Wednesday, September 26, 2012

Marmite


Sí, es un anuncio del producto. "The UK is Different."


Recién enlacé en este blog la canción "Golden Brown" de The Stranglers, ignorante por completo del hecho de que fue escrita, según uno de los componentes de la banda, no en honor a las chicas de piel tostada (como siempre había supuesto yo), tampoco como oda a los efectos de ciertas drogas ilícitas (como había supuesto el resto del mundo), sino para celebrar esa sustancia espesa, de color pues eso, café dorado, que desde niño yo comía junto con mis trozos dominicales de pan con mantequilla, al tiempo que veía Dr Who. Y es que uno en ciertas cosas no puede dejar de ser de su país. Añoro al Marmite casi tanto como al Chicken Madras. De modo que a falta del producto real, wikiconocimientos: no tengo ahora mismo más remedio.

Dato 1: ahora es de Unilever. Friggen Nora. ¿Hay algo en el mundo ahora que no sea de Unibloodylever? Hasta las Naciones Unidas se rumorea que ahora son de Unilever (las siglas te dan la pista). Eso no puede ser nada bueno.

Dato 2: allá por el 2004 en el R. hUndido salía un anuncio de Marmite, en que el producto fue presentado como una terrible amenaza, proviniente del espacio exterior, que hacía que las muchedumbres alocadas huyeran en tropel ante el peligro de su presencia. Las mamás hasta se quejaban de que el anuncio "daba pesadillas a los niños". A´mí me parece soberbio y muy británico eso: para anunciar tu producto, haz que parezca algo horrible, amenazante, terrorífico. Haz que los niños, tu principal clientela, no puedan ni acercarse a tu producto sin tener palpitaciones de corazón. Realmente ese sentido de fair play respecto a la competencia (en este caso, inexistente) es enternecedor a mi juicio. Una estrella.

Dato 3 (the killer): El marmite nace de un proceso de exterminación a gran escala, masacre se puede decir, de células de levadura, mediante el envenenamiento salino. Wiki es hasta elegíaco al respecto:

The dying yeast cells are then heated to complete their breakdown, and since yeast cells have thick hull walls which would detract from the smoothness of the end product, the husks are sieved out.

Es decir: a la pobre levadura primero se le tortura con sal, luego, cuando ha dejado de chillar y de retorcerse de dolor, y yace extenuada y agonizante, se le quema. Una vez muerta, en lugar de darle cristiana sepultura, se le saca el exosqueleto y se coloca en las murallas de la Torre de Londres. Con relatos así, ¿quién necesita la serie de los Tudors?


Malos poemas

A nuestro querido Pierrot, que aún se recupera de una reciente crisostomía frontal, le enviamos nuestros fraternales saludos, al tiempo que recomendamos la lectura de su último artículo "por un Beso de la FLACSO, Daría Lo Que Fuera". En él se pueden leer perlas como ésta:

Lastimosamente parece que muchos piensan que lo mejor es pasar la vida acumulando bienes y honores. ¿Nos hemos preguntado por qué se da la casualidad de que, en estos tiempos de campaña electoral, está subiendo el precio de la harina y del pan? ¿No será que, de esta manera, nos quieren hacer financiar alguna campaña electoral?

Menos mal que tenemos a los articulistas del Telégrafo para hacernos caer en cuenta de que el gremio de los panaderos es en realidad una conspiración de partidos opositores y que cada vez que te compras un enrollado o una cara sucia, ese dinero se va directo a las arcas del MPD o del PRE. No me explico por qué un escritor tan perspicaz puede quejarse de que los bienes y los honores se van para otro lado: de ser cierto, vaya injusticia. Por lo menos hemos cumplido en este blog concediéndole en más de una ocasión el único premio de que actualmente disponemos. Por otra parte, no puedo más que aplaudir la tesis central de su artículo, que él expresa así, citando al parecer un "dicho popular":

“Mejor comer un pan de pie que un pollo de rodillas!”

Y es que si llego a ver a un pollo de rodillas, se me va todo el hambre enseguida: no es por nada, es que si te fijas bien en las patas de los pollos, verás que no tienen rodillas, lo que se dice rodillas, de ésas como las nuestras que se doblan para atrás, sino que la evolución en su gran sabiduría dispuso que las patas avícolas fueran de otra manera, con el lugar correspondiente a la rodilla ocupado por la articulación tibio-tarsal, mientras que la rodilla propiamente dicha está como hundida dentro del cuerpo del ave, de modo que un pollo para poder ponerse de rodillas, digamos, en actitud de articulista del Telégrafo, tendría que sufrir severas deformaciones anatómicas, las cuales harían sospechar la presencia de un alto nivel de radioactividad en la criatura en cuestión, y la poca o nula aptitud para el consumo humano.


Es, precisamente, lo que tienen de simpático los pájaros: no se arrodillan nunca.

Aparte, el intrépido articulista nos pone sobre la pista de algo muy importante: que los políticos como Álvaro Noboa que en sus cutres eventos electorales entregan premios como becas, puestos de trabajo, casas y plata con la esperanza de ser votados por seres carentes de dignidad, no tienen nada que ver con esos otros políticos, como Rafael Correa, que en su magnífico electoralismo entregan cosas como becas de estudio en el extranjero, puestos en los ministerios, casas MIDUVI y "bonos de pobreza" con la esperanza de ser votados por seres absolutamente rebosantes de dignidad. Y si te preguntas en qué consiste esa diferencia, pues no es lo que tú piensas. No tiene nada que ver con que los intentos de soborno electoralista de Noboa por lo menos están pagados con su propia plata, mientras que los de Correa están financiados con plata ajena. No es ésa la cuestión. La cuestión es que Noboa es un rico y Correa no lo es. Hay que insistir en eso, pues hay muchos datos por ahí que pueden confundirnos. El propio juez Paredes, que es para Correa lo que la capa de Sir Walter Raleigh fue para la reina Isabel I, al intentar calcular el patrimonio del Presidente para saber lo que para el mismo pudiera significar la pérdida de unas tres libras y siete coma siete onzas de honor, incluyó en éste el monto total del Presupuesto Anual del Estado, al parecer convencidísimo de que dicho Presupuesto era la simple asignación filantrópica de un dinero que era propiedad personal del Jefe de dicho Estado. ¿Alguien dispuesto a echarle la culpa? Yo no. Lo que pasa es que las apariencias engañan. Crisostométricamente hablando, está claro que Álvaro Noboa lo tendría dificilísimo para pasarse por el ojo de una aguja, mientras que la cintura esbelta del Presidente eso aun puede y muchas hazañas más. El Presidente no es rico. Su primo tal vez sí, pero él no. El ñaño indudablemente, pero él no. Mientras sigamos creyendo eso, el reino de los cielos puede ser nuestro. Palabra de Jesús (Mateo 5:8).

Pero no quería hablar de eso.

La otra noche soñé con que había atropellado un perro mientras circulaba por la vía Samborondón-Salitre. Era una especie de cruce entre dálmata y gran danés. Al percatarme de la colisión, enseguida me detuve al lado del camino y fui a socorrer al pobre animal, que agonizaba allá en plena carretera. Cuando me vio acercarme, el can levantó débilmente la cabeza, me miró con sus ojos húmedos llenos de tristeza, abrió la boca y dijo:

- That guy Alvaro Noboa gives tax evasion a bad name.

Luego expiró. Pero no quería hablar de eso, tampoco.

La cuestión es que hay malos poemas en el mundo. Sí hay. Hay bastantes. Cuando digo "malos", me refiero a una cualidad muy precisa, cuya presencia o ausencia se puede determinar mediante un simple experimento. Un mal poema es, sencillamente, un poema que a los alérgicos a la poesía les hace estornudar.

“Los poetas locos cósmicos/ pianistas clandestinos/… Hay poetas de casino./ Los hay que por tan devotos/ del silbido de sus sílabas/ mueren de hambre en las calles/… Yo soy poeta ¡Señor!/ Yo soy poeta/ pero no por mérito, sensibilidad o vergüenza/ sino porque de tan desocupado siempre me sobró el tiempo”.

Yo no estornudé al leer esto: pero es que no sufro de esa alergia, y además, frecuenté durante algunos años algunos grupos de ciberpoetastros, experiencia que deja a cualquiera con la piel razonablemente curtida. Pero está claro que los citados versos pecan de eso, de esa enfermedad mortal a la vez que maloliente, la autorreferencialidad o mejor dicho autoombligüedad popoética. ¿Por qué será que los gafiteros no van por el mundo llamando la atención de todos sobre la gafitería de su ineluctable destino? Un poeta que dice "soy poeta" se merece una patada en el trasero: si realmente lo fuera, ya lo cacharíamos sin su ayuda, así que son dos palabras, si no mentirosas, redundantes, y se supone que la poesía porta ese estandarte, de que no tiene que haber redundancia ni siquiera de letras o de espacios. Además, no es cosa como para fanfarronearse. Un poeta, si realmente has conocido a alguno, sabrás que es una persona, macho o hembra, con una barba copiosa, hedionda a tabaco, e incipiente calvicie, una forma de hablar desagradable y pedante, y una mano metida permanentemente en tu bolsillo. El poeta en sí no es nada: la poesía, eso que se hace a través de él y a pesar suyo las más de las veces, puede ser algo, puede ser todo. Pero repito: no es El Oro todo lo que colinda con Azuay. Hay muchos malos poemas. Por eso, me cae realmente simpático y siento una especie de efusión de compasión inmensa hacia ese pobre hombre que semana sí, semana también, tiene el deber de escribir algún artículo en el Telégrafo en que siempre es cuestión de algún poeta o libro de versos malo malísimo, de producción eso sí nacional, y de buscar la manera de hacerle quedar bien como sea. Al principio caí en el error de pensar que el tal Aníbal Fernando Bonilla escribía de esa manera hueca y verborréica por pretenciosidad personal. Luego me di cuenta de que para alabar algo que francamente no te da asas por ningún lado, tienes que escribir así.

 La poesía es la manera febril de referirse a la tentación de la manzana.

¿Lo será? En tal caso, estamos a salvo, y los alérgicos que sigan con su alergia, que poca cosa se pierden a fin de cuentas. El día en que alguien ose referirse, febrilmente o no, a esas otras tentaciones, las de los pollos arrodillados que gritan ¡cómeme!, ya les avisaremos. Mientras, siga la fiesta.


Monday, September 24, 2012

Y el punk también fue esto




Mi hermana tocaba esto cuando yo era un mocoso y teníamos sala de música. Tuvo que ensayarlo mucho y aun así no llegaba ni a la mitad de la velocidad con la que se suele tocar... o tal vez la velocidad no era su obsesión (era chica, ves). Ahora, cargo toda la vida con la añoranza de escucharlo a esa velocidad. Este hombre lo toca aún "demasiado de prisa" pero se le perdona, le inyecta un no sé qué de pasión que otros intérpretes no encuentran. Sí, la pieza soporta pasión aunque no es su tema. Arrebato lo describe mejor. Las armonías modales, establecidas desde el principio con esos F#m - C#m seguido por B C# D (!) E F# G# todo arrastrando sus respectivos acordes en inversión raíz, muy estilo punk de los setenta (aunque el punk desdeñaba acordes de menor) necesitan (insisto) lentitud para que entiendas qué está haciendo con eso: mucho más que una simple melodía naïve e intrascendente que es a lo que otros intérpretes las reducen. Te está redefiniendo el espacio de la alcoba y el color de la luz del sol si quieres. Yo sí quería, en ese entonces, encerrado en mi habitación y con esos deliciosos errores de lectura de partitura que tronaban a través de esa privilegiada alfombra. Hasta llegué a creer, entonces, que había lugares en el mundo donde podías ver colibríes en algunas calles, tan normales que la gente no se extasiaba en verlos.

Wednesday, September 12, 2012

Son otra raza

Al final hay que rendirse ante las evidencias. David Icke tenía razón. Hay seres humanos normales, y hay otros que a pesar de tener apariencia normal (o no tanto), cuando menos te lo piensas les sale una lengua de un metro o más a la caza de una desprevenida mosca, o se cortan rasurándose y les brota sangre verde, o suben atropelladamente un árbol y se ponen a cabecear encima de una rama. Éstos son los peores: si pasas por debajo sin advertir su presencia se te cagan en los hombros de tu camisa, y hasta en tu pelo. Por eso, en la Unidad Educativa Mixta Pequeños Ornitorrincos del Saber, me acuerdo que había quien iba a trabajar con otra camisa de reemplazo.

Dicen que para ser poeta maldito basta con no ducharse durante dos ó tres días (un poemita o dos también ayuda, pero vamos, el mundo puede esperar). Del mismo modo, para ser "un rebelde" basta con invitar a tu próxima parrillada a don Pablo Salgado Jácome. Y esto es así porque el man nada más cruzar el umbral de tu casa, o de tu patio, se pondrá a prohibir cosas. Buenas tardes, señor Salgado. Buenas tardes. Pero ¿qué es que veo ahí? Sí, ¡ahí en el rincón! ¿Unas alas de pollo? Pero ¿no se dan cuenta ustedes de que ese pollo, al dejarlo ahí chamuscando, lo están convirtiendo en un objeto para la satisfacción de tus hambres carnales? ¡Eso debería estar prohibido! Ahora... ¿qué tenemos  aquí? Tres mujeres charlando y tomando sendos vasos de Coca-Cola en el otro extremo del patio? ¡Eso también debería estar prohibido! Claro, porque... pues porque llevan escotes y minifaldas y tienen preciosos traseros. Así, ustedes - y ellas también, ahora que lo pienso - están usando a La Mujer como simple objeto para que se produzcan conversaciones amenas en tu patio. Para eso mismo necesitamos una Ley de Parrilladas, para regular y controlar el número de mujeres jóvenes, hermosas (despampanantes) con pantaloncitos cortos y las piernas abiertas en un ángulo mayor que 9,7 grados (déjame medirte, nena), rubias y sexys, con preciosos traseros, escotes pronunciados y bellas piernas, voluptuosas sobre todo, que asistan a cualquier evento organizado al aire libre donde se consuma carne de pollo... o incluso, tal vez, de buey. La Asamblea Nacional sabrá determinar sabiamente de qué carnes debe tratar dicha Ley. La cuestión es que todo esto debe estar prohibido. Y este patio también... y esos arbustos, y esos pájaros, y esos sacacorchos. Prohibido, prohibido, prohibido. Ahora, ¿qué tenemos aquí?...

No he visto la publicidad de la moto china a la que se refiere Salgado en su precioso artículo. Dudo mucho de que la nación china se haya quejado a través de su embajada en Ecuador. Me huele que tienen más sentido de humor, de ironía, y de noblesse oblige, que eso, que ponerse a protestar porque a alguien en alguna república bananera se le haya ocurrido meterse con la calidad de sus motocicletas. Sí, en cambio, vi el otro anuncio, el de los tubos de ¿plástico?, en que un diminuto y sonriente albañil maneja uno de esos tubos en plan harigata, dando lugar a una repentina y absolutamente surreal sonrisa de aprobación por parte de dos caminantes femeninas, a las que el diminuto albañil evidentemente pretende impresionar con el tamaño de su miembro viril vicario, o digamos que sucedáneo. El anuncio en cuestión me parece soberbio, absolutamente encantador, precisamente por eso, por lo surreal de su planteamiento... y el hecho de que los auspiciantes del anuncio probablemente no se dan cuenta del efecto que han conseguido, pues estoy de acuerdo con Salgado en que probablemente, ellos pretenden narrar una historia creíble, y no una cautivadora sátira. Pero vamos: si realmente de eso se trataba, de que el hombre con su tubo de plástico les hubiera resultado simpático, voire, atractivo a las chicas, podrían haber metido ahí algo más de realismo, haciendo que el man mida sus dos metros y luzca algo de sixpack y un peinado a lo Baltasar Garzón, lo que probablemente convertiría el anuncio en aburrido o incluso detestable. Para mí, lo delicioso del anuncio es eso, la absoluta imposibilidad clínica de que el patético especímen subnormal del anuncio haya provocado, no una sonrisa en una chica (¿por qué no?) sino esa sonrisa, en esas chicas. El anuncio, así, luce ese aire de intento fallido, de intención torcida, de tensión entre mensaje implícito y realización explícita, que marca cierto subgénero de arte kitsch, que engloba también a las B-movies de los 50, y a ciertos productos de la escuela simbolista francesa de finales del XIX. Es algo que hace reir, de risa sana y de puro gozo inocente. Pero Salgado Jácome quiere prohibirlo. ¿Por qué?

Pues se me acabó el tiempo, así que les dejo discutiendo sobre la cuestión. Me parece que hay dos opciones posibles: o bien el Sr Salgado Jácome es eso, un reptil disfrazado de humano, que cuando nadie le está viendo caza moscas con la lengua al igual que Bill Clinton; o bien porque el pobre se ha tragado todo el cuento ése de que existe algo llamado La Mujer a la que hay que rendirle pertinente homenaje siempre que se puede, y que al igual que Muhammad (ese otro, no me hagan hablar) se ofende más rápido que un Correa cuando alguien osa cuestionar sus divinos atributos, o sugerir que, por ejemplo, le puede agradar alguna vez alguna grosería. ("Las groserías son cada día más caras", se lamenta la Nancy de Ramón J Sender: ¿qué mujer no se habría quejado alguna vez de lo mismo?) Si es así, pues lo único que se me ocurre decir es: pobrecito. No es tanto lo que él se pierde, sino lo que haría perder a los demás si alguna vez pudiera, si a alguien se le ocurre dejarle un día esa varita mágica. ¡Prohibissimus! Y se nos va el simple objeto a otra fiesta, y el alma al piso. Dios nos libre.

Monday, September 10, 2012

Magnífico (uno solo)

- El papel aguanta todo - me espetó el otro día, con gesto de sorna, un funcionario del SRI, al explicar por qué la cifra monetaria de la matrícula del carro que ponía el mismo papel de matrícula de la CTG no guardaba ninguna relación con la realidad (definida ad hoc y con alarde de oníricos impuestos por la propia entidad gubernamental). Extraordinaria frase, viniendo de un representante de un estamento de la sociedad para el que, tradicionalmente, el papel ha sido todo, omnipotente y decidor. Claro que ahora, como te recuerdan innumerables carteles y avisos en las propias oficinas del so-so-sri, lo que se propone es jubilar al papel, ese material tan estoico como, en ocasiones, impertinente, reemplazándolo por el joven y arrogante registro de base de datos. A partir de cierto momento (consulten profecías mayas) cada detalle de tu existencia - desde el grado de tu discapacidad física, tu derecho a un bono de ayuda familiar, hasta la titulación universitaria que ostentas, pasando por tu autocalificación étnica, tu historial laboral, tu tipo de sangre, tu patrimonio personal o tu actividad en las redes sociales - será materia de cuidadosa clasificación e investigación (por las autoridades competentes, claro) en las inmensas y acaparadoras bases de datos que maneja el Estado. Tal vez exagero un poco. Puede ser. La pantalla aguanta, parece ser, tan bien como el papel. Y eso es realmente mi punto. No importa, en este caso, si exagero o no, o en todo caso si lo hago es una reacción, si no justificada, comprensible, ante el hecho tan evidente como impepinable de que a casi nadie le importa si lo dicho es exageración o no. Como se suele decir: nada que esconder, nada que temer. Que tengan las SQL Server que quieran. Que guarden los datos que quieren. Total, si ya saben dónde trabajo, para qué no saber qué días, qué horarios y qué es lo que me pagan. Para qué no saber la talla de mi zapato o el valor monetario de mis bártulos de cocina, si ya saben todo lo demás. Eso solamente les importa a los ricos (sí, escuchado por ahí). Como también les importa, parece ser, las posibles equivocaciones. Si se cometen, pues ya habrá tiempo para hablar sobre eso.

Y así, entramos en el maravilloso mundo del superburócrata: ése, que a diferencia del tradicional, ya a punto de jubilarse, no necesita justificar sus decisiones basándose en documentos físicos de que usted también guarda (o finge guardar) copia u original, exponiéndose así a engorrosas contradicciones o a maliciosas comprobaciones. El nuevo superburócrata aparece, resplandeciente, con su flamante banda de cuerpo completo bordada con la leyenda "MI PODER EN LA INDOCUMENTACIÓN", lo cual viene a significar, al igual que esa otra banda que ostenta el Presidente de la República, algo tan casero como "THANK YOU, SUCKERS". Pues todo lo que se basa y se fundamenta en registros electrónicos asequibles mediante contraseña o (autoridades competentes) llave maestra, tiene esa peculiaridad, que obedece perfectamente al capricho del mirmidón de turno, sin dejar rastro ni evidencias comprometedoras de los cambios y de los masajes que se realizan en los datos, simplificando así enormemente el complicado mundo previsto por Orwell, en que los diarios del pasado se tenían no solamente que reescribir y reimprimir, sino sustituir físicamente dondequiera se hallaran. De nuevo, uno queda impresionado, casi boquiabierto ante la inteligencia previsora de una casta gobernante que se ha dado cuenta de que quien tiene en sus manos la base de datos central, y haya conseguido convencer al ciudadano de que él es estrictamente sólo eso, un registro más, y su memoria otro tanto, y de que nada que tenga guardado en su escritorio le va a servir en su defensa, lo tiene todo. Y a este respecto, nada mejor que ver el magnífico chou que se ha montado en torno a este asunto de las firmas falsificadas.

Las hay, evidentemente, y muchas. Pero lo que entristece no es eso, o no sólo eso, ni la acostumbrada viveza criolla de los partidos que han invertido en ellas, sino el ver que nadie, absolutamente nadie, entre todas esas agrupaciones hambrientas de miembros y de militantes haya querido denunciar lo flagrantemente antidemocrático de todo ese sistema de tener que salir a buscar firmas antes de presentar candidatos. A ver, a ver. Se supone que las elecciones se tienen que hacer cuando hay elecciones - de ahí viene el nombre, elecciones - y que para que éstas se realicen con la necesaria rigurosidad y transparencia, se tiene que seguir unas normas establecidas, que son las mismas para todo el mundo. Pero he aquí que cuando va a votar el ciudadano, solamente se le permite hacerlo a favor de unos candidatos que ya fueron elegidos mediante otro sistema, que no recibe siquiera el nombre de elecciones, ni sigue ningún tipo de norma (por ejemplo, de equidad financiera), ni siquiera se desarrolla en un tiempo y en un lugar de pública referencia, y cuyos resultados, si se llegan a impugnar, dependen de los esfuerzos apresurados de un centenar de voluntarios al servicio de una Comisión Electoral desacreditada, enteramente en el bolsillo del partido del gobierno, trabajando con un software de chiste. Entonces me pregunto: ¿qué es lo que separa, en el plano teórico, a este sistema del de Iran, donde los partidos que se presentan a elecciones son los que ya recibieron el beneplácito de Alá, expresado a través del nihil obstat del Ayatolá de turno? El resultado, por lo menos, se parece mucho: elecciones descafeinadas. Nada de sorpresas de último momento: digamos, nada de tándems presidenciales de "brillantes" economistas aupados por valientes periodistas alzándose contra la Partidocracia en plan David y Goliat. Es bien curiosa la asiduidad con que Correa quiere quemar todos y cada uno de los puentes que él mismo pasó para llegar hasta donde está.

Por lo menos ya tengo listo el tema de conversación para mi visita al psiquiatra, cuando decidan pagarme:

- Es que últimamente... ya sé que suena terrible, y me da mucha vergüenza decirlo, pero tengo que confesárselo a alguien... últimamente he llegado hasta a pensar que nadie debería tener que presentar firmas para candidatizarse para nada.

Si tan sólo tuviera ese valor. Pero bien sé que hasta los psicópatas, los necrofiliacos y zoofiliacos, los admiradores de Ricardo Patiño y de Kim Kardashian, en este país en algún lugar encontrarán su alma gemela, pero quien duda del sistema electoral ecuatoriano no recibirá comida en ninguna puerta, ni alojamiento en ninguna casa, y la ira de Dios estará sobre su cabeza, y sus días en la tierra serán de llanto y maldición, y los moscos posarán sobre su yuca. Mejor que me calle, entonces.

Premio Tartuffe

Cuanto más te lo miras, lo de Correa y Assange es un matrimonio hecho en el cielo. Resulta que el australiano que niega para los demás el más elemental derecho a la privacidad (ver caso Rudolf Elmer), cuando se trata de su propia y majestuosa persona, considera como intrusión hasta el siguiente video, filmado en un lugar público, que documenta su accidentada relación con el arte terpsicoreano. Vamos, que el tipo baila como un inglés. Entiendo su reticencia para que el dato se haga público, pero... en fin, qué se le va a hacer. La coherencia tal vez es una virtud que no va con este siglo. Me siento viejo.

La impuesta pequeñez

Soy bastante transparente. Si mencioné Martha My Dear en otro post, era sencillamente porque acababa de sacar una versión bastante aceptable para guitarra basándome en esta transcripción para piano. Es lo único que he hecho en guitarra desde hace, tal vez, dos años, aparte de algún que otro intento fallido de versionar alguna que otra Gymnopédie o Gnossienne (John Williams tiene una deliciosa en YouTube, pero el mañoso usa una guitarra estilo Narciso Yépez, con un par de cuerdas de más: así cualquiera). Desde el accidente que me dejó el meñique izquierdo torcido hace doce, trece años, la guitarra es lo primero que se resiente cuando las tareas se me acumulan. Ya casi ni me habla. Y como ella, muchas cosas y muchas personas. La juventud, por si no lo sabías, te está prestando una relevancia ficticia, un fulgor tramposo. Deja que se te acaba para ver lo importante que no eres y lo interesante que nunca conseguiste ser. Pero en fin, estás aquí. Demos una vuelta por el jardín.

Tomates, todavía verdes. Encantadores vecinos, y toda una teología de perros de urbanización (sí, estoy urbanizado desde hace cuatro meses). El Lada hoy se me quedó en Durán: manguera agrietada. A mediodía, se nos acabó el gas, y, sin carro, no había dónde (o tal vez fue excusa de mi mujer para disfrutar de la miseria de no poder cocinar, ni un pinche café preparar). Mi hijo, estreñido y gimiendo toda la tarde: cuando al final le sale la caca, nadie se explica cómo una pelota tan grande de plastilina puede sortear un recto tan infantil. Ayer hice $75 de traducciones, esta mañana terminé, entonces era el turno de las evaluaciones. Tres juegos, tres clases, terminados sobre las 6 de la tarde. Ayer, camino a Yagüachi, mi mujer se quemó el antebrazo con el radiador del carro, que estaba siendo conducido por su hermano en mi ausencia. Tercer grado. Le repusimos sábila y vendas, y me dediqué a escurrir ropa en el pasillo de afuera. Contemplé la idea de hacer la declaración del SRI (ya debemos dos meses de multas) y de nuevo, como siempre, me acobardé ante lo deprimente de la tarea. Si solamente tuviera ese "código", o si solamente supiera cómo conseguirlo sin tener que tomar la tarde libre del trabajo para hacer columna en el SRI. Si solamente supiera dónde empezar, qué guardar, qué papeles sacar. En lugar de hacer la declaración del SRI (no recuerdo siquiera si es de IVA, o de IRPF, o ambas cosas, u otra cosa) me dedico a leer gkillcity.com, donde me entero de que ese tal José Joaquin de Olmedo, el del aeropuerto, había sido poeta. Lo lamento: uno puede trabajar, o tener cultura, pero difícilmente ambas cosas a la vez, y con la edad, encuentro que rehuyo cada vez más lo difícil, o mejor dicho lo excesivamente difícil, porque todo se vuelve difícil. Últimamente. Eso es: últimamente todo se vuelve difícil. Debatimos la idea de que mañana, en lugar de levantarme a las 5.45 para ir a clase, simplemente no iría, para recuperar dicha clase algún martes o algún jueves más adelante, con la excusa de que sin carro, tendría que gastar más en taxi a esas horas que lo que cobraría para la clase, lo que de todas maneras podría resultar ser cero, pues si en cuatro meses desde que empezó ese curso no nos han pagado ni un centavo, es lícito sospechar que nunca nos van a pagar y estamos dando las clases "de por gusto", según la locución favorita de mi esposa. (Niños: eso de "trabajar para el gobierno", no lo intenten en casa.) La hijastra se fue a Quito hoy mediodía: la tele, entonces, que tengo delante de este laptop, de este escritorio, en este rincón de la sala de estar que sirve para que el niño dibuje en el piso con crayones de cera, no muestra los avatares de la Miley Cyrus en ningún momento, sino que se limita a ilustrarme sobre la verdadera naturaleza de las relaciones entre Iggle Piggle, Upsy Daisy, y Maca Paca, las cuales se me antojan - de modo fugaz - dignas de una novela de Balzac. Hasta que el niño se va a la cama, y tengo que decidir entre hacer algo de provecho, como transcribir notas, enfrentarme al sinfín de tareas burocráticas aplazadas, o dar una vuelta por las acostumbradas páginas braquicefálicas. Con infinita elegancia prescindo de las dos cosas y vengo al blog por si acaso me inspiro a escribir algo. En un momento parecía que sí, pero ya no estoy tan seguro.

Monday, September 3, 2012

La cuarta lujuria

Desde que Paul Maclean lo conjeturó y Koestler lo sacó a relucir (en The Ghost in the Machine), el meme ha dado vuelta y media al mundo, arrastrándose ora por un disco del muermo ése de Gordon Sumner (alias Sting), ora en una divertida novela del semibrillante Julian Barnes. Pues debe de haber algo de verdad en él, digo yo. Aunque no importa demasiado si no hay. Resumamos. Resultaría que el cerebro humano, en esta narración, es el producto de una especie de injerto evolucionario múltiple. Los reptiles evolucionaron hasta que su sistema operativo ya no daba más de sí, y entonces la evolución, como una especie de Bill Gates avant la lettre, decidió hacerse con el mercado de impolutas sabanas africanas con su nuevo sistema Mamífero 1.0, que de una manera poco afortunada dependía del cerebro reptil como substrato (el man tenía prisa), lo cual se evidencia demasiado al arrancar, sobre todo, tras una noche o un invierno de letargo. El sistema mamífero pasó por varias versiones, cada vez más vistosas, pero siempre de alguna manera limitaditas, a la vez que complicadas (sobremanera) por esa fatal dependencia, que obligaba a traducir todo al lenguaje reptil para poder procesarse, y no sobrepasar esos 8 bits y esos 64K de memoria RAM (aunque con el virtual se puede hacer maravillas). Al final, con los bombos y platillos que quieras y con el oportuno préstamo de una canción de Los Rrolin, salió por fin el ansiado Primate 2000 (antes de Raquel Welch), y con él, la nueva forma cerebral, que a simple vista parece, ahora sí, "otra cosa". Ahora, con esos ingeniosos pliegues del neocortex, adiós a los límites de capacidad de procesamiento. Mira, hasta es capaz de componer sinfonías, erradicar la variola, y estimar la edad del Universo. E incluso, escribir artículos para El Telégrafo. Todo un prodigio.

Hasta que uno se pone a examinarlo de cerca.

Entonces, resulta que en nuestra cabeza, en realidad, todavía tenemos a esa iguana o ese lagarto, al que se suma toda esa maquinaria que permite funcionar al mismo caballo o al can, tan can-do él, el llamado sistema límbico, siendo el primate (nosotros) heredero de la última explosión evolutiva, la del neocortex, la de la supuesta "inteligencia" que siempre se ha dedicado, más que nada, a la ciencia del homicidio a distancia. En fin, es un cuento que atrae, que aclara y explica muchas cosas. Pero no hace falta que sea verdad desde el punto de vista neurológico o evolutivo. A mí siempre me ha servido de simple metáfora, y donde más agradecido me siento con él es en el tema del sexo, o más precisamente de la lujuria. Y es que sin ese lagarto, sin ese perro y ese chimpancé, no sabría ponerle orden a mis deseos: siquiera, tal vez, ponerles nombre.

Con ellos, veamos.

Lagartescos son esos momentos y esas camas donde más importa el calor, el escalofrío, la piel suave y lisa, la cobija aterciopelada, el entrañable chiaroscuro, el acecho de la fiebre, el cubo de hielo (gracias Kim), el vaivén de la ventiladora, el surcado roble de la mesita de noche, incluso diría yo las manzanas y las viandas de Albert Finney (en Tom Jones). De lagartos es el letargo. Es ese "quiero sexo, pero que me hagan, que me suceda, que me llueva, y que me pase primero por el estómago". Si no has tenido ganas de, simplemente, reptar, la canción no es para ti. Déjala para la Danaë de Klimt.


Perruna es la parte que más nos toca, pues se supone que la bestia de dos espaldas shakespeariana es y siempre fue canina, y sobre todo si has tenido la mala suerte (no la cuentes) de ser hombre. Es eso de tener que ir olfateando coños, día sí y día también: duro y rudo destino, en un mundo tan mágico como el nuestro. Tiene sus compensaciones. El dimorfismo sexual fue un buen invento, que nos permitió darle un descanso al hocico y descubrir la geometría curva. Los perros, ya lo sabemos, corren tras el orgasmo lo mismo que si fuera cartero (que no lo es), pero se lo perdonamos, pues son perros, y menean lindamente la cola. Si para ti el sexo se resume en estímulo, engranaje y respuesta, todo apresurado, atropellado y sin malicia, tus ancestros pastores alemanes éstarían orgullosos de ti.



Chimposa es la parte de nuestra herencia de la que menos se habla, pues nos da vergüenza, y con razón. Jode, realmente jode, tener que compartir el 98% de tus genes con un mono tan obsceno, tan feo y repulsivo, tan todo dientes, tan adicto a los celulares, tan social, tan propenso a matar a sus compañeros cuando dan la espalda y nadie está mirando. Pero mira, eso aproximadamente somos. Y en el sexo: pues date una vuelta por las parafilias y verás. Dicen que al neocortex no le interesa el sexo, que se preocupa por otras cosas. Yo creo que no puede haber nada humano que no se interese por el sexo. Lo que pasa es que para hacerse con la connivencia de esa parte del cerebro, el lagarto y el perro a veces tienen que sobornarla, y qué mejor que apelar a eso que al neocortex, ese advenedizo, ese new money, tiene en tan alta estima, v.gr., lo tribal, lo harenoso, el poder, en el sentido de, pues ya sabes.



Éste de arriba, porque es británico. Ustedes probablemente conocen lo mismo bajo otras disfraces, p.ej. los tacones altos, que no sé qué demonios hacen faltando en el dibujo, o las zalamerías, o el matrimonio, en fin, todo el intríngulis.

Lo que nos lleva a la cuarta lujuria, la que rompe esta cómoda esquema. Es la una de la madrugada y tengo que trabajar mañana, así que no diré nada por ahora. Tan solo invitarles a ver la siguiente película, si tienen tiempo, y si no, pues saltar directamente al minuto 00:49:45. La música de Alfred Newman no tendrá sentido si no han visto escenas anteriores, pero el beso es hasta apto para sordos.

The Razor's Edge, con Gene Tierney y Tyrone Power, en YouTube por un tiempo limitado (aprovechen)

Ah, casi me olvidé, pero una promesa es una promesa.




Buenas noches.

Sunday, September 2, 2012