Sunday, July 13, 2014

Prepotencia

A veces vale la pena esperar. Últimamente no tengo tiempo ni para formar una frase mínimamente coherente. Quise comentar esto, pero ¿de dónde sacar el tiempo? Afortunadamente, no soy el único que todavía reacciona ante el absurdo, y ante la reescritura orwelliana del diccionario.

Monday, July 7, 2014

Me hago viejo

a marchas forzadas, debido a la enfermedad. Quisiera meditar sobre el asunto: ¿tendría derecho un moribundo a ausentarse días, siquiera horas, del trabajo para poder hacer frente dignamente a una muerte que se aproxima a velocidad de busetero ecuatoriano? Pero meditar es lo que no puedo, ahora, el tiempo no da, las responsabilidades se amontonan. Moriré dando clase, sin duda. Lo escalofriante es que en ellas ya ni siquiera puedo terminar, a veces, las frases.

La falta de oxígeno se hace notar por dondequiera. El pensamiento se encoge y se arruga. Ya no puedo escribir como antes. Ya no puedo tocar la guitarra como antes. Ya no puedo pensar como antes. Mis sueños se limitan prácticamente a angustiantes ensayos de accidentes automovilísticos, reflejando tal vez una de mis mayores preocupaciones, después de lo de la familia, de su vulnerabilidad. ¿Por qué hablo de todo esto aquí? Tal vez porque es el único sitio donde puedo hablar de ello, con la seguridad de que nadie escucha.

La falta de oxígeno borra los linderos entre sueño y vela.

Además, estuve hoy como medio minuto antes de poder recordar el nombre del autor de las novelas de Sherlock Holmes. Estoy más muerto que vivo, pero sigo trabajando.

Cuento, más que nunca, con los Alvarado para proporcionar ese toque de hilaridad, de surrealismo, que hace más sobrellevable el día. Hoy, me enteré de que si violas a alguien, y esa persona protesta, las tales protestas constituyen una muestra de "prepotencia". Tal como lo oyes. Si alguien te roba tu celular, y gritas tras él "ladrón", ése es un grito prepotente, y debes avergonzarte por ello. Si a un canal de televisión le secuestras su público, y le obligas, con pistola en mano, a emitir un programa que contradice sus principios (como si al Jewish Chronicle le obligas a publicar un anuncio de un grupo neonazi) y ese canal emite una rutinaria "protesta", está siendo igualmente prepotente. El ladrón, el secuestrador, el violador no son prepotentes en absoluto, sólo están cumpliendo. Sus víctimas sí, si protestan. Lo correcto es agradecer que te violen. Ya lo veo.

He pensado algo en el tema ése de la reelección indefinida. Al final tengo que ceder ante la abrumadora lógica de sus partidarios. Los períodos legislativos son una arbitrariedad. Traspasado ese umbral de la arbitrariedad, cualquier otra arbitrariedad ya no importa. Insistir en la aplicación de un artículo constitucional que limita la expresión de la voluntad de los votantes es antilibertario. Si quieren más Correa, pues tienen derecho a más Correa. Así es el sistema democrático. Escudarse tras preceptos constitucionales antidemocráticos es cobardía. Claro que sabemos cuál será la consecuencia: una dictadura de facto, mayor represión, más deuda, más miseria. Pero los elementales principios éticos dictan que no debes intentar ponerle trabas a la libertad ajena, aun bajo la fuerte sospecha de que esa libertad va a ser utilizada en la comisión de un delito, o que acarreará consecuencias catastróficas. Sólo tienes derecho a intervenir cuando la acción no puede sino llevar al delito: cuando las consecuencias de la acción sean absolutamente inevitables, cuando acción y consecuencias predecibles se vuelven una sola cosa. Si no, si te pones a "precautelar el futuro", te has vuelto igual que ellos.

Es por ello mismo que sigo contracorriente defendiendo la libre migración de las personas al país de su elección. Sé perfectamente que tal política llevaría, de ponerse en práctica, a la pronta aniquilación de la civilización. Esto no es, para mí, un resultado deseable. Pero como la cadena causa - consecuencia pasa necesariamente por la libre elección de otros individuos (los encargados de destruir la civilización) que en cualquier momento podrían decidir actuar de otra manera (aunque uno bien sabe que no lo harán) entonces intentar prohibirles una acción que en sí es inofensiva, basándose en supuestos sobre "sus creencias" y "lo que probablemente querrán hacer" a continuación, te convierte automáticamente en un lector de pensamientos ajenos, en un tirano, en un dictador, en una persona sin civilización o indigna de ella... en fin, en un auténtico prepotente. Eso es así: la propia lógica de la civilización lleva a su inevitable destrucción, la tolerancia no puede sino ser comadrona de la intolerancia. Es una de esas leyes de la física que preferiríamos que no existieran, pero existen, y hay que reconocerlo.