Monday, October 31, 2011

A veces me asusta

...pensar que hay gente en el mundo que creció sin soul.



(primera vez que escucho la versión "larga". La corta arranca a la mitad. Sin ella, yo no hubiera sobrevivido a la adolescencia. Un sentido gracias.)

Sunday, October 30, 2011

La Bastille

Anécdota:

En la última campaña electoral del Reino hUnDido, el entonces Primer Ministro laborista, Gordon Brown, cuando aceptó hablar ante las cámaras con una señora mayor, que se presentó como "votante laborista de toda la vida", se llevó la sorpresa de que la tal señora, pese a ser votante laborista de toda la vida, no estaba muy contenta con las políticas de su gobierno, sino que tenía una serie de quejas y de reclamos. El Sr Brown intentó como pudo justificar su quehacer delante de las mismas inquisitoriales cámaras, e hizo dos ó tres vagas promesas. Terminada la entrevista, se metió en el carro oficial, y a su acompañante le dijo algo así como "qué señora más plasta y más bruta". Lamentablemente, se había olvidado de apagar el micrófono que llevaba enganchado a su corbata. El día siguiente, el comentario del aspirante a la reelección, recogido por las emisoras, estaba en las portadas de todos los diarios.

¿Qué hizo?

Bueno, antes de seguir con esta historia, hay que señalar que la gran diferencia entre lo que le dijo Brown a la señora ese día, con exquisita cortesía y varios conatos de sonrisa (al Sr Brown, por ser escocés, sonreir le resulta tarea difícil y complicada) y lo que dijo "en privado" cuando se creía a solas, se debe a un fenómeno, arte o costumbre, desconocido en esta parte del mundo, que se llama "hipocresía", y es considerado por algunos como uno de los cimientos de la civilización moderna en paises más avanzados, siendo los ingleses sus más acérrimos practicantes. Básicamente consiste en establecer, primero, una separación entre tu personalidad pública y otra privada (algunos van más allá, y se crean media docena de personalidades, a escoger según las circunstancias). Después, se ajusta la personalidad pública en función de algunos objetivos a conseguir - en este caso, la reelección, para la cual hace falta ser "agradable" y "cortés", dejando para la esfera privada la expresíón de sentimientos que se consideran incompatibles con la consecución de tales objetivos. Así, con estos datos en la mano, se entiende mejor que el Sr Brown, cuando estuvo delante de la Sra Votante Laborista de Toda la Vida, no hizo lo que hubiera hecho cualquier candidato electoral ecuatoriano, es decir, ponerse a gritar enfurecido y a llamarla "gordita horrorosa", agregando alguna frase terminada en "...idiotas como tú". Valga esta aclaración, y prosigamos.

Lo que después hizo el Sr Brown fue algo muy curioso. En lugar de aprovechar su situación de Primer Ministro para aparecer en la tele en cadena nacional fustigando a todos esos medios corruptos que habían reproducido, tergiversándolos, algunos comentarios hechos en privado y que obviamente nada tenían que ver con aquella señora sino con la Baronesa Thatcher, y que habían suprimido intencionadamente todas las buenas noticias, como que la Deuda Nacional se podría pagar antes de que el sol se convirtiera en supernova, en lugar de hacer nada de eso... se disculpó. Sí, en serio. Y no solamente eso, sino que unos días después, de nuevo rodeado de cámaras, hizo una visita a la casa de la Sra Votante Laborista de Toda la Vida, y cuando se le abrió la puerta, con una magnífica sonrisa forzada, de las que en Escocia hacen historia, le dijo personalmente, cara a cara, que lo sentía mucho y esperaba no haberla ofendido.

Esto último sí que requiere explicación, y bastante.

¿Dónde empezar? Bueno, hubo una vez, hace unos cuantos centenares de años, una isla. Ahí vivían unos seres pintorescos y primitivos, que se pintaban la cara con barro teñido de azul y se dedicaban básicamente a violar o a ser violadas (hay que entenderlo, eran de origen escandinavo y alemán). A esa isla, un día, llegaron unos romanos para civilizarlos, pero no pudieron con el frío y la lluvia, y se fueron rapiditos, dejando atrás un muro, que era para contener a los escoceses. Unos siglos más adelante, llegaron otros civilizadores, esta vez franceses. Como vieron contenidos a los escoceses, decidieron quedarse, y pusieron un Rey, Guillermo "el Conquistador". Ese Rey, como era la costumbre en esa época, gobernaba mediante alianzas con gente "poderosa", es decir, gente que tenía castillos, armadura y armas grandes y afiladas, y lo más importante de todo, sabía hablar francés (tal vez por haber venido en el mismo barco). (Todavía se enseña el francés en los colegios ingleses, en la vana esperanza de que algún francés desocupado vuelva a conquistar la isla y que entonces sirva para algo.) El sistema funcionaba bastante bien, hasta que heredó el trono un tal Juan "El Cojudo". Ese hombre, algo corto de luces, no entendía eso de las alianzas, y creyó que si era el Rey entonces era Jefe de Todo, así que se dedicó a saquear las arcas de la población. Se compró un avión privado (bueno, no era avión exactamente, los cronistas lo llaman "cometa"), hizo importar a un chef belga (y luego otro, y otro... hay que entenderlo, encontrar veneno en las comidas de un Rey era algo corriente en la época, y los belgas entonces venían baratitos, pues todavía no tenían país propio). A quienquiera le criticaba, le metía en la cárcel, o le exiliaba a la ciudad normanda de Miammes. Y de nuevo, bajo este sistema, que hoy en día se llama "monarquía absoluta", las cosas parece que funcionaban más o menos bien. Según el cronista oficial de la época, conocido como Venomous Bead, se triplicó el Presupuesto Nacional, se construyeron carreteras, y se salvó todo el condado de Hampshire de las depredaciones de los cultivadores de espagueti, convirtiéndolo en un santuario nacional, hoy conocido como New Forest. Pero luego sucedió algo inesperado.

Resulta que la gente, o mejor dicho alguna gente (la de los castillos) no estaba muy contenta con eso de la monarquía absoluta. Se armó una rebelión, se lanzaron gases lacrimógenos (la tecnología primitiva de la época obligaba a que tales gases se fermentaran primero en los intestinos de los barones, previa consumición de carne de venado en mal estado), y en menos que nada Juan "El Cojudo" se vio obligado a firmar, en medio de un hermoso prado al lado del Támesis, un documento en el que reconocía que no era Jefe de Todo, sino que había algo superior a él llamado "la Ley", que en lo sucesivo serviría para frenar sus impulsos y regular la percepción de tributos e impuestos y otras necesidades reales.

Y lo más humillante de todo: que esa "Ley" no sería redactada por él, sino por otra gente. Ni siquiera por sus amigos (que pocos tenía, dicho sea de paso).

La verdad, el documento en sí de poco sirvió: en pocos meses, el Rey estaba muerto, los barones también cayeron víctimas de la plaga, y el populacho, con nuevo Rey impuesto (que hablaba francés, así que evidentemente era el correcto), se olvidó del asunto y volvió a su ocupación habitual de evitar de mirar a las mujeres que cabalgaban desnudas por las calles. (Los ingleses son un poco rarillos.)

Pero la noticia de que un grupo de gente bien armada y con impresionantes barbas podía más que un solo hombre flacucho viajó por Europa, y con el tiempo, y poco a poco, se puso de moda eso de obligar, por la fuerza, a los Reyes cojudos a firmar cosas que no querían firmar.

Hasta que algún francés tuvo la siguiente brillante idea: ¿qué tal si prescindimos de los Reyes por completo?

Dicho y hecho: se liberaron a los presos en la Bastilla, y a cualquier rey o posible aspirante a tal se le cortó la cabeza con un ingenioso instrumento inventado por un tal Sr Gillette (Guillotine en francés), y se comió, encima, mucho pastel.

En Inglaterra, en cambio, esta noticia, reportada por los diarios propiedad de un tal Sr Murdocke, se tergiversó, y los ingleses equivocadamente pensaron que la solución a sus males consistía en matar, no al Rey, sino a toda persona que llevara un sombrero de copa alta y delgada (la confusión era comprensible, pues las palabras eran similares y todavía no se había inventado el diccionario). Así que el día siguiente, se llenaron los barcos de gente que, por su religión, eran obligados a llevar sombrero de copa alta, a no bailar, y a pronunciar todas las erres. Se dirigieron no sabían bien hacia dónde, hasta que por fortuna toparon con un continente recién descubierto, que se llamaba América. En agradecimiento por tal hecho, inventaron un nuevo género de música, llamado "Plymouth Rock", y se dedicaron de corazón a ser devorados por bestias salvajes, o a ser masacrados por los indios, o a demostrar su absoluta incompetencia en cuestión de cultivo de comestibles. No obstante, y por milagro, algunos sobrevivieron. Sorprendidos por tal hecho, decidieron crear una nueva forma de gobierno, que ellos llamaron "democracia", y que consistía en ir por todas partes con dos pistolas colgadas de la cintura (por si las bestias salvajes), a deslizar vasos de cerveza a lo largo de la barra, y lo más importante, a llevar sombrero de copa media-alta (salvo las mujeres, que habitualmente eran quemadas como brujas, o regentaban insulsas chat shows de sobremesa).

De nuevo, gracias a las tergiversaciones de la Prensa Corrupta, esta noticia fue reportada en Europa como que en América, en vez de que no había Reyes, que lo que no había eran Leyes, y que ahí reinaba la más absoluta Libertad.

El día siguiente, la isla de Irlanda lucía vacía.

El día siguiente, en Italia apenas quedaban cuatro personas.

El día siguiente, la mitad de España partió en búsqueda de este "Nuevo Mundo". Sólo que se equivocó de subcontinente. Llegaron a un lugar donde, si bien todos llevan sombrero de copa media-alta, nadie llevaba pistolas, ni tomaba cerveza, ni siquiera tenía erres para pronunciar. Decepcionados, se dedicaron a jugar al fútbol, a llevar gafas oscuras, a practicar el mestizaje, y a intentar descubrir, mediante desastrosos experimentos, la receta para crear cerveza medianamente potable. Siguen en lo mismo hasta hoy día.

Mientras tanto, en Europa, se convocaron urgentes gabinetes de crisis entre todos los reyes y gobernantes. El tema de discusión: ¿cómo se puede gobernar si no hay súbditos? pues todo el que no era rey o reyezuelo ya se había marchado para las Américas.

De estas reuniones surgió un nuevo concepto, la "democracia parlamentaria". Básicamente, consistía en que las pocas personas que todavía quedaban, harían turnos para ser rey. Si yo soy el rey durante cuatro años, ustedes pueden hacer de súbditos. Luego a alguno de ustedes les tocará el turno, y seré yo el súbdito. Así todos podemos ser rey un tiempito, y tener súbditos, y todo funcionará como antes, sólo que con límites temporales impuestos por las circunstancias. Además, debido a un error tipográfico en uno de los diarios de Morlocke, se acogió con algo de sorpresa el nuevo concepto de que al Rey había que "votarlo" (el original se supone que tenía que haber rezado "botarlo"). Apresuradamente, se organizaron elecciones, no sin antes averiguar las maneras de que tales elecciones salieran siempre en favor del candidato que uno prefería. Por común consenso, se decidió que la mejor manera de evitar que fueran elegidos candidatos indeseables, insultantemente jóvenes y de buen parecer, era impedir que "votaran" las mujeres. Y así se hizo, y en verdad, el sistema funcionaba que era una maravilla.

El año siguiente, sin embargo, se produjo el desastre. El nuevo elegido para ser Rey, un tal Sr Napoleón, llevado por el entusiasmo, se dedicó a invadir otros países, que no eran el suyo propio, a declararse Emperador  (le entiendo, el nombre es atractivo) y a cometer todo tipo de barbaridades.

De nuevo se reunieron, y limando conceptos, decidieron que lo mejor era cambiar las cosas de nombre. En lugar de Rey, habría Presidente o Primer Ministro o Canciller; en lugar de súbditos, ciudadanos. Y que en caso de extrema necesidad, si la gente se ponía terca, se declararía una guerra a escala continental, para mantener ocupada a los descontentos y, con suerte, deshacerse de algunos de ellos.

Tampoco funcionó. Y sigue, hasta nuestros días, sin funcionar. Aquí la historia se vuelve un poco complicadita, pero resumiendo, digamos que si algo había quedado claro durante toda esta epopeya, era que existía una inexorable tendencia a que la gente desconfiara de los reyes y reyezuelos, y que si éstos se propasaban, tenían tendencia a ser depuestos, ejecutados, o peor todavía, investigados por periodistas en colusión con traicioneros parientes o hermanos.

Y que eso de la "Libertad", si bien era algo imposible en la práctica y fruto de un malentendido o de un error tipográfico, entusiasmaba a la gente que era una barbaridad.

Ahora, con esos datos en la mano, se entiende mejor el gesto del Sr Brown. El, si bien era Rey, y con aspiraciones a seguir siéndolo, evidentemente pensó que era mejor disculparse, pues si no lo hacía, podía terminar bajo la Guillotina o la Prensa. Y ello era así porque en el Reino hUnDido actual, a diferencia de, digamos, Ecuador, existe algo que se llama "oposición", es decir, había otras personas, que no lucían ni locas ni subnormales (o no en exceso) ni siquiera notorios militares golpistas, dispuestas a ocupar su lugar en caso de que él no diera la talla. De acuerdo que la tal oposición tenía exactamente el mismo programa, las mismas intenciones, el mismo todo todito, que el Sr Brown. La cuestión es que la simple existencia de esa tal Oposición obligaba al Sr Brown a practicar otra virtud también desconocida en estas latitudes, que se llama "humildad". Algo que se aprende junto con la hipocresía: de hecho, entran en el mismo currículum.

De tal modo se evita que la gente se acuerde de eso de la "Libertad", construya barcos, y se marche en masa para ir a buscarla Dios sabe dónde. O peor todavía, que empiece a practicarla en su propia tierra, dejando a los gobernantes sin nada que hacer. El sistema es bastante sencillo: se halaga al electorado sometiendo al "candidato" a todo tipo de humillaciones a cuál más pintoresca, a fin de convencer a los más despistados que ellos son el realidad el Poder. Incluso se le obliga (ya sé que suena extraño) al candidato a tener en cuenta, de alguna manera somera y formal, los deseos y las preferencias mayoritarios de los votantes, y a dirigirse a ellos con algo de cortesía y consideración. Todo sea para mantener las apariencias: el exitoso Rey se puede consolar en cualquier momento echando un vistazo a su cuenta bancaria.

Y eso, eso de mantener las apariencias, allá parece que para algo sirve. Si no al Sr Brown, por lo menos a la Estabilidad del Sistema, algo que los ingleses tienen en gran aprecio.

Y servirá, hasta que alguien se acuerde de la Bastille, y de Juan el Cojudo. Yo calculo que unos cincuenta años. Tal vez ciento cincuenta. Ya veremos, o no, según el caso.

Saturday, October 29, 2011

"Vamos a tratar de marear la perdiz" (Patiño)

El discurso de Ricardo Patiño ante la CIDH, aquí. Algunas observaciones al respecto:

En primer lugar, nada mejor que arrancar con una mentira gorda al puro estilo Alvarado:

Vamos a hablar de los derechos humanos. Queremos decir a esta Comisión que  el Estado ecuatoriano reconoce los derechos humanos de todos los ciudadanos que viven en nuestro territorio, independientemente de cuán poderosos sean o de cuánta capacidad de presión tengan.

Como se dice en mi ex-país: tiren de la otra, que tiene campanitas. Se reconocerá (de momento) el derecho a la vida (a una vida bajo tiranía, por supuesto); pero el derecho a la propiedad privada está siendo sistemáticamente socavado por una multitud de leyes y reglamentos que condicionan lo que uno puede tener y a qué usos se puede destinar: por ejemplo, que no se puede tener una empresa mediática y una de otro tipo, o digamos que un casino. El derecho al juicio justo y al debido proceso, que siempre fue entelequía en este país, ha sido pisoteado bajo este gobierno como ningún otro: no hace falta mirar más lejos que los casos Samanes vs Palacio, donde una jueza bajo presión gubernamental tuvo que hacerle auto da fe al diccionario para hallar culpable al acusado, o Correa vs El Universo, donde la sentencia que se impuso, que contradice elementales principios de justicia,  ni siquiera provino del juez sino, al parecer, del abogado del Presidente. Ni hablemos del derecho a la libertad de expresión, que es despreciado a diario: personas detenidas por "mostrar un dedo" ante ya sabemos quién, o por colgar en su página web una imagen considerada vulgar y soez que supuestamente atenta contra el "honor" de un destacado funcionario gubernamental amigo del mismo inmencionable y majestuoso sujeto. La lista de tales agresiones es inacabable. A esto hay que sumar la violencia física emprendida por los seguidores del Caudillo (esto del Caudillo no es ironía, por si acaso: su amigo, ex profesor y destacado protégé Arellano Raffo así le llama públicamente) en consecución de sus objetivos, más notoriamente visible en hechos como el tristemente famoso Dayuma. Ello, junto a la ubicua propaganda mediática llena de incitación al odio, ha creado paulatinamente un clima de miedo, hostigamiento y terror gubernamental que de por sí es antagónico a la libertad de expresión. El gobierno gusta de recordarnos que los "grandes medios" critican abiertamente al gobierno, y aduce esto como demostración de que sí existe tal libertad (lo hace Patiño al final del discurso). Lo que se olvidan de contar es, primero, que muchos de estos "grandes medios" (El Universo, Ecuavisa y Teleamazonas, entre otros) ya han sido involucrados en costosas represalias legales, con amenazas de cárcel de por medio, a veces por tonterías (como la supuesta creación ilegal de un "sistema", cuando algunas emisoras se juntaron para debatir, precisamente, la libertad de expresión); y segundo, que entre los ciudadanos de a pie, los que no tenemos ni recursos ni abogados caros para defendernos, la única defensa que tenemos es el anonimato, pues ya está demostrado con qué saña el gobierno persigue y destruye a cualquiera que en su propio nombre ose ser crítico con el regimen.

La pregunta central aquí ¿hay libertad de expresión? en la práctica se puede reformular así: ¿cuáles son los requisitos mínimos para que uno cualquiera pueda expresarse con libertad? A lo que yo contestaría: primero, un espacio; segundo, la ausencia de miedo, de amenazas condicionantes; y tercero (aunque esto parece tan obvio que es fácil de olvidar) la ausencia de interrupciones (no hace falta sólo espacio, sino tiempo). Respecto a esto último, el gobierno ecuatoriano ha descubierto un ingenioso truco: dejemos que el opositor hable, pero ¡le interrumpimos a cada rato! Yo mismo fui testigo de la aplicación de este método, cuando todavía laboraba Carlos Vera en Ecuavisa, y fue interrumpido brusca y repetidamente por improvisadas "cadenas gubernamentales" que le tildaban de "mediocre" y de "mentiroso" y no contentas con eso, mostraban la imagen de su casa en clara violación del derecho a la intimidad (sabemos dónde vive, Carlitos, cuidadito con lo que dice: fascismo puro). En cuanto a la ausencia de miedo y de amenazas, es obvio que la creación de miedo es el eje central de la estrategia mediática de este gobierno, pues si no, difícilmente se entiende que apenas son capaces de masticar la palabra "libertad" sin agregarle apresuradamente "con responsabilidad ulterior". ¿De qué responsabilidad hablan? La responsabilidad jurídica en casos de calumnia contra personas naturales está establecida desde hace más de un siglo, y para la mayoría se sobreentiende. En realidad de lo que se trata es de crear nuevas y difusas "responsabilidades" penales, para lo cual no han  dudado en impulsar una Ley de Comunicación, como si la comunicación necesitara de leyes, a más de un sinfín de engorrosos reglamentos (como aquel mencionado arriba, que sanciona la creación de un "sistema", entiéndase esto como se quiera, sin la venia de las Autoridades). Todo esto, con el fin de disuadir a cualquiera que se sienta tentado a formular la más anodina crítica contra el todopoderoso Regimen, o a impulsar cualquier novedad, sea tecnológica, artística, social o de otra clase, sin el visto bueno del oficioso Funcionario.

Resumiendo: en lugar de lo que nos dice la razón y el sentido común, que la comunicación es de naturaleza intrínsicamente pacífica y sin trascendencia legal (salvo posibles y discutidos "casos especiales", como el referente a la seguridad nacional), la ideología del gobierno que inspira la nueva legislación se basa en la aparente creencia de que las palabras son armas explosivas, que sólo se deben manejar por profesionales, con un sinfín de precauciones, lejos de grandes núcleos urbanos y preferiblemente bajo escrutinio uniformado.

En cuanto al requisito de "un espacio", esto recibirá tratamiento más abajo, pues constituye uno de los argumentos claves de Patiño en lo sucesivo.

En todo caso, lo más ridiculo de este preámbulo de Patiño es esto de que los derechos humanos de los ciudadanos se protegen en Ecuador "independientemente de cuán poderosos sean o de cuánta capacidad de presión tengan". No sé cómo se puede decir algo así sin sonrojarse. ¿A alguien se le ocurre que la honra de cualquier ciudadano que no sea el Presidente valga cuarenta millones? Si el mismo código penal lo dice: castigo para la calumnia grave, dos años si es contra un simple civil, tres si es contra una "autoridad". Si alguien me hace a mí un gesto supuestamente insultante con un dedo, y llamo al paco más cercano para que le detenga, ¿lo hará? Dejémonos de tonterías. En Ecuador hay una ley para los poderosos y otra para el resto. Que siempre haya sido así, puede ser; pero no vayamos a la CIDH con cuentos de hadas.

Respetamos el derecho de quienes han hecho uso de la palabra para defender los intereses de sus grandes empresas, pero queremos recordarles que también son humanos los derechos de las y los ecuatorianos que han sido excluidos sistemáticamente de sus derechos en los anteriores períodos gubernamentales.

Lo que está en discusión es lo acaecido en este período gubernamental. Si hay algo que la CIDH todavía puede hacer en cuestión de resarcimiento tardío de derechos vulnerados en anteriores períodos, el actual gobierno tiene plena libertad para llevar esos casos ante el mismo organismo, y de hecho es el actor idóneo para hacerlo. No recordamos haber visto a esos caballeros aprovechándose de tal posibilidad. Y si no puede hacer nada la CIDH al respecto, ¿para qué mencionar esos casos? Eso se llama marear la perdiz.

Parece que esos derechos no eran tan humanos o tal vez esos humanos eran menos humanos que los caballeros, digamos las cosas como a ellos les gusta que les llamen, aquí presentes.

Lo que está en tela de juicio es si el derecho a la libertad de expresión de alguno de esos "caballeros" (Zurita y Calderón, por ejemplo) ha sido vulnerado. A lo que Patiño contesta: ellos no protestaron cuando... Ajá. Así que mis derechos humanos sólo son válidos en la medida en que yo me esfuerzo por proteger los derechos de otras personas. Es decir, los derechos de un destacado luchador social, un oenegista de alto vuelo, o digamos, un popular Presidente que se llena la boca de Patrias y de Revoluciones Ciudadanas, son cosa seria, pero los de un humilde ciudadano que no tiene tiempo ni para llevar pancartas en manifestaciones, son nimiedad. Interesante teoría. Me pregunto si la gente de la CIDH estarán al tanto de esta novedad jurídica.

Y no podemos decir que los derechos a una vida digna por parte del conjunto de la población son, desde el punto de vista jurídico, más importantes que el derecho a la libertad de expresión, pero sí son más relevantes desde el punto de vista humano. Es más duro, más inhumano, más cruel, ser condenado a la pobreza intergeneracional, a no tener empleo, a no acceder a educación de calidad, a no tener vivienda, a no tener salud, a estar enjaulado o metido en una cueva por culpa de una discapacidad física o mental.

Esta pobre perdiz... En primer lugar, no existe el derecho a una vida digna. Nunca ha existido, y no solamente porque no habrá dos personas en el planeta que se pongan de acuerdo en el significado preciso de "digna" en este contexto, sino porque un derecho no es otra cosa que una garantía de parte de una persona o una institución (habitualmente un gobierno), y el primer requisito para que la tal garantía pueda darse es que la persona o institución realmente disponga de la posibilidad de asegurar lo que se garantiza. Y con la mejor voluntad del mundo (que no es el caso habitual), ningún gobierno puede garantizar que todo miembro de la población disfrute de una vida "digna", mientras existan la pobreza, los acreedores, los hemorroides, las enfermedades crónicas, los Aedes aegypti, o las iglesias evangélicas ubicadas frente a casas particulares y dotadas de sistemas de amplificación de sonido. Por no hablar de los políticos. Para mí es evidente que el paso más grande hacia una vida digna para todos sería que los políticos dejaran la política y se dedicaran a trabajar, por ejemplo, en alguna camaronera (sector en auge, según El Telégrafo). Pero dudo que este último punto el Sr Patiño lo entienda, así que dejémoslo correr.

Y sí, soy consciente de que la frase "no existe el derecho a una vida digna" se interpretaría desde la esfera aliancista como franca confesión de tendencias satánicas. Aclaremos que una cosa es un derecho y otra, un desideratum (sí, en serio, la dignidad me encanta, aunque con la mujer adecuada también a veces puedo prescindir voluntariamente de la mía). Confundir estas dos cosas lleva directamente al infantilismo, como aquello que se llegó a discutir en la Asnamblea Constitucional, el "derecho al goce sexual". Por ello, los derechos más "relevantes", en palabra de Patiño, no son necesariamente las cosas que más desearíamos que se cumplieran, sino los que el gobierno (en este caso) tiene más posibilidades de garantizar efectivamente, sin por ello lesionar otros derechos. En el caso de la libertad de expresión, es sencillísimo: el Estado lo garantiza simplemente comprometiéndose a no intervenir.

¿Por qué lo digo? Pues porque libertad significa ausencia de coerción (uno tiene libertad cuando nadie tiene poder para coartarle) y en temas de expresión, la experiencia demuestra que en general y con alguna salvedad fácilmente resguardable, el único ente capacitado para impedir definitivamente la expresión de alguna idea es el propio Estado. Aclaremos las cosas. Si soy periodista y mi jefe me impide publicar un artículo en el diario para el cual habitualmente escribo, no he sido afectado en ningún derecho, pues la libertad de expresión abarca solamente la expresión de una idea, no la garantía de una determinada audiencia. El periodista tiene el derecho, como cualquiera, de decir o de escribir lo que le da la gana; pero no el "derecho" a exigir que otros lo publiquen, en detrimento incluso de sus propios intereses. Por lo menos en eso están de acuerdo los correistas conmigo, pues en el caso El Universo han considerado que los Pérez, al haber consentido la publicación de las supuestas difamaciones de Palacio, actuaron dolosamente, es decir que tendrían que habérselo censurado. Y es por eso mismo que los lamentos de Patiño respecto a periodistas supuestamente censurados por sus jefes carecen de toda lógica. Puras lágrimas de cocodrilo, a las que no pienso dedicarles más comentario, pues la contradicción es de sobras evidente.

¿Qué tal si esos millones de ecuatorianos que han vivido en la pobreza, discriminados y que fueron empobrecidos por las políticas públicas de los gobiernos neoliberales hubieran tenido la oportunidad de venir acá a denunciar la violación de sus derechos humanos? Bueno, tal vez no habrían conseguido que les concedieran visa para entrar a este país, como no la pudieron conseguir en su momento los padres del ecuatoriano Franklin Aisalla, ciudadano asesinado en el ataque de Angostura del 2008, para atender un llamado de esta misma comisión. Ahora me estoy dando cuenta de la diferencia, hay unos que sí tienen derecho a obtener visa y otros no.

Cito textualmente a la última entrega de "Emilio Palacio en Internet":

La delegación [de los periodistas] mencionó, asimismo, el acoso contra Wilson Cabrera, dueño de una pequeña radioemisora en la Amazonia, y Pepe Acacho, dirigente indígena, a quienes el gobierno de Ecuador no permitió que asistan a la cita con la CIDH.

Siendo certera esta afirmación, la hipocresía de Patiño quita el aliento.

Ahora, la parrafada principal. Ánimo, que después queda poco.

Bueno, pero veamos ¿qué ha pasado con los derechos humanos en el Ecuador?

700 mil créditos entregados a ecuatorianos antes excluidos del sistema económico.

¿Hay un derecho consustancial a la naturaleza humana a recibir créditos? En qué declaración universal o panamericano se recoge eso?

La recaudación de impuestos en este gobierno subió en un 74% con el aporte de los que más tienen (justicia fiscal).

Es decir, está en pleno apogeo el derecho a ser robado. Enhorabuena, Patiño. Incluir esto en un supuesto listado de "cumplimiento de derechos" demuestra una mente sumamente creativa.

Cientos de miles de casos atendidos de personas con discapacidad invisibilizados antes de nuestro gobierno y que no tenían acceso a atención médica, empleo o asistencia social.

"Casos atendidos de personas con discapacidad". ¿Cómo se traduce esto? ¿Se les curó la discapacidad? En tal caso, ¿dónde están los peregrinos? ¿No tiene Ecuador derecho a codearse con Lourdes o con Fatima?

Creo que en realidad, lo único que dice Patiño aquí es que algunas personas con discapacidad fueron atendidos por la IESS, es decir mal y groseramente atendidos (yo soy afiliado, no me vengan con cuentos), por dolencias puntuales y comunes, pudiendo haber sido muchísimamente mejor atendidos en un hipotético sistema privado exento de interferencias gubernamentales.

Queda para otra ocasión comentar con la atención que se merece la actitud paternalista, discriminadora e insultante de un gobierno que considera como problema que las supuestas discapacidades sean invisibilizadas, es decir, que los discapacitados sean tratados como simples personas con idénticos derechos a los demás.

Aumento de 300% de inversión en educación, la que ahora es gratuita a nivel básico, incluyendo matrículas, uniformes, materiales de estudio; se han entregado 31 millones de textos escolares gratis, se incorporaron 55 mil niños y niñas a la educación pública. Del total del crecimiento en el acceso a los estudios universitarios gratuitos, el 40% ha sido de la población más pobre.

Nada es gratuito. Esto se paga con impuestos. Y como siempre en estos casos, lo que se ofrece es una miseria al lado de lo que se pudiera ofrecer en caso de existir una población no empobrecida y embrutecida por las interferencias gubernamentales y el robo de los impuestos, una población en control de su propio dinero y destino. En cuanto a los textos escolares, se entiende mejor la presteza del gobierno a distribuirlos gratis, habida cuenta de que en muchos de ellos se practica con absoluta desfachatez el adoctrinamiento y el lavado de cerebro a favor del Regimen.

Por otro lado, y lo digo por experiencia propia y personal de docente universitario, el estudiante que proviene de "la población más pobre" no es habitualmente mejor estudiante, ni más aprovechado, ni más destacado académicamente. Tampoco voy a sostener lo contrario de esta tesis, aunque cabe señalar que desde que se introduce la gratuidad, prolifera en medida sensiblemente mayor la deshonestidad académica (la cultura del plagio en unión con la ley del mínimo esfuerzo).

Se invirtió 6 veces más en ciencia y tecnología en este gobierno que en los anteriores.

¿Es un derecho humano tener un gobierno que gasta la plata del contribuyente en supuestos detectores de mentiras para chapas, o en laptops para asambleistas?

La inversión en salud se triplicó, pasando de 504 millones en el año 2006 a 1.473 millones en el presente; el sistema de salud pública atendió en el 2010 más de 30 millones de consultas y se triplicó la construcción de centros de atención. El Estado destina 184 millones anuales para adquisición de medicina que es entregada gratuitamente a la población.

Esta supuesta gratuidad sale caro. Como afiliado al IESS, pago mensualmente más de 10 veces lo que puede costar mi ocasional visita al médico y los medicamentos que hasta ahora me han dado. Antes, estaba afiliado a un seguro médico particular (Salud): más barato, mejor atención, no había comparación. Esta, señores, es la razón por la que el Estado nunca debería meterse en temas de salud: dondequiera lo hace, lo hace mal, de manera costosamente burocrática e ineficaz. La salud es algo demasiado importante para dejarla en manos de los políticos.

Por primera vez, el 51% del total de las nuevas viviendas en el Ecuador están en la zona rural.

Las grandes ciudades están que no dan más de sí. ¿Eso es bueno?

La cobertura de la Seguridad Social se incrementó del 39% al 55% de la población.

A punta de pistola, y habiendo mejores alternativas.

Este Gobierno ha realizado la mayor inversión de la historia en infraestructura vial, integrando a la población históricamente postergada.

Nuevo puente de Unidad Nacional. ¡Me siento tan integrado ahora!

En total, la inversión pública se incrementó en 110% pasando a ser relativamente la mayor en América Latina y el Caribe, y una de las más eficientes del continente.

¿110% respecto a qué? Alguien que le dé clase de estadística al ministro.

Repito: el significado de "inversión pública" es "dinero robado a los ciudadanos y usado para fines distintos a los que ellos, en libertad, harían". Es decir, inversión pública es prácticamente sinónimo de violación de un derecho humano: el derecho a disponer libremente de lo que es de uno, ganado con su esfuerzo. Evidentemente, cuanta más "inversión pública" hay, menos respeto a los derechos, en este sentido, encontraremos.

En cuanto al acceso a la información y comunicaciones, en los últimos 4 años hemos duplicado el número de usuarios de Internet a nivel nacional

No me lo creo. Que se haya duplicado ese número en el país, puede ser: que sea todo ello consecuencia de lso esfuerzos del gobierno me parece afirmación temeraria, hasta ridícula. A menos que se argumente que, ante las restricciones de las libertades de prensa, cada vez más gente se convence de la necesidad de conectarse en línea para disponer de versiones no oficiales de los acontecimientos. En este sentido, el gobierno puede haber tenido algo que ver, admitámoslo.

; por otro lado el uso de telefonía celular es uno de los más altos de América; la democratización de los medios de comunicación,

¿Qué chucha significa esto?

así como el acceso efectivo de la población a la información plural

Galimatías.

y a la posibilidad de expresar sus ideas libremente

(y de ir a la cárcel por ello)

, se plasma en el incremento de la entrega de licencias

a los "amiguitos"

para el uso de frecuencias de radio y televisión, nacional, urbana y rural más grande realizado en la historia del Ecuador en un período de gobierno, asignación técnica y transparente ejecutada luego de una auditoría realizada por mandato constitucional, hoy existen en el país 1174 emisoras de radio y 446 de televisión. El Estado ha entregado 14 frecuencias a radios comunitarias, de las cuales 13 fueron directamente a nacionalidades indígenas.

En fin. Impresionante sermón, que lo único que demuestra es que Patiño tiene más vocación de cura que de abogado. ¿Qué tendrá todo esto que ver con el caso El Universo, con el caso Zurita y Calderón, o con el precio del pescado? ¿Alguien tiene alguna remotísima idea?

En mayo de 2009, la Comisión Auditora de Frecuencias de Radio y Televisión creada por mandato constitucional, determinó que, durante el período comprendido entre enero de 1995 y diciembre de 2008, aproximadamente un tercio de todas las concesiones de frecuencias en el Ecuador fueron obtenidas de forma ilegal, o mediante transacciones privadas de dudosa legitimidad, por apenas un puñado de grupos empresariales. Este proceso de concentración y privatización de las frecuencias de radio y televisión fue posible, en gran medida, debido a las deficiencias normativas de la Ley de Radiodifusión y Televisión vigente, la cual fue promulgada en 1975, en plena dictadura militar. Para que se hagan una idea, el órgano estatal encargado de otorgar las frecuencias, previsto en dicha ley, estaba conformado, entre otros, por los mayores propietarios de medios de comunicación. Estos no dudaron en asignarse a sí mismos un gran número de licencias, sin el menor atisbo de pudor.

Todo lo cual demuestra, sin lugar a dudas, que el sistema de licencias está abierto a abusos, que serán aprovechados por cualquier gobierno (que el lector decida si este gobierno de "manos limpias" será la excepción). Solución: que exista libertad, constitucionalmente garantizada, para que cualquiera use las frecuencias que quiera cuando quiera, sin necesidad de licencia alguna ni más trámites absurdos. (La tecnología para que esto no incida en la recepción de tu telenovela favorita ya existe.)

Como resultado de este proceso, el escenario mediático de alcance nacional quedó reducido a ocho grandes grupos, ligados a ocho “ilustres” apellidos. Según lo señala el Análisis de Desarrollo Mediático en Ecuador publicado en marzo de 2011 por la UNESCO, estos grupos son: 1. Grupo Egas; 2. Mantilla; 3. Pérez; 4. Alvarado; 5. Martínez; 6. Eljuri; 7. Vivanco; y, 8. Grupo Isaías. Casualmente, estas familias han estado tradicionalmente vinculadas a grandes consorcios comerciales, industriales y, especialmente, bancarios de nuestro país. El mismo estudio señala que los medios privados utilizan el 83% de las frecuencias de televisión y el 89% de las frecuencias de radio, en tanto que los medios comunitarios no ocupan ninguna de las frecuencias de televisión y apenas el 0,2% de las frecuencias de radio.

Lo de los "ilustres apellidos". El señor Xavier Alvarado Roca, dueño de Ecuavisa y citado en este lista, aparte de compartir su "ilustre apellido" con ciertos altos funcionarios del actual gobierno, según mi somera investigación no heredó una fortuna mediática, sino que fue un pionero, hijo del dueño de una simple imprenta, que por su propia cuenta lanzó la revista Vistazo y más adelante y con los réditos de la revista, una modesta emisora televisiva, que creció debido no tanto al mecenazgo oligárquico sino al empuje, al talento, al espíritu emprendedor de su fundador. Puedo equivocarme, pero no creo que los antepasados de este señor hayan estado "vinculados a grandes consorcios comerciales" o de otra índole, aunque él mismo indudablemente sí. El informe de la UNESCO (léanlo: es más duro con el gobierno que yo, y hasta señala la incompatibilidad de la propia Constitución con los instrumentos internacionales: que lo citen los correistas me resulta algo sorprendente) no habla de familias sino de grupos empresariales tout court. El hallazgo de las familias supuestamente herederos de una larga tradición de hegemonía oligárquica, que ha hecho furor estos días entre el kommentariat gobiernista, creo que tendrá su parte de verdad pero me huele a simplificación interesada con cierta dosis de mala fe. En todo caso, si de verdad en Ecuador hay nada menos que ocho grupos comerciales con representación significativa en los medios nacionales, entonces la tal situación contrasta muy favorablemente con la de otros países, como por ejemplo el R. hUnDido, EEUU o España (en los primeros dos casos, el imperio de Murdoch impone el paisaje mediático, obviamente mediante politiquería y bajo protección estatal; en Inglaterra, el sometimiento de sucesivos gobiernos, incluido el actual, al malvado de Ruperto es espeluznante). En todo caso, como siempre he dicho, la solución al problema del supuesto poder de los medios nunca va a ser ponerlos en manos de quienes tienen muchísimo más poder, además de claras e inconfundibles intereses electorales. Esto creo que un niño de ocho años lo entiende. (Que traigan un niño de ocho años.)

A partir de que el Estado ecuatoriano y el actual gobierno se pusieron al servicio del pueblo al que legítimamente representan, y comienzan a restringir privilegios y canonjías de los grupos de poder -a los que representan los grandes medios de comunicación nacionales- entonces el panorama mediático se llena de sombras.

Que el Sr Patiño nombre uno solo de dichos "privilegios". En serio, me encantaría saber a qué se refiere.

¿Quiénes están descontentos con las políticas públicas? 1. Los grandes evasores de impuestos (importantes auspiciantes de los grandes medios), que ahora, para su mala suerte, los tienen que pagar;

Es normal, creo, estar descontento cuando te roban.

2. Los tenedores de la deuda externa a quienes les recortamos un dinero ducto a través del cual se llevaban ilegítimamente una gran parte de la riqueza generada en el país;

Traducción: si prestas un dinero, no esperas que te lo devuelvan. Tal esperanza sería "ilegítima".

Mejor que diga: es una cojudez, tratándose de gente tan irresponsable como los actuales gobernantes.

3. Los grupos económicos acostumbrados a prácticas monopólicas y oligopólicas, quienes nunca van a perdonar que el Estado haya decidido regular el sistema financiero y, peor aún, que haya logrado aprobar, a pesar de toda su oposición, una ley antimonopolio después de décadas de intentos fallidos;

Bzz: wrong answer. El descontento con la restricción de las libertades se hace patente mucho antes de que la reciente Ley "antimonopolio" (en realidad, antiprosperidad) fuera siquiera una destello en el ojo de su majestuoso auspiciante.

4. Las redes de contratistas corruptos que tenían secuestrados los ministerios y oficinas del Estado,

por ejemplo, los del hermano del Presidente (que, por supuesto, nada sabía)

a quienes el nuevo sistema de contratación pública les cortó el flujo incesante de recursos que compartían también con sus cómplices en la burocracia estatal; y muchos otros caballeros, miren con cuánta consideración los tratamos, que estaban acostumbrados a vivir en un país organizado para que se atiendan sus privilegios, en muchos casos ilegítimos o francamente ilegales, pero no para que se cumplan sus obligaciones.

El mismo aburrido cuento de siempre: la satanización de la oposición, de cualquier oposición. Fíjense bien en lo que dice Patiño. No es que los descontentos incluyan a algunos evasores de impuestos, privilegiados y demás, sino que se resumen en ellos. Es decir, para Patiño no existe siquiera la posibilidad de que una persona pobre y honesta esté contra los atropellos de este gobierno. A lo que yo siempre digo: si soy privilegiado, ojalá alguien me indique qué privilegios tengo, para empezar a disfrutarlos de una vez, antes que sea tarde.

Pero también el Estado ecuatoriano cometió el atrevimiento de emprender una política irreconciliable con la concentración del poder mediático privado: decidió crear medios de comunicación públicos, esto es, medios de propiedad del Estado y al servicio de la información en beneficio de la ciudadanía, y para colmo, conceder autorizaciones para que más ciudadanos y grupos sociales tengan acceso efectivo a instalar nuevos medios de comunicación. Ahí sí que ardió Troya. Que si era legal o no, que si se gastaban los recursos de los contribuyentes (hasta que se acordaron de ellos), que si se nombraba a fulano de tal como director, que si su hoja de vida les gustaba o no, que si una y mil cosas. ¿Cómo se podía atrever un gobierno a disputarles a ellos el control de la información y de la opinión pública?

¿Saben ustedes lo que significa en Inglaterra public school? ¿Será una escuela pública, estatal, o por lo menos abierto a todos? Al contrario: allá significa una escuela o colegio no solamente privado, sino carísimo, exclusivo, de la élite, destinado según tradición a proveer el país de ministros, primeros ministros, altos funcionarios, o capitanes de la industria. Por ello estoy dispuesto a aceptar como curiosa y pintoresca incongruencia la denominación de públicos refiriéndose a unos medios, como El Telégrafo, que aparte de proveer propaganda a favor del gobierno lo único que hacen es reunir a un elenco de asquerosos chupamedias, de un pasmoso servilismo, de los que resulten ser sabor del mes entre los mandamases del Regimen.

En fin, la lengua de Patiño le traicionó. ¿Lo que se pretende es, acaso, darle un espacio a la ciudadanía para que se exprese libremente? No: textualmente, el objetivo es "el control de la información y de la opinión pública". Ahí los tienes. Quieren controlar nuestra opinión. No hay más.

De paso, es notable y aleccionador el desprecio que tiene Patiño hacia "el dinero de los contribuyentes". Como todo político, le cuesta entender que ese dinero no es suyo, para hacer con él lo que le plazca. (Lejos sea de mí recordárselo.)

Ante una política pública tan heterodoxa, por decir lo menos, los grupos de poder vieron amenazado su estatus, y decidieron hacer un frente corporativo contra el proyecto de cambio que representa la Revolución Ciudadana. Este frente ha llegado al punto de erigirse en actor político de primer orden.

Así que "frente corporativo", eh. Dónde se reunirán. Cuáles serán los documentos ultrasecretos que revelen la tal conspiración en toda su dimensión. Si no me molesto con signos de interrogación, acaso entenderán el por qué.

De hecho, estos grupos han desplegado una ofensiva mediática, política y económica, que pretende persuadir a las y los ciudadanos, así como a los organismos internacionales, de que los cambios que se están realizando en la estructura de propiedad de los medios de comunicación y en la estructura de acceso a los medios y tecnologías de la comunicación, son per se vulneraciones a la libertad de expresión. Para ello han recurrido a todo tipo de recursos informando interesadamente, ocultando información y muchas veces, directamente desinformando y mintiendo. La consigna es que todo proyecto de cambio legislativo, institucional o administrativo emprendido desde el Gobierno Nacional debe ser necesariamente boicoteado y abortado en nombre de una mal llamada libertad, para mantener así el estado de privilegios imperante a favor de los grupos familiares de empresarios que monopolizan los flujos, los medios y las tecnologías de comunicación e información.

Todo eso sería más creible si en algún lugar hubiera surgido una propuesta desde el gobierno de ampliar o garantizar las libertades existentes. En lugar de ello, lo único que han hecho es intentar restringirlas. No hay que ser empresario para sentirse afectado por tales restricciones. Hasta los humildes blogueros a quienes apenas nadie nos lee nos sentimos amenazados. (Yo ya tengo planificado mi método de suicidio si me llevan a la cárcel.)

"Mal llamada libertad"... ¿Por qué les cuesta tanto de entenderlo? Libertad de expresión significa que cualquiera puede expresar lo que le dé la gana, como y cuando le da la gana, sin pedirle permiso a nadie, utilizando los medios de difusión que pueda o que tenga a su alcance, sin que nadie más esté obligado a cederle ninguno contra su voluntad. Así de simple. Que sea bueno o malo es otra cuestión; que existan casos especiales donde se debe de restringir, es otra más; que sea factible, o moralmente justo, suplementarlo con otros derechos complementarios es otra todavía. Pero el significado es claro, y es el mismo en todo el mundo. Sólo aquí se les ocurre a estos incalificables revolucionarios rebautizar como "libertad" el servilismo, el vasallaje, la subvención, el despilfarro o el cretinismo. Sólo en estos trasnochados climas.

Debemos caer en cuenta que la reacción virulenta contra la política del Estado está limitada a los dueños y representantes de ciertos grandes negocios privados dedicados a lo que ellos llaman comunicación. La inmensa mayoría de los pequeños y medianos medios de comunicación del país son testigos de la plena libertad de expresión de que gozan y no acompañan estas desatinadas acciones libertarias.

Pura mentira. Ya en otro lugar hemos rebatido esto con casos concretos, hasta de periodistas citados en cadenas gubernamentales como "satisfechos", que luego resultan no serlo en absoluto. Yo personalmente leo a diario reclamaciones y quejas conta estas políticas de Estado, en Twitter por ejemplo, y ni uno solo de estas emanan de "dueños y representantes de grandes negocios". Empiezo a preguntarme si Patiño es capaz de algo más que del ad hominem ya trillado.

Por otro lado, ese rol protagónico en la política ecuatoriana que antes apuntábamos, ese poder de influir en decisiones vitales para el conjunto del país, no emana de ningún tipo de representatividad democrática. Más bien se sustenta en su capacidad para concentrar medios, controlar la información e influir así en la conformación de la opinión pública. Más aún, desde determinados rotativos y determinadas frecuencias, se ha practicado (y aún se practica) el acoso a jueces, asambleístas y otros cargos públicos. Desde los despachos del poder mediático, se ha acusado y difamado sin pruebas tanto como se ha insultado.

Maravillosa inocencia. A Patiño nunca se le habrá ocurrido que el escritor del Universo, o el periodista de Ecuavisa, "influye en la opinión pública" solamente en la medida en que el público se lo permite; es decir, que antes de influir, hay que ganarse credibilidad... y que este proceso es exactamente el mismo que para el político que espera ser elegido. Es decir, en uno y otro caso funciona de igual manera la democracia, con la única diferencia de que al político se le escoge como representante, y al columnista como fuente predilecta de información (en el sentido más amplio). Diferente sería que al periodista se le concediera poder político, es decir, un papel diferente al que el lector le otorga voluntariamente. Si eso alguna vez ha pasado, pues merece toda condena, pero la culpa en todo caso sería de los gobiernos que se dejan aconsejar, cojudamente, por simples chupatintas.

"El acoso a jueces, asambleistas y otros cargos públicos". Realmente, hay que vivir en este país para apreciar el humor que esta sentencia encierra. Como si en Ecuador se pudiera acosar a cualquiera de estos ilustres entidades sin acabar en una celda en menos de lo que canta un gallo. Que se insulte es otra cuestión. Eso es el deporte nacional, y nadie más adicto que el propio Presidente. Cualquier columnista, hasta el más ocurrente, palidece en comparación con los inmensos recursos del Mandatario en cuestión de descalificaciones. Los más avispados se conforman con imitarlo. Todo esto lo sabe de sobras Patiño, lo que pasa es que aquí está ante un público de cojudos y hay que aprovecharlo.

Impulsamos una Constitución garantista, que amplia los derechos en el ámbito de la comunicación, mucho más allá de la sola referencia a la libertad de expresión

La respuesta del Gobierno fue entonces la de promover un proceso constituyente, sin lugar a dudas ejemplar, en términos de ampliación de derechos y libertades. Por supuesto, también en beneficio del derecho a la libertad de expresión, opinión e información. El nuevo texto constitucional incorporó al ordenamiento jurídico ecuatoriano, con calidad de derechos fundamentales, los derechos económicos, sociales y culturales de la comunicación, con el propósito de democratizar la comunicación y generar condiciones materiales, sociales, jurídicas y políticas que permitan disfrutar a todos los ciudadanos de las libertades de expresión, información, opinión y prensa. Esta información ya ha sido presentada ampliamente por el señor Procurador General del Estado, minutos antes.

Ya me harté de escuchar lo de la Constitución "garantista". A efectos prácticos, la cosa está vista, lo único que garantiza es que el gobierno hará lo que le da la gana, amparado en el supuesto derecho de alguna supuesta entidad, como puede ser "el humilde y para nada presidencial ciudadano común Rafael Correa". (O si no, que me expliquen todas las veces que alguna acción gubernamental haya sido declarada inconstitucional por los independentísimos señores del Tribunal Constitucional). En todo caso, valga esta cita del propio estudio de la UNESCO citado por Patiño:

Article 18-1 of the Constitution of Ecuador is incompatible with the right to freedom of expression recognized in international instruments because it establishes prerequisites for information.

Más claro y contundente, imposible. Así que va Patiño a Washington a defender una constitución lesiva con los derechos humanos. Suerte.

No sé si este señor en serio cree que para que exista libertad de expresión primero tiene que crearse la Utopía de un país sin pobreza, sin enfermedad, lleno de radiantes escolares gratuitamente uniformados, que pasan media hora cada mañana cantando himnos a la Patria y a su glorioso Caudillo. Puede ser. En todo caso, es una buena excusa para que la tal libertad no exista. "Espere, estamos en ello... en cuanto hayamos asegurado nuestra reelección hasta el año 3000, en cuanto estemos libres de sarampión, en cuanto ya no existan recien nacidos muertos y enterrados en cajas de cartón para ser denunciados, entonces ya verás, habrá una libertad realmente immmm-presionante..."

Palabra de Pativideofaciente.

Y ante la campaña abiertamente distorsionadora, mentirosa y confrontativa de las élites en el poder y de algunos medios nacionales de comunicación, el Gobierno Nacional enfrenta teóricamente dos opciones: Por un lado, ejercer la censura. Esto, en ningún caso hubiera sido aceptable para nosotros, ya que iría contra nuestro programa, contra la Constitución que juramos defender, y contra el espíritu garantista que promulgamos como organización política.

Y, por otro lado, queda la opción de contestar. Pues bien, desde el comienzo, esa fue siempre nuestra alternativa. Tomamos la palabra, y comenzamos a contrastar las versiones y argumentos de los medios empresariales con nuestras versiones y argumentos; y con las de otros. Creemos que desenmascarar sus intereses corporativos ayuda a prevenir también sus excesos; así como el sentido real de sus apelaciones a la democracia y a las libertades. En definitiva, no se les censura; al revés, se disputa su monopolio sobre la verdad, confiando en que el pueblo ecuatoriano tenga los criterios y la información suficiente en ese debate para que sea capaz de construir su propia versión de la realidad política.

Así que ¿no será censura eso de amenazar con cárcel y multa de cuarenta millones a quien diga algo con que el Presi no esté de acuerdo? Interesante teoría. En todo caso, Patiño, como cualquiera de su estirpe político, ignora olímpicamente la tercera opción, la que es practicada en cualquier país de tradición democrática, que consiste en no hacer nada. En dejar que hablen, y mientras tanto dedicarse a lo suyo, a "gobernar" como ellos gustan de llamar eso de malgastar los dineros robados. Respetar la libertad de cualquiera de opinar como le dé la gana, y al mismo tiempo, tener suficiente vergüenza como para darse cuenta de que el papel de un representante, en democracia, no es y nunca será presentar "su" propia "versión". El representante no habla, chucha: escucha. Un Presidente democrático, a diferencia de uno autoritario o de un dictador, si se reserva para algo los sábados no es para discurrir a su propio favor sino a recibir quejas y reclamaciones de los ciudadanos. Pero en este país, el simple acto de dirigirse a un político con algún asunto, sin protocolos y con la carta en la mano, ya de por sí se considera una impertinencia y un posible acto de desestabilización o de terrorismo. De acuerdo: hablamos de una cultura ya heredada, secular; pero lo que este gobierno ha demostrado de sobra es que el servilismo le hace tilín donde otros estimulantes no pueden.

Sus intenciones de desprestigio contra el Gobierno actual y contra las instituciones del Estado, para su mala fortuna, no les han servido para mucho. El Presidente Rafael Correa goza de una aprobación de su gestión de gobierno que en muchas décadas ningún Gobierno ha logrado. Ya para cumplir cinco años en el Gobierno, más del 70% de los ecuatorianos la califica favorablemente.

Otro cantar se encuentra en el informe de UNESCO, que recoge el dato de que una mayoría de la población no está de acuerdo en ser arengada cada sábado y el resto de los días por estos incansables megalómanos. (Tal vez por esto el tema de las cadenas no salíó en la última Consulta Popular.)

Estamos tan seguros de que ésta es la vía de respuesta, que les contestaremos públicamente allí donde se plantee la disputa. En el campo mediático o en los tribunales ecuatorianos. Incluso si eligen acudir a organismos como el que hoy nos acoge. Porque también esto nos da la oportunidad de poner en evidencia contradicciones como la de verse interpelado por el cumplimiento de la Carta Interamericana de Derechos Humanos, en la cuidad capital de un país que ni siquiera la ha ratificado. Porque nos permite denunciar la capacidad que tienen determinados poderes por marcar la agenda de organismos como esta Comisión, en un momento en el que las alertas ante violaciones de derechos humanos en el hemisferio deberían estar encendiéndose en otras latitudes, y contra otros derechos humanos tan valiosos como los relativos a la libertad de expresión.

De nuevo: pobre perdiz. Ahora resulta que la CIDH se equivocó de país.

De igual modo, se discute en la Asamblea Nacional, una Ley de Comunicación inclusiva que pretende abrir y garantizar espacios, no ya sólo a los medios de comunicación empresariales; no sólo a un aparato estatal de comunicación, que también incorpore parámetros de gestión distintos a los exclusivamente empresariales. También a la comunicación comunitaria y otras experiencias asociativas, que han sido largamente olvidadas por la mayoría de los estados. Queremos extender el uso de las herramientas para la comunicación social que ofrecen las nuevas tecnologías a nacionalidades.

Magnífico paternalismo. Si tienes la mala suerte de pertenecer a una "nacionalidad", evidentemente no sabrás mover el ratón solo. Papá Estado, al rescate. Y todo bien, hasta que tu "comunidad" de repente resulte ser compuesta por "terroristas". El resto, que lo cuente Llori.

Por Dios. Si existe una "comunidad", entonces se supone que ya tiene que haber comunicación, si no, no existiría. El Estado no tiene que crear lo que ya hay. Por eso, en países donde domina la sensatez, se "olvida" el asunto. Digámoslo de otra manera. Si yo no le pongo cachos al vecino ése del Hyundai Terracán, es porque ya tiene. Hasta ha tenido que instalar sun roof por ello. Más vueltas no se le puede dar.

En todo caso, debemos reconocer que existe un nivel importante de crispación política en el Ecuador. En aras de la libertad de expresión, se toleran todos los abusos al derecho de la libertad de expresión, porque hay que tener un alto nivel de tolerancia para soportar tal cantidad de tergiversaciones y falsificaciones de la realidad por parte de ellos.

Un derecho no se puede "abusar". O existe o no existe. No hay más. ¿O esos ecuatorianos que viven 100 años estarán abusando, acaso, del derecho a la vida? En cuanto al "alto nivel de tolerancia", en todos lugares eso (también conocido como "piel gruesa") se conoce como requisito indispensable para ser político. ¿Que a Patiño nadie se lo dijo antes de meterse en ese mundo? Qué pena. Como que al domador de leones nadie le había dicho que el animal tenía dientes.

Ahora bien, una cosa es calificar, y otra muy distinta es utilizar las plataformas mediáticas para lanzar acusaciones insidiosas de extrema gravedad. En un Estado de Derecho, ningún ciudadano puede perder la posibilidad de defenderse en los tribunales frente a alguien que, sin aportar prueba alguna, lo acusa públicamente de ordenar una matanza. Saben ustedes el caso al que me refiero.

Sí, pero en un Estado de Derecho esto se resuelve con derecho, no con cortes corruptas y amañadas, ni con sentencias pasadas en pen drive. En un Estado de Derecho todo asunto relativo a difamación y calumnia se regula a través de la ley civil, sin que exista ninguna dimensión penal. En un Estado de Derecho, ya que lo mencionas, la ley es la misma para "autoridades" y "no autoridades". En un Estado de Derecho, los interpelantes en un juicio no utilizan una poderosa y siniestra maquinaria de propaganda estatal para lanzar "cadenas" a favor propio, ni tampoco utilizan turbas alquiladas para intimidar al contrario hasta en la propia sala de juicio. Y por último, en un Estado de Derecho no se inventan nuevas "responsabilidades" sobre la marcha, como excusa para condenar a quienes nada tienen que ver con la supuesta calumnia, pero sí en cambio pueden ayudar a engrosar el botín.

Existe censura previa en el país, pero es ejercida por los mismos dueños de los medios de comunicación.

Tontería ya comentada.

Complementariamente, el estudio sobre ¿Cómo viven y piensan la libertad de expresión los periodistas ecuatorianos? (2008), elaborado por la Universidad de las Américas (UDLA) en el marco de actividades de Laboratorio de Medios, sostiene que de 120 periodistas entrevistados, el 44% afirma que se ha abstenido de publicar algo por presión de los dueños o directores de medios, el 33% por los grupos de poder, el 21% por anunciantes y 19% por el Gobierno (es preciso tener en cuenta que en la elaboración de esta estadística algunos periodistas señalaron a uno o más de estos actores como agentes activos de censura). Este estudio confirma nuevamente que, en términos globales, el 88% de las acciones de censura provienen de actores privados, aunque los medios de comunicación nunca han visibilizado esta situación; y en cambio, por regla general, han sobre-visibilizado y sobre-dimensionado los casos en los que se considera que los funcionarios del Estado a nivel central, regional o local han desarrollado actos constitutivos o conducentes a la censura.

TYC. Sólo cabe recalcar que como la mayoría de medios nacionales son del gobierno, es más que probable que parte de esa "presión de los dueños o directores" provenga indirectamente del propio gobierno; y aun en caso de ser medios privados, lo más dable, sobre todo después del caso El Universo, es que el dueño o director que censure algo esté pensando en posibles represalias gubernamentales por no hacerlo. La otra posibilidad es que lo censurado sea una sarta de tonterías, claro está.

Sin embargo, comparadas estas cifras con algunas similares recopiladas en países de nuestro entorno, las mismas nos hacen ver que la libertad de expresión en el Ecuador goza de mucha vitalidad. Más cuando comparamos, también dentro de la región, cifras de personas amenazadas o asesinadas por motivos de opinión o expresión. En este sentido, el Ecuador constituye un ejemplo por la baja cifra de víctimas.

Tenemos un gobierno tan bueno, tan, tan bueno, que ¡no nos fusila!

Yo mismo, desde ya, pienso enviarle una tarjeta de sincero agradecimiento al Presidente por tal conmovedora generosidad.

Así mismo, el debate político, es absolutamente plural, y abierto. Las políticas gubernamentales son permanentemente puestas en duda y criticadas, y permanentemente el Gobierno hace una labor por explicar, contra-argumentar y rebatir.

Cosa que en una democracia real, como ya expliqué, no sucede ni tiene que suceder. ¿Cuándo lo entenderá el Sr Patiño?

En realidad, nunca antes de este periodo de cuatro años se ha escuchado debatir tanto sobre las posibilidades reales de desarrollar las distintas libertades y derechos recogidos en nuestra Carta Magna como en los últimos cuatro años. También los derechos de opinión, información y expresión. Quizá por eso, como dice el escritor uruguayo Eduardo Galeano, “existe tanta libertad de expresión, que pueden salir públicamente a expresar que no les dejan expresarse”.

Y puede terminar en la cárcel por ello. Pero mejor no encombremos esta discusión tan bonita con hechos concretos. Ahora pongámonos de pie y entonemos todos el "Padre nuestro, que está en Carondelet..."

Sunday, October 23, 2011

Música para sordos

Como dice la canción:

"You are a former editor of The Universe:
No less than the trees and the stars
You have a right to be somewhere in Miami."

Expresión que será acogida con aprobación, sabios asentimientos de cabeza y densos torbellinos de humo de marijuana por toda persona de buena voluntad y guitarras cubiertas de pegatines multicolores.

Pero no toda persona opina así. Cedámosle la palabra a don Christian Aguaysa, residente de Ambato y devoto lector (Facebook dixit) de Nietzsche y de Montalvo:



(esto fue hace días. Entre las perlas más recientes en Twitter: @augustofloresa @carlosjijon Así como Gadafi deben morir carlos vera,gutierrez,montufar y palacio. Ojalá alguien se anime!)

¿Qué les parece? En primer lugar, después de reponerme del susto de enterarme de que Emilio Palacio tiene secuaces (a él le ha de encantar, siempre en sus columnas se quejaba de eso precisamente, de no tener secuaces), a mí lo que me llama la atención aquí es esa generosidad con que el asiduo (941 Tweets) tuitero nos regala puntos de exclamación. Otra cosa puede que no tenga, pero puntos de exclamación, a la vista está, para dar y regalar. Así que, si alguna vez estás en Twitter y te falta alguno, acude presto a este hombre, que de buen seguro te ha de propinar unos cuantos, a cambio de poder sumarle un seguidor más a su más bien selecto inner circle.

Y sí, a mí también se me ocurrió: habrá quienes recurren a los puntos de exclamación como una especie de daga o puñal virtual. Te haces una idea de un pobre hombre, sentado delante de su computadora, donde en una ventana de Internet Explorer sale la foto de este Emilio Palacio, y en otra la lista de seguidores de Twitter, dándole a mayúsculas 1 con un dedo índice izquierdo tembloroso de la ira: ¡toma! ¡otro! ¡otro más! mientras en su imaginación, cada punto de exclamación se hunde en el cuerpo del impenitente coleccionista de secuaces (estos secuaces que viendo su cuenta de Twitter tanta falta le hace a él) hasta convertirlo en un segundo San Sebastián.

Pero ahí está la cuestión.

El tipo se anuncia, en Facebook y en Twitter, como médico. ¿Usted le cree? ¿Conoce a algún médico que se haga fotografiar con la bata blanca del oficio, y hasta se presente en Twitter vestido así? Eso de hacerse fotografiar "vestido de" es más propio de los aspirantes y soñadores habitantes de barrio del patetismo marginal, ¿no cree? A uno le tienta suponer que este tal Aguaysa es en realidad simple camillero, concerje de hospital, algo por el estilo, de los tantísimos que escogen al Internet para vivir su fantasía y convertirse durante unos minutos u horas en aquello que siempre han envidiado. Pero imaginando un momento que realmente es médico, ¿qué nos dice eso?

En primer lugar, uno deduce que en Ecuador el juramento hipocrático es desconocido. Una pena. Si bien ha habido médicos asesinos en la historia (entre los más siniestros el psicópata Ernesto Guevara, aunque en algún lugar dicen que no terminó sus estudios de galeno) creo que en la mayoría de países el médico graduado difícilmente se le pilla deseándole la muerte a una serie de desconocidos a través de los medios públicos. Claro que Ecuador is different, que diría Fraga.

En segundo lugar, habría que felicitarle a Correa y a los Alvarado por su éxito en crear este tipo de clima social de odio, donde el discurso monotemático de este soi-disant doctor ambateño apenas destaca como lamentable exceso (me imagino a algún correista sentenciando así, con la sonrisa torcida y encogiéndose de hombros) dentro de esa sinfonia diaria de descalificaciones, acusaciones, intolerancia, vitriol y bilis que se puede escuchar sintonizando El Comercio (sección comentarios), las columnas de opinión del Telégrafo, etcétera, y cuyas olas siempre renovadas de locuaz indignación son dirigidas con maestría y aplomo por la batuta sabatina.

Parafraseando al Presidente: otra cosa no se sabe, pero cuando deje el cargo para irse a Bélgica, aunque no deje atrás un país más próspero, de lo que puede estar seguro es que dejará un país más lleno de intolerancia, odio y pobreza mental y espiritual. ¿Alguien lo duda?

El otro día, la vecina de enfrente (no enfrente, sino más allá, la otra cuadra) se organizó una de sus innumerables fiestas. No sé si alguno de los asistentes se fue a casa después mejor acompañado, con más amistades, con más fervor dionisiaco, pero puedo asegurar de que todos se fueron un tantico más sordos. Hasta acá, no había manera de pensar, menos de dormir. El ritmo preferido fue el reguetón. Y a mí lo único que se me ocurrió pensar fue: esto es música para sordos. No tiene otra cosa. Pregunten a cualquier baby boomer: no es, siquiera, transgresora. Al exitoso reguetonero, en sus videos musicales, se le ve sacudiendo el cuerpo, algo encombrado de kilitos de más, los ojos escondidos tras las gafas de rigor, el cuello convertido en escaparate de joyería; junto a él, dos o tres muñecas de gestos torpes y cara inescrutable. Tanta plata, pero ¿en qué gastarla? ahí está la angustiosa cuestión. Todos me han dicho que la plata trae la felicidad, pero ¿cómo? ¿en qué gastar toda esta puta plata? Pues que vengan chicas y más chicas, carros de lujo, la semana que viene iremos a dar la vuelta de la bahía en un yate, en fin, sigamos los senderos establecidos, a ver si resulta. Y si no, siempre está el polvo blanco. Pero ¿por qué en toda esta puta vida nadie me enseñó a ser feliz?

La vecina misma. Tiene una cierta edad (mi esposa cree que cuarenta y pico) y se conoce como "la loca de". (Siempre encontré hilarante el uso muy sudamericano de "loca" por referirse a una mujer sospechosa de promiscuidad: como si el goce pleno del sexo fuera síntoma de trastorno mental en el sexo femenino... no sé, tiene algo de deliciosa y tiernamente decimonónico). Le gusta organizar fiestas donde acuden los jóvenes del barrio, para quedarse la noche (mi esposa es muy observadora) con algún muchacho, que sale la mañana siguiente a hurtadillas con cara anonadada. Hasta ahí, tiene todas mis simpatías. Yo en su lugar haría lo mismo. Pero con ese fin llena el sector día sí día no de esa música horrible, que no consigue ser ni bailable, ni desenfrenada, ni demoledora, ni mucho menos erótica. Y me molesta porque lo que ella hace es un flaco servicio, una mala publicidad, a la causa sagrada de la promiscuidad. Quien no sepa escoger música, ¿qué sabrá de gozar? ¿de sorprender? ¿de apasionarse? ¿de ser feliz?

No sé. Así como estoy yo, en medio de la pobreza, de la austeridad más angustiante, uno mira en su alrededor y encuentra poco, por no decir nada, de envidiable. Ninguna vida con la que quisiera intercambiarse, ninguna mente que seduzca por la amplitud, por su oxigenación. Por todas partes, bailes de sordos. Tuiteros que siembran holocaustos para que su única neurona quede triunfante en medio del desierto. Políticos que hipotecan al futuro del país para poder pagar la hipoteca de su casa. Música que no canta, "locas" que gozan sin gozar, que convierten la inmoralidad en aburrida faena. Fiestas literarias sin literatos, estudiantes unversitarios que nunca han leído un libro, médicos que sólo piensan en matar, tenderos que prefieren no vender a buscar cambio de $20. Blogueros (este) que no consiguen arrancar, que van aplazando y aplazando la revelación de su secreto.

Thursday, October 20, 2011

Teteteteagua

El título es una cita textual de Endivio Roquefort Junior, de 4 años, autista y destacado dirigente del movimiento mundial de los Desaguados. Posibles traducciones:

Quiero agua.
Dame agua.
Necesito agua.
Por favor, ¿podría proporcionarme un poco de agua?

Lo interesante aquí es que en su actual etapa de limitada destreza lingüística, el niño parece haberse dado cuenta de algo que se enseña en cualquier curso de gramática inglesa que se precie, verbigracia, el principio de end-weight, según el cual en una frase bien construida la información más importante viene al final, lo cual a su vez remite a la eventual necesidad de usar recursos como la voz pasiva, etcétera. Habría que consultar a Chomsky para saber si este principio forma parte de nuestro hard-wiring universal. La intuición me dice que sí, a pesar de que los recuerdos de las clases de latín me dicen que no. En todo caso, a mí me parece lógico que coloquemos la información importante al final de la declaración, con independencia del idioma, pues si no lo hacemos, nos arriesgamos a que el oyente deje de escuchar cuando cree haber dado con lo esencial, dando lugar a posibles malentendidos posteriores. Para el niño, una escucha atenta a ese misterioso idioma de los adultos (o de los no autistas) le ha convencido de que la mayor parte de lo que decimos es sólo relleno, y que al final de unos cuantos te-te-te-te (aproximadamente: sobra tiempo para perfeccionar) viene lo medular.

Maravillosa inocencia.

En realidad, the devil is in the detetetetetails. Quiero decir que lo que parece relleno más adelante se nos revela como un mundo de mentiras, pues si algo se aprende en la clase de Manipulación 101, es a aprovechar en beneficio propio la estructura del discurso, de la siguiente manera: allí donde el oyente espera encontrar información nueva, sin verificar, posiblemente controversial, le colocas algo obvio, o algo que genere confianza y adhesión, mientras que allí donde espera encontrar simple desambiguación e identificador de sujeto (al principio de la frase, según ciertas ortodoxias), ahí le cuelas tu mentira (gracias, Sr Goebbels, aunque primero llegó Maquiavelo). Contra los argumentos creemos poder defendernos; pero contra lo obvio, los consensos universales, sobre todo cuando parecen conducir a conclusiones acertadas, a veces no.

De modo que el hábil manipulador puede conseguir que la gente discuta de cuál manera se garantiza mejor el "derecho a la información", sin darse cuenta de que tal derecho es una solemne idiotez (ni la constitución más progresista puede crear o garantizar un "derecho" que no dependa de la acción del gobierno, a menos que se implante primero la esclavitud), o bien, que se discuta cómo el gobierno debe organizar la educación, los servicios de salud, o (ver post anterior) combatir el racismo, cuando no está demostrado que el gobierno deba tener nada que ver en estos asuntos. Así pues, me animó leer esto en una columna de opinión del Telégrafo, ayer:

Cuando nos hablan como a tontos, se busca que actuemos como tales, que anulemos nuestro sentido crítico y que hagamos eco de frases trilladas que no podemos demostrar, pero que se quedan en las mentes de quienes las reciben. (...)
Nos manipulan cuando apelan a nuestras emociones para inducirnos a sentir miedo u orientar nuestra opinión y conducta en favor de intereses ajenos; y cuando nos venden la idea de que una postura vale porque “dizque” todo el mundo la tiene o porque es un mal necesario, o de todos el menos peor.

"Cuando nos hablan como a tontos"... el Sr Alvarado se habrá puesto incandescente al leer esto. Bien por ti, Ana María, pero no creo que en el Telégrafo vayas a durar mucho. Si los cheques de la columna son importantes para pagar la escuela del bebé, mejor aprende a hacer eco de frases trilladas, como eso de que La Revolución Ciudadana Está En Marcha, y deja que los señores de la Revolución piensen por ti, pues para eso se les ha votado.

Wednesday, October 19, 2011

Raza

Yusuf, mi tutor de árabe allá en España, me contó que una vez solicitó por teléfono un empleo, anunciado en el diario local, de ayudante en una gasolinera. En la conversación telefónica, le dieron a entender que el trabajo era suyo. Sin embargo, cuando se presentó, le rechazaron alegando que "su apariencia no era la adecuada". "¿Qué quieren ustedes?" les contestó. "Si lo que necesitan es un traje de Pierre Cardin, denlo por hecho". Pero no era el traje. El problema era que si bien hablaba un castellano perfecto (y un francés ídem, y un inglés pasable, y tenía tres títulos universitarios) al hombre "se le veía" (en la piel, en el pelo, se supone, tal vez en las facciones, no sé) origen magrebí. Y eso, claro, era un obstáculo insuperable. ¿Cómo iba a saber un marroquí destapar el depósito de gasolina de un carro? por muchos títulos que tenga. Absurdo. Así que de trabajo nada. El tipo lo tomó filosóficamente. Yo en su caso, tal vez no tanto.

Una mujer anda por la avenida Quito, vestida del uniforme de la empresa donde trabaja: tacones, falda, chaleco, todo escrupulosamente reglamentario. Un grupo de hombres, parados en una esquina, se ponen a gritar. ¡Muñeca! ¡Mamiitaaa! ¡Ven acá, amorcito! De repente a la mujer le entran unas ganas locas de coger un ladrillo del suelo y lanzárselo a la cabeza de alguno de ellos. Por prudencia o por no dar la nota, se resiste al impulso.

Yo, el otro día, me encontraba parado en la columna de gente que esperan retirar sus medicamentos de la farmacia del Hospital de Durán. Llevaba allí como dos horas (algo normal: en la IESS hay una política de contratación que por aquello de la acción afirmativa, favorece a la especie de las tortugas: en aquella farmacia sólo trabajan galápagos, nada de humanos). Un tipo regordote sube la escalera, se dirige a alguna enfermera, pregunta dónde está la farmacia. Se le indica. El man escudriña la larga columna, luego me ve a mí. En un segundo está delante mío, con el consabido "Disculpe, yo estuve aquí antes". Yo ya tengo bien ensayada mi respuesta en tales circunstancias, el gesto amenazador y todo, pero antes de que pueda decir nada, el otro que había estado delante de mí, el de la camiseta de rayas, interrumpe: "es verdad". Él y el gordito se miran como medio sorprendidos, se sonríen, se hacen guiños. No hay ladrillos siquiera para lanzar.

EL concepto de raza, como acertadamente dijo el otro día alguna ministra (podía haber sido incluso la chiflada de la Charvet) pertenece al pasado, donde únicamente luce como título de una película guionizada por el Generalísmo Francisco Franco (la secuela, "Matazz", no llegó ni a estrenarse). Es simplemente un anacronismo científico, como el flogiston, las sanguijuelas, la frenología, la terapia del electrochoque, la astrología, los humores medievales, el "detector de mentiras", etcétera. Hay un consenso científico sobre que la raza humana es una sola; y a quienes se empeñen en dividir nuestra especie en seis, o sesenta, o seiscientas (nunca se pondrán de acuerdo) "razas" con sendas morfologías y pigmentaciones, no se me ocurre mejor respuesta que "ven a Ecuador": pues el que viviendo en este país pueda seguir creyendo en razas habría de ser o ciego, o tonto, o ambas cosas a la vez. Si en algún otro país existen "negros", "amarillos" "blancos", "caucásicos", "afroloquesea", pues será su problema: aquí cada persona tiene su color, su tez, tono, matiz, que como las huellas dactilares muestran infinidad de variaciones: aquí, o hay una sola raza o hay trece millones de ellas; no hay término medio mínimamente sustentable.

A menos, claro, que practiques una suerte de posterize automático, un filtro y una simplificación mental para adecuar la información al prejuicio. También es cierto que la gente sólo ve lo que quiere ver.

Si la raza ha muerto, el racismo en cambio no. De ello se encargan los gobiernos, como el de Ecuador, que a pesar del descubrimiento de la Charvet del Ocho, no tuvo empacho en preguntar en el último censo con qué raza "se identificaba" el censado. (Y soy testigo ocular de que algunos estudiantes ni siquiera se molestaron en preguntarlo: ellos mismos llenaban la casilla con los datos que estimaban obvios). ¿Por qué un regimen supuestamente socialista, progre, "anti" racista haría una pregunta tan obscena a más de inútil? No sé la respuesta, pero se me viene a la mente que la misma ministra del otro día, después de darle por enterrada a la raza, nos sacó de la manga algún aborto de vocablo como eso de la "multiculturalidad". Sí, señores, prácticamente textual: "la raza, eso ya no existe: ahora lo que se lleva es la multi-cul-tur-alidad" (con esa pedante separación de sílabas tan propia de las pedagogas fru-stra-das).

¿Para qué sirve la multiculturalidad, y qué come en invierno? Fascinantes preguntas.

Para mí que los devotos de lo multi lo que les pasa es que quieren seleccionar sus prejuicios en buffet libre, y que la sociedad, el gobierno y las leyes les acolite en esa personalísima selección. Si hoy en día ya no se lleva la raza, aprovechemos otro término, el de las "culturas", para seguir haciendo lo que hemos hecho siempre: clasificar y encasillar a los seres humanos, estereotiparlos, adoptar actitudes paternalistas y desarrollar políticas insultantes. Plus ca change, plus c'est la meme chose. Sólo con la ventaja de que el cuento de las "culturas" endiosa más al político narcisista, pues si es evidente que una persona no puede ser de más de una raza (salvo en EEUU, donde abundan los irlandeses-escoceses-judíos-cheroquíes, y sólo hablo de los perros), en cambio el político estilo Charvet puede demostrar su superioridad al resto de los mortales siendo ampulosamente multi. Tú, simple ciudadano, tienes tu cultura: yo, ex columnista del Telégrafo y ministra del Gobierno de la Revolución, tengo todas las culturas, y además soy tan buena que te incluyo. Doy mi real beneplácito a tus peculiares costumbres, a tus lanzas y tus plumas y tus curiosos instrumentos musicales, a tu pintoresco atuendo y a tu incomprensible idioma. Te garantizo tu espacio en la tele, tu traducción de la Constitución, tu porcentaje de las ondas de radio... pero solamente en tanto cumples con mi estereotipo, encasillándote en esa cultura en que se supone tienes que ser servil y agradecido ante tus amos y señores, dedicarte a bailar y a azotar con ortigas, o a sonreir con espléndida dentadura en los espots del gobierno. Pobre de ti si te atreves a más, si pretendes ser un individuo. De modo que el discurso político actual, en lugar de fomentar esa igualdad ante las instancias gubernamentales (necesariamente colorblind, gender-blind, etcétera) que forma la base de un estado de derecho, se vuelve truculento y fetichista, cultivando según capricho ora este grupo clientelar ("sector"), ora aquél, dignificando con el calficativo de "cultura" al segmento de la población electoralmente prometedor, y menospreciando a los favorecidos de ayer. En lo único que muestran constancia es en el paternalismo, que no falte. Y últimamente, en la espectacularidad de las tonterías propuestas, como eso de establecer reglas de jubilación voluntaria diferentes para hombres y mujeres, y luego tildar de "sexistas", con magnífica ironía, a quienes critican tal indefensible barbaridad.

He dicho que lo único correcto en política es ser colorblind (daltonista, menos en Durán, donde daltonismo es otra enfermedad): a mí eso me parece una evidencia. Las anécdotas arriba deben enseñar el por qué. Si no, aquí hay otra, aunque creo que ya lo conté hace tiempo. Estuve en el Policentro, al lado de las fuentes. Se me acerca un hombre trajeado, de una cierta edad, y con una sonrisa jovial me pregunta muy educadamente en un inglés de colegio caro de dónde soy. "De Durán" le digo con cara de pocos amigos. "No, pero usted no es de aquí", medio riendo. Tuve un impulso muy fuerte de empujarle al tipo, de darle una bofetada, de arrancarle la oreja de un mordisco. En Inglaterra estas reacciones se considerarían completamente normales y adecuadas para el caso, pues apenas hay peor insulto que decir "usted no es de aquí" en ese tono de odiosa y provincial autosuficiencia, y peor todavía, basándose en solamente la apariencia, pues el tipo era un perfecto desconocido. Pero como soy viajado, sé que hay que contenerse. De lo que no hay duda es que lo suyo era racismo: en ese sentido general, amplio, del término, donde significa imponerle al otro tu propia definición de lo que es, basándose en prejuicios como en este caso la supuesta existencia de una morfología diferenciadora, gringa o europea, la misma que "garantiza" que se le puede colar delante en una columna - pues el gringo es de naturaleza cojuda - o que se le puede entablar conversación en un centro comercial sin pretexto alguno. Para mí, en cambio, soy de Durán, pues es donde vivo, y si no hay amistad previa no hay más que contar ni que preguntar. Mi historial de nacer y de vivir en otros lugares es algo privado que no concierne a nadie. En ese instante supe cómo se siente la mujer que "se supone" asequible, vacilable y piropeable solamente por el corte de su ropa. En una sociedad civilizada, lo que ineluctablemente significa mestiza (mestizaje es grandeza) uno no supone, espera entablar amistad para preguntar. Y si una sociedad necesita estas reglas no escritas para ser tal, ¿cuánto más los gobiernos?

Tuesday, October 11, 2011

The Retrozanahoriation of Man

Una cara lúgubre aparece en la reja de la ventana de la calle a las 9 de la noche. Esto en sí es algo normal, frecuente. La cara dice: Honey, I'm human. Aparece la Beta Half (v.14.0), quien le informa que tiene que ir a Abel Gilbert a comprar la pastilla (algún asunto de hormonas, cree). La cara lúgubre deja caer la maleta (¿cuántas personas tienen que ir a trabajar con maleta?) y emprende de nuevo el eterno viaje de Sísifo a la Cruz Azul.

Por el camino, piensa: ¿qué me falta para ser feliz? La respuesta es obvia: un bar donde sirven patatas bravas y sepia a la plancha, y una botella de tinto manchego. Sobre todo esto último. No parece gran cosa. Tal vez incluso serviría un cartón de ese tinto tipo "Don Simón" que venden en Mi Comisariato por $2.60, con tal de tener cola para calimochearlo. Tres cuartos de felicidad por lo menos. Pero la cuestión es que, como siempre en la vida, aquella pequeña cosita que necesita para ser feliz es justo lo que no tiene, lo que no puede tener, lo que está vedado por las circunstancias. En su actual situación económica, un cartón de vino de $2.60 es un lujo inalcanzable, tanto que ya ni se acuerda de la última vez que tomó vino, aunque estima que posiblemente hace un par de años se armó un calimocho un día, y blogueó copiosamente al respecto. La realidad ahora son las pastillas que hay que comprar a diario.

Como siempre en la vida.

Confusamente, recuerda que en aquella lejana época cuando tomaba manchego casi a diario, cuando con sólo la Yanira poblaba la mesa de botellas y de colillas (Fortuna y Ducados, pino y nieve en rústico contrapunto), no era feliz porque entonces faltaba otra cosita. ¿Qué era? Alguna tontería, cree, tipo "amor" o "sexo", algo que ahora se le antoja ridículo y perfectamente prescindible. Pensar en eso le deprime: es complicado reconocer que uno tiene tan poco en común con su anterior yo, su deleznable pasado, que con ese ser apenas hay base siquiera para una simple amistad.

¿Será - le pregunta al semáforo - que el ser humano es así? ¿Somos como esos burros que tienen la zanahoria suspendida de una caña montada en el cuello, para que camine que camine nunca la alcanzamos, aunque está siempre a un solo paso por delante?

Pero en su caso por delante no está, sino atrás, en el pasado. A la vista está. Hay que vivir en Ecuador para saber lo despampanantemente sibarita que es la existencia hasta del más humilde desempleado en España. Sibarita en comida, en bebida, en lluvia, en aire, en paisajes, en girasoles, en ideas. ¿Seguirán sirviendo boquerones rutinariamente con la cerveza en Segovia? Él cambiaría el arroz y las papas, hasta la yuca, de un año entero por un pescadito de ésos. Confusamente, se pone a intentar visualizar el burro con la zanahoria suspendida por encima del lomo: su cabeza torcida hacia atrás aunque los pies siguen hacia adelante. Es él.

Pero si siempre ha vivido de nostalgia, ¿qué cosa nostalgiaba antes de la Carmen? Curioso misterio. Tal vez aquella esquina de la infancia, la cual al torcerla arrancó ese cúmulo de equivocaciones que conforma su vida, su mente, su todo.

Y en realidad, cuando todavía creía necesitar "sexo" y "amor", lo que realmente quería era aquella persona que le llevara de vuelta a aquella esquina, para empezar de nuevo.

Wednesday, October 5, 2011

Adiós, Europa


Cita del día (de un tal LJB57, comentando en el blog de DH):

If your Bank starts handing out money to people who can't or won't pay it back, it's time to change your Bank.

Quienes estemos viviendo experimentos claramente insostenibles, es alentador (a la vez que terrorífico) ver similares experimentos llegar a su inevitable y explosivo fin.

Monday, October 3, 2011

La sagacidad de los normandos

No sé cómo, el año pasado me lo perdí, por no estar leyendo los diarios correctos. Así que vayan por delante mis disculpas por la tardanza de un año, exactamente, en señalar y lamentar la muerte de un genio cómico, a quien el gran Chaplin llamaba "mi payaso preferido", y quien, junto al elenco de actores de las películas de Carry on, de St Trinians y algunas series más, llenaron mi infancia de un humor inocente.

En cuanto al título de la entrada, me baso en wikipedia, que asegura que allá por 1991, un comíté del departamento de agricultura de la Comunidad Europea escuchó la intervención de un miembro francés que elogiaba "la sagesse des Normands" (la sabiduría de los habitantes de Normandía). El traductor inglés no sabía, o tal vez sí sabía, que "Norman Wisdom", si bien era una traducción perfectamente adecuada de tal frase, era también nombre de un actor cómico de cierto renombre. Si Norman Wisdom realmente podría haber sido la solución a los problemas de la comunidad europea, el espectador juzgará. Ahora, lamentablemente, nunca lo podremos averiguar.



Privilegio y estado de derecho

Hoy en El Telégrafo, Alfredo Vera habla de

Instigación utilizando una prensa politizada, parcializada, defendiendo privilegios que se debilitan y se esfuman por la acción firme, sin amilanarse ante la calumnia y difamación cotidiana.

Puede que a alguien le suene familiar eso de que la prensa corructa, o los partidos de la derecha (ojo, ahora en estos últimos días se han puesto, como de común acuerdo, a hablar de "extrema derecha", fenómeno interesante de por sí, pues aparentemente los ideólogos del Regimen han llegado a la conclusión de que "derecha" no suena lo suficientemente terrorífico), o en general todos los opositores al glorioso Gobierno de la Revolución Ciudadana, se pasan sus horas libres defendiendo "privilegios".

Y puede que eso sea verdad. No me extrañaría. Es una tendencia bastante normal y predecible. Si tengo un privilegio, y veo ese privilegio amenazado, lo primero en que pensaré será en cómo defenderlo. Aunque no siempre se dará este caso. La simple observación revela que también hay personas o grupos que renuncian voluntariamente a sus privilegios, una vez que se les ha convencido de la injusticia que ellos representan. Allá en los 80, si bien recuerdo, la Reina de Inglaterra reconoció como anacrónico e improcedente ese privilegio especial que eximía a la monarquía de pagar impuestos. Se supone que no lo hizo por bondad y exquisito sentido de justicia, sino como gesto de relaciones públicas en aras de la supervivencia de La Firma (como allá se conoce a la monarquía). Por otra parte, los grandes avances en cuestión de derechos civiles (abolición de leyes discriminatorias), de sufragio universal, de descolonización, durante los últimos dos siglos, casi siempre han contado con la colaboración de una masa crítica de legisladores y otras personas influyentes, apologistas de la justicia natural, aparentemente desinteresados, que han ayudado a desarmar un sistema de privilegios del cual ellos mismos se beneficiaban. De no haber sido así, la historia contemporánea hubiera sido aun más violenta de lo que nos cuentan.

Claro que es lícito y saludable cierto cinismo en lo tocante a las motivaciones. ¿Cuántos de esos respetables y rebigotudos legisladores eduardianos ingleses que "otorgaron" el voto a las mujeres lo hicieron por profunda convicción, y cuántos porque temían que su propia hija o esposa sufragista terminara encadenada a una valla o encarcelada por obstrucción de la vía pública? La pregunta es imposible de contestar en tanto que es imposible separar las motivaciones, digamos, más directas - crematísticas, de autoconservación, etcétera - de las más subjetivas, pero no por ello menos decisivas, como puede ser el deseo de aceptación social. Lo que sí podemos decir es que mucha gente actúa aparentemente en contra de su propio interés, motivada por tal deseo, digamos, de inclusión. (No hay que mirar más lejos que aquellas jóvenes infelices que ponen en peligro su propia salud y desarrollan trastornos alimenticias por el deseo de ser "delgadas" y así, supuestamente, lucir más en sociedad.)

Es por eso mismo que considero que si existen privilegios en el Ecuador actual, éstos se deberían especificar y denunciar. En el hipotético caso de que algunos de los beneficiados de estos privilegios sean susceptibles a esas presiones sociales que en otros casos históricos han revelado ser bastante eficaces, llamar la atención sobre dichos privilegios se supone que ayudaría a extirparlos. Aunque hay que reconocer que la presión social funciona mucho mejor donde hay, en primer lugar, una sociedad. ¿Qué quiero decir con eso? Simplemente que para que el Sr. X decida renunciar voluntariamente a su privilegio, o a sus injustificados reclamos ante su pérdida, motivado por el deseo de inclusión social, de gozar de respeto y de un buen nombre ante sus conciudadanos, debería por lo menos existir la posibilidad de que tal renuncia surta el efecto deseado. Si el gobierno, en cambio, ya se ha encargado de excluir de su definición de "sociedad" un grupo al cual el Sr X pertenece, y se resiste a reconocer siquiera la posibilidad de que este señor pueda actuar con entereza y merecer respeto y consideración, pues ya no habrá presión social que valga: es más probable que, en reacción a la propaganda negativa, ese señor se atrinchere en su propio grupo o gremio o "sector", buscando allí el reconocimiento "social" vedado en otros ámbitos. El resultado será una sociedad fragmentada, polarizada, en perpetua guerra consigo mismo.
 
Ejemplos sobran. En el feminismo, por ejemplo, hay un sector radical o ultra que niega que un hombre pueda ser otra cosa que un violador, de hecho o en potencia, un tirano, un opresor, un enemigo en fin. Ante lo cual, si uno es hombre difícilmente se sentirá motivado por tal discurso a confrontar su propio machismo: si ellas mismas dicen que es algo genéticamente inevitable, pues ¡a ser machista! Del mismo modo, y trayendo el argumento a casa, si el gobierno implanta a través de su ubicua propaganda la creencia de que todos los banqueros, o los medios privados, son corruptos, y que además hay argumentos de solvencia académica que demuestran la inevitabilidad de este hecho, es de esperar que en su quehacer diario el banquero o el periodista pensará en todo menos en impresionar a ese gobierno y a sus seguidores con su intachable conducta.
 
Sin embargo, con una posible excepción (el estatus posiblemente privilegiado de la Iglesia Católica frente a otras religiones, tema en que no entraré por falta de conocimientos actualizados en este tema) no recuerdo haber visto en toda la extensa propaganda gubernamental ninguna referencia específica a alguno de esos privilegios a los que aparentemente esos "fascistas" y "pinochetistas" locales, según Vera, se aferran con tanta saña. No pasa ni un solo día sin que algún correísta, a través de las cadenas, de los medios gubernamentales (perdón, "públicos") o de los comentarios en diarios como El Comercio, denuncie a esos partidócratas, apátridas, pelucones y demás fauna que luchan para concerbar sus pribilejios, pero nadie parece capaz de explicar ni quiénes son, ni a qué grupos pertenecen, ni cuáles son esos privilegios que se resisten a perder (a menos que sea el privilegio de disponer de un corrector ortográfico).
 
Recordemos que la palabra privilegio viene de "ley privada" y se refiere, en principio, a injusticias que se consagran a través de la ley, beneficiando exclusivamente a ciertas personas por razón de su religión, etnia, nacionalidad, género, profesión, estatus social, cargo, o relación con "el poder". Se supone que en una sociedad moderna que se precie de democrática, dichas "leyes privadas" no han de existir, y muchas constituciones o declaraciones de derechos se oponen explícitamente a ellas. Tradicionalmente, se ha dado el nombre de Estado de Derecho a un estado en que nadie está "por encima de la ley", y donde las leyes garantizan a todo el mundo los mismos derechos y obligaciones, y el mismo trato por parte de las instituciones del estado. Ahora bien, es legítimo dudar si en todo el mundo existe un solo Estado que manifieste plenamente estas características. Una monarquía como Gran Bretaña evidentemente no puede considerarse como un Estado de Derecho. Tampoco un país como EEUU, donde en ciertos ámbitos se garantiza un trato preferencial, consagrado a través de leyes y reglamentos especiales, para miembros de determinadas "minorías", supuestamente (y paradójicamente) como instrumento para combatir la discriminación. En el caso de Ecuador, la misma Constitución lo dice: lo que hay no es un Estado de Derecho sino "de Derechos", es decir, mediante la concesión puramente teórica de nuevos y atractivos "derechos", que nunca se cumplen, se ha querido enmascarar la desigualdad de determinados sectores de ciudadanos ante la Ley, desigualdad que la misma Constitición en varios sitios explícitamente consagra. Por eso, hablar de privilegios en Ecuador deviene algo necesario.
 
Recordemos también que un privilegio puede darse en sentido positivo o negativo, directa o indirectamente. Es decir, si propongo una Ley que diga que "todo el mundo tiene la obligación de votar, salvo los hombres", se podría argumentar que el hombre sale "beneficiado", por la posibilidad de quedarse en casa el día de las elecciones, o alternativamente que la mujer sale "perjudicada", pues tiene una obligación extra que no es valedera para todo el mundo. En este caso, hablar de un grupo perjudicado o de un grupo beneficiado es hablar de lo mismo: el privilegio de unos es, necesariamente, el menosprecio institucional de otros. Algunas feministas, posiblemente, argumentarían, incluso, que tal proyecto merece apoyo por cuanto el resultado sería seguramente que en todas las elecciones las mujeres formarían una amplísima mayoría de electores. Pero aun así, no deja de ser cierto que la ley ha dejado de ser la misma para todos (o para "todas y todos", según la moda analfabeta reinante).
 
Si uno está de acuerdo con estas exclusiones, con estos "casos especiales", con las "acciones afirmativas", con las cuotas que estipulan para un determinado organismo un mínimo de mujeres pero no un mínimo de hombres, etcétera, entonces debería reconocer que lo que está haciendo es defender el privilegio. De la misma manera, si uno se aprovecha de leyes que especifican una penalidad diferente para el mismo crimen, según sea el infractor ciudadano normal o "autoridad" (como en el caso Correa vs El Universo, donde la pena máxima exigida de 3 años sirve exclusivamente, según el Código Penal, para calumnias contra "autoridades"), no puede lógicamente arremeter contra la existencia de "privilegios" sin incurrir en hipocresía. Y si algo se ha hecho patente en los últimos años, es que el gobierno no solamente defiende privilegios, sino que los va creando alegremente sobre la marcha. Y no hablo solamente de los archiconocidos privilegios fiscales, sino de cosas como el fuero parlamentario (privilegio de inmunidad), o el privilegio de los no banqueros a tener medios de comunicación, o de las leyes de desacato (privilegio de los funcionarios a exigir un trato de especial deferencia), o del privilegio de las mujeres a sobrepasar una representación estrictamente proporcional en algunas instituciones, o del privilegio de algunas profesiones a decidir libremente cuántas horas deben trabajar sus asalariados (frente a los maestros, que no pueden decidir eso) o el privilegio (en la propuesta Ley de Comunicación) de los artistas "nacionales" a gozar de una garantía de exposición mínima en los medios, o el privilegio de los Presidentes a no pagar impuestos con las ganancias conseguidos a partir de decisiones judiciales, cuando otros sí tienen que pagar estos impuestos, o el privilegio de los familiares de los amigos de Correa a usar el avión presidencial, o el privilegio de los docentes universitarios a tener cargos políticos donde otros no pueden desempeñarlos, etcétera.
 
Existe, por supuesto, un argumento según el cual se puede, o se debe, usar el privilegio contra el privilegio. Este argumento con frecuencia se esgrime en relación a las cuotas, a la acción afirmativa, etcétera, que supuestamente beneficia a "sectores" "históricamente oprimidas". El problema es que típicamente esta "opresión" se describe en términos sociales, mientras que la solución propuesta es institucional: es decir, se toma como punto de partida que las instituciones crean y determinan la sociedad, y no al revés. Será por eso que tales medidas raramente surten el efecto deseado. Contra la supuesta hegemonía de una poderosa oligarquía en los medios privados ecuatorianos, se ha contrapuesto el proyecto de unos medios "públicos", privilegiados en tanto son subvencionados con fondos públicos, que por primera vez le darían voz, supuestamente, a los sectores oprimidos de la sociedad. En realidad, sólo hay que ojear El Telégrafo para darse cuenta de que dichos medios públicos son únicamente voceros de la nueva oligarquía correísta. Defienden el poder constituido, defienden los privilegios de los suyos. Y los que defienden algo más que eso son despedidos. No hay más.
 
No sé si algo más se puede esperar de un pais cuyo Presidente, en un discurso reciente (U. de Columbia) demostró no saber siquiera lo que significa "Estado de Derecho" (él lo confundió con separación de poderes) y, encima, piensa que tal Estado de Derecho peligra cuando demasiadas personas (o las personas equivocadas) expresan sus opiniones. Que la pintoresca frase acuñada por Correa (Rule of Opinion o Estado de Opinión) haya sido devotamente recogida y repetida por Vera (en su último párrafo) lo dice todo acerca de quienes, en la actualidad, detentan el oscuro privilegio en este desdichado país.