Monday, June 29, 2015

En defensa de Fernando Alvarado


No pertenezco al nutridísimo club de fans de Fernando Alvarado. No conservo un autógrafo del gran hombre entre mis posesiones más preciadas. No soy de los que celebran con champán cada nueva cadena de la SECOM, y le mandan efusivas felicitaciones al instante que termina. En serio, no me van a creer, pero no soy de ésos. Pero hay que reconocer cuando alguien ha sido víctima de una injusticia, como en el caso que nos ocupa, y salir en su defensa. No sería de caballeros obrar de otra manera.

Primero, en cuanto al supuesto "montaje", está claro que no hay tal, pues si hubiera algún conato de engaño en la fotografía publicada por Alvarado, no se vería borroso el fondo, como pixelado, y tampoco el dedo medio de Nebot saldría ladeado o chueco como claramente se aprecia. Unos diez minutos de práctica con Photoshop hasta por parte de un completo novato proporcionaría los conocimientos necesarios para arreglar tales deficiencias. Lo que parece haber pasado es que en medio de un simple y rutinario embellecimiento de las facciones de Nebot, para hacerle parecer más joven, alguien tuvo un accidente, se le fue la mano, se le cayó la taza de café, y borró uno de los dedos de Nebot sin querer, y sin darse cuenta de ello. Eso es todo. A cualquiera se le pudo pasar.

Y en cuanto a la presunta ofensa proferida por Nebot, la verdad, la cuestión de si hay un solo dedo o hay dos es completamente irrelevante, pues si bien el gesto no es tan, tan conocido fuera de las Islas Británicas y los países del Commonwealth, cierto es que la señal proferida por Nebot en la fotografía "original" es tan ofensiva o incluso más que la de la primera foto. El gesto se llama, en castizo, un "Harvey Smith", y se interpreta secularmente como un insulto obsceno, una invitación a realizar el conocido peregrinaje a la Casa de Aquello que Nada Vale. Nada que ver con la supuesta "señal de la victoria" mencionada en el artículo del Universo, que utiliza los mismos dos dedos pero con la palma y el pulgar hacia fuera, no hacia dentro, es decir al estilo de los turistas coreanos cuando se hacen sacar la foto al lado de alguna estatua de algún prócer desconocido para ellos. A este respecto hay una anécdota sobre Winston Churchill, que al principio de la Segunda Guerra Mundial hacía el gesto de la misma manera que Nebot la hace, hasta que algún edecán le hizo dar cuenta de su error, y rectificó en lo sucesivo la orientación de la mano. Supongo que la tal anécdota, como casi todo lo que se cuenta de Churchill, es apócrifa. En todo caso, Nebot no es Churchill: se le supone a aquél un nivel de educación algo superior al difunto Premier británico y célebre alcohólico, por lo que difícilmente podría alegar desconocimiento de significado verdadero del gesto.

Así que la crítica de Alvarado conserva toda su validez, en tanto nos pone sobre la pista de que, cuando él cree que nadie lo está viendo (por ejemplo, cuando está en medio de una manifestación y hay una cámara delante apuntando hacia él), Nebot gusta de señalar su desdén, no hacia el fotógrafo ni hacia sus enemigos políticos, sino hacia sus propios electores humildes, lo que caen fuera de ese "dos por ciento", utilizando para ello gestos obscenos, con el fin de que se sientan insultados y así sigan votando por él. Además, es también cierto lo que dice Alvarado al tenor de que, si fuera Correa el autor del insulto, sería portada seguramente en El Universo: afortunadamente, eso no va a pasar jamás, puesto que tenemos un Presidente ejemplar en lo tolerante y comedido de sus expresiones, que sería incapaz de enviar a alguien, delante de un grupo de adolescentes, a la Casa de peregrinaje antes mencionada, o de repartir insultos entre individuos y sectores sociales presuntamente opositores.

Así que no entiendo por qué Alvarado retiró tan rapidito la fotografía de su Timeline en Twitter. Supongo que hubo de ser algún oficioso ayudante suyo quien lo hizo, erróneamente y sin que el gran hombre estuviera enterado de ello. Todo tiene su explicación si se le echa un poquito de imaginación. Qué lástima que aun tenemos en este país, en la Prensa Corrupta, periodistas deficientes en esa importantísima cualidad.


Saturday, June 27, 2015

Nellie the Mexican

Nellie the Mexican packed her trunk and said goodbye to Miss Universe:
Off she went with the crumpet, and dumped Trump, Trump, Trump. (Reuters)

¿Ven ustedes? La libertad de expresión irrestricta sí funciona. En este caso, funcíonó para que el mundo (incluidos los votantes hispanos de EEUU) se enterara de los extraños prejuicios del magnate, lo que a su vez servirá para evitar que tan siniestro personaje llegue a la presidencia, o que alguna incauta hispana llegue a ostentar la corona de Miss USA sólo para ser tildada por el organizador de dicho certamen como narcotraficante o violenta. Siempre lo he dicho: las cosas funcionan mejor cuando podemos saber lo que la gente piensa (o lo que ellos tienen en lugar de pensamiento). ¿Cuántos hubieron votado a Correa si desde el principio él se hubiese sincerado sobre sus prejuicios y en especial su obsesivo odio contra "los ricos"? Hablando la gente se entiende. Eso, a menos que creas en la teoría de que todos somos como el gobierno de Ecuador, mórbidamente desestabilizables, necesitados de "trigger warnings", de comités censores y niñeras gubernamentales para evitar que estemos expuestos en algún momento a alguna falsedad, a alguna "ofensa" o al sonido de alguna campanita que no sea la que nos toca el maestro Pavlov, la que nos conviene.

En caso de que sí creas eso, pues enhorabuena, tienes el principio de una teoría o ideología política viable, no exenta de sustento empírico: crees que la gente (los ecuatorianos, la gente en general, el "pueblo", "las masas") son como niños, pues no faltan datos a tu favor: ahora lo único que te queda para pulir o perfeccionar tu teoría es explicar bajo qué extraño mecanismo esas personas que no son "como niños", aquéllos que pueden servir como censores porque ellos no necesitan que les censuren la información, aquéllos que deciden en su inmensa sabiduría cuánto han de pagar "los ricos" para que haya "equidad", de algún modo siempre surgen cuando se les necesita, milagrosamente inmunes a todas esas nefastas influencias que a nosotros, a los niños, nos imposibilita el ejercicio responsable de un criterio propio. Recuerdo que en una columna del T. hace tiempo un tal Arellano Raffo nos propuso la teoría de que esas personas especiales son forjadas "en el silencio de las cumbres solitarias, siempre envueltos con la purísima virginidad de aromas espirituosos que los protegen de todo mal". Interesante idea. De hecho, la publicidad del gobierno parece abundar en dicha teoría al enseñarnos, en representación del Líder de la Revolución, a un tipo que deambula por la cima de una colina, a solas, levantando un puño iracundo, estilo Prometeo, en desafío hacia un lacónico cielo. De modo que hemos de creer que Correa, por ejemplo, antes de ser Presidente realizó una especie de travesía del desierto, donde fue tentado por el Demonio (tb. conocido como "la Escuela de Chicago"), etcétera, y en medio de esas vastas soledades fue donde le fue concedida esa inmensa sabiduría, esa infalibilidad, y todos esos dones que le elevan intelectual como espiritualmente por encima de ese pueblo que él fue llamado a pastorear.

En realidad, esa travesía del desierto o Waste Land, esa noche escura, ese tener que dormir sobre tu escudo y salir a matar al dragón, todos esos son mitos de la humanidad bastante conocidos y muchas veces evocados en el contexto de la transición entre infancia y edad adulta, la que antaño se suponía que todo el mundo hacía (exceptuando, en distintas épocas, esas eternas infancias que eran resumidas en palabras como "mujeres", "siervos", "súbditos", etcétera), la que tradicionalmente se marca con alguna ceremonia y además recibe el reconocimiento social en forma de privilegios y responsabilidades que corresponden a la "mayoría de edad", la cual pocas veces coincide con la auténtica maduración, que suele culminar en alguna experiencia personal forzosamente dramática y subversiva de paradigmas. Ahora bien, no cabe duda de que la tendencia en Occidente en el s.XXI es hacia una sociedad infantilizada, donde progresivamente se le perdona a los individuos cualquier responsabilidad sobre su vida, hasta el punto de crear ministerios gubernamentales con la expresa responsabilidad de procurar "la felicidad" del ciudadano común, manifiestamente incapacitado de buscarla por sus propios medios. Y hay que admitir que ese tipo de sociedad tiene ciertos méritos: es más fácil de "gobernar", además de que puede presentar ante los ojos del estadístico una agradable simetría ("equidad") caso de que se valore tal euclidiana geometría social. Al argumentar contra ella, uno se siente como si estuviera hablando con la madre de uno de esos niños grandullones que en ciertas latitudes ya pululan (en España hay por montones) que con treinta y pico de años todavía viven con Mamá, quien les lava la ropa y quién sabe si les limpia también el culo cuando van al wáter. "¿Por qué tendría que dejarlo madurar?" te preguntan con cara acusatoria. "Si a mí siempre me tendrá para cuidarlo".

Por eso es por lo que podemos estar seguros, segurísimos, que por muchas manifestaciones que haya, tenemos Correa para rato: pues el ecuatoriano promedio (y el ciudadano-mundo promedio) es como ese niño grande, que prefiere que Mamá se lo haga todo y únicamente contemplaría deshacerse de ella en caso de que haya otra Mamá-sustituta esperando ocupar el mismo lugar. Quiero decir que nos falta todavía, desgraciadamente, un nuevo Mesías, un nuevo tipo infalible con ceño adusto y lengua castigadora, que nos haga sufrir por nuestro bien, a igual que éste. No lo veo ni asomarse por el horizonte: ¿tú sí?

Porque madurar da pereza, y siempre habrá mañana para hacerlo.

No puedo dejar el tema sin referirme a otro hilarante artículo del T., esta vez de un tal Edmundo Vera, quien digamos que descubrió América hace poco, y naturalmente quiere hacernos partícipe de tan original hallazgo. Resulta que si una persona tiene libertad, y haciendo uso de tal libertad perjudica a otra(s) persona(s), eso está mal. Eso es lo que Vera alcanza a hacernos entender, y bien agradecido estoy por dicha lección, pues yo hubiera dicho que perjudicar a otras personas era un modo de proceder excelente y encomiable. Ahora me encuentro más ilustrado sobre este tema: gracias, Edmundo. Lo que no alcanza a explicar el Sr Vera es cuál alternativa considera mejor: que las personas tengan libertad, pero lo usen de una forma responsable, sin perjudicar a los demás (para lo cual necesitaríamos otro tipo de sociedad, no una infantilizada, sino una sociedad de adultos responsables: suena terriblemente difícil, ¿verdad?); o bien, que las personas tengan libertad pero dentro de un régimen de leyes punitivas que pretende microrregular la conducta de los individuos a través del miedo; o bien, que el mecanismo rector de la conducta sea la imitación y el borrego conformismo (más o menos lo que se da en ciertas sociedades tradicionales de Oriente, y a nivel creciente en Occidente también); o bien, que se intente apartar definitivamente la tentación de actuar libremente, mediante un sistema totalitario que pretende en lo posible que las personas nunca se enfrenten a múltiples opciones o a decisiones personales de ninguna clase: digamos, por ejemplo, prohibiendo la venta de alcohol los domingos, ese tipo de cosas. En fin, he aquí una muestra del estilo del Sr Vera:

¿Le parece bien que cada quien tuviera la libertad y el derecho a matar, robar,  invadir hogares y países, no pagar impuestos, pagar los salarios de acuerdo a su estado de ánimo y acumular la riqueza que quiera?

Por si acaso esto pretende ser una llamada a ese famoso "diálogo" propuesto por Su Majestad, bueno, morderé:

¿Le parece bien que cada quien tuviera la libertad y el derecho a matar
NO. Ni el gobierno siquiera
, robar, 
NO. Ni el gobierno siquiera
invadir hogares y países,
NO. Ni el gobierno siquiera
no pagar impuestos,
POR SUPUESTO QUE SÍ. A este respecto, consulte con su colega Samuele Mazzolini, que hace poco recomendó que rescatáramos la figura de Robin Hood, personaje que se puede decir que fue, discutiblemente, el primer gran evasor de impuestos de la ficción anglosajona: no solamente se limitó a no pagar los impuestos, sino que liberaba los impuestos pagados y los devolvía a sus "contribuyentes" originales. Gran tipo.
pagar los salarios de acuerdo a su estado de ánimo
PARA ESO HAY CONTRATOS LABORALES.
y acumular la riqueza que quiera?
POR SUPUESTO. Si no, ¿para qué levantarse un lunes por la madrugada?

En fin. Esa libertad de que hizo gala Trump para decir tonterías, y Nellie the Mexican, para enseñarle un precioso dedo medio a éste y enviar a casa de la verga a su Miss USA y Miss Whatever, sin que tengan que intervenir estados ni leyes en momento alguno para que se haga perfecta justicia, ésa misma. Para mí. Your mileage may differ.


Friday, June 26, 2015

Tener fe es esto


Es duro esto de ser profesor universitario bajo la Revolución Ciudadana. Lo digo sobre todo por la composición de mis clases. Antes, si dabas clases en una universidad podías estar seguro de que tus estudiantes eran todos humanos. Ahora, con la nueva Constitución que le da derechos a la Naturaleza, entre ellos el derecho a una educación, me he dado cuenta de que la mayoría de mis estudiantes son filogenéticamente lejanos. Algunos son plantas. Otros, hongos. Otros, reptiles. En la primera clase que tuve esta mañana había un tiburón, una gacela, tres perezosos, una cebolla, un oso hormiguero, cuatro pingüinos, dos canguros (macho y hembra), un pavo real, cinco gallinas, una hormiga, una colonia de Streptococcus, un pulpo, y seis ranas. Prueba tú de enseñar el uso correcto del presente perfecto continuo a un oso hormiguero. Es realmente deprimente, por no decir desesperante.

Bueno, en realidad lo que acabo de decir es mentira. Lo dije con el fin de desestabilizar el gobierno, nomás. Y es que la tentación de desestabilizarlo a veces puede más que uno. Y ¡es tan fácil! Parece que todo lo desestabiliza últimamente: una leve corriente de aire, el chirrido de una puerta, una palabra fuera de turno, un estornudo, un chiste, una manifestación. Uno diría que el gobierno de Ecuador es algo así como un castillo de naipes erigido temerariamente encima del lomo de un gato dormido. "Antes de entrar en esta sala del museo, es mi deber avisarles que hay un gobierno dentro: por favor, bajen la voz, no hagan ruido, no hagan movimientos bruscos. Admírenlo de lejos pero no toquen." La verdad, no he visto en la vida algo tan condenadamente, seductoramente desestabilizable como este gobierno. Por eso esa tentación permanente de hacerlo caer estrepitosamente acercándose y diciendo algo así como "¡bu!" Pero no se diga de mí que fui el que dijo bu en Ecuador. No quisiera pasar al otro vida con esa carga sobre mi conciencia. Nada de bues aquí. Tranquilos.

En todo caso, lo que acabo de decir es mentira. No quería desestabilizar el gobierno alegando que mis alumnos eran animales, plantas, hongos, insectos y bacteria. En realidad lo dije porque a veces me lo parecen. Ustedes me comprenderán. Uno se vuelve viejo, la vista empieza a fallar, y además algunas neuronas empiezan a dar problemas, y entonces es cuando alguien en la clase levanta la mano y miras y por unos instantes crees estar viendo, no una mano levantada, sino la cornamenta de un caribú, o el tentáculo de un calamar gigante que se yergue sobre una océano de cabezas y celulares. Sin duda el problema (extensible a otros muchos aspectos de la vida cotidiana) de la creciente incapacidad del cerebro para reconocer y clasificar objetos familiares se debe a alguna degeneración puntual en los centros visuales producto de la extrema senectud: pero yo también lo asocio a otro fenómeno, que es de lo que realmente quería hablar aquí. La cuestión es que empiezo a extrañar a los seres humanos de verdad.

¿Serán cosas de la vejez, o de los tiempos que corren? No lo sé. Pero a veces me parece que ante el reto de Alan Turing (diséñenme una computadora que converse con la inteligencia impredecible de un ser humano) los científicos de bata blanca, del Colgate Plus y del detergente ¡biológico! se han juntado en infernal contubernio, no para elevar la inteligencia de la computadora para igualarla al del ser humano, sino al revés: bajarle la inteligencia del ser humano corriente para igualarla a la computadora, y así ganar el Turing Test, los $6.000 y el viaje a Bujumbura. Ustedes me dirán. No pienso extenderme, pero por cinco dólares: ¿qué tienen en común los siguientes fenómenos culturales: (a) la película de 50 Sombras de Grey, (b) las hermanas Kardashian, (c) el papa Francisco en su faceta de superestrella enciclista, (d) las sabatinas de Correa, (e) el twerking? Correcto: todos ellos hubieran sido arriesgados hace 20 años, inviables hace 30, impensables hace 40, por insultar bien a la inteligencia, bien a la estética (o ambas cosas a la vez). Eso, por los tiempos que corren. Pero también hay que reconocer que antes tampoco era yo tan exigente con mis hermanos humanos. Cuando uno es joven, las personas que te rodean pueden ser inteligentes, intensas, espiritualmente profundas, o pueden ser frívolas, conformistas, superficiales, y te da casi lo mismo porque lo que más te interesa es el tottie, visto como ente metafísico unitario y todopoderoso. Como sea que la vejez es una especie de clínica destottificadora, y que a estas alturas a dicho ente metafísico uno ya le está viendo las costuras, y nombrando las partes (which in your case you have not got), pues los seres humanos importan más. También hay eso.

La cuestión es que uno empieza a tener fe. No en ningún dios, que a perro viejo no hay dios que le valga ni le diga tus tus, sino en que algo de lo que eres y de lo que sientes encontrará, puntualmente, su interlocutor y su respuesta en ese Sargasso Sea de extraña, inexplicable y maravillosa inteligencia que flota sobre el océano del descerebrado mimetismo.

Esa esa inteligencia que flota en el aire entre carro y carro en el parqueo donde a veces, entre clases, salgo a fumar. Que persigue al pájaro de cola larga que discurre entre árboles. Que lucha por brotar entre las hierbas que puntúan las grietas en el suelo.


Sunday, June 21, 2015

Karlie Karlie

Ingresa a ciertas horas de la noche en cualquiera de esos wine bars exclusivos de la élite quíteña, de la flor y nata de la oligarquía correísta, y lo verás: el juego arrasa actualmente entre ellos. Además es muy fácil y sencillo de jugar. Simplemente se coloca un lápiz sobre una hoja de papel, en orientación horizontal, y a continuación, otro lápiz encima en orientación vertical, para que formen una cruz: el segundo lápiz debe tener su peso distribuido de modo que no toca el papel por ningún lado. Luego se invoca el espíritu del difunto economista fracasado con las palabras "Karlie, Karlie" (en algunas variantes "Marxie, Marxie"), y a continuación se le hace una pregunta. Si todo funciona bien, verás que el lápiz superior girará lentamente hasta señalar la respuesta de Karlie a la pregunta. ¡Ah!, me olvidé decir que para facilitarle la tarea de contestar - ya que Karlie hace mucho que no tiene voz propia - en el papel hay que dibujar también una cruz, y en cada uno de los cuadrantes resultantes colocar una respuesta posible, de este modo:

1 - una infame coalición de los sectores más rancios de la derecha oligárquica con cierta "izquierda" sin brújula y sin principios
2 - los incontestables logros de la Revolución Ciudadana, bajo el indómito liderazgo de Rafael Correa Delgado
3 - los medios corruptos
4 - los pobres y los sectores marginados, ávidos de justicia social tras la larga y triste noche del neoliberalismo

Así se le facilita la tarea a Karlie. O tal vez no. En fin, nunca lo sabremos, pues ante la triste y más que evidente incoherencia de ese supuesto espíritu de Karlie que anima el juego (a la pregunta "¿Qué comeré mañana?" me salió con Los Incontestables Logros, &c), habría en justicia que recordar la incoherencia que demostró el man estando vivo, que no fue poca: hasta predijo que el capitalismo se hundiría bajo el peso de sus propias contradicciones, que la revolución que propiciaría a largo plazo una sociedad comunista ocurriría en las economías más avanzadas (Inglaterra, Alemania), que previo a ello el nivel de vida del proletariado industrial experimentaría un descenso hacia la más ruda pobreza, a nivel internacional, que en la nueva sociedad socialista el Estado "se marchitaría" poco a poco, inaugurando una sociedad auténticamente libertaria, en que "el desarrollo libre de cada uno es la condición necesaria del desarrollo libre de todos", etcétera, etcétera, en fin, casi se puede decir que consiguió equivocarse sobre prácticamente todo (y dejemos de lado el tremendamente risible Labour Theory of Value, para no avergonzar a sus partidarios que quién sabe si alguno leerá este blog de cuando en cuando). Esa notoria falta de dotes para la profecía (y para la economía) no es óbice, evidentemente, para que el juego de Karlie Karlie saque a más de un columnista del Telégrafo del apuro: caso de no saber qué escribir, se le hace una pregunta al lápiz, se anota la respuesta, y casi listos, sólo hay que pulirlo y meterle verbo. Por ejemplo:

P: ¿Quíén ganará el año que viene el concurso de Miss Ecuador?
R: Una infame coalición de los sectores más rancios, &c.

Si esta nueva perspectiva sobre los concursos de belleza no le hace las delicias de Orlando Pérez, no sé qué lo hará.

Pero ya lo tengo dicho: Karlie ya hace tiempo "no tiene voz propia", y es en este sentido que, bueno, les confesaré que le tengo por eso un poquito de pena, a pesar de todo. Debe ser duro tener que seguir muerto y callado (salvo por un miserable lápiz) y ver cómo todo el mundo te maltrata y te malinterpreta, más allá de tus evidentes cojudeces. Entre los más frecuentes malentendidos: Marx nunca dijo que antes del capitalismo, la gente vivía maravillosamente bien, en el más perfecto Sumak Kawsay, en armonía con la naturaleza, y que había que regresar a ese estado más primitivo, aprovechándonos de "saberes ancestrales" y abjurando del progreso material. Tuvo palabras de elogio para el capitalismo como motor de desarrollo humano, más allá de que creía en la existencia futura de un sistema económico mejor y más "justo", que todavía esperamos saber en qué demonios consistirá, pero que según él necesitaba el capitalismo como fase anterior domador de la naturaleza y liberador de potencia creativa. Hasta su famosa cita sobre la religión como "opio del pueblo" ha sido arrancada, no sé si intencionadamente, de un contexto mucho más matizado y cabe decir nostálgico (look it up). Pero donde más le ha de doler es al ver cómo se menosprecia su taxonomía de las diferentes clases económicas (vieja aristocracia, burguesía, pequeñoburguesía, proletariado y lumpen), todo ello definido estrictamente según sus relaciones con los medios de producción, y se maneja hoy el mismo vocabulario muy a la ligera, pretendiendo describir con él las divisiones sociales, de estatus, de riqueza y patrimonio, etcétera, sin reparar en el aspecto económico que para él fue fundamental. Quiero decir que hoy día, eres "burgués" según el diario que lees, el carro que conduces, la zona donde vives, el político a quien votas, etcétera, y lo eres a pesar de que, previsiblemente, eres un simple asalariado que no dispone de un pinche medio de producción de ninguna clase (ni acciones siquiera: estamos en Ecuador), sino que tienes que vender tu labor al igual que un obrero victoriano en una fábrica de textil, sólo que con condiciones bastante más favorables. Para la sociedad ecuatoriana (y otras muchas sociedades) eres burgués porque vives bien: para Marx eres proletario porque tu vida (buena o mala) depende de que alguien te dé un puesto en su empresa: entre ti y la miseria media un simple despido fulminante, aunque en el día a día quisieras olvidarte de esta realidad.

¿Cómo llegamos a tamaña confusión conceptual? Creo que por un lado, lo que se estila es un vocabulario excluyente, porque pobres de nosotros, los desheredados del s.XXI, estamos tan espiritualmente jodidos que necesitamos permanentemente a quien o a quienes despreciar para sentirnos nosotros menos despreciables, así que un término pretendidamente objetivo y científico como "burgués" no nos sirve a menos que se le pueda extraer algo de veneno, y que se pueda pronunciar con sorna: de modo que esa solidaridad, esa hermandad de proletarios "en el fondo", "donde cuenta", ese reconocer en el otro el mismo dilema existencial ante la crueldad del mercado laboral que tú conoces, eso para los ilusos y los cojudos nomás, pues la consigna es odiar a quien te dé el mínimo motivo, por ejemplo, conduciendo un carro más nuevo que el tuyo, o votando a un político que no es tu preferido.

Por otro lado, creo que pasa lo mismo que con Freud (el "ego", otro término manoseado hasta el punto de causar revolcones en cierta tumba): el habla popular desecha lo que no sirve y se queda con lo útil. El concepto del proletariado (término que Marx prestó a no sé qué escritora, con el significado original de "esa clase de gente que lo único que sabe es hacer prole, o séase, bebés", menudo esnob era ese viejo Karlie) ya no sirve, pues describe a una clase de gente que, en rigor, dejó de existir hace mucho: la clase de los que, no contentos de trabajar en fábricas bajo régimen de unskilled labour, no podía aspirar a mejorar sustancialmente en el plano material, pues tenía en su contra la inexorable dialéctica de la historia que les condenaba a trabajar cada vez más por cada vez menos. Ya lo dijo hace tiempo Gregorio Peces-Barba: en España ya no queda un solo proletario auto denominado: ahora ya todos son "técnicos". Y quienes lamentan eso son los mismos Testículos de Jehová, perdón, Vanguardias de la Revolución, que con aburrida frecuencia anuncian el fin del mundo, perdón, del capitalismo, pues están todos los "señales", ves hermano, tal como predijo el profeta, terremotos, guerras, crisis económicas, burbujas de tulipanes o de propiedad inmobiliaria, en fin, todas esas cosas que nunca antes en la historia ha habido, sólo en nuestros días. Y si me dices lo contrario meteré los dedos en las orejas y diré la la la.

Y hablando de diálogos...

Si menciono el juego de Karlie Karlie es por algo. Concretamente, es porque algo me dice, vamos, lo intuyo, que cuando se dé el famoso "diálogo" que auspicia el Presidente, aparte de descartar (naturalmente) a todos los que no son "de buena fe" (o sea, los que no estén de acuerdo con el Presidente en todo lo importante), y a los "golpistas y subversivos" (o sea, a quienes no tengan intención de votar por Correa en las próximas elecciones) y a no sé cuántos más,  a quienes quedan dentro del sancta sanctorum del diálogo gubernamental se les planteará, ya de entrada, más o menos el mismo elenco de respuestas posibles que al mismo Karlie se le plantea. De modo que, por ejemplo, a la pregunta "quién se verá perjudicado por la propuesta Ley de Herencias", mientras no se te ocurra contestar "los incontestables logros, &c" (bzzz) y tampoco "los pobres y los sectores marginados" (bzzz) entonces entre las dos respuestas restantes ya estás diciendo lo que ellos quieren. Así siempre se han manejado los "diálogos" desde el oficialismo (desde cualquier oficialismo) y para no caer en la trampa hay que saber dar un paso atrás, cuestionar términos, ortodoxias, idées recues, y lidiar con todo tipo de indignación fáctica y teatral incredulidad. No sé quién o quiénes estarían por la labor. Tengo la sensación de que nadie.


Thursday, June 18, 2015

En aras de diálogo....

Agradecería mucho que alguien me explique por qué existe un problema con el sueldo de Guillermo Lasso. Según la cuenta Twitter del Presidente, este sujeto habría ganado 15 millones de dólares en el 2014. El Presidente lo dice, los redactores del Telégrafo lo dicen y además lo ponen en portada día tras día como dato de enorme relevancia. Me imagino que será verdad. El man se gana un dineral. Y yo digo: bien por él. ¿Cuál es el problema? Admito que la cifra reviste cierto aire de misterio para mí, ya que al tal Lasso le tengo por un ex gerente del Banco de Guayaquil, un pésimo orador, un dead ringer por William H. Macy en la película Fargo, un desconocedor de la obra de Pablo Palacio y poca cosa más. Ni remotísima idea de cuál será ese trabajo el cual desempeña tan pingüe y eficientemente como para ganarse ese dinero. Y me parece bien curioso el hecho de que el Telégrafo tanto escándalo arma por el salario y ni pío se dice acerca del origen de esas cantidades que tan alegremente difunde como dato de interés público. Parece que el preciso mecanismo según el cual una persona puede llegar a convertirse en "un rico" no interesa que se sepa. Lo único que importa es el resultado y la reacción que genera. Un periodismo que oculta las causas y el trasfondo de los hechos y se limita a cebarse en el estereotipo y en la sensación creo que tiene un nombre: eso, lo dejo a la sagacidad de mis lectores. Y repito: de todos modos, y sea cual sea el misterioso trabajo de don Guillermo Lasso, al cual se dedica cuando no está haciendo discursitos truchos con esa cara impagable de ayer murió mi perro - ¿cuál es el problema?

Por supuesto que si algunitos ganan (o heredan) 15 millones y otros apenas llegan a 150 mensuales, hay "desigualdad". Pero sinceramente, no alcanzo a ver el problema en eso. Es como si yo dijera: mira, algunos van por el mundo con los pulmones tan sanos que hasta son capaces de ganar carreras de maratón, mientras que yo tengo dificultad hasta para subir unas escaleritas: ¡esto no es justo! ¡Se tendría que coger algunos alvéolos de los pulmones de esa gente y trasplantarlos a los míos! Y no crean: la analogía da para más, pues cualquier médico te asegurará que en caso de realizar tan temeraria operación, esos alvéolos lo único que harán es marchitarse y pudrirse, pues no existe manera de hacer que funcionen dentro de otro cuerpo que no sea el que los vio nacer. Es lo que suele pasar, de igual modo, con las "redistribuciones": ya fuera de esas manos talentosas que lo hicieron brotar de la dura roca, ese dinero se vuelve inerte, incapaz de reproducirse: se "gasta", se despilfarra, se pierde. Lo vimos en la colectivización de la agricultura de la Unión Soviética, tragedia histórica de que algunos parecen no querer aprender nada, pese a tener cerca de sus costas otros experimentos caros y fallidos, como el cubano o el venezolano: si ni con esos ejemplos aprenden, no aprenderán con nada, digo yo.

Y la analogía se completa con las siguientes observaciones: mi insuficiencia pulmonar no es castigo de los dioses (por mucho que estén en contra del neoliberalismo, de acuerdo con ese argentino que quiere hacernos visita el mes que viene) sino que se debe a una combinación de la genética, la mala suerte y la tozuda irresponsabilidad de un servidor, todo en justa proporción. De modo que aunque fuera posible reavivar mis pulmones jodiendo a otros, ¿dónde estaría la justicia? Otros se cuidan su cuerpo, yo destrozo el mío, y luego reclamo que me "deben" salud, ¿eso es justicia? Y aunque no fuera así, ¿justicia es castigar a los que tuvieron la fortuna de gozar, por ejemplo, de padres que inculcaron buenos hábitos? Según alguna columnista del Telégrafo, no, pues lo "heredado" en formación y hábitos es herencia legítima: ¿por qué no lo otro? En fin, son muchas preguntas, pero lo medular es esto, y tengo que insistir en ello porque nadie más lo está haciendo: por muy "injusto" que consideres la repartición de los recursos en el mundo, eso no da derecho a nadie, y menos al Estado, de tocar lo que no le pertenece, lo que no se ganó con su esfuerzo ni se compró en el libre mercado. Y esta simple apreciación, base de cualquier moralidad que no sea esperpento y superchería, bien que les arde a los apóstoles de la redistribución forzosa estatal, pues no hacen más que intentar justificarse con malos argumentos: que si "los ricos" se aprovecharon de las obras estatales, que si los herederos no trabajaron por ganarse lo heredado (argumento que ignora que si el dinero no puede regalarse, ya no es dinero: es simple carta de servidumbre al Estado), que si no vivimos en una sociedad "meritocrática" (menos mal, digo yo, else who should 'scape whipping?), que si tenemos de la autoridad nada menos que de Carlos Marx (Carrasco, o el otro, ya poco importa) que el dinero de "los ricos" se basa en la "explotación", o sea, que nunca fue legítimamente de ellos, sino de todos ustedes, los explotados: argumento hoy en día intelectualmente insostenible, pero no deja de seducir a los económicamente analfabetos, por razones que estimo obvias.

Todo esto también tiene un nombre, señores: se llama demagogia, y el resultado de su abuso a largo plazo a la vista está, no hace falta más que dirigir la mirada a Venezuela. País que, aunque hubiera conseguido salirse a flote económicamente, cosa que no ha sucedido, no sería por eso país menos feo y repulsivo para vivir. Una sociedad basada en el odio, en la envidia, en la pereza y en la viveza criolla: ¿eso quieren ustedes? Pues sigan por el mismo camino, y no digo más.

Bueno, sí, una última cosa. Confieso que me da ternura el repentino catolicismo apostólico y romano de algunos comentaristas ("algunos", se me está contagiando el estilo) que hasta son capaces de tildar de fascistas los (supuestos) inconformes con la visita papal (cosa que tiene su ironía, ya que la Iglesia Católica siempre estuvo la mar de cómoda con el fascismo). Inconformes que, por otro lado, no tengo idea de quiénes serán, pero en fin. Camisa negra no hay en mi armario, por si acaso. Por mí que venga el papa éste y todos los papas que quisieran, bienvenidos sean, pero ¿días feriados? ¿Seguridad a cargo del Estado? ¿Despilfarro de recursos estatales para dar la bienvenida a un simple líder religioso y jefe de un microestado? ¿Dónde se ha visto tal cosa en un supuesto estado laico? El ambiente de tercermundismo que se respira aquí a veces se vuelve insufrible. Si hay oxígeno por algún lado, me avisarán.



William H. Macy
 
 
Guillermo Lasso

Are they in some way related? I think we should be told.

Tuesday, June 16, 2015

Full circle

Sucedió al final de una clase esta mañana. Se me acercó una estudiante para preguntar algo. Ella no olía a perfume, ni a nada femenino ni siquiera, acaso, humano. Olía a un pasillo estrecho al lado de un edificio enorme, de ladrillos, con algunos brotes de hierba en el suelo, con un cántaro mugriento echado de lado, toda la escena atravesada de grandes y puntiagudas sombras, con un sol pequeño e impotente que vacila en el aire, metros arriba, como una abeja indecisa. Dentro del edificio alguien está tocando el concierto No. 2 de Rachmaninov al estilo S. Richter. Hay algo siniestro en el ambiente. Cierro los ojos: necesito identificar esta escena, pero no puedo. Contesto su pregunta. Ella sonríe y se aleja por el aula vacío. Grito tras ella: "Perdón, ¿cuál es ese perfume que usted lleva?" Ella da media vuelta y dice: es mi sudor. O a lo mejor dice: se llama Allée Étroite Avec Drainage, es de Chanel. O tal vez dice: es el del aceite de mi carro, que esta mañana estuve media hora cambiando las bujías. En fin, podría haber dicho muchas cosas, nunca lo sabré, pues no soy quien para ir preguntando cosas como qué perfume lleva usted, no soy así de desvergonzado.

Nunca lo sabré. Lo único que puedo decir es que fue perfume de mi infancia. Bien de la que tuve, o bien de la que debería haber tenido.

No tuve apenas mayor suerte con el aroma que me asaltó en la escalera del edificio de la CISE una mañana hace tres años. Olor a algún artículo de limpieza, eso es seguro. También olor a mi escuela, eso creo. A algo más también, a algo que sucedió en esa escuela, pero no alcanzo a recordar...

El estiércol de caballo me es plenamente identificable. Me aturde, me embelesa, me desorienta, me provoca. Por razones que, ahí sí, más o menos recuerdo. Lo otro no.

Leopoldo Alas lo denomina "Viaje Redondo". Uno sale al encuentro de la vida, aprende, piensa, siente, tropieza, hace tonterías, se vuelve krausista un tiempo, se enamora, se desespera, envejece... y al final se encuentra de nuevo en el punto de partida, con el mismo cielo de esfinge azul, el misterio insondable misterio, las mismas preguntas destinadas a no ser contestadas, la misma inmensa soledad.

Para orientarme en esa infancia, el globo negro que equivocadamente solté una tarde, para verlo alejarse veloz por el mismo cielo, el de las nubes-pescado, el del parque al lado del Támesis, el de más allá, de las tierras de dragones y doncellas. Entonces supe de otra tragedia que por primera vez, no era mía, y lloré desesperado durante media hora. Mi madre se asustó y me dio a probar una golosina turquesa. Sirven para todo, las turquesas.

Hay que esforzarse. Hay que seguir viviendo la vida como si algo de lo que haces todavía tuviera algún sentido. Como si todo lo importante no estuviera situado en esa infancia, a la que accedes a la manera de Proust, a través de los olores únicamente, que son puertas en el tiempo. Como si no andaras desnudo bajo tu gastada ropa de emperador, como si no estuvieras cayendo en pedazos, como si tus órganos no yacieran esparramados en el suelo del aula, como si no te citaras con las lágrimas sin sentido a modo de furtivo adúltero, como si el animal que se escondía tras ti en ese pasillo no estuviera a punto de devorar el mundo y apagar las estrellas.

Monday, June 15, 2015

Reasons to be cantankerous, part 33

Bueno, ya está todo claro. Correa no da su brazo a torcer, así que a acabar con la empresa familiar se ha dicho. Si fuera joven tal vez lo cogería con otro talante, pero a estas alturas de la vida, uno se siente un poco turista, dispuesto a buscar entre los escombros de batallas que ya no le conciernen ese detalle pintoresco... así que diré simplemente que me impresiona, a pesar de todo, que un Presidente, nada menos, pueda salir en los medios y decir: quiero aniquilar el 80% de las empresas del país, enviar a toda esa gente a la calle, quiero que mi país sea el Triangulo de las Bermudas de los inversionistas, quiero presidir desempleo y miseria, hasta que me toque jubilarme, alejarme de ese país en ruinas y ocupar mi cómodo apartamento en Bélgica que ustedes, cojudos, me han financiado, muchas gracias. Impresiona que sea tan franco. Otros políticos se han cargado la matriz productiva de su país pero ninguna que yo sepa ha anunciado con antelación su deseo de hacer precisamente eso. Así que, a pesar de todo, olé.

En fin, yo no tengo empresa familiar, así que por ese lado debo estar tranquilo.

La herencia... vengo de una familia de ésas sobre las que cuelga una novelesca maldición, como en El Perro de los Baskervilles, o en Dragonwyck, o en La Caída de la Casa de Usher, con brotes de locura incluidos y todo tipo de pintoresca desgracia. Así que si tuviera algo que dejar en herencia, probablemente sería una mansión lóbrega y siniestra llena de espectros y ataúdes y telarañas, con puertas que chirrían y mujeres que andan sonámbulas por la noche en ropa interior. La verdad es que no tengo eso (o no todo eso), pero como si lo tuviera. El Estado que se lleve lo que quiera de tan desdichada herencia familiar. Lo único que se puede heredar de un ser como yo es la mala suerte y las oscuras persecuciones nocturnas.

Bien. Cuando pienso en la muerte, que es con la misma frecuencia que los jóvenes piensan en el sexo, hay sólo un detalle que me molesta... pero la solución estaría en cogerme una tarde libre y cambiar mi cédula de una vez, especificando ese "no jueguen con mi cadáver" que ahora se estila entre los avaros y egoístas neoliberales neogolpistas financiados por la CIA. Aunque la verdad, me daría bastante curiosidad poder saber qué idearían hacer esa gente del Estado con una carcasa como ésta, donde absolutamente nada se ve aprovechable. Los ojos, viejos y cansados y miopes, los pulmones, destrozados por el tabaco, el corazón roto, los dientes casi inexistentes, la piel arrugada y vieja, el estómago ulcerado, el único testículo que me queda en huelga hace fuuu (o por lo menos en work-to-rule), el cerebro, encogido y reseco por tantos años de abuso del alcohol y del neoliberalismo, el páncreas...¡! ahí está. Todavía tengo un páncreas más o menos funcional. Y se lo dejara alegremente a quienquiera que fuese (¿alguien quiere un páncreas de segunda mano?) con la única condición de que me lo pidieran decentemente, con educación. Porque la educación sí importa.

Bueno, yo creo que sí importa. Pero parece que nadie está de acuerdo conmigo, así que hay que sopesar la posibilidad de que soy un viejo tonto y ridículo que vive con otros esplendores en un pasado que nunca fue.

Me explico. Entre la gente que sale y saldrá a protestar por eso de la herencia, habrá bastantes que con la Ley bajo la lupa perderán, no sé, tal vez $20, o bien $200. O aunque fuesen $200.000. La cuestión es que según la machacona propaganda oficial, ese dinero se meterá en la Máquina de la Redistribución, que le das una vuelta con esa manga larga que tiene y si salen tres elefantes en línea, el premio recae en Los Pobres (y si no, se va a esas cuentas turbias que los asambleístas tienen en EEUU, para volver Cuando El País Lo Necesita). Bien. La cuestión es que esa plata será para los pobres por lo menos si crees en el Ratoncito Pérez. ¿Por qué protestar entonces? Si esa misma gente, pidiéndoselo con educación, cualquier día es capaz de dar esas mismas cantidades, según su bolsillo, a ese pobre que les llama la atención desde la vereda, o desde la pantalla de la tele, o desde los melifluos labios de Michelle O'Bama. Pues ahí está. No es que sean tan, tan egoístas, avaros, acaparadores, antipatriotas, ruines, protervos, &c, &c (consulte la edición del Telégrafo más cercano para más adjetivos), sino que esa gente es tan anticuada que insiste en que se lo pidan con cortesía.

Y, tonto de mí, es lo que yo hiciera. Porque no creo que por muy 1% que sean esos "ricos", ni por muy 90% que sea la cantidad de recursos que controlan, yo tenga derecho a estirar la mano y coger lo que no me pertenece, lo que yo no me trabajé, lo que no se me ocurrió, lo que otros amasaron mientras yo dormía plácidamente en una cabina telefónica en el oeste de Uxbridge (¿o fue Northolt?).  En breve, creo que todos nacemos sin derechos y morimos sin derechos, y probablemente vivimos sin derechos, y cuando nos damos cuenta de eso, nos convertimos en seres más corteses, más alegres, más compasivos y más humanos. O en otras palabras:

Odio significa creer que lo que otro "tiene" te corresponde a ti. Es así de sencillo. La natural consecuencia del odio es afear a ese otro, convertirle en esperpento dentro de tu mente, en un ser ruin. La segunda consecuencia es que busques hacerle daño. Si no odias, no querrás hacer daño a nadie, y además, podrás ver a otros seres humanos como lo que son: otros seres humanos. Son dos ventajas de peso a favor de no odiar. Yo personalmente prefiero no odiar. Y si me dicen que para disponer de la prueba (última, final, incontrovertible) de que "los ricos" tienen algo que, como pobre o tirando a, me corresponde a mí, tengo que leerme tres veces el Kapital, de Marx, la segunda vez en bañador y la tercera colgado de un trapecio, y que además tengo que verme con el plasta ese de Piketty, y además tengo que aprender a razonar "dialécticamente", y que además hará falta ahondar en el turbio pasado de esos "ricos", que quién sabe si alguno de ellos no mató a Abel y se cogió sus ovejas, etcétera, pues qué quieren que diga, no estoy por la labor y prefiero quedarme con lo evidente, y las evidencias apuntan a que soy un vago que no se merece gran cosa, salvo posiblemente una patada en el trasero. (Si pudiera ser una tunda administrada por una señora con ligueros y en stilettos, mejor. Soy inglés.)

Una última cosa. Nebot es un pendejo y un payaso. Es oficial (you heard it here first). ¿Que por qué lo digo? Pues resulta que esta mañana, llevando el niño al colegio se me ocurre encender la radio y sale un "espacio de opinión" que consiste en un largo discurso del susodicho burgomaestre, donde grandemente era cuestión de lo nefasto de estas últimas leyes (ninguna discusión) y la necesidad de protestar y hacer frente a ellas (ninguna discusión) y confesaré que hacia el final del discurso me estaba quedando un poco boquiabierto: este hombre, me dije, sí sabe hacer discursos. Luego vino esto (no es textual, pero más o menos da la idea):

"Y si a alguno de nosotros nos toca morir en la contienda, pues así sea, pero morir con la espada en alta, oé, oé"

¿Morir?

QED. Pendejo.


Monday, June 8, 2015

Cada ladrón juzga...

Parece que hoy en el T. la consigna ha sido defender el proyecto de ley de Impuesto a la Herencia con uñas y dientes. Bueno, con uñas, dientes y ad hominems, para ser exactos. Veamos:

Y en el Ecuador actual, uno de los países que todavía ocupa los primeros lugares de inequidad en el mundo, parece que “todos” han tenido propiedades, que “todos” han creado alguna riqueza “con el sudor de su frente”, que “todos” quieren dejar algo a sus descendientes y que “todos” pagan sus impuestos. (Juan J. Paz y Miño C.)

Resulta ahora que medio mundo ha acumulado tanto que están preocupados de qué van a dejar a sus pobrecillos hijos, que no saben qué les deparará el futuro, que sin esos recursos quedarán casi casi en la orfandad.  (Werner Vásquez von Schoettler)

Los grandes detractores de la profundización de este impuesto evidentemente son aquellos que presienten serán afectados. Ellos cuentan con suficientes medios de comunicación y vocería para ser escuchados en todos los espacios y pretenden acabar imponiendo su criterio. Los desheredados de este país, quienes no tienen nada que perder -y al contrario, si se distribuyeran adecuadamente estos recursos recaudados tendrían que ganar- no tienen aún suficientes medios para expresarse. (Mónica Mancero, y sí, estoy decepcionado. De ella esperaba algo mejor)

Hablemos con claridad. Yo, personalmente, no me veo afectado en absoluto por la nueva Ley. Tengo un hijo a quien dejar lo ridículamente poco que tengo, que por su autismo consta como discapacitado por encima del 50%, por lo cual tengo entendido que hay gravamen al 0%. Puede que lo haya entendido mal y le toque pagar algo sobre la casa (el único patrimonio que se encuentra asociado a mi nombre), pese a que cuando yo muera (que será muy pronto, probablemente: la enfermedad pulmonar avanza a pasos acelerados últimamente), apenas se habrá cancelado una fracción de su modesto valor en hipoteca, y quedará el resto aún por pagar. El importe del impuesto, que sería irrisorio en este caso, no viene a cuenta. El tema es que en esos momentos complicados, dolorosos, cuando la muerte se lleva el principal sustento económico de la familia (mi esposa no tiene trabajo remunerado) y toca enfrentarse a un futuro incierto, viene el Estado con su rictus de sonrisa, con pistola en una mano y la otra extendida, a "cobrar" lo "suyo", como mafioso que es. Es un insulto más, una indignidad más después de todo lo que uno ha sufrido en vida con ese mismo Estado, saber que cuando uno muera, antes de que lleguen los pésames, antes de que lleguen las flores, ahí está el cobrador llamando a la puerta, con sus exigencias y amenazas y husmeando en busca de "algo escondido", como siempre.

"Este cuadro... muy grande, muy bonito. ¿Algún pintor famoso, tal vez...?."

"$15 en rebajas, De Prati."

"Hmm. Ah, y ¿este traje? ¿Pierre cómo se llama.... Pierre Cardin?"

"Pierre Bahía."

"Ah. Ése no lo conozco. ¿Su marido viajaba mucho?"

"No. Y no hay drogas en ese jarrón. Sólo flores muertas."

"Lo siento, señora, sólo hago mi trabajo. Firme aquí."


Hablemos claro. Si a Paz y Miño, Vásquez von S., Mancero, les parece que quien se oponga a una Ley sólo lo puede hacer por interés personal, qué puedo decir, lo siento por ellos. Su insistencia en que quien se oponga a esa Ley necesariamente lo hace por defender su propio "patrimonio", sólo puede interpretarse de una de las dos siguientes formas: o bien (1) ellos mismos son incapaces de defender, por solidaridad, los intereses de otras personas, y dan por descontado que los demás son como ellos, o bien (2) ellos creen tener la patente exclusiva sobre la solidaridad humana, y dan por descontado que los demás, en este sentido, no son como ellos. En ambos casos es como para tenerles un poco de pena.

"Los grandes detractores de la profundización de este impuesto evidentemente son aquellos que presienten serán afectados."

No, señora. Los grandes detractores de la profundización de este impuesto son aquellos a quienes de pequeños se les enseñó que la propiedad de cada quien es de cada quien y que robar es malo, siempre y en todo lugar, con independencia de circunstancias y con independencia de si soy yo u otra persona el afectado... y desde luego, con independencia del "patrimonio" del afectado, que desde la sensatez se ve como la mayor de las irrelevancias. Dicho de otra manera, los que persisten en tener claros y declarados principios éticos. Éstos, y no otros, son los grandes detractores de una Ley que, como otras tantas, busca acostumbrarnos a las depredaciones de los mafiosos hasta el punto de establecer, por fatiga mental, una especie de excepción ética, al estilo de: robar es malo pero no cuando lo hacen nuestros amos y señores, los grandes hacendados del Estado, nuestros dueños, los de los aviones privados y los departamentos en Bélgica y las eternas bodas en Miami. En este caso el robo se justifica porque aunque nos dejen en la penuria es por nuestro bien: ellos mismos lo dicen, me duele el cerebro, ha de ser verdad.

¿Tan difícil es de entender mi postura? Al parecer, nuestros pensadores del Telégrafo creen que una persona "pobre" que defienda el derecho de un millonario de quedarse con toda esa plata y regalárselo a quién le dé la gana es un solemne cojudo (si realmente existe tal persona, cosa que aparentemente se resisten a creer, o encuentran solemnemente "sorprendente"). Según parece, ese "pobre" debería de odiar al "rico", cuya futura suerte debería de serle indiferente; debería de clamar por su tajada de esas riquezas, de esos "recursos", con el argumento de que la "Justicia Social" dicta que lo que es de uno es de todos.

¿Qué puedo decir? Se vislumbra aquí una profunda grieta ideológica, una diferencia insalvable en cuestiones de ética profunda. Creo que aquí no es el lugar (ni tengo ahora mismo la energía ni el tiempo) para exponer filosóficamente los cimientos de una ética (la mía) según la cual la cuestión de si alguien es "rico" o no es absolutamente indiferente a la hora de hablar de sus posibles derechos, y del respeto que como ser humano se merece (a menos que se trate de riquezas mal habidas, por ejemplo, a través de la extorsión estatal que es el ejemplo más paradigmático). Simplemente constataré aquí que quienes tenemos este punto de vista ético vemos con desazón y tristeza esa aparente obsesión que escritores como los mencionados tienen con "los ricos", "la riqueza", "los recursos" y su "repartición", y hacen de esas "desigualdades" su caballo de batalla. Y no lo digo desde la comodidad de un burgués que desde su mansión quiteña predica para otros, para "los pobres", el Buen Vivir, el "contentarse con menos", el "no seas tan materialista ni tan consumista", y escribe elocuentes artículos sobre el tema desde su asiento de Club Class en el avión a Miami. Lo digo desde la perspectiva de una vida ya prácticamente consumada, cuya extraña y oscura trayectoria únicamente se alcanzaría a entender desde la perspectiva de una sana indiferencia, a lo largo de la vida, tanto hacia los bienes materiales y su acumulación como hacia el estatus social, que siempre me han parecido cuestiones secundarias, rayanas en indiferentes, y tal vez por eso no han tenido nunca mucho trato conmigo.

Resumiendo: por carácter, no soy capaz de perder ni un minuto envidiando al "rico": será por eso que los argumentos basados en la envidia me parecen sencillamente pueriles. Aunque fuese verdad que el 1% de la población del Ecuador, o del mundo, "acapara" el 90% de los recursos, a mí me parecería muy bien, siempre y cuando ese "acaparamiento" hubiera dado lugar sin ningún tipo de coacción, a través de un mercado abierto, con reglas que destierran de la arena tanto la fuerza como el inescrupuloso engaño, y con tal de que ese restante 99% de la población tuviera de qué comer y beber y con qué cobijarse en las frías noches de un invierno boreal. Los valores absolutos me impresionan, sobre todo cuando revelan pobrezas y miserias, pero no entiendo, y creo que a mi edad nunca entenderé, esa obsesión con los porcentajes. Parece que la pregunta no es "¿soy capaz de subsistir dignamente con lo que gano, con los recursos que tengo?" sino que viene a ser "Aunque vivo más o menos decentemente, ¿cómo es que ese otro tipo tiene mucho más que yo?" y a partir de ahí, a partir de esa miseria mental, de esa patética envidia, a medir porcentajes y a reclamar por "justicia social", como si "todos" tuviéramos derecho a una igual repartición del gran pastel, con independencia no solamente de qué hemos hecho para merecer nuestra porción, sino también de adónde vamos como sociedad con esos misérrimos valores.

En breve: no puedo suscribir una ética que invite a odiar a una parte de la humanidad, siquiera a un 1%, por una imaginaria ofensa que consiste en haber tenido más éxito o más suerte que yo. No puedo suscribirlo ni a cuenta propia, ni vicariamente, en supuesta representación de otros, de ese "pueblo" imaginario que puebla los discursos de nuestros iluminados.

Por supuesto que simplifico. Es tarde y tengo sueño: además, el tema me causa repugnancia. Me repugnan desde lo más hondo de mi ser aquellas personas que se creen con derechos sobre la propiedad y el esfuerzo de otros, aunque esos otros no me incluyen a mí personalmente. Me ponen de mal humor. Por ello, seguramente saldrá un post hepático, confuso y tal vez incoherente. Lo siento. Llegará el día, esperemos, en que podré tratar estos temas con más calma. Pero bajo la rúbrica de simplificación, ya vienen a decirme que mi idea de un "mercado abierto" es utópico, que no es como las cosas funcionan en realidad, que la realidad es que todos esos millonarios se han aprovechado de recursos estatales, de privilegios y ventajas concedidos por "los poderosos", de engaños y estafas, etcétera, que no son santos, que en realidad son corruptos, inescrupulosos, cínicos, son la escoria de la tierra, y que por eso sigo siendo el cojudo más cojudo que jamás vivió. A ver.

Sí, con toda seguridad tienen ustedes razón. No es ciencia de cohetes. Uno se hace político, se gana cierto poder e influencia, y a continuación empieza a vender favores, empieza a figurar en la Junta Directiva de una gran diversidad de empresas, a brindar con cava cortesía de algún lobby, etcétera: se hace su fortuna, sus cuentas en Miami, y con ello, como quien no quiere la cosa, también afianza otras fortunas igualmente turbias. Pero para todo eso, precisamente, está la Ley. No el proyecto de Ley que ahora está bajo discusión, sino esa Ley que también, en un país como Ecuador, resulta ser una resbalosa entelequia: aquélla que pone límites al poder y protege contra los abusos del mismo. El problema es que no la tenemos, y eso porque los populistas han sabido vender demasiado bien el cuento de que "el poder" no son ellos, sino otros, y por tanto, no se necesita protección contra el mismo Estado, ¡qué idea!  En ausencia de esa Ley, que ante cualquier sugerencia de corrupción o de algún oscuro proceder pediría nombres, datos, pruebas individuales y fehacientes, y tendría una respuesta lenta pero implacable, nos acostumbramos a la ligereza de lengua de un Presidente a quien no le importa generalizar, para quien todo aquel que tenga harta plata "seguramente" la obtuvo mediante triquiñuelas, privilegios, extorsión, corrupción estatal, y por eso le "debe" al Estado, al mismo Estado que le facilitó todo eso en primer lugar. O sea, que ya estamos aprobando leyes basadas en la presunción de culpabilidad y no de inocencia, el lema "toda esa gente son iguales".

Lo interesante, para mí, lo esperanzador, es que se vea necesario todavía echar mano de esos pretextos, de esa retórica de mala fe. Como si la población votante todavía se resistiera a aceptar que el Estado no necesita excusas para llevarse lo que sea de quien sea, como si alguien todavía creyera en esa tontería de la propiedad privada.

Finalmente, y esto va para la Sra Mancero: gracias por recordarme que "la mejor herencia es ninguna", y que con adecuada "educación y formación" todo el mundo tendrá su oportunidad para triunfar en la vida. Espero que esto se haga realidad en el caso de mi hijo, que con su autismo se perfila en un futuro como uno de esos "perdedores" que los apologistas del régimen dicen apoyar, al tiempo que buscan la mejor manera de sustraerle hasta aquel poquito que pudo haberle regalado un padre moribundo y angustiado. Sí, seguramente su futuro será brillante en el nuevo país del Buen Vivir, y que el iluso, el utópico y el reacio a enfrentarse a la realidad soy yo. Seguramente.

Sunday, June 7, 2015

Opiniones que sobran (2)

Me olvidé de decir en el anterior artículo que a fuerza de no entenderlo, creo entender perfectamente al Sr. Orlando Pérez (sí, también soy maestro zen en mis ratos libres). Veamos si no (la siguiente cita es de uno de mis posts anteriores):

La gente que defiende la libertad de expresión sin tener nada ellos mismos que expresar, creo que estaría mejor ocupada regando postes de iluminación pública con una original mezcla de Pilsener, tequila, urea, ácido úrico y sales inorgánicas.

Son maneras de hablar, naturalmente. Lo que quise decir con esto es: si no tienes nada que expresar, nada cuya expresión valga la pena defender contra los censores gubernamentales, tienes un grave problema que no sé si llamar existencial o sicológico. Lo único que se me ocurre recomendarte a corto plazo es que dejes de defender conceptos que no entiendes y salgas a emborracharte, con la esperanza de que el vino te ayude a vencer esa censura interna que te está impidiendo descubrir tu verdadera originalidad y tu auténtico lugar en el mundo.

Sí, el vino a veces ayuda, aunque sólo sea para darte cuenta de lo fascinantes, novelescos y dignos de ser compartidos que son tus avatares emocionales. Y no creas: también ayuda mucho el retraimiento, el silencio, la soledad, el austero y sosegado raciocinio. En otro post anterior también cité a Bonhoeffer en el siguiente sentido:

Unless we have the courage to fight for a revival of wholesome reserve between man and man, we shall perish in an anarchy of human values… . Socially it means the renunciation of all place-hunting, a break with the cult of the “star,” an open eye both upwards and downwards, especially in the choice of one’s more intimate friends, and pleasure in private life as well as courage to enter public life. Culturally it means a return from the newspaper and the radio to the book, from feverish activity to unhurried leisure, from dispersion to concentration, from sensationalism to reflection, from virtuosity to art, from snobbery to modesty, from extravagance to moderation.

Este hombre, sin duda, sí sabía un buen rato sobre lo importante que es no dejarse llevar por la opinión y el prejuicio ajenos, y forjarse un centro de gravedad propio, tanto intelectual como emocional, so pena de convertirse en un Hollow Man.

Y sí, el artículo de Pérez podría leerse de esta manera, como un voto a favor de ese "wholesome reserve"... podría, si no fuera porque sabemos quién lo escribió y con qué fácilmente presumibles fines. ¿Cómo lo digo? Si una enfermera en un hospital me dice "cállese", obedezco por respeto, porque sé que ella tiene en mente los intereses de sus pacientes. Si un contrincante en un debate público me dice "cállese", en cambio, mi respuesta y mi interpretación de la situación serán muy diferentes. Ahora bien, de Orlando vocación de enfermero no se le conoce (puedo equivocarme), mientras que el puesto de Editor de un diario partidista gubernamental le coloca en la posición de vocero permanente, de contrincante en un debate público sin fin, con lo que la invocación implícita del artículo "todos los que no estén de acuerdo conmigo, que se callen de una puta vez" difícilmente se podría interpretar como un voto benigno y sabio a favor de la reflexión y de la sustentación de las ideas, y mas fácilmente como el equivalente literario a esa pistola contra la sien que en las películas precede a la llamada telefónica del rehén.

Lo siento, Orlando: si quieres que te tomen en serio intelectualmente, un primer paso sería dejar de alinearte con los violentos. Luego hablamos.

¿"Los violentos"?

Si alguna vez has participado en un debate con algún SJW (guerrero de Justicia Social), te sabrás el guión prácticamente de memoria. Resumiendo, y obviando las habituales invocaciones a la Ley de Godwin, etcétera: Según ellos, la confiscación de grandes fortunas por parte del gobierno sirve para volver la sociedad más igualitaria. Puede ser. Más igualitaria en el sentido de más pobre, con una pobreza más uniformemente distribuida. Bien. Ahora, si en el universo alternativo del Buen Vivir "los pobres" son felices, y se pasan el tiempo canturreando los loores del gobernante de turno por falta de otra cosa que hacer (pues el 80% de las empresas, por ser "familiares", se han ido al traste, y cualquier que haya trabajado para el Estado sabe que el gobierno sería tan capaz de llevar una empresa solvente como yo de ganar el Miss Universo: hasta pagar a tiempo los salarios a veces se les vuelve imposible a esos manes), me parece requetebién por supuesto: pero donde se me hace que la teoría se vuelve un poco... complicada, difícil de sostener, es cuando insiste en que el Buen Vivir, para el ciudadano, se manifiesta en un ejercicio permanente de generosidad, de solidaridad, de espíritu comunitario. Y lo digo porque si al simple hecho de dejar algo (dinero, propiedad) en herencia a tus propios hijos lo tratan como un crimen, mediante impuestos surrealistas, y en cambio se premia el egoísmo, el gastar toda tu plata mientras vivas, en ti mismo, en artículos suntuarios y consumo extravagante y ostentoso, a sabiendas de que lo que no te gastas el gobierno de todas maneras se lo va a llevar cuando te mueres, entonces es difícil de evitar la conclusión de que el altruismo popular, para ellos, al igual que el ahorro personal, apesta, que lo que hay que hacer es cuidar al Número Uno porque sobre la generosidad y la solidaridad el gobierno tiene exclusivo patente, y tú no eres el gobierno. Si a los de AP les parece que dejarles algo a tus hijos debería ser multado, ¿qué castigos no se idearán para quienes se atreven a dar algo en vida a personas menos íntimamente relacionadas, por ejemplo, a tus trabajadores? Bueno, la respuesta también ya la recibimos: si cometes el error de darles demasiada plata a ellos, a tus empleados, mediante pago de utilidades, también vienen a por ti con el mazo y el exprimidor. De modo que la intención del gobierno parece ser doble: no solamente quitarles a las personas el dinero que según parece les está sobrando, sino también, volver inútil a ese dinero que a uno le puede quedar, después de pagar todos esos impuestos, pues una persona normal en lo que primero piensa es en sus hijos y su familia, después en otras personas que pueden depender de ella, empleados por ejemplo, y por último en si mismo, en sus propios placeres y entretenimientos. Con lo que se abre el siguiente panorama: (1) A mis hijos y a mi familia, si les doy algo por encima de lo estipulado, me multan; (2) lo mismo pasa con mis empleados: (3) si quiero gastar ese dinero en mí mismo, encuentro de repente que no hay en qué, pues casi todo lo bueno viene de ultramar y hay tanto salvaguarda que ya no hay productos extranjeros en las estanterías.

Entonces para qué trabajar, para qué esforzarse.

Siempre lo pensé, sólo que ahora parece que se esfuerzan por demostrármelo: el Buen Vivir es una sociedad de vaguería, un rêve de paresse grossière que diría Rimbaud. Es el sueño de que todos estarán felices si nadie se levanta por la mañana, porque serán tan ignorantes que vivir en la mierda y comer cucarachas les parecerá el mayor de los lujos.

Pero no se le escapará al más astuto de mis lectores que lo que se propone es el antónimo de una sociedad libre, emprendedora, solidaria, generosa, con fuertes vínculos sociales, y por tanto, capaz de manifestar estabilidad, desarrollo, progreso, y de contener y cobijar a personas felices. Lo que se propone con cada vez mayor agresión e insistencia es rigidez, estancamiento, pobreza, envidia, desesperación, corrupción y viveza criolla.

Con el obvio y necesario corolario de que todo esto se tiene que defender con violencia. "Los violentos"... sí, no se me ocurre qué otro nombre cabe para quien se propone colocarse entre padre/madre e hijo/hija, con oscuras amenazas y rifle en mano, o para quien se proponga explícitamente "acabar con la empresa familiar" y con ella, obviamente, con la familia misma, en tanto ella siempre ha sido una especie de microsociedad solidaria y generadora de virtudes solidarias.

Ya lo dije hace tiempo: el Presidente me parece a mí una persona con graves trastornos sicológicos. Estos últimos proyectos de ley parecen demostrarlo. Apres moi, le déluge.  En tal escenario, cobra importancia como nunca antes de qué lado de la barricada se sitúa el opinador, si con el poder fomentador de odio y devastador de sociedades, o en contra de ese poder. Ya no caben medias tintas ni elegantes incoherencias ni juguetones oxymorons. Eso, si alguna vez cupieron.

Opiniones que sobran

Si estuviera en Inglaterra, seguramente mi ritual dominical incluiría salir a comprarme el Sunday Telegraph, ojear las noticias, con cara de Sansa Stark (para no desentonar), y luego ponerme a hacer el crucigrama. Esto, el crucigrama críptico que distingue al periódico inglés "de cepa" (Guardian, Telegraph, Independent) del simple y mísero tabloide, es uno de esos placeres secretos que si la gente no habla de él, es para que no se den cuenta los políticos de que en algún lugar alguien está gozando sin pagar un impuesto especial por ello. Y no, el crucigrama que siempre regala esos medios no tiene nada que ver con el que sale en el tabloide o en todos los diarios de otros países de que tengo conocimiento. En éstos, las soluciones son indicadas mediante simples definiciones, por ejemplo:

3 horizontal: criatura acuática que tiene ocho patas (5 letras)

Es decir, éstos son crucigramas aptas para distraer la mente momentáneamente en la sala de espera de un dentista, y poco más. En cambio, en el crucigrama "críptico" es más probable que vean algo así:

ACROSS

1 Lane difficult to cry on? (4, 8)

donde la solución se determina mediante un algoritmo recursivo con una heurística que con el tiempo y la experiencia se agiliza: primero se escoge alguno de los elementos de la "pista" (clue) como posible indicación general del significado de la palabra o expresión en cuestión (en este caso, probemos primero con "lane", camino) y a continuación, se consulta al léxico del idioma, obteniendo así diversas posibles soluciones (para "lane", hay muchos candidatos: road, way, highway, thoroughfare, street, etc), cada una de las cuales se tiene que interrogar, primero sobre su coincidencia con el número de letras indicado (4, 8 en este caso, o sea tiene que ser dos palabras), segundo sobre su coincidencia con las letras que ya sabemos que tiene que contener en determinadas posiciones según lo que hemos solucionado en otros casos, y tercero, con el resto de la pista que puede incluir definiciones de partes de la solución, o anagramas, o referencias literarias, etcétera, por eso la denominación "críptico". En este caso, al cual un compositor (así se llaman) de crucigramas calificaría de "ridículamente fácil", obtenemos la solución al darnos cuenta de que "hard shoulder" (carril de emergencia en una autopista) contiene el número de letras adecuado, 4 y 8, es un tipo de "lane" (carril), y además, "hard" es sinónimo de "difficult" y "to cry on" es una expresión que muchas veces se empareja con "shoulder". De modo que el avezado solucionador de crucigramas en esos medios "tradicionales" pone a prueba diariamente su dominio de todo el vasto léxico del inglés, al tiempo que sus conocimientos literarios, geográficos, zoológicos, históricos, etcétera, y a más de todo esto, su habilidad para descifrar anagramas, y esa agilidad mental que se demuestra en manejar algoritmos iterativos y recursivos, probando y desechando posibles soluciones parciales. Tal vez por eso la membresía de esa clase patricia y meritocrática que supuestamente (más en las películas que en la vida real, desde luego) dirigía, desde Whitehall o el Parlamento o la Cámara de Comercio, el destino del país, se ponía a prueba a diario, en el tren hacia Londres o en el escritorio del despacho, solucionando en un tiempo razonable (media hora o menos) el crucigrama del Times, que en esos tiempos aún no era tabloide.

Ahora, empiezo a creer que el privilegio de vivir en Ecuador hace a uno partícipe de otro entretenimiento burgués casi casi tan desafiante como el mencionado, y es el ritual dominical de intentar entender qué demonios quiere decir Orlando Pérez en su columna habitual del Telégrafo.

No soy culto, como algunos quisieran y como otros acertadamente me califican. (1 horizontal)

¿Lo ven? Si "otros" le califican a Orlando de "culto", y lo hacen "acertadamente", será porque lo es en realidad: pero él lo niega en la primera oración, de modo que ya, de entrada, se introduce esa disonancia cognitiva, que da lugar a ese denso matorral de contradicciones forzadas que forma parte del estilo del escritor. Para el hambriento de pistas crípticas, esto es a la vez un desafío y una tentación deliciosa: se lee el artículo para tratar de entender cómo una persona puede a la vez no ser culta, y ser descrita "acertadamente" como culta: y lo mejor del desafío estriba en que no se sabe de entrada si la solución se encuentra en un ingenioso juego de palabras, al estilo del crucigrama tradicional, o si tendrá más que ver con cierta tradición del budismo zen, sobre la cual citemos directamente del Tío Wiki:

Muchas veces el kōan parece un problema absurdo (véase: aporía), ilógico o banal. Para resolverlo el novicio debe desligarse del pensamiento racional común para así entrar en un sentido racional más elevado y así aumentar su nivel de conciencia para intuir lo que en realidad le está preguntando el maestro, que trasciende al sentido literal de las palabras.

Pues bien, en el presente caso lamento tener que confesar que no tengo el pensamiento tan elevado todavía para entender a Orlando Pérez, más allá del "sentido literal de las palabras", que en el citado artículo parece resumirse en una simple y lapidaria frase hecha famosa hace algunos años por el Rey de España, y dirigida, en este caso, a los medios de comunicación o a la sociedad ecuatoriana en general:

¿Por qué no te callas?

O en formulación del Sr Pérez:

¿Cuánto silencio les hace falta a algunos? ¿No será para todos ellos un acto de liberación no tener que decir nada y poder callar, como recomienda Deleuze?

Cuando leo esto, el crítico literario que hay en mí se pone en alerta: no será el sous-texte de esta afirmación una queja, a la vez simpática y desgarradora, ante la triste necesidad que persigue al editor de un diario gubernamental, de "tener que decir algo" con monótona regularidad, aunque no se le ocurra nada interesante, y se vea otra vez obligado al final a recurrir a su tradicional bete noire, verbigracia, la "irresponsabilidad" de las izquierdas no correístas, o a falta de eso, lo corruptos, mentirosos y procaces que son todos los medios ecuatorianos menos el suyo, e intentar sazonar esa pobreza temática con el artilugio de un estilo deliberadamente confuso y contradictorio?  En todo caso, parece que aquí tenemos una paradoja digna del más elevado maestro zen: una persona que no tiene nada que decir se abstiene de callarse con el fin de recomendar que las personas que no tengan nada que decir no se abstengan de callarse.

Pero si al leer este artículo tuve una especie de epifanía espiritual, no fue precisamente por esto sino porque me puso sobre la pista de un fenómeno interesante, que tiene que ver con el ethos de la retórica aristotélica, y que se puede resumir así:

Si tengo que escoger entre dejarme convencer por tu opinión, y dejarme convencer por tu bota que en este momento me oprime el cuello, probablemente optaré por lo segundo: con lo cual, lo primero sobra.

¿Qué quiero decir con esto? Pues simplemente, que es un poco ridículo que una persona que haya optado definitivamente por el uso de la fuerza bruta, por ejemplo, accediendo a formar parte de toda la maquinaria represora, censuradora y propagandística del gobierno, luego intente convencer a sus víctimas, posteriormente, con argumentos intelectuales que justifiquen su actuar. Es lo que me vino a la mente con cierta fuerza al leer el más reciente "exhorto" del CORDICOM. Sin disponer de datos de primera mano ni estar debidamente familiarizado con el tema, al leer el resumen del caso que proporciona el propio CORDICOM, y a sabiendas de qué tipo de programa se trata ("Vamos con Todo") estoy por decir que probablemente tienen razón al criticar la manera burda y sensacionalista en que se explota el personaje y el problema de la drogadicción, manejando todo tipo de apestoso estereotipo de manera irresponsable en busca de mayores ratings. O si no tienen razón, por lo menos el tema podría dar lugar a una discusión interesante y fructífera, en que por ejemplo se buscaría con mayor claridad examinar los estereotipos relevantes, de dónde provienen, y cuál sería una manera "responsable" de enfrentarse a ellos. Pero las buenas intenciones (de las que no dudo) del autor del exhorto se chocan frontalmente con el hecho notorio de que el CORDICOM forma parte de un aparato represivo y censor, que cuando quiere, recurre a la fuerza para imponer sus versiones y sus criterios. Entonces el caso es un poco como si un ladrón entra en tu casa y mientras sus compinches te atan de pies y manos, se permite largarte un sermón sobre que los cigarrillos son malos para la salud, y por eso es porque todos esos cartones que él acaba de encontrar debajo de tu cama, se los va a llevar, desde luego por tu propio bien.

Puede que, de hecho, los cigarrillos sean malos: pero quién menos me va a convencer de ello es ese tipo, por razones que estimo obvias.

O busquemos otra analogía. En la literatura pornográfica de cariz sadomasoquista, es notable que nunca faltan los sermones, que muchas veces emplean los azotes como puntuación o a modo de letra cursiva: al mismo tiempo que se inflige el dolor, se explica por qué ese castigo es merecido, y por qué el que maneja el rebenque tiene toda la razón al actuar así. Con esto, se supone, se intenta aplacar cierta conciencia moral residual de parte del protagonista (o del autor), que intenta auto convencerse de que está actuando éticamente: o si no, si al protagonista no le importa actuar éticamente o no es capaz de discernirlo, entonces la explicación consistiría en esa exquisitez de la mente sádica, que más allá de la humillación física de la víctima busca también humillarla mentalmente, al hacerla reconocer internamente (y no solamente por palabra) su condición de miserable transgresora merecedora de castigo ejemplar. Y sostengo que esa sensación de exquisitez sádica es la que inevitablemente acompañará a cualquier persona medianamente inteligente que hojee, por ejemplo, las páginas de Opinión del Telégrafo, o que sea capaz de aguantar uno de esos sermones sabatinos del Presidente. La cuestión es que las víctimas ni siquiera tengan la dudosa y triste satisfacción interna de poder reconocerse, a pesar de todas sus tribulaciones, como portadoras de la razón. Es la consigna de los voceros del poder, perpetuamente renovada.

Y es por eso que yo digo: esas opiniones que sobran, esas voces que por el bien de todos deben callarse, ya de una vez, son las que justifican el poder, las que emanan de una cara invisible escondida tras la bota sobre el cuello: o sea, las del gobierno y de sus instancias representativas. Evidentemente, no estoy diciendo que el partido o movimiento que se haya hecho con el poder debería callarse: claro que no puede, tiene un deber que cumplir que es conseguirse la reelección mediante propaganda electoral. En algunos países afortunados, esas "voces" sólo se escuchan cuando se acercan las elecciones; pero si acá quieren hacer campaña electoral permanente, bueno, sus razones tendrán, pero por favor, no mezclemos conceptos: una cosa es la opinión racional y sustentada, y otra la propaganda. Y colocar continuamente propaganda electoral bajo la rúbrica de "opinión", como hace El Telégrafo, no es bueno para nadie. Por eso les recomiendo, señores del CORDICOM: absténganse de opinar sobre programas televisivos, que ya nadie les toma en serio cuando lo hacen (la punta metálica de su bota reluce más que la de su pluma, o en términos aristotélicos, carecen por completo de ethos), y limítense a hacer lo que hacen mejor, que es multar y sancionar. Otros pueden opinar sobre la ética de sus patadas al cuello, de sus alambicadas restricciones y su concepto decimonónico del Bien Común: pero que ustedes mismos lo hagan, señores, es el colmo de la desvergüenza y del absurdo.


Monday, June 1, 2015

Reescribir la historia (1)

Cuando se dio el asesinato de Miguel Angel Blanco a manos de ETA, allá en 1997, yo vivía en España, y como prácticamente todo el mundo participé en las manifestaciones y vigilias, que recuerdo como la muestra de rechazo popular contra la barbarie más contundente que jamás he presenciado. Aquellos días, no recuerdo si antes o después, también se me ocurrió hacer otra cosa, que fue indagar en las páginas web de que entonces disponía la organización terrorista. No sé si lo habré comentado en otro lugar, pero hice allí un descubrimiento interesante, que tiene que ver con un nivel de hipocresía flagrante que, ingenuo de mí, no hubiera asociado con una organización de esas características.

Me explico. Obviamente cuando uno se hace terrorista, "algo se muere en el alma", es decir tiene que despedirse de gran parte de su humanidad (los afortunados ni se darán cuenta de ello hasta mucho más tarde) y a partir de ese momento, dejar de ver a los seres humanos como lo que son, irrepetibles conciencias hechas de gozos y sufrimientos al igual que uno mismo, y empezar a verlos como piezas en un juego de ajedrez, como instrumentos, como medios para conseguir un determinado fin. La inhumanidad fundamental de todo el proyecto, naturalmente, se enmascara con palabras. Se aprende una jerga bizantina que justifica la tortura y el asesinato en aras del "movimiento", de la "independencia"; de la "revolución", etcétera, junto con unos malabarismos intelectuales que pretenden trasladar culpas y responsabilidades al "enemigo". La mala fe de esas organizaciones se mide por el número de boletines internos que circulan entre sus miembros, dentro del mayor hermetismo por supuesto, donde cada uno tiene su "apodo revolucionario", y donde se discute, con un léxico marxistoide y gran alarde de pretenciosidad, cual es la actual "coyuntura", si es "revolucionaria" o no, cómo está "el sentir de las masas", etcétera, y se le recuerda a los pusilánimes que aquello que aparenta ser un Estado de Derecho con mecanismos democráticos y libertad de opinión en realidad es un enorme aparato de represión cuyo salvajismo justifica de antemano cualquier respuesta violenta. Es uno de los atractivos de ser un despiadado asesino: por lo menos te sientes parte de algo importante y secreto, algo que en la posterioridad será celebrado por todos los juglares del mundo.

Bien. Mi punto es que todo terrorista es, según el vocabulario de Lessing, "el buen terrorista". Tiene todas sus defensas conceptuales permanentemente a punto, bien engrasadas, listas para todo. Eso de que el asesinato de un inocente se puede justificar "dentro del panorama político más amplio" se lo traga y se lo cree a pies juntillas. Si no, su mundo se derrumbaría ante la enormidad de lo acometido y terminaría suicidándose, como hizo uno de los secuestradores de Blanco, años después.

Por lo menos es lo que siempre supuse, hasta ver esa página web que ETA tenía colgada en algún servidor foráneo (algunas semanas después, ya la habían eliminado). Lo que recuerdo haber visto allí es lo siguiente:

Una historia de ETA donde se enumera cada uno de los actos represivos del Estado español desde la fundación de la organización, allá por los años sesenta, en contra del sufrido pueblo vasco. Unas vagas puntualizaciones sobre las "respuestas armadas" emprendidas por la organización en el mismo período. Al principio se expone con claridad que ETA nació bajo una dictadura que, por ser tal, se podía permitir ciertos excesos. Se sigue con la historia. Tal acción infame de las fuerzas represoras españolas. Tal legítima respuesta armada de la heroica resistencia vasca. Ping, pong, ping, pong. Hasta llegar a nuestros días. "La lucha sigue. Y usted puede ayudarnos. Si desea más información..."

La página era escrita en inglés, no recuerdo con qué nivel de corrección. Me quedé pensando después de terminar con esa lectura. ¿Qué es lo que ahí faltaba? La pregunta se contestaba antes de terminar de formularse. Claro: se olvidaron de mencionar que España ya no era una dictadura.

¿Se olvidaron? Consideren lo siguiente: una página en inglés era destinada a ser leída, sobre todo, por "liberals" estadounidenses, de ésos que llevan apellidos irlandeses y de vez en cuando les gusta hacer una contribución financiera "por la causa", pues ellos con su educación superior saben que todo lo malo que se cuenta sobre la IRA es mentira, son buenos chicos que solamente quieren ver a su país libre del yugo monarquista. Así que, organización terrorista que se respete, no vamos a ser menos: metámosle también el cuento y a ver si por ese lado también recaudamos algo de fondos. A nuestro favor, desde el punto de vista propagandístico, es haber nacido bajo la dictadura. En nuestra contra, el haber seguido con la lucha armada cuando ya existía la posibilidad de un reencauce democrático de nuestras demandas. Pues simplemente omitiendo ese detalle, y confiando en la proverbial ignorancia del yanqui que difícilmente situaría a África en un mapamundi, la cosa ya marcha. De modo que, sin mentir salvo por omisión, la página de ETA daba a entender que la dictadura franquista de los 60 y el actual gobierno español de esos días era una misma cosa.

Eso es lo que yo llamo "reescribir la historia": no necesariamente mentir en el sentido de propugnar falsedades, sino aprovecharse de la ignorancia del público, atributo en que hoy día se puede confiar tal vez como nunca antes, y sobre todo en la falaz sensación de continuidad que nos impide establecer importantes diferencias. Tengo la intención de seguir con este tema, pero en otra dirección más contemporánea. Ahora mismo, empero, me toca salir por cigarrillos.