Wednesday, August 29, 2012

Homenaje al burrócrata

Aprovechando la efeméride del Día Internacional del Burócrata (vigente desde el 2007) he decidido hacer una parada en mis actividades cotidianas de infructuosas búsquedas de sellos y timbres oficiales, para cantarle los loores a ese ser tan importante como menospreciado en la actualidad: ese pequeño y calvo hombre o esférica y surcada mujer que día tras día, infatigablemente y ante la indiferencia o la ingratitud de la mayoría, se dedica a sembrar en nuestro oscuro mundo un poco más de frustración, un poco más de irritación, un poco más de exasperada incredulidad. Se trata del Viejo Calientasillas (Pedantus ariscus), especie que encuentra en el Ecuador su más pletórica evolución. Estoy hablando de ese hombre o esa mujer cuya existencia se resume en rechazar, en cada momento, a quien sea, a lo que sea, donde sea, previa constatación de que el rechazo surtirá el deseado efecto de crear en el rechazado esa sensación de angustia, de desperdicio de tiempo, dinero y esfuerzo, de absurdo existencial, que como los gritos de los niños en Monsters, Inc., sirve para alimentar y alumbrar (es un decir) el enorme y expansivo urbanismo burocrático estatal. Ese hombre que es capaz de rechazar un formulario que ha costado $40 en gastos notariales porque la fecha al final, al lado de la firma, está escrita, de modo perfectamente legible, a mano. Esa mujer que es capaz de negarse a procesar un formulario que ha costado dos horas de baja laboral en su presentación, alegando que la migración de una línea al final de la página 1 desde el principio de la página 2, debido al funcionamiento normal del programa MS Word, constituye una “alteración” que “invalida” el documento. Sí, esos encantadores personajillos. Como todos los héroes no cantados, se merecen su día y su sentido homenaje. Pero tengo algo más que eso. Tengo una entrevista.

EL BALCÓN PEREGRINO: Felicidades en su día, señor Burócrata Inútil Y Arisco.
BURÓCRATA INÚTIL Y ARISCO: Gracias, Cliente Molestoso Y Hediondo A Tabaco.

CMYHAT: Veo que usted tiene un hermoso escudo enmarcado en la pared tras su silla. ¿Puede explicarme su significado?
BIYA: Sí.

CMYHAT: Y ¿cuál es?
BIYA: No me interesa decírselo.

CMYHAT: Entendido. Bueno, para el lector, se trata de un culo sentado sobre fondo verde, con una hoja de papel arrugado, una pila de billetes, y la leyenda “DIFFICULTATEM NON EST MEA.” Señor burócrata, perdón que insista, pero ¿tiene alguna idea del significado de esa leyenda?
BIYA: Ninguna. No me pagan por tener ideas. (Escupe en el suelo.)

CMYHAT: De acuerdo.  Ahora, para nuestros lectores, ¿podría explicar cuál es la verdadera vocación de un burócrata? ¿Qué sentido puede tener una existencia como la de usted?
BIYA: ¿Cuántos lectores tienes?

CMYHAT: Tres, si no me equivoco. Y una salamanquesa.
BIYA: Veo que eres una persona influyente. Bueno, en tal caso, aquí va. Mucha gente cree, erróneamente, que nos dedicamos únicamente a joder, a frustrar, a crear angustia, estrés y depresión entre la población. Claro que hacemos todo eso, con mucho gusto, pero nuestra verdadera vocación va más allá. Somos los apóstoles del sentido del absurdo. Nuestra meta es recordarle a la gente en cada momento lo absurdo e inútil de su existencia.

CMYHAT: Y ¿cómo se consigue eso?
BIYA: ¿Ve este papel? ¿Este título universitario de Ingeniero en Plagio (Especialización Poyas)? ¿No te parece una obra de arte?

CMYHAT: La verdad es que sí. Parece arte barroco.
BIYA: Muy cierto. Rechazar este documento ha sido mi hazaña más notable de toda esta semana. Me ha causado una satisfacción enorme decirle al cliente que su título no sirve.

CMYHAT: Y ¿por qué no sirve, si no es mucho preguntar?
BIYA: Mira. Aquí está la firma de la Secretaria de la Universidad que expidió el título. Acá abajo, sale el impreso que certifica que la firma de la Secretaria es genuina. Aquí, ¿ves? en la esquina, está el sello y la firma del Departamento de Validación de Títulos del Ministerio de Educación en Guayas, que dice que la firma de quien validó la firma de la Secretaria también es la que acostumbra usar tal autoridad en sus actos públicos. Aquí está la firma de otra persona del mismo ministerio que certifica que la firma anterior también es genuina. Y aquí, ¿ves?, a este lado, sale el sello del notario que dice que la firma del empleado del Ministerio también es la suya propia auténtica. Ahora, ¿cuál es el problema? Pues simplemente, que este documento carece de garantía de que la firma del mismo notario sea genuina. Podría ser una falsificación, al igual que este sello, ¿no es cierto? Entonces, tuve que explicarle al cliente que vuelva cuando haya conseguido un abogado que certifique que la firma del notario es la auténtica.

CMYHAT: Déjeme adivinar. Cuando el cliente haya vuelto de su viaje a Quito en pos de esa firma, le va a decir que el documento sigue careciendo de validez por el hecho de que nadie está certificando que la firma del tal abogado sea genuina.
BIYA: Exactamente. Veo que usted capta las cosas rapidito. Al cliente todavía le espera esa agradable sorpresa. (se ríe.)

CMYHAT: En tal caso, estamos ante una regresión infinita, pues cualquier firma necesitará siempre de la firma de otra persona que valide su autenticidad.
BIYA: ¿Regresión? No me vengas con filosofías. No me pagan por estar filosofando.

CMYHAT: Intento decir que, con lo que usted expone, ningún documento podrá tener nunca validez alguna.
BIYA: Muy cierto. Ningún documento  la tiene.

CMYHAT: Entonces, ¿cómo es que a veces ustedes aceptan procesar algún documento?
BIYA: La validez viene con esto. (hace un gesto frotando pulgar e índice.) Es lo más práctico. Todos consumimos muchas colas. Pero no me acuses de receptar muchos documentos. No lo suelo hacer. Es mucho más divertido rechazarlos.

CMYHAT: ¿En qué encuentra usted la diversión?
BIYA: Disfruto mucho viendo la cara de decepción, de tristeza y de asco de una persona que ha pasado varios días reuniendo firmas, papeles, copias de su cédula a color, haciendo columna en diferentes ministerios, contralorías, notarías y otras oficinas estatales o parasitarios del Estado, bajando formularios del Internet y rellenándolos, llamando al trabajo para decir que no puede ir, etcétera, para que al final le digan que le falta una coma o que le sobra una paréntesis o que tal cosa debe ir en mayúsculas y que debe volver a pasar por todo el proceso de nuevo, pues no se aceptan tachaduras ni enmendaduras. Quien inventó esta última frase realmente fue un genio. Te haré una confesión. Esa frase, “NI TACHADURAS NI ENMENDADURAS” la tengo como una especie de lema personal. Me ha ayudado mucho en la vida. A ti también te la recomiendo.

CMYHAT: La tendré en cuenta. Pero acláreme una cosa. ¿Por qué me habrían dicho, el otro día, que una fecha escrita a mano al final de un formulario impreso no servía, si la tal fecha se leía perfectamente bien?
BIYA: Obvio. No tiene el formato adecuado.

CMYHAT: ¿Adecuado para qué? La forma en que estaba escrita la fecha era perfectamente adecuada para leerla. ¿Qué más se puede hacer con una fecha, aparte de leerla?
BIYA: La pregunta es tonta. Como si las cosas tuvieran que servir para algo. ¿Todavía sigues con esas supersticiones?

CMYHAT: Veamos. A mí me parecía que la cosa podría tener algo que ver con algún fetichismo. Ya sabe, confundir el medio con el fin, o la media con el fémur. Glorificar el Times New Roman, 11 puntos, por encima de la salud mental del sujeto pensante tras todos esos inútiles formularios. Ahora, usted me está diciendo que se trata más bien de nihilismo, puro y duro. Una filosofía de que nada tiene sentido, ni debe tenerlo.
BIYA: Es lo que predicamos. Es nuestro evangelio ante el mundo. Queremos que la gente se dé cuenta de que no puede ganarle al universo. De que para nada sirve esforzarse. En eso, colaboramos plenamente con el actual gobierno. Modestia aparte, nuestra burocracia es el primer causal de pérdidas de días laborales en el país, por delante del resfriado común, del chuchaqui y de la sartén de la esposa. Contribuimos al empobrecimiento de la nación. Pueden poner los límites de velocidad que quieran, las leyes laborales bizantinas que deseen, pero nada ni nadie hará tanto como nosotros para fomentar y propagar la improductividad, la pérdida de tiempo y riqueza, y la carestía de innovación y creatividad que nace de nuestra insaciable hambre de formularios inútiles, de declaraciones juramentadas, de fotocopias de cédulas a color, de firmas de notarios, de bases de datos centrales de títulos inútiles, y demás asombrosas ridiculeces, todas en horario de oficina y en triplicado.

CMYHAT: ¿Usted sabía que en el Reino hUnDido no existen ni los notarios, ni la obligación de tener cédula de identidad? ¿Que las universidades de mayor prestigio no proporcionan mallas curriculares, y los cheques se pueden escribir en el lomo de una vaca?
BIYA: Me resisto a creer nada de eso. Si no hubiera el oficio de notario, ¿a qué se dedicaría la gente que no supiera hacer nada bien?

CMYHAT: Pues a dar clases de inglés, evidentemente.
BIYA: Tonterías. Si sigues propagando esos rumores, tendremos que encarcelarte por desacato. El notariazgo es el oficio más viejo del mundo, y una reciente sonda a Marte ha revelado que hasta los microbios extraterrestres disponen de cédula de identidad y papel de votación. Si no, no habría forma de comprobar su existencia.

CMYHAT: Explíqueme otra cosa. ¿Por qué, en una visita reciente al SRI, a mi esposa le rechazaron el poder notariado que le di para representarme, alegando que no decía específicamente que le otorgaba poder para representarme ante el SRI, si en el poder decía “ante todas las instancias gubernamentales”?
BIYA: Pues obvio, porque no decía “ante todas las instancias gubernamentales, incluído el SRI”.

CMYHAT: Piaget decía que la capacidad de razonar en el sentido de construir esquemas simbólicas de superordinados y subordinados, de todo y parte del todo, es algo que se desarrolla en el niño entre la edad de 3 y 7 años. ¿Debo inferir que el SRI tiene una edad mental inferior a 7 años?
BIYA: Es posible. En todo caso, no es mi problema.

CMYHAT: Finalmente, ¿con qué sueña usted todas las noches?
BIYA: No me pagan por tener sueños. Me pagan por destruir los de de la gente.

CMYHAT: ¿Ni un solo sueño tiene usted?
BIYA: Bueno, sí, ahora que se me ocurre. Estaba remando en un bote, solo, en medio de un gran océano sin horizonte. El sol brillaba, y el mar estaba apacible. De repente salió del agua, al lado del bote, un inmenso tiburón.

CMYHAT: Y ¿qué hizo usted?
BIYA: Evidentemente, pedirle una fotocopia de su cédula, como condición para engullirme.

CMYHAT: ¿Y se la proporcionó?
BIYA: Sí. El tiburón tenía tres copias, con papel de votación incluido en cada una.

CMYHAT: ¿Pero?
BIYA: Pero no estaban a color.

Wednesday, August 15, 2012

Ecuador desde dentro

Ni que Assange fuera Bin Laden. Qué ridícula se ha vuelto la Foreign Office. Aterricemos: el tipo no se puede "extraditar", salvo en los tabloids, porque en la prensa seria todavía nadie confunde "wanted for questioning by a couple of Swedish bints in stilettos and their boyfriends in the local police" con "acusado y convicto de algún delito". Es como si se propusieran extraditarme a mí del Ecuador porque una ex en España quiere ver si tengo más canas. Si no lo veo no lo creo. Y allanar una embajada. Hay tanta ridiculez en esto (de lado y lado: más tabloide que Patiño, imposible) que terminas sospechando que el quid está en esto, en imponer ridiculez como moda obligatoria. En fin. Assange no representa a nada ni a nadie, sólo a sí mismo, así que perdónenme el bostezo. Y a nuestros mutones.

Hay una serie en la tele, entre varias: Ecuador Desde Fuera, en alguno de esos canales gubernamentales. La idea es transmitir... (coj, hiq, buaj, hac, prrrj)... La idea es transmitir una "imagen" paradisíaca del país en cuestión, mediante entrevistas a notables cojudos internacionales. Es decir: si desde acá tienes la impresión de vivir en un país lleno de corrupción, de viveza criolla, de pobreza, de delincuencia, de prepotencia, de histrionismo infantil, de Dalo Bucarám (valga la múltiple redundancia) y su histérica esposa, tranquilo, todo eso no es más que una simple percepción donde te falta the big picture, la cual evidentemente te la tiene que proporcionar Noam Chomsky, Oliver Stone o Stig of the Dump. Lo que me hace pensar, inevitablemente, en lo dicho por The Economist hace días sobre las Olimpiadas de Londres: "El Reino hUnDido se miró a sí mismo y le gustó lo que vio". ¿En serio? ¿El país entero se miró a sí mismo? Entonces, la siguiente pregunta tiene que ser: ¿desde dónde? Y la respuesta inevitable: desde fuera, por supuesto. Como éstos de acá. Otra moda de que no veremos nunca el anhelado final.

(Y hablando de modas, es hora de confesión: fui el primero en resucitar la palabra avatar: es hasta googleable. Pero ¡no sabía! ¡no sabía que esto iban a hacer con mi palabra estrella del día sacada del Concise Oxford! No sabía que iba a ser la parodia semántica de la década, tal como hicieron en los ochenta con maverick. Es mi única defensa. Ya sé que no va a servir.)

Así que en ésas estamos: en mirarnos desde fuera. Que conste que en este país hasta tenemos un partido de gobierno, una constitución, todo un sistema, vaya, basados en esto de mirarse desde fuera. Piénsalo. La Constitución no es apenas más que una letanía de piadosas sandeces transmitidas (Powerpoint mediante) desde algunas universidades extranjeras presas de la corrección política del día. Es el sueño húmedo compartido de un valenciano y un venezolano, con nihil obstat de the Guardian. Más desde fuera, imposible. Y el resultado de su imposición a lo largo del país, y de la eternización del gobierno que la parió, que en el día a día cada ciudadano se acostumbra a practicar la doble mirada: primero, desde dentro de la situación en que se encuentra, y acto seguido, desde fuera. Así que, por ejemplo, si el gobierno te prohibe ir a más de 70 en las carreteras, desde dentro es obvio que como todas las demás medidas relacionadas con automóviles, la cuestión es joderle a ese imaginario pelucón de la Vía Samborondón que le tiene comido el coco al Presi, y no hay mayor misterio (eso de reducir accidentes, cuéntenlo a los chiquillos). Pero, espera: ¿qué tal desde fuera? Ah, desde fuera es otra historia.

Desde fuera - desde arriba pero muy arriba - estamos presenciando la eclosión de un nuevo país. Una revolución. Mira qué bonito: todos esos carros arrastrándose en perfecta sincronización, ese ordenado y prusiano fluir de las carreteras, con un fuerte sol chispeando todos esos techos de fibra de vidrio, una maravilla de cultura, de civismo, de hormiguismo. Y si nos acercamos un poquito, sólo un poquito, veremos todas esas caras felices, beatas, llenas de solidaridad y buena onda y Lenin Moreno. Porque desde fuera, Ecuador es eso: mucha sonrisa, mucho paisaje, mucha tortuga, toda honestidad y sencillez y alegría y patriótico optimismo.

SMPFRUNCHT.

Es una onomatopeya entre varias posibles para representar el sonido de una bobada cuando cae a tierra tras un breve paso a través de las diferentes esferas. Y no es que a mí no me gustaría practicar eso del desdefuerismo, que se entiende que reduce el estrés, el colesterol, calma los nervios, hasta puede que alargue la vida. El problema es que todavía existe la realidad: esa cosa que te obliga (de vez en cuando) a mirar tu situación desde dentro, desde donde estás, y no desde donde la retórica del más ambicioso político te quiere transportar. Acá dentro, te das cuenta, entre otras:

Que la pobreza no es noble, ni pintoresca, ni bonita, ni forja de solidaridades y de simpatías. Ni siquiera es sonriente, salvo por cálculo. La pobreza es, en cambio, aquello que transforma los seres humanos en miserables bestias, cínicas, aprovechadas, oportunistas, mentirosas y corruptas. Cuanta más pobreza hay, más fea (de espíritu) verás a la gente de tu entorno. Un país pobre es el último lugar del mundo donde vas a construir una utopía de desprendimiento y Buen Vivir. Mejor fuera, entonces, construir primero un país más rico. Aunque ya sé que eso no gusta. La riqueza nunca va a ser políticamente correcta. Una pena.

Perdonen de nuevo el bostezo. Esta vez, es porque el cuerpo me pide acostarme, tras otro día de luchar en esto de la supervivencia. Se trata de una demanda judicial que han extendido contra mi familia basándose en declaraciones de testigos falsos. Sí, ese tipo de pobreza. Ese tipo de Ecuador. Estoy viéndolo todo desde dentro, y sin sonrisas de agraciados actores, porque no tengo más opción. Para mí todo esto no es cinismo, es una realidad de la que huiría, si solamente pudiera, si solamente tuviera adónde.

Monday, August 13, 2012

Paso olímpicamente

Supongo que no seré el único aquí que no haya visto ni un solo evento de las Olimpiadas. Ello no es óbice para que comente mi impresión de las mismas. Tengo una clase en que el otro día un alumno levantó la mano y dijo, ante la aprobación murmurada de todos: "¿cómo es que Ud. lo sabe todo?" Yo no sabía que sabía todo, pero la noticia no me resulta ingrata. Sabiéndolo todo, con más razón puedo comentar acerca de cosas que no he presenciado. Así que lo que estoy diciendo se resume en que una cosa que no he visto es ligeramente menos azul que otra cosa que tampoco he visto. Y cualquier parecido con la Gran Piedra de Galveston es pura coincidencia:



Así que empecemos. En primer lugar, decir que estoy completamente de acuerdo con este artículo donde dice que las Olimpiadas saben a guerra fría. Me complace constatar que no soy sólo yo. Saben a caduco, a rancio, a anacronismo, a nuestras infancias. En esa lejana y dorada época, niños, y no les miento, uno todavía podía hablar de "nuestra" selección, de "nuestros" atletas, uno todavía podía volverse en cinco minutos experto en deportes que antes no sonaban a nada, simplemente para poder estremecerse a conciencia con todos aquellos casi triunfos que tarde o temprano a ti también te iban a costar un ojo de la cara. En la niñez, señores, uno puede ser hasta patriota y sin apestar, o no mucho. Y todavía, todavía, no tengo edad para renunciar a mi antiguo entusiasmo por los Spitfires. La primera película que vi en el cine pudo haber sido esa Battle of Britain, y sigo opinando que los aviones de guerra  americanos de esa época eran simplemente funcionales, mientras los británicos siempre fueron bellos. (Y éste, la sicopatología aguda aerodinamizada.) Y vale, el B52, ese cuervo de mal agüero que nació de una pesadilla colectiva posterior, sigue y seguirá un tiempo más sobrevolando el sueño de los políticos sudamericanos. No tienes más que darte una vuelta por el Telégrafo. Pero ese mundo ya no existe. Los aviones sobreviven, por lo menos en las películas hechas en su honor: las lealtades, ya no. Sin pena ni gloria pasaron a mejor vida. En rigor, nunca valieron nada.

(Aunque algunos quisieran. Hoy, por casualidad, en la cocina me pongo a hojear el libro de Sociales de mi hijastra: no doy crédito a la sarta de mentiras, de patrañas y de burda indoctrinación con que la Revolución Ciudadana quiere "formar" a la juventud de este maltrecho país. Allí, me enteré por ejemplo de que Darwin fue "naturista", lo que según el habla popular (y María Moliner, aunque con remilgos) significa que le gustaba pasear por ciertas playas tal como su madre le trajo al mundo; en cambio, el DRAE insiste en que significa que fue partidario de una "doctrina que preconiza el empleo de los agentes naturales para la conservación de la salud y el tratamiento de las enfermedades" (y no da más opciones). ¿En serio, Darwin era del gremio de los babadecaracoleros y los sesodegarcistas? Anda ya. Luego, resulta que hay una serie de pintorescos "valores", entre ellos, uno que se dice "desprendimiento", que son de todos y de obligatoria aceptación, y si no sabes lo que es desprendimiento, resulta que es un concepto heredado del Concilio de Trent, estrujado y triturado en fábrica local, para llegar a significar esa dulce resignación medio beata, medio lorenza, con que uno acepta que el Estado se lleve tus cosas en pro del Bien Común, pues (según la somera explicación que da el libro) uno no debe acumular caramelos mientras hay otros niños que no tienen ni uno, por lo menos en lo que dura su viaje a Canadá en avión presidencial. Así que ya saben: a desprenderse se ha dicho (no me dirijo a los techos de las casas en el Estero Salado, por si acaso). Y para colmo: el libro da espacio, como no podía ser menos, a nuestra identidad, una pobre flor marchita hecha de Eugenios Espejos, de Simones Bolivares y de otras proceresas transitadas que no vienen al caso. Bueno, por lo menos son directos. No te molestes en forjarte una identidad, niño: ya te tenemos una preparada. Y si no te gusta, piedra. Es lo que hay. Con lo cual, uno espera mucha rebeldía para este siglo entrante, y pocas luces, o en resumen: secuestros express. Ésta ha sido la Revolución del Secuestro Express. Gracias, libro de olvidadizo título, por darme el nombre. El Telégrafo, varias ediciones.)

Lo que demuestran las Olimpiadas, por si alguien todavía no cacha, es quod erat demostrandum: que el político, y aquí incluyo a todos no por simpleza sino por observación directa, es tan, tan infantil que cree que hay un "orgullo nacional" que vale alimentarse con tantas libras como hospitales no hay en el país, y que tiene (para más inri, y en este caso es mucho inri) algo que ver con las Spice Girls. Es tan simple el político éste de marras, que no se da ni cuenta que las Spice sólo son adoradas en Corea del Sur, que Elton John hace mucho es como el gato de Cheshire, pero en peluca, que Liam Gallagher tiene, demostrablemente, menos talento artístico que Abdalá Bucarám, que Paul McCartloads no ha hecho nada nuevo desde Martha My Dear, y que cualquiera puede ganarse muchas medallas si anteriormente se ha molestado en construir un imperio que incluye a alguna que otra isla caribeña.  Y no sólo es que nada de esto tiene mérito alguno, sino que el británico, naturalmente reacio a lirismos patrioteros tipo "Patria, tierra sagrada", cuando se le da la vena es absolutamente insufrible. Felicítense de no haber estado ahí: yo lo hago.