Wednesday, October 3, 2012

Chirrio. Cheerio.

Los bloggers activos, como el día de ayer los adictos a Usenet, somos dinosaurios. Somos rezagados. Nostálgicos. Simple anacronismo. Miren:

Comments Off  - inactivo desde Febrero 2011
EC Sin Censura - nada desde 2010
Fátima Ifigenia Quishpe - se ha borrado (?!)
Guayaquil Insumiso - nada desde Febrero
José María León Cabrera - invitation only
Kojudeces - nada desde septiembre 2011
Little Miss Joan - más fácil conseguir una invitación a una Queen's Garden Party, meseems
Polificción - nada desde el 5 de agosto
Quanta Perdida - me da un error

Bueno, no hace falta insistir. Mi blogroll parece un museo regentado por Vincent Price. Los que aun siguen, parece que sólo se repiten. Hacen vibrar la ruedita como hamsters. Una luz tenue, alguna chispa, telarañas, ratas. Yo también, supongo. Da un poco de pena.

En parte la culpa seguramente es de Twitter. Algún lector caritativo últimamente me ha recordado, demostrándolo, que un artículo de varios miles de palabras suele ser reductible a 140 carácteres sin hacerle demasiada violencia. Sólo es cogerle el truco. Y es cierto: me conviene economizar. Los tiempos no están para parlanchines.

En parte también, un lógico y comprensible hastío. A estas alturas, ya sabemos que serán reelegidos Correa, Chávez, Obama. No hay buenas noticias en el horizonte. En ningún horizonte. Ni en el mío siquiera.

Lo que más faltan son mujeres. Cuando hay mujeres, hay ilusión. Pero el arrebatamiento, en que todas ellas fueron trasladadas a una lejana galaxia, ya ocurrió. A estas alturas sólo quedan algunos simulacros. Remedos. Zombis.

Y además, blogger no ha sabido capear el temporal reinventándose, que bien hacía falta, rediseñándose, acomodándose a la mirada tridimensional. Se ha quedado más acartonado que la media debajo de la cama de un quinceañero. Y por si todo esto fuera poco, Alvaro Noboa vuelve a aparecer en la tele, como si todo esto fuera Groundhog Day. Sólo hace falta que aparezca la Inquisición Española.

Necesito otra cosa. Reinventarme yo también. Esto ya no da para más.

Wednesday, September 26, 2012

Marmite


Sí, es un anuncio del producto. "The UK is Different."


Recién enlacé en este blog la canción "Golden Brown" de The Stranglers, ignorante por completo del hecho de que fue escrita, según uno de los componentes de la banda, no en honor a las chicas de piel tostada (como siempre había supuesto yo), tampoco como oda a los efectos de ciertas drogas ilícitas (como había supuesto el resto del mundo), sino para celebrar esa sustancia espesa, de color pues eso, café dorado, que desde niño yo comía junto con mis trozos dominicales de pan con mantequilla, al tiempo que veía Dr Who. Y es que uno en ciertas cosas no puede dejar de ser de su país. Añoro al Marmite casi tanto como al Chicken Madras. De modo que a falta del producto real, wikiconocimientos: no tengo ahora mismo más remedio.

Dato 1: ahora es de Unilever. Friggen Nora. ¿Hay algo en el mundo ahora que no sea de Unibloodylever? Hasta las Naciones Unidas se rumorea que ahora son de Unilever (las siglas te dan la pista). Eso no puede ser nada bueno.

Dato 2: allá por el 2004 en el R. hUndido salía un anuncio de Marmite, en que el producto fue presentado como una terrible amenaza, proviniente del espacio exterior, que hacía que las muchedumbres alocadas huyeran en tropel ante el peligro de su presencia. Las mamás hasta se quejaban de que el anuncio "daba pesadillas a los niños". A´mí me parece soberbio y muy británico eso: para anunciar tu producto, haz que parezca algo horrible, amenazante, terrorífico. Haz que los niños, tu principal clientela, no puedan ni acercarse a tu producto sin tener palpitaciones de corazón. Realmente ese sentido de fair play respecto a la competencia (en este caso, inexistente) es enternecedor a mi juicio. Una estrella.

Dato 3 (the killer): El marmite nace de un proceso de exterminación a gran escala, masacre se puede decir, de células de levadura, mediante el envenenamiento salino. Wiki es hasta elegíaco al respecto:

The dying yeast cells are then heated to complete their breakdown, and since yeast cells have thick hull walls which would detract from the smoothness of the end product, the husks are sieved out.

Es decir: a la pobre levadura primero se le tortura con sal, luego, cuando ha dejado de chillar y de retorcerse de dolor, y yace extenuada y agonizante, se le quema. Una vez muerta, en lugar de darle cristiana sepultura, se le saca el exosqueleto y se coloca en las murallas de la Torre de Londres. Con relatos así, ¿quién necesita la serie de los Tudors?


Malos poemas

A nuestro querido Pierrot, que aún se recupera de una reciente crisostomía frontal, le enviamos nuestros fraternales saludos, al tiempo que recomendamos la lectura de su último artículo "por un Beso de la FLACSO, Daría Lo Que Fuera". En él se pueden leer perlas como ésta:

Lastimosamente parece que muchos piensan que lo mejor es pasar la vida acumulando bienes y honores. ¿Nos hemos preguntado por qué se da la casualidad de que, en estos tiempos de campaña electoral, está subiendo el precio de la harina y del pan? ¿No será que, de esta manera, nos quieren hacer financiar alguna campaña electoral?

Menos mal que tenemos a los articulistas del Telégrafo para hacernos caer en cuenta de que el gremio de los panaderos es en realidad una conspiración de partidos opositores y que cada vez que te compras un enrollado o una cara sucia, ese dinero se va directo a las arcas del MPD o del PRE. No me explico por qué un escritor tan perspicaz puede quejarse de que los bienes y los honores se van para otro lado: de ser cierto, vaya injusticia. Por lo menos hemos cumplido en este blog concediéndole en más de una ocasión el único premio de que actualmente disponemos. Por otra parte, no puedo más que aplaudir la tesis central de su artículo, que él expresa así, citando al parecer un "dicho popular":

“Mejor comer un pan de pie que un pollo de rodillas!”

Y es que si llego a ver a un pollo de rodillas, se me va todo el hambre enseguida: no es por nada, es que si te fijas bien en las patas de los pollos, verás que no tienen rodillas, lo que se dice rodillas, de ésas como las nuestras que se doblan para atrás, sino que la evolución en su gran sabiduría dispuso que las patas avícolas fueran de otra manera, con el lugar correspondiente a la rodilla ocupado por la articulación tibio-tarsal, mientras que la rodilla propiamente dicha está como hundida dentro del cuerpo del ave, de modo que un pollo para poder ponerse de rodillas, digamos, en actitud de articulista del Telégrafo, tendría que sufrir severas deformaciones anatómicas, las cuales harían sospechar la presencia de un alto nivel de radioactividad en la criatura en cuestión, y la poca o nula aptitud para el consumo humano.


Es, precisamente, lo que tienen de simpático los pájaros: no se arrodillan nunca.

Aparte, el intrépido articulista nos pone sobre la pista de algo muy importante: que los políticos como Álvaro Noboa que en sus cutres eventos electorales entregan premios como becas, puestos de trabajo, casas y plata con la esperanza de ser votados por seres carentes de dignidad, no tienen nada que ver con esos otros políticos, como Rafael Correa, que en su magnífico electoralismo entregan cosas como becas de estudio en el extranjero, puestos en los ministerios, casas MIDUVI y "bonos de pobreza" con la esperanza de ser votados por seres absolutamente rebosantes de dignidad. Y si te preguntas en qué consiste esa diferencia, pues no es lo que tú piensas. No tiene nada que ver con que los intentos de soborno electoralista de Noboa por lo menos están pagados con su propia plata, mientras que los de Correa están financiados con plata ajena. No es ésa la cuestión. La cuestión es que Noboa es un rico y Correa no lo es. Hay que insistir en eso, pues hay muchos datos por ahí que pueden confundirnos. El propio juez Paredes, que es para Correa lo que la capa de Sir Walter Raleigh fue para la reina Isabel I, al intentar calcular el patrimonio del Presidente para saber lo que para el mismo pudiera significar la pérdida de unas tres libras y siete coma siete onzas de honor, incluyó en éste el monto total del Presupuesto Anual del Estado, al parecer convencidísimo de que dicho Presupuesto era la simple asignación filantrópica de un dinero que era propiedad personal del Jefe de dicho Estado. ¿Alguien dispuesto a echarle la culpa? Yo no. Lo que pasa es que las apariencias engañan. Crisostométricamente hablando, está claro que Álvaro Noboa lo tendría dificilísimo para pasarse por el ojo de una aguja, mientras que la cintura esbelta del Presidente eso aun puede y muchas hazañas más. El Presidente no es rico. Su primo tal vez sí, pero él no. El ñaño indudablemente, pero él no. Mientras sigamos creyendo eso, el reino de los cielos puede ser nuestro. Palabra de Jesús (Mateo 5:8).

Pero no quería hablar de eso.

La otra noche soñé con que había atropellado un perro mientras circulaba por la vía Samborondón-Salitre. Era una especie de cruce entre dálmata y gran danés. Al percatarme de la colisión, enseguida me detuve al lado del camino y fui a socorrer al pobre animal, que agonizaba allá en plena carretera. Cuando me vio acercarme, el can levantó débilmente la cabeza, me miró con sus ojos húmedos llenos de tristeza, abrió la boca y dijo:

- That guy Alvaro Noboa gives tax evasion a bad name.

Luego expiró. Pero no quería hablar de eso, tampoco.

La cuestión es que hay malos poemas en el mundo. Sí hay. Hay bastantes. Cuando digo "malos", me refiero a una cualidad muy precisa, cuya presencia o ausencia se puede determinar mediante un simple experimento. Un mal poema es, sencillamente, un poema que a los alérgicos a la poesía les hace estornudar.

“Los poetas locos cósmicos/ pianistas clandestinos/… Hay poetas de casino./ Los hay que por tan devotos/ del silbido de sus sílabas/ mueren de hambre en las calles/… Yo soy poeta ¡Señor!/ Yo soy poeta/ pero no por mérito, sensibilidad o vergüenza/ sino porque de tan desocupado siempre me sobró el tiempo”.

Yo no estornudé al leer esto: pero es que no sufro de esa alergia, y además, frecuenté durante algunos años algunos grupos de ciberpoetastros, experiencia que deja a cualquiera con la piel razonablemente curtida. Pero está claro que los citados versos pecan de eso, de esa enfermedad mortal a la vez que maloliente, la autorreferencialidad o mejor dicho autoombligüedad popoética. ¿Por qué será que los gafiteros no van por el mundo llamando la atención de todos sobre la gafitería de su ineluctable destino? Un poeta que dice "soy poeta" se merece una patada en el trasero: si realmente lo fuera, ya lo cacharíamos sin su ayuda, así que son dos palabras, si no mentirosas, redundantes, y se supone que la poesía porta ese estandarte, de que no tiene que haber redundancia ni siquiera de letras o de espacios. Además, no es cosa como para fanfarronearse. Un poeta, si realmente has conocido a alguno, sabrás que es una persona, macho o hembra, con una barba copiosa, hedionda a tabaco, e incipiente calvicie, una forma de hablar desagradable y pedante, y una mano metida permanentemente en tu bolsillo. El poeta en sí no es nada: la poesía, eso que se hace a través de él y a pesar suyo las más de las veces, puede ser algo, puede ser todo. Pero repito: no es El Oro todo lo que colinda con Azuay. Hay muchos malos poemas. Por eso, me cae realmente simpático y siento una especie de efusión de compasión inmensa hacia ese pobre hombre que semana sí, semana también, tiene el deber de escribir algún artículo en el Telégrafo en que siempre es cuestión de algún poeta o libro de versos malo malísimo, de producción eso sí nacional, y de buscar la manera de hacerle quedar bien como sea. Al principio caí en el error de pensar que el tal Aníbal Fernando Bonilla escribía de esa manera hueca y verborréica por pretenciosidad personal. Luego me di cuenta de que para alabar algo que francamente no te da asas por ningún lado, tienes que escribir así.

 La poesía es la manera febril de referirse a la tentación de la manzana.

¿Lo será? En tal caso, estamos a salvo, y los alérgicos que sigan con su alergia, que poca cosa se pierden a fin de cuentas. El día en que alguien ose referirse, febrilmente o no, a esas otras tentaciones, las de los pollos arrodillados que gritan ¡cómeme!, ya les avisaremos. Mientras, siga la fiesta.


Monday, September 24, 2012

Y el punk también fue esto




Mi hermana tocaba esto cuando yo era un mocoso y teníamos sala de música. Tuvo que ensayarlo mucho y aun así no llegaba ni a la mitad de la velocidad con la que se suele tocar... o tal vez la velocidad no era su obsesión (era chica, ves). Ahora, cargo toda la vida con la añoranza de escucharlo a esa velocidad. Este hombre lo toca aún "demasiado de prisa" pero se le perdona, le inyecta un no sé qué de pasión que otros intérpretes no encuentran. Sí, la pieza soporta pasión aunque no es su tema. Arrebato lo describe mejor. Las armonías modales, establecidas desde el principio con esos F#m - C#m seguido por B C# D (!) E F# G# todo arrastrando sus respectivos acordes en inversión raíz, muy estilo punk de los setenta (aunque el punk desdeñaba acordes de menor) necesitan (insisto) lentitud para que entiendas qué está haciendo con eso: mucho más que una simple melodía naïve e intrascendente que es a lo que otros intérpretes las reducen. Te está redefiniendo el espacio de la alcoba y el color de la luz del sol si quieres. Yo sí quería, en ese entonces, encerrado en mi habitación y con esos deliciosos errores de lectura de partitura que tronaban a través de esa privilegiada alfombra. Hasta llegué a creer, entonces, que había lugares en el mundo donde podías ver colibríes en algunas calles, tan normales que la gente no se extasiaba en verlos.

Wednesday, September 12, 2012

Son otra raza

Al final hay que rendirse ante las evidencias. David Icke tenía razón. Hay seres humanos normales, y hay otros que a pesar de tener apariencia normal (o no tanto), cuando menos te lo piensas les sale una lengua de un metro o más a la caza de una desprevenida mosca, o se cortan rasurándose y les brota sangre verde, o suben atropelladamente un árbol y se ponen a cabecear encima de una rama. Éstos son los peores: si pasas por debajo sin advertir su presencia se te cagan en los hombros de tu camisa, y hasta en tu pelo. Por eso, en la Unidad Educativa Mixta Pequeños Ornitorrincos del Saber, me acuerdo que había quien iba a trabajar con otra camisa de reemplazo.

Dicen que para ser poeta maldito basta con no ducharse durante dos ó tres días (un poemita o dos también ayuda, pero vamos, el mundo puede esperar). Del mismo modo, para ser "un rebelde" basta con invitar a tu próxima parrillada a don Pablo Salgado Jácome. Y esto es así porque el man nada más cruzar el umbral de tu casa, o de tu patio, se pondrá a prohibir cosas. Buenas tardes, señor Salgado. Buenas tardes. Pero ¿qué es que veo ahí? Sí, ¡ahí en el rincón! ¿Unas alas de pollo? Pero ¿no se dan cuenta ustedes de que ese pollo, al dejarlo ahí chamuscando, lo están convirtiendo en un objeto para la satisfacción de tus hambres carnales? ¡Eso debería estar prohibido! Ahora... ¿qué tenemos  aquí? Tres mujeres charlando y tomando sendos vasos de Coca-Cola en el otro extremo del patio? ¡Eso también debería estar prohibido! Claro, porque... pues porque llevan escotes y minifaldas y tienen preciosos traseros. Así, ustedes - y ellas también, ahora que lo pienso - están usando a La Mujer como simple objeto para que se produzcan conversaciones amenas en tu patio. Para eso mismo necesitamos una Ley de Parrilladas, para regular y controlar el número de mujeres jóvenes, hermosas (despampanantes) con pantaloncitos cortos y las piernas abiertas en un ángulo mayor que 9,7 grados (déjame medirte, nena), rubias y sexys, con preciosos traseros, escotes pronunciados y bellas piernas, voluptuosas sobre todo, que asistan a cualquier evento organizado al aire libre donde se consuma carne de pollo... o incluso, tal vez, de buey. La Asamblea Nacional sabrá determinar sabiamente de qué carnes debe tratar dicha Ley. La cuestión es que todo esto debe estar prohibido. Y este patio también... y esos arbustos, y esos pájaros, y esos sacacorchos. Prohibido, prohibido, prohibido. Ahora, ¿qué tenemos aquí?...

No he visto la publicidad de la moto china a la que se refiere Salgado en su precioso artículo. Dudo mucho de que la nación china se haya quejado a través de su embajada en Ecuador. Me huele que tienen más sentido de humor, de ironía, y de noblesse oblige, que eso, que ponerse a protestar porque a alguien en alguna república bananera se le haya ocurrido meterse con la calidad de sus motocicletas. Sí, en cambio, vi el otro anuncio, el de los tubos de ¿plástico?, en que un diminuto y sonriente albañil maneja uno de esos tubos en plan harigata, dando lugar a una repentina y absolutamente surreal sonrisa de aprobación por parte de dos caminantes femeninas, a las que el diminuto albañil evidentemente pretende impresionar con el tamaño de su miembro viril vicario, o digamos que sucedáneo. El anuncio en cuestión me parece soberbio, absolutamente encantador, precisamente por eso, por lo surreal de su planteamiento... y el hecho de que los auspiciantes del anuncio probablemente no se dan cuenta del efecto que han conseguido, pues estoy de acuerdo con Salgado en que probablemente, ellos pretenden narrar una historia creíble, y no una cautivadora sátira. Pero vamos: si realmente de eso se trataba, de que el hombre con su tubo de plástico les hubiera resultado simpático, voire, atractivo a las chicas, podrían haber metido ahí algo más de realismo, haciendo que el man mida sus dos metros y luzca algo de sixpack y un peinado a lo Baltasar Garzón, lo que probablemente convertiría el anuncio en aburrido o incluso detestable. Para mí, lo delicioso del anuncio es eso, la absoluta imposibilidad clínica de que el patético especímen subnormal del anuncio haya provocado, no una sonrisa en una chica (¿por qué no?) sino esa sonrisa, en esas chicas. El anuncio, así, luce ese aire de intento fallido, de intención torcida, de tensión entre mensaje implícito y realización explícita, que marca cierto subgénero de arte kitsch, que engloba también a las B-movies de los 50, y a ciertos productos de la escuela simbolista francesa de finales del XIX. Es algo que hace reir, de risa sana y de puro gozo inocente. Pero Salgado Jácome quiere prohibirlo. ¿Por qué?

Pues se me acabó el tiempo, así que les dejo discutiendo sobre la cuestión. Me parece que hay dos opciones posibles: o bien el Sr Salgado Jácome es eso, un reptil disfrazado de humano, que cuando nadie le está viendo caza moscas con la lengua al igual que Bill Clinton; o bien porque el pobre se ha tragado todo el cuento ése de que existe algo llamado La Mujer a la que hay que rendirle pertinente homenaje siempre que se puede, y que al igual que Muhammad (ese otro, no me hagan hablar) se ofende más rápido que un Correa cuando alguien osa cuestionar sus divinos atributos, o sugerir que, por ejemplo, le puede agradar alguna vez alguna grosería. ("Las groserías son cada día más caras", se lamenta la Nancy de Ramón J Sender: ¿qué mujer no se habría quejado alguna vez de lo mismo?) Si es así, pues lo único que se me ocurre decir es: pobrecito. No es tanto lo que él se pierde, sino lo que haría perder a los demás si alguna vez pudiera, si a alguien se le ocurre dejarle un día esa varita mágica. ¡Prohibissimus! Y se nos va el simple objeto a otra fiesta, y el alma al piso. Dios nos libre.

Monday, September 10, 2012

Magnífico (uno solo)

- El papel aguanta todo - me espetó el otro día, con gesto de sorna, un funcionario del SRI, al explicar por qué la cifra monetaria de la matrícula del carro que ponía el mismo papel de matrícula de la CTG no guardaba ninguna relación con la realidad (definida ad hoc y con alarde de oníricos impuestos por la propia entidad gubernamental). Extraordinaria frase, viniendo de un representante de un estamento de la sociedad para el que, tradicionalmente, el papel ha sido todo, omnipotente y decidor. Claro que ahora, como te recuerdan innumerables carteles y avisos en las propias oficinas del so-so-sri, lo que se propone es jubilar al papel, ese material tan estoico como, en ocasiones, impertinente, reemplazándolo por el joven y arrogante registro de base de datos. A partir de cierto momento (consulten profecías mayas) cada detalle de tu existencia - desde el grado de tu discapacidad física, tu derecho a un bono de ayuda familiar, hasta la titulación universitaria que ostentas, pasando por tu autocalificación étnica, tu historial laboral, tu tipo de sangre, tu patrimonio personal o tu actividad en las redes sociales - será materia de cuidadosa clasificación e investigación (por las autoridades competentes, claro) en las inmensas y acaparadoras bases de datos que maneja el Estado. Tal vez exagero un poco. Puede ser. La pantalla aguanta, parece ser, tan bien como el papel. Y eso es realmente mi punto. No importa, en este caso, si exagero o no, o en todo caso si lo hago es una reacción, si no justificada, comprensible, ante el hecho tan evidente como impepinable de que a casi nadie le importa si lo dicho es exageración o no. Como se suele decir: nada que esconder, nada que temer. Que tengan las SQL Server que quieran. Que guarden los datos que quieren. Total, si ya saben dónde trabajo, para qué no saber qué días, qué horarios y qué es lo que me pagan. Para qué no saber la talla de mi zapato o el valor monetario de mis bártulos de cocina, si ya saben todo lo demás. Eso solamente les importa a los ricos (sí, escuchado por ahí). Como también les importa, parece ser, las posibles equivocaciones. Si se cometen, pues ya habrá tiempo para hablar sobre eso.

Y así, entramos en el maravilloso mundo del superburócrata: ése, que a diferencia del tradicional, ya a punto de jubilarse, no necesita justificar sus decisiones basándose en documentos físicos de que usted también guarda (o finge guardar) copia u original, exponiéndose así a engorrosas contradicciones o a maliciosas comprobaciones. El nuevo superburócrata aparece, resplandeciente, con su flamante banda de cuerpo completo bordada con la leyenda "MI PODER EN LA INDOCUMENTACIÓN", lo cual viene a significar, al igual que esa otra banda que ostenta el Presidente de la República, algo tan casero como "THANK YOU, SUCKERS". Pues todo lo que se basa y se fundamenta en registros electrónicos asequibles mediante contraseña o (autoridades competentes) llave maestra, tiene esa peculiaridad, que obedece perfectamente al capricho del mirmidón de turno, sin dejar rastro ni evidencias comprometedoras de los cambios y de los masajes que se realizan en los datos, simplificando así enormemente el complicado mundo previsto por Orwell, en que los diarios del pasado se tenían no solamente que reescribir y reimprimir, sino sustituir físicamente dondequiera se hallaran. De nuevo, uno queda impresionado, casi boquiabierto ante la inteligencia previsora de una casta gobernante que se ha dado cuenta de que quien tiene en sus manos la base de datos central, y haya conseguido convencer al ciudadano de que él es estrictamente sólo eso, un registro más, y su memoria otro tanto, y de que nada que tenga guardado en su escritorio le va a servir en su defensa, lo tiene todo. Y a este respecto, nada mejor que ver el magnífico chou que se ha montado en torno a este asunto de las firmas falsificadas.

Las hay, evidentemente, y muchas. Pero lo que entristece no es eso, o no sólo eso, ni la acostumbrada viveza criolla de los partidos que han invertido en ellas, sino el ver que nadie, absolutamente nadie, entre todas esas agrupaciones hambrientas de miembros y de militantes haya querido denunciar lo flagrantemente antidemocrático de todo ese sistema de tener que salir a buscar firmas antes de presentar candidatos. A ver, a ver. Se supone que las elecciones se tienen que hacer cuando hay elecciones - de ahí viene el nombre, elecciones - y que para que éstas se realicen con la necesaria rigurosidad y transparencia, se tiene que seguir unas normas establecidas, que son las mismas para todo el mundo. Pero he aquí que cuando va a votar el ciudadano, solamente se le permite hacerlo a favor de unos candidatos que ya fueron elegidos mediante otro sistema, que no recibe siquiera el nombre de elecciones, ni sigue ningún tipo de norma (por ejemplo, de equidad financiera), ni siquiera se desarrolla en un tiempo y en un lugar de pública referencia, y cuyos resultados, si se llegan a impugnar, dependen de los esfuerzos apresurados de un centenar de voluntarios al servicio de una Comisión Electoral desacreditada, enteramente en el bolsillo del partido del gobierno, trabajando con un software de chiste. Entonces me pregunto: ¿qué es lo que separa, en el plano teórico, a este sistema del de Iran, donde los partidos que se presentan a elecciones son los que ya recibieron el beneplácito de Alá, expresado a través del nihil obstat del Ayatolá de turno? El resultado, por lo menos, se parece mucho: elecciones descafeinadas. Nada de sorpresas de último momento: digamos, nada de tándems presidenciales de "brillantes" economistas aupados por valientes periodistas alzándose contra la Partidocracia en plan David y Goliat. Es bien curiosa la asiduidad con que Correa quiere quemar todos y cada uno de los puentes que él mismo pasó para llegar hasta donde está.

Por lo menos ya tengo listo el tema de conversación para mi visita al psiquiatra, cuando decidan pagarme:

- Es que últimamente... ya sé que suena terrible, y me da mucha vergüenza decirlo, pero tengo que confesárselo a alguien... últimamente he llegado hasta a pensar que nadie debería tener que presentar firmas para candidatizarse para nada.

Si tan sólo tuviera ese valor. Pero bien sé que hasta los psicópatas, los necrofiliacos y zoofiliacos, los admiradores de Ricardo Patiño y de Kim Kardashian, en este país en algún lugar encontrarán su alma gemela, pero quien duda del sistema electoral ecuatoriano no recibirá comida en ninguna puerta, ni alojamiento en ninguna casa, y la ira de Dios estará sobre su cabeza, y sus días en la tierra serán de llanto y maldición, y los moscos posarán sobre su yuca. Mejor que me calle, entonces.

Premio Tartuffe

Cuanto más te lo miras, lo de Correa y Assange es un matrimonio hecho en el cielo. Resulta que el australiano que niega para los demás el más elemental derecho a la privacidad (ver caso Rudolf Elmer), cuando se trata de su propia y majestuosa persona, considera como intrusión hasta el siguiente video, filmado en un lugar público, que documenta su accidentada relación con el arte terpsicoreano. Vamos, que el tipo baila como un inglés. Entiendo su reticencia para que el dato se haga público, pero... en fin, qué se le va a hacer. La coherencia tal vez es una virtud que no va con este siglo. Me siento viejo.

La impuesta pequeñez

Soy bastante transparente. Si mencioné Martha My Dear en otro post, era sencillamente porque acababa de sacar una versión bastante aceptable para guitarra basándome en esta transcripción para piano. Es lo único que he hecho en guitarra desde hace, tal vez, dos años, aparte de algún que otro intento fallido de versionar alguna que otra Gymnopédie o Gnossienne (John Williams tiene una deliciosa en YouTube, pero el mañoso usa una guitarra estilo Narciso Yépez, con un par de cuerdas de más: así cualquiera). Desde el accidente que me dejó el meñique izquierdo torcido hace doce, trece años, la guitarra es lo primero que se resiente cuando las tareas se me acumulan. Ya casi ni me habla. Y como ella, muchas cosas y muchas personas. La juventud, por si no lo sabías, te está prestando una relevancia ficticia, un fulgor tramposo. Deja que se te acaba para ver lo importante que no eres y lo interesante que nunca conseguiste ser. Pero en fin, estás aquí. Demos una vuelta por el jardín.

Tomates, todavía verdes. Encantadores vecinos, y toda una teología de perros de urbanización (sí, estoy urbanizado desde hace cuatro meses). El Lada hoy se me quedó en Durán: manguera agrietada. A mediodía, se nos acabó el gas, y, sin carro, no había dónde (o tal vez fue excusa de mi mujer para disfrutar de la miseria de no poder cocinar, ni un pinche café preparar). Mi hijo, estreñido y gimiendo toda la tarde: cuando al final le sale la caca, nadie se explica cómo una pelota tan grande de plastilina puede sortear un recto tan infantil. Ayer hice $75 de traducciones, esta mañana terminé, entonces era el turno de las evaluaciones. Tres juegos, tres clases, terminados sobre las 6 de la tarde. Ayer, camino a Yagüachi, mi mujer se quemó el antebrazo con el radiador del carro, que estaba siendo conducido por su hermano en mi ausencia. Tercer grado. Le repusimos sábila y vendas, y me dediqué a escurrir ropa en el pasillo de afuera. Contemplé la idea de hacer la declaración del SRI (ya debemos dos meses de multas) y de nuevo, como siempre, me acobardé ante lo deprimente de la tarea. Si solamente tuviera ese "código", o si solamente supiera cómo conseguirlo sin tener que tomar la tarde libre del trabajo para hacer columna en el SRI. Si solamente supiera dónde empezar, qué guardar, qué papeles sacar. En lugar de hacer la declaración del SRI (no recuerdo siquiera si es de IVA, o de IRPF, o ambas cosas, u otra cosa) me dedico a leer gkillcity.com, donde me entero de que ese tal José Joaquin de Olmedo, el del aeropuerto, había sido poeta. Lo lamento: uno puede trabajar, o tener cultura, pero difícilmente ambas cosas a la vez, y con la edad, encuentro que rehuyo cada vez más lo difícil, o mejor dicho lo excesivamente difícil, porque todo se vuelve difícil. Últimamente. Eso es: últimamente todo se vuelve difícil. Debatimos la idea de que mañana, en lugar de levantarme a las 5.45 para ir a clase, simplemente no iría, para recuperar dicha clase algún martes o algún jueves más adelante, con la excusa de que sin carro, tendría que gastar más en taxi a esas horas que lo que cobraría para la clase, lo que de todas maneras podría resultar ser cero, pues si en cuatro meses desde que empezó ese curso no nos han pagado ni un centavo, es lícito sospechar que nunca nos van a pagar y estamos dando las clases "de por gusto", según la locución favorita de mi esposa. (Niños: eso de "trabajar para el gobierno", no lo intenten en casa.) La hijastra se fue a Quito hoy mediodía: la tele, entonces, que tengo delante de este laptop, de este escritorio, en este rincón de la sala de estar que sirve para que el niño dibuje en el piso con crayones de cera, no muestra los avatares de la Miley Cyrus en ningún momento, sino que se limita a ilustrarme sobre la verdadera naturaleza de las relaciones entre Iggle Piggle, Upsy Daisy, y Maca Paca, las cuales se me antojan - de modo fugaz - dignas de una novela de Balzac. Hasta que el niño se va a la cama, y tengo que decidir entre hacer algo de provecho, como transcribir notas, enfrentarme al sinfín de tareas burocráticas aplazadas, o dar una vuelta por las acostumbradas páginas braquicefálicas. Con infinita elegancia prescindo de las dos cosas y vengo al blog por si acaso me inspiro a escribir algo. En un momento parecía que sí, pero ya no estoy tan seguro.

Monday, September 3, 2012

La cuarta lujuria

Desde que Paul Maclean lo conjeturó y Koestler lo sacó a relucir (en The Ghost in the Machine), el meme ha dado vuelta y media al mundo, arrastrándose ora por un disco del muermo ése de Gordon Sumner (alias Sting), ora en una divertida novela del semibrillante Julian Barnes. Pues debe de haber algo de verdad en él, digo yo. Aunque no importa demasiado si no hay. Resumamos. Resultaría que el cerebro humano, en esta narración, es el producto de una especie de injerto evolucionario múltiple. Los reptiles evolucionaron hasta que su sistema operativo ya no daba más de sí, y entonces la evolución, como una especie de Bill Gates avant la lettre, decidió hacerse con el mercado de impolutas sabanas africanas con su nuevo sistema Mamífero 1.0, que de una manera poco afortunada dependía del cerebro reptil como substrato (el man tenía prisa), lo cual se evidencia demasiado al arrancar, sobre todo, tras una noche o un invierno de letargo. El sistema mamífero pasó por varias versiones, cada vez más vistosas, pero siempre de alguna manera limitaditas, a la vez que complicadas (sobremanera) por esa fatal dependencia, que obligaba a traducir todo al lenguaje reptil para poder procesarse, y no sobrepasar esos 8 bits y esos 64K de memoria RAM (aunque con el virtual se puede hacer maravillas). Al final, con los bombos y platillos que quieras y con el oportuno préstamo de una canción de Los Rrolin, salió por fin el ansiado Primate 2000 (antes de Raquel Welch), y con él, la nueva forma cerebral, que a simple vista parece, ahora sí, "otra cosa". Ahora, con esos ingeniosos pliegues del neocortex, adiós a los límites de capacidad de procesamiento. Mira, hasta es capaz de componer sinfonías, erradicar la variola, y estimar la edad del Universo. E incluso, escribir artículos para El Telégrafo. Todo un prodigio.

Hasta que uno se pone a examinarlo de cerca.

Entonces, resulta que en nuestra cabeza, en realidad, todavía tenemos a esa iguana o ese lagarto, al que se suma toda esa maquinaria que permite funcionar al mismo caballo o al can, tan can-do él, el llamado sistema límbico, siendo el primate (nosotros) heredero de la última explosión evolutiva, la del neocortex, la de la supuesta "inteligencia" que siempre se ha dedicado, más que nada, a la ciencia del homicidio a distancia. En fin, es un cuento que atrae, que aclara y explica muchas cosas. Pero no hace falta que sea verdad desde el punto de vista neurológico o evolutivo. A mí siempre me ha servido de simple metáfora, y donde más agradecido me siento con él es en el tema del sexo, o más precisamente de la lujuria. Y es que sin ese lagarto, sin ese perro y ese chimpancé, no sabría ponerle orden a mis deseos: siquiera, tal vez, ponerles nombre.

Con ellos, veamos.

Lagartescos son esos momentos y esas camas donde más importa el calor, el escalofrío, la piel suave y lisa, la cobija aterciopelada, el entrañable chiaroscuro, el acecho de la fiebre, el cubo de hielo (gracias Kim), el vaivén de la ventiladora, el surcado roble de la mesita de noche, incluso diría yo las manzanas y las viandas de Albert Finney (en Tom Jones). De lagartos es el letargo. Es ese "quiero sexo, pero que me hagan, que me suceda, que me llueva, y que me pase primero por el estómago". Si no has tenido ganas de, simplemente, reptar, la canción no es para ti. Déjala para la Danaë de Klimt.


Perruna es la parte que más nos toca, pues se supone que la bestia de dos espaldas shakespeariana es y siempre fue canina, y sobre todo si has tenido la mala suerte (no la cuentes) de ser hombre. Es eso de tener que ir olfateando coños, día sí y día también: duro y rudo destino, en un mundo tan mágico como el nuestro. Tiene sus compensaciones. El dimorfismo sexual fue un buen invento, que nos permitió darle un descanso al hocico y descubrir la geometría curva. Los perros, ya lo sabemos, corren tras el orgasmo lo mismo que si fuera cartero (que no lo es), pero se lo perdonamos, pues son perros, y menean lindamente la cola. Si para ti el sexo se resume en estímulo, engranaje y respuesta, todo apresurado, atropellado y sin malicia, tus ancestros pastores alemanes éstarían orgullosos de ti.



Chimposa es la parte de nuestra herencia de la que menos se habla, pues nos da vergüenza, y con razón. Jode, realmente jode, tener que compartir el 98% de tus genes con un mono tan obsceno, tan feo y repulsivo, tan todo dientes, tan adicto a los celulares, tan social, tan propenso a matar a sus compañeros cuando dan la espalda y nadie está mirando. Pero mira, eso aproximadamente somos. Y en el sexo: pues date una vuelta por las parafilias y verás. Dicen que al neocortex no le interesa el sexo, que se preocupa por otras cosas. Yo creo que no puede haber nada humano que no se interese por el sexo. Lo que pasa es que para hacerse con la connivencia de esa parte del cerebro, el lagarto y el perro a veces tienen que sobornarla, y qué mejor que apelar a eso que al neocortex, ese advenedizo, ese new money, tiene en tan alta estima, v.gr., lo tribal, lo harenoso, el poder, en el sentido de, pues ya sabes.



Éste de arriba, porque es británico. Ustedes probablemente conocen lo mismo bajo otras disfraces, p.ej. los tacones altos, que no sé qué demonios hacen faltando en el dibujo, o las zalamerías, o el matrimonio, en fin, todo el intríngulis.

Lo que nos lleva a la cuarta lujuria, la que rompe esta cómoda esquema. Es la una de la madrugada y tengo que trabajar mañana, así que no diré nada por ahora. Tan solo invitarles a ver la siguiente película, si tienen tiempo, y si no, pues saltar directamente al minuto 00:49:45. La música de Alfred Newman no tendrá sentido si no han visto escenas anteriores, pero el beso es hasta apto para sordos.

The Razor's Edge, con Gene Tierney y Tyrone Power, en YouTube por un tiempo limitado (aprovechen)

Ah, casi me olvidé, pero una promesa es una promesa.




Buenas noches.

Sunday, September 2, 2012

Wednesday, August 29, 2012

Homenaje al burrócrata

Aprovechando la efeméride del Día Internacional del Burócrata (vigente desde el 2007) he decidido hacer una parada en mis actividades cotidianas de infructuosas búsquedas de sellos y timbres oficiales, para cantarle los loores a ese ser tan importante como menospreciado en la actualidad: ese pequeño y calvo hombre o esférica y surcada mujer que día tras día, infatigablemente y ante la indiferencia o la ingratitud de la mayoría, se dedica a sembrar en nuestro oscuro mundo un poco más de frustración, un poco más de irritación, un poco más de exasperada incredulidad. Se trata del Viejo Calientasillas (Pedantus ariscus), especie que encuentra en el Ecuador su más pletórica evolución. Estoy hablando de ese hombre o esa mujer cuya existencia se resume en rechazar, en cada momento, a quien sea, a lo que sea, donde sea, previa constatación de que el rechazo surtirá el deseado efecto de crear en el rechazado esa sensación de angustia, de desperdicio de tiempo, dinero y esfuerzo, de absurdo existencial, que como los gritos de los niños en Monsters, Inc., sirve para alimentar y alumbrar (es un decir) el enorme y expansivo urbanismo burocrático estatal. Ese hombre que es capaz de rechazar un formulario que ha costado $40 en gastos notariales porque la fecha al final, al lado de la firma, está escrita, de modo perfectamente legible, a mano. Esa mujer que es capaz de negarse a procesar un formulario que ha costado dos horas de baja laboral en su presentación, alegando que la migración de una línea al final de la página 1 desde el principio de la página 2, debido al funcionamiento normal del programa MS Word, constituye una “alteración” que “invalida” el documento. Sí, esos encantadores personajillos. Como todos los héroes no cantados, se merecen su día y su sentido homenaje. Pero tengo algo más que eso. Tengo una entrevista.

EL BALCÓN PEREGRINO: Felicidades en su día, señor Burócrata Inútil Y Arisco.
BURÓCRATA INÚTIL Y ARISCO: Gracias, Cliente Molestoso Y Hediondo A Tabaco.

CMYHAT: Veo que usted tiene un hermoso escudo enmarcado en la pared tras su silla. ¿Puede explicarme su significado?
BIYA: Sí.

CMYHAT: Y ¿cuál es?
BIYA: No me interesa decírselo.

CMYHAT: Entendido. Bueno, para el lector, se trata de un culo sentado sobre fondo verde, con una hoja de papel arrugado, una pila de billetes, y la leyenda “DIFFICULTATEM NON EST MEA.” Señor burócrata, perdón que insista, pero ¿tiene alguna idea del significado de esa leyenda?
BIYA: Ninguna. No me pagan por tener ideas. (Escupe en el suelo.)

CMYHAT: De acuerdo.  Ahora, para nuestros lectores, ¿podría explicar cuál es la verdadera vocación de un burócrata? ¿Qué sentido puede tener una existencia como la de usted?
BIYA: ¿Cuántos lectores tienes?

CMYHAT: Tres, si no me equivoco. Y una salamanquesa.
BIYA: Veo que eres una persona influyente. Bueno, en tal caso, aquí va. Mucha gente cree, erróneamente, que nos dedicamos únicamente a joder, a frustrar, a crear angustia, estrés y depresión entre la población. Claro que hacemos todo eso, con mucho gusto, pero nuestra verdadera vocación va más allá. Somos los apóstoles del sentido del absurdo. Nuestra meta es recordarle a la gente en cada momento lo absurdo e inútil de su existencia.

CMYHAT: Y ¿cómo se consigue eso?
BIYA: ¿Ve este papel? ¿Este título universitario de Ingeniero en Plagio (Especialización Poyas)? ¿No te parece una obra de arte?

CMYHAT: La verdad es que sí. Parece arte barroco.
BIYA: Muy cierto. Rechazar este documento ha sido mi hazaña más notable de toda esta semana. Me ha causado una satisfacción enorme decirle al cliente que su título no sirve.

CMYHAT: Y ¿por qué no sirve, si no es mucho preguntar?
BIYA: Mira. Aquí está la firma de la Secretaria de la Universidad que expidió el título. Acá abajo, sale el impreso que certifica que la firma de la Secretaria es genuina. Aquí, ¿ves? en la esquina, está el sello y la firma del Departamento de Validación de Títulos del Ministerio de Educación en Guayas, que dice que la firma de quien validó la firma de la Secretaria también es la que acostumbra usar tal autoridad en sus actos públicos. Aquí está la firma de otra persona del mismo ministerio que certifica que la firma anterior también es genuina. Y aquí, ¿ves?, a este lado, sale el sello del notario que dice que la firma del empleado del Ministerio también es la suya propia auténtica. Ahora, ¿cuál es el problema? Pues simplemente, que este documento carece de garantía de que la firma del mismo notario sea genuina. Podría ser una falsificación, al igual que este sello, ¿no es cierto? Entonces, tuve que explicarle al cliente que vuelva cuando haya conseguido un abogado que certifique que la firma del notario es la auténtica.

CMYHAT: Déjeme adivinar. Cuando el cliente haya vuelto de su viaje a Quito en pos de esa firma, le va a decir que el documento sigue careciendo de validez por el hecho de que nadie está certificando que la firma del tal abogado sea genuina.
BIYA: Exactamente. Veo que usted capta las cosas rapidito. Al cliente todavía le espera esa agradable sorpresa. (se ríe.)

CMYHAT: En tal caso, estamos ante una regresión infinita, pues cualquier firma necesitará siempre de la firma de otra persona que valide su autenticidad.
BIYA: ¿Regresión? No me vengas con filosofías. No me pagan por estar filosofando.

CMYHAT: Intento decir que, con lo que usted expone, ningún documento podrá tener nunca validez alguna.
BIYA: Muy cierto. Ningún documento  la tiene.

CMYHAT: Entonces, ¿cómo es que a veces ustedes aceptan procesar algún documento?
BIYA: La validez viene con esto. (hace un gesto frotando pulgar e índice.) Es lo más práctico. Todos consumimos muchas colas. Pero no me acuses de receptar muchos documentos. No lo suelo hacer. Es mucho más divertido rechazarlos.

CMYHAT: ¿En qué encuentra usted la diversión?
BIYA: Disfruto mucho viendo la cara de decepción, de tristeza y de asco de una persona que ha pasado varios días reuniendo firmas, papeles, copias de su cédula a color, haciendo columna en diferentes ministerios, contralorías, notarías y otras oficinas estatales o parasitarios del Estado, bajando formularios del Internet y rellenándolos, llamando al trabajo para decir que no puede ir, etcétera, para que al final le digan que le falta una coma o que le sobra una paréntesis o que tal cosa debe ir en mayúsculas y que debe volver a pasar por todo el proceso de nuevo, pues no se aceptan tachaduras ni enmendaduras. Quien inventó esta última frase realmente fue un genio. Te haré una confesión. Esa frase, “NI TACHADURAS NI ENMENDADURAS” la tengo como una especie de lema personal. Me ha ayudado mucho en la vida. A ti también te la recomiendo.

CMYHAT: La tendré en cuenta. Pero acláreme una cosa. ¿Por qué me habrían dicho, el otro día, que una fecha escrita a mano al final de un formulario impreso no servía, si la tal fecha se leía perfectamente bien?
BIYA: Obvio. No tiene el formato adecuado.

CMYHAT: ¿Adecuado para qué? La forma en que estaba escrita la fecha era perfectamente adecuada para leerla. ¿Qué más se puede hacer con una fecha, aparte de leerla?
BIYA: La pregunta es tonta. Como si las cosas tuvieran que servir para algo. ¿Todavía sigues con esas supersticiones?

CMYHAT: Veamos. A mí me parecía que la cosa podría tener algo que ver con algún fetichismo. Ya sabe, confundir el medio con el fin, o la media con el fémur. Glorificar el Times New Roman, 11 puntos, por encima de la salud mental del sujeto pensante tras todos esos inútiles formularios. Ahora, usted me está diciendo que se trata más bien de nihilismo, puro y duro. Una filosofía de que nada tiene sentido, ni debe tenerlo.
BIYA: Es lo que predicamos. Es nuestro evangelio ante el mundo. Queremos que la gente se dé cuenta de que no puede ganarle al universo. De que para nada sirve esforzarse. En eso, colaboramos plenamente con el actual gobierno. Modestia aparte, nuestra burocracia es el primer causal de pérdidas de días laborales en el país, por delante del resfriado común, del chuchaqui y de la sartén de la esposa. Contribuimos al empobrecimiento de la nación. Pueden poner los límites de velocidad que quieran, las leyes laborales bizantinas que deseen, pero nada ni nadie hará tanto como nosotros para fomentar y propagar la improductividad, la pérdida de tiempo y riqueza, y la carestía de innovación y creatividad que nace de nuestra insaciable hambre de formularios inútiles, de declaraciones juramentadas, de fotocopias de cédulas a color, de firmas de notarios, de bases de datos centrales de títulos inútiles, y demás asombrosas ridiculeces, todas en horario de oficina y en triplicado.

CMYHAT: ¿Usted sabía que en el Reino hUnDido no existen ni los notarios, ni la obligación de tener cédula de identidad? ¿Que las universidades de mayor prestigio no proporcionan mallas curriculares, y los cheques se pueden escribir en el lomo de una vaca?
BIYA: Me resisto a creer nada de eso. Si no hubiera el oficio de notario, ¿a qué se dedicaría la gente que no supiera hacer nada bien?

CMYHAT: Pues a dar clases de inglés, evidentemente.
BIYA: Tonterías. Si sigues propagando esos rumores, tendremos que encarcelarte por desacato. El notariazgo es el oficio más viejo del mundo, y una reciente sonda a Marte ha revelado que hasta los microbios extraterrestres disponen de cédula de identidad y papel de votación. Si no, no habría forma de comprobar su existencia.

CMYHAT: Explíqueme otra cosa. ¿Por qué, en una visita reciente al SRI, a mi esposa le rechazaron el poder notariado que le di para representarme, alegando que no decía específicamente que le otorgaba poder para representarme ante el SRI, si en el poder decía “ante todas las instancias gubernamentales”?
BIYA: Pues obvio, porque no decía “ante todas las instancias gubernamentales, incluído el SRI”.

CMYHAT: Piaget decía que la capacidad de razonar en el sentido de construir esquemas simbólicas de superordinados y subordinados, de todo y parte del todo, es algo que se desarrolla en el niño entre la edad de 3 y 7 años. ¿Debo inferir que el SRI tiene una edad mental inferior a 7 años?
BIYA: Es posible. En todo caso, no es mi problema.

CMYHAT: Finalmente, ¿con qué sueña usted todas las noches?
BIYA: No me pagan por tener sueños. Me pagan por destruir los de de la gente.

CMYHAT: ¿Ni un solo sueño tiene usted?
BIYA: Bueno, sí, ahora que se me ocurre. Estaba remando en un bote, solo, en medio de un gran océano sin horizonte. El sol brillaba, y el mar estaba apacible. De repente salió del agua, al lado del bote, un inmenso tiburón.

CMYHAT: Y ¿qué hizo usted?
BIYA: Evidentemente, pedirle una fotocopia de su cédula, como condición para engullirme.

CMYHAT: ¿Y se la proporcionó?
BIYA: Sí. El tiburón tenía tres copias, con papel de votación incluido en cada una.

CMYHAT: ¿Pero?
BIYA: Pero no estaban a color.

Wednesday, August 15, 2012

Ecuador desde dentro

Ni que Assange fuera Bin Laden. Qué ridícula se ha vuelto la Foreign Office. Aterricemos: el tipo no se puede "extraditar", salvo en los tabloids, porque en la prensa seria todavía nadie confunde "wanted for questioning by a couple of Swedish bints in stilettos and their boyfriends in the local police" con "acusado y convicto de algún delito". Es como si se propusieran extraditarme a mí del Ecuador porque una ex en España quiere ver si tengo más canas. Si no lo veo no lo creo. Y allanar una embajada. Hay tanta ridiculez en esto (de lado y lado: más tabloide que Patiño, imposible) que terminas sospechando que el quid está en esto, en imponer ridiculez como moda obligatoria. En fin. Assange no representa a nada ni a nadie, sólo a sí mismo, así que perdónenme el bostezo. Y a nuestros mutones.

Hay una serie en la tele, entre varias: Ecuador Desde Fuera, en alguno de esos canales gubernamentales. La idea es transmitir... (coj, hiq, buaj, hac, prrrj)... La idea es transmitir una "imagen" paradisíaca del país en cuestión, mediante entrevistas a notables cojudos internacionales. Es decir: si desde acá tienes la impresión de vivir en un país lleno de corrupción, de viveza criolla, de pobreza, de delincuencia, de prepotencia, de histrionismo infantil, de Dalo Bucarám (valga la múltiple redundancia) y su histérica esposa, tranquilo, todo eso no es más que una simple percepción donde te falta the big picture, la cual evidentemente te la tiene que proporcionar Noam Chomsky, Oliver Stone o Stig of the Dump. Lo que me hace pensar, inevitablemente, en lo dicho por The Economist hace días sobre las Olimpiadas de Londres: "El Reino hUnDido se miró a sí mismo y le gustó lo que vio". ¿En serio? ¿El país entero se miró a sí mismo? Entonces, la siguiente pregunta tiene que ser: ¿desde dónde? Y la respuesta inevitable: desde fuera, por supuesto. Como éstos de acá. Otra moda de que no veremos nunca el anhelado final.

(Y hablando de modas, es hora de confesión: fui el primero en resucitar la palabra avatar: es hasta googleable. Pero ¡no sabía! ¡no sabía que esto iban a hacer con mi palabra estrella del día sacada del Concise Oxford! No sabía que iba a ser la parodia semántica de la década, tal como hicieron en los ochenta con maverick. Es mi única defensa. Ya sé que no va a servir.)

Así que en ésas estamos: en mirarnos desde fuera. Que conste que en este país hasta tenemos un partido de gobierno, una constitución, todo un sistema, vaya, basados en esto de mirarse desde fuera. Piénsalo. La Constitución no es apenas más que una letanía de piadosas sandeces transmitidas (Powerpoint mediante) desde algunas universidades extranjeras presas de la corrección política del día. Es el sueño húmedo compartido de un valenciano y un venezolano, con nihil obstat de the Guardian. Más desde fuera, imposible. Y el resultado de su imposición a lo largo del país, y de la eternización del gobierno que la parió, que en el día a día cada ciudadano se acostumbra a practicar la doble mirada: primero, desde dentro de la situación en que se encuentra, y acto seguido, desde fuera. Así que, por ejemplo, si el gobierno te prohibe ir a más de 70 en las carreteras, desde dentro es obvio que como todas las demás medidas relacionadas con automóviles, la cuestión es joderle a ese imaginario pelucón de la Vía Samborondón que le tiene comido el coco al Presi, y no hay mayor misterio (eso de reducir accidentes, cuéntenlo a los chiquillos). Pero, espera: ¿qué tal desde fuera? Ah, desde fuera es otra historia.

Desde fuera - desde arriba pero muy arriba - estamos presenciando la eclosión de un nuevo país. Una revolución. Mira qué bonito: todos esos carros arrastrándose en perfecta sincronización, ese ordenado y prusiano fluir de las carreteras, con un fuerte sol chispeando todos esos techos de fibra de vidrio, una maravilla de cultura, de civismo, de hormiguismo. Y si nos acercamos un poquito, sólo un poquito, veremos todas esas caras felices, beatas, llenas de solidaridad y buena onda y Lenin Moreno. Porque desde fuera, Ecuador es eso: mucha sonrisa, mucho paisaje, mucha tortuga, toda honestidad y sencillez y alegría y patriótico optimismo.

SMPFRUNCHT.

Es una onomatopeya entre varias posibles para representar el sonido de una bobada cuando cae a tierra tras un breve paso a través de las diferentes esferas. Y no es que a mí no me gustaría practicar eso del desdefuerismo, que se entiende que reduce el estrés, el colesterol, calma los nervios, hasta puede que alargue la vida. El problema es que todavía existe la realidad: esa cosa que te obliga (de vez en cuando) a mirar tu situación desde dentro, desde donde estás, y no desde donde la retórica del más ambicioso político te quiere transportar. Acá dentro, te das cuenta, entre otras:

Que la pobreza no es noble, ni pintoresca, ni bonita, ni forja de solidaridades y de simpatías. Ni siquiera es sonriente, salvo por cálculo. La pobreza es, en cambio, aquello que transforma los seres humanos en miserables bestias, cínicas, aprovechadas, oportunistas, mentirosas y corruptas. Cuanta más pobreza hay, más fea (de espíritu) verás a la gente de tu entorno. Un país pobre es el último lugar del mundo donde vas a construir una utopía de desprendimiento y Buen Vivir. Mejor fuera, entonces, construir primero un país más rico. Aunque ya sé que eso no gusta. La riqueza nunca va a ser políticamente correcta. Una pena.

Perdonen de nuevo el bostezo. Esta vez, es porque el cuerpo me pide acostarme, tras otro día de luchar en esto de la supervivencia. Se trata de una demanda judicial que han extendido contra mi familia basándose en declaraciones de testigos falsos. Sí, ese tipo de pobreza. Ese tipo de Ecuador. Estoy viéndolo todo desde dentro, y sin sonrisas de agraciados actores, porque no tengo más opción. Para mí todo esto no es cinismo, es una realidad de la que huiría, si solamente pudiera, si solamente tuviera adónde.

Monday, August 13, 2012

Paso olímpicamente

Supongo que no seré el único aquí que no haya visto ni un solo evento de las Olimpiadas. Ello no es óbice para que comente mi impresión de las mismas. Tengo una clase en que el otro día un alumno levantó la mano y dijo, ante la aprobación murmurada de todos: "¿cómo es que Ud. lo sabe todo?" Yo no sabía que sabía todo, pero la noticia no me resulta ingrata. Sabiéndolo todo, con más razón puedo comentar acerca de cosas que no he presenciado. Así que lo que estoy diciendo se resume en que una cosa que no he visto es ligeramente menos azul que otra cosa que tampoco he visto. Y cualquier parecido con la Gran Piedra de Galveston es pura coincidencia:



Así que empecemos. En primer lugar, decir que estoy completamente de acuerdo con este artículo donde dice que las Olimpiadas saben a guerra fría. Me complace constatar que no soy sólo yo. Saben a caduco, a rancio, a anacronismo, a nuestras infancias. En esa lejana y dorada época, niños, y no les miento, uno todavía podía hablar de "nuestra" selección, de "nuestros" atletas, uno todavía podía volverse en cinco minutos experto en deportes que antes no sonaban a nada, simplemente para poder estremecerse a conciencia con todos aquellos casi triunfos que tarde o temprano a ti también te iban a costar un ojo de la cara. En la niñez, señores, uno puede ser hasta patriota y sin apestar, o no mucho. Y todavía, todavía, no tengo edad para renunciar a mi antiguo entusiasmo por los Spitfires. La primera película que vi en el cine pudo haber sido esa Battle of Britain, y sigo opinando que los aviones de guerra  americanos de esa época eran simplemente funcionales, mientras los británicos siempre fueron bellos. (Y éste, la sicopatología aguda aerodinamizada.) Y vale, el B52, ese cuervo de mal agüero que nació de una pesadilla colectiva posterior, sigue y seguirá un tiempo más sobrevolando el sueño de los políticos sudamericanos. No tienes más que darte una vuelta por el Telégrafo. Pero ese mundo ya no existe. Los aviones sobreviven, por lo menos en las películas hechas en su honor: las lealtades, ya no. Sin pena ni gloria pasaron a mejor vida. En rigor, nunca valieron nada.

(Aunque algunos quisieran. Hoy, por casualidad, en la cocina me pongo a hojear el libro de Sociales de mi hijastra: no doy crédito a la sarta de mentiras, de patrañas y de burda indoctrinación con que la Revolución Ciudadana quiere "formar" a la juventud de este maltrecho país. Allí, me enteré por ejemplo de que Darwin fue "naturista", lo que según el habla popular (y María Moliner, aunque con remilgos) significa que le gustaba pasear por ciertas playas tal como su madre le trajo al mundo; en cambio, el DRAE insiste en que significa que fue partidario de una "doctrina que preconiza el empleo de los agentes naturales para la conservación de la salud y el tratamiento de las enfermedades" (y no da más opciones). ¿En serio, Darwin era del gremio de los babadecaracoleros y los sesodegarcistas? Anda ya. Luego, resulta que hay una serie de pintorescos "valores", entre ellos, uno que se dice "desprendimiento", que son de todos y de obligatoria aceptación, y si no sabes lo que es desprendimiento, resulta que es un concepto heredado del Concilio de Trent, estrujado y triturado en fábrica local, para llegar a significar esa dulce resignación medio beata, medio lorenza, con que uno acepta que el Estado se lleve tus cosas en pro del Bien Común, pues (según la somera explicación que da el libro) uno no debe acumular caramelos mientras hay otros niños que no tienen ni uno, por lo menos en lo que dura su viaje a Canadá en avión presidencial. Así que ya saben: a desprenderse se ha dicho (no me dirijo a los techos de las casas en el Estero Salado, por si acaso). Y para colmo: el libro da espacio, como no podía ser menos, a nuestra identidad, una pobre flor marchita hecha de Eugenios Espejos, de Simones Bolivares y de otras proceresas transitadas que no vienen al caso. Bueno, por lo menos son directos. No te molestes en forjarte una identidad, niño: ya te tenemos una preparada. Y si no te gusta, piedra. Es lo que hay. Con lo cual, uno espera mucha rebeldía para este siglo entrante, y pocas luces, o en resumen: secuestros express. Ésta ha sido la Revolución del Secuestro Express. Gracias, libro de olvidadizo título, por darme el nombre. El Telégrafo, varias ediciones.)

Lo que demuestran las Olimpiadas, por si alguien todavía no cacha, es quod erat demostrandum: que el político, y aquí incluyo a todos no por simpleza sino por observación directa, es tan, tan infantil que cree que hay un "orgullo nacional" que vale alimentarse con tantas libras como hospitales no hay en el país, y que tiene (para más inri, y en este caso es mucho inri) algo que ver con las Spice Girls. Es tan simple el político éste de marras, que no se da ni cuenta que las Spice sólo son adoradas en Corea del Sur, que Elton John hace mucho es como el gato de Cheshire, pero en peluca, que Liam Gallagher tiene, demostrablemente, menos talento artístico que Abdalá Bucarám, que Paul McCartloads no ha hecho nada nuevo desde Martha My Dear, y que cualquiera puede ganarse muchas medallas si anteriormente se ha molestado en construir un imperio que incluye a alguna que otra isla caribeña.  Y no sólo es que nada de esto tiene mérito alguno, sino que el británico, naturalmente reacio a lirismos patrioteros tipo "Patria, tierra sagrada", cuando se le da la vena es absolutamente insufrible. Felicítense de no haber estado ahí: yo lo hago.

Wednesday, July 25, 2012

Arreglen, por favor

Cada vez que accedo a un artículo de opinión en la edición en línea del Telégrafo, en el apartado "Comentarios" al final del artículo, los campos de Nombre, Correo electrónico y Página Web la mitad de las veces salen con datos de otro usuario. Se supone que serán los datos del último usuario que accedió a la página. Esto me parece que se debe a un error de programación y constituye un atentado contra la intimidad de los usuarios que puede que no quieran que otras personas conozcan sus hábitos de lectura. Lo dicho: arréglenlo.

Saturday, July 21, 2012

Mi fe

Hay un comentario de mi mujer algunas veces repetido que va así:

No te puedes morir todavía. Tu hijo te necesita. Por la María [mi hijastra] no me preocupo tanto, cuando me muera tiene a su papá en Quito, su abuelita y sus tías, pero él no tiene a nadie. Sólo a mí y a ti.

Hay variantes, algunas más patéticas (en el sentido de que el sexto de Chaikovsky lo es). Se ceban en esa pequeña soledad. Y es cierto. Todo eso es cierto. Tener a un hijo autista es tener cerca a una soledad que no muestra señas de querer convertirse en otra cosa. O tal vez, de poder hacerlo. Él cuenta con nosotros (porque estar completamente solo no es de seres humanos), comparte (comparte todo: sus juguetes, su risa, sus animales, sus pequeños gozos) con nosotros, y a los demás seres humanos, los que no son de la familia, en la medida en que no les ignora se acerca con inocente confianza, sin malicia, sin especulaciones previas, sin comprensión. Pidiendo (según la filosofía de la viveza criolla) ser burlado, maltratado y aplastado. Es lo que hay. Ya empezaron.

Así que no me puedo morir todavía. Hay días que quisiera. (No me hagan caso. Esta mañana, camino al boulot, una tipa loca, posiblemente drogada, embiste al Lada de lado, llama al vigilante, cuenta su versión en la que yo hubiera emprendido una carrera suicida para sacar su flamante Sportage de la carretera, por no sé qué arranque de malicia universal al estilo Denver, Colorado, y una vez terminadas las respectivas diligencias y confiscadas las respectivas licencias, se queda hablando con el agente, rebosante cartera en mano. Adivinen en qué quedará eso. Redondeen al centenar más próximo.) Y como no me puedo morir todavía, aunque quisiera, tengo que abrazarme a alguna fe, por pequeña y modesta que sea. No me queda otra. No sólo de fideos y cigarrillos vive el hombre.

Como ya quedó constancia en otra parte, no creo en Dios. De hecho, no concibo cómo se puede creer en algo así. Aunque hay veces que me parece divertida tal creencia, como espectáculo, digamos. Tiene su lado sexy. Que las mujeres bonitas crean en Dios es algo que apruebo en un 91%. Pero no es para mí. Así que, puestos a buscar algo en qué creer, topé finalmente con Imi e Ima. Ahora, atención: no exijo que ustedes crean en Imi e Ima. Ni siquiera se lo pido. Simplemente les estoy diciendo que yo, de momento, si creo en ellas. Nada más.

Primero decir que se trata, tal vez, de una variante a lo bestia del gnosticismo, en el sentido que el cuadro que propone no es el de un Dios todopoderoso que desde su trono en el firmamento escudriña el soleado y pecaminoso paisaje terrenal. En lugar de ello, y de acuerdo con toda esa gente desde el Trisme pasando por Plotinus y Blake, lo que tenemos es Imi, un ser divino con forma de nube, que lo único que hace y a lo que se dedica, digamos, profesionalmente, es a joderlo todo, meando continua y rítmicamente sobre nuestras papas fritas. Sin dejar, por ello, de ser Dios, es decir, de propiciar su culto, automercadearse e influir enormemente en el comportamiento de las personas de bien. Luego, escondido detrás de Imi (por encima, si quieres, pero sin concederles demasiado simbolismo a esas vertientes) está Ima, a la que acudes cuando las putadas de Imi se vuelven demasiado dolorosas, y necesitas contactar con algo que sea verdadero, o cuando necesitas crear en vez de destruir. Aunque a veces se te vuelve huidizo como un sol inglés y hay que creer, simplemente, en su escondida presencia. Los días en que se te revela son días que recuerdas con algo de fruición.

Ahora, por culpa del puto culto a esta religión, se te relativizarán algunas cosas en tu vida que quisieras no relativizar. Se te abren paisajes inhóspitos llenos de gente que actúa sin ton ni son, y bailan tous en rond, simplemente porque ha visto a otra gente actuar así, y la religión de la todopoderosa Imi dice que sobre todo, hay que hacer lo que hacen los demás. "Hacer lo que se hace, cantar lo que se canta, rechazar lo que se rechaza, eso será toda la Ley". ¿Religio licita o qué? Arrasa.

De manera que la niña, ya con nueve años, sabe que hay que encogerse de hombros, levantar la mirada al cielo, y suspirar fuerte. No tanto por los resultados (ellos vendrán) sino porque así se parecerá como dos gotas de agua a su heroina de la tele, la superdivertida "rebelde", cuya rebeldía consiste en eso, en proporcionar sencillas pautas de comportamiento para la Gran Mayoría Rebelde, que en determinado momento (todo está previsto) dejará de lado a sus Barbie y se volverán Indignadas, porque lo in es indignarse con todo menos con uno mismo.

Ima, ¿dónde estás? Este post iba a ser otra cosa, pero la perspectiva de lo que habrá que pagar por "el accidente" (la irresponsabilidad ajena) ensombrece demasiado. Sumado a esto, el otro juicio, la casa, la tarjeta. La aritmética de Mr Micawber ha sido favorable en comparación.

Soy, nomás, una extensión de un laptop, la espalda encorvada, rodeado sempiternamente de papeles, perdiendo la batalla día a día.

Mi droga más fuerte de estos días: Gymnopédie I. No queda otra.

Tuesday, July 17, 2012

Dunshittlin?

De vez en cuando a uno se le ocurren nuevas propuestas para el léxico inglés: hace tiempo que me iluminé con el verbo to shittle, que vendría a significar aquel pasatiempo que habitualmente entretiene a ese simpático columnista del Telégrafo cuyo nombre, inevitablemente, se te queda en la mente como Shitler o Shittler, y que desde el primer encuentro me cautivó con su pasmosa habilidad para arreglar el mundo mediante displicentes artículos en donde siempre es cuestión de unas fuerzas sociales, de unos frentes comunes, de unos sectores y unas comunidades y alguna que otra clase socioeconómica, que él y sólo él sabe disponer en su correcta posición en el tablero político, para que se dé ese progreso que todos tanto anhelamos. Las reglas de juego del Shittles parecen sencillos: uno coloca ahí a la comunidad GLBT, allá a los sectores progresistas, acullá a la comunidad afro, etcétera, todos en línea con perfecta simetría, luego se coge el artículo y se le lanza contra todo, para ver en qué posición quedan esparcidos después del impacto. Esta posición, desde luego, viene a ser el alineamiento ideal de dichas fuerzas sociales en pro del progreso sossiaal.

Digo simpático: en serio, así me resulta el tipo, aunque sólo sea porque su foto demuestra unas ganas de colocarse una boina con una estrellita estilo Che que casi no se las aguanta, el pobre. (De las excentricidades indumentarias mayores, como aquello de ponerse bufanda roja al cuello para ir a platicar con fuerzas irregulares colombianas, mejor no hablemos. Dejemos aquello para el lunatic fringe.)

Pero he aquí que se las ha tomado con esa misma lunatic fringe de la izquierda infantil:

Imaginan una sociedad igualitaria frente a una realidad compleja y plasmada de diversidad. Y sus intelectuales llaman, convocan a luchar contra el mal mayor: la propiedad privada, sin embargo, disfrutan plenamente de las comodidades de la propiedad privada de bienes y servicios. Responden que están en contra de la propiedad de los medios de producción y de la acumulación de capital, pero guardan una moral luterana-calvinista de ahorrar mucho y gastar poco…

Traduciendo: esa gentuza de la izquierda no correista, a pesar de que están en contra de la propiedad privada, no duermen en la calle, en las entradas de los bancos, vestidos de harapos y pasándose el Cristal de unos a otros. Bueno, de hecho, ahora que lo pienso, yo tampoco hago eso. Pero yo en cambio sí estoy en contra de la propiedad de los medios de producción. Ellos dicen que también, pero ... pero... yo salgo los fines de semana a tomarme una biela, y ¡ellos no!, dizque por "ahorrar". ¡Canallas!

Una especie de esquizofrenia ideológica, o dicho a los nuevos tiempos, una bipolaridad ideológica. Exigen el cultivo de los saberes ancestrales y al “otro” contra el pensamiento euro-anglocentrista, pero son cultores de los pensadores más de moda de las latitudes del norte neocolonial.

Traduciendo: el cultivo de los saberes ancestrales exige la renuncia definitiva de la lectura de cualquier autor que se haya puesto de moda en EEUU. A mí no me interesan nada aquellas modas del norte neocolonial, y si estoy tan enterado de quiénes son los autores de moda, es solamente porque mi deber como buen ciudadano es velar para que esos autores no se encuentren citados en los artículos de esa gentuza de la izquierda no correista. So pena de atraer la furia de mi tronante pluma.

El artículo, como viene a ser costumbre en el Telégrafo, lleva tras el título un amenazante (1), señal de que la sutileza y la envergadura del pensamiento de los autores habituales de ese diario está creciendo al mismo ritmo que sus cuentas bancarias, de modo que ya difícilmente se le puede hacer justicia a unos títulos tan rimbombantes en un espacio tan pequeño como el concedido. Por supuesto que los lectores habituales del Telégrafo, que entiendo que ya son muchísimos, tendrán la sabiduría de recortar esos artículos a plazos y unirlos todos para mejor disfrutar de la ampulosa cadencia del original.

En fin, para quienes no pueden aguantarse las ganas de saber qué va a ser el sorprendente desenlace de esta serie, yo me he tomado la molestia de enterarme, por mi cuenta, siguiendo los métodos del buenazo de Assange, y así, les puedo adelantar la conclusión, de modo exclusivo y bien wikilicuoso, y va a ser ésta: que la única izquierda realmente sensata y eficaz que queda en este país es la izquierda correista, cuyo máximo exponente ideológico-intelectual es, por supuesto, el propio Shitler. De la misma manera que, parafraseando al incalificable Arellano Raffo, que también se asoma por ahí con gozosa regularidad últimamente, el único candidato para la vicepresidencia en los próximos comicios que no se encuentre fatalmente encombrado de adjetivos es un tal Francisco Arellano Raffo, habiendo quedado los demás contrincantes mortalmente alcanzados por los embistes de la cobardía, torpeza, despistadez, renuencia, etcétera.

Resumiendo: uno no se habría imaginado, de no ser lector asiduo de la versión en línea del Telégrafo, lo que puede dar de sí, en términos de cómputo de párrafos y columnas, el gruñido y el relinche y el berreo de tanto ganado supuestamente humano hambriento de favores, de puestitos, de menciones, de viáticos, de ministerios, de migajitas, en suma, de poder... y dispuesto, para ello, de perder hasta la vergüenza y la compostura. Triste y elocuenta espectáculo.

Pero no quería hablar de eso.

Mi esposa se ha vuelto anticorreista. Sí, es en serio. El lector habitual de este blog sabrá qué significa eso. Para poder seguir conviviendo conmigo todos estos años, y seguir siendo correista, le ha faltado - ustedes lo intuyen bien - unos nervios de acero, una paciencia de santa, una tozudez olímpica. Pero hasta el día de antes de ayer, aguantó. Correa "sí ayudaba". Ninguno de mis argumentos surtía efecto. Seguía en sus trece: ella iba a seguir votando por el Presi. Hasta el día de antes de ayer, digo. Fue entonces cuando vino a casa furiosa, y soltó ese dramático "¡Correa es un metido!" Enhorabuena, le dije. Ahora te enteras. Pero ¿lo dices por...?

El tema fue el de las tarjetas de los comercios. Sus mejores amigas siempre, durante toda la vida prácticamente, han sido sus tarjetas de De Prati y Casa Tosi. Ahora, por "ese hijueputa de Correa" (cito textualmente) esas tarjetas iban a desaparecer. Se me antoja que el cold turkey va a ser peor, aun, que ese periodo necesario de reajuste ideológico que se le ve venir. Ayudaré en lo que puedo. Más no puedo decir de momento. Yo, lo que es yo, sí ayudo.

http://www.telegrafo.com.ec/index.php?option=com_zoo&task=item&item_id=46585&Itemid=28

Nada sexista la caricatura. No, señor... sino real como la vida misma. Gracias, Rafael. Ojalá que sigas así.


Sunday, July 1, 2012

Driving in Ecuador: a guide for foreigners

The following information may be useful for visitors from other countries who are planning to use the roads here.

(1) Until very recently, the standard procedure for obtaining a driving licence in Ecuador was to bribe someone from the local traffic authority. Lately, a new, improved procedure has come into force whereby you have to bribe a considerably larger number of people. Estimates vary regarding the number of Ecuadorian drivers who have at some time actually had driving lessons, but observation suggests the number is probably not much higher than 2%.

(2) The main purpose of driving in Ecuador is to enrage other drivers, and ideally, cause them to have accidents. Getting to where you want to go is merely a subsidiary goal, to be sacrificed to the main goal whenever the two should conflict. A "good driver" in Ecuador is one who leaves in his wake a trail of skids, crashes, dead motorcyclists and traumatized pedestrians, without damaging the paintwork of his own vehicle.

(3) Most road signs are merely decorative. This is especially true of speed limit and Give Way signs. There is no speed limit on any road in Ecuador. You should drive at, or slightly over, your own car's maximum speed at all times.

(4) If there is a car in front of you, preventing you from reaching your car's maximum speed, you should not brake or decelerate. Instead, you should approach rapidly, at full speed, flashing your lights repeatedly as a signal that the car in front is blocking your way, that you are more important than he is, and that you are not sure whether you can find the brake pedal in time to prevent a collision. If the car still does not move out of the way, you should swerve around it at the last moment, if necessary making use of the hard shoulder. With luck, this will cause other drivers to swerve suddenly to avoid you, and cause a satisfying pile-up, which you can enjoy contemplating in your rear view mirror.

(5) Some Ecuadorian roads are painted with lines which the novice might interpret as indicating lanes. Again, these are just for decorative purposes. Roads in Ecuador do not have lanes. Consequently, any advice you may have read about taking "precautions" before "changing lanes" does not apply. Just weave around the road as you see fit. (If you wish to use your car's indicator lights, make sure you use the one on the opposite side to the direction you intend to turn. This confuses other drivers and ensures your supremacy on the road.) A good policy when there is a lot of traffic is to tack diagonally from side to side of the road, thus causing maximum stress to other drivers who will have to brake repeatedly as you cross in front of them at a distance of millimeters.

(6) In an Ecuadorian car, the horn has two primary uses: (a) to signal to a female pedestrian that you approve of the way she is dressed, and (b) to inform other drivers that you are more important than they are, and that therefore they should get out of your way. A subsidiary use is in a traffic jam or a long queue, to signal that you are in a hurry and tired of waiting. Frequently, this use of the horn has resulted in a genii appearing and magically removing all the other traffic from the road, leaving the driver to proceed at leisure.

(7) If you need to turn, and there is already a car waiting to turn on the same side, it is considered bad form to position your car behind the one waiting. Instead, you should sidle up next to them. Do not worry about the possible obstruction to vehicles that are travelling straight on. When the lights change or the turn becomes possible, be sure to accelerate so as to cut in front of the car that was already waiting. If driving in Guayaquil, be sure to pick your nose while you are waiting for the lights to change.

(8) Traffic lights may safely be ignored if there are no police cars in the vicinity, or if it is dark. Otherwise, it may be necessary to stop at a red light, but only if the light has not changed to red sometime in the preceding 45 seconds. If it has, then it is usually safe to proceed, providing you are doing at least 120.

(9) If traffic is dense and it is difficult to overtake the car in front of you, a good technique is to shine your lights into the rear view mirror of the driver in front, thus blinding him. This is especially effective if you are in a SUV and the other guy is not. With luck, the blinding glare from the mirror will cause him to career off the side of the road and into a tree.

(10)  All bus drivers in Ecuador are murderous psychopaths. It is dangerous to assume they will act to ensure the safety of their passengers. Their single aim is to cause as many accidents as possible. There are rumours that they are actually paid on the basis of how many motorists and pedestrians they can kill per day.

(11) On rare occasions, taxi drivers have been observed to signal before stopping suddenly at the side of the road to pick up passengers. It may safely be assumed that these drivers were novices.

(12) In Guayaquil and other cities, you may see special lanes signalled "Metrovía", or similar. These are actually VIP lanes. If you feel that you are an especially important person, you can use these lanes freely. The people who don't use them are just plebs.

(13) Unlike other countries, where speed bumps are the responsibility of the traffic authorities and follow a regulatory design, in Ecuador they are an expression of folk creativity, somewhat like graffiti. "Speed bump artists" spend considerable amounts of time visiting different neighbourhoods with buckets of cement and creating aesthetically pleasing irregularities in the road surface. A good speed bump should be unexpected, carefully hidden (e.g. just after a bend in the road, in an area with no lighting) and cause maximum damage to the suspension of unsuspecting vehicles that run into it at night.

Thursday, June 21, 2012

Bailando por un bien común

¿Risa sana? Recomiendo El Telégrafo: últimamente se lee hasta con más fruición que Condorito.

Hoy, por ejemplo, Fabrizio Reyes de Luca nos deleita con las payasadas de un tal Christian Felber, sobre quien wiki se niega a proporcionarnos ningún dato en inglés, pero cuya página en español nos informa que sus hazañas de economista revolucionario disputan su atención y su tiempo con las de bailarín de danza contemporánea. Un hombre verdaderamente polifacético, entonces, digno de la tradición del Renaissance Man al estilo de Sir Walter Raleigh o de Garcilaso, o para traer la cosa más hacia casa, digamos que algo así como un Carla Sala austríaco. Eso sí, algo reprensible el despiste de sus wikibiógrafos, que primero lo asocian con la prestigiosa Universidad de Viena, para luego soltar el dato de que en realidad trabaja para la WU-Wien (una simple Business School, nada que ver). Su única maestría es en Filología Románica (mon semblable! mon frère!), ¿y qué más? ah, y que podemos estar razonablemente seguros de que su patrimonio actual no supera los 10 millones de euros, pues ésa sería la cifra mágica que separa buenos y malos, y el sacrosanto limite que en su peculiar Utopía los gobiernos estarían encargados de imponer mediante las acostumbradas expropiaciones. Por lo demás, el modelo propuesto por Felber es un poco lo de siempre: una revolucionaria y nunca-antes-pensada "tercera vía" entre el capitalismo cruel y salvaje y el socialismo inútil y fracasado. (Con las Terceras Vías pasa un poco lo de las Reliquias de la Cruz: reúnelas todas y tienes un macrocristo de 100 metros de estatura, o un Spaghetti Junction con tantas terceras vías que ni con sat.nav. sales de ello. Pregunten a Blair.) En fin: lo tierno, lo simpático de Christian es que ni se molesta en desarrollar su modelo, ya saben, intelectualmente, pues según él, "se debe ir construyendo entre todos". De hecho, resulta que aparte de una serie de desiderata aptas para monjas de clausura ("confianza, honestidad, responsabilidad, cooperación, solidaridad, generosidad y compasión, entre otros"), la única zona clara de su pensamiento es la referente a los ricos, ese gran problema, es decir, el problema de que al parecer en el mundo hay gente que tiene más plata que él tiene ni que estima podrá algún día tener. No, en serio: realmente se trata de un problema, pues si hay gente rica, es imposible que tal riqueza se haya conseguido de otra manera que estafando, mintiendo, extorsionando, explotando, destruyendo el medio ambiente, etcétera. Para ser más claros: si tienes 10 millones de euros y un poquito más, eres un malvado explotador: si todavía te faltan unos centavitos para llegar a esa cifra, por el contrario, eres con toda probabilidad un parangón de humanidad, además de un bailarín de excepcionales cualidades. Se muestra interesante el camino a recorrer, por donde el bueno de Christian, a medida que vende más y más panfletos, irá descubriendo que en realidad no se trata de diez millones ni de veinte, sino de, simplemente, esa fluida y huidiza frontera entre la propia virtud y la maldad ajena, ese inasequible horizonte del mal al cual nunca se alcanza ni queriendo, pues el infierno siempre son y serán los demás. Camino, por otro lado, ya recorrido por nuestros propios gobernantes, que ya descubrieron que el pelucón es por definición, y por mucho patrimonio que uno haya conseguido acumular y por mucho Camilo Samán que uno haya sido condenado a ser o a conocer, siempre el otro, nunca uno mismo.

Pero no quería hablar de eso. Me chocó, lo digo en serio, profundamente, el haber tenido que ver a Correa en no sé qué inútil conferencia o cumbre mascullando esa ridícula historia de que "si todo el mundo viviera como un neoyorquino, necesitaríamos cinco planetas". Ridícula por diversas razones, entre ellas, que no tenemos cinco planetas, constatación que relega la tal aseveración al tacho de las irrelevancias; tanto más en vista del hecho de que no todo el mundo quiere vivir como un neoyorquino (Dios me libre a mí de vivir así, si de hecho eso se llama vivir), y difícilmente entonces se aprecia la razón por la que estaríamos llamados a vivir así siquiera en el campo de la especulación. Pero hay más. El famoso dato de los "cinco planetas" proviene de la Global Footprint Network, organización que afortunadamente se revela la mar de cándida sobre sus métodos de cálculo, por lo que podemos apreciar enseguida que caen presos de un error elemental que consiste en ignorar lo que los entendidos en la materia llaman economías de escala. La cuestión es sencillísima: si el día de mañana por no sé qué fenómeno de locura o histeria colectiva el mundo entero decidiera vivir como neoyorquinos, la producción de determinados bienes (entre ellos el apreciadísimo baloney o bologna) experimentaría un revolución en sus métodos y su organización, elevando dramáticamente el nivel de eficiencia y dando como resultado directo un cambio cualitativo en el uso del suelo (que es lo que la GFN pretende medir), lo cual inmediatamente transformaría en obsoletos todas las mediciones y los datos usados en el tal cálculo. Ahora bien: que un bailarín austríaco ignore el concepto de economía de escala me parece permisible: que un PhD en Economía lo ignore me parece doloroso, harto doloroso. Por lo que digo: menos mal, sólo le vi al Jefe de Estado unos segunditos, nada, lo que dura el caerse de la cama a las seis de la mañana y arrastrarse al baño para empezar otro largo y penoso día laboral, que hoy me llevó hasta a Quito, imagínense.

Lo que no fue tan mal, pues esta vez sabiamente me negué a leer durante el viaje otra novela de Git Ssnotragg. El viernes pasado tocó Man som hatar kvinnor, opus en que el gran autor avanza la teoría de que algunos hombres odian a las mujeres, y que a aquéllos puedes conocerlo por las siguientes señas: cometen actos de violación y sangrientos asesinatos a cada rato, tienen mazmorras insonorizadas llenas de instrumentos de tortura, jaulas, etcétera. Y que la mejor manera de, digamos, vacunarte contra ese odio es ser políticamente correcto a la usanza sueca, ya pormenorizada en otro artículo de este blog. Y fue entonces cuando dije: menos mal que Git no vivió para ver a Assange, el arquetípico odiador de mujeres (por eso le persiguen, a fin de cuentas) que al mismo tiempo y por aquello mismo del pluriempleo del hombre renacentista, consigue a la vez ser el perfecto sueco: estéril, incomprensible, aburrido y una barbaridad de izquierdoso. Por mí que le dén asilo, y rápido: será la perfecta comedia cuando ya esté instalado acá y resulta que el modesto territorio que abarca este país simplemente no da para un ego del tamaño del de Correa y otro del mismo porte, en un sólo estado de derechos. Les dejo con Sparks, y con el pensamiento de que, si el ego de nuestro mandatario sigue expandiendo a la presente velocidad, necesitaríamos, ahí sí, por lo menos cinco planetas para sostenerlo. Aunque por mí, que la morada principal del mismo sea nuestro lejano vecino Júpiter: sería todo un avance. Per ardua ad astra.

Friday, June 15, 2012

Alma de dictador

El argumento: "esto no es atentado a la libertad de expresión: sólo atentamos contra el bolsillo de la media docena de familias que manejan la prensa privada en este país".

Facilito, como para despacharlo en los 3 minutos que tengo.

Como siempre, Correa demuestra tener una noción sólidamente desarrollada de lo que significa libertad, honor, dignidad, en lo tocante a su propia y majestuosa persona, al tiempo que parece desconocer por completo la existencia de otras personas, y la necesidad que de ello se deriva de practicar la tolerancia, de reconocer los propios límites, de conceder a aquellas otras aquella libertad que para sí mismo reivindica. Claro que él no tiene ninguna obligación de dar entrevistas a ningún medio en especial: faltaría más. Ni él ni nadie. Pero las razones perfectamente respetables que sustentan esa decisión personal suya de no complacer a la prensa privada no sirven para justificar una prohibición que se hace extensiva a los demás funcionarios del gobierno, pues no son razones de Estado. No existe ni un precepto constitucional, ni una política de estado, ni siquiera un compromiso electoral partidista, que dicte la necesidad de atentar contra los supuestos intereses mercantiles de esas "ciertas familias". Además, la verdadera razón de la prohibición (de momento, informal, pero no por ello menos efectiva) es transparente para cualquiera. Los medios gubernamentales le dicen mesías: los privados son más bien críticos, creyendo que ése es su deber. Correa es de los que no saben encajar la crítica. Su personalidad infantil y narcisista no le concede ese don. Por lo que, repito, su odio a la prensa privada es perfectamente comprensible, pero obligar a otras personas, funcionarios de su gobierno, a compartir tal cruzada personal es caer en lo más hondo del infantilismo, además que debilita cualquier pretensión de pudiera todavía permanecer de que "el gobierno" de este país sea otra cosa que el capricho de un único dictador.

Sin embargo, como siempre, la medida tiene su lado positivo, pues permite asegurarse de quién ese quién en ese triste sucedáneo de gobierno que lleva. El que agache la cabeza y siga esos absurdos decretos-caprichos, podemos estar seguros de que es un ente servil, un simple cero a la izquierda: una persona, por tanto, a quien de todas maneras no vale la pena entrevistar, pues en ningún momento estuviera hablando con voz propia, que no tiene. Si realmente queda algún ser vertebrado en ese club de paranoicos, oportunistas y demás fauna pintoresca, estaremos ahora por verlo.