Saturday, January 21, 2012

Generosidad

"Isn’t there something rather discreditable about being generous with other people’s money? I have told the story before of how MEPs* reacted to the Indian Ocean tsunami. Speaker after speaker rose to propose gazillions in aid. But when one old boy, a sweet-natured Italian Catholic, rose to suggest that we make a personal gesture by donating a single day’s attendance allowance, the warmth drained from the room. Those who had been promising vast sums on behalf of their constituents glowered sullenly at the poor fellow. His proposal was icily dismissed and the meeting moved on."

De este artículo. Sin comentarios.



* Miembros del Parlamento Europeo.

Wednesday, January 18, 2012

How to make a song without a middle 8



Is it 29 years now? Fuck.



From the same period. Seriously Sexy.



If you don't like this, you probably pour condensed milk on your Shredded Wheat.

Betty Carrillo, el inconsciente colectivo del correismo

Criada en el campo, entre numerosos hermanos, sometida a los caprichos de una madre violenta y perversa, tuvo que esperarse a conocer a William para poder incluso vislumbrar la posibilidad de una vida diferente. Pero una vez aparecido el chico, su voluntad fue firme. En esa última discusión que tuvo con su madre, llegó a gritar: usted no puede decirme con quién ando y con quién no. La respuesta fue un zapato que surcó los aires y le marcó la mejilla. Su temperamento no era para brindarle la otra a la tirana. Se marchó; y si esa casucha de caña hubiera tenido puerta, lo habría hecho dando un portazo.

Tenía entonces 16 años. Al poco tiempo, se vio encombrada también de un hijo. En parte fue la simple necesidad, y en parte la inexperiencia, lo que le aconsejó, durante aquellos años, en azalea de juventud, aguantar con aquella pareja todas las golpizas, vejaciones, insultos e infidelidades que sufrió. Tuvo, según sus propias palabras, "que madurar mucho" para darse cuenta de que, aparte de una madre violenta y un esposo también violento, el mundo ofrecía más opciones: entre ellas, la independencia tanto física como económica. Hecho el descubrimiento, sin embargo, comenzó una nueva etapa de su vida, marcada por el trabajo duro, a la par de algo que ella describe con una sencilla palabra: felicidad.

Luego tuvo la mala suerte de casarse conmigo.

Hasta aquí la biografía resumida de mi cónyuge, que aparentemente tiene muy poco que ver con la de Betty Carrillo, aquella asambleísta de AP que, según su propia autobiografía, trabaja "con grupos vulnerables" desde los 15 años, y seguirá haciéndolo siempre siempre. No me queda muy claro a qué se refiere, pero para que su actual cargo de asambleísta encaje en ese perfil, se ha de suponer que la bancada de Alianza Pais en la Asamblea le merece el calificativo de "grupo vulnerable", apreciación que considero acertada desde varias perspectivas, entre las que destacaría una en especial: la sicológica. Y es aquí donde tiene algo de relevancia, creo, la historia que acabo de contar.

Para poder madurar, hacerse adulto, y volverse independiente, el adolescente suele pasar por una necesaria etapa de rebeldía, caracterizada por una actitud contestataria, voluntariosa y contraria a todo lo que se apercibe como afin a la voluntad paterna o materna. Muchas veces, eso da lugar a elecciones poco afortunadas, donde lo que prima no es la persecución racional del interés propio, sino el deseo de contrariar y lastimar a la figura paterna o materna, que a veces se encuentra interiorizada de una manera irreflexiva y, cabe decir, peligrosa. La independencia se reivindica con frases como ésta: usted no puede decirme a mí... y sin embargo, muchas veces ese adolescente vulnerable sale de una dependencia nociva para caer inmediatamente en otra igualmente mala o incluso peor, sobrellevada y justificada mediante la evocación del despotismo anterior, ahora convertido en categoría mental. Esa actitud contestataria llevada a extremos autolesivos, a veces hasta a intentos de suicidio "para que aprendan", es un poco a lo que se refieren los ingleses al hablar de gente que se corta la nariz para vengarse de su cara.

Desgraciadamente, algunas personas se quedan inmovilizadas en esta fase hasta la mediana edad, como insectos prehistóricos conservados en ámbar. Y la tal actitud contestataria puede trasladarse con extraordinaria facilidad del campo de lo personal a lo político. No creo ser yo el primero en observar eso.

Lo siguiente fue dicho en una entrevista por La Carrillo tras la visita del Presidente iraní Ahmadinejad:

(A la pregunta: ¿Qué ha ganado el país luego de esta visita?) Yo creo que las relaciones internationales que puede mantener nuestro país... son decisiones internas, y creo que lo que ha ganado es que sigamos nosotros defendiendo nuestra soberanía, que seamos quienes podamos decidir con quiénes, con qué países mantenemos adecuadas relaciones....

Es decir: no ha ganado nada, pero usted no puede decirme con quién ando y con quién no. La soberanía del país, que nadie discute, en lugar de darse por sobreentendido para proceder a buscar aliados realmente provechosos, es algo que por lo visto hay que "demostrar" a cada rato, y ¿qué mejor manera de hacerlo que invitando a la recién estrenada casucha al más gamberro del barrio, a ése que a papá le cae como una patada?

El entrevistador insiste: Iran es un país donde se ejecuta a homosexuales, donde se lapida a mujeres por dudosos crimenes sexuales, cuyos gobernantes promueven actos terroristas como el atentado a la AMIA en 1994 en que murieron 80 personas. La Constitución (Art. 416) condiciona explícitamente la política de relaciones exteriores a una serie de principios directrices, donde destaca el respeto a los derechos humanos. La Betty, tan campante:

... estuve presente en ese país, y pude ver cómo son las relaciones entre los ciudadanos, relaciones normales. Tuve la oportunidad de estar ahí. Entonces la información que muchas veces nos llega no es una información cierta.

Bien que lo diga. He aquí una "información" copiada de su cuenta de Twitter:

En Iran se han celebrado 30 elecciones libres. Eso es democracia!!!

Si desde la caida del Sha hasta hoy han transcurrido apenas 33 años, tiempo en que se intuye fácilmente que no habrá habido elecciones cada año, y si la Constitución iraní de todas maneras descarta explícitamente la posibilidad de que cualquier elección sea "libre" (entre otras cosas, somete toda candidatura a la aprobación de unas autoridades religiosas no elegidas, lo que convierte en burla cualquier pretensión democrática, o digamos que en farsa farsi), inevitablemente uno se pregunta de dónde la Carrillo estará sacando estas informaciones tan vistosamente inciertas. La respuesta, creo, es sencilla: de la boca del mismísimo Mamut (o más precisamente, de su traductor, que puede que no sea infalible). Por lo menos, no se me ocurre otra manera de explicar esa extraordinaria serie de tweets, tan incoherentes como hilarantes en su ingenuidad:

Es una imprudencia de EEUU en fabricar bombas atómicas.

¿Verdad que estos palos de ciego lingüísticos tienen más sabor a traductora pasmada que a otra cosa? Por lo que de veras os digo, hermanos y hermanas: quien nunca haya sido víctima de un malentendido, que tire la primera... digo, que tenga relaciones normales con la acusada de acuerdo a su cultura. Quiero decir que en mi opinión, tanto mi propia reacción en Twitter como la de otras muchas personas fue exagerada e injustificada (sorry Betty): hasta para concebir soberanas idioteces hay que tener cierto grado de soberanía, o si prefieren, de originalidad; y a mí me parece que lo que hay aquí no es de cosecha auténtica Carrillo 2012, sino algo mucho más persa, filtrado por la boca de una traductora (¿-ora y no -or? no me pregunten, cosas mías) y tecleado con fogosa impaciencia por unos dedos de dueña ansiosa de adelantarse a la prensa y así tener la exclusiva de las palabras del gran hombre.

¿Lo quieren más claro? Creo que La Carrillo no es una retrasada mental, aunque sus tweets puedan dar esa impresión. Es más bien una persona de mediocres luces, excesivamente inmadura, que ha renunciado a tener criterio propio y personal para convertirse en apéndice, en tonta útil, en carne de cañón de unos señores mucho más listos que ella. Es, digámoslo, ostentosamente Outer Party. Sólo así tiene sentido que, en la citada entrevista, se pone tan a la defensiva que termina desconociendo o evitando de comentar temas de dominio público, como si su libreto de vocero de AP de segunda clase ni siquiera le autorizara para oponerse, a título personal, a la pena de muerte (salvo que ésta se practique en EEUU, claro) o para condenar un acto terrorista donde hubo muertes civiles. Peor que eso, afirma, como dato relevante, que tiene de boca del propio Ahmadinejad que Irán no tiene planes de hacer armas nucleares: es decir, su ridículo guión le obliga a dar credibilidad a las palabras de un político, y peor aun, a las de un hombre.

Nada de esto tiene importancia. Alguien se abraza a una ideología, a una fe, a un partido, a un "movimiento": es su funeral. Se aprende y se interioriza el maniqueismo de etiqueta: justos versus pecadores, salvos versus condenados, ricos versus pobres, el pueblo versus el banquero egoista y corrupto, etcétera. Se le empequeñece el mundo, se le vacía de color, y los demás seres humanos se le transforman en monigotes, en figuras de tebeo. Se acostumbra a ceder su criterio a otros, a los socorridos "teóricos": doctores tiene la Iglesia (en versión Betty: "he leído"). Su boca se acostumbra a formar sílabas con sabor a papilla, eslóganes del Gran Jefe, con las que una tiene la deliciosa sensación de, a la vez, Tener Razón y Fastidiar al Patriarca Interior. Sin que se dé apenas cuenta de ello, el servilismo se instala en sus reflejos y matiza sus poses. La Causa todo lo justifica de antemano, y no hace falta apenas indagar en lo justificado. Todo eso son cosas que algunos pasamos, en mayor o menor medida, en nuestra juventud. Que haya quienes se queden allí no es de sorprenderse.

Lo que sorprende es que esto se convierta en tendencia, por un lado, sociológicamente relevante (lo que dice mucho del sistema de educación de este país), y por otro, que las personas de criterio maduro se queden viendo, como quien contempla la lluvia, mientras personajillos así se van ocupando cada vez mayores cotas de poder, y los niños se envalentonan a dictarles a los grandes cómo pueden y no pueden vivir, y hasta pretenden redactar "leyes" sobre temas que se escapan vistosamente de su dominio intelectual ("comunicación", v.gr.: hay que leer los tweets de la Betty para apreciar en su justa medida el sarcasmo inconsciente que encierra el tal proyecto).  Vistas las cosas de esta manera, la Betty es y siempre será el arma secreta de la oposición, el recordatorio vivo de la miseria interior de un proyecto de esclavitud.


¡Miren! El Presidente toca un botón, y ¡se mueve sola!

Monday, January 9, 2012

Otro del pasado

Un newsgroup post de hace tiempo. Incluye una entrega de la miniserie "The Council of Geleau". Primitivo pero cuco.

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Paaaaarrots. Green, long tails, eat little white bulbous fruit from trees that line the square in front of the supermarket, that little square with one of the preserved chimneys (what we do best) bang in the middle. As you know, we're not supposed to have paaaaarrots in Spain at all, so as in all such cases, you tend to look around nervously for confirmation that what you are seeing is in fact being seen by the rest of the population, that it's not just you seeing paaaaarrots. But they don't appear to be visible to anyone else. Yet they do make a godawful din, from those trees.

I went to work and said "paaaaarrots".

Dani, my colleague, gave me a look of frank distaste. "I have to go now," he murmured, in a brown study. "Tempus fugit."

They have been coming for two years now. I think it's those trees. A tropical bird will schlepp it a long way for a tree it especially likes.

When I meet someone who actually does see those paaaaarrots, spontaneously, without any sort of suggestion on my part, I will marry her if she'll let me. Carmen did not see any paaaaarrots, but she did see my cat scratching the armchair once, on one of her early visits. She opened her eyes very wide and said "Que maaaaalo!" Now I sort of have this association between the paaaaarrots and the baaaaadness of the cat in question, since they have the same number of a's in succession. My first girlfriend, on the other hand, specialised in saying "crooooow". She had quite a fetchingly cadenced way of saying "crooooow", while standing by the exit lane on one of the service stations on the M6, of a windy dappled autumn afternoon, with a bundle stuffed up the front of her jersey. (I don't think any of the drivers who stopped really thought she was pregnant, but she had a superstitious faith in the technique. What they actually did think about women who stuffed random things up their jumpers and wanted to be set down at Holmes Chapel I won't attempt to guess.)

Anyway. It came to pass that last weekend, I had managed to convince myself that I, um, well. It does sometimes happen to men of my age with prostate infections. Perhaps permanently. And then on Sunday, P. insisted on coming round. And wearing fishnets - not normal fishnets, such as respectable demi-mondaines wear, these were an unusual kind apparently made to some European Common Fisheries Policy specification, with holes big enough to let the little fishies through and thus not deplete stock. I'm guessing here, but I think the tinned "sardinillas" (baby sardines) that are sold in Spanish supermarkets and are probably illegal everywhere else in the world, would have laughed in the face of such nets. As, I admit, I also did (mostly because they were worn over the top of some thick woollen tights, as if she had been expecting to play strip poker and lacked faith in Providence and Beginner's Luck). But I digress from the real question, which has to do with the fluorescent light in the kitchen. Since I painted the flat last year, and temporarily removed it, it has refused to work. I eat my supper in a kind of medieval gloom which seems to suit the cast of my mind this winter. So it was that when, in a kind of desperate stalling tactic, I resorted to making tea, she came and sat in the kitchen. This is when it happened.

Before going into which, did I ever mention that the bloke in charge of the Fisheries Department in the Catalan Autonomous Regional Government is called Josep Miralpeix? The name means "Joseph He-looks-at-the-fish". This is the kind of thing I go to sleep laughing (or trying to laugh) over. Conclusion: you wouldn't want to know me, really.

Anyway. She sat in the kitchen, in a kind of discreet backlit penumbra. I glanced at her. Then I put the tea down, very slowly, and said "you look like Carmen, you know, right now." She smiled and didn't look insulted. She has heard about Carmen. Everyone has, I suppose, by now.

"I mean it," I added, after she had said something in reply. "Even your voice just now, as you said that. Your face... everything. It's weird." I was getting a bit upset, confused.

She smiled at me, and said quietly, "I am Carmen".

Ask me to believe in whatever. Guardian angels, synchronicity, Divine Mercy, epiphanies, you name it, I'm a sucker for it since last Sunday. I discovered then that I could simultaneously believe and not believe. I knew this was P., having me on, a harmless joke, but sometimes you want something so much that reality just loses the battle, with scarcely a skirmish. It didn't matter right then what the truth was, this was the Other Side speaking to me, this was something that went beyond time and space, this was Carmen somehow quietly replacing the person I was with a moment ago and saying "I am Carmen", with all that those three words imply, i.e. "I'm with you, I always have been, I am watching and understanding from wherever I am, don't lose hope." It really was her, I'm convinced of it.

I said a mental prayer of thanksgiving to the kitchen light and the um, well, problem disappeared.

Which brings me back to paaaaarrots again.

Several people (and numerous paaaaarrots) have said to me at different times: "It's the unattainable you go for. C. just had the sense to quit when she was ahead. The one defining thing all gods and goddesses have in common is that they're not there. They may be supposed to be somewhere, just not - there. If absence makes the heart grow fonder, it makes yours go into a howling amplified feedback loop, where only yanking the plug from the mains will save your (and everyone else's) eardrums. Wise up. Seek the attainable. The attainable lives in Colombia. Or in Morocco, if you don't mind getting it together with a girl called Mince. There are also rumoured to be at least three attainable women in Uttar Pradesh, and one in Belize, not to mention P from up the road, who does make exceedingly good croquettes. Just do it."

To which I say: no, that isn't it, really. Goddess status is not achieved just by not being there. After all, Tracey St-Ives Benchflottle is technically Not There (I made her up about three seconds ago) but that doesn't make her an object of instant and irresistible veneration. It has more to do with being Carmen. Or, for those not in a position to opt for this, it has to do with being a Hazardous Chemical.

I'm just wondering what there is now, really. What do you do when you've used up your quota of bliss, greedily, in four months following your 40th birthday? When all that's left is, well, just what there is?

Wait for Spring, I suppose, that's what. And try not to scare people too much. People are interesting if you don't frighten them away.

Finally, to quote from some spam I just received: "Before you say "Bull", please read the following". (the saying of "Bull" is presumably the logical next stage in the proceedings)

**************

"So!" said the tall woman who had just crossed the threshold of the Conde Raton's study, "this is your game!"

Fabien spun round and, on seeing his ex-wife standing before him, eyebrows cocked, arms akimbo, the Wozzeck harmonica fell from his hand and clattered on the floor. "Yersinia! What a surprise!"

"Oh, I am sure it is so. No surprises for me, of course. I knew you would never have the Jones to leave Geleau without there is a ..." - she looked the potted plant up and down with open distaste - "good reason. I see you are not lonely, at least."

"You are wrong, Yersinia. Ted is just a good friend. We have done nothing - "

Yersinia waved a dismissive hand. "Fabien, a man who leaves his wife for a plant in a pot is possibly not insane. But one who leaves his wife for an etiolated Ficus with a history of greenfly is not fit to be called a Frenchman. Tell me - this plant, this 'Ted' - what has it that I do not have? Hmm?"

Fabien paused to ponder this conundrum. "Leaves?" he said doubtfully.

Yersinia grew red in the face. She searched nervously in her handbag for a peppermint. "So, you wish that I should leave? You would see me go, so that you and your fancy plant can have a good time with cadavers in plastic bags? Is this your way, Fabien?"

"Bark?" said Fabien, scratching his head in defeat.

"I will not bark. Neither will I impersonate Monica Seles, or make 'happy sea-lion' noises. Not any more, Fabien - those days are finished. I will say my one thing, and then I will go. My one thing is this. The police are looking for you. Your picture is all over Arles, Marseilles et Aix - eh. I have lied to them to despiste them a little. But soon they will follow you here. I cannot help this. I have come only to advise you."

"What am I accused of?" enquired Fabien in surprise.

"Oh, they say terrible things. They say you did not use a subjunctive after a negative verb of mental prehension. And that you spelled wrong the plural of "hibou" five times, in letters to bank managers and terrorists from the Pays-Basque. And that you whispered "weekend" to an old lady in a bread queue, who is now in hospital. Wicked things. I did not believe them. But now I see you with this plant, I think maybe they are right. Fabien, I wish to have no more to do with you. I am leaving you, and I am taking our hamster."

"But you've already left me," Fabien stammered, "you left me two years ago. We were divorced."

"Well, I'm leaving you again," said Yersinia decisively. "Only now, I do it in an impressive and dramatic way. Et, mon cher petit chou-chou, the hamster is mine. As soon as I arrive back in Geleau, I am going to pick it up. I trust you have looked after it well." And with that, she threw a toffee apple at him, turned on her heels and clattered out the door.

"Shoots," said Fabien. He made a face at the empty doorway.

"Tendrils. Chlorophyll. And that's just for starters."


************

Solus Krapkin was having a thoroughly difficult morning. After various attempts on his life during the night, one involving a trained anteater suspended from a rafter, the moment of real crisis had come when, after having fought off a screeching old lady wielding a scimitar in the shower, he weighed himself in the motel bathroom and found he had gained 14 kilos in the space of two weeks. There was no other word for it. He was Fat.

As was his custom whenever making this discovery, he decided to console himself with a hearty breakfast consisting of a kilo of black pudding, three buttered parsnips, a baby octopus stuffled with truffles and a large samovar of strong tea. He rang for room service and placed the order, adding as an afterthought "and no moribund Algerians, please". Almost immediately his door burst open and an Algerian in a fez and djallabiya, with a knife sticking out of his back, fell onto the floor in front of him.

"I'm sorry," said Krapkin, switching to Old High German in the heat of the moment, "but I did ask specifically for no dying Algerians. Nothing personal, but there already was one in the train three days ago. In my own compartment, moreover. In Russia we have a saying, that to see two dying Algerians in the same week brings bad luck."

The dying Algerian groaned. "I'm sorry, mate," he said, "But you'll thank me when you've 'eard wha' I 'ave to say. See, it's like this. I 'ave it on good authority that there's this French bloke, called Fabien Something, wot's gone looking for you. Seems as 'ow 'e found some plane ticket wiv your name on it, like. Don't ask me 'ow I knows, I jus' does. Right now, 'e's 'oled up in a place in the South of Spain, called urrggh."

"Urrggh?"

"Sorry mate, that was just me dyin'."

"Damn," thought Krapkin to himself. "These North African chappies always seem to pop their clogs at the wrong moment."






Sunday, January 8, 2012

Egoismo

They are not long, the days of wine and crickets. Ya se me está acabando el último Cabernet de Navidad. Mientras, me sigue inspirando cierta nostalgia al recordar la sorpresa de llegar a este país y empezar a ver insectos (está bien, está bien, "bichos") del tamaño de un ave y aves del tamaño de un insecto. Fue algún enero, hace... perdí la cuenta... tal vez siete años. Ocho. No tardé mucho en descubrir, también, en aquel año de descubrimientos, la danza de los siete grillos, que se me presentó de modo espectacular allá en Sauces: era salir de casa y ver una callejuela en la que cada puerta, todavía reluciente de las lluvias de anoche, cada entrada brindaba el mismo entrañable espectáculo: un ser humano adulto, que con el pie izquierdo intentaba sin éxito aplastar un grillo, con el derecho otro grillo, con las uñas de la mano derecha espantarle al grillo que estaba sentado en el hombro izquierdo, y viceversa, mientras los restantes tres grillos revoloteaban alrededor, con movimientos mal editados, buñuelianos más que hitchcockianos: demoré todavía algunos años en darme cuenta de que tal espectáculo resumía en cierto modo la historia intelectual del país. Y el mío también, por supuesto. Seamos sinceros.

Once I had a secret polyp. (Con fisura incluida, y sun roof, y lunas eléctricas). En una heroica intervención., en medio de un absorto público que le haría honra al Greco del Conde de Orgaz, un famoso cirujano guayaquileño me lo quitó, también hace "algunos años" (ya te irás acostumbrando al lírico discurso del Alzheimers). Ahora recuerdo con asombro esas epopeyas de lucidez de antaño, en las que a pesar del infernal pruritis, o acaso gracias a él, iba persiguiendo en solitario pensamientos completos, cadenas de razonamiento, cartas experimentales a diosas de ultramar, poemas, rimas, visiones coherentes. Ahora hay es otra cosa. En mi mente posan, como grillos, pensamientos nómadas. Algunos serán míos, tal vez, pero no actúan como si lo fueran. Vienen, joden, se van. Cuando quieres aplastarlos, siquiera domarlos, reaparecen por otro lugar (los grillos, ya se sabe, solucionaron la ciencia de la telekinesis eones ha.) Y lo más horripilante es que algunos parecen ser los mismos del año pasado.

Los grillos no son como las langostas migratorias. No hay concierto en ellos. Son (algunos dirían, heighho, objectivists) ferozmente individualistas y a la vez todos iguales. Les voy a sacar un ejemplo, al azar. Se trata del conceptote ése del egoismo.

Contextualicemos primero. Me educaron católicamente. Eso quiere decir que desde muy niño se me podía ver cargando en mi espalda, encorvado y tropezando, un pesado y rústico Thomas á Kempis. A cuyo respecto, siempre lo he dicho: por mi que dejen libres a todas esas "mulas", a todos los que venden droga así sea a personas de tierna edad, pues creo que estamos en un mundo en que drogarse es lo más indicado y lo más prudente, pero a aquellos siniestros rufianes que esperan en las puertas de los colegios a la hora de la salida, para pasarles subrepticiamente una copia de la Imitación de Cristo, de mí no tendrán perdón, nunca, nunca. Y no es sólo porque siempre preferí los originales a las imitaciones. Es también porque el mencionado libro es, dentro de toda la gama devocional que llegué a explorar a esa edad, el que más desalmadamente expone e impone el altruismo oscurantista en su vertiente religioso: una doctrina que se resume en lo siguiente: todo lo que eres, todo lo que piensas, todo lo que ambicionas, todo lo que sientes es pecado. Si sigues obstinadamente siendo tú mismo, irás al infierno. La única manera de evitar el infierno es amar a Dios. Pero si amas a Dios para evitar el infierno, allí irás de todas maneras, pues eso es egoismo. La única solución es amar a Dios de otra manera, que consiste en la escrupulosa y permanente y quisquillosa negación del propio yo, en todas sus manifestaciones: voluntad, pensamiento, sentimientos. Sólo sacrificándote en lo más intimo, y a cada momento, alcanzarás ese vacío interior, ese cretinismo absoluto, que luego será llenado por Cristo. Como dije, yo cargaba con ese libro a la edad de 14 años, poco más o menos: me gustaba porque era extremo, radical, brutal como una patada y requetedeprimente (la literatura tiene que ser deprimente, la religión también, ¿no lo sabías?). Hasta que me di cuenta (como creo haber contado en otras ocasiones) que entre el catolicismo heavy y el ejercicio de manualidades había un conflicto insuperable. Se puede ambicionar la santidad, o hacerse una paja, pero no ambas cosas, ni a la vez ni por separado. Después de pensármelo un tiempo, opté por el infierno y por el cuerpo femenino (en su versión soft-focus y bidimensional, naturalmente). Pero como era un adolescente de mediocres luces, demoré todavía bastante, bastantes años, en darme cuenta de que si no eres de Dios, no tienes por qué cargar tampoco con esa moralidad tétrica, antivital y antihumana, la del permanente autosacrificio. De hecho, creo que nunca me abandonó por completo.

Y ahí entramos en otra de mis desavenencias con Rand. Lo que ella dice al respecto de la moralidad del sacrificio no es original: se apoya bastante en Nietzsche, sobre todo el del Anticristo, y se le aprecia también una íntima familiaridad con el Gran Inquisidor de Dostoevsky, entre otros autores, siendo Comte su enemigo originario y predilecto. En resumen, dice que existe una moralidad, que por razones políticas tiene mucho arraigo, que no es utilitaria (considera como equivalentes las necesidades de todos los seres humanos, incluido el mismo sujeto moral), tampoco egoista (favorece las necesidades del sujeto moral), sino ferozmente altruista, Kempisiana o Comteana, pues predica que la esencia de la bondad es sacrificarse por el supuesto beneficio de otras personas, sin pararse a medir la probabilidad y la naturaleza de tal beneficio, y la esencia de la maldad estriba en no hacerlo. Según esta moralidad, digamos "popular", es más virtuoso (ojo, nadie dice más sensato o menos cojudo, simplemente más "virtuoso") darle un dólar a un borracho que usarlo para comprar tu insulina y así evitar una peligrosa hipoglucemia: y esto, simplemente porque estás "haciendo algo por los demás" y no "pensando en ti mismo". Ésa es, según Rand, la moralidad preferida de políticos y demagogos de todo color, pues su objetivo es volver a todo el mundo dependiente de otros, y por ende, del político que "administra" esa mutua dependencia. Si ese dólar que necesitabas para tu insulina lo has donado (voluntariamente o no) a un mendigo, necesitarás que otra persona, también rebosante de la misma "bondad" que tú has demostrado, te supla esa falta lanzándote una moneda del mismo valor. Y así, se crean sociedades en que todo el mundo, para vivir, se vuelve deudor de la generosidad ajena, expresada (como no podía ser menos) "por las urnas", esos misteriosos recipientes que atesoran los arranques e impulsos más puros, más exaltados y más altruistas de los votantes.

Para mí se equivoca parcialmente sobre la naturaleza de la moralidad popular, pues en la práctica, el demagogo siempre tendrá más éxito electoral si predica una especie de moralidad utilitaria, según la cual las necesidades de la mayoría, simplemente por serlo, requieren sacrificios de la minoría; siendo estas mayorías y minorías configurables a voluntad del demagogo (populismo). El sacrificio, entonces, queda para las clases "privilegiadas", minoritarias, a las que se les espera sean comprensivas (se les educa para serlo), pero si no lo son, lo mismo da; a los demás se les propone atender sus propios intereses, sin tener que "sacrificarse" de ninguna manera (o eso piensan). Tan es así, que si hay que atentar contra los intereses de la mayoría electoral, se busca una mayoría más amplia para justificarlo: la "comunidad internacional", o "tus hijos y descendientes". Lo cual implica que, siempre a mi modo de ver, Rand crea una falsa disyuntiva, consistente en un altruismo rabiosamente radical, supuestamente dominante en el discurso político, a cuyos sinsabores se enfrenta un egoismo también radical, a cuyos discutibles atractivos dedica gran parte de su retórica persuasiva. Es decir, un duelo a muerte entre dos straw men. Se nos informa que el tal egoismo es honesto, digno, orgulloso, creativo, fértil, vital, gozoso; y que por contraste el altruismo es cobarde, miserable, hipócrita, destructor, contrario a la naturaleza humana. Y si le enfrentas con las consecuencias más flagrantes de ese egoismo radical - por ejemplo, que justifica que una persona, digamos un piloto de avión, salve su propio pellejo, digamos saltándose en paracaidas, a costa de la vida de trescientas personas, a las que abandona a su suerte al primer indicio de fallo mecánico - entonces ella se excusa con el siguiente argumento: el piloto que se pone en peligro intentando salvar a sus pasajeros aun puede conservar su medalla de egoista si aduce que el heroismo estaba entre sus "valores", pues quien actua de acuerdo con sus propios valores siempre estará actuando de modo egoista. Lo cual es un evidente arenque rojo, pues ¿de qué estamos hablando si no de valores? Si basta con que cada persona siga sus propios valores, entonces lógicamente aquel piloto cuyo valor más importante era "salvar su propio pellejo a costa de lo que sea" aún merecería medalla por haber triunfado sobre sus impulsos altruistas al condenar a la muerte a sus pasajeros. En resumen: si el egoismo supuestamente "racional" de Rand ha tenido mala prensa, es, en mi opinión, porque se lo merece. (Es hasta divertido que la misma Rand, al llegar al climax de su argumento en Atlas, después de tanta retórica no puede menos que dejar que sus protagonistas actúen heroicamente para salvar a un compañero de la tortura: se diría que sean cuáles sean las virtudes del egoismo a ultranza, no sirve para hacer un buen potboiler.)

El egoismo, digámoslo así, es el gran sobreentendido en cualquier universo moral. No podemos menos que seguir nuestros impulsos, satisfacer nuestros deseos (sea de manera inmediata o diferida), intentar cumplir nuestros sueños, perseguir nuestra propia felicidad. Así estamos hechos, eso sí, con nuestros matices evolucionarios, nuestra empatía, nuestros tribalismos y nuestros maternalismos. Incluso las personas que lucen más benévolas resultarán en muchos casos actuar al servicio de alguna hermosa visión (del mundo o de ellas mismas) cuya persecución, en términos de satisfacción íntima, será por lo menos equiparable a la fulgorosa luz del "quiero tener mi propia empresa, mi Terracan, mi empleada doméstica, mi Blackberry". El egoismo, como motivación, es tan natural que no necesita apologistas ni predicadores. Pero sucede que la acusación de "egoismo" en el discurso político en la práctica sólo suele utilizarse, casi siempre con cinismo, para descalificar a quienes se opongan a una determinada medida injusta y liberticida. En tal caso, lo más indicado creo que no es defender el egoismo como virtud, sino señalar que la libertad para tomar decisiones morales antecede a cualquier código moral específico capaz de dirimir egoismos y pecados: entonces, si tú te arrogas el derecho de decidir por mí, por muy "egoista" que yo resulte ser en el tema bajo discusión, más "egoista" eres tú, y en un sentido mucho más grave, rayano en solipsismo, al permitirte una libertad que a mí me niegas, al negarme a mí el estatus de sujeto moral autónomo, o sea, el estatus de ser humano. Resumiendo: no existe peor egoismo que el creer saber lo que otros deben hacer. No existe peor egoismo que el querer imponer el "bien" a la fuerza. Ni peor, ni más destructivo, como nos muestra la historia de los siniestros colectivismos del siglo pasado.!

Hasta allí el discurso del grillo, que, lo admito, a veces aburre por su obviedad y simplismo. Ahora, las grandes cuestiones pendientes: ¿cómo hacer que un adicto al conformismo, un homúnculo moral colgado en la teta de los Derechos, un reduccionista que cree que todos los casinos, por ser casinos, han de ser "buenos" o "malos", una devota retuiteadora de la idée recue de moda, descubra, sin ningún tipo de patada en el trasero, el maravilloso mundo de la responsabilidad personal, y de la moralidad adulta, sensible al contexto y a la dignidad de la persona y nutrida por la empatía? Confieso que en ese punto, más que acariciarle al grillo y alentarle para que se reproduzca, prefiero participar en el baile nacional. Pensar es demasiado difícil, demasiado esfuerzo. Dejémoslo a los profesionales: ellos nos irán informando de sus conclusiones.

Thursday, January 5, 2012

Dedicado al que sabemos

Hoy es usted el que manda
Lo dijo, está dicho
Es sin discusión, no?
Toda mi gente hoy anda
Hablando bajito
Mirando el rincón, vió?
Usted que inventó ese estado
E ivuentó el inventar
Toda la oscuridad
Usted que inventó el pecado
Olvidóse de inventar
El perdón
A pesar de usted
Mañana ha de ser
Otro día
Yo quisiera saber
Dónde se va a esconder
De esa enorme alegria
Cómo le va prohibir
A ese gallo insistir
En cantar
Agua nueva brotando
Y la gente amándose
Sin parar
Cuando llegue ese momento
Todo el sufrimiento
Cobraré seguro, juro
Todo ese amor reprimido
Ese grito mordido
Este samba en lo oscuro
Usted que inventó la tristeza
Tenga hoy la fineza
De desinventar
Usted va a pagar
Y bien pagada
Cada lágrima brotada
Desde mi penar
A pesar de usted
Mañana ha de ser
Otro día
Daría tanto por ver
El jardin florecer
Como usted no quería
Cuánto se va a amargar
Viendo al dia asomar
Sin pedirle licencia
Cómo voy a reír
Que el día ha de venir
Antes de lo que usted piensa
A pesar de usted
Mañana ha de ser
Otro día
Tendrá entonces que ver
Al día renacer
Derramando poesia
Cómo se va a explicar
Ver al cielo clarear
De repente, impunemente
Cómo va a silenciar
Nuestro coro al cantarle
Bien de frente
A pesar de usted
Mañana ha de ser
Otro día

Tuesday, January 3, 2012

Go on, laugh, you cynical bastards



Está ampliamente demostrada la imposibilidad humana de escuchar una canción de Bobby Goldsboro sin interrumpirla con un comentario soez y una ráfaga de risas sarcásticas. Está bien, adelante. Pero tengan piedad de los que éramos, en ese 1973, asteroides de acné en órbita alrededor de un pequeño "transistor radio", en países nórdicos donde una mujer era un ente de leyenda y la tele pertenecía a Mary "Quite Contrary" Whitehouse.

Monday, January 2, 2012

Randy buggers

Son las 2:38pm del día 2 de enero del 2012. Estoy por la página 737, de un total de 1053, de la novela Atlas Shrugged de Ayn Rand. Cuando posteo esto, la habré terminado de leer. Empecé anteayer. Tenía la intención de escribir algo sobre esta novela, pero veo (wikiveo) que casi todo lo que se puede decir, ya se ha dicho. Que es una novela grandiosa, en extensión como en ambición. Que es aburridísima (hay partes que no, y mucho depende de tu humor y predisposición, y evidentemente, de tus adhesiones políticas y filosóficas, y de lo que leiste ante-anteayer). Que demuestra cierto virtuosismo, no tanto en el estilo (algo plomizo) ni en los recursos narrativos (rústicos), sino en el talento descriptivo, el uso a veces brillante del símil y de la metáfora, que son lo que hacen que no puedas acelerarte en la lectura, saltándote las descripciones para comerte el argumento, pues si lo haces, sacarás una idea muy empobrecida de la escritora y de sus capacidades. Antes, me creía, porque muchos lo han sugerido, que Rand era dilettante en la ficción. Ahora veo que no, que ella era en realidad de esos seres profundamente desgraciados que no tienen manera de dedicarse a un talento impostergable sin menospreciar a otro. Ella tuvo que escribir esto, no (como yo antes pensaba) "para ganerse adeptos", para hacer marketing de sus ideas, sino porque tenía talento para la ficción; y sin embargo, tuvo que escribir obras filosóficas porque también tenía inquietudes en esa área. Es una lástima que entre estos dos talentos parece existir, en su caso (y no es el único), una enemistad implacable. Todo lo malo de Atlas Shrugged proviene del elemento filosófico, no porque sus ideas sean malas, sino precisamente porque no lo son (o no tanto); de la misma manera, lo peor de la filosofía randiana es que parece pedir esa suspensión voluntaria, parcial y entusiasmada de la credulidad que solemos asociar con el consumo de la ficción.

¿"Lo malo"? También se ha dicho: sus personajes no se pueden tomar, ni por un instante, como personas reales. Entre las consecuencias secundarias de esto se puede situar esa otra queja, de que cuando alguno de ellos abre la boca, todo el arte novelístico se pone en pausa y el lector se encuentra de repente ante un discurso, una conferencia, una op-ed naufragada. Tal vez el ejemplo más hilarante de esto es aquel momento en que la protagonista, Dagny Taggart, encuentra a un vagabundo en un tren y le invita a comer. Se nos informa que el vagabundo no ha comido en al menos dos días, y que difícilmente logra cumplir, por su famélica impaciencia, con las exigencias de los buenos modales en cuestión de mantelería y cubertería. Pero cuando Dagny le hace una pregunta, y con el bocado a escasos centímetros de su boca, ese vagabundo arranca con el historial de su vida, contada con exquisita atención al detalle moralizante, y a continuación nos regala, atropelladamente y sin pausas ni eructos, varias páginas de observaciones filosóficas y sociológicas, todo ello usando un estilo y un léxico idéntico a los de cualquiera de los demás personajes: digo, de los buenos. Porque de eso se trata también: en esta novela, todo personaje, por muy secundario que sea, es héroe o demonio, así de claro; y la enorme y pesada maquinaria de adjetivación y adverbización empleada por la autora para impedir que nos equivoquemos, siquiera por un segundo, sobre estas bondades y estas maldades, es lo que principalmente contribuye a la excesiva corpulencia de esta historia, que podría fácilmente haberse contado en menos de la mitad de esas 1053 páginas, si no fuera porque la autora no se fía de que los lectores, nosotros, saquemos las conclusiones correctas sin su ayuda. Es decir que Rand no confía demasiado ni en su propia historia ni en sus personajes, sino que se siente obligada a intervenir en todo momento para explicarnos, ora mediante esos extensos monólogos, ora a través de la pesada retórica adjetivizadora, qué es lo que tenemos que pensar sobre todo lo contado.

"Philip," he said, "get out of here." His voice was like a ray of sunlight in a morgue, it was the plain, dry, daily voice of a businessman, the sound of health, addressed to an enemy one could not honor by anger, nor even by horror.
 
Lo siento, pero no creo que humanamente se pueda decir "get out of here" con una voz que se parezca mínimamente a un rayo de sol, sea en una morgue o en cualquier otro lugar. otra cosa es que la autora quiera que pensemos en ese rayo de sol y que asociemos esa claridad con el personaje de Rearden, el industrial fabricante de metales, y ese entorno tétrico con el inútil de su hermano, o en general con todos los adversarios del exitoso empresario. Quiere que hagamos la asociación, que asentamos ante el birlibirloque, pero en el ejemplo citado difícilmente se lo gana; en otros ejemplos que podría citar, más logrados, tal vez sí. Pero quedemos en que pocas historias te dejan con una sensación tan insistente de que la autora está inclinada detrás de ti mientras hojeas, mirando por encima de tu hombro, respirando con fuerza por tu nuca, jadeando de manera algo indecorosa cada vez que te topas con otro de sus despegues retóricos. Por ello, a pesar de la ocasional genialidad con la que describe gestos, miradas, paisajes, se trata de una lectura que a mí me dio esa sensación de leve incomodidad con la que uno examina el álbum de fotos de una amiga, con la molesta certeza de que se espera de ti algún juicio favorable sobre aquel vestido, aquel paisaje, simplemente por ser ella tu amiga y por esa ansia inquisitorial que le notas en la cara. Claro que Rand está del lado de los ángeles: mucho de sus arranques filosóficos son pedazos de sentido común estirados como máscaras de goma para que asuman un aspecto provocadoramente grotesco: las adhesiones y las enemistades que nos propone son, en ciertos círculos por lo menos, bastante convencionales, únicamente capaces de escandalizar al alma virginal, digamos, de un Krugman. El argumento (que después de un comienzo prometedor, más o menos por la mitad del libro inicia su acelerante declive hacia la ridiculez, aunque en sus peores momentos soporta comparaciones con Fahrenheit 451 o cualquier otra novela distópica, if you like that kind of thing) nos propone que quienes nos "gobiernan" en nombre del Progreso, del Pueblo y de la Igualdad son capaces, in extremis, de torturar para conservar la desigualdad del poder: ¿alguien, a estas alturas, aún lo duda?

Por eso digo: no es que las ideas sean malas. Lo malo aquí es que con la ansia evangélica de exponerlas, lo que podría haber sido una gran novela (el talento está allí) se convierte paulatinamente en algo más parecido a un Chick Tract. Demasiado simplismo y maniqueismo. Demasiado poca humanidad. Demasiado tebeo.

Lo que le salva de ese destino, para mí, y sin habérmelo pensado mucho, diría que es el elemento pornográfico de la novela.

Valga la necesaria aclaración: soy de los que creo (otra vez, no por haberlo investigado ni pensado mucho, así que desásnenme si quieren) que hay pornografía para hombres, que consiste en rubias crucificadas a lo largo de una hoja doblada de papel couché con olor a laboratorio de polimeres, y pornografía para mujeres, que cumple una funcionalidad vecina si no idéntica a la primera, y que suele venir en pequeñas entregas de venta en tu quiosco favorito, de editoriales como Arlequin o Mills & Boon, con títulos como Her Battle-Scarred Knight (Google dixit), y que suelen tratar de apareamientos largamente postergados de enfermeras con médicos, o cosas por el estilo, narrados en una prosa más o menos así:

"Sebastian," she murmured softly, her eyes dropping to the floor, then bouncing a couple of times, before rolling under the sofa. "I know you didn't mean... you didn't have to..." In silent response, his strong, muscular, brawny, tanned, tawny, rugged, rippling, weatherbeaten nostrils flared for a moment. With a quizzical, brutal, weatherbeaten smile belied by a rugged howl of pain, he advanced forwards. She closed her eyes... felt his masterful fingers reach behind her... heard them uncork a bottle of the finest Chardonnay, which he raised to his masculine lips with a debonair delicacy and savoir-faire belied by his weatherbeaten accountant, who stood at the end of the room unnoticed, encircled by the finest lace. She felt his huge, rugged, masterful elbow enfold her delicate ankle, on which she still wore, like a forgotten antelope, the lapis lazuli ring which had been his first gift to her, at that party - how long ago it now seemed! - in the exclusive chateau of Rumpipumpa Nottognornelli, high in the Brazilian Alps...

Bueno. El estilo de Rand no es así. Es más bien, y tratando de temas parecidos, asá:

. . . To bring you down to things you can't conceive—and to know that it's I who have done it. To reduce you to a body, to teach you an animal's pleasure, to see you need it, to see you asking me for it, to see your wonderful spirit dependent upon the obscenity of your need. To watch you as you are, as you face the world with your clean, proud strength—then to see you, in my bed, submitting to any infamous whim I may devise, to any act which I'll perform for the sole purpose of watching your dishonor and to which you'll submit for the sake of an unspeakable sensation . . . I want you—and may I be damned for it! . . .

El que piensa de esta interesante manera es Hank Rearden, el segundo amante de Dagny, la protagonista, el cual se identifica repetidamente como un ser hecho "de hielo", y que tiene una cara "angular", hecha de "planos". La misma cara que tiene el primer amante, Sebastian D'Anconia, que se nos presenta como "una escultura", al igual que, en algún momento, la propia protagonista. Ella también es dura y "escultural". Los malos en esta historia, por contraste, se suelen describir como objetos blandos y fofos, con caras que cuelgan, gotean, derraman y se disuelven, como seres de mazapán o de azúcar.

Ahora, atención:

Rearden realized suddenly, for the first time, that Danneskjold's face was more than handsome, that it had the startling beauty of physical perfection—the hard, proud features, the scornful mouth of a Viking's statue...
The austerity of Judge Narragansett's white-haired figure reminded her that she had once heard him described as a marble statue...
The long lines of his [John Galt's] body, running from his ankles to the flat hips, to the angle of the waist, to the straight shoulders, looked like a statue of ancient Greece...
The light cloth of his [John Galt's] shirt seemed to stress, rather than hide, the structure of his figure, his skin was suntanned, his body had the hardness, the gaunt, tensile strength, the clean precision of a foundry casting, he looked as if he were poured out of metal, but some dimmed, soft-lustered metal, like an aluminum-copper alloy, the color of his skin blending with the chestnut-brown of his hair, the loose strands of the hair shading from brown to gold in the sun, and his eyes completing the colors, as the one part of the casting left undimmed and harshly lustrous: his eyes were the deep, dark green of light glinting on metal. ...
She thought that were it possible for her to stand looking at him, at the straight lines of his eyebrows over the dark green eyes, at the curve of the shadow underscoring the shape of his mouth, at the poured-metal planes of his skin in the open collar of his shirt ...

Está bastante claro, ¿verdad? La protagonista (de cuyo ilustre antepasado, Nat Taggart, sólo queda una estatua de bronce, que adquiere cierta importancia simbólica en la novela) empieza siendo medio violada por una estatua, luego se deja seducir por una escultura de hielo, se pasa un mes rodeado de gente que todos parecen estatuas andantes, y al final de la historia, como que a la tercera va la vencida, se lo monta con el propio John Galt, de quien no tenemos apenas más precisiones físicas aparte de que parece un ser hecho completamente de metal. De esta manera, la tensión sexual de la historia se resuelve a favor de una declarada agalmatofilia, es decir que a la buena de Rand resulta que lo que le chifla es montárselo, a través de sus heroinas, con estatuas, y a ser posible, estatuas que tienen interesantes propiedades telescópicas. Aquí la primera chingada con Galt:

Then she felt the mesh of burlap striking the skin of her shoulders, she found herself lying on the broken sandbags, she saw the long, tight gleam of her stockings, she felt his mouth pressed to her ankle, then rising in a tortured motion up the line of her leg, as if he wished to own its shape by means of his lips, then she felt her teeth sinking into the flesh of his arm, she felt the sweep of his elbow knocking her head aside and his mouth seizing her lips with a pressure more viciously painful than hers—then she felt, when it hit her throat, that which she knew only as an upward streak of motion that released and united her body into a single shock of pleasure—then she knew nothing but the motion of his body and the driving greed that went reaching on and on, as if she were not a person any longer, only a sensation of endless reaching for the impossible—then she knew that it was possible, and she gasped and lay still, knowing that nothing more could be desired, ever.


He lay beside her, on his back, looking up at the darkness of the granite vault above them, she saw him stretched on the jagged slant of sandbags as if his body were fluid in relaxation, she saw the black wedge of her cape flung across the rails at their feet, there were beads of moisture twinkling on the vault, shifting slowly, running into invisible cracks, like the lights of a distant traffic.

De modo que este "rápido impulso de movimiento hace arriba", a diferencia de lo que pasaría con un simple hombre, es capaz de llegar nada menos que hasta la garganta de la protagonista, y no sólo eso, sino que despúes de consumado el acto, las lógicas "perlas de humedad" resulta que se han quedado adheridas al techo por encima de ellos. El escenario del acto es un túnel de un tren: la metáfora visual, desde el Hollywood de los cuarenta, es trillada, pero pocas veces se ha llevado lo del túnel tan lejos, o tan hasta la salida al otro extremo. Eso es una verga y lo demás, cuentos.

Pero en este aspecto, el del sexo, Atlas no se limita a ser una novela para agalmatofilíacas. Lo que propone Rand, y creo que lo hace con valentía, es un intento de casar sexo con filosofía, de descubrir un hilo común que una los valores humanistas con las elecciones sexuales, de una manera mucho más esquemática y racionalista que, digamos, un DH Lawrence; insiste bastante, con una pureza de moralista educada en escuelas de convento, en que sólo es capaz de sentir una gran pasión sexual aquella persona que tenga sus valores humanos impolutos, que elegimos no con los ojos sino con la mente, y que quien ha renunciado a pensar también, por lo mismo, ha renunciado a la posibilidad de sentir ciertos gozos y ciertas exaltaciones asociados con el acto físico del sexo. Va más allá de eso, pues el tema evidentemente le fascina. En el subargumento acerca de la relación del cobarde de Jim Taggart con Cherryl Brooks, empleada de "dime store" elevada a categoría de Cenicienta burlesca, se explora con acierto sicológico la relación entre autoestima, idealización de la pareja y dependencia emocional. En la descripción de la relación entre la joven Dagny y su primera pareja, D'Anconia, se toca incluso el tema tabú de la fantasía violatoria. Y si no estoy seguro de estar de acuerdo con todas sus conclusiones, da lo mismo, porque no tengo conclusiones desarrolladas y argumentables para contrastar con las suyas, de momento. Tal vez porque soy más consciente del efecto refractorio de una parafilia sobre el pensamiento objetivo... en fin.

Si crees en cosas como derechos sociales, cultura tributaria, el Buen Vivir, o las constituciones progresistas, Rand todavía será capaz de irritarte y sacarte de quicio. Antes de empezar a leer, coge una pluma roja y un cuaderno y prepara tu artillería. Si no crees en nada de eso, te recomiendo pluma verde, búscate un buen trozo de tiempo libre (¿la playa en febrero?) y hazte un cóctel: Nin, Miller, Lawrence, Rand. Olvídate de Atlántides y demás huevadas y te sorprenderás de la suavidad de la mezcla.