Saturday, March 26, 2016

Moralidad científica y calidad de vida

El tal Paz-y-Miño no es que me caiga mal. Sus columnas suelen tener, frente a sus compañeros de sección, un contenido informativo relativamente alto. Admirable su desconstrucción, el otro día, del "engaño científico del momento", con toda la duda que arroja sobre la infalibilidad papal del SCOPUS. Su fuerte, la divulgación científica. Su debilidad... bueno, allá vamos. Pero no en son de fregar ni de criticar, sino porque el tema tiene relevancia trascendental, a mi modo de ver.

Puedo equivocarme, pero creo que ya llevamos algo así como 150 años maltratando el adjetivo "científico", hasta el punto que hoy día existen personas (yo, por ejemplo) que de acuerdo con la conocida formulación atribuida a Goering (erróneamente, por supuesto), "cuando escuchan la palabra científico, extienden la mano hacia sus Flores de Bach". No es para menos. En tan sólo siglo y medio, hemos tenido que aguantar la Ciencia Cristiana (no vayas al médico, la enfermedad no existe), el Socialismo Científico (no vayas a Moscú, la Unión Soviética no existe), los remedios herbales para el hígado graso Científicamente Probados (No vayas en el bus 17 Durán-Guayaquil, la inmunidad contra vendedores ambulantes no existe), la Eugenesia Científica (no vayas) y no sé cuántas Ciencias más, todas al parecer nacidas del mismo error epistemológico básico, el de creer que el método científico confiere certezas absolutas, y por tanto, que la etiqueta "científico" resulta codiciable para todo aquel cuyo negocio consista en vender certezas absolutas. Si yo fuera el Dr Paz-y-Miño, me plantearía seriamente si mi modesta influencia como autor y periodista no sería mejor empleada en hacerle entender a la gente que la expresión "científicamente probado" es el oxímoron perfecto, puesto que en sus tres siglos de historia la ciencia moderna nunca ha probado hipótesis alguna, en el sentido de convertirla en certeza intocable, sólo ha descartado hipótesis alternativas no válidas, y aislado a un puñado de explicaciones temporalmente satisfactorias para los fenómenos observables en la naturaleza, todas ellas eternamente sujetas a revisión.

Pero si hay algo peor que ponerle la etiqueta de "científico" a tu nueva formulación de aceite de serpiente (garantizado para curar disfunciones eréctiles), es ponerle la misma etiqueta a tus formulaciones, principios o prejuicios éticos y morales, por muy respetables que éstos sean. Y lo digo no tanto desde el punto de vista de un admirador de David Hume, sino desde un enfoque más práctico. Si el problema "is vs. ought" no nos resulta hoy tan acuciante como le resultó al filósofo, es porque reconocemos en la práctica que todo sistema moral o ético, entre ellos los que rigen la praxis gubernamental en los países pretendidamente democráticos, parte de unos supuestos elementales que, aunque posiblemente no descansen ni en observaciones empíricas ni en certezas metafísicas, gozan de un abrumador y valioso consenso entre los seres humanos. Convenimos, por ejemplo, en que hacer sufrir a seres humanos u otros seres vivos sin motivo es moralmente injustificable: para estar de acuerdo en esto, al parecer, no nos hace falta "ciencia" ni apoyo de peso pesado filosófico alguno. Ahora bien: frente a la duda corrosiva que arroja Hume sobre el estatus ontológico o epistemológico de nuestros postulados morales, hay dos actitudes enfrentadas que se pueden tomar. La una consiste en negar la posibilidad de cualquier duda o disensión honesta respecto a la validez de tus premisas éticas más básicas: tal cosa es buena, tal otra cosa es mala, el tema no admite discusión, si no estás de acuerdo conmigo lo único que haces es demostrar tu vileza moral. Si éste es tu postura, despídete de la filosofía y concéntrate en tu mejor arma, que resulta ser el mismo consenso, el se dice y el se cree. Y a falta de eso, en la "ciencia". Sí: los vendedores de la moralidad científica (Sam Harris entre ellos) resulta que lo único que hacen es vestir a sus prejuicios morales con el conocido mandil blanco, como en los anuncios de detergentes y dentífricos, para venderlos mejor a granel, utilizando un vocabulario científico para darle mayor credibilidad a un simple prejuicio sostenido sobre la base de una argumentación débil y simplista.

La otra actitud, y la que me parece más verdaderamente "científica", es aceptar la naturaleza contingente, subjetiva, débil y temporal de tus premisas morales, exponerlos al debate, y mostrar frente al tema una actitud de apertura y humildad (que no es lo mismo que relativismo posmoderno). Esta actitud me parece preferible en parte porque su opuesto, la de la gente moralista, suficiente y dogmática, ha demostrado llevar a terribles equivocaciones y terribles crímenes. ¿Quién duda de que Hitler o Stalin, al ser interrogado sobre el tema, hubieran insistido en que sus respectivas soluciones gozaban del beneplácito de la moralidad más "científica", por tanto inapelable, inventada o descubierta hasta el momento?

Ahora bien: no es que el Dr Paz-y-Miño pretenda, explícitamente, justificar con argumentos "científicos" el alza de impuestos sobre tabaco, bebidas azucaradas y licores. Por lo menos no utiliza ese término exacto en la manera descrita. Veamos lo que sí dice:

El consumo conjunto de azúcares, alcohol y tabaco, eleva hasta 300% el riesgo de enfermedad y muerte. Justamente por esta asociación, las políticas sanitarias mundiales han cambiado y desalientan su consumo. La OMS advierte de sus daños, los estudios científicos los confirman y las autoridades de salud deben tomar un camino para enfrentarlos.

Habrán notado el légerdemain de la última frase, el sigiloso cruce de umbral entre is y ought. Para rematar:

Estas tres sustancias controladas y haciendo campañas de salud adecuadas para desanimar su consumo, ahorrarían a los estados y a las personas cuantiosas sumas de dinero que podrían ser reorientadas a inversiones positivas como educación, salud, investigación, y para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos.

Es decir: tabaco, azúcar y alcohol hacen sufrir a la gente (enfermedad, muerte prematura) sin motivo, y ahí están las demostraciones científicas. Hemos establecido que existe consenso social abrumador en que eso es malo, por tanto, frente a tal consenso, no hace falta mayor reflexión respecto al aspecto ético de la cuestión. Por tanto, cualquier esfuerzo gubernamental que sirva para reducir el consumo de estas sustancias es bueno.

Esto es lo que yo llamo un argumento simplista. Y es precisamente porque algunos científicos parecen sufrir una atracción fatal hacia tales razonamientos simplistas, que yo siento tanta incomodidad cada vez que un científico se apunta a una discusión de fondo ético. Son como bulldozers. Tienen la delicadeza, la sutileza y el refinamiento de Godzilla. Comprensiblemente, son altamente codiciados por los editores de opinión en todo el mundo.

Veamos. Para exponer las debilidades de tal argumentación, tan sólo hace falta agregarle explícitamente las premisas tácitas, las que el autor sobreentiende o da por obvias. Así que:

1. Todo acción que perjudique la salud o acorte la vida a otra persona o al mismo agente es moralmente indefendible, con independencia del motivo por el cual fue emprendido, o de los posibles beneficios que se obtienen, o de la calidad de vida del sujeto en cuestión.
2. El uso del tabaco y del alcohol, y el abuso de la glucosa, perjudican la salud y acortan la vida a gran número de personas.
3. Por tanto, toda persona que abuse de estas sustancias se arriesga a cometer una acción moralmente indefendible.
4. La abstinencia o la reducción en el consumo de dichas sustancias no acarrea ningún efecto negativo apreciable, por lo menos en el campo ético, que es el único que nos concierne.
5. Las personas adultas no son capaces de tomar decisiones en libertad que afecten su propia salud, bienestar o rectitud moral. (Y los no adultos menos aun, por supuesto.)
6. El único ente capacitado para velar por la salud de los individuos, y por su pureza y corrección moral, es el gobierno, en este caso mediante sus "autoridades de salud".
7. El alza de precios es la mejor manera (por ser la más eficaz) que tiene el gobierno de incidir en los hábitos de consumo del ciudadano, puesto que tendrá como efecto inevitable una reducción en el consumo de dichos productos, con independencia de clase social o de la capacidad adquisitiva del ciudadano afectado.

Creo que con esto basta. El lector notará que el único aporte que la ciencia médica blandida por el Dr Paz-y-Miño hace o puede hacer sobre esta cuestión está contenido en el punto 2, que es el único que no admite discusión seria. Por el resto, sólo hace falta disentir sobre uno, uno solito, de estos 7 postulados, en algún detalle, y el argumento de Paz-y-Miño cae muerto, por lo menos en cuanto pueda servir para justificar el nuevo paquetazo. Los lugares donde yo disiento están señalados con letra cursiva. A continuación, mi argumentación, en breve:

1. Una acción emprendida en libertad y con conocimiento de posibles consecuencias y que no afecte ni perjudique más que al propio agente carece por completo, en mi opinión, de valor ético, por tanto, de relevancia política; tal opinión si no es de consenso total, es de consenso parcial, pues tiene enfrentado a ella tan sólo la doctrina religiosa de los más devotos. En esta categoría, la de acciones libres sin valor moral, entra el uso y el abuso de sustancias como el tabaco o el alcohol por parte de personas adultas que no tienen dependientes. Y aunque los tuviera, hay que sopesar razonablemente el posible efecto negativo que el deceso o la enfermedad del sujeto tendría sobre estos dependientes, contra el beneficio de tal hábito respecto a la calidad de vida del sujeto en lo que dura el hábito, y por ende, indirectamente, la de sus dependientes. El bebedor, por ejemplo, no es siempre ese alcohólico estereotipado que pierde el control y es violento y trae por la vía de la amargura a su familia. La gran mayoría de bebedores de alcohol ni son alcohólicos ni son violentos: son, en cambio, personas que irradian felicidad y optimismo y mejoran el mundo en que todos vivimos. No hay que olvidar que entre los grandes escritores, por ejemplo, difícilmente encontrarás a dos o tres de estatus canónico que fueron abstemios. (Entre poetas, ninguno.)

Habría que precisar que un fumador de tabaco, o un bebedor empedernido, evidentemente derivan de su hábito un beneficio que se expresa en términos de calidad de vida (llámalo felicidad si quieres); de no ser así, no se entendería por qué desarrollaron este hábito en primer lugar. Los mecanismos son bastante conocidos y poco controversiales: en el caso del alcohol, una depresión en el sistema nervioso central que puede (en el mejor de los casos) resultar en pérdida de inhibiciones y en cierto tipo de euforia, como el propio autor admite. Y si bien uno tiene por seguro que lo que el Dr Paz-y-.Miño entiende por calidad de vida es bien otra cosa, somos muchos los que acostumbramos medir nuestra calidad de vida en términos principalmente neuroquímicos, de producción de dopamina y serotonina, puesto que la consecución de otros tipos de calidad de vida nos es vedada por circunstancias personales insobornables, como pobreza, enfermedad crónica, bajo rango social, etcétera. Por ello, es hasta risible ver al Dr Paz-y-Miño insistir en que un reducción en el consumo de estas sustancias puede "mejorar la calidad de vida" de los ciudadanos. ¿De qué ciudadanos habla, o en cuáles estará pensando? (Respuesta abajo) Ustedes no sé, pero yo tengo serias dificultades con una noción de "calidad de vida" que descansa sobre la base de quitar a las personas todo aquello que les proporciona placer.

En cuanto al tabaco: acción bifásica, mímica de la acetilcolina, consiguiente mejora en la capacidad del sujeto para controlar el nivel de estimulación de ciertos centros cerebrales relacionados con nivel de sueño o de velo, sensación de plenitud, hambre, placidez, etcétera. Nada misterioso. Todos esos efectos son tantos beneficios que se tendría que medir contra los riesgos del hábito: y se supone que así hacen los fumadores, miden beneficios contra riesgos y toman una decisión que refleja sus propios valores y prioridades.

Se me interrumpe, insistente y colérico: "Esos malos hábitos siempre tienen consecuencias sociales. No tienes en cuenta el enorme coste de los cuidados de salud a los enfermos de enfisema, cáncer de pulmón, cirrosis del hígado."

Ya. Entonces, calcúlenme esto: (1) Cuánto contribuye el fumador o bebedor, a lo largo de su vida y antes de necesitar esos "cuidados", a través del Seguro Social y de impuestos directos, a esos futuros cuidados? (2) Y ¿Cuánto habrá contribuido a través de los ingentes impuestos sobre tabaco y alcohol que ya existen? (Recordemos que un paquete de cigarrillos sin impuestos valdría como 10 centavos.) ¿Todavía lo ves en deuda con el sistema? (3) ¿A cuántos viejos con el hígado y/o los pulmones destrozados se les ha preguntado si preferirían tomarse una pastilla de ésas que uno se duerme y no vuelve a despertar nunca más al dolor? ¡Cuánta crueldad la de un gobierno que prohíbe la eutanasia como solución humana al sufrimiento y luego le acusa al enfermo de irresponsabilidad por seguir viviendo y así, costando!

3. Sí, "se arriesga". Exactamente. Resulta un poco doloroso ver a un científico predicar contra el riesgo, pues de riesgos está conformado la historia de la ciencia. Cada vez que el fumador enciende un cigarrillo, recibe un estímulo seguro y se arriesga a una consecuencia horrible, mortal, agonizante en el medio o largo plazo. Algunos creen que tal riesgo vale la pena. Sobre todo los que no consideran que su vida valga tanto como para querer alargarla más de la cuenta. Vivir plenamente y morir joven sería su lema. En el mundo que nos rodea ¿quién les puede culpar?

4. Para cada 20 fumadores o bebedores que se ven obligados a reducir o a abandonar su hábito por falta de liquidez suficiente, preveo 2 nuevos delincuentes (que se lanzan a la actividad criminal, al robo por ejemplo, para financiar su hábito, exactamente como ocurre con las drogas ilícitas, a cuyos exorbitantes precios el gobierno quiere acercarnos, y recordemos que la nicotina es más adictiva e insistente que la heroina) y 8 nuevos fracasos domésticos, personas cuyo síndrome de abstinencia se traducirá en gritos, golpizas, histerismo, divorcios, abandonos familiares, etcétera. Puedo equivocarme. Y si pasamos de lo ético a lo personal, son, aunque no roben ni rompan jarras, 20 personas menos felices que antes. Y eso que el gobierno actual tiene hasta un Ministro para la Felicidad. Raro, muy raro.

5. Este apartado a Paz-y-Miño le sonará a chino, pero en el mundo todavía somos unos cuantos los que creemos que la persona adulta, por definición, es responsable de sus propios actos, y capaz de tomar decisiones morales en lo que le concierne. Si lo es, evidentemente, el gobierno en este tema no tiene nada que hacer (salvo eliminar esos exorbitantes impuestos punitivos que ya existen).

6. Lejos de ser el único, el gobierno es el peor ente concebible para tomar este tipo de decisión, o implementar este tipo de política, por una sencilla razón: el conflicto de intereses. Como sabemos, el gobierno está condenado a buscar siempre la mayor recaudación de impuestos posible teniendo en cuenta otras variables socioeconómicos que le pueden importar o afectar. Este cálculo nada tiene que ver ni con ninguna moralidad ni consideración ética, ni tampoco con ninguna preocupación por la felicidad y el bienestar de la población, salvo en la medida en que estas variables incidan previsiblemente en la intención de voto. De modo que si quieres emprender una cruzada moral, o de salud pública, el gobierno definitivamente no es tu hombre. Yo recomiendo las iglesias y las fundaciones.

7. La Prohibición en EEUU, albores del s.XX, digamos que no tuvo exactamente el efecto previsto: se prohíbe el alcohol, y la gente bebe más, sólo que lo hacen ilegalmente y sobre un fondo de disparos y caos social. El efecto previsible más inmediato del nuevo paquetazo, en cuanto afecte al licor, será con casi total seguridad la proliferación de destilerías clandestinas y productos de metanol. Más cegueras y más muertes: excelente. Pero cabe la pregunta: si tan inmoral y tan insalubre es la ingesta de alcohol, ¿por qué no una prohibición total? Para mí la respuesta es obvia: entre nuestra élite, nuestra clase gobernante, nuestros amos y señores, apenas habrá más que un puñado de abstemios. La alza de impuestos es la manera perfecta de hacer valer esas diferencias de clase social, ergo de poder adquisitivo, que separan al correísta hecho y derecho del humilde ciudadano pobre. Aquél, con sus cuentas bancarias rebosantes, apenas si nota cualquier alza de impuestos; éste, en cambio, es esclavo de ellos. Lo que se propone es, por tanto, hacer que el goce de ciertos lujos tradicionales de la vida, que para muchos son la misma definición del "Buen Vivir", sea atribución exclusiva de los ricos, es decir, de la clase gobernante. Ellos, felices en sus wine bars engullendo Chablis y hablando sobre "igualdad social". nosotros, probando si se puede tomar after shave como cóctel y todavía seguir respirando después. Tierno.

Claro que el Dr Paz-y.Miño va a decir algo así como "pues por eso, porque son cuestiones complejas, porque no vale el simplismo ése de vamos a prohibirlo todo, se trata de una modesta alza nomás: nada le impedirá al ciudadano seguir tomando, fumando y bebiendo Cola como antes, si tan importante le parece, sólo que un poquito poquitín más entrará en las arcas del gobierno para fines sociales, y unos cuantos entre los menos adictos mejorarán sus hábitos, eso es todo."

Inútil hablar de saltos cualitativos, de umbrales de pobreza, ni (a menos que haya leído a Trotsky) de la "dialéctica" que se suele establecer entre briznas de paja y espaldas de camello. Igual ese poquito más lo soportará el camello con el estoicismo que siempre esperamos de él. Igual no. En caso negativo, se recomienda tomar buena nota del entorno inhóspito que nos rodea, porque puede ser el último que alcanzamos a ver.

O Horrible! Thrice Horrible!

Lo siento. A veces uno se queda tan distraído por algunas cosas malas que suceden en el mundo (atentados terroristas en aeropuertos, etcétera), que irresponsablemente los diarios corruptos colocan en portada, para despistar, que no se da cuenta de las verdaderas atrocidades que están sucediendo ante sus narices, en su propio país. En el artículo analizado ayer, por ejemplo, casi pasé por alto esto:

Recordó que su propio gobierno es objeto de ataques y advirtió que el nuevo plan de la derecha no solo busca amedrentar a las autoridades de izquierda, sino acabar con ellas. “No se trata solo de hacer retroceder lo avanzado y que vuelva el neoliberalismo, el gobierno de la banca, del gran capital, de aplastar a los seres humanos, sino la venganza contra líderes progresistas que osaron desafiar el poder de esas élites, de ese capital y de esos países hegemónicos”.

Repito: lo siento. Ahora que lo pienso, es evidente que esto se merece una portada por sí solo, desplazando si hace falta a la página 2 cuestiones secundarias como el número de muertos en el atentado de Bruselas o en el posterior de Bagdad. Con el titular en letra grande, GOBIERNO SE ENFRENTA A ¡¡CRITICAS!!, la tal portada urgente destacaría como, a diferencia de los demás países del mundo donde los gobiernos siempre son alabados y piropeados incluso desde las filas de la oposición, y un presidente o primer ministro jamás es objeto de cualquier tipo de crítica o reproche, y a absolutamente nadie se le ocurre burlarse de los ocupantes de tan altos cargos mediante sátira o caricatura alguna, en el caso del gobierno de Correa sí ha habido críticas, y hasta algún reproche, lo que inevitablemente hace pensar en una oscura conspiración internacional con fondos de la CIA.

Y si me preguntan qué críticas puede recibir el Presidente ecuatoriano, si tiene amordazada a la prensa del país entero mediante una Ley de Comunicación y la amenaza permanente de millonarios juicios en manos de jueces "sumisos" (al Régimen, no a ninguna oscura conspiración de la derecha internacional), pues esto, por ejemplo:

"Nadie es perfecto."

Tan sólo hace dos días leí esta frase en un diario de tirada nacional. No sé cómo los editores no están languideciendo ahora mismo en una cárcel de alta seguridad y bajas calorías por el crimen de dejar pasar semejante aberración, permitiendo así que niños y otra gente ideológicamente vulnerable tengan que sopesar la idea (absurda, pero no por eso menos peligrosa) de que su Presidente no es perfecto en todo lo que hace y dice y digiere y pedorrea. Supongo que la policía y otras fuerzas del orden estarían demasiado ocupados en su lucha diaria contra el neoliberalismo. El otro día, yo mismo vi a un neoliberal agredir a una anciana en un parque. Fue horrible. Hasta tres veces horrible.

Este publirreportaje les llega cortesía de: SALES AROMATICAS "MI LASTIMADO HONOR"

Friday, March 25, 2016

Cómo contrastar la (I)

Lo digo como necesaria aclaración, ya que una amplia mayoría entre mis lectores habituales, es decir nada menos que dos de los tres que tengo, me sintonizan (según mi lóbrega página de estadísticas) desde Ucrania: la letra (I), así, entre paréntesis, tiene un significado especial en Ecuador. Cuando se la encuentra al final de un artículo en un diario, significa que todo el artículo que la precede ha sido Informativo, es decir, que contiene la información, toda la información y nada más que la información pertinente sobre el tema escogido; a dicha categorización se le suele contrastar la famosa (O), letra que significa que lo que precede ha sido tan sólo Opinión (aunque tiene la ventaja de representar onomatopéyicamente en muchos casos la reacción verbal del lector en el momento de concluir su lectura). Este afán de categorizar contenidos periodísticos de modo simplista forma parte, muy probablemente, de la conocida estrategia de Dumbing-Down (DD), la cual persigue el objetivo de convertir al ciudadano medio en un retrasado mental mediante la técnica de tratarlo como si ya lo fuera: la misma que nos asalta desde las estanterías del supermercado, cada vez que vamos de compras, con esas absurdas etiquetas, de uso obligatorio, que nos avisan que una botella de Coca Cola (o en denominación correísta, "bebida refrescante azucarada") tiene un alto contenido de azúcar, mientras que un paquete de sal de mesa, por asombroso que nos parezca, tiene un alto contenido de sal: tan alto, que si te sientes tentado a ingerir el paquete entero, de una, un semáforo pintado te lo desaconseja enérgicamente. Si no llegamos al extremo de esa línea aérea que distribuía a los pasajeros paquetes de maní con la leyenda "INSTRUCCIONES: (1) Abrir paquete; (2) Comer maní" habrá sido por casualidad o falta de imaginación y constancia, nada más.

Es cierto que algunos han objetado que en el periodismo real, es prácticamente imposible encontrar información sin opinión, y a la inversa todavía más difícil, de modo que la I sin la O, o la O sin la I son simples entelequias, y donde sea que se asomen esas engañosas clasificaciones, ganas de marear la perdiz, por lo que en cualquier caso el lector cauto difícilmente iba a prescindir del ejercicio de sus propias facultades críticas y analíticas para desenmarañar ambas clases de contenido en un único texto. Pero aquí como siempre, el diario El Telégrafo nos desarma ofreciendo una clase magistral en la materia de periodismo responsable, enseñándonos cómo se puede cumplir a la perfección con esos severos requisitos de la Ley de Comunicación, a tenor de que la información presente en cualquier artículo informativo debe ser verificada, contrastada, precisa y contextualizada, y desde luego libre de opiniones o apreciaciones subjetivas, de modo que ya no le hace falta al lector facultad crítica alguna. Veamos nomás este artículo, a título de ejemplo.

El mismo título del artículo, Un nuevo 'Plan Cóndor' se basaría en los archivos del terror y en los medios, nos impresiona de entrada con su fino uso de la figura retórica de zeugma, pues el verbo "se basaría" sólo tiene sentido si se interpreta con diferentes sentidos según si se refiere a una cosa (archivos) o a otra (medios). Según las declaraciones de Correa citadas en el artículo, existe un nuevo Plan Cóndor. ¿En qué se basaría el Presidente para afirmar tal cosa? No lo sabemos con certeza, pues ni las declaraciones citadas ni el artículo nos proporcionan pista alguna, pero por lo menos sabemos que sí hubo, allá por los años 70 y 80, un Plan Cóndor cuya existencia se pudo demostrar posteriormente con el hallazgo de los mencionados "archivos del terror". Ahora, si damos un salto peligroso al vacío lógico y argumentativo, podríamos afirmar que Correa tal vez "se basa" en el hallazgo de dichos archivos (en 1992) para afirmar que los Planes Cóndores sí existen (en 2016); de la misma manera que yo podría afirmar que Donald Trump tiene la intención de prohibir el consumo de alcohol en EEUU cuando sea electo, "basándome" en que no sería la primera vez que tal prohibición rigiera en tal país, o sea que los Volstead Acts indudablemente sí existen o han existido. De tal manera, llegamos a darle cierta pátina de coherencia (credibilidad es otra cosa, no pidamos tanto) a la primera parte del título. Al llegar a "los medios", sin embargo, tenemos que resignificar ese "se basaría": ya no estamos hablando de las evidencias que apoyan la existencia de los Planes Cóndores en general, y del descubierto por Correa en particular, sino del contenido de ese "nuevo Plan Cóndor", que según la misma fuente "se basaría" en lo actuado por parte de "jueces sumisos" y "una prensa corrupta". El título, por tanto, se podría interpretar así: "Un nuevo Plan Cóndor - de cuya existencia se podría sospechar basándose en la evidencia de archivos referentes a otro Plan de características disímiles y perteneciente a otra época - podría, caso de existir, requerir para su ejecución la colaboración de ciertos medios de comunicación". Algo así. Lo digo con toda sinceridad: esto representa, como gramático que soy, mi mejor y más caritativo intento de dotar de sentido tan sibilina frase.

Ahora bien: algunos objetarán que la figura retórica del zeugma, con su inevitable carga de fugaz confusión, no es la idónea para el título de un artículo informativo en un medio periodístico donde se supone debe reinar la claridad. Sin embargo, en este caso es evidente que la claridad importa menos que la posibilidad de asociar, en un mismo sintagma nominal y mediante el artificio ingenioso, a "archivos de terror" y "medios", pese a que el contexto no justifica para nada tal asociación. Es un poco como si yo escribiera: en la sociedad siempre va a haber gente tonta, por eso siempre van a hacer falta Congresos, Parlamentos y Asambleas. Si tú sacas de esta frase que yo estoy llamando tontos a asambleístas y congresistas, es tu problema: yo no he dicho tal cosa.  De igual manera, nadie aquí ha dicho que "los medios" de ahora, entiéndase los corrugtos, los que no son El Telégrafo, tienen algo que ver con "el terror": si tú ves eso, es tu problema. Aunque también podría ser porque he yuxtapuesto las dos cosas en una misma frase, y al diablo la precisión. Son trucos del oficio nomás: y a fin de cuentas, innuendo también empieza con (I).

Sigamos. Aunque el título no menciona quién es el autor de tan novedosa teoría de conspiración, el primer párrafo nos indica que es el mismo Presidente del país el que "alertó", desde Morona Santiago, de la existencia de este nuevo Plan Cóndor, el cual involucraría a "la derecha nacional e internacional". Algún lector recordará que yo he dudado públicamente de la existencia de una "derecha internacional"; tal vez no viene muy al caso, pero en respuesta a quienes me responderán triunfalmente "el Grupo Bilderberg", hace unos meses tuve la ocasión de ver un comunicado de dicho grupo, y sólo diré que la pésima calidad literaria de dicho escrito, su alarde de gazapos de ortografía y gramática, me convenció de que el tal Grupo, más que de Illuminati, parece ser de Illiterati, lo cual respalda mi tesis de que en el mundo de hoy, que no es el de Stroessner, Videla y Pinochet, una posible "derecha internacional" es tema que nos debe de preocupar no menos y no más que un posible carpincho escondido en el alcantarillado subterráneo de la urbe guayaquileña: la misma peligrosidad se aprecia en los dos casos. Lo impepinable es que la tal derecha internacional no tiene a su servicio ese ejército de brillantes periodistas a sueldo con dominio de retórica que sí tiene su adversario ideológico, y para muestra un botón. Eso sí, el asociar en la misma frase esa, pretendidamente terrorífica, "derecha internacional", con la consensualmente patética e inofensiva "derecha nacional" no creo que haya sido muy buena ocurrencia de parte del Presi, pero sin duda sus razones tendrá.

Ahora bien, si Nebot, digamos, hubiese aseverado públicamente que existe una conspiración internacional en contra de los portadores de bigote, creo que los redactores de El Telégrafo habrían señalado, como mínimo, cierta carestía de evidencias que apoyaran tan interesante conjetura. En el caso de Correa, como es el Presidente, está claro que no hace falta ninguna evidencia, pues lo que dice el Presi va a misa, o en términos más eclesiásticos, lo pronunciado ex cathedra no admite de verificación. En todo caso, el uso repetido de la forma condicional del verbo (se basaría, contaría, necesitaría), según el protocolo periodístico, deja abierta la puerta a una eventual cláusula condicional tácita "si fuera verdad lo que dice", y así, de modo proléptico, defiende a los autores contra la acusación de confundir opiniones con hechos. A lo que algunos poco caritativos responderán "sí, pero el simple hecho de informar detalladamente sobre una aseveración sin sustento y aparentemente fruto de una extraña paranoia, amplificándola e insistiendo sobre sus antecedentes históricos, ya le da mayor credibilidad de la que merece y se constituye en evidente sesgo informativo". Pues por eso, señores, existe la práctica periodística de la contrastación. Práctica que encontramos brillantemente ejemplificado en el mismo artículo bajo análisis, como veremos a continuación.

El escritor Édgar Allan García, si no se me han cruzado los cables, constituye uno de los recuerdos más tempranos que tengo de mis primeras exploraciones por ese nuevo y fascinante mundo de la World Wide Web. No sé apenas nada sobre el tipo, pero creo recordar que allá a mediados o a finales de los años 90, cuando yo hacía mis pinitos de usuario de la Web con mi flamante súper-PC dotado de nada menos que 2MB de RAM y una pantalla ¡en color!, topé con una página suya, de construcción típica para la época, de navegación fácil y posiblemente (no me acuerdo, la verdad) de lectura grata. Un adelantado, un pionero, entonces, por lo menos entre escritores. Se me pasó por alto el detalle de que era ecuatoriano (en esa época yo vivía en España, y Ecuador era un rincón del mundo perfectamente irrelevante para mí); no así el nombre, que me hizo sonreír al suponer un homenaje a Poe, bien por parte de los padres del escritor, bien por voluntad propia del mismo, caso de tratarse de un seudónimo, cosa que creí altamente probable. Al leer lo espetado por él en el citado artículo, me dio cierta tristeza, lo reconozco, lo mismo que daría ver a un brillante futbolista holandés devorado por el cáncer, o a un payaso de facciones simpáticas y alegre ademán caer de bruces en un lago de caimanes. ¿"Cáncer" o "lago de caimanes" por "hueca retórica oficialista"? Sí, como metáfora creo que sirve desde varios aspectos. Pero me estoy divagando.

La sorpresa viene cuando descubres que a quien han ido a buscar para "contrastar" las declaraciones de Correa ha sido a un tipo que al parecer comulga de la misma rueda de molino, sin perdonarse bocado, un tipo cuyo vocabulario guarda, respecto al utilizado por los habituales formadores de opinión del medio, una semejanza si no milagrosa, servil. Es decir, allí donde la práctica periodística corriente y cotidiana aconseja buscar para cada extremista a un moderado, para cada barcelonista a un emelecista y para cada devoto a un escéptico, la Redacción Actualidad del Telégrafo, con admirable originalidad, han decidido que la mejor manera de contrastar las declaraciones de un creyente en cucos es citar las palabras de otro creyente en los mismos cucos.

De modo que el contenido del artículo se podría resumir así:

Título: un nuevo Plan Cóndor, aunque no hay evidencias de que exista, nos da el pretexto perfecto para decir "terror y medios".

Resumen informativo: Un hombre ha alertado sobre la existencia de una nueva conspiración internacional. No presenta ninguna prueba. Como periodistas responsables que somos, hemos decidido contrastar esa opinión con la de otro hombre que piensa exactamente lo mismo.

A continuación, les presentaremos un resumen histórico sacado de Wikipedia (sí, hasta las fotos) de ese fenómeno que, según el mencionado hombre, se estaría repitiendo ahora. Sólo que donde antes había militares violentos, ahora hay medios pacíficos; donde antes había torturas y desapariciones, ahora hay denuncias de corrupción; donde antes había Henry Kissinger, ahora hay Hilary Clinton; donde antes había concierto, ahora hay caos; donde antes los conspiradores ocupaban el poder, ahora no lo hacen, salvo en el caso argentino; y donde antes había la Escuela de las Américas, ahora hay los Hashtags de Twitter. Pero fuera de esas pequeñas diferencias, es totalmente lo mismo, palabra del Presi.

Impresionante, ¿verdad?

Estoy cansado, es tarde y no estoy para indagar más en lo que revela, sicológicamente, esa extraña paranoia que el artículo, sin querer, pone al desnudo. Sólo voy a insistir en que no me consta que el Plan Cóndor original haya sido, como dice el artículo, "estrategia diseñada por Estados Unidos". Al contrario, parece haber sido (como el propio nombre indica) creación de un grupo de gobernantes latinoamericanos, que querían apoyarse entre sí, en su afán de perpetuarse en el poder, y a tal efecto solicitaron, y obtuvieron, la ayuda y la colaboración activa del País del Norte, a cuyos designios geopolíticos el mencionado Plan convenía en aquel entonces.  Esta distinción podría parecer pedantería, pero no lo es. Las responsabilidades y su correcta y acertada repartición y atribución no son temas secundarios, salvo para quienes ya tienen instalado en su cerebro el sistema operativo Maniqueo 2.2, el cual en cualquier coyuntura, en cualquier escándalo, en cualquier crisis, es capaz de identificar a los Buenos (que siempre lo serán, pese a cualquier apariencia de corrupción) y a los Malos (los mismos de siempre, cuya naturaleza malvada nos exime de cualquier necesidad de enfrentarnos a sus argumentos concretos, siquiera de nombrarlos con precisión). Si hasta el propio Galeano fue capaz, finalmente, de reconocer que el hábito de echarle la culpa de todo a la CIA sin reconocer más y más cercanas complicidades es algo infantil, supongo que hay esperanza para todos, aunque en el caso de la Redacción Actualidad del T., parece desaconsejable aguantarse la respiración.

Sunday, March 20, 2016

Distorsión

¿Será verdad lo de Dilma and Lulise? Francamente, ni lo sé ni me interesa. Pero lo impepinable para mí es que si hay manifestaciones multitudinarias pidiendo que te vayas, día sí y día también, te vas. Aunque estén equivocados los manifestantes. Igualmente te vas. Es la manera de demostrar que todavía te queda algo de sensibilidad democrática.

Como profesor, yo lo pienso así: a algunos de mis estudiantes les caigo bien, a otros, como una patada en el culo. Pero todos por lo menos asisten, hacen los ejercicios y las lecciones, aprenden. Bien. Un día empieza a esparcirse el rumor (tal vez sembrado por la CIA, por la New York Philharmonic, qué sé yo) de que estoy exigiendo pagos en forma de cajetillas de Marlboro para aprobar a algunos rezagados a final de curso. Se armó la gran. Desde ese momento, como protesta, algunos estudiantes dejan de asistir a mis clases. En realidad ese rumor es falso, pero eso apenas importa: lo que importa es que algunos ahora no están aprendiendo. Me llama la jefa y me dice: lo siento, sé que no es cierto lo que dicen, pero tengo que pensar en la institución, en las apariencias, en la calidad de la educación, en el bienestar y el futuro de esos estudiantes que no están recibiendo clase por estar protestando contra usted. Tengo que pensar, sobre todo, en la convivencia pacífica. ¿Qué voy a decir yo? ¿Que más importante que todas esas cosas es mi salario? ¿Tendría sangre en la cara para decir algo así? Lo dudo. O tal vez esto: "Usted no entiende, esto son artimañas de la competencia para quitarme de mi puesto, porque saben que soy el mejor, que soy insustituible, que sin mí no hay calidad..." Sería una ridiculez, ¿verdad? Pues lo mismo.

Sólo que cuando se es presidenta de un país, más todavía. Hay que ser un poquito responsables. En un puesto así, supuestamente de servidora pública, si alguien resulta "insustituible" sólo puede significar una cosa: que se ha producido una horrible distorsión en la manera de entender la democracia, que la supuesta servidora ya no está sirviendo, sino que se sirve, aunque no sea financieramente. Se sirve, para labrarse un puesto en los libros de historia, para asegurarse ese pingüe carrera de conferenciante internacional, para garantizar la construcción de discretos bustos de bronce en su imagen en alguna plazuela pública. Lo hemos visto demasiadas veces para que nos sorprenda, y sabemos que es sobre todo en el lado izquierdo del espectro político donde se da ese deprimente culto a la personalidad, donde se encuentran esos "grandes líderes", esos "pastores de pueblos" cuya "honra" e imagen valen el sacrificio ilimitado por parte de todos los demás. Para la honra de Dilma bien vale un país fracturado social y políticamente y al borde del precipicio económico. Y recordemos lo que pasó, en este caso, al final de la película.

Tampoco nos sorprende que el candoroso de Evo haya sido el escogido para resumir esa corrosiva distorsión cognitiva que aqueja a toda la tribu: que tan importantes son ellos, y tan insignificantes los demás, que si para algo sirve una cumbre de Unasur es para defender el derecho de un socio ideológico a quedarse en el "poderrr". Hasta dice que para "defender la democracia". Como si la verdadera democracia no fuera que nadie siquiera conociera el nombre de la presidenta, y que ésta tuviera menos protagonismo y menos atribuciones que un conserje de biblioteca, porque los protagonistas serían la gente y ella, una simple mandada, que si un día por alguna razón tiene que ceder el puesto a otrita, sea del mismo partido o de la oposición, no ha pasado absolutamente nada, noticia de página 10 y en letra de 9 puntos. Hasta se me hace que en una verdadera democracia, el oficio de presidenta/e quedaría en desuso, por ser sencillamente innecesaria. Quien no sea capaz de concebir eso, que se dedique a cultivar un poco el don de la imaginación. Imagine there's no President... it's easy if you try.

Ah, pero no estoy entendiendo. Si ella no cede, si no da su petrobrazo a torcer, no es por egoísmo, no es por su propia supervivencia, sino porque viene la derecha. Ésa es la gran sombra que se cierne sobre el país.

A veces doy gracias a Hera que nací profesor y no otra cosa, a pesar de todo. Por lo menos el ser profesor te permite conocer a la gente: en este caso, haber conocido a varios miles de estudiantes, los suficientes para haber comprobado que no existen personas de izquierda ni personas de derecha. "La derecha" no es un ejército de malvados acampados fuera de las murallas de nuestra ciudad dorada. Si es algo, es un virus, como el dengue, y la izquierda en tal caso, el zika. Ambos te dan la misma fiebre. Aunque lo que es yo, prefiero la metáfora de la caca de perro. La ideología es algo que se te pega en el zapato, algo de cuya presencia, al poco rato, te enteras por el mal olor. Acostumbrarte a ese mal olor, que te siga por doquier, es lo peor que puedes hacer.

Si ante ese que viene la derecha no frunces la nariz, necesitas unas vacaciones, necesitas unos días en el campo, necesitas tal vez un baño de gente, necesitas conectarte con la humanidad. Son distorsiones nomás. La vida sigue.

Tuesday, March 15, 2016

On hearing the first Cuckold in Spring

Durante centenares de años lo creyeron muerto. En realidad, sólo dormía al fondo del océano. Ahora se vuelve a despertar. Sobre un fondo de cielo oscuro, atravesado por los rayos de una tormenta, en medio de un torbellino de agua desplazada y barcos naufragados, el monstruo, de verdes ojos, se despereza...

Me refiero a eso, a los celos. Al cuco ése.

Más precisamente aun: a una palabra que requiere, para tener significado, que existan los celos. Esa palabra es cuck.

Los viejos tenemos esa responsabilidad, ves, tenemos que dar testimonio de un tiempo pretérito en que no había las cosas que hay ahora, para que la gente se dé cuenta de que esas cosas no son metafísicamente necesarias. Por ejemplo: yo recuerdo aún perfectamente un tiempo en que las iniciales OMG, LOL y WTF no significaban nada. Era posible no usarlas y aun ser capaz de escribir una tocata y fuga en re menor. En serio. Asimismo: un mundo sin Kim Kardashian y Donald Trump es perfectamente posible, porque yo recuerdo uno. Hasta recuerdo (estrujando un poco el cerebro, y echando mano de alguna vida anterior en que yo era dos putas londinenses, que escribían slash fiction en mi tiempo libre) un tiempo en que no había policías. (No hay que viajar mucho en el tiempo: tan sólo siglo y medio y otro pico.) Tantas cosas que la gente cree importante y necesaria y que en realidad, inventos de ahora, de la Nestlé, de la Coca Cola y del bastardo de Robert Peel.

En cambio, recuerdo cuando los colegiales masculinos ingleses para saludarse decían 'cha. Para un lingüista, supongo que eso sitúa mis años de escolaridad con idónea precisión. Ahora me imagino que esa jerga tan fértil en shibboleths que era la escolar de antaño ha desaparecido, y que los chicos de ahora intercambian un lóbrego Hi, porque lo que ahora queda son Stepford Brits, y la prueba, Ofcom.

En fin.

Digo que han vuelto los celos. Alguien me va a decir que nunca se fueron. Pues bien: en un entorno latinoamericano, eso parece ser cierto. Las costumbres de acá en cuestiones de fidelidad sexual siempre me han parecido calcadas de la España del Siglo de Oro, la del Médico de su Honra. Es hasta perturbador sentirse transportado casi 400 años atrás en el tiempo. Pero a los que viven aquí y que nunca han viajado, es mi deber informarles de que los celos en Europa, en Australia, en Canadá, prácticamente no existen, salvo como pretexto formal en ciertos trámites, y en EEUU, sólo en aquellos estados colindantes con la proyectada Gran Muralla. Por lo menos, así estaba la cosa ayer. Hoy me levanto y veo que en YT han empezado a usar, tras 400 años de desuso (salvo en la porno altamente especializada) la voz cuckold, o en su forma corta, cuck. Me quedé anonadado.

Pueden hacer la prueba conmigo, o con cualquier británico de mi generación o anterior. Con los mismos instrumentos que se usan para construir el notorio polígrafo, se le asegura al sujeto la correcta medición de variables físicas como pulso, presión, salivación, transpiración, etcétera. A continuación, al sujeto se le enseña un video de un hipopótamo bañándose en algún lago del Serengeti. Después, un video de su esposa (la del sujeto) haciendo el amor apasionadamente con tres hombres, durante el horario laboral del sujeto. Verán que ninguna de las variables físicas experimenta la más ligera alteración entre el primer video y el segundo. (Especialmente si para ambos videos hay banda sonora con comentario de David Attenborough.) Simplemente, al inglés, al canadiense, al escandinavo, lo que hace su pareja en su ausencia le deja indiferente, con tal de que se divierta y no vacíe la cuenta de la tarjeta. Eso se llama civilización.

¿Cómo se consigue? Lanzo la pregunta en vistas de que, para algunas estudiosas, los celos son algo que viene pre programado en la genética, sobre todo en el caso del macho. Verán que algo tiene que ver, por lo tanto, con mis elucubraciones anteriores en materia de psicología evolucionaria, en el tema del odio tribal y todo eso. Es de enorme interés, creo, averiguar si existe manera de juduinquear a la genética. Pues bien, en el caso que nos ocupa, creo que se trata de un simple truco cognitivo: el de alinearse con los Wilberforce, y eso es todo.

Me explico. Para alguien cuya primera novia fue feminista radical, no creo haber mantenido viva la llama de muchos de sus postulados, pero por lo menos sigo convencido de aquello que me dijo en ese entonces, por el año 1982 habrá sido: si sientes celos, es porque te crees dueño de la otra persona, y donde una persona se cree dueña de otra en buen cristiano eso se llama esclavitud. Actualízate. Darle cancha a eso es de bastardos.

Y no puedo sino darle la razón. Aun reconociendo que puede haber algo dentro de nuestra psique que quiere sentirse dueño de otra persona, que se regocije con frases como "soy tuya" (ejem... guilty as charged) no hay que darle cancha a eso. La monogamia, como norma, como supuesto, como deontología, es un atavismo que definitivamente debemos esforzarnos en dejar atrás. O mejor dicho, dejarlo fuera del espacio cultural compartido, como opción para ser practicado en privado entre consenting adults. Un poco como el ballet o el rafting o el ser furry, digamos.

Seré sincero. Creo que las Spice Girls se fueron un poquito lejos con esa letra que tanto revuelo causó en su tiempo, aquello de

if you wanna be my lover, you gotta get with my friends

(si quieres ser mi amante, tienes que acostarte con mis amigas)

Al escuchar eso, no puedo menos que pensar en esos putos mouses Logitech, los que al cabo de un tiempo sólo saben hacer doble clic en lugar de clic, de modo que cuando quieres seleccionar una letra te sale con toda la palabra. Esa sensación. Quieres acostarte con una y te sale con que tienes que hacerlo con toda la tribu, como prueba de suficiencia hidráulica. Son despiadadas algunas mujeres. Pero por lo menos nos recuerda que si tu esposo/a te "engaña" con otro/a, hay otras alternativas que no requieren ni cuchillos ni machetes ni otras herramientas cortantes. La más popular (lo atestigua infinidad de webs pornos) es disfrutar del espectáculo, en vivo o en tu imaginación. A menos que seas británico, en cuyo caso, más vale que te quedes con David Attenborough y David Bellamy: por lo menos ahí aprenderás algo útil.

¿De dónde viene, pues, ese cuck redivivo que ahora se empieza a usar como insulto de grueso calibre tras un sueño de 4 siglos? Ni idea, si he de ser franco. Pero tengo mis sospechas. Por algo el Trump ése quiere construir un muro. No es que le preocupen tanto las drogas. Pero cuando los mejicanos insisten en enviar su cultura monogámica a través del Rio Grande, eso, para aguantarlo, requiere más filosofía de la que el tipo dispone.

Monday, March 7, 2016

Primer pedorreo del mirlitón contra el monstruoso regimen del fiftififtismo

"So, Carlos, is your stated discrepancy with the current orthodoxy re Global Warming centred on the catastrophic predictions, the anthropogenic assumptions or the actual reality of the phenomenon itself?"

"Eeeh, estee... fiftififti."

Si lo he escuchado una vez lo he escuchado cien. Para el estudiante de inglés, el término fiftififti es la escapatoria perfecta cuando se trata de contestar una pregunta que no se ha entendido, o apenas, o cuando las limitadas habilidades lingüísticas no dan para una respuesta más larga y coherente. Al utilizarlo, uno quiere dar a entender que su gran capacidad reflexiva obliga a desechar respuestas simplistas y generalizadoras, como "yes" o "no", a favor de una respuesta matizada, más adecuada para la gran complejidad y el enorme interés del tema propuesto.

"Sorry, I think I made a mistake. Is your name Carlos or Marcos?"

"Eeeh, fiftififti."

(Dejo la asignación de nota oral como ejercicio para el lector.)

Al parecer, la ONU quiere que para el año 2030 exista un mundo fiftififti. Como por lo general, lo que quiere la ONU y lo que llega a suceder suelen ser cosas muy distintas, por no decir llanamente opuestas (simpatizo enormemente con la ONU en este respecto), el dato tiene una importancia relativa, digamos, una importancia fiftififti. Todo y así, me da la oportunidad para hablar un poco más de un tema que para mí tiene interés propio.

En el artículo del Telégrafo (where else?... bueno, nos prometen mucho más en el suplemento dominical, pero no pienso salir hoy) y a modo de introducción, hay un hermoso collage fotográfico consistente en la mitad derecha de un torso desnudo masculino con la mitad izquierda de uno femenino. El pezón del hombre es visible: el de la mujer es "censurado". Elocuente, ¿no les parece? Si de pezones se trata, no hay cómo perderse: existe desigualdad, sobre todo si te llamas Janet Jackson. Tampoco hay cómo perderse respecto al planteamiento de la ONU al respecto: o bien se deben de censurar todos los pezones, o bien ninguno. No es que la censura de pezones en sí sea bueno o malo: pero la discriminación sí es mala. O todos o ninguno. Eso.

Actitud con que quiero simpatizar (me conviene simpatizar, ya que constituye consenso social abrumador) pero que me resulta algo esquiva. Con lo cual quiero indicar que el mundo fiftififti, en el sentido expuesto, no es mi sueño personal, ni soy capaz de prestarle gran entusiasmo a la consecución de tal mundo, y no es solamente porque en el 2030 estaré muerto y enterrado mucho ha. Es que dudo que tal mundo sea posible, y aunque lo sea, dudo que la gente en ese mundo sería más feliz.

Empecemos con lo consensual, con lo no-brainer. La declaración de Nairobi y la posterior de Beijing, ambas referenciadas en la publicidad que ha hecho la ONU respecto a esa celebración prevista para este 10 de marzo, hablan de igualdad ante la ley, o sea, la eliminación de la discriminación de jure, objetivo deseable y perfectamente alcanzable en teoría, aunque en la práctica chocará siempre contra la resistencia de musulmanes y feministas (lectura propuesta: femicidio), y en general de elementos nostálgicos y reaccionarios. Creo que podemos convenir en que sería bueno desterrar de todo cuerpo legal, de todo código penal y civil y de todo estatuto y desde luego de toda cédula de identidad, cualquier referencia a sexo o género, por tratarse de un asunto legalmente irrelevante. Sin embargo, hay que constatar que las propias declaraciones, sobre todo la de Nairobi, dificultan el tema y crean barreras artificiales a la igualdad política, al insistir en cosas como "maquinaria", "cuerpos gubernamentales", la inclusión de "perspectivas de género" (wtf) en las decisiones políticas, etcétera, o sea, todo tipo de burocracia innecesaria y por supuesto discriminatoria. La justificación de tales injerencias suele ser una pretendida necesidad de "corregir" o "compensar" desigualdades e injusticias históricas; el problema con esto reside en un error común entre colectivistas, socialistas y estatistas de toda laya, el de suponer que la historia, la que nos importa, la escriben los gobiernos y no los pueblos. Si a la sociedad la representamos como un océano, el gobierno (aquella entidad a la que se dirigen las mencionadas Declaraciones) sería la Luna: un cuerpo celestial lejano, cuya luz reflejada (siempre reflejada, nunca generada) a veces tiñe la superficie de las olas, y hasta consigue arrastrarlas ciegamente en una dirección y luego otra, por lo menos superficialmente, pero que a fin de cuentas no tiene apenas cómo influir en esas vastas y oscuras profundidades, en su fauna y flora, en su vida secreta. De modo que si nos interesa (y creo que nos debe de interesar) saber más sobre el tema del género, y aportar tal vez con nuestro granito de arena a que ser hombre o ser mujer en las sociedades presentes y futuras deje de ser carga tan pesada (lo es, en ambos casos: soy Tiresias a mi manera, soy un poco fiftififti, y doy fe), no es a los gobiernos a quienes debemos dirigirnos. Por tanto, cualquier Declaración de la ONU sobre el tema (éste, y algunos otros) haría bien limitándose al siguiente solemne y escueto pronunciamiento:

Gobieeernooos: dejeeen de fregaaarrrr.

En tanto que la ONU realmente pretende eso, que los gobiernos dejen de fregar en este asunto del género, o sea, que dejen de discriminar donde sea que siguen haciéndolo, estoy con ellos. Pero en realidad, no quieren eso, y los mencionados documentos lo dejan muy claro: al contrario, para las autoras de esas declaraciones los gobiernos tienen responsabilidad insoslayable sobre múltiples aspectos de la vida del ciudadano, responsabilidad que en ningún lugar se cuestiona: a la ONU le parece muy bien que los gobiernos se ocupen de la salud, de la educación, de la política laboral, etcétera, del ciudadano: tanto, que si resulta que en determinado país los hombres ganan más que las mujeres, la culpa no es de los empleados masculinos (por cobrar más) ni de las femeninas (por dejarse pagar menos) ni siquiera de las empresas contratantes (por seguir esa política de remuneraciones) sino del gobierno, por no tomar cartas en el asunto. Con lo cual, y esto es lo principal para mí, el mundo fiftififti propuesto es un mundo estatizante, un mundo de gobiernos omnipotentes y acaparadores y pueblos sumisos, exquisitamente ordenados, y por tanto, norcoreanamente simétricos. Este tipo de utopía hoy queda tan siglo veinte, que hasta uno se sorprende al verlo evocado en un artículo de prensa: pero cuando se lee "Naciones Unidas", todo cobra sentido: en nuestro mundo, la ONU es como esa tía soltera que uno va a visitar por sentido de deber familiar, la que es un poco demente, la que se rodea de sus bibelots de otra época, la que vive en un pasado inocente y desgarradoramente decoroso. Los demás supongo que ya sabemos que un gobierno a la vez omnipotente y benévolo es hasta más teológicamente imposible que un Dios ídem. Si con ese tipo de gobierno llegara a existir igualdad, será tan sólo la igualdad de ser aplastados eternamente por la misma bota y con la misma fuerza.

Entonces: ¿cómo corregimos esas desigualdades, esas injusticias heredadas si no es mediante un benigno programa gubernamental?

La pregunta es buena; tu elección de interlocutor, no tanto. Por decirlo de alguna manera: creo haber identificado, a lo largo de mi vida, un tipo de persona a quien le importan las desigualdades sociales, y no soy ese tipo (creo que tiene que ver con esa maldita P que la tipología de Briggs Myers insiste en colgarme tras las INF, pero puedo equivocarme). Aclaremos: no es que las desigualdades existentes me llenen de alegría, sino que, a título exclusivamente personal, nunca he sentido envidia hacia nadie, ni conozco apenas esa indignación mezquina que me quieren hacer creer que algunos sienten al ver a otro disfrutar de lo que uno no tiene. Y no creo que sea por ese supuesto privilegio masculino que se encarga de que a un hombre (real, o en mi caso putativo) nunca le falte de nada, sino más bien el efecto químico de ciertos genes en reacción con una educación católica, la misma que le enseña a uno a creerse indigno de modo polimorfo y permanente. De modo que uno crece, creyéndose sin derecho a nada, cediendo siempre ante las pretensiones ajenas, acaparadoras, de esa gente a quienes les importa, al parecer, llegar antes y tener más: y en reacción a eso, uno aprende a valorar otras cosas, y hasta a despreciar el verbo tener, y a ver tras muchos de sus usos y desinencias la sombra del preta. En ésas estoy, intentando entender a, y empatizar con, toda esa gente para quienes la igualdad es "no ser menos que", lo que ellos interpretan como "no tener menos que...", objetivo que se persigue mediante la evocación de novedosos derechos. Lo dicho: intento empatizar, pero muchas veces no lo consigo. No soy Rosa Parks: la admiro, pero no soy ella. Soy ese hombre viejo que estuvo sentando al lado de ella, y que se levantó, cansado y hastiado, cuando el conductor del bus le dijo "levántate". Prefiero la tranquilidad antes de la reivindicación de derechos propios, porque la vida no me ha equipado muy bien para conflictos, y porque lo que yo valoro en mi propia vida son cosas que nadie me puede quitar, ni pudiendo quisiera. Soy así.

Y el ser así me condena a no poder asumir la igualdad como valor absoluto. Por eso no soy tu interlocutor idóneo.

Lo que sí creo es que para encontrar una solución siempre hay que empezar por definir el problema, y a continuación, entenderlo. Entre las reivindicaciones del feminismo (ideología matriz del fiftififtismo) encuentro muchas que para mí derivan de problemas imaginarios: por ejemplo, el hecho de que no exista en ningún país una simetría numérica entre parlamentarios masculinos y femeninos me parece una solemne irrelevancia, y la exigencia de paridad en ese tema, absolutamente pueril, lo mismo que si se exigiera paridad entre portadores de sangre O+ y otros tipos, o entre personas de estatura alta y baja, o entre aficionados al rock y a la música clásica. Primero, porque se supone que el género de un representante político no influirá para nada en su labor, no más que su tipo de sangre o gustos musicales; segundo, porque si el tener más diputadas y menos diputados fuera, de alguna manera misteriosa, beneficioso para las mujeres, ellas mismas, al ser mayoría de votantes, tendrían la solución en sus manos. En todo caso, siguiendo las tendencias actuales es casi seguro que en un par de décadas casi todos los parlamentos democráticos del mundo tendrán superávit de diputadas, con lo cual por lo menos los fiftififtistas no tendrán de qué quejarse. Asimismo, la supuesta brecha de salarios en el mundo occidental hoy resulta ser pura ficción (remito a Hoff Sommers), siendo el verdadero problema, si lo quieres ver así, una desigualdad en sentido contrario: en algunos países empieza a existir brecha salarial a favor de las mujeres (hablo de jóvenes en estado soltero), tendencia que con casi total seguridad recrudecerá a medida que la ya muy conocida brecha en educación (las chicas consiguen muchos más títulos universitarios que los chicos en prácticamente todo país del mundo) se extiende y se fortalece.

Nada de lo cual me parece mínimamente un problema. Pero sí nos permite constatar, primero, que la "corrección" de "desigualdades históricas" no es algo que debe preocuparnos, ni requiere de ninguna acción especial; más allá de eso, que tal vez estuvimos equivocados desde un principio al diagnosticar el problema, pues resulta que los roles de género tan denostados no han sido imposición de malvado Patriarcado alguno, sino la simple expresión social de un sistema económico. No ha sido el movimiento feminista, sino la eclosión de la sociedad pos industrial lo que ha permitido que se supere la tradicional división de labor por sexos, y con ello ciertas actitudes hoy consideradas como retrógradas, pero que en su tiempo histórico tenían sentido.

Aclaremos. Esa visión de la historia que nos propone el feminismo, en que "la mujer" siempre ha sido "oprimida" por una especie de conspiración de hombres malvados, egoístas y sádicos, llamado "el Patriarcado", es básicamente una historia hollywoodiense, donde a una mujer de los años 1950, bien peinada y maquillada, con ojos verdes y lánguido ademán, se le coloca una toga, se le rodea de murallas de cartón piedra y a continuación se anuncia que "estamos" en al año 30 BC. Es decir, se traspasa a un pasado ahistórico y fantasmagórico a personajes, actitudes, creencias y prejuicios del siglo veinte, para luego reclamar contra la "injusticia" de que una diva como ésta haya tenido que aguantar a hombres rudos como aquéllos. La declaración de Nairobi, elocuente al respecto:

Although there is no physiological basis for regarding the household and family as essentially the domain of women (...) the belief that such a basis exists perpetuates inequality

Para soltar este tipo de sandeces hay que tener una mente blindada contra toda comprensión histórica, puesto que contra lo que se reclama aquí es simplemente la "creencia" de que las mujeres y no los hombres gestan, paren y amamantan a los bebés, lo cual, de ser cierto, efectivamente constituye una "base fisiológica" para considerar el ámbito doméstico como propio para una mujer, por lo menos cuando, por necesidad coyuntural histórica, a esa mujer se le coloca en el papel de fábrica de bebés a tiempo completo, y cuando la simple supervivencia de la tribu obliga a repartir papeles según aptitud física. Dicho de otra manera: imaginemos a tres tristes tribus rivales (recuerden a Crow Creek), en una de las cuales las mujeres laboran en el campo, cazan búfalos y emprenden la guerra por territorios mientras los hombres se quedan en casa (en carpa) cuidando de los pocos niños que esas mujeres consiguen producir entre búfalo y búfalo, en la segunda, al revés, y en la tercera, fiftififti. ¿Cuál de las tres tristes tribus triunfará y triturará a sus contrincantes en la guerra de la supervivencia? Creo que trodos trabemos la respuesta.

De acuerdo: ya no vivimos en esas condiciones. Una mujer no tiene por qué ser fábrica de bebés si no quiere, pues los bebés ya no tienen esa deprimente costumbre que antes tenían de morir a los pocos días de nacer, exigiendo reemplazo urgente; ya no quedan búfalos por cazar; ya no necesitamos entrenarnos en el uso de arco y flecha. Y es por eso mismo que ya no tiene sentido discriminar, y es por eso que donde sea que el gobierno haya dejado de fregar, ya no se discrimina. O mejor dicho, sí se discrimina, pero de otro modo, más sutil y discutiblemente benigno: me refiero a la permanencia del dichoso estereotipo, aquel cuya llama sagrada las feministas, cual vírgenes vestales, se dedican a proteger y a perpetuar, aquel que insiste en la naturaleza esencialmente pasiva de la mujer, que la convierte en víctima eterna y que le absuelve de toda responsabilidad sobre sus actos y su destino, de modo que todo lo malo que le sucede siempre es culpa de otros (de "la sociedad", del "patriarcado", de "los hombres", del "gobierno", in extremis, de su mamá), doctrina de que la mayoría de mujeres sensatas que conozco (ahora que pienso, fuera de YouTube, sólo conozco a mujeres sensatas) abjuran, como es natural. Ser víctima eterna puede ser divertido un tiempo, pero vamos, a los cinco minutos empieza a escocer, a menos que una tenga graves trastornos sicoconductuales, o que sea feminista.

De modo que si (citando de nuevo al artículo del Telégrafo) alguien te dice "sólo las niñas lavan platos", no es necesario que vayas a la ONU, como esa actriz incalificable, para reclamar que "He"  (el hombre, el culpable de todo) se coloque el yelmo oxidado y coja la lanza y salga a la defensa de "She" (la eterna víctima, la doncella en apuros); más práctico es coger el plato y lanzarlo a la cabeza de quien acaba de soltar tamaño barbarismo: eso se llama tomar el control, actuar como persona, vencer el estereotipo, y está al alcance de todas y de todos.

"Sí, pero los estereotipos, eeh, cómo lo digo... no lo repitas allá fuera, pero me gustan un poco. Me hacen tilín. Me dan un no sé qué. ¿Podemos quedarnos por lo menos con alguno? ¿Algunito?"

Bienvenido/a a la especie humana. Tu debilidad por las faldas, los tacones, el maquillaje, y los gruñidos de Monica Seles resulta ser tan ampliamente compartida que un estudio frecuentemente citado por Hoff Sommers nos enseña que a medida que una sociedad se vuelve más próspera, en lugar de difuminarse se acentúan los roles de género. No hay mucho misterio en ello, por lo menos para el historiador que ya habrá notado que la vestimenta de rudos campesinos es prácticamente unisex, mientras que la de monarcas y nobles siempre se ha distinguido por un exagerado dimorfismo. El quid es tener tiempo  de ocio para dedicar a actividades ociosas como flirtear, presumir, disfrazarse, coquetear, posar, bailar, dejarse atar de pies a cabeza en una mazmorra y flagelarse las nalgas con un manojo de apio, etcétera. Somos una especie que al parecer, cuando no tenemos que trabajar lo primero que pensamos es en el sexo, y cuanto más tiempo tenemos para pensar en eso, más maneras enrevesadas buscamos para sacarle el jugo sexual a las situaciones más inverosímiles, y teñir toda nuestra existencia de ese mismo color. Yo, personalmente, no veo que ese espectáculo se acabe en un futuro previsible. Ser diferentes nos gusta, secretamente, demasiado para eso.

De modo que si me preguntan si estoy a favor del fiftififtismo de la ONU tendré que decir: eeeh, esteee, fiftififti. Espero aprobar el examen a pesar de todo, pero no tengo mucha fe puesta en ello.

Wednesday, March 2, 2016

No hay energías renovables

"Papá, ¿qué es energía renovable?"

Miro al niño. A veces me pregunto qué es lo que ve en mí: este gigante grasoso con los pulmones destrozados como cometa rota en casita del perro, este dinosaurio bonachón de ojos tristes, este resto sin barrer de la fiesta de ayer.

Se me ocurre que probablemente debo decirle: energía eólica, solar, mareomotriz, etcétera. En lugar de ello:

"Hijo, es la que no tengo."

Con lo cual por lo menos tiene para seguir armando ese conjunto de cosas que el mundo no tiene para ofrecerle, fuera de los cuentos: Godzilla, el Dodo Rex, los Pikmin, las brujas, Santa Claus, Jehová, la Justicia Social, la Media Naranja, el Chupacabras, la Solución para el Oriente Medio, las sirenas, los medios imparciales, el warp drive, el trasplante de sentido común, las plantaciones de espaguetis, el portabilletes renovable, la economía socialista funcional, etcétera. (Siempre me he maravillado ante la necesidad que todo niño tiene de crear mundos y criaturas de fantasía, como si a los mundos y las criaturas existentes les faltara encanto e interés. ¿Es porque existe una conspiración de adultos para volver aburrido el universo de milagros que nos rodea, o es simplemente porque al niño poco le importa la frontera entre existente e inexistente?)

En fin: a decir verdad, siempre me ha parecido una simpleza eso de las energías renovables. No existen. Según las leyes de la termodinámica, no pueden existir. Tomemos el caso de la energía solar. A este planeta a diario llega una enorme cantidad de energía en forma de luz y un poquito de calor, la mayor parte de la cual desaprovechamos (los vampiros la desaprovechamos peor que ustedes). Pero ¿de dónde viene esta luz? Sencillo: de un enorme reactor nuclear que tenemos estacionado a unos 149.6 millones de km de nuestro patio trasero, llamado el sol. Y como todo reactor, el sol necesita combustible, en forma de hidrógeno, que convierte en helio. Acabado el suministro de núcleos de hidrógeno, se acaba el espectáculo. El sol tiene fecha de caducidad. Nos parece "renovable" la luz que produce, sólo por aquello del outsourcing: el sol está aun más lejos que Arabia Saudita, podemos desentendernos de sus problemas y de su creciente desesperación, somos niños para quien los papás son una fuente de juguetes y helados inagotable por naturaleza. Y ahora viene lo interesante:

"Yo algún día me muero, pero mis hijos..."
"También."
"Sí, pero la raza..."
"También."
"No, no puede ser. Se acabará el sol, pero para entonces tendremos cómo irnos en nave espacial, colonizaremos otros sistemas solares (el colonialismo se supone habrá vuelto a estar de moda). Llevaremos a Shakespeare y al Herpes simplex a Alpha Centauri."
"Puede. Pero esos soles también morirán."
"Siempre habrá más."
"No. El universo no es infinito. Acecha la noche eterna. Está a una milla de tu puerta, y viene caminando hacia ti, hacia tu raza, hacia tu universo, hacia todos los universos."
"No puede ser..."

Nos resistimos a desaparecer. Algo en nosotros se resiste. De joven (muy joven) fue mi ego el que, según recuerdo, no quería morir. Y es que todavía no había tenido tiempo de jugar con él, de desarmarlo, como siempre hacen los niños, para ver cómo funciona, para luego darse cuenta de que lo desarmado, desarmado queda (segunda ley de la termodinámica, quinta ley del día de San Esteban). Bien. De más mayor, dicen (por lo menos dice Dawkins) que es el maldito gen. Pretender que genes vistosamente defectuosos como los que llevo perduren en el tiempo sería como llevar al paroxismo el conservadurismo reaccionario... pero, bueno, ten un hijo y verás. (Si él se mete a monje y prescinde de descendencia no me parecerá mal: eso sí, que no deje de reaccionar químicamente con su entorno, que no muera en vida mientras viva: que le crezca una fisura anal, un pólipo, una bursitis, pero no una ideología. Amén.) Luego nos ponemos a pensar, y sacamos que lo que no queremos que muera es la humanidad, es esta manera de ver y de sentir, es esta chispa que algunos dicen divina. En esa fase estoy yo ahora, lo digo con sinceridad. La humanidad me importa. Sobre todo la parte que se siente. No consigo pasar de ahí.

Hay quien, para no extinguirse, se refugia en el Groundhog Day del eterno retorno (riverrun, past Adam and Eve's: tremendo piropo para la tal Barnacle, pretender que todo se repita, soñar el coño eternamente renovable). Para alguien como yo, que no encuentra más momentos eternos en su vida que una palabra disilábica de seis letras pronunciada por una mujer sobre la mesa de una cocina americana, tengo el deber de preguntarme si realmente es necesario o aconsejable que vuelva a suceder el Homo erectus, el imperio romano, las cruzadas, la peste bubónica, el Santo Oficio, el bolchevismo y el nazismo, el Holocausto, el VIH, Hugo Chávez y Donald Trump, una y otra vez en eterno dal capo, sólo para que vuelva a gozar como entonces de ese "cabrón". ¿Realmente vale la pena? Afortunadamente no me dan a elegir, salvo en la imaginación: será por eso que poder imaginar termina siendo lo único que me importa.

Todo eso a cuenta de haber abierto el Telégrafo esta mañana con el café, para toparme con este surrealismo en primera plana y letras grandes:

Ecuador, quinto en el mundo en seguridad energética

A veces ante el evidente clickbait, uno se pone a predecir el contenido a modo de juego adivinatorio. ¿Qué será ese delirio de seguridad energética en que Ecuador consigue vencer a parte del extranjero? ¿Será que muere menos gente acá por descargas energéticas? Lo veo difícil en un país donde cada día alguien se electrocuta en la ducha después de instalar un calientaaguas eléctrico de ésos que se venden en Pykka o De Prati. O bien, ¿será que acá hay más seguridad de que no se irá la luz justo cuando estás a punto de terminar el deber todavía sin guardar? Me crece la incredulidad al recordar (creo recordar) que en otras partes del mundo hay países donde no se va la luz cada vez que llueve... No, tampoco será eso. Al final, por pura curiosidad abrí el artículo. Resulta que esa "seguridad energética" en realidad es simple autarquía, es no tener que depender de Colombia para mantener iluminados los faroles callejeros. ¿Tiene que ver la autarquía, el sueño de todo dictador de a cuarto, con la pretensión eternamente frustrada del perpetuum mobile, con la no aceptación de las leyes de la termodinámica, con el comprensible (en mi opinión) grito de horror ante la devastación eterna? El lector sagaz dirá.

Las misma portada del T. (where else) me ofrece también a Erika Sylva, que sigue sin dar pie con bola (resumen rápido: existe una conspiración para que las mujeres no consigan más PhDs a pesar de que ellas mismas escogen libremente otras opciones reñidas con la consecución de PhDs: la conspiración consiste en que todo mismo, la sociedad, el mundo y las leyes de la física no se reorganicen para que ellas pueden seguir al mismo tiempo dos caminos mutuamente exclusivos), y también a algo que me alegra la vista. Esto:

El ‘extinguirse’ es componente pesado del aforismo mandinga referente a las bibliotecas-ancianidad: “cuando un anciano muere sin heredar sabiduría desaparece una largura de historicidad”.  O sea se disipan procesos sociales, conceptos filosóficos, entendimientos políticos, en fin, la propia vida extravía su continuidad de contenidos.

No digo el autor. Para tanto jazzman y jam-session como mete en sus artículos el tipo tendría que ser Thelonious Monk, y dudo que lo sea. Pero esto, lo citado, es hermoso. Me recuerda al Matthew Arnold de Dover Beach, que vio en la fragilidad humana y en el "todo se acaba" una invitación a la compasión, a la bondad y al amor. Es lo que quise decir acá, y en eso quedamos. Por ahora.