Tuesday, May 27, 2014

Reelección indefinida

Si no lo veo no lo creo. Hace un segundo en Ecuador TV justifican la reelección indefinida del presidente con dos argumentos:

(1) En Alemania, la Merkel va por su tercer "mandato", y "nadie dice nada". Lo que se olvidaron de explicar es que la Merkel no es Jefa del Estado, función que le corresponde a un tal Joachim Gauck desde hace un par de años si bien recuerdo. Ella solamente es Presidente del Gobierno. Por lo tanto, el caso de la Merkel, diosa del Queso, es irrelevante frente a un sistema hiperpresidencialista (Presi del Gob = Jefe del Estado) como el que nos toca.

(2) Sacaron a una anciana tierna y encantadora que consideró que "si el pueblo quiere reelegir el presidente, como el pueblo es quien tiene realmente el poder..." ¡Encantadora y conmovedora inocencia!

Personalmente, opino lo mismo del oficio de Jefe de Gobierno que del llamado pozo o tanque séptico, y al respecto nada mejor que citar Wikipedia:

Waste that is not decomposed by the anaerobic digestion eventually has to be removed from the septic tank, or else the septic tank fills up and wastewater containing undecomposed material discharges directly to the drainage field. Not only is this detrimental for the environment but, if the sludge overflows the septic tank into the leach field, it may clog the leach field piping or decrease the soil porosity itself, requiring expensive repairs.

How often the septic tank has to be emptied depends on the volume of the tank relative to the input of solids, the amount of indigestible solids, and the ambient temperature (because anaerobic digestion occurs more efficiently at higher temperatures), as well as usage, system characteristics and the requirements of the relevant authority. Some health authorities require tanks to be emptied at prescribed intervals, while others leave it up to the determination of an inspector.

En cristiano: si no sacas la mierda del tanque de vez en cuando, a la larga te tocarán expensive repairs. No solamente eso, sino que todo el vecindario se te va a llenar de un olor poco agradable. ¿Cada cuándo hay que hacerlo? Pues mira, depende. Pero cuando notas por el barrio ese olor, tal vez ya te toca pensar seriamente en el asunto. Que haya gente que parece adicta al olor, y no quieren que cese nunca, nunca, nunca, pues bien, siempre habrá para ellos alguna Cuba, Norcorea o República Islámica de Irán para el propósito. Que no digan que no pienso en el bienestar de todos.



Thursday, May 22, 2014

Decir cosas feas

OK, so Nigel Farage is a prat. (Just seen the interview.)

I suspect that's the best choice you're ever going to get with political candidates, at least in the UK: a zombie or a prat. I'll take the prat. Not because I wouldn't "want to live next to Romanians" (I would dearly love to: am fascinated by the language, and would happily pay for lessons) or because I think immigration is a problem (barring welfare tourism, for which there are obvious solutions, it isn't) but because pratspeak is amenable to the Socratic method in a way zombiespeak isn't. A prat can educate himself out of pratitude. A zombie, we know, cannot aspire to be anything, ever, but a zombie. Zombiehood is a dead end. I don't like dead ends.

I also think that it's useful to have ugly people saying ugly things. They function as the waste pipes of human discourse. If they didn't exist, all the sewage would accumulate somewhere, until one day, without warning - GHPHWUUUPHSHFFF. We need to know what we think about ugly things. We need something to sharpen our opinions against. So yeah, I think it's good that there's someone talking bollocks about Romanians. As a sort of proxy Romanian in Ecuador (AFAIK most Ecuadorians couldn't tell the difference between a Brit and a Romanian, or find either country on a map to within 2000 miles) I would much rather be talked bollocks about than thought bollocks about by people lousy with taboos. Talked is much safer.



Wednesday, May 21, 2014

La generosidad socialcristiana

Cosas de Durán.

"La administración de Arce recibió el Municipio con 106 dólares en caja y una deuda consolidada de pronto pago de $10 millones."

Quien haya vivido en Durán no se extrañará de nada de esto, pero tales Establos de Augías supongo que dan la pauta para muchos lugares del resto del país.

"El Cabildo tiene en su nómina 1.000 trabajadores, de los cuales a solo 300 se los identifica."

La política.

Y luego se extrañan cuando queremos achicar el Estado.

Saturday, May 17, 2014

No lo siento

Creo que le debo a Ecuador una disculpa. Los anuncios a los que se refiere Vallejo en su artículo son plagiados de este blog, y por tanto, la responsabilidad de las aberrantes nociones presentadas es, en último término, mía. Para mayor ilustración del lector:

 “El actual Emperador, Endivio Roquefort I … es el único ocupante del balcón … y monarca absoluto del Estado, que se rige según las normas de un despotismo ilustrado.”

(del apartado “Datos Personales” de este blog)

 Ahora lo citado por Vallejo:

 “En mi República por decreto jamás se botará un papel en la calle”. “En mi República por mandato, siempre se ayuda a la gente”. “En mi República no se pierde la paciencia, así piten y piten”. “En mi República por mandato se recoge la caca del perro”. (de una serie de anuncios en Ecuador TV)

No hay cómo negarlo: los publicistas de Ecuador TV me han copiado. En ambas citas aparece la misma idea, la de un mini-Estado, cuya población humana se limita (por lo menos según la discutible interpretación de Vallejo) a un solo individuo, el cual se siente libre a emitir “decretos” y “mandatos” (esta última palabra, en su nueva acepción correísta, equivalente a “decretos”, pero con colmillos más puntiagudos) o de ejercer una suerte de “despotismo”, que en este contexto lo mismo da, aplicables en un radio muy reducido, digamos de unos cuantos metros. ¿Estamos?

Pues bien, les debo una disculpa, por lo menos, a todos los televidentes que a partir de los mencionados anuncios fueron inducidos a fundar sendas micro Repúblicas secesionistas personales, a imagen y semejanza de la tragicómica de Sealand: a crear constituciones, a emitir decretos y mandatos, a improvisar banderas, a acuñar monedas y sellos y a planificar carreteras y ferrocarriles para proveer las necesidades infraestructurales de sus balcones, patios o pasillos, creyendo que con la realización de dichas tareas se ganarían automáticamente un lugar en la Asamblea General de las Naciones Unidas. Lamento informarles de que la cosa no es tan, tan fácil.

Sin embargo, no pienso disculparme. La razón es, en parte, porque los sobrados, arrogantes, enanos, pitufos, majaderos, oligarcas, gente de fuera, etcétera, no acostumbramos hacerlo y no oso romper con esa tradición. Por otra parte, creo que en estos casos a quien realmente le corresponde disculparse es al cojudo que se tomó la broma en serio. La falta de sentido de humor es, después de todo, el peor defecto que ser humano alguno puede ostentar.

Hay otra cosa también. Creo que aquí se esconde un malentendido. Lo digo por la siguiente razón: creo sinceramente que para recoger la caca de un perro no hace falta una Declaración de Independencia, ni una heroica batalla librada en las faldas de Pichincha para determinar quién será el recogedor. En mi experiencia personal, lo único que hace falta para recoger la caca de un perro es un elemental sentido de responsabilidad personal. Con lo cual, el mensaje de los citados anuncios vendría a ser algo así como: quiero vivir en un país donde la gente tenga ese sentido de responsabilidad personal, donde ejerza voluntariamente un poco de autodisciplina y de solidaridad humana, más allá de lo que razonablemente puede conseguirse a base de leyes y sanciones (pues hasta la fecha, en ningún país del mundo se ha logrado mediante estatuto y amenazas que las personas “siempre ayuden a la gente”).

Dicho de otra manera: la República del Ecuador (“mi República”), ese país en que todos vivimos, no es una entidad cuyos atributos son determinados únicamente por el gobierno. Con las mismas leyes y la misma estructura política, podríamos ser egoístas, inescrupulosos, estafadores, mercenarios, “vivos” y sabidos, como nuestros propios políticos que nos dan la pauta - o podríamos ser otra clase de personas: solidarias, honestas, frontales, responsables, amables, cuidadosas. Si esto último te parece mejor, pues la transformación arranca contigo mismo. Adelante.

Es mi interpretación. Puedo equivocarme. Y tal vez debo añadir que, aun interpretándolos así, no me gustan nada los mencionados anuncios tal como los describe Vallejo, porque de los mismos emana un tufo a autocomplacencia y a dictadorzuelo metiche y repulsivo: y esto, porque al hablar de “decretos” y “mandatos” podría dar a entender que si bien el mensaje es para ti, el cumplimiento del mismo le corresponde (como siempre, y sobre todo tratándose de excrementos caninos de autoría controvertida) al otro, al vecino.

Creo que en esto por lo menos fui un poco más claro: los únicos “mandatos” que pienso emitir en lo que me queda de vida atañerán únicamente a la conducta de los residentes del mencionado Balcón, que como sabemos constan de una población total de una (1) sola persona, es decir yo.

Y sí, se trata de una broma. Ahora mismo, ni siquiera tengo un balcón.

En todo caso, ha sido tristemente reveladora la reacción de Vallejo, escritor que no hace mucho consiguió impresionarme al desvincularse públicamente de la línea oficialista en torno a los atributos satánicos del dibujante Bonil, defendiendo el derecho inconstitucional a tener sentido de humor. Qué se le puede hacer: a fin de cuentas es columnista del Telégrafo. Supongo que por lo mismo sería ingenuo esperar otra cosa que un lobo colectivista, por muy conseguido que sea el disfraz de cordero bonachón. Fíjense si no:

El individuo ‘robinsonado’ es únicamente social cuando son medios para satisfacer los deseos y aspiraciones individuales. Y ese individuo natural independiente del todo mayor, inexistente en la familia o la tribu o las comunidades, aparece únicamente en la sociedad moderna, la sociedad burguesa. La sociedad que vincula a los individuos unos a otros por medio del mercado.

Mi República de los cinco pasos es un producto de esta relación individual, natural y preexistente, que excluye a lo social de la construcción social. Es únicamente en mi República de los cinco pasos en donde yo puedo construir una relación armoniosa con mi medio. ... Esta es una noción algo alejada de ese Sumak Kawsay constitucional y fundacional por el cual alguna vez votamos. 

 
Ayjj. Dónde empezar. Repito: no sé de dónde saca que los anuncios en cuestión “excluyen a lo social”… a menos que para Vallejo cualquier tímida sugerencia de que las personas deban enfrentar ciertos temas (caca de perro, etc) con sentido de responsabilidad implique un rechazo violento a las leyes, a las costumbres, a la pertenencia étnica y comunitaria, a todo lo que él entiende por “social”. Ahí no le sigo. Lo que sí creo detectar en estos párrafos es la presencia del mismo hombre de paja, disfrazado de cuco, que se asoma con tediosa frecuencia en todo el discurso tabloide del Telégrafo. Me refiero al Malvado Neoliberal, que cree en el siguiente decálogo:

 
(1)   Lo único que vale es el dinero. Yo tengo mucho, tú poco. Peor para ti.

(2)   Quien cree que otras cosas puedan tener valor, o que exista algo así como un “valor no monetario” es un cojudo.

(3)   Las relaciones humanas, los sentimientos altruistas, el trabajo voluntario sin ánimo de lucro, la compasión, la generosidad, todo eso apesta.

(4)   Las puestas de sol también apestan.

(5)   El mercado es aquello que me ayuda a conseguir más dinero. Por tanto, estoy fervorosamente a favor del mercado. No hace falta nada más para hacer felices a la gente. Bueno, a mí. El resto de gente no importa.

(6)   La libertad es importante porque quiero hacer lo que me salga del níspero, sin importarme las consecuencias en la vida de otras personas. Es decir, lo que realmente me importa es MI libertad. La tuya, tengas o no tengas, bueno, digamos que no me quita el sueño.

(7)   Las personas, sobre todo las de clase baja, existen para ser explotadas.

(8)   La única ley que debe regir la sociedad es la Ley de la Selva.

(9)   Me encanta destruir el medio ambiente. Me da un no sé qué, como una especie de risa tonta, aniquilar especies para toda la eternidad.

(10) Hitler fue un gran tipo.

 
¿No es extraño que el “neoliberalismo” es la única filosofía política que no tiene ni un solo adepto confeso? Lo único que hay son “criptoneoliberales”, que se reúnen en capillas subterráneas para practicar sus misas negras y sacrificios, y se reconocen entre ellos por unos extraños apretones de manos que tienen. Pero lejos de mí insinuar que todo esto sea una simple creación de la paranoia. Seguramente sí existe, en algún lugar, alguien que crea en todo el decálogo. Lo que no me convence tanto es que esa persona tenga gran poder de convocatoria, así sea todo un dueño de Facebook. Yo, por si acaso, ni uno solo de los diez.

No sé lo que le pasa a Vallejo. Tal vez no le explicaron en la escuela que la economía era “la ciencia sombría”, por su costumbre de reducir todo a oferta y demanda, pero no me consta que ningún economista, de la tendencia que sea, haya afirmado alguna vez que únicamente es real aquello que él se autocondena a medir. Sería como el proctólogo que insiste en que un ser humano no es más que un ano con poder de locomoción. El Homo oeconomicus, ese personaje tristón que frecuenta los autobuses a Durán y que siempre se está preguntando cuánto le cuesta, cuánto le vale no me consta que nadie realmente crea en él. Es una necesaria simplificación para que salgan bien las ecuaciones. Pueden apreciar la dificultad en que se encuentran los economistas:

Imaginen que mi vecino se entera de que cada día voy al curro por la Perimetral pasando al lado del Fortín. Él trabaja de albañil ahí cerca. No  tiene carro. Me dice: “¿Me podría llevar cada día ahí, a cambio de dos dólares diarias?” Si soy el Homo oeconomicus, antes de contestarle hago un estudio de mercado para averiguar en cúanto se cotiza actualmente el taxi-amistad por kilómetro, y la próxima vez que le veo le digo: serán $3.57. Te lo rebajo a $3.50. Como no soy él, me quedo pensando un momento. Puedo decir sí, y entonces se realiza una (trompetas) transacción monetaria, algo que le hace feliz a los economistas, porque lo pueden cuantificar. Transporte a cambio de dinero: perfecto. El mercado en acción. A mi modesta manera, acabo de ayudar a determinar el Precio del Transporte. También puedo decir: olvídate de los dos dólares, está por mi camino, claro que te llevaré. ¿Por qué haría algo así? Tal vez porque aprecio su compañía, o porque tal acción me da la sensación de pertenecer a una Comunidad de Vecinos que se Ayudan Mutuamente, algo que entiendo que nuestro Vallejo valora aunque no sé si tales cosas forman parte del Sumak Kawsay, eso me lo tendría que decir él. En fin. Ahora, más que discutible que se pueda seguir hablando del Mercado en Acción, porque no ha habido propiamente intercambio de bienes, a menos que un nice warm feeling sea un bien (o que yo secretamente esté pensando en pedirle que me ayude a remodelar mi cocina). Si lo es, adiós ecuaciones, pues los nice warm feelings tienen ciertas características que impiden su cuantificación y cotización. Además, no es para nada evidente que al conseguir mi nice warm feeling, se lo haya quitado a él, o si el tal feeling realmente haya cambiado de dueño. Tal vez sea un bien público. A mí me tiene sin cuidado eso.

Para el economista, si no le exijo los dos dólares desaparezco del mapa. Así de simple. Pero no creo que él insista, aunque sea el mismísimo Adam Smith, en que lo que acabo de contar sea contra natura, ni que yo sea un cojudo por llevar a alguien sin cobrarle. Simplemente, tanto yo como mi vecino nos hemos vuelto irrelevantes frente al PIB. Eso es todo.

La conclusión de lo que acabo de contar es algo que siempre me ha parecido obvio y que, sin embargo, deja malparado no solamente a Ricardo sino también a Marx: el valor de un bien es a fin de cuentas subjetivo. Para algunos, el viaje al Fortín valdrá dos dólares. Para otros, valdrá un nice warm feeling. Eso depende de cada cual, según su personalidad y sus prioridades y la colección de CDs que lleve en su vehículo.

¿Será por esto mismo que prefiero la escuela austríaca, o será porque las ecuaciones con letras griegas en mayúscula me dan repelús? Su Majestad escoja.

En fin. La falsa disyuntiva acá debe de haber quedado clara: o bien El Mercado, y nada más, en el sentido más excluyente, las relaciones humanas reducidas a precios monetarios, alienación, nada de comunidades ni de vínculos familiares ni afectivos, soledad, un auténtico infierno sobre la tierra; o bien… bueno, ¿cuál es la alternativa?

Hemos visto que la “República de los cinco pasos” de Vallejo, contrariamente a lo que él insinúa, no es un experimento a lo Robinson Crusoe: no excluye para nada “lo social”, la pertenencia a una comunidad, etcétera, y no hay nada en los mencionados anuncios que sugiera siquiera tal exclusión, y la escuela económica que preconiza esa pesadilla “robinsoniana” en realidad nunca existió, salvo como recurso retórico tabloide. ¿Qué es lo que le saca de quicio, entonces? Una sola cosa: la libertad. La única diferencia entre esa sociedad “individualista” de que él abjura, y ese Sumak Kawsay colectivista que añora, estriba en ese insignificante detalle: que el individualista razona su ética personal, su “no dejarás cacas de perro sin recoger”, y en cuanto a “lo social”, la familia, las comunidades, la tribu… pues también decide, ejerce su propia libertad, aplica sus propios criterios. Quiero formar parte de esta comunidad, de esa otra no. Mi decisión al respecto es mía, no tengo por qué justificarla ante nadie. En cambio, para el colectivista, es tan importante conseguir esa sociedad soñada (simétrica, ordenada, sumisa, ancestral, ecológica, feliz a su manera) que termina siendo inadmisible la libertad personal, por su potencial de provocar a cada paso el desorden. Con lo que no nos queda más remedio: tenemos que denunciar la libertad como sinónimo de egoísmo, a pesar de que en la gran mayoría de personas se manifiesta justamente en lo contrario. Que no se le ocurra a nadie ser bueno por ímpetu propio: eso sí sería contra natura. Las personas (aparte de nosotros) son malas, y la única manera de conseguir que no lo sean en apariencia es a través de una constitución, un eslogan, un líder salvador de la Patria, una élite de iluminados, y un ejército de uniformados con pistola. Ésa es la única manera de conseguir que la gente recoja las cacas de sus perros. Todo lo demás ya se ha probado, amigo. No Hay Alternativa.


Wednesday, May 14, 2014

Embrutecimiento

Algo se muere en el alma, a veces, cuando una palabra se va. Mejor dicho: la lista de las palabras que se han vuelto obsoletas en un idioma es también la necrológica de los conceptos asociados, y en algunos casos, con los conceptos se extingue también un modo de ver, una civilización.

 Ejemplo (y en contestación a una pregunta ocasional de mis estudiantes): no sé exactamente cuántos siglos tendríamos que retroceder en el tiempo para que palabras como “cuckold” tuvieran actualidad en inglés. Dos, mínimo. Los americanos, y quién sabe si los australianos, se aferran todavía a “to cheat on sb”. Con esto ya nos estamos alejando de la cultura latina, que al igual que la isabelina de Shakespeare, consideraba que el marido engañado era víctima de una horrible deformidad, el de los cuernos o cachos, visible para todos y fuente de inexplicables dolores de cabeza: el estadounidense, ahora, prefiere verlo como un mal jugador de cartas, que no ve cómo le están trocando sota de bastos por rey de oros bajo la mano. En Inglaterra, ni eso. Hay quien se sirve del mencionado cheat, pero hallarás que siempre es la misma persona que también usa be likepor say, y otros americanismos todavía más feos, es decir que inconscientemente está intentando seguir el guion de Hollywood, con facticia indignación y todo, para quedar como en la película. En realidad, la gran mayoría de los ingleses (esto sospecho) no solamente reconocen lo impepinable, que la cuestión de con quién se acuesta tu mujer es asunto de ella, no tuyo, sino que tampoco les importa un comino, mientras haya futbol en la tele. Puede que sí haya algún inglesito tierno que llore largo y tendido sobre la almohada cuando sale el mensaje de texto “me voy con Cecil, tus medias están en el microondas, ciao”, pero por lo menos nos hemos civilizado al punto de reconocer que dichas lágrimas no son fenómeno social ni espectáculo público.

 Peor aguantan el peso de servir como insulto.

 En fin. Ya saben lo que pienso al respecto: los ecuatorianos, realmente, ya va siendo hora de que se autocivilicen un poco y dejen a un lado esa estupidez de los celos, que ridiculiza a todo el que toca. Pero con toda la incomodidad que corresponde, también tengo que reconocer que cuando perdí la capacidad de sentir celos, perdí algo más también. ¿Qué cosa? No lo sé, en realidad.

 Pero no quería hablar de eso.

 Entre las palabras que asedian mi mente, entre clase y clase, últimamente, figuran un par que pertenecen al mismo ático crepuscular de la obsolescencia conceptual. Me refiero a “embrutecimiento” y a “esfera”. La segunda será tema de otro post. La primera, de éste. Y eso por la sencilla razón de que voy por la página 257 (de 356) de 50 Shades of Grey. El por qué… bueno, dos cosas en realidad. Primero, estoy harto de no haber leído las pocas, poquísimas, recontrapoquísimas cosas que mis estudiantes sí han leído. (Esto empezó con esa cómosellama Stephanie Creoquemeyers. Ya saben, la de los vampiros cursis. No, me niego. Ni hablar. Tan bajo no caigo.) Segundo, porque me susurraron que ahí había nalgadas, y ése sí es un tema que me resulta interesante, por lo sensual y sonoro y rosadito. Así que hala, adelante. Me bajé el PDF.

La palabra “embrutecimiento” no sale en el libro. Es lo que se me ocurrió pensar cuando iba por la página 30, más o menos. Fue así: la primera página fue un gozo. Nunca en mi vida había visto una primera página tan deliciosamente mal escrita. Lees unas cuantas frases y piensas: ¿en serio? ¿Se puede escribir con tamaña torpeza y todavía ser publicado? Qué digo: ¿y todavía vender? Si no has leído el libro, te aseguro que no es para menos. Es francamente asombrosa la incompetencia linguïstica y léxica de la autora: uno se pregunta qué pasó con esa antaño noble profesión de editor, entre cuyas sagradas responsabilidades figuraba la de salvar al autor de las peores consecuencias de su propia ignorancia. Supongo que el tema se ha tratado detalladamente en otros lugares, así que no me voy a detener en esto, en los alientos que hacen autostop, en el supuesto personaje latino que dice “cariña” por “cariño”, en ese irritante personaje “my subconscious” (aparentemente la autora cree que esta última palabra es un sustantivo), etcétera. La cuestión es que, ya digo, andaba por la 30 y me di cuenta de una cosa terrible: ya me estaba acostumbrando.  

No quiero decir que me entretenía. El libro es un poco menos aburrido que la liturgia de la misa tridentina en versión larga y latina, pero juega en la misma liga. Lo que quiero decir es que simplemente, me acostumbré al estilo, a esa descerebrada repetición de tantos Oh myy Holy Cow (C.: et cum spiritu tuo) y demás sandeces, a esa pobreza de recursos que obliga a la autora a echar mano de las pretendidas muecas cómicas de “mi subconsciente” en prácticamente cada página, acompañada a partir de cierto momento de “mi diosa interior”, convirtiendo cada ocurrencia en cansina y machacona muletilla, para poder llegar al tanto de páginas propuesto, que mejor hubieran sido 56 y no 356. Y eso a su vez me hizo pensar, a mi manera habitualmente vaga y brumosa: ¿no es así con todo? (Últimamente me estoy aficionando demasiado a los “¿no es así con todo?”. Desconfíen de mí mientras dure.) ¿No será que uno se acostumbra con demasiada facilidad a la pobreza, a la carencia, a lo sucedáneo, a la superchería, en cualquier compartimento de su vida? ¿Hasta el punto que acepta como normal lo que hace unos minutos era escandaloso? ¿Qué me pasa, que me he vuelto tan condenadamente adaptivo?

 Los pensamientos al respecto brotan, se siguen, se chocan.

En realidad no creo que sea tan fácil escribir un best seller como ése. Creo que la reacción natural de toda persona educada al leerlo es pensar: yo podría haber escrito algo así, esto mismo, pero con mucho mejor estilo. ¿Por qué no lo hago? Estoy harto de no tener plata. Así que: a cortejar el público semianalfabeta se ha dicho. Creo que se equivocan. Si escribes 50 Sombras de Grey“con mucho mejor estilo”, el público, ese público que convirtió a la autora en millonaria, no lo tragaría. La torpeza no es ningún talón de Aquiles: es la principal y primaria virtud del libro (virtud, digo, en términos comerciales). Si corriges todos los gazapos y pules el estilo y presentas una historia ya medianamente inteligente, con personajes creíbles y un argumento apasionante, ya no te lo compran. ¿Por qué no? Porque entre semianalfabetas hay una especie de código secreto masónico a nivel de idiolecto. Se reconocen entre ellos. Y no aceptan intrusos. Para vender a ese público tendrías que ingerir grandes cantidades de plomo, y después atar una cuerda alrededor del cuello e impedir que tu cerebro se oxigene durante minuto y medio. Ni así. Tendrías que hacer otra cosa también: embrutecerte.

Uno cae en cuenta más o menos por la mitad del libro. Ese “subconscious” tan trillado, tan abusado por parte de la narradora (y que no tiene nada de subconsciente, por supuesto), es en efecto una representación mental de “la sociedad”, así en singular, la única que ella conoce: la de la prudencia cínica y mercenaria, la del qu’en-dira-t-on, de la idée reçue, la que impone no sólo modismos (supongo que en Word, fue tarea sencilla reemplazar todos los OMG por Oh my! antes de mandar a imprimir: ya, que nadie diga que mi personaje es cursi) sino también maneras de pensar y de (no) sentir, asombros, incoherencias, vacas sagradas, hasta metas vitales. Porque, querido lector, usted no sé pero yo empiezo a sentir cierto deja vu con esto. Lo único que le falta a esta Pamela de nuestros días es su correspondiente Shamela, y eso porque ya no tenemos los Fieldings de antes. Si la heroína no se casa al final de la trilogía(Dios mío) con Mr B. entonces que la autora acepte mis más humildes disculpas, me equivoqué. Pero no lo creo. Ya veremos.

A pesar del fino olfato comercial con que se aborda un tema supuestamente tabú (en el mainstream) como el BDSM, la historia no rompe ningún molde, ni arriesga nada, ni demuestra siquiera una mínima comprensión del asunto (para hacerlo, tendría que haber dotado a la narradora de un cerebro, entre otras cosas). Si lo hiciera, creo que no hubiera suscitado la ira de Rushdie: él sí conoce de riesgos. En lugar de eso, pues ya digo: un simbolismo elemental de luz y oscuridad, donde luz=matrimonio aventajado, aka “mi subconsciente”, aka un futuro feliz de “rolling your eyes”, y oscuridad=bueno, ya saben, la esposa loca encerrada a la que hay que quemar primero. Aun así y con todo, hubiera podido ser algo, si no fuera por la espectacular incompetencia de la autora, a quien hasta se le ocurre describir una rabieta de lloriqueo solitario como una “noche oscura del alma”, y queda con esa sonrisa en la boca, demasiado autocomplaciente para ser irónica, que no deja de asombrar al incauto lector. Ni siquiera se le ocurre que el lector tenga derecho a unos personajes que aprueben el Turing Test. La propia narradora es un simple algoritmo:
 
He knocks on the door.
Christian Grey is knocking on his own door!
Oh my!
I open the door.
My subconscious puts the cupcakes in the oven, treads on a cockroach, and tunes in to Oprah.
"Can I come in?"
Christian Grey is asking to come in!
Holy crap!
My breath hitches a lift to Newport Pagnell Services, WA, in a red Audi, with electric windows.
"Yes, please come in."
My inner goddess sneezes. Holy shit!
"Here's a diamond necklace."
"I can't accept that." Yes I can. Gimme.
"Now I am going to spank you."
From my upside down position, I notice that all the walls are white, and that his bedside table, made of the finest Swedish mahogany, matches the sideboard. Holy cow!  I shatter into a million pieces.
"I like you."
Christian Grey is saying he likes me! My inner goddess burps, takes another swig of Southern Comfort, and glares at me. Holy shit!
 
 
¿Ven? Hasta yo puedo hacerlo.
 
Pero tampoco quería hablar de eso. Al menos, no creo. El chicklit tampoco da tanto de sí.

Pero ¿no es así con todo?

Me siento como en un velatorio: de mi propia lengua, entre otras cosas.

Y prohibido lamentar el crepúsculo de la civilización, porque para eso tenemos a Vargas Llosa.

No sé, estoy triste.

 

 

Monday, May 5, 2014

Sunday, May 4, 2014

Pobre Oswaldo

Cuando vivía en aquella casa, frente a la iglesia evangélica, recuerdo que entre las canciones con las que nos torturaron a altas horas de la noche (batería y guitarra eléctrica incluidas) figuraba ésta:

Eres todo. Poderoso.
Eres grande y majestuoso-o-o
Eres fuerte, invencible.
 ¡No hay nadie como tú!


No sé por qué, me imagino a Oswaldo cantando esto mientras baila alrededor del Presidente, personaje que, por su parte, cualquier cinéfilo ubicará sin dificultad sentado en posición de lotos encima de un buzón de correo inglés de color rojo. Vestido de policía de tráfico, para mayores precisiones. ¿Estamos?

No sé. La gente servil, aduladora, a veces hace reír, pero el caso de Oswaldo da tristeza. Debe ser triste, a esa edad, tener que resumirse calvamente como "ex docente universitario" (puedo identificarme, voy por el mismo camino); más triste todavía tener que escribir para un diario que lo único que acepta son loas a Su Majestad y a su Revolución. Quiero ser comprensivo: a cualquiera que tenga familia que alimentar, o nietos que llevar al zoológico, le puede pasar. Tal vez dentro de unos cinco años, si sobrevivo tanto, me encontraré, yo también, escribiendo para el Telégrafo suntuosos panegíricos de SM la Muy Excelsa Presidenta de la República Betty Carrillo (quizá debería ponerme a practicar). Puedo solidarizarme. No es nada personal.

Pero quiero discrepar con su argumento. Desempaquetemos:

...en un mundo civilizado la autoridad se ejerce dentro de un orden jurídico para evitar el desacato y abuso con el grato fin de garantizar la paz y el trabajo productivo...

Lo que Oswaldo tal vez ignora es que esta sentencia podría haberla dicho Pinochet, Videla o Trujillo, como justificante para la tortura y la eliminación de opositores: es más, estoy seguro de que todos ellos usaron palabras muy pero muy parecidas. Cualquier inhumanidad puede justificarse con eso de "garantizar la paz" "dentro de un orden jurídico": en un mundo civilizado, esperamos más que eso. Necesitamos que la autoridad se ejerza con ciertas garantías, entre ellas la presunción de inocencia, el debido proceso, el estado de derecho, y la independencia de las funciones del estado. Como notoriamente no hay nada de esto en el Ecuador actual, estamos obligados a concluir que no formamos parte, por el momento, de ningún mundo civilizado. Con lo cual, el resto es paja. Ésa es la cruda realidad.

Pero lo realmente preocupante del caso es que, para Oswaldo, lo que viene primero es "evitar el desacato", luego se le ocurre "y el abuso", y solamente tras algo de reflexión decide rematar con eso del trabajo productivo. Es decir: la autoridad se "acata" porque sí (textual: "la autoridad se ejerce... para evitar el desacato", lo que equivale a decir "te doy órdenes con en fin de que no desobedezcas mis órdenes"...¡?), y solamente en caso de extrema necesidad se busca justificar con buenas palabras el capricho del Todopoderoso Grande y Majestuoso-o-o. Repito: creo que estamos ante la radiografía de una mente servil en grado extremo. Basándome en algo tan discutible como el análisis lingüístico de una frase algo confusa y mal construida, es la impresión que tengo. Puedo equivocarme.

En todo caso, para que esto no sea un simple intercambio de insultos o nice derangement of epitaphs, que diría Mrs Malaprop, reconozcamos que tanto "sobrado" como "servil" son apreciaciones subjetivas, innecesariamente atrabiliosas, y muy poco científicas. Creo que lo mejor aquí sería hacer constar lo que dicen los psicólogos (y si hay alguno del gremio por acá, corrígeme si hace falta, me harías un favor). Lo sano y recomendable en cualquier ser humano es quererse, pues sólo queriéndose se puede aspirar a querer a los demás. Eso ya lo dice la Biblia. Y Erich Fromm acota:

Mientras la fe irracional se fundamenta en la sumisión a un poder que uno siente como acaparador, omnisciente y omnipotente, y en la abdicación del poder y de la fuerza propios, la fe racional se basa en la experiencia opuesta. Tenemos fe en determinada creencia porque es el resultado de nuestra propia observación y pensamiento. Tenemos fe en el potencial de los demás, de nosotros mismos, de la humanidad en la medida precisa en que hemos experimentado el crecimiento de nuestras propias potencialidades, la realidad del crecimiento personal, la fuerza de nuestro poder de razonar y de amar. La base de la fe racional es la creatividad: vivir de acuerdo a nuestra fe significa vivir creativamente. De lo que se deduce que creer en el poder (en el sentido de dominación) y en el uso del poder, es contrario a esta fe. Creer en el poder que existe supone dejar de creer en el crecimiento del potencial que todavía no se ha realizado. Es una predicción del futuro que se basa únicamente en el presente manifiesto; pero resulta ser un grave error, y profundamente irracional en su menosprecio del potencial humano y del crecimiento humano. Poder y fe son incompatibles. Con el poder, sólo existe la sumisión, o por parte de los poderosos, el deseo de seguir ejerciéndolo. Mientras para muchas personas el poder parece ser lo más real, la historia del hombre ha demostrado que de todos los logros humanos es el más inestable. Y el hecho de que fe y poder son mutuamente excluyentes, toda religión y sistema político construido en sus inicios sobre la fe racional se corrompe y finalmente pierde toda la fuerza que tenía, si depende del poder o si se alía con él. (The Art of Loving, p.140, traducción mía, afroamericanita mía, cursiva ya no)

Ante los evidentes signos de alergia (estornudos, repentinos accesos de tos, partos prematuros, eyaculaciones precoces, etc) por parte de mis lectores ateos, debo aclarar que cuando habla de "fe racional", no se trata de fe religiosa, sino de aquella fe que se supone todo educador debe conocer: la que te dice que este estudiante relajoso y desmotivado encierra el potencial para salir primero del curso, si solamente se encuentra la manera de hacerle ver de lo que él mismo es capaz. Por lo mismo, resulta preocupante y (de nuevo la palabra) triste, ver en un "ex docente universitario" esa obsesión (expresada de forma repetida) con la "sociedad organizada", el "acato" a las "disposiciones vigentes", y el omnipresente peligro del "caos":

Hoy,  todavía sobreviven algunos intrusos, que a nombre de la libertad de expresión se atreven a vociferar contra el régimen del Buen Vivir.

Es decir, si no estás de acuerdo con una absurda entelequia propugnada por un gobierno cínico y autoritario, no eres siquiera un ciudadano de pro, sino "un intruso". Vaya. ¿No cree usted lo que le estoy contando? ¡Intruso! ¡Salga inmediatamente de mi clase!

Si fuera por mí, la palabra "fe" ni siquiera saldría en el pasaje citado. No creo que sea necesaria. El argumento es bien sencillo: el poder, en la práctica, se expresa mediante la coacción: imposiciones y prohibiciones. En algunos casos, podemos estar seguros de que una imposición o prohibición siempre tendrá un efecto positivo, desde cualquier ética mínimamente coherente: ejemplo, no matarás (con la salvedad de defensa propia debidamente fundamentada). En otros casos, sin embargo, es obvio que quien busca imponer o prohibir lo hace con el fin de conservar aquel status quo que le permite seguir ejerciendo el mismo poder, que ya se ha transformado en un fin en sí mismo. Ejemplo: la absurda prohibición de vender alcohol los domingos, cuya única finalidad parece ser la de evitar que los resúmenes televisadas de la Insultadera Sabatina del Presi tengan que competir con ocupaciones más placenteras por parte de la ciudadanía. Pues bien: cuando se multiplican las coacciones, también se multiplican las pérdidas de oportunidades, y se multiplican mucho más allá de lo que podemos razonablemente prever. Sabemos qué es lo que se prohíbe; no sabemos qué hubiera pasado caso de no existir esa prohibición. Todo músico ecuatoriano supongo que ya estará familiarizado con la siguiente escena, cuya frecuencia supongo que se debe a la marcada y notoria right-brainedness de los músicos y las consecuentes tendencias olvidadizas:

1er Beatle Ecuatoriano: Tenemos el estudio hasta las 12.00. Vamos, a ensayar.
2do Beatle Ecuatoriano: ¿Tienes la hierba?
1er Beatle Ecuatoriano: Claro. Toma. Quico, ¿qué pasa con la cerveza?
3er Beatle Ecuatoriano: Me olvidé.
2do Beatle Ecuatoriano: Bueno, hay una licorera al lado. Voy a comprar.
4to Beatle Ecuatoriano: Espera. Es domingo. Estamos en Ecuador.
1er, 2do, 3er y 4to Beatles Ecuatorianos (al unisono): ¡Mierda!

No hace falta insistir. Si hay músicos entre mis lectores, sabrán que para que de esa sesión salga algo así como el Strawberry Fields del s.XXI, el alcohol es requisito sine qua non. En su ausencia, es más probable que la próxima canción sea algo así como:

1er, 2do, 3er y 4to Beatles Ecuatorianos (al unisono, delante de un retrato del Presi):
Eres todopoderoso.
Eres grande y majestuoso-o-o
Eres fuerte, invencible.
¡No hay nadie como túuuu!


Enmarcado en ¡Pan de Oro! (o similar)
Sin contaminaci-one-e-es
visuales, te adoro,
Mi Brujito de Gulubú.

Lo que supongo es el punto del ejercicio. Sin embargo, a mí me apena que por falta de un simple líquido amarillo se marchite, antes de florecer, el talento de quien pudiera haber sido el Polma Carne latinoamericano del futuro:

Su Majestad es una chica bastante simpática
pero no tiene muchos temas de conversación;
Su Majestad es una chica bastante simpática
pero cambia de un día para otro.
Quisiera decirle que la quiero mucho
Pero primero tengo que llenarme la barriga de vino.
Su Majestad es una chica bastante simpática
Algún día la haré mía, oh sí, algún día la haré mía.  (Abbey Road)

¿Ven? En un mundo civilizado, se puede hasta proponer seducir a la Reina en una canción, y compararla desfavorablemente con cierta cantidad de vino, y no pasa absolutamente nada, ni mucho menos sobreviene "el caos".

Tal vez hace falta sentido de humor.

Ayer tuve un percance en el parqueo de Riocentro. Voy por la tercera fila. Por delante, un carro parado, con luces de parqueo. Habrá encontrado su espacio. Nada, le rebaso y sigo buscando. Al rebasar, veo delante de él, en el mismo carril derecho, dos carros más, y lo que es peor, hay otro frente a mí en el carril izquierdo. Mierda. ¿Tendré tiempo para dar marcha atrás, antes de que otro me venga pisando los talones y haya gridlock? De repente veo un espacio a la izquierda sin ocupar. Qué bien. Me meto en ese espacio con una maniobra inexperta. Más o menos, hará falta dar marcha atrás un poquito nomás, maniobrar, no vayamos a rayar al de al lado. Alguien está pitando. Ajá. Resulta que él también codiciaba ese espacio. Lo siento, amigo, estamos en Ecuador. Hay gritos. "Que se baje del carro para pelear". Mi esposa ya saltó del carro. "¿Qué pasa?" "¡Está en mi lugar de parqueo!" "Qué, ¿usted lo habrá comprado acaso?" "Usted es una chola. Que baje ese hombre." Mientras, termino de meter el carro más o menos en el espacio, pero con las prisas no puedo apenas abrir la puerta. Con bastante dificultad (mi cintura ya no es la que era) consigo salir por la puerta del conductor, dispuesto a (si hace falta) liarme a golpes con el joven encolerizado, que resulta que conduce uno de esos 4x4 enormes y tragones. Qué ridiculez... y cuánto me costará reemplazar estos lentes, que supongo será lo primero que se rompe, antes de estos pocos dientes que me quedan. Mierda, lo que faltaba. Por fortuna, cuando por fin consigo salir a enfrentarme con el tipo, la mamá de él ya lo tiene cogido del brazo. Él se retira gruñendo. (Es una de las pocas, poquísimas, ventajas de medir 1m90: la gente, por lo general, se retira gruñendo.) Minutos después, mi hijastra comenta: "la gente rica siempre es así. Se creen dueños de todo".

¿Será?

No sé. Creo que quien se rige por tales pautas de comportamiento no se puede considerar "rico" de ninguna de las maneras. Me refiero a la creencia de que lo único que sirve para moderar los comportamientos humanos es la fuerza, los gritos, los insultos, los golpes, las amenazas, las prohibiciones (jargon alert: motivación extrínsica). Ahí yo veo bastante pobreza. Y por eso viene el título de esta entrada. No sé, en realidad, quién de los dos, yo o el joven 4x4, le merecerá a Oswaldo el título de "sobrado": yo por haber cogido un espacio de parqueo en un lugar público al azar sin haber preguntado previamente a todos los presentes si a ellos les interesaba, o él por haber creído que ese lugar le pertenecía por divino derecho. En fin, el curso de ANETA no abarca los protocolos de parqueo. Yo, por lo general, si ya veo que alguien espera meterse no me meto: por otra parte, a mí se me han adelantado con encomiable astucia decenas de veces (generalmente los Spark, son endiabladamente maniobrables) y no lo considero situación merecedora de gritos y mamporros, máxime dos monosílabas pronunciadas entre dientes: yo lo llamo dignidad. Pero la cuestión para mí es simple: existe un truco mucho más eficaz, que se llama comportamiento civilizado.

"Disculpe usted, señor, señora, seguramente no me vio, pero como ve, yo estaba esperando ocupar ese lugar de parqueo."

Me dicen eso y me salgo. No tengo armas contra la educación. Creo que nadie las tiene. (Para estudiantes de Empresariales, esto se llama "solución win-win": tú ganas el espacio de parqueo, yo gano la intensa satisfacción de haber demostrado públicamente mi urbanidad y savoir-faire. Si quieres probarlo tú, no se te olvide el detalle "señor, señora". Ningún hombre quiere mostrarse inferior en educación delante de su propia esposa. Es infalible.)

Cuando el país descubra este simple y demoledor hecho psicológico, será la auténtica revolución.

Aclarando: Oswaldo quiere enseñanza para la práctica de valores, el respeto a las leyes y a sus semejantes. Es lo que dice. Pero de enseñanza a educación hay un trecho. La enseñanza basta (supuestamente) para saber qué cosas debes evitar para conservar tus dientes o para no terminar en la cárcel. Es bastante fácil, y olvídate de la pizarra: sólo hace falta un palo y una zanahoria. Al final, tienes una sociedad donde los trenes son puntuales, las mujeres se tapan decentemente la cabeza y los aplausos durante el Five Minute Hate semanal resuenan a lo largo y ancho del país. Quien se sirve de este tipo de enseñanza para construir una sociedad demuestra la creencia de que somos todos burros (él no, por supuesto). La educación, en cambio, se basa en esa fe de que habla Fromm: de que (casi) todo ser humano es capaz de ver el incalculable beneficio personal y social que le aportará el comportamiento civilizado, y de interiorizar este conocimiento, convirtiéndolo en motivación intrínseca. A partir de ahí, cada persona persigue sus propios intereses, de manera individualista, sin que esa persecución resulte nociva para la sociedad, pues los intereses de una persona educada, ilustrada, no suelen ser lesivos para nadie. Imagine, Oswaldo: una sociedad sin miedo pero a la vez sin "caos". ¿Cree que eso es imposible? En tal caso, celebro que sea ex docente.

Aclarando más: la cuestión es quererse (cosa que, desde mi punto de vista, es incompatible con escribir para El Telégrafo, pero de nuevo, puedo equivocarme). Todo se entiende mejor desde la autoestima.

Ahora bien. Allí donde este sano reforzamiento de autoestima llega a convertirse en problema, es decir en egoísmo destructor, los psicólogos le dan un nombre, el de trastorno narcisista, donde trastorno significa simplemente "un comportamiento que da problemas de manera continua", y narcisista, que recuerda a un joven mítico que se enamora de su propia imagen. El narcisista se reconoce por la fragilidad de su ego, por su constante necesidad de adulación, y por la grandiosidad de su autoimagen: habitualmente se cree salvador, redentor, experto polifacético, premio Nobel en potencia, y cuando se le contradice en algo de eso, se pone furioso. Excusado decir que su hábitat natural es la política, ese mágico mundo donde se puede conjugar el sueño grandioso y el aplauso continuo con los comportamientos más vistosamente antisociales, de modo más o menos estable. Ahora bien: el narcisista necesita su "supply", el salvador de la Patria, sus seguidores y sus kamikaze y su Telégrafo: ahí, se me hace que los psicólogos no son tan taxativos. No existe (de momento, y siempre según el DSM) ningún "trastorno de personalidad servil", y habría que bucear entre masoquismo, codependencia, Trastorno de Personalidad Dependiente, y otros candidatos para intentar entender que en el mundo en que vivimos, para cada Correa siempre hay un ejército de Oswaldos, dispuestos a justificar y defender lo indefendible. Me refiero, concretamente, a esto:

Otro sobrado sentenciado por injuriar al presidente de la República, Rafael Correa, se burla de la justicia e insiste en la ofensa, pero al final huye y se refugia en la selva.

Perdón, pero en "un mundo civilizado", quien se burla de la justicia es quien emite una sentencia como ésta: $140.000 y año y medio de cárcel simplemente por suponer en voz alta que el jefe supremo de las Fuerzas Armadas dio una orden que sabemos que tuvo que darse y que, en un mundo civilizado y Constitución en mano, sólo le competería a él y a nadie más.

Una tomadura de pelo, en fin. Y el mismo Oswaldo nos revela que él sabe, en su interior, que de eso se trata. Lo demuestra con su afán retórico de intentar equiparar al ex asambleísta Jiménez con uno de esos conductores que atropellan a un peatón y se largan, o con uno de esos insoportables gritones que de vez en cuando le amargan el día a los funcionarios públicos. Quiere a toda costa hacernos ver que el Jiménez es el "sobrado", el "irresponsable" y el "cobarde", precisamente ante el evidente peligro de que, ante los hechos públicos y notorios, lleguemos a la conclusión equivocada, y le colgamos a otro actor involucrado tales epítetos.

Conclusión. Ayer estaba pensando en voz alta sobre el auge de la derecha populista en Europa, y especulé que tal vez se debe a un deseo de pertenencia, esa suerte de "amor" corrompido de que también habla Fromm, el intentar trascenderse o aniquilarse asociándose con algo "más grande que uno", ese instinto suicida de que siempre se han aprovechado y han vivido los gurús y los levitas desde los albores de la humanidad. Ahora bien: vemos que todo populismo, de derecha o de izquierda, funciona así, pero si hay algo que le da alas es el miedo, el pesimismo, el creer que no podemos ser más ni servir para más, ese pesimismo que florece en tiempos de crisis y depresión, y que aconseja mano dura contra esa población de sucios, borregos, primitivos, sobrados que somos, al borde del caos como estamos, la pesadilla del todos contra todos. Es una manera perfectamente racional de procesar la realidad circundante, de acuerdo. Pero aceptarlo significa renunciar a tantas posibilidades, a tanto potencial... por cuestiones profesionales, me veo obligado a la alternativa, a la fe. Espero que a nadie le importe.

Saturday, May 3, 2014

O Mar

Por fin en YouTube. No sé por cuánto tiempo.


Pertenecer

Este mes tocan elecciones al parlamento europeo. Entre los partidos británicos con mayores esperanzas para estas elecciones, hay uno que reviste horribles colores, un nombre divertido (el acrónimo UKIP suena como "you kip", o sea, tú duermes: se aceptan bromas), y un líder que se parece alarmantemente a Mr Toad. Se me hace que cuando estas elecciones se produzcan, el día siguiente en la prensa mundial habrá crujir de dientes sobre los avances de la Extrema Derecha a nivel europeo. Por otro lado, quien dice esto no es un sesudo analista político, ni dispongo apenas de información de sondeos para avalar lo dicho. Es simplemente una corazonada. Aclarado esto, me da excusa para abordar unos cuantos temas relacionados.

Primero, declaración de intereses y posible sesgo. No soy de la extrema derecha (aunque en la imaginación de algún correísta o chavista, probablemente sí). La extrema derecha en el Reino hUnDido, así como en otros países, ocupa un terreno político muy definido y circunscrito. Les gustan las banderas; no les gusta la inmigración. En esto se muestran muy poco británicos, pues la mayoría de sus compatriotas, por tradición, sentimos cierta repulsión hacia esa bandera (por ser símbolo de un siniestro y vergonzoso pasado colonial, o tal vez simplemente por el mal gusto que demuestra en su diseño, que recuerda los hábitos indumentarios de la Reina) y en cambio celebramos la inmigración, única fuente de belleza femeninarecetas comestibles en esas malogradas islas. De hecho, a lo largo de la historia, hasta tiempos muy recientes, ha sido extremadamente difícil conseguir que alguien inmigre allí. Cuando el emperador Calígula llegó a vislumbrar, desde la costa de en frente, los blancos acantilados de Dover, le entró la tentación repentina de, en lugar de embarcar, ponerse a coleccionar conchas (los historiadores están en desacuerdo sobre qué tipo de conchas). Años después, los soldados romanos estacionados en el norte sólo pedían más y más calzoncillos (subligaria) y medias contra el frío y hablaban pestes de la población nativa (Britunculi, si bien recuerdo). Los Vikingos, aparentemente, trataban las aldeas costeñas de la isla como, digamos, una liquidación de Casa Tosi, y tuvieron la sensatez de (casi) siempre volver a casa después de una dura jornada de estupro y espolio. Felipe II envió una Armada Invencible, pero todos aquellos hombres decidieron unívocamente cambiar de rumbo y terminaron pasando un ameno día en la Disneylandia de Paris (bueno, más o menos). Incluso para conseguir reyes hubo a veces problemas. Algunos historiadores han descrito la Revolución Gloriosa como "un país que pide traer un rey como quien llama a pedir una pizza", pero el man se hizo de rogar: tanto, que los británicos tuvieron que aceptar lo nunca visto, un rey-y-reina a la vez (Williamanmary) como precio acordado para que el noble holandés sacrificara los coffee shops de Ámsterdam para ir a reinar sobre tan bárbara y apestosa población. Hasta en el 2006, más de la mitad de la población del R.hU. estaban haciendo sus planes de fuga, estilo Colditz. Y es que  para querer vivir en un lugar tan perdido de la mano de Dios (lluvia, nieblas, frío, vacas locas, David Cameron, the Daily Mail, realeza, mushy peas), hace falta, sin duda, una buena dosis de masoquismo.

O tal vez otra cosa. ¿Optimismo?

A eso suena el manifiesto electoral de UKIP, pues nos propone, si le entiendo bien al Farage, dos cosas: primero, que el R.hU., mediante referéndum, podrá salir ileso de la Unión Europea, y segundo, que un gobierno británico podrá, algún día, "defender la libertad individual". Lo segundo, excusado decir que es una meta inalcanzable y absurda (proponer un gobierno que "defienda la libertad" es como proponer un sofá que promueva el ejercicio; a quienes toca defender la libertad individual somos los individuos, concha). Lo primero, se me hace que quizás, aunque harto difícil: por eso, si yo fuera votante en esas elecciones daría mi voto (con ciertos remilgos) a ese partido. La Unión Europea puede que no sea el problema más grande que tiene Europa en este momento: pero es un obstáculo para la solución de cualquier problema, grande o pequeño, en cualquier lado del continente, y aparte, es una entidad autoritaria, burocrática, cuasi soviética, que ha abandonado por completo su principio fundacional de subsidiariedad, y amenaza con arrastrar al continente entero a una suerte de criptofascismo actualizado y tecnificado: bien merece un voto en contra, a pesar de todos los pesares. El Gran Abrevadero de Bruselas es como cualquier watering hole de las selvas africanas, con la diferencia de que en vez de encontrar animales darwinianamente sanos y fuertes, la fauna que allá se observa consiste grandemente en seres lisiados y grotescos; es como una convención de sietemesinos intelectuales (un poco como El Telégrafo, vamos), que vienen atraídos por el olor de burocracia y corrupción que rodea dicha ciudad como ese smog londinense a que Dickens dio el nombre de London Particular. Pues bien: en tiempos de vacas gordas, las ciudadanías pueden hacerle a tales extravagancias la correspondiente vista gorda: pero se me hace que, con la nueva moda de la austeridad ajena, a nivel continental existe un hartazgo palpable frente a una clase política cada vez más arrogante, moralizante y dispendiosa. ¿Qué cosa le reemplazará a la tambaleante partidocracia europea? ¿Qué monstruo se arrastra hacia Belén a fin de nacer? La respuesta, allá como acá, merece preocupación.

Ahora, y siguiendo con las confesiones: si no creo que UKIP (así como la Frente Nacional de Marine le Pen, y grupos similares) sea una formación tan, tan peligrosa, como algunos dicen, alegando la presencia de algún que otro chiflado racista entre sus candidatos, es porque desde mi punto de vista lo que se manifiesta como racismo tiene diferentes causas, que conviene distinguir. La palabra odio hoy en día ha sido (como tantas palabras) corrompida y trivializada por exceso de uso: sinceramente no creo que a cualquier ciudadano educado del mundo actual le resulte fácil odiar a los extranjeros, o a los judíos, o a los yanquis, o a los otramente coloreados (o, llegados a eso y a modo de reductio ad absurdum, a las mujeres: como dije en otro lado, la auténtica misoginia es notoriamente un fenómeno tan raro y exótico como la necrofilia, aunque el feminismo estadounidense pelea diariamente contra este hecho). No digo que no haya odiadores. Sí hay, y por desventura, seguramente se sentirán más en casa entre las filas de UKIP o el Front National que en otro sitio (desde luego, en Ecuador, si te pasas el día odiando a quienquiera se te ponga delante en la cola de la farmacia o en el parqueo de Riocentro, Alianza País será tu hogar). Lo que digo es que ese número relativamente pequeño de enfermos psíquicos no define a esas agrupaciones (bueno, a algunas sí, a las minúsculas, léase British Movement, Vlaams Blok, etcétera), aunque sí constituye un reclamo contra su discurso demasiadas veces irresponsable y demagógica. El éxito de formaciones populistas como el Front National no se debe a que el francés de a pie odie a los sucios inmigrantes: creo que se debe más bien a que esa persona hipotética y simplificada quiere pertenecer a algo.

He dicho confesión, pues aquí está: yo no pertenezco a nada. No me siento ni británico ni ecuatoriano, ni de ningún país. No he encontrado una ideología que me deje repantigarme y quitarme los zapatos. No tengo religión. No soy hincha de ningún equipo. Mi clase social es un absoluto misterio para mí: nací en el Lower Middle y desde entonces ha sido una sensación vertiginosa de free fall. Identificarse con una "raza" me ha parecido desde niño una postura tan cretina como identificarse con un signo astrológico. Por razones que merecerían varias onzas de Old Holborn para desgranar, y pese a ciertos atributos fisiológicos, tampoco me identifico, ya desde los 16 años (por lo menos) con el "género hombre", y tampoco, valga aclarar, con su opuesto. Ni siquiera estoy seguro de a qué brow pertenezco: mis gustos se congregan alrededor del middle, con abierta y patética envidia al high, y frecuentes y entusiastas excursiones en el low (se supone que la pornografía será lowbrow por definición). No vivo dentro de una comunidad, que yo sepa: mi carácter de moderado fóbico social ha impedido a lo largo de mi vida la práctica del social networking, con o sin tecnología. Tengo una familia, eso es todo. ¿Le pertenezco a esa familia? Sin duda, sí: pero sólo a través de las cadenas de la responsabilidad, la lealtad y el afecto. Lo que no hay es ese positive reinforcement, ese estímulo de serotonina, ese nice warm feeling, que se supone acompaña a la identificación con un colectivo. Eso siempre me ha faltado. ¿Se echa de menos? Sí, claro que sí. No ha sido algo escogido, sino la consecuencia inevitable (¿?) de las circunstancias y de mis genes. Eso creo.

Y lo digo en parte porque, si el tipo todavía me lee, espero el comentario anónimo puntual de siempre: soy un degenerado, un antipatriota, un hedonista, un etcétera, todo porque me resisto al arrastre de la xenofobia, o del islamofobia, o sea cual sea la fobia del mes. Puedes ahorrarte las palabras: sí, soy un etcétera, y si lees bien acabas de enterarte del por qué, y no, la cosa no está up for discussion. A estas alturas, que yo de repente "descubra" que sí pertenezco a algo, y que ese algo merece defenderse contra las hordas de Los Diferentes con bates de beisbol y cadenas de bicicleta, simplemente no es dable. Ha sido demasiado tiempo de soledad. Soy un caso perdido.

Mejor dicho, y más sinceramente: mis adhesiones son como hámsteres enjaulados. En algún momento dormitan, los saco, los acaricio, y los dejo donde estaban. Eso es todo.

Lo que no sé es si este hecho, llamémoslo ausencia de adhesiones tribales políticamente determinantes, invalida todo lo que puedo pensar en el terreno de la política, o si por el contrario, es una ventaja. Realmente, no lo sé. Lo único que sí sé es la postura al respecto que tendrá Anónimo. Tal vez tenga razón. Sinceramente, no lo sé.

En todo caso, y volviendo al tema: lo que ofrece Marine (no sé mucho sobre ella, aparte de que tanto su fisonomía como su entrada biográfica me sugieren una mujer bastante lúcida, voire inteligente, voire simpática: estoy especulando nomás, wishful thinking, hormonas, no se asusten) creo que es algo tan sencillo como ese nice warm feeling, que se propone alcanzar mediante la identificación con algo así como una "nación". O sea, exactamente lo mismo que ofrece acá Alianza País: una "patria soberana i (sic) altiva": populismo puro y chabacano. Ahora, como hedonista que soy, no tengo nada en contra de los nice warm feelings: creo que son como para cultivarse. Pero recelo de su relevancia en la política. Es más: creo que si estamos en la coyuntura triste (¿trágica?) de que un número importante de electores no encuentran ese sentimiento en otra cosa que no sea la demagogia de un político avispado, es para ponerse a llorar, largo y tendido. De ahí mi recelo con el UKIP. Quiero que la UE tenga una muerte fulminante y espectacular en plan Liga de Naciones (pero no por la misma causa), o por lo menos una agonía crepuscular en plan Naciones Unidas, y desde luego, reconozco la avasalladora simpatía del bueno de Farage: no quiero, en cambio, que los británicos se pongan patriotas, porque quien dice patriota dice fracasado, y no le deseo ese fracaso íntimo y personal a nadie. Un ser humano medianamente realizado siempre tendrá algo de que enorgullecerse sin tener que echar mano del accidente del lugar de nacimiento. ¿Quién nos ha transformado, colectivamente, en seres tan patéticos, tan náufragos, tan necesitados de comunidades y naciones para sentir que pertenecemos, y por tanto, que valemos? No lo sé. En parte creo que los mismos políticos, por conveniencia personal y gremial. En fin. La cuestión se escapa de este articulúnculo. Merece mayor seriedad de la que puede dar de sí esta taza de PG Tips de importación ilegal.

¿Soluciones? Creo que avanzaremos en algo a partir del reconocimiento de que "solución política" es, de por sí, oxímoron. Los políticos no ofrecen soluciones, sólo más problemas. Toda solución pasa ineluctablemente por el esfuerzo personal voluntario y no solicitado, en pos de un nice warm feeling más auténtico y duradero que cualquier cosa que ellos pueden ofrecer. Las soluciones se encuentran en el estudio, en el diálogo, en el conocimiento, en la ciencia. Nunca en la política. Seamos realistas. Intentemos prescindir de esa gente en la mayor medida posible, y no votemos nunca a quien se propone imprescindible. Eso es todo.

Pero yo sigo pensando. ¿A qué cosa pudiera haber pertenecido, de más joven, caso de haber encontrado el aliciente necesario? Creo que a prácticamente cualquier cosa, con tal de que no implicara mamporros, impuestos, fusilamientos, torturas, deportaciones y similar. Casi cualquier cosa. Soy patético. No me hagan demasiado caso. En el fondo, soy patético.