Wednesday, July 25, 2012

Arreglen, por favor

Cada vez que accedo a un artículo de opinión en la edición en línea del Telégrafo, en el apartado "Comentarios" al final del artículo, los campos de Nombre, Correo electrónico y Página Web la mitad de las veces salen con datos de otro usuario. Se supone que serán los datos del último usuario que accedió a la página. Esto me parece que se debe a un error de programación y constituye un atentado contra la intimidad de los usuarios que puede que no quieran que otras personas conozcan sus hábitos de lectura. Lo dicho: arréglenlo.

Saturday, July 21, 2012

Mi fe

Hay un comentario de mi mujer algunas veces repetido que va así:

No te puedes morir todavía. Tu hijo te necesita. Por la María [mi hijastra] no me preocupo tanto, cuando me muera tiene a su papá en Quito, su abuelita y sus tías, pero él no tiene a nadie. Sólo a mí y a ti.

Hay variantes, algunas más patéticas (en el sentido de que el sexto de Chaikovsky lo es). Se ceban en esa pequeña soledad. Y es cierto. Todo eso es cierto. Tener a un hijo autista es tener cerca a una soledad que no muestra señas de querer convertirse en otra cosa. O tal vez, de poder hacerlo. Él cuenta con nosotros (porque estar completamente solo no es de seres humanos), comparte (comparte todo: sus juguetes, su risa, sus animales, sus pequeños gozos) con nosotros, y a los demás seres humanos, los que no son de la familia, en la medida en que no les ignora se acerca con inocente confianza, sin malicia, sin especulaciones previas, sin comprensión. Pidiendo (según la filosofía de la viveza criolla) ser burlado, maltratado y aplastado. Es lo que hay. Ya empezaron.

Así que no me puedo morir todavía. Hay días que quisiera. (No me hagan caso. Esta mañana, camino al boulot, una tipa loca, posiblemente drogada, embiste al Lada de lado, llama al vigilante, cuenta su versión en la que yo hubiera emprendido una carrera suicida para sacar su flamante Sportage de la carretera, por no sé qué arranque de malicia universal al estilo Denver, Colorado, y una vez terminadas las respectivas diligencias y confiscadas las respectivas licencias, se queda hablando con el agente, rebosante cartera en mano. Adivinen en qué quedará eso. Redondeen al centenar más próximo.) Y como no me puedo morir todavía, aunque quisiera, tengo que abrazarme a alguna fe, por pequeña y modesta que sea. No me queda otra. No sólo de fideos y cigarrillos vive el hombre.

Como ya quedó constancia en otra parte, no creo en Dios. De hecho, no concibo cómo se puede creer en algo así. Aunque hay veces que me parece divertida tal creencia, como espectáculo, digamos. Tiene su lado sexy. Que las mujeres bonitas crean en Dios es algo que apruebo en un 91%. Pero no es para mí. Así que, puestos a buscar algo en qué creer, topé finalmente con Imi e Ima. Ahora, atención: no exijo que ustedes crean en Imi e Ima. Ni siquiera se lo pido. Simplemente les estoy diciendo que yo, de momento, si creo en ellas. Nada más.

Primero decir que se trata, tal vez, de una variante a lo bestia del gnosticismo, en el sentido que el cuadro que propone no es el de un Dios todopoderoso que desde su trono en el firmamento escudriña el soleado y pecaminoso paisaje terrenal. En lugar de ello, y de acuerdo con toda esa gente desde el Trisme pasando por Plotinus y Blake, lo que tenemos es Imi, un ser divino con forma de nube, que lo único que hace y a lo que se dedica, digamos, profesionalmente, es a joderlo todo, meando continua y rítmicamente sobre nuestras papas fritas. Sin dejar, por ello, de ser Dios, es decir, de propiciar su culto, automercadearse e influir enormemente en el comportamiento de las personas de bien. Luego, escondido detrás de Imi (por encima, si quieres, pero sin concederles demasiado simbolismo a esas vertientes) está Ima, a la que acudes cuando las putadas de Imi se vuelven demasiado dolorosas, y necesitas contactar con algo que sea verdadero, o cuando necesitas crear en vez de destruir. Aunque a veces se te vuelve huidizo como un sol inglés y hay que creer, simplemente, en su escondida presencia. Los días en que se te revela son días que recuerdas con algo de fruición.

Ahora, por culpa del puto culto a esta religión, se te relativizarán algunas cosas en tu vida que quisieras no relativizar. Se te abren paisajes inhóspitos llenos de gente que actúa sin ton ni son, y bailan tous en rond, simplemente porque ha visto a otra gente actuar así, y la religión de la todopoderosa Imi dice que sobre todo, hay que hacer lo que hacen los demás. "Hacer lo que se hace, cantar lo que se canta, rechazar lo que se rechaza, eso será toda la Ley". ¿Religio licita o qué? Arrasa.

De manera que la niña, ya con nueve años, sabe que hay que encogerse de hombros, levantar la mirada al cielo, y suspirar fuerte. No tanto por los resultados (ellos vendrán) sino porque así se parecerá como dos gotas de agua a su heroina de la tele, la superdivertida "rebelde", cuya rebeldía consiste en eso, en proporcionar sencillas pautas de comportamiento para la Gran Mayoría Rebelde, que en determinado momento (todo está previsto) dejará de lado a sus Barbie y se volverán Indignadas, porque lo in es indignarse con todo menos con uno mismo.

Ima, ¿dónde estás? Este post iba a ser otra cosa, pero la perspectiva de lo que habrá que pagar por "el accidente" (la irresponsabilidad ajena) ensombrece demasiado. Sumado a esto, el otro juicio, la casa, la tarjeta. La aritmética de Mr Micawber ha sido favorable en comparación.

Soy, nomás, una extensión de un laptop, la espalda encorvada, rodeado sempiternamente de papeles, perdiendo la batalla día a día.

Mi droga más fuerte de estos días: Gymnopédie I. No queda otra.

Tuesday, July 17, 2012

Dunshittlin?

De vez en cuando a uno se le ocurren nuevas propuestas para el léxico inglés: hace tiempo que me iluminé con el verbo to shittle, que vendría a significar aquel pasatiempo que habitualmente entretiene a ese simpático columnista del Telégrafo cuyo nombre, inevitablemente, se te queda en la mente como Shitler o Shittler, y que desde el primer encuentro me cautivó con su pasmosa habilidad para arreglar el mundo mediante displicentes artículos en donde siempre es cuestión de unas fuerzas sociales, de unos frentes comunes, de unos sectores y unas comunidades y alguna que otra clase socioeconómica, que él y sólo él sabe disponer en su correcta posición en el tablero político, para que se dé ese progreso que todos tanto anhelamos. Las reglas de juego del Shittles parecen sencillos: uno coloca ahí a la comunidad GLBT, allá a los sectores progresistas, acullá a la comunidad afro, etcétera, todos en línea con perfecta simetría, luego se coge el artículo y se le lanza contra todo, para ver en qué posición quedan esparcidos después del impacto. Esta posición, desde luego, viene a ser el alineamiento ideal de dichas fuerzas sociales en pro del progreso sossiaal.

Digo simpático: en serio, así me resulta el tipo, aunque sólo sea porque su foto demuestra unas ganas de colocarse una boina con una estrellita estilo Che que casi no se las aguanta, el pobre. (De las excentricidades indumentarias mayores, como aquello de ponerse bufanda roja al cuello para ir a platicar con fuerzas irregulares colombianas, mejor no hablemos. Dejemos aquello para el lunatic fringe.)

Pero he aquí que se las ha tomado con esa misma lunatic fringe de la izquierda infantil:

Imaginan una sociedad igualitaria frente a una realidad compleja y plasmada de diversidad. Y sus intelectuales llaman, convocan a luchar contra el mal mayor: la propiedad privada, sin embargo, disfrutan plenamente de las comodidades de la propiedad privada de bienes y servicios. Responden que están en contra de la propiedad de los medios de producción y de la acumulación de capital, pero guardan una moral luterana-calvinista de ahorrar mucho y gastar poco…

Traduciendo: esa gentuza de la izquierda no correista, a pesar de que están en contra de la propiedad privada, no duermen en la calle, en las entradas de los bancos, vestidos de harapos y pasándose el Cristal de unos a otros. Bueno, de hecho, ahora que lo pienso, yo tampoco hago eso. Pero yo en cambio sí estoy en contra de la propiedad de los medios de producción. Ellos dicen que también, pero ... pero... yo salgo los fines de semana a tomarme una biela, y ¡ellos no!, dizque por "ahorrar". ¡Canallas!

Una especie de esquizofrenia ideológica, o dicho a los nuevos tiempos, una bipolaridad ideológica. Exigen el cultivo de los saberes ancestrales y al “otro” contra el pensamiento euro-anglocentrista, pero son cultores de los pensadores más de moda de las latitudes del norte neocolonial.

Traduciendo: el cultivo de los saberes ancestrales exige la renuncia definitiva de la lectura de cualquier autor que se haya puesto de moda en EEUU. A mí no me interesan nada aquellas modas del norte neocolonial, y si estoy tan enterado de quiénes son los autores de moda, es solamente porque mi deber como buen ciudadano es velar para que esos autores no se encuentren citados en los artículos de esa gentuza de la izquierda no correista. So pena de atraer la furia de mi tronante pluma.

El artículo, como viene a ser costumbre en el Telégrafo, lleva tras el título un amenazante (1), señal de que la sutileza y la envergadura del pensamiento de los autores habituales de ese diario está creciendo al mismo ritmo que sus cuentas bancarias, de modo que ya difícilmente se le puede hacer justicia a unos títulos tan rimbombantes en un espacio tan pequeño como el concedido. Por supuesto que los lectores habituales del Telégrafo, que entiendo que ya son muchísimos, tendrán la sabiduría de recortar esos artículos a plazos y unirlos todos para mejor disfrutar de la ampulosa cadencia del original.

En fin, para quienes no pueden aguantarse las ganas de saber qué va a ser el sorprendente desenlace de esta serie, yo me he tomado la molestia de enterarme, por mi cuenta, siguiendo los métodos del buenazo de Assange, y así, les puedo adelantar la conclusión, de modo exclusivo y bien wikilicuoso, y va a ser ésta: que la única izquierda realmente sensata y eficaz que queda en este país es la izquierda correista, cuyo máximo exponente ideológico-intelectual es, por supuesto, el propio Shitler. De la misma manera que, parafraseando al incalificable Arellano Raffo, que también se asoma por ahí con gozosa regularidad últimamente, el único candidato para la vicepresidencia en los próximos comicios que no se encuentre fatalmente encombrado de adjetivos es un tal Francisco Arellano Raffo, habiendo quedado los demás contrincantes mortalmente alcanzados por los embistes de la cobardía, torpeza, despistadez, renuencia, etcétera.

Resumiendo: uno no se habría imaginado, de no ser lector asiduo de la versión en línea del Telégrafo, lo que puede dar de sí, en términos de cómputo de párrafos y columnas, el gruñido y el relinche y el berreo de tanto ganado supuestamente humano hambriento de favores, de puestitos, de menciones, de viáticos, de ministerios, de migajitas, en suma, de poder... y dispuesto, para ello, de perder hasta la vergüenza y la compostura. Triste y elocuenta espectáculo.

Pero no quería hablar de eso.

Mi esposa se ha vuelto anticorreista. Sí, es en serio. El lector habitual de este blog sabrá qué significa eso. Para poder seguir conviviendo conmigo todos estos años, y seguir siendo correista, le ha faltado - ustedes lo intuyen bien - unos nervios de acero, una paciencia de santa, una tozudez olímpica. Pero hasta el día de antes de ayer, aguantó. Correa "sí ayudaba". Ninguno de mis argumentos surtía efecto. Seguía en sus trece: ella iba a seguir votando por el Presi. Hasta el día de antes de ayer, digo. Fue entonces cuando vino a casa furiosa, y soltó ese dramático "¡Correa es un metido!" Enhorabuena, le dije. Ahora te enteras. Pero ¿lo dices por...?

El tema fue el de las tarjetas de los comercios. Sus mejores amigas siempre, durante toda la vida prácticamente, han sido sus tarjetas de De Prati y Casa Tosi. Ahora, por "ese hijueputa de Correa" (cito textualmente) esas tarjetas iban a desaparecer. Se me antoja que el cold turkey va a ser peor, aun, que ese periodo necesario de reajuste ideológico que se le ve venir. Ayudaré en lo que puedo. Más no puedo decir de momento. Yo, lo que es yo, sí ayudo.

http://www.telegrafo.com.ec/index.php?option=com_zoo&task=item&item_id=46585&Itemid=28

Nada sexista la caricatura. No, señor... sino real como la vida misma. Gracias, Rafael. Ojalá que sigas así.


Sunday, July 1, 2012

Driving in Ecuador: a guide for foreigners

The following information may be useful for visitors from other countries who are planning to use the roads here.

(1) Until very recently, the standard procedure for obtaining a driving licence in Ecuador was to bribe someone from the local traffic authority. Lately, a new, improved procedure has come into force whereby you have to bribe a considerably larger number of people. Estimates vary regarding the number of Ecuadorian drivers who have at some time actually had driving lessons, but observation suggests the number is probably not much higher than 2%.

(2) The main purpose of driving in Ecuador is to enrage other drivers, and ideally, cause them to have accidents. Getting to where you want to go is merely a subsidiary goal, to be sacrificed to the main goal whenever the two should conflict. A "good driver" in Ecuador is one who leaves in his wake a trail of skids, crashes, dead motorcyclists and traumatized pedestrians, without damaging the paintwork of his own vehicle.

(3) Most road signs are merely decorative. This is especially true of speed limit and Give Way signs. There is no speed limit on any road in Ecuador. You should drive at, or slightly over, your own car's maximum speed at all times.

(4) If there is a car in front of you, preventing you from reaching your car's maximum speed, you should not brake or decelerate. Instead, you should approach rapidly, at full speed, flashing your lights repeatedly as a signal that the car in front is blocking your way, that you are more important than he is, and that you are not sure whether you can find the brake pedal in time to prevent a collision. If the car still does not move out of the way, you should swerve around it at the last moment, if necessary making use of the hard shoulder. With luck, this will cause other drivers to swerve suddenly to avoid you, and cause a satisfying pile-up, which you can enjoy contemplating in your rear view mirror.

(5) Some Ecuadorian roads are painted with lines which the novice might interpret as indicating lanes. Again, these are just for decorative purposes. Roads in Ecuador do not have lanes. Consequently, any advice you may have read about taking "precautions" before "changing lanes" does not apply. Just weave around the road as you see fit. (If you wish to use your car's indicator lights, make sure you use the one on the opposite side to the direction you intend to turn. This confuses other drivers and ensures your supremacy on the road.) A good policy when there is a lot of traffic is to tack diagonally from side to side of the road, thus causing maximum stress to other drivers who will have to brake repeatedly as you cross in front of them at a distance of millimeters.

(6) In an Ecuadorian car, the horn has two primary uses: (a) to signal to a female pedestrian that you approve of the way she is dressed, and (b) to inform other drivers that you are more important than they are, and that therefore they should get out of your way. A subsidiary use is in a traffic jam or a long queue, to signal that you are in a hurry and tired of waiting. Frequently, this use of the horn has resulted in a genii appearing and magically removing all the other traffic from the road, leaving the driver to proceed at leisure.

(7) If you need to turn, and there is already a car waiting to turn on the same side, it is considered bad form to position your car behind the one waiting. Instead, you should sidle up next to them. Do not worry about the possible obstruction to vehicles that are travelling straight on. When the lights change or the turn becomes possible, be sure to accelerate so as to cut in front of the car that was already waiting. If driving in Guayaquil, be sure to pick your nose while you are waiting for the lights to change.

(8) Traffic lights may safely be ignored if there are no police cars in the vicinity, or if it is dark. Otherwise, it may be necessary to stop at a red light, but only if the light has not changed to red sometime in the preceding 45 seconds. If it has, then it is usually safe to proceed, providing you are doing at least 120.

(9) If traffic is dense and it is difficult to overtake the car in front of you, a good technique is to shine your lights into the rear view mirror of the driver in front, thus blinding him. This is especially effective if you are in a SUV and the other guy is not. With luck, the blinding glare from the mirror will cause him to career off the side of the road and into a tree.

(10)  All bus drivers in Ecuador are murderous psychopaths. It is dangerous to assume they will act to ensure the safety of their passengers. Their single aim is to cause as many accidents as possible. There are rumours that they are actually paid on the basis of how many motorists and pedestrians they can kill per day.

(11) On rare occasions, taxi drivers have been observed to signal before stopping suddenly at the side of the road to pick up passengers. It may safely be assumed that these drivers were novices.

(12) In Guayaquil and other cities, you may see special lanes signalled "Metrovía", or similar. These are actually VIP lanes. If you feel that you are an especially important person, you can use these lanes freely. The people who don't use them are just plebs.

(13) Unlike other countries, where speed bumps are the responsibility of the traffic authorities and follow a regulatory design, in Ecuador they are an expression of folk creativity, somewhat like graffiti. "Speed bump artists" spend considerable amounts of time visiting different neighbourhoods with buckets of cement and creating aesthetically pleasing irregularities in the road surface. A good speed bump should be unexpected, carefully hidden (e.g. just after a bend in the road, in an area with no lighting) and cause maximum damage to the suspension of unsuspecting vehicles that run into it at night.