresado a lo largo de estos años, y que sin embargo no le impidieron publicar esos brotes de supuesto "odio". Lo que no se le ocurre a Su Augusta Majestad es que, tal vez, ser "buena gente" puede significar, para algunos, precisamente eso: ejercer cierta tolerancia respecto a la expresión de opiniones ajenas a la suya. Tampoco parece ocurrírsele que la exigencia, implícita en el caso de la acusación, de que los dueños de un diario deben censurar lo escrito por sus columnistas, o atenerse a las consecuencias, contradice las tesis presentadas por el mismo gobierno, según las cuales la prensa de este país es "corructa" precisamente porque los dueños intentan controlar lo que sus periodistas escriben. Seamos serios. Una de dos: si el dueño de un medio es responsable de lo que el articulista escribe, entonces obviamente tendrá que sentarse detrás, mirarle por encima del hombro e ir borrando cualquier expresión que no podría hacer suya en caso de ser llamado delante de un tribunal a justificarla. Si eso quieres, Rafico, deje de exigir cláusulas de conciencia para el periodista ni de quejarte por las interferencias de los malvados magnates de la comunicación en la labor de sus empleados. En cambio, si quieres que el periodista sea libre de las interferencias del malvado dueño y que actúe con independencia y apego a la verdad, entonces no se tiene en pie la exigencia de responsabilidad solidaria por parte de quienes (seamos realistas) con toda probabilidad nada sabían del contenido del artículo "No a las mentiras" hasta que no tuvieran la primera impresión del diario descansando en su mesa del desayuno, a la misma hora que los demás ecuatorianos.

Evidentemente, el cambio de discurso respecto a los Pérez se explica sobradamente por la necesidad del Régimen de usar a los dueños de medios como chivos expiatorios frente a los grandes y crecientes males que padece el país, que en ningún caso pueden ser culpa del gobierno, naturellement.

Sin embargo, se necesita un tipo de personalidad especial para exigir cárcel a personas que, evidentemente y ante los ojos de todo el mundo y sin lugar a ningún tipo de duda, son inocentes, pues no escribieron el artículo que contiene la supuesta calumnia, ni hay motivos por creer que tuvieran que darle algún tipo de visto bueno o imprimatur previa a su publicación, cosa que el propio Correa en el extracto citado admite. De modo que, si en el futuro algún día Correa solicita un puesto de profesor de economía en (pongamos por caso) su alma mater de Lovaina, y es rechazado, lo que con toda probabilidad podrá haber dado lugar a tal rechazo y tal lucro cesante (pobrecillo) no será lo escrito por Palacio ni ningún otro enemigo suyo real ni imaginario, sino aquellas cualidades personales que el propio Correa ha demostrado pública y notoriamente durante todo este proceso y otros similares, a saber: un alma mezquino, rencoroso y vengativo, un apego enfermizo al lucro personal por encima de cualquier consideración ética, una notoria incapacidad para el diálogo, una egolatría desenfrenada que apunta a un posible trastorno de personalidad narcisista (lean la literatura al respecto: el narcisista es aquel que convierte a la más insignificante crítica en una cuestión de honor, voire un asunto de Estado), y por último, una vocación de verdugo (no sé cómo más referirme a quien condena inescrupulosamente a inocentes, a "buena gente", con total conocimiento de causa: haría falta aquí la pluma de un Montalvo o de un Émile Zola).
 
4. Lo expresado por Correa esta tarde, de que "en cualquier momento de este proceso", si los acusados piden disculpas se les puede "perdonar", sería mentira en un país donde la Justicia fuera realmente independiente, pues lo fallado por un juez en materia penal, a falta de una apelación exitosa a instancias superiores por parte del demandado, se cumple, por mucho que el demandante original pueda cambiar posteriormente de parecer, arrepentirse, o "perdonar". Si efectivamente en Ecuador es así, que el augusto demandante puede, sin recurrir a ninguna instancia legal, cancelar lo decidido por el juez y anular la sentencia, entonces que no nos hablen de justicia reformada ni de otros cuentos de hadas. La Justicia se encuentra en el bolsillo del Jefe de Estado, él mismo de esta manera lo acaba de admitir.
 
5. Encarcelar por injurias es algo que sólo se hace en países bárbaros, tercermundistas. En otros lugares la difamación es una cuestión civil. Este hecho convenientemente los medios gubernamentales lo omiten de mencionar.
 
6. Que un político, cualquiera, es decir un parásito que vive del robo y de la extorsión, pueda tener "honor" es una cuestión más que discutible. Incluso hay quienes no creamos que el concepto del honor tenga cabida en este siglo, donde se supone algo hemos avanzado desde la dorada época de Lope de Vega y Calderón de la Barca. Al fin y al cabo, parece un poco presuntuoso suponer que cada uno tengamos el derecho de controlar lo que otros piensen a nuestro respecto.
 
7. Si Su Augusta Majestad cree que es calumnia suponer, públicamente, que él dio la orden para que sus tropas le rescataran con disparos, como efectivamente sucedió, hubiera sido toda una cortesía y todo un detalle impulsar una investigación independiente e imparcial de lo realmente ocurrido, en lugar de, por ejemplo, ocultar las evidencias, hacer desaparecer las balas de las víctimas, limpiar las calles después de lo sucedido, o embaucar al público más crédulo con infantiles propagandas y descabelladas teorías de golpes de estado, para las que las evidencias concretas obstinadamente se niegan a aparecer.
 
8. John Lennon. Te caiga bien o mal, la letra lo dice todo.
 

Murdersville

Que "una inglesa bonita" no sea oxímoron, por mucho que lo parezca, se encarga de demostrar una en cada generación. Hasta donde me alcanzan las arruinadas neuronas, la más reciente contraejemplar fue la neumática Liz Hurley, cuyas curvas al entonces editor auxiliar de The Daily Telegraph (un tipo con el peregrino nombre de Phwoarsthorne) se le antojaron asunto de importancia nacional, tanto que el diario fue rebautizado, por los de Private Eye, como Hurleygraph (y a mucha honra). Antes de ella hubo la diosa de las matemáticas Carol Vorderman, que aun ahora se las arregla para llevarse el codiciado Rear of the Year. De ella lo que más recuerdo es una encuesta publicada en que británicos de ambos sexos le votaron como "el personaje a semejanza del cual más le gustaría tener un robot doméstico" (se supone que el uso a la que se dedicaría tal robot sí manifestaría variaciones según género). De Zeta-Jones no digo nada porque no es inglesa, sino galesa, al igual que la madre de Vorderman. Y así, viajando atrás en el tiempo y haciendo caso omiso de aberraciones como Twiggy o la princesa Di, llegamos a los años sesenta, y con ellos a la Diana Rigg, la que me envenenó la mente en la infancia ya para siempre. Toda la culpa, toda, se la echo a ella. Y es que no es para menos: de niño, no me dejaban ver The Forsyte Saga pero sí en cambio Los Vengadores, en que Rigg encarna al personaje de Emma Peel (de M-Appeal, obvio), frente al John Steed de Patrick MacNee. Es decir, ella es la mitad de un equipo de elegantes agentes dedicados a cazar a esos diabolical masterminds que tanto pululaban en la Inglaterra de los años de posguerra. Él, usando como principales armas sus exquisitos trajes de Pierre Cardin, su amenazador paraguas, y sus estudiados modales; ella, abusando a menudo de esa pasmosa facilidad que tenía para someter a una serie de hombres mediante golpes de karate. Para que el episodio durara cincuenta minutos, el recurso más habitual era emplear a Steed como gumshoe de lujo, mientras que Emma era atada a una silla, a un pilar, a una cama, a unos carriles de tren, por parte de unos desaprensivos a quienes ella ni les concede la satisfacción de verle asustada o descompuesta, sino, como mucho, levemente preocupada. De lo que se deduce que yo, durante toda la vida y hasta la fecha, añoro, con esa desesperada añoranza infantil, conocer a una mujer capaz de lanzarme a través de una pared o de una ventana, como quien lanza un cojín, y que cuando no esté haciendo eso esté atada a una camilla rodeada de malvados científicos locos, entre los que yo también figuraría. Para que me diga esas inmortales palabras que yo antes tenía (en versión .wav) como música de arranque del Windows, en ese tono entre desafiante y cariñosa: "you diabolical mastermind, you!"

Para quien no conozca la serie y desee una introducción (ojo, esto es para adultos, a los niños como ya indiqué se les podría causar un daño irreparable, empezando con la música, que por sí sóla es peligrosamente afrodisiaca), tal vez recomendaría Murdersville, más que nada por lo insinuante del argumento. Veamos. Un pueblo inglés, de aquéllos que conforman el sueño bucólico de las lectoras de Victoria Magazine (q.v.), donde los habitantes poco tienen que hacer aparte de tomar su cerveza, jugar al dominó y predecir las próximas lluvias, es escenario de un asesinato. El asesino, hombre poderoso, ofrece un millón de libras a ser distribuido entre el pueblo entero a cambio de su silencio y connivencia en el crimen. Por encima de las protestas de los pocos honrados, la cosa se somete a votación (consulta popular, digamos). Una mayoría a favor (se menciona que el pueblo tenía problemas, y la cosa estaba entre aceptar la oferta o "escribirle el epitafio" a la aldea), y listos. La minoría de los honrados, en total cuatro habitantes, desde entonces se encuentran presos en el museo del pueblo, colindante a la biblioteca. Estos cuatro son el sacerdote, el sargento de policía, el magistrado y la operadora de la central telefónica. ¿Lo quieren más claro? Para hacerse con el poder, se ha secuestrado, según antigua y venerable receta, a la religión, a las fuerzas del orden, a la justicia y a los medios de comunicación. Éstos últimos, amordazados y reemplazados en sus funciones; el policía desacreditado y acusado de conducta antisocial; la justicia reemplazada por los caprichos de las nuevas autoridades; y (aunque no lo dicen) la religión seguramente ídem. El resultado: un lugar donde quienquiera desee cometer un asesinato sabe que gozará de la protección y connivencia de los nuevos dueños del lugar, con tal de untarles las manos según previo acuerdo. Y el resultado secundario: trae allá un juego de porcelana, un bonito cuadro, un carro del año, y contempla con qué gozo tomarán posesión de todo, para destruirlo se entiende, pues a otra cosa no se ambiciona ya. Y la honradez relegada, sí, a pieza de museo. ¿Impresionante alegoría? Yo me quedo en cambio con esa divina cara, esos finísimos labios, esa barbilla oblanceolada, ese cabello de delirio. Uno no ha sido niño en vano.

Saturday, September 17, 2011

Ofertas Vacaciones Temporada

ORLANDO desde $1620
Precio incluye entradas a todos los parques temáticos, Universal Studios, hotel y comida.

MIAMI desde $1470
Actividades: excursiones para compras, visita a reuníón ultrasecreta de planificación de golpe de estado (guía incluido), etc.

NUEVA YORK desde $2300
Oferta incluye hotel, comida, y excursión de 1 día para ver Estatua de la Responsabilidad Ulterior (guía incluído).

ANGOSTURA desde $300 (deducible en gastos de campaña)
Precio incluye: tomar tu foto junto a un famoso guerrillero de las FARC. Oferta limitada.

SEGUNDA SALA DE LO PENAL desde $40000000 (niños y ministros gratis)
Paquete incluye: comida, hotel, ascenso a Ministro del Interior (o similar), y puesto de editorialista en el nuevo diario "El .Unico Versado". Excursión especial "La Peni" para periodistas.

BELGICA desde $600000
Paquete incluye: apartamento, chef y avión. Sin límite de estancia. Oferta limitadita (sólo majestades).

CANADA desde $0
Viaja en avión presidencial y disfruta de los inigualables paisajes y las compras "duty free". Especial para familiares de dignidades. Imprescindible presentar carnet "Manos Limpias".

CASA DE LA VERGA desde 2006
Paquete incluye: desempleo, ola de delincuencia imparable, sicariato, corrupción rampante, nula fiscalización, autoritarismo, censura, miseria y machacona propaganda. Oferta limitada a ecuatorianos.

NO PIERDAN ESTAS OPORTUNIDADES ÚNICAS E IRREPETIBLES

Agencia AP
"La Reprogramación Ciudadana Avanza"

En un taxi

(ESPOL, Campus Prosperina)

- Usted se dirige hacia la civilizacion?
- No. Voy a Guayaquil nomás.

Friday, September 16, 2011

El Joven Ejemplar

"Yoooo soy un ejeeeemploooo". La nueva payasada de la Alcaldía de Guayaquil, que al parecer quiere imitar al gobierno nacional en eso de la recaudación de votos por mercadotecnia, pero sin disponer del canofjov (los alemanes así pronuncian knowhow) de los Alvaroebbels, y con estos tristes resultados.

Yo he visto a jóvenes ejemplares, algunos, desde que estoy aquí.

El último, alumno mío el año pasado. Todavía tengo sospechas de que lo suyo era síndrome de Marfan (yo con mis 1m89 era enano al lado suyo), pero no viene al caso. Fue simplemente el alumno más agradecido, más educado, más servicial que he conocido nunca. También, el chico más solitario que he visto en mucho tiempo. Nadie quería hablar con él. Todos le evitaban. ¿Por qué? Pues dejando de lado el halitosis, mal menor que aflige a un 31% aproximadamente de universitarios ecuatorianos (según datos del Instituto Guayaquileño Universitario de Estadísticas Sin Sustento, IGUESS), creo que por eso mismo, porque era tan ejemplar. Yo pasé mi infancia haciéndome amigo de parias de diversa índole, por una oscura sensación de solidaridad o identificación que tenía con ellos. Ya paso. Si veo de lejos o de reojo al Ejemplo, cambio de asiento o miro por el otro lado o de repente encuentro algo muy interesante en mi maletín: lo que sea con tal de evitarle la mirada, para que no venga a hacerme una de esas preguntas perfectamente inútiles con que demuestra lo Ejemplar de su dedicación al Saber. Lo siento. Yo nunca fui ejemplar en ningún sentido.

En general, el Joven Ejemplar se luce en los patios de los colegios. Suele ser desnutrido, barbilampiño, con pantalones y mangas de camisa mal ajustados, y la cabeza rapada. Alza banderas. Es que en este país, al parecer la ejemplaridad se demuestra y se consume en eso, en alzar banderas. Así, el Joven Ejemplar también se conoce como el Abanderado. El mayor momento de gloria de toda su vida, y es triste constatarlo, es cuando le llaman para que cruce el patio y le dé un besote a ese trozo de tela mustia y luego agarre de la cuerda y lo jale parriba, pa que ondee durante unos minutos y hasta la próxima. En ese instante goza de la mirada complacida de todo un manípulo de educadores, que ven vindicada en él su pretensión de impartir valores (hay una columnista en El Universo que expone repetida y desvergonzadamente esa horripilante teoría de que los educadores tendrían que transmitir valores. Mejor que no se me acerque: si veo a alguien transmitiendo valores a mi hijo le propino un mamporro en la nariz. Para eso están los padres). Pero ¿qué pasa con esos educadores? Esa tribuna de caras sonrientes de repente empieza a ondear, como la bandera, como un reflejo en el agua después de la caída de una piedra; se difumina, se desvanece, y ahora no se ve. Al Joven Ejemplar de sopetón le asedia una terrible sensación de soledad. Todos esos transmisores de valores se quedaron atrás en el tiempo: en el presente no hay nadie. Y como uno ha sido demasiado Ejemplar como para cultivar todos esos vicios que permiten a uno descubrirse a sí mismo (sobre todo la Pereza, la divina Pereza, madre de la Inspiración) entonces, pues, el Joven Ejemplar se ha quedado no solamente sin esponsores sino, lo que es peor, sin saber quién mismamente es. Y siente la terrible necesidad de que alguien se lo diga.

¡Zas! el Lobo.

El Lobo tiene mucha experiencia en eso de reconocer a tiernos y apetitosos Jóvenes Ejemplares. Los huele a kilómetros. Él, por supuesto, trabaja para el Gobierno. Sabe que el Joven Ejemplar tiene esa peculiaridad, de ser absoluta y agradecidamente servil a cambio de unas migajas de hipócritos Valores y una palmadita en la espalda, o en otra parte. Así, la semana pasada, uno de sus mejores Ejemplares pudo ser visto arrastrando el bulto por la tele, de manera más lastimera imposible, defendiendo con sus características muecas y mal aprendidos sarcasmos lo indefensible, a cambio de, aun da risa recordarlo, una mísera Segunda Vicepresidencia de la Asamblea (sólo para los Ejemplares existen los "segunda vice", y no se dan ni cuén). Así que, a disimularse las fauces y ya. ¿Otro periodista de segunda con las mangas que apenas le tapan medio codo? Esto es Revolución, compañerito. Acá te apreciamos.

¿Usted quiere ser Ejemplar? Diríjase entonces a la Alcaldía de Guayaquil, que ahí hay para usted Infinito Amor, además de un puestito seguro botando a enamorados del Malecón 2000. Y si los mil quinientos laptops no te parecen lo suficientemente infinitos, pues ya saben que hay mejor postor por otra parte. Para el perfecto borrego siempre habrá una sonrisa en alguna parte.

Sunday, September 11, 2011

Por qué soy raro

Probablemente, porque una infancia en el Reino hUnDido en los años sesenta contenía cosas como ésta:




Evidentemente, no soy el único afectado. Como deja ver un comentarista en YouTube, más bien parece que éstos habrán sido modelos de rol para el actual tándem al frente del gobierno británico. Aunque a estos últimos les faltaría afinar un poco la coreografía.