Tuesday, June 28, 2016

Los pecados de los padres

We laugh at dead men's jokes, and cry at dead men's pathos!

Así Hawthorne, en The House of the Seven Gables, en el personaje de Holgrave (léetelo todo). Y es cierto. Más allá de que una refundación generacional universal cada veinte años luce poco práctica, y que se supone que entre toda esa basura, esa buhardilla llena de trastos, que nuestros abuelos nos legaron, debe yacer esa joya, ese diario, esa fotografía sepia que rescata la anécdota de nuestra fugaz existencia del peligro de no tener ningún sentido; más allá de todo eso, insisto, palpita la sospecha de que nuestros antepasados alguna broma pesada nos han practicado, y que estamos, efectivamente, pagando los platos rotos de unos muertos a quienes los platos, rotos o no, ya de muy poco les van a servir.

Y tal vez esta sospecha sea en parte porque estamos más que dispuestos a cargarles el muerto a nuestros propios descendientes. No miren ahora, pero todo el sistema financiero mundial actual está construido sobre la premisa de que de aquí a 50 o a 120 años habrá alguien que sepa pagar las deudas que alegremente estamos contrayendo. Es la esencia de lo que hacen los bancos centrales, notablemente el europeo: aprovecharse del supuesto supersticioso de que en tal o cual país o unión de países, las próximas generaciones serán tan felices y enormemente productivos que pagarles las cuentas a sus derrochadores abuelos no les costará nada: lo harán hasta con una sonrisa no exenta de ternura: así que a imprimir billetes a cuenta suya se ha dicho (y gracias). Hoy en día, hasta quienes no tienen hijos ni quieren tenerlos confían en que "sus hijos" les pagarán, algún día, la cuenta de la tarjeta. Por eso los economistas lucen esa sonrisa tan suya, tan condescendiente, cuando les increpas con un "¡pero nadie puede ni nunca podrá pagar todo esto!" Y la verdad, sospecho, no es que ellos crean que algún día la deuda nacional se vaya a cancelar, con recibo y un After Eight de propina; sino que saben que todo el castillo de naipes depende de esa sonrisa, depende de que sea así de condescendiente y burlona. Quiero decir que la carrera alocada del crédito depende de lo que en círculos financieros se llama la confianza, o sea, la capacidad que tienen algunos señores de mediocres luces y ternos de Pierre Cardin de seguir creyendo en Santa Claus, y en las hadas al fondo del jardín. Y para eso, contratan a otros señores, que se llaman economistas, para cumplir con la tarea de sonreír burlonamente a todo aquel que ose insinuar que las hadas, realmente, nunca estuvieron ni van a aparecer en algún futuro previsible.

¿Así que nada de esto se va a poder pagar? Que me quiten, pues, lo bailado. Tal vez esta frase resume para algunos lo que hoy se entiende por sabiduría, junto con el famoso dicho de Keynes: a largo plazo todos somos muertos. La última persona de quien tengo constancia que se atrevió a sugerir, tímidamente, que uno no debe de gastar de lo que uno no tiene, fue Margaret Thatcher: ahora ella es al hazmeestornudar de una generación de economistas jóvenes, para quienes el gastar de lo que uno no tiene es prácticamente la definición de la virtud (coming soon to a sabatina near you). Si tú no lo haces, otros lo harán por ti. De modo que vivimos en un mundo en que todo niño que nace, nace endeudado; y cuando crece, y se pone a trabajar, se encuentra inmerso en un sistema de trueque de oscuras confianzas tan opaco que nunca alcanza a saber lo que realmente vale - más allá de subsidios, créditos, inflaciones, alzas de impuestos, contrapartidas de impuestos, deudas nacionales, deudas de solidaridad escritas en tinta roja en el libro negro de la contabilidad moral - su trabajo, y por tanto, cuánto de todo aquello que tiene realmente es suyo.

Y es en este punto donde aparecen unos señores sonrientes que le dicen que, en realidad, nada es suyo, que todo es prestado a cuenta de la sociedad, a la que todo se le debe. Y uno termina creyéndolo, hasta que un día, se le ocurre seguir a esos señores, después de que le hayan vaciado los bolsillos a cuenta de la sociedad, que necesita esa plata más que él, y a la vuelta de la esquina los encuentra comiendo en un restaurante caro y tomando vino y riéndose del pobre cojudo cuya credulidad les permite no solamente vivir así, sino decretar que ese vino que ellos mismos toman no debe ser demasiado asequible a quienes les están financiando la juerga, pues si se ponen a tomar podrían hasta trabajar menos, y ellos por tanto tener que prescindir de profiteroles.

Y uno musita: si nada es de nadie, ¿cómo es que algunos se montan tan bien la vida como ladrones, o como poderosos, que significa exactamente lo mismo?

Confianza, señores, confianza. Las primeras tres letras por lo menos.

Hay quien nace entendiendo ese asunto de la confianza, y hay quien está condenado, por su particular configuración cerebral, por sus leves matices autistas, por su literalidad y poca destreza fisonómica, a no entenderlo nunca. Los primeros se hacen economistas, vendedores, políticos: los segundos, matemáticos, mineros, menesterosos, o cojudos profesores universitarios. Los primeros triunfan, los segundos, con suerte, sobreviven: pues ellos también son necesarios. Confianza y cojudez son el yin y el yang de cualquier sociedad contemporánea. Sabidos y cojudos nos necesitamos mutuamente para que todo siga dando vuelta.

Todo esto, a cuenta de las recriminaciones que han sabido atraer, a nivel mundial, los británicos que votaron por la opción Leave, y así, supieron conjurar sobre su "país" el anatema de la desconfianza de los señores creyentes en hadas, de los inversores en cojudeces futuras. Un país que vota en contra del consenso de políticos, de multinacionales, del Presidente de EEUU, del Banco Mundial, de periodistas, de prácticamente todo el mundo que cuenta, es un país en que no se puede tener confianza. Es un país que se ha vuelto un poco menos predecible que ayer. Es un país del cual uno no se siente tan, tan seguro como antes de poder seguir sacando pingües ganancias. Eso, y la estampida que sigue, es comprensible. Yo, si fuera inversor, si fuera George Soros, ahora mismo no apostaría ni cinco sobre el futuro del Reino hUnDido en tanto centro financiero mundial... a menos que, contra costumbre, se eligieran a unos políticos más sensatos y más liberales, capaces de entender que lo que más se necesita ahora a nivel mundial, luego del fiasco de Panamá, es un paraíso fiscal más robusto y un poco más grande que los otros. Ahí tal vez sí. Veremos.

El artículo de Gándara Gallegos supongo que marca la pauta de lo que será la cantaleta de la biempensantoisie en los próximos meses, hasta que se active el Artículo 50. Obviando las lecturas telepáticas ("muchos de los separatistas se muestran hoy arrepentidos") y centrándonos en la tesis:

El que este caos generalizado se presente en una nación de tanta tradición, de la más antigua institucionalidad democrática de Occidente, le sorprende al mundo entero. Pienso que la soberbia es la principal causante (...) ¡Aun una nación madura puede caer víctima de la soberbia y la demagogia de sus dirigentes!

lo que llama la atención es el doublethink, en el sentido orwelliano, que salta a la vista en las dos primeras frases citadas. El Sr Gándara debe saber, porque a estas alturas todo el mundo sabe, que la Unión Europea no es precisamente un ejemplo de "institucionalidad democrática": su estructura orgánica se parece hasta sospechosamente a la de la extinta Unión Soviética, con un Soviet Supremo ("Parlamento europeo") como mecanismo de representación puramente simbólica, desprovisto de poder real (no puede siquiera proponer legislación) que a su vez nombra a un praesidium (la famosa "Comisión"), una colección de políticos fracasados y rechazados por sus propios electorados (con los lógicos rencores como secuela), que detentan todo el poder real y hacen y deshacen a su antojo, sin ningún mecanismo ni de transparencia, ni de responsabilidad, ni de rendición de cuentas ante el electorado que en este caso no existe, pues nunca son elegidos. Entonces, visto que de democrática la Unión Europea no tiene nada, y que de hecho se vuelve con cada día que pasa más rígida, más centralista, más autoritaria y cabe decir más dictatorial (en el sentido de querer controlar hasta el más nimio detalle de la vida de los "ciudadanos"), lo lógico sería suponer que una nación de "tanta tradición", y de "antigua institucionalidad democrática" sería la primera en cuestionar su papel dentro de una "unión" no solamente económicamente fracasada, sino democráticamente impresentable. Y así ha sido. De sorpresivo nada tiene, o mejor dicho, nada tendría, a no ser por la ferocidad de la campaña en contra del Brexit, que hasta a mi me hizo dudar del resultado hasta el último momento.

Lo que tal vez Gándara no sabe es que la elección no fue entre salirse de la UE y el actual status quo. Como repetía incansablemente Daniel Hannan, el "quedarnos como estamos" nunca fue una opción en ese referéndum, pues de haber votado Remain, el R.hU. se habría quedado definitivamente sin cartas para jugar, y sin armas para defenderse. ¿Qué hubiera seguido? La adopción forzosa del euro, posiblemente, lo que hubiera generado un colapso económico aun más grande que lo que hemos visto hasta ahora. (No sé se aun queda alguien en el mundo que piense que el euro fue una buena idea.) El "ejército europeo" del cual últimamente se habla (para usarse, obviamente, en contra de los mismos europeos en caso de necesidad). Un fisco europeo con toda la maquinaria burocrática asociada. Pero más que nada, el adiós definitivo a toda noción de control democrático. Y yo me pregunto: el Sr Gándara (suponiendo que es ecuatoriano) estaría contento con que Ecuador formara parte de un superestado latinoamericano donde en la práctica todo sería controlado y decidido por Argentina en pro de la estabilidad financiera de dicho país, y donde no existiera ninguna manera de influir siquiera indirectamente en las decisiones tomadas en Montevideo y dictadas desde Buenos Aires?

Se supone que sí, pues para él, querer uno como individuo o incluso como país decidir sobre las cuestiones que atañen exclusivamente a uno... es soberbia. De modo que si Ecuador, pongamos, quiere decidir su propia política exterior sin tener en cuenta la opinión ni de Washington ni de Caracas, eso fuera soberbia. Si yo como empresa importadora quiero comprar vodka rusa y no polaca, por cuestiones de nostalgia o de esnobismo, y unos señores por quienes nadie votó me dicen que no puedo, porque, pues porque ellos tienen más amigos polacos que rusos, y en éstas se me ocurre que los gustos de mis clientes deben de pesarme más que las adhesiones sentimentales de unos desconocidos, eso fuera soberbia. No sé cómo interpretar esto otramente que una invitación a vivir de rodillas, y si no me sorprende mucho es porque hace mucho que con Milgram en mano, uno espera esto, estas actitudes de servilismo antes las "autoridades" constituidas (Banco Mundial, Soros y Obama, verbigracia), de parte de un sesenta y pico de la población, lo que lógicamente incluye la población de columnistas hasta de la prensa no gubernamental.

Pero a fin de cuentas, uno sospecha o vislumbra que detrás de esta especie de servilismo by proxy que manifiesta el Sr Gándara lo que se esconde es un simple y vulgar estereotipo. El  británico (mejor digamos: el inglés, vista la pronta y por mí anhelada separación de Escocia) es, siempre fue, un soberbio, y la prueba es que él invadió medio mundo, estableció colonias, condujo matanzas, repartió con sus amigos el continente africano, etcétera. Que entre esos 17 millones de votantes en el referendo apenas habría un centenar que algo tuvo que ver, en su remota juventud, con ese terrible historial colonial no importa: el estereotipo nacional, ya forjado, se alza indómito y se muestra incombustible. De ahí que de todos los países de Europa, el R.hU. es el único donde portar una bandera equivale a confesarse de extrema derecha, donde llamarse "patriota" se considera (y sin duda realmente es) equivalente a confesarse nacionalsocialista, donde la historia de la nación se enseña en las escuelas como un historial de vergüenza familiar. Ni un alemán, creo, sentirá la décima parte de la vergüenza que siente un británico al tener que reconocer, en algún otro país, el origen de su pasaporte, con todas las cargas de conciencia heredadas que ello supone. De modo que, tal como pregunta Hannan en el debate citado, ¿no sería ahora el momento de preguntar por qué hay tantos países (Ecuador, verbigracia) donde la soberanía es prácticamente por definición y por consenso unánime algo deseable, y por el otro lado, un único país que por consenso internacional cualquier modesta aspiración a la misma soberanía (ni más, ni menos) es condenable en alto grado? ¿No sería el momento de cuestionar seriamente si los pecados de los padres deben recibir castigo en las generaciones venideras, hasta siete veces siete? ¿No sería el momento de dejar de reírse con los chistes de los muertos?



PD: Éramos pocos y parió la abuela: ahora hasta Nelsa Curbelo, de quien hubiera esperado mejor, se ha subido al carro de la indignación moral contra esos "aislados" ingleses que votaron Leave:

Quizás el resultado de la votación sea un triunfo camuflado de los movimientos terroristas.

No solamente "soberbios", entonces, sino aislacionistas, nostálgicos, y hasta camufladamente terroristas. A esta paso, tengan por seguro que el próximo terremoto en Ecuador también será culpa de los ingleses mayores de 26 años. Y todo por el simple anhelo de ejercer un control democrático sobre la función legislativa del estado donde residen y pagan impuestos, al igual que hace un ciudadano, digamos, de Ecuador. Por si acaso, esto no lo digo yo, lo dicen los sondeos, que desde el inicio de la campaña han dejado claro que el movimiento por salir de la Unión Europea no está motivado principalmente por racismo ni xenofobia alguna (yo, personalmente, como he dicho docenas de veces en este blog, estoy a favor de la absoluta libertad de movimientos y la ausencia de todo tipo de control migratorio en el país que sea: las fronteras, como correctamente dice Curbelo, son anacrónicas en la era de Internet). El deseo de salir de UE es el deseo de recuperar el control sobre la propia vida que, por una serie de engaños o equívocos a través de las décadas, se ha cedido a una burocracia inútil, remota, autoritaria y además costosísima. Pero como esas realidades lucen menos interesantes y entretenidos que el recurso al estereotipo, les prometo que no escucharán ni leerán nada al respecto en la prensa de este país en el futuro previsible. Ya me acostumbraré, supongo.



Saturday, June 25, 2016

Lo que no se menciona

Muy rápidamente (porque un escritorio cargado de trabajo me espera):

Sí, el Reino hUnDido está en capacidad de hundirse todavía más. Que su clase política perderá "influencia", tanto con EEUU como con Europa, parece lógico e inevitable. Pero yo me pregunto: ¿de qué le ha servido tal influencia? No se me ocurre un solo ejemplo de que esa supuesta influencia le haya servido al mundo para algo positivo en los últimos 43 años (más bien, los perritos falderos que el RhU gusta de elegir le han servido a EEUU para vender, dentro de Europa, sus locuras bélicas. El R.hU. ha sido, entonces, una influenza más que influencia: callado se ve mucho más bonito). Por otra parte, a corto y aun posiblemente a medio plazo, dificultades previsibles con las exportaciones, sobre todo a Europa y posiblemente a otras zonas. A largo plazo, depende. Si la Unión Europea se cae en pedazos con más exits, como es de esperar (alguien tenía que marcar el camino de salida; ahora, otras poblaciones llenas de insatisfechos seguirán el mismo camino; hasta los mismísimos franceses, que siempre han sido los más beneficiados por el arreglo, están hasta los mismísimos ahora), el haber sido de los primeros en descubrir el mundo fuera de las rejas será una ventaja hasta comercial, y no se diga política y económica. El Brexit es una estrategia a largo plazo, a mi ver, sensata. Con lo único que apuesta es con la continuada obsolescencia y declive de la UE, o sea, con algo que ha sido patente a lo largo de los últimos 15 años por lo menos. El que las ratas abandonan los barcos que se hunden habla mucho a favor de la inteligencia de las ratas.

Claro que no dirías eso al ver las portadas de los diarios.

Se nos pinta el Brexit como un reflejo xenófobo ante la inmigración. Claro que algo hay de eso: gracias, Nigel. Pero lo curioso es que nadie menciona un factor sin el cual difícilmente hubiera sido posible la mayor votación a favor de algo en toda la historia británica: el factor democracia, o si quieres llamarlo así, soberanía. Como dije hace algunos días, el voto por el Brexit ha sido el voto a favor de poder seguir votando. Siendo ese "poder votar", en este caso, la única piedra que le queda a David (en este caso, la clase trabajadora británica, la que votó por la salida) frente al Goliat de la burocracia neosoviética. Porque en el proyecto europeo, el famoso "déficit democrático", o sea, el hecho de que todas las decisiones, tanto importantes como intrascendentes, siguen siendo tomadas por personas por las que nadie ha votado y que han jurado solemnemente no representar a nadie, no es un problema pasajero y secundario que espera, paciente, ese toque de timón anhelado: forma parte de la esencia del proyecto. Una Unión Europea verdaderamente democrática no duraría más que tres días. Es prácticamente una contradicción de términos.

Por lo cual, el hecho de que nadie, ningún editor, ningún político (salvo ese payaso de los campos de golf), ningún personaje influyente ha felicitado a una población camino a liberarse del yugo neosoviético nos debe servir de reflexión. Estamos en un mundo donde el poder decidir uno mismo sobre las cosas que le afectan a uno mismo se ve desde la clase política, desde la academia, desde el periodismo mismo, como una afectación o un capricho o un estorbo. Nunca antes ha sido tan universalmente aceptada la ideología de la planificación desde arriba, la de los filósofos-reyes, la neosoviética en fin. Por eso, hablar de democracia es hasta una salida de tono social. Triste pero comprobable.

Por mi parte, en cuanto disponga del precio de una botella de algo, voy a celebrar a lo grande.

Update: me olvidé. Miren esta foto. Si no ves algo muy raro, es que tienes menos de cuarenta y cinco años.

 
 
¿Qué ves ahí? No, pero ¿qué ves? Bien: un hombre en medio de la calle con un mueble ridículo que él mismo ha arrastrado ahí. Y una mujer, separada de él por una distancia que sugiere, o bien el efecto alienador de una transpiración axilar incontrolada, bien el deseo de disociarse del sujeto en cuestión ("no, yo nada, sólo pasaba por aquí, no sé quién es ese tipo"), bien el fallout de una furiosa discusión doméstica. A mí lo que más me habla es ese mueble. Supongo que lo llamaras atrio. Y es aquí donde entra el tema de la edad, pues yo recuerdo un Reino hUnDido donde, si cogías un mueble, sobre todo un mueble ridículo, y lo arrastrabas hasta la media calle, venía un policía y te hacía varias preguntas tendientes a establecer tu nivel de cordura o enajenación mental. Y en ese Reino hUnDido que recuerdo, no importaba si tu casa era el número 10 o cualquier otra, ni si ostentabas el cargo de Primer Ministro u otro, o ninguno: pues un mueble ridículo es un mueble ridículo sea de quien sea, y entorpece igualmente el tránsito. Lo que parece haber sucedido en mi ausencia de dicho país, es que esos inefables imbéciles que se tiene ahí por políticos han visto que el Presidente de EEUU dondequiera que vaya carga con uno de esos atrios, y han visto que cuando él se coloca detrás de uno de esos atrios parece la mar de importante, y statesmanlike, y la gente le hace mucho caso: entonces han decidido no ser menos, y han mandado construir algo parecido. Pero tan imbéciles han sido que no se han percatado que el Presidente de EEUU cuando se pone a hablar detrás de su atrio, siempre tiene cuidado de encontrarse en un recinto cerrado, con cortinas de terciopelo y luces de 2.000 vatios y parlantes y alfombras y sillas para los periodistas. El man no iba a ser tan gil como para arrastrar el atrio a la media calle y ponerse a hablar ahí. Eso les pasa por la vanidad. Pero lo peor es que la gente se lo consiente.

Insisto, hay una evolución acá. Winston, sin mueblería. Maggie, con una especie de atrio pero nada statesmanlike, probablemente robado de una escuela cercana, y situado en la vereda, como mandan las leyes de tránsito. Y luego Dismal Dave, haciendo el payaso en media calle. Y la gente lo ve normal, porque no conoce otra cosa.

Bah.

Les dejo con el siempre lúcido Dragons O'Kafka, para explicarles mejor que yo pudiera hacerlo qué nomás se puede decir sobre esa nueva interpretación de la democracia plebiscitaria (no tan nueva, en realidad: los de la Comisión Europea son maestros en ello) que consiste en seguir haciendo el mismo referendo hasta que saques el resultado que quieras, y ahí nomás.



Sunday, June 19, 2016

¿Existe el lgbticidio?

Imagina que uno de esos viejos dinosaurios de la política ecuatoriana, me refiero a tipo Álvaro Noboa, los que viven en blanco y negro y andan por todas partes acompañados de Carmina Burana, ésos pues, imagina que uno de ésos llegara a presidente (no te rías: si el Trump sale candidato allá, todo es posible) y nada más acceder al puesto propusiera una ley según en cual en la cédula de identidad tiene que salir:

RAZA: B/N (tacha donde no aplica)

¿Cuál sería la reacción más previsible, tanto entre la beautiful people actual como entre los ciudadanos sempiternos y hambrientos? Fácil, ¿verdad? Y he aquí quë* las columnas de opinión se llenarían de voces pidiendo sensatez y reflexión, y señalando los siguientes ineludibles hechos y argumentos:

1. La "raza" es una construcción social, de funesto historial y nula utilidad práctica (salvo para la policía). La ciencia genética humana no conoce de razas, sólo de genotipos y fenotipos (ayer mismo me enteré de que hasta en 1950 la UNESCO ya estaba pidiendo que el término dejara de usarse a favor de, pongamos, "grupo étnico"). Clasificar a la gente por "razas", a estas alturas, sería tan anticientífico como hacerlo por signo del zodíaco.

2. La inclusión de "raza" como dato de identificación para lo único que serviría sería para perpetuar viejas esquemas racistas, coloniales, discriminatorias. Tener indicación de "raza" en la cédula sería tanto como querer reavivar el apartheid sudafricano. Impensable.

3. En todo caso, una clasificación racial binaria (blanco, negro o no sabe) luce un poco absurdo en un país mayoritariamente mestizo. El ojo humano puede distinguir alrededor de diez millones de colores. Aun irrespetando a la minoría verdosa (el Hulk, v.gr.), son todavía unos cuantos millones de tonos perceptibles que puede lucir la piel humana, por efecto combinado de la sangre, la melanina, la gota, la ictericia, los mamporros, los carnavales ecuatorianos, los laboratorios de Maybelline, los salones UVA, y sobre todo, aquellas gozosas prácticas que otra generación de puritanos norteamericanos dieron en llamar miscegenation. Aparte, si alguna vez divisas en el horizonte a un hombre blanco, verdaderamente blanco, y ése camina, ponte a correr: he's after your brain.

4. Quien propone este cambio en la cédula es un carca fascistoide.

Bueno, este último ad hominem luce un poco patético a la cola de tanta argumentación sólida, que no lo necesita para nada; pero lo incluyo porque creo que para la beautiful people de la RC, es el único argumento que realmente cuenta. Quiero decir que si quien propusiera este cambio en la cédula fuese, en lugar de dinosaurio de la "vieja derecha", un gorgonópsido de patas limpias, corazón ardiente y dientes afilados, de repente los demás argumentos darían un volte-face, y rezarían así:

1. La "raza" es una construcción social, y por eso mismo es importante. Raza y etnia a efectos prácticos son lo mismo. Forma parte de la identidad de la persona, y enriquece la diversidad del país.

2. La inclusión de "raza" ("etnia", si insistes) como dato de identificación es importante para reivindicar la identidad de grupos históricamente marginados. Claro que no vamos a ser deterministas biológicos: cada cual podrá escoger la etnia con la que mejor se identifique, al igual que con el tema del género. De tal forma que la marginación histórica ya será de todos.

3. Si bien es cierto que hay muchos colores, quien no guste de identificarse con alguna opción predeterminada podrá identificarse como "cromáticamente fluido", al igual que con el género. No se diga que no damos opción para todo.

4. Quien propone esta novedad progresista es una Mente Lúcida. ¡Tachán!

Con esto, no quiero dar a entender que el correísta de tropa sea un irreflexivo que se traga cualquier afrenta al sentido común con tal de que venga salpicada de los buzzwords de rigor (lo es, pero no viene al caso ahora). El lector sagaz habrá notado que los dos lados de ese debate felizmente hipotético encarnan dos puntos de vista enfrentados, que en otras muchas ocasiones hemos señalado como basso ostinato a tanta musiquilla como escuchamos, que son, respectivamente, individualismo y colectivismo. Quien piense primero en el pobre e infeliz individuo condenado a cargar un documento de identidad donde viene especificado su color de piel, como si el dato realmente sirviera para algo, es individualista, lo que quiere decir que piensa en las personas. Quien primero piense en el grupo históricamente marginado y su relación de prometeica rebeldía contra el grupo opresor, y la conveniencia de echarle una mano al grupo en cuestión a cuenta de los individuos, que total sólo son peoncillos, ése es colectivista. Cada uno que lance sus dados en el color que quiera. Les jeux son faits, mesdames &c.

Y bueno, ya lo dije enantes, si soy individualista es porque, en el fondo, soy a bear of very little brain, que apenas logra bombear sangre por este pobre cerebro sin ponerle como obstáculos tanta disonancia cognitiva como tiene que cargar el colectivista a diario: no sé de dónde sacan la energía. Siendo colectivista, uno tiene que creer en la libertad de expresión y en la conveniencia de la censura, tiene que creer en los derechos humanos pero no tanto como para no estar dispuesto a pisotearlos a cada rato, tiene que creer en la privacidad pero no para Mossad Fonseca, tiene que creer que el racismo es malo pero las cuotas de razas son excelentes, que el género no tiene bases biológicas pero que el transgénero es víctima de un equívoco biológico, que los asesinos psicópatas son malos pero que Che Guevara fue un héroe, que un viejo dictador puede servir de modelo para demócratas, etcétera, en fin, ya les digo, yo no aguantaría. Por eso he escogido la descansada vida, la del que huye el mundanal ruido. Me sirve.

Lo malo de ser individualista: verle la cara, a ella, a la persona, a la que tú sabes, y contemplar como, al igual que en el Macbeth de Shakespeare, la historia de desfila por sus ojos. Ella no es ella, es todos esos "grupos", esos recuerdos, esos arquetipos, esos deseos, esos viejos amores que ella fugazmente encarna. Es tener que decir no a tanta proyección, a tanto algoritmo de reconocimiento de facciones, no. Es ahondar, es lanzarse al pozo, el rasgar el velo de lo reconocido y reconocible, es aterrarse ante lo desnudo de la persona y lo obsceno de la asociación instantánea fotografiada y expuesta.

Hoy en el Universo, Iván Sandoval, ese notorio empleado de la CIA y adorador de Satanás, se atreve a preguntar si existe el androcidio, o séase, si hay gente en el mundo que mataría a un hombre por ser hombre... pero no antes de insistir en que "la tipificación del feminicidio es un logro simbólico importante". Lo será, pero tan sólo para el colectivista irredento, y voy a decir por qué.

Primer punto: los espectadores nos quedamos musitando, durante el preestreno, deseosos de saber cómo chucha se iba a demostrar el mens rea, en caso de que el acusado se negara a decir, servicialmente: "oye, yo la maté porque era mujer, así que deme tres años más de cárcel, porfa". Ahora esa cuestión se ha aclarado, en un caso notorio por lo menos, del cual tengo conocimiento gracias a la Prensa Corrugta. Sucede que las mentas lúcidas de la actual judicatura están dispuestas a dar por sentado que un hombre que mata a una mujer, a falta de otra razón demostrable (llevaba cartera atestada de billetes y opuso resistencia, v.gr.) lo habrá hecho siempre pues por eso, porque era mujer. No, no lo dijo él, pero ¡obvio! ¿Qué más motivo necesitaba? Lo cual, y siento ser el que lo diga, pero alguien tiene que decirlo, no hace más que asentar la idea demencial de que "ser mujer" es una razón válida y razonable para matar a alguien. Repito: un hombre que mata a una mujer, en la mente de unos de esos jueces, no puede haberlo hecho porque ella era abogada, o porque era bizca, o porque era Piscis, o porque era abstemia, o porque desafinaba cuando cantaba, o porque sus zapatos no hacían juego con su cartera, o porque alimentaba a gatos callejeros, o porque era incondicional de Joan Manuel Serrat. Nada de eso sirve, son razones tontas. Nadie mata por esas cosas. Pero ¿matarla porque era mujer? Eso tiene perfecto sentido. Al fin y al cabo, ¿quién no ha deseado alguna vez aniquilar a todo miembro del sexo femenino que se le cruce en su camino? Por fin hemos topado por un motivo creíble. En palabras de una conocida oración de la ortodoxia judía: Gracias, Todopoderoso, por no haberme hecho juez.

Segundo punto: ¿Qué importa el motivo de un asesinato, una vez consumado? La mató, queriendo. Su familia llora. Que vaya a la cárcel el tiempo que quieras, no me pondré a discutir (para eso está José María), pero ¿hacer distinciones por cuestiones de motivo? ¿A quién ayuda eso, exactamente?

Ah, me olvidé. A "un grupo". Un grupo de ésos históricamente marginados. Ya veo. A una abstracción.

Tercer punto: quienes han dicho "femicidio" hasta ahora han resultado ser todas mentelúcidas. Lo cual está muy bien, pero insisto: si la tipificación del femicidio hubiera salido de una mente cristiana conservadora norteamericana, la biempensanteoisie estuviera que salta. Admítanlo. "Otro intento del conservadurismo reaccionario para normalizar, normándolo, el maltrato a mujeres, otro intento de imponer criterios desiguales, otro intento para erigir una patología en algo normal, otra manifestación de paternalismo sexista, etcétera, da capo al fine." Insisto: todo depende de quién lo diga y qué buzzwords utiliza, los hechos y los argumentos ya, a estas bajuras, son lo de menos. Fin de cuentas, ¡argumentar cosas queda tan año pasado!

Cuarto punto, y aquí topo con Sandoval. Él no lo dice, pero de seguro que lo piensa: el cómputo de mujeres asesinadas "por ser mujeres" es incierto, pues salvedad hecha de los Ted Bundys de este mundo, que son bien pocos, apenas no se conocen casos de personas que confiesen tal motivación. Pero el número de mujeres que "por ser mujeres" han evitado de ser asesinadas, ése es mucho más fácil de calcular: simplemente comparas las estadísticas de homicidios de hombres y mujeres, y restas la segunda de la primera, y ahí lo tienes. Porque en todo país el número de occisos masculinos por asesinato es sensiblemente superior, como el mismo Sandoval insinúa, y más cuando hay guerra, siguiendo una vieja tradición que se encuentra detallada en el Antiguo Testamento, con lujo de detalles pintorescos. A los hombres, mátenlos: a las mujeres, eeh, bueno, tal vez no, sobre todo si son guapas... ya veremos (fuente: Every Holy Booke Ever Written).

Y es por eso que no se tiene en pie eso de que ser mujer representa un infortunio, en nuestra sociedad o en cualquier otra. Como digo siempre: miren por dónde va el tránsito. A la Cuba de Fidel casi nadie quiere ir a vivir, y en cambio, muchísimos buscan cómo salir: entonces, es evidente que no es ningún paraíso lo que se tiene allá, y es mejor estar fuera que dentro. Lo mismo: al sexo masculino cuántas quieren ingresar (no es tan difícil, es tomar tus hormonas y lista; el pene y todo eso, window dressing, enormemente sobrevalorado y fácilmente prescindible), y luego, por el otro lado, ¿cuántos quieren salir y nadar hacia la ribera de en frente? And lo, un estimado tomado de la versión 6 de los HBIGDA Standards of Care:

The earliest estimates of prevalence for transsexualism in adults were 1 in 37,000 males and 1 in 107,000 females. The most recent prevalence information from the Netherlands for the transexual end of the Gender Identity Disorder Spectrum is 1 in 11,900 males and 1 in 107,000 females.

Séase: para cada 10 hombres que quieren ser mujer, una solita mujer que quiere ser hombre. Ser hombre es como vivir en Cuba, pues. Peor todavía: es como vivir en Lomas de Sargentillo. Muy deshonestas o poco lúcidas encuentro a quienes pretenden otra cosa.

Tengo que volver a la traducción. Les dejo con la pregunta del título: ¿existe? Omar Mateen pensaba que sí. Bueno, "pensaba", ahí está. El gran error es pensar que antes de apretar el gatillo, el asesino piensa. El gran error es suponer que necesita "una razón", y que tal razón será asequible para ese fantasmagórico artilugio estilo Rube Goldberg que es la mente de un juez. Como si razones fueran algo al lado del caleidoscopio de instintos, de atavismos, de colores, de olores a sangre, de lóbregos patios de luces, de gritos de los vecinos, de miedos y desesperaciones y tragedias infantiles. Como si nuestro mundo fuera ese tipo de mundo que se puede arreglar queriendo.



* Me he levantado un poco mormón esta mañana.

Sunday, June 12, 2016

Rebajas

Ante la falta de tiempo, estoy condenado a ser prolijo. O tal vez no. Todo escritor sabe que escribir un ensayo de 4.000 palabras es mucho más fácil que escribir uno de 400, a menos que se carezca de ideas, en cuyo caso se recomienda cambiar de marca de cerveza o de whisky. (Yo no bebo, pero porque no hay plata, no porque vea en la abstención una virtud. Será otro día.) Para ser conciso, se necesita tiempo a más de cierto craftspersonship: para ser prolijo, sólo un buen calimocho. En fin. La cuestión es que ese tiempo no lo tengo. Hoy toca una traducción horrible de 18 páginas (no pagada), y es sólo un ejemplo. Si hurgara en mi defectuosa memoria, seguramente descubriría una docena de deadlines impostergables más. Hasta el día de la muerte estaré estresado.

Ante lo cual, a veces pienso que lo mejor sería arrojar las ideas sin más, sin contexto, sin nexo entre sí, sin preocuparme por el hilo argumental, que en muchos casos es lo que se vuelve pesado. Se me ocurre la metáfora de las rebajas de enero, cuando en algunas tiendas de ropa hay una mesa cerca de la puerta donde las prendas se encuentran arrugadas y mezcladas pele-mele, sin que nadie se cuide de separarlas o clasificarlas. Están así porque se trata de una basura barata, rebajada, en muchos casos ensuciada (shop-soiled): pues ahí está, así son mis ideas. Sucias, defectuosas y sin mucho interés, pero por lo menos no cuestan mucho. La metáfora me convence. A partir de ahora, bloguearé en modo rebajas. Que no es lo mismo que en modo La Rouchefoucauld, ojo. Ése sí tuvo tiempo. La diferencia.

Primer punto. Sí, a mí también, al igual que a Iván Sandoval, me seduce a veces ese modo de discurso ex cathedra, también muy favorecido por el actual Presidente de la República. Y es que ¡es tan fácil escribir así! Tan solo es aprender cuatro trucos que te aseguren cierto aire de sabedor (eso que Aristóteles gustaba de llamar ethos) y luego cuatro trucos más para descalificar al adversario de un modo tan indirecto y falsamente tiquismiquis que nadie se da cuenta de que lo que antecede es puro ad hominem. Eso sí, con la edad y la experiencia uno como que se familiariza con el estilo, se da cuenta de que puede servir para cualquier cosa, para absolver a una Soiled Dove o para justificar la tiranía, y te da algo más de vergüenza cuando caes en ello, y difícilmente admirarás a quien lo practique sistemáticamente.

Argumentos, señor, argumentos. Gimme some logos.

Sandoval cree que el sicoanálisis freudiano debe de enseñarse como materia en las universidades. Yo no (salvo tal vez en el contexto de los estudios literarios). Mi razón es sencilla: el sicoanálisis es seudociencia. Sus postulados nunca han sido demostrados empíricamente: muchos de ellos son infalsificables. Y el único argumento de Sandoval resulta ser ése de que hay que ser practicante para conocer el valor de esa disciplina (Jacques Loussier, por tanto, no podría pronunciarse sobre el Heavy Metal: se nota que Sandoval como que anda medio enamorado del Standpoint Theory últimamente.) Con el mismo argumento se justifica la enseñanza de la Teología, la de las famosas NOMA de Jay Gould.

¿O sea que sólo hay que enseñar ciencias? Por supuesto que no. Pero cuando se enseña algo que no es ciencia, se le dice al aula: "esto no es ciencia, esto es especulación, es cuento, es anécdota, es historia cultural, es un hermoso sueño", según el caso. Es decir, para no defraudar al estudiante, hay que dejar claro siempre cuál es la base epistemológica de tu saber. Las teologías, entre ellas el sicoanálisis, defienden una epistemología "alternativa" que sólo ellas entienden. No hacen falta experimentos replicables: sólo hacen falta las ocurrencias entrecortadas de una mujer histérica de Viena del otro fin-de-siecle. Si no entiendes por qué, te falta romanticismo. Acuéstate, deja hablar a los adultos.

Y yo digo, ya acostado: pobre Rivadeneira. Es posible, naturalmente es posible, que cuando le salió el lapsus de "soy Presidente de la República" fue porque soñaba con ese cargo o porque ya se imagina con las atribuciones correspondientes. También es posible que le haya salido un simple equivoco sin más razón de ser que una neurona malcriada (puedo simpatizar). El hecho de que algunos lapsus nos parecen significativos, hasta divertidos, no es más que confirmation bias. Un lingüista sabe que cometemos lapsus intrascendentes unos cuantos centenares de veces al día, sin que a nadie se le ocurra nada al respecto. Un poco de seriedad, señores.

En cuanto al famoso "inconsciente"... Bueno, les cuento que ando con el glaucoma cada día un poco más avanzado. (Será interesante ver quién me llega primero, la muerte o la ceguera.) Síntoma del cual, se te cierra paulatinamente la visión. No ves a los lados. O mejor dicho, si ves, pero lo que ves son sombras, muchas de ellas con fugaz apariencia de animales o de personas, porque nuestro cerebro está programada para interpretar así a las sombras que se mueven: la supervivencia, alguna vez, estuvo en ello. En fin. Cuando algo así te pasa, te das cuenta de cuán maravillosa es la vista humana. Y no estoy hablando de ese "punto ciego" que todos tenemos y que, por lo general, ignoramos. Ése no es el inconsciente: hablo de algo mucho más grande. Hay unos experimentos harto interesantes que demuestran que nuestro cerebro suple datos faltantes, promedia colores, organiza y corrige esos datos crudos suministrados por nuestra retina, hasta se inventa donde no hay información. De modo que: fíate (pero no completamente) de lo que está en el centro de tu visión. De la periferie, fíate bastante menos. Podría no estar ahí. Esas sombras podrían no ser animales. O podrían serlo.

Claro que dudar del "inconsciente" sería una niñería. Pero (cuestión de terminología), yo prefiero llamarlo "ignorancia". Y ésa, Freud no la descubrió. Difícilmente pudo, cuando la ignorancia, el gran conjunto de todas las cosas que no sabemos o que ahora no estamos viendo claramente, el cual incluye casi todo lo que sucede en el cerebro de uno, y de lo que nos hacemos una idea falsa para ir tirando (es un decir), es ese mar en la que salimos a navegar a diario. Y si no hubiera ignorancia, ninguna universidad ni ninguna carrera tendría sentido.

Los conocimientos son pequeñas balsas atestadas de emigrantes. Ofrecer a alguien un saber fraudulento revestido de sofismas es como invitar a embarcar en una balsa que a las pocas millas, se hunde. Es como presentarse a elecciones prometiendo progreso y bienestar. No es de gente. Ahí está.

Cambiando de tema, aunque no completamente: últimamente juego con la idea de que las religiones son simples tribalizaciones sociales. Y lo digo porque, con la mejor voluntad del mundo, no les veo el qué, salvo en eso, que agrupan gente, fomentan flequillos grasosos y acordes de guitarra, buenas ondas y sandías imaginarias. Hace algunos años se quiso inventar una religión de parodia, la del "Flying Spaghetti Monster". Al parecer, ya tiene estatus de fe respetable y perdonadora de impuestos. Bien. Si la del Spaghetti Monster fuera la que tantas guerras había inspirado, y el cristianismo se hubiera ideado como parodia de la misma, ¿alguien vería la diferencia? Quiero decir, los postulados del cristianismo son tan absurdos que se encuentran, técnicamente, más allá de cualquier parodia posible. Tal vez ser imparodiable sea una fuerza, un arma, una ventaja estratégica. Tal vez yo debería esforzarme más en serlo. No lo sé.

Y hablando todavía de religiones:

Resulta, pues, que Iván Sandoval escribe cosas con las que no estoy completamente de acuerdo. Él es, por tanto, obviamente un colaborador de la CIA.

En serio: hasta da algo de terror toparse últimamente con artículos como éste. Y también, algo de incredulidad cuando uno se da cuenta de lo poco que se entiende acá sobre el funcionamiento de la democracia política. Esto por ejemplo:

Esta realidad aterrizada a la de Ecuador, se ve reflejada en las plataformas digitales como páginas web y redes sociales, en donde no sería coincidencia que “nunca” se encuentre nada positivo del Gobierno Nacional. En este sentido, el experto invitó a reflexionar sobre si lo que se vive en el país es una oposición democrática o desestabilizadora. “Hay 2 clases de oposición en el Ecuador: una democrática que critica de manera constructiva y otra desestabilizadora articulada a los intereses de los Estados Unidos”.

O sea que si no dices por lo menos algo "positivo" del Gobierno Nacional, ipso facto eres un topo de la CIA, un traidor a la patria, etcétera. Es un poco como si uno trabajara en el departamento de Atención al Público de una empresa, y se quejara de que nunca le llaman para felicitar el gran trabajo que hace la empresa. ¿Cómo lo digo? Dentro de sus atribuciones o responsabilidades constitucionales, se supone que este gobierno, como cualquier otro, hará algunas cosas bien. Tal vez lo haga casi todo bien. Eso no importa. Si nuestros gobernantes hacen las cosas "bien", será porque cobran por ello unos salarios impresionantes. No se espera menos. Es su puto trabajo hacer las cosas bien, chucha. Nadie en sus cabales, o que no esté preso de narcisismo galopante, espera ser felicitado por hacer su trabajo. Como profesor, yo no espero que antes de salir del aula, los estudiantes se me acerquen para decir "¡qué maravillosa clase es la que usted acaba de dar!" Si lo hicieran, me los apuntaría mentalmente como lambones desvergonzados y repelentes, y andando. Así es la realidad.

La crítica, en el mejor de los casos (pocos, lamentablemente), ayuda. La lambonería no sirve nunca para absolutamente nada. Pensaba que eso era obvio.

Se me acabó el tiempo. Traducciones y maduro frito. Un poco de queso, tal vez, de ése baboso, traído del Mercado de Durán.

Friday, June 10, 2016

The Panama Dick Pics

Somos información. Soy información. Claro que toda información necesita un medio de almacenamiento y tal vez un medio de expresión, pero son cosas distintas. Las moléculas que ahora conforman las células de mi cuerpo, de mi cerebro, son visitantes pasajeros, pero el patrón del cual entran fugazmente a formar parte sobrevive a su ausencia, se vuelve a encarnar en otros medios, en otras moléculas. Dice Richard Feynman:

So what is this mind of ours: what are these atoms with consciousness? Last week’s potatoes! They now can remember what was going on in my mind a year ago – a mind which has long ago been replaced.

To note that the thing I call my individuality is only a pattern or dance, that is what it means when one discovers how long it takes for the atoms of the brain to be replaced by other atoms. The atoms come into my brain, dance a dance, and then go out – there are always new atoms, but always doing the same dance, remembering what the dance was yesterday.

De acuerdo que uno puede perder muchas cosas, muchas partes de su cuerpo, y seguir siendo uno. El otro sábado estaba comiendo un submarino en el descanso, cuando sentí un pequeño terremoto en mi boca. Seguí después con la clase, pero con otra pronunciación y tal vez otra cara, fruto de la nueva situación de agravada insuficiencia molar. Esa noche empecé a escupir fragmentos de diente. Mi boca, les prometo, ya parece Pedernales. Si fuera joven eso me importaría: a estas bajuras ya no. Tener dientes es como tener un auraucaria en el jardín delante de su casa: es una coquetería simpática, pero coquetería al fin. Tener dientes es un capricho.

De momento sigo teniendo pies, pero son pies en el mismo sentido en que E.L. James es escritora, es decir, seguirán siendo pies hasta que alguien me sugiera un término más apto para describir lo que, en realidad, parece trozos de plastilina manipulados por un niño con graves trastornos conductuales. Camino sobre ellos, más o menos, pero a mi manera, con poca frecuencia y las debidas precauciones.

A todo esto, no les estoy invitando a venir a cosechar órganos sobrantes a la (muy reducida) demanda. A esto voy. Hay pérdidas que son negociables y de hecho se negocian, se aceptan. Hay pérdidas a las que uno se repone y de que uno se recupera... más o menos. Pero por eso, porque siempre se trata de un "más o menos", no vale aquí el simplismo de la aspiradora que todo lo liviano lo ve prescindible.

Hace tiempo vi en YT un video en que Edward Snowden (la única persona viva hoy a quien yo construiría un monumento), en entrevista con algún humorista inglés cuyo nombre no recuerdo, comentaba la limitada controversia suscitada sobre sus revelaciones en torno al papel de la NSA. Dijo más o menos lo que sigue, y lo corroboró con diversidad de evidencia anecdótica: a la gente no le importa excesivamente que alguien fisgonee en sus intimidades, mientras no publiquen sus dick pics. (Ya recordé el nombre del humorista: se trata de un tal John Oliver.) Es decir: el único secreto que a la gente le importa que siga siendo secreto, es el aspecto (tamaño, color, forma) de su pene (caso de tener uno). Lo cual me parece, a más de absurdo, desgarradoramente tierno. Absurdo, porque una verga siempre valdrá, precisamente, verga. O en términos más astringentes: un pene es el ejemplo clásico de un producto donde la oferta supera la demanda en tal medida, cuasi infinita, que el precio, siguiendo las leyes del mercado y a falta de políticas intervencionistas, se acercará asintóticamente a cero. El que se proponga ganarse la vida vendiendo fotografías de su pene mejor se lo piense bien y se decante por el negocio de las cacas de perro envueltas en celofán. En términos sencillos: una foto de un pene no interesa a nadie (a menos que también salga un gato); y sin embargo, ahí está, es lo que hay que proteger, si hace falta, derribando gobiernos, arrasando ciudades, levantando murallas. Somos así de raros.

De modo que: si los Papeles de Panamá hubiera sido Pepales de Penemá, arde Troya. Como no es así, sino que tan sólo salen lóbregos datos de constituyentes de empresas offshore, pues hay que aguantar, poner buena cara. Tenemos algo menos de privacidad que antes, eso es todo. Dicen que ahora no quieren que haya paraísos fiscales: es exactamente lo mismo que decir no queremos que haya gente con dentadura perfecta: como yo no tengo, él tampoco debe tener.

Buaj

Wednesday, June 8, 2016

El Satanismo en Ecuador

El artículo del Telégrafo no deja lugar a dudas: Ecuador está lleno de operativos de la CIA. El hombre que recoge la basura frente a tu casa podría ser de la CIA. La chica sonriente que ayer te vendió tu porción de pollo KFC podría ser de la CIA. El mosquito que te picó anoche casi seguro era de la CIA, al igual que el perro que la semana pasada defecó frente a la casa de tu vecina. Todo esto lo sabemos gracias a una investigación llevada a cabo por el canal Telesur, que por su rigor y seriedad marcó un hito en los anales de la investigación periodística. Entre los diversos descubrimientos que ellos hicieron, destacan sobretodo los siguientes:

1) La CIA es una organización de Estados Unidos. Diversos documentos altamente confidenciales a los que tuvieron acceso los periodistas de Telesur lo prueban.

2) En Ecuador hay algunas personas que reciben fondos provenientes de organizaciones del mismo país, es decir, de EEUU. Obviamente, si son del mismo país que la CIA, debe de haber alguna relación, es decir, esas organizaciones deben de servirle de fachada a la CIA. Suponer que dos organizaciones del mismo país podrían tener finalidades distintas desafía demasiado la credibilidad.

3) Si alguien está recibiendo fondos que provienen del mismo país que la CIA, es obvio que todas aquellas personas con las que se reúne, o con las que conversa, o con las que se encuentra en el mismo recinto al mismo tiempo, deben ser operativos de la CIA también.

4) Resulta que alguna vez Carlos Vera comió en el mismo restaurante que alguien que alguna vez fue a un concierto con alguien que le compró un carro a alguien que había conversado con uno de esos funestos tipos que reciben fondos de EEUU. Entonces, está demostrado que Carlos Vera también es operario de la CIA.

Impresionante, ¿cierto?

Bueno, la verdad es que tal alarde de rigor periodístico como que me dio un poco de envidia, así que decidí, para no ser menos, iniciar mi propia investigación. Pero a mí el tema que me preocupó era otro: el del culto a Satanás. Desde hace mucho tiempo he sospechado que aquí en Ecuador, un gran número de personas son adoradores secretos de Lucifer, y que en sus casas, de forma clandestina, ofrecen misas al Demonio, sacrifican cabras y vírgenes, encienden velas, etcétera. Entonces, he dedicado mi tiempo a investigar aquella red de nexos y enlaces secretos que demuestra la influencia del Diablo, sobre todo, en la política ecuatoriana. He aquí el resultado de mis pesquisas:

 
 
Como ven, si bien todavía hay mucho por descubrir, una cosa salta a la vista de manera innegable: Carlos Vera, aparte de ser empleado de la CIA, también es adorador de Satanás (notarán, sobre todo, la cercanía en la imagen adjunta. Esto, sin más, a los entendidos les dice todo). 
 
Para llegar a esta conclusión, claro que hubo que investigar bastante. En especial, conseguí tener acceso en determinado momento a un documento clandestino, llamado "El Evangelio de Mateo", que detalla una reunión altamente secreta que tuvo lugar hace algún tiempo, en un desierto, entre el propio Satanás y un tal Jesús, también conocido como "el Cristo", donde se trataron temas como los insumos de la industria panadera, una posible colaboración en un experimento de aviación, y, elemento clave, la posibilidad de una nueva repartición del poder político en el Oriente Medio.
 
De la innegable existencia de dicha reunión es lícito suponer que el tal Jesucristo trabaja como colaborador y topo de la organización clandestina de Lucifer. Mis investigaciones posteriores me pusieron sobre la pista de otra organización oculta y siniestra, llamada "la Iglesia Católica", que resulta - otro elemento clave - haber sido fundada por un tal Pedro, que la documentación existente señala como seguidor y cómplice del propio Jesús. Esta organización en la actualidad está regentada por un tal Bergoglio, notorio y temido gángster conocido en los bajos fondos como "El Papa".
 
Pues bien, hay evidencia fotográfica de que en determinado momento ese "Papa" Bergoglio se habría reunido con el actual Presidente de la República, Rafael Correa, para tratar asuntos supuestamente relacionado con el sacrificio de vírgenes y las mejores maneras de ocultar las pezuñas hendidas dentro de unos zapatos de marca. He aquí una fotografía de una de esas reuniones:
 
 
Correa y Bergoglio aplaudiendo el sacrificio de un chivo.
 

 
No hay cómo perderse, ¿verdad?
 
La cadena de nexos luego pasa por un tal Lucio Gutiérrez, que antaño ocupó el mismo cargo que Rafael Correa. Y por si acaso esto en sí no fuera prueba suficiente de cercanía, también está el dato de que el tal Gutiérrez profesa, públicamente, su adhesión a la misma organización "la Iglesia Católica", la cual, como ya vimos, sirve como fachada para la actividad satánica en Ecuador.
 
Pero hay más. Resulta, según una entrevista publicada hace algunos años, que el tal Gutiérrez, de niño, veía en la tele la actuación de un tal "Chavo del Ocho", programa que, por una increíble coincidencia, también ha sido visto por la Presidenta de la Asamblea de Ecuador, Gabriela Rivadeneira, en más de una ocasión, a decir de testigos. Ahora, en su cuenta de Twitter la tal Rivadeneira dice textualmente lo siguiente:
 
"Nada como un tigrillo y un buen café para iniciar la jornada en #Guayaquil."
 
A confesión de partes, relevo de... bueno, ya no me acuerdo del resto. En fin, está la cosa clarísima. Gabriela Rivadeneira toma café. También toma café Carlos Vera. Imposible que tal coincidencia sea casual. ¿O usted cree que sí? Aparte, en el mismo cuadro sale Orlando Pérez y Tinkerbell, y probablemente habría salido Fernando Villavicencio, los hermanos Isaías, los hermanos Marx y el Hombre Araña, si hubiera tenido un poco más de espacio. No hay otra conclusión posible: estamos perdidos. Mejor nos ponemos a rezar, no se me ocurre otra cosa.
 

Tuesday, June 7, 2016

Ready-Brexit and other alternatives to porridge




Qué quieren, me cae bien el Sr Hannan, y eso que es político (como dato curioso: el tipo nació, al igual que Vargas Llosa y Paddington Bear, en Darkest Peru). Este video ni llega a diez mil visitas al cabo de una semana: no influirá entonces, pero uno espera, sin echarle mucha fe al asunto, que refleja el sentir de una mayoría de los llamados a votar. Digo "sin mucha fe": me persigue, casi como obsesión, el desglose porcentual de los resultados inexpugnables (?) de Milgram, pero bueno, a veces la vida depone sorpresas.

La cuestión es que la salida de la UE es, entre todas las cuestiones políticas que te pueden asaltar desde la portada de algún diario estos días, la más fácil que se me ocurre. Primero, porque, como documentan Booker y North en The Great Deception, el ingreso del R.hU. en la UE fue, desde un principio, la consecuencia de un engaño masivo practicado sobre los votantes de aquellos tempranos años 70, con un tal Edward Heath en el papel de Cuentero de Muisne. Yo sí me acuerdo. Les vendió a los votantes de aquel entonces un "mercado común", sin compromisos políticos de ningún género, sabiendo perfectamente que los tiros no iban por ahí. Los llamados a votar ahora son otra generación: muchos entre ellos nacieron en un Reino hUnDido europeo y no han conocido otra cosa, como un niño que nació en una cárcel y nunca ha visto el mundo al exterior de las torres perimetrales. Ya se imaginan lo que ha dicho todos estos días la campaña por la permanencia: "hijo, el mundo allá fuera es cruel, es lleno de peligros. Quédese aquí, donde los más peligrosos por lo menos son identificables, y donde ningún día te faltará el plato de comida, aunque no sea esto el Ritz". A eso se reduce el mensaje, pues ni los más eurófilos son capaces de idear una visión inspiradora, peor romántica, peor idílica, de ese horrible gâchis que es la UE actual.

La segunda cuestión es la de la democracia. Un voto por la permanencia sería, desde esta óptica, un voto en contra de la democracia como proceso o como base de legitimidad para un gobierno, pues hasta Chomsky se ha percatado de que la Comisión Europea (no elegida, y exclusivamente capacitada para proponer legislación) no le debe ninguna consideración a la voluntad de ningún electorado (de hecho, los miembros tienen que jurar que no tomarán en cuenta las opiniones de ningún colectivo meramente humano), quedándoles como único objeto de lealtad posible una ideología, un modo de hacer, un prejuicio, un banco central. De hecho, ni en las peores dictaduras podríase encontrar uno con un desprecio tan absoluto, tan cándido hacia ese tonto inútil e inservible que es el votante de a pie, sea del "país miembro" que sea, como el que habitualmente manifiestan los eurócratas y eurolegisladores de Bruselas (el ejemplo que propone Chomsky es decidor al respecto, pero hay muchísimos). Votar por la permanencia, pues, es votar a favor de que tu voto no cuente: Argelia te viene a la memoria. Es votar por la genuflexión como estilo de vida. Un poco como votar por Alianza País acá, pero al cuadrado, digamos.

Para lo único que habrá servido la UE, si se cumplen mis deseos póstumos y se cae en pedazos en poco tiempo, es para recordarnos que cualquier tipo de supra-estado, de supra-gobierno, peor el ocasionalmente invocado "gobierno mundial", es y siempre será por definición una pesadilla orwelliana. Otra más en la creciente colección de estatuas de fallidos Ozymandiases que nos depara la historia de ese continente que no quiere aprender, del pueblo que no quería crecer.

Tengo 55 años y abandoné el R.hU. a los 25. He vivido más años fuera que dentro de ese supuesto país. A veces me preguntan si extraño al viejo Blighty. Mi respuesta habitualmente vierte sobre los restaurantes hindúes: cualquiera que haya probado un Chicken Madras en un buen Tandoori sabrá a lo que me refiero. Eso, y la lluvia. Extraño la lluvia. Y cuando digo lluvia, son modos de hablar: lo que tengo en la cabeza es más bien un cuadro de Monet, es todo, es ese horizonte desdibujado, acuoso, ese Támesis apestoso, ese pub dickensiano donde todavía (tiene que haber uno) se puede fumar, y donde nadie se extraña si hundes la cabeza en una novela. Extraño, incluso, ahora que pienso, los televisores aquéllos donde todos los lectores de noticias tienen la nariz purpúrea, porque con el control de saturación es donde los ingleses se muestran más totalitarios. Sí, extraño algunas cosas. Hasta al bueno de Delius. Pero un país que vota por quedarse encerrado pierde rápidamente mi respeto e interés. Ahora bien, sería una magnífica ironía si precisamente cuando yo estoy por salir de la fiesta, llegan dos nuevos invitados, un Reino hUnDido liberado y un Ecuador ídem (nunca se sabe). ¡Cuánto me hubiera gustado quedarme por poder conocer a ambos, ahora sí, personajes interesantes y encantadores como pocos! Pero el taxi espera. En fin, será en otra ocasión, o no será.

Thursday, June 2, 2016

Stranger in Panama



No se pierdan la actuación cameo de la gallina Matilde, alrededor de 1:17, a quien, aparte de suministrarle una buena dosis de Valium, le pegaron unas tiras de ticker tape en la cola para simular no sé qué especie de ave exótica, con resultados, digo yo, tirando a louches, pero en materias ornitológicas soy un poco hipersensible. En fin. No sé si con algo así soñaba Tati anoche cuando se le dio por escribir de paraísos (celestiales, terrenales y fiscales); el invento del pájaro con cola de ticker tape no desdoraría para nada su fantasía del "edén capitalista", la cual me hizo reír un buen rato, tanto, que no sé si hago bien en romperle el encanto con la triste noticia de que "paraíso fiscal" no es más que una mala traducción. "Haven" no significa cielo, ni paraíso siquiera, sino refugio. Pero esa idea delirante de que en Ecuador hay nada menos que 1.850 personas que por un dólar lanzaría una bomba atómica sobre una ciudad, y que cree que los bancos son templos merecedores de genuflexiones y que los billetes de cien van al cielo, resume la brecha no diré ideológica sino de percepción que existe entre mí y la beautiful people de la RC. Para ellos, el problema es que haya unos pocos chifladotes enfermos de codicia y avaricia que joden al resto. Dicha teoría parece descansar principalmente sobre una visión paranoica, que convierte en siervo del demonio a cualquiera que tenga un carro un poco más grande que una, y también sobre esa idea perversa de que el mundo está lleno de "recursos" que adolecen de una mala "distribución", es decir, yo me merezco que me des un poco de lo tuyo. En cambio, para mí (y aquí me encantaría citar fuente pero no recuerdo en qué artículo vi el dato, ni tengo suerte con las cadenas de búsqueda) el problema está en que cerca de la mitad de los latinoamericanos según no sé qué encuesta cree que el Estado es, y debe ser, "como un padre" que hace las cosas "por el bien" de uno. Ahí sí nos jodemos, si resulta ser cierto el dato. No obstante, quiero creer que la encuesta existe, aunque sólo sea por el hecho de que ese 48% o 52% es bastante menos que el sesenta y pico que predice Milgram. En todo caso, la cuestión es que la cifra más baja aún sirve, acá y en todas partes, para armar una mayoría electoral, con lo cual, los no creyentes en el Estado-Padre difícilmente tenemos con qué construirnos una utopía terrenal: muy a diferencia de los sí creyentes, que últimamente van por ahí diciendo que hay que "inscribirse" en un "proyecto de sociedad más justa", lo cual es como decir "crunchy frogs". Siempre me maravillé de la capacidad de proyección de los autoritarios, que no contentos con proyectar sobre una mítica oligarquía su propia codicia, ahora acusan al resto de ser utópicos y supersticiosos, los mismos que ven espadas que caminan y quieren universalizar un Buen Vivir que haría las delicias de Jorge de Montemayor.

Bah.

Me entero por El Universo de hoy (ni rastro en el T.) de que la revista en línea antigubernamental Plan V ha sido víctima de burda censura, bajo pretextos infantiles, y pienso otro vez en John Rawls y su velo de la ignorancia. Probemos: a ti te van a colocar en una sociedad. No sabes qué rango vas a ocupar, y hay mucha desigualdad. Puede que al atravesar el velo, encuentres que tienes terribles enfermedades y que no hay de qué comer. En cambio, tienes libertad para decir lo que quieras a quien quiera escucharte, aunque ese "quien" sea un rotundo nadie. Bien. La otra alternativa es una sociedad donde nadie es enfermo, donde todo el mundo tiene pan en la mesa, donde el cáncer y el dengue son cosas del pasado y el PIB está por las nubes. Sólo hay un pequeño problema: hay censura. ¿Cuál opción escoges? Sobre ese 50% no hay duda. Y no por eso uno se siente tentado de satanizarles, pues querer vivir sin dengue es muy respetable, pero sucede simplemente que uno no está de acuerdo, que no tiene esas prioridades. Eso es todo.

Nunca seremos mayoría, pero viviremos tranquilos, hasta que, de súbita, ya no.