Thursday, August 28, 2014

Global Human Rapture


Jesus promised us a one-time chance to look up lots of girls' skirts... WITHOUT DYING!!!

The RAPTURE!!!

(etapa investigativa de videojuego de pronta aparición)

Wednesday, August 20, 2014

MAD. La química es una abuelita.

El video estuvo bien hecho, pero era predecible que lo del BRF (Bitchy Resting Face) se convertiría en otro de esos estúpidos memes que nos ha tocado aguantar, por el pecado de haber nacido al principio de la Era Memésica, y de tener, por lo mismo, dos pequeños cerebros, uno en la cabeza y otro en el bolsillo o en la mano y sintonizado al guatsap. Eso de que las mujeres sonríen demasiado (hay quien dice que "para complacer" pero yo creo que es más por ser felices, las cabronas) ya lo sabíamos. El meme sirve como comentario irónico sobre lo mismo, ¿o es simple pendejada? No importa. La cuestión es que tengo que encargarme del debut social de otro meme por el mismo estilo: se trata del MAD, o sea, del Misleadingly Angelical Demeanour, también, al igual que el BRF, dolencia exclusivamente femenina. Ahora veremos el qué.

Durante toda la vida adulta se han encaprichado de mí algunas mujeres insensatas, a razón de una cada diez años aproximadamente. Siempre es la misma historia. Primero me doy cuenta de que ella me muestra algo así como una exagerada deferencia, una atención inusitada e inexplicable. Se para demasiado cerca de mí. A veces me toca el antebrazo en son de puntuación, más o menos por donde tienen que ir los semicolons. Habla en un tono husky. No aletea las pestañas, pero deja entrever lo que sería un aleteo de pestañas el día que ella se decidiera a hacerlo. Como un prealeteo. Pasa todo esto, hasta que poco a poco se forma en mi mente consciente la idea "¿Será que yo le gusto?" Una vez formada, la idea se desecha con rapidez. A fin de cuentas vengo de una cultura y una generación para las que el peor pecado es la presunción. Pero de vez en cuando reaparece la pregunta, con cierta insistencia, para ser rechazada nuevamente. Esta situación se extiende en el tiempo, entre tres meses y un año. Al final ella se harta y me coge la mano. Generalmente hay cerveza cerca.

A continuación, una relación. Si, una vez he sido joven, inexperto e inocente. Niñ@s, escuchen bien. Si alguien alguna vez te ofrece una relación, huye. Ponte a correr y no dejes de correr hasta que seas un punto en el horizonte. Te hablo muy en serio. Lo peor que hay en el mundo son las relaciones. No te dejes atrapar. Vive, en lugar de ello, la vida. Para la muerte, llámese domesticidad o de algún otro nombre, siempre hay tiempo más adelante.

En fin. Si siempre me ha costado creer en esas posibilidades que se insinúan con tanta insistencia en mi mente, no es únicamente por el odio que le tengo a la presunción y a la arrogancia; ni siquiera se explica enteramente por el hecho de que no presento siquiera una sola de las cualidades de un príncipe azul (soy desde joven aburrido, feo, mal vestido y casi siempre chiro. Últimamente también soy gordo, enfermo y viejo. ¿Quieres más? Si lo que se busca es un tigre en el catre, allá soy más bien un delfín herido a muerte). No es solamente por todo esto. Es por algo más. Y ese algo más se llama Misleadingly Angelical Demeanour. Ahora sí llegamos.

Si eres hombre, sabrás lo que son las false positives: esas mujeres que parece que sí y luego resulta que no. Y el hecho impepinable es que son mucho más numerosas que las primeras, las insensatas, las que hasta de un corcho de botella de champán sacarían, de algún modo, una relación (con tal de que haya cerveza cerca). Ahora, aquí hay que precisar un poco. No se trata de intentar resucitar neandertalidades como aquello de que una falda corta o un escote equivale a un sí a todo y a todos. Uno aprende rapidito, antes incluso de llegar a la pubertad, de que las faldas y los escotes no guardan relación alguna con las intenciones de sus portadoras, sino que obedecen a los dictados de un ogro habitante de un país lejano y pluvioso que se llama La Moda. Así que no hablo de nada de eso. De lo que hablo es de esas cogidas de antebrazos, de esas sonrisas demasiado dulces, de esas atenciones inexplicables, de esos prealeteos de pestañas. Y más allá de todo esto: de esas químicas.

Para cada una que luego, al cabo de un año quizás, resulta que sí, siempre ha habido en el mismo período dos que resulta que no. Claro que ese "resulta que no" también, como todo lo demás, es conjetura educada. Es posible que, allá por los años 80, esa tal Angela (el nombre, inmejorable) que siempre me cogía del brazo para hablar conmigo quería algo. Es posible, pero no lo creo. Primero porque ella era mujer alfa y yo, por el mismo período, hombre upsilon poco más o menos. Segundo porque eso de coger el brazo del interlocutor lo hacía con todo el mundo, creo. Incluso creo que si ella viera un brazo separado de su antiguo dueño, cubierto de sangre y colgando de un gancho de carnicero en la pared de una mazmorra, lo cogería y se pondría a charlar. Ella era incapaz de ver un brazo desocupado sin agarrarlo. Era algo más fuerte que ella. Y esa cara angelical tampoco era culpa suya. Y así, siempre la terminabas perdonando pues no sabía lo que hacía. Y como ella, muchas.

La química, esa famosa química que los críticos insisten en buscar entre actores de películas románticas, es simplemente otra señal equivocada como todas las demás. Hay gente que, sin quererlo, sin saberlo acaso, derrochan química. No es su culpa. El problema es que nos educan mal: pensamos que si alguien consigue enamorarnos, eso debe de significar algo, y debemos de prestarle atención a ese alguien. En realidad no significa nada. La química no garantiza siquiera la compatibilidad. Es completamente ciega. Aunque a veces uno agradece su presencia. Sobre todo en el trabajo, que sin ella sería un desierto espantable, una morada de fieras, juego de hombres que andan en corro, laguna llena de cieno, región llena de espinas, monte alto, campo pedregoso, prado lleno de serpientes, huerto florido y sin fruto, fuente de cuidados, río de lágrimas, mar de miserias, y además aburridísimo. Así que hay eso.

Pero que a mi edad todavía esté sospechando de una compañera de trabajo y de sus posibles debilidades hacia mí, hay que reconocerlo, es bastante ridículo. Sobre todo con esta barriga. Así que la teoría del Misleadingly Angelical Demeanour es una especie de vade retro ante este cruel chiste. Sucede simplemente que ella es así: angelical. Tampoco es su culpa. Y seguro que también lo es con todo el mundo por igual. Si yo no fuera tan antisocial ya lo habría notado.

Y aparte: aunque la química me dice que ella es absolutamente maravillosa, y seguramente en eso no se equivoca, a esta edad uno ya es muy viejo para maravillosidades. Así que lo único que me apartaría de mi camino no sería eso, sino que si resultase ser también apasionada, cosa muy poco probable, pues las angelicales casi nunca lo son: sería entonces un mundo demasiado perfecto. Y si lo fuese, y si por una vez y en contra de todas las leyes de la física no hubiera engaño, entonces los dos estaríamos jodidos y bien jodidos, porque la pasión tiene esa particularidad, que todo lo jode. Así que si no es Misleadingly Angelical Demeanour, entonces sería Mutually Assured Destruction. No se me ocurre otra posibilidad.

Thursday, August 7, 2014

El dueño del Ecuador

Seré breve. Llegué a este país hace diez años. En aquel entonces, se atribuía a un tipo bizco, bigotudo, de cabello blanco, la virtud de ser "dueño del Ecuador". Si tal fue, poco le duró. Una enfisema, una muerte más bien discreta, una triste estatua allá en Durán, que durante mucho tiempo estuvo cubierta de lienzo, y no sé si perdura, ya que su promotora (la Marianita) perdió alcaldía hace tiempo. De éste apenas ya no se habla. Esta semana, sin embargo, veo que la costumbre de pavonearse como "dueño del país" sigue teniendo su atractivo para algunos. Me refiero al siguiente comentario:

Correa añadió que "probablemente esto es un feo mensaje para la inversión extranjera, pero no voy a permitir que dos empresas telefónicas se me lleven 500 millones de dólares (al año) de utilidades en base a un espectro que es de todos los ecuatorianos".

Aun sin negrita, salta a la vista, parpadea y chisporrotea y echa rayos, ese "me". "Que se me lleven...". O sea, que el dinero es de él. No importa que lo hayan creado unas empresas privadas, con el esfuerzo de sus respectivos dueños y directivos y la colaboración de sus sufridos trabajadores. No importa que sin esas empresas, ese dinero, esas "utilidades" simplemente no existirían. La cuestión es que para nuestro querido Presidente, toda la riqueza que hay en el país, una vez creada por el esfuerzo de otros, le pertenece. No es que le pertenezca al "pueblo", a "la nación", a "todos los ecuatorianos". El espectro radioeléctrico bien puede ser "de todos", como admite en otro lugar, pero el dinero, lo contante y sonante, es suyo, personalmente suyo. La frase citada no admite otra lectura.

Pero eso ya lo sabíamos.

Lo sabíamos porque de lo ajeno, lo auténticamente ajeno, uno no puede disponer sin permiso. Y desde el momento en que se dispone unilateralmente que las "utilidades" (a quién se la habrá ocurrido este término tan impropio para algo que, secuestrado por gobierno y leyes, ya no presenta utilidad alguna) tienen que "distribuirse" obligatoriamente, sea a los trabajadores, sea al gobierno, sea a quien sea, pues ya no tiene sentido seguir hablando de ningún derecho de propiedad privada. Y una vez entendido esto, el que vengan los inconformes a poner pleitos sobre supuestas "inconstitucionalidades" da risa. Hace mucho que la Constitución, lo que queda de ella, cuelga de una cuerda en la pared del retrete presidencial, lista para ser usada con aquella finalidad para la cual, hay que admitirlo, parece que fue diseñada expresamente. Uno puede hasta zamparse un Vindaloo y te sobran artículos para la mañana siguiente. Excelente invento, pero no está hecho para empresarios, o para cualquiera que tenga la curiosa pretensión de vivir libremente y en paz con todas. ¿Inversión extranjera? Habría que ser un auténtico masoquista para invertir en un país así.

Lo he dicho muchas veces: piensa mal y acertarás. Con los políticos es una garantía absoluta. Por muy mal concepto que tengas de ellos, siempre se las arreglan para sorprenderte nuevamente con su bajeza y ruindad. Y en ningún lugar más que en este país absurdo.

(Y para mayor ilustración del lector: no, el reparto de utilidades obligatorio no es algo normal siquiera en este mundo tan extensamente corrupto. Es un invento de algunos países sudamericanos, ni siquiera practicado en todos ellos. En Argentina es letra muerta, en Colombia ni se sueña con algo así. En el resto del mundo es prácticamente desconocido.)

Más Claro: imaginemos que Carlos Slim, con reprochable alevosía, le quisiera dar una lección al gobierno cortándole la señal al país entero durante, hmm, una semana, y a disfrutar del caos. Aun así, dudo de que nuestros amos y señores se aprenderían la lección de que, si bien la ausencia de un gobierno apenas se haría notar de alguna forma, salvo quizás en una mayor sensación de libertad, de paz y tranquilidad general, la ausencia de la mayor empresa de telecomunicaciones sería la catástrofe general. No, no puede ser. Ellos son los necesarios: los que se gastan millones en la "imagen del liderazgo mundial del Presidente Correa" (en serio, eso dice, "mundial": Ecuador ya se le quedó pequeño) y en insultar gratuitamente a periodistas de los canales no gubernamentales. Pero eso ya es otro párrafo.

Maoísmo. O para ser más exactos, jiǎntǎo. Se trata de la práctica de la autodenuncia, esencial para la cohesión social según las filosofías colectivistas más extremas. En la práctica: en lugar de insultar al potencial opositor, le obligas a insultarse él mismo, delante de todos, en una especie de autohumillación ritual. Si no puedes conseguir eso (por el momento) pues por lo menos le obligas a escuchar cómo su propio canal le injuria y le denuncia, a través de una cadena de obligada transmisión. Bien por Ecuavisa que se haya negado a colaborar. Mal por ellos el haber transmitido anteriormente, sin problemas, un sinfín de insultos e injurias dirigidas a otras personas a lo largo de todos estos años en forma, también, de cadena gubernamental. Se diría que es sólo cuando les toca de cerca. Pero peor es nada, supongo.

Bonil. El tipo es un santo. Yo no podría guardar la compostura frente a tamañas estupideces, y tamaño racismo como el de aquellas personas que ven relevante el color de piel del asambleísta "Tin" en cuanto se le critica su mediocre desempeño como representante. Hace mucho que he observado que la gente más racista del mundo son, en general, los más prestos a imaginarse y a denunciar supuestos racismos ajenos. Lo dicho por Maeterlinck: si Judás sale esta noche es hacia Judás que dirigirá sus pasos. Hasta ahora, la ley se cumple.

Israel y Gaza. A nadie le importará, supongo, pero después de leerme la carta de Hamas, abiertamente genocida, y de tratar infructuosamente de imaginarme una organización más despreciable, mentirosa, cobarde y antihumana, encuentro que estoy con Israel en todo menos el bombardeo de una población en parte civil como estrategia de defensa. Y ello por una simple razón: yo no podría. Y creo que es cobardía y falta de principios apoyar a otros en la comisión de actos que uno mismo, dada la oportunidad, no tendría la valentía (o la crueldad, o como quieras llamarlo) para acometer. (Ojalá a algunos se les ocurriera musitar estos principios antes de, por ejemplo, flexionar la rodilla ante el todopoderoso SRI.) Por ello, ya lo sé y lo reconozco, no serviría como Ministro de Defensa de ningún país del mundo, siquiera del mío, si existiera. Pero me niego igualmente a repartir condenas y denuncias sobre temas que no me da la gana vivir, por lo mismo, porque eso también es de cobardes, y peor, de ignorantes y lobotomizados. Me resigno a ser irrelevante y me enorgullezco de ello. Los irrelevantes somos mas relevantes, a veces, que lo que aparentamos. Se verá en un futuro.

Resumiendo: seguimos viviendo en un país de locos y en un mundo de locos. Más razón para callarnos, girar la cabeza, secarnos las lágrimas y ponernos a escuchar cosas como ésta: