Monday, July 11, 2016

Plantas versus Zombis

El Sr Pérez tal vez tenga razón: ahora que dice, yo tampoco veo de qué sirven acá los partidos políticos. Peor, los "movimientos". Como comenté en otra parte, el uso ecuatoriano de la palabra "movimiento" es especialmente chocante para quien viene de fuera. De la misma manera que en Ecuador y sólo en Ecuador "un poco" significa "mucho" (Cuando llegué había un poco de gente esperando), hay que acostumbrarse a que en este país "un movimiento", palabra que en otras latitudes denota una causa que reúne y galvaniza a un poco de gente, significa "un político ambicioso que de momento no tiene apenas seguidores, ni la más remota idea de cuál será esa causa o esa ideología que le permitirá granjear alguno, pero está en ello, y por lo menos tiene un nombre, que es la mitad de la batalla". La verdad, no suelo acordarme de tan sutiles distinciones, no sabría decir con confianza si Avanza, SUMA o CREO son partidos o "movimientos": para el caso no importa, la cuestión es que claramente no representan a nadie ni a nada más que la ambición de su "líder", o de un puñado de éminences grises aún desesperados por encontrar a alguien entre su número que tenga aunque sea una pizca de carisma. El caso de Alianza PAIS es más complejo: aunque está claro que representa o encarna las aspiraciones de un sector social (pongamos, cierta burguesía metropolitana acomodada con ambiciones mundanas a más de inquietudes progresistas o si se quiere guardianistas), y aunque más allá de eso ha sabido establecer eficaces políticas clientelares que le permiten acudir confiados a cualquier elección general, también está claro que no existe ningún mecanismo interno democrático que garantice o articule tal representatividad. Es decir, uno se afilia a AP no con la esperanza de ayudar a definir políticas y praxis, sino con la esperanza de ser tenido en cuenta en la próxima repartición de sinecuras o de sánduches. En las filas de AP ni por asomo veremos una mente curiosa, inquieta y mucho menos independiente. Por eso creo que es lícito, dentro del juego electoral demencial que empieza a desplegarse, caracterizar al bando oficialista como el de los vegetales (por la ausencia de actividad cerebral) o si se quiere, de las plantas.

Por el otro lado, ya lo dijimos, están los zombis: un puñado de viejas irrelevancias de otra época animados al parecer no por ningún ideal ni por ninguna vocación planificadora o administrativa ni por ningún valor o principio ético, sino simplemente por el hambre del poderrr. Ustedes no sé, pero para mí resulta difícil escuchar el nombre de Lasso, pongamos, sin imaginarme una siniestra figura con los brazos tiesos que camina maquinalmente por la Nueve de Octubre graznando con voz de ultratumba su única palabra: brainzzz...

Y el problema de eso es que, aunque no me considero experto en el juego (es mi hijo el que se pasa la tarde de sábado jugando o viendo videos de gameplay), a mí se me hace que en el juego auténtico, las plantas siempre ganan. Y de no ser así, peor todavía: si ganan los zombis, se ponen a comer tu cerebro. ¿Has pensado en esa posibilidad?

Y es cuando uno se pone a rumiar: Plantas versus Zombis, Clinton versus Trump, May versus Corbyn, Lucifer versus Yahweh, definitivamente el mundo está mal hecho. Algo les pasa a las democracias, algún virus está haciendo de las suyas, para que últimamente sólo arrojan y enfrentan a opciones impresentables, a más de terroríficas. La máquina electoral en todo Occidente se ha vuelto perversa. Arroja humo, lanza chispas, y habla con voz de HAL. No sé por qué será.

Si quieres una teoría: antes, alguna vez, los partidos políticos representaban a clases sociales. Por lo menos en el Reino hUnDido siempre fue así. El partido laborista, como su nombre indica, representaba a la clase trabajadora. El conservador, a la clase media, media-alta y a la aristocracia. El liberal, a la progresía biempensante. Y el partido de Sutch, pues a Sutch mismo (no lo conocerán. Fue una clase social con un único miembro, para entendernos). Todo eso empezó a venirse abajo cuando la sociedad posindustrial le dio la estocada de muerte a la conciencia de clase. Ya me lo decía una amiga española allá por los años 80: nadie quiere reconocerse ahora como obrero, o de "clase obrera". Ahora todos son técnicos. No creo que sea casualidad que en el PSOE siempre les dio un poco de remilgo la O, y pasó lo que pasó en Suresnes. En el R,hU. supongo que los censores siguen empeñados en sus pedantes clasificaciones: C1, C2 y toda la vaina: sólo que ahora nadie sabe reconocerse en ellas, ni les ve ninguna utilidad. Uno está en C2 como puede estar en Leeds o en Corfú, esperando el bus. Peor que el laborismo siempre fue el partido del humo de tabaco, y el conservadurismo el de la gozosa crueldad hacia los animales (y un poco hacia los niños, de rebote). Estamos en un mundo donde ambas cosas son vicios... ahora que pienso, donde prácticamente todo es vicio. Identificarse con una clase social, hoy en día, es una pose arriesgada. Yo que tú me lo pensaría dos veces.

Por lo que el juego ése de agrupar a la sociedad en clases o sectores y ponerse a deshojar la margarita soñando con que alguno de ellos querrá algo contigo, requisito sine qua no para que te hagas con el ansiado poderrr, luce hoy un poco anacrónico por decir lo menos. De acuerdo, esto no es el R.hU. ni es España, acá nunca ha habido tanta variedad de clases sociales: estamos en el país del verano versus el invierno, de "la oligarquía" versus "los demás". Pero acá como en todos sitios, ya nadie vota por lealtad a "su clase", aun suponiendo que sabe definirla. Por ello es porque arrasa el populismo, es decir en este contexto el oportunismo electoral. No veo ninguna manera de que pueda funcionar de otra manera (si tú sí ves una, explícamelo en la caja de comentarios), por lo menos dentro de la cancha constitucional actualmente vigente. Es una lástima.

Se me acaban los diez minutos de hoy. Les dejo con el gran chiste del día: el de un Presidente de la República en funciones que quiere dictar "clases magistrales" de economía en diversas universidades del país, para - wait for it, waaaaiiit for iiiit -

generar un espacio de intercambio de conocimientos y debate entre el Jefe de Estado y estudiantes

(incredulity mine, y ahora sí permiso para disolverse en carcajadas). Ustedes me dirán. No solamente que el tipo en cuestión tiene un largo recorrido en aquello de enviar furibundo a la cárcel a todo aquel que ose discrepar con su majestuosa persona, así sea gestualmente, con lo cual las perspectivas de intercambio o de debate se nos presentan, digamos que algo yermas, sino que el capricho de disfrazar de "clase" o "cátedra magistral" lo que ya se ha anunciado será un sermón de propaganda electoral sembrado de autobombo, autojustificación y autoadulación, me parece a mí que difícilmente encaja en una pretendida república democrática moderna, y a uno le hace dudar si está en Guayaquil o en Pyongyang. Si así va a ser toda la campaña electoral, despiértenme cuando ya ha acabado, o díganme qué hay en el otro canal.

Saturday, July 9, 2016

El basto de la tachura

De nuevo discrepo con Iván (this is getting to be a habit), aunque solamente en parte. Que el problema no está tan sólo en las leyes, concedido; que una refundación cada cuatro años no augura bien para el progreso de un país, también. Sin embargo, y pese a que para mí Lasso es un pésimo candidato presidencial, lo único rescatable de él que he escuchado hasta ahora es precisamente esa promesa de enviar la Ley de Comunicación al tacho de la basura, donde le corresponde estar. De hecho, en las elecciones que vienen eso es para mí la primera prioridad. No hay ningún tema en el país más importante que ése.

Y ello es así porque mientras exista tal Ley, de carácter abiertamente fascista, Ecuador no podrá pertenecer con derecho a la comunidad internacional de países democráticos con libertad de expresión. Recordemos que, entre otras disposiciones, la Ley de Comunicación establece explícitamente (Art. 77) que la libertad de información puede ser "suspendida" en cualquier momento por el Presidente de la República, lo cual torpedea de entrada cualquier pretensión que pueda tener el país de ser democrático: la democracia requiere para su ejercicio ciertas garantías institucionales, entre ellas el poder informarse sin restricciones sobre la oferta y las actuaciones de los supuestos representantes, y ese ejercicio no puede quedar supeditado al capricho de un caudillo.

Y aunque viviéramos en ese cuento de hadas en que parece vivir Iván, donde los verdosos prados se adornan con el ir y venir de políticos benévolos, íntegros, sensatos y sacrificados (no sé dónde él los ve: yo en ninguna parte), que no se aprovecharían de las leyes en beneficio personal porque su conciencia civil se lo impediría (y es cierto: si los políticos fueran así, poco importaría tener alguna ley mala, o digamos "perfectible"), en todo caso el problema de la Ley de Comunicación es que no depende exclusivamente de la voluntad de los representantes elegidos para ser usada como arma en contra de la libre convivencia y la libre expresión de los ciudadanos. Por el contrario, esa Ley establece un sistema de instituciones burocráticas (la ridícula CORDICOM, verbigracia) cuya única justificación reside en su capacidad para interferir en el libre flujo de la información, con lo cual, mientras siga existiendo la Ley, el país tendrá que pagarles un salario a una serie de personas que para justificar ese salario necesita ejercer la censura con cierta regularidad, para que no se diga de ellos que no tienen nada que hacer.

Y finalmente, está el hecho bastante evidente de que la comunicación no necesita ni nunca necesitará regularse por ley alguna, pues por su propia naturaleza no representa ningún peligro ni es capaz de infligir de por sí ningún tipo de daño a las personas (salvo las que, como Correa, cargan con una pesada "honra" a la usanza calderoniana). De modo que tener una Ley de Comunicación es como tener una ley que te diga cuándo y en qué circunstancias y bajo qué condiciones puedes respirar. Es un absurdo de por sí, y un país encumbrado de leyes así nunca podrá atraer cierto tipo de inversiones ni prosperar en el escenario internacional. Es una Ley que por su simple existencia proclama "acá somos tercermundistas". Por eso, repito, no puedo ni tener en seria consideración a ningún candidato que no establezca como prioridad inmediata su destrucción.

Cambiando de tema: bueno, alegra ver que el informe Chilcot finalmente establece como verdad institucional lo que todos ya sabíamos, que el ex primer ministro británico Tony Blair no sólo fue un mentiroso (siendo político, suponer otra cosa de él sería un ejercicio de ingenuidad arriesgado) sino que fue un mentiroso corresponsable (con Bush y Aznar) de la muerte de casi medio millón de seres humanos inocentes. Lo mínimo que sería lícito esperar a continuación sería que se le procesara como criminal de guerra. Y sin embargo, todos sabemos que eso no sucederá. Les invito a soñar con un mundo en que tal manifestación de elemental justicia sí fuera posible. Sobre cómo conseguir un mundo así, su opinión vale tanto como la mía, y posiblemente un tantico más.

Monday, July 4, 2016

El colono

Ya que no hay nada mejor que hacer (sólo calificar centenar y medio de exámenes, y el doble de ensayos, y actualizar no sé qué base de datos decretado por algún rond-de-cuir en Quito, que probablemente no me deje entrar por aquello de los plazos límite, y etcétera, el temible etcétera) entonces se me ocurre emitir una opinión sobre algo que a nadie le importa ni le interesa: el nombre de las letras en castellano. Y mi opinión es ésta: díganlas como quieras, que a nadie le importa. Personalmente, tengo mis días ye y mis días igriega. En aras de la paz y la armonía mundial, generalmente voy con vechica y begrande, pero tengo una secreta nostalgia por la amada uve. Son simples caprichos. Pero lo que me saca de quicio es cuando las ecuatorianísimas partidarias de la uve te salen con que lo suyo es "más correcto" porque "así se pronuncia", y a continuación te emiten un fricativo labiodental a la inglesa o la francesa, fvfvaaa-caaa, ¿fvfves? Así se pronuncia. Lo que pasa es que la gente (es decir, la población hispanoparlante entera, con salvedad de ellas mismas, y sólo en ese momento) es ignorante, y pronuncia igual la be como la uve, pero no debe ser así. Y se repantigan con ese aire de superioridad demostrada, y ni un whoopee-cushion a la vista. Eso es lo que me saca de quicio.

Los sajones lo llaman virtue signalling, término que espera ansioso una versión adecuada en castizo. Se trata de dejar sentada la superioridad (moral, acaso intelectual) del sujeto, haciendo eco de huecas divisiones tribales, en este caso entre los vfvfirtuosos y los bbiciosos, los que saben que el castellano se debería de pronunciar con fonética francesa y los ignorantes de tal misteriosa deontología.

Pero creo que hay más.

Me esperan los exámenes, así que muy brevemente: en la mente de las defensores de fonéticas inexistentes, y más generalmente de la virtue-signaller de tropa, creo que se esconde un colono. En este caso, puede que sea el colono español europeizante y bonapartista, esa misteriosa voz interior que dice que Latinoamérica no se merece su propia Academia de la Lengua, que si bien África empieza en los Pirineos, más allá de los Azores sólo hay el Congo, que todo lo de allá es mejor porque tiene más solera, que hay que ir siempre jadeando y desesperados tras la última ultracorrección de importación, etcétera. Ese tipo de colono. Ese tipo de bastardo. Una de las pocas cosas discutiblemente benignas que habrá realizado la Revolución Ciudadana puede ser esto: normalizar el merecido desprecio en que cae (debe caer) el desvertebrado adulador de todo lo ultramarino. Y digo discutiblemente sólo porque en esas expresiones de fáctico menosprecio demasiadas veces se apercibe una nota falsa que resuena a envidia y a complejo de inferioridad. Y tampoco es eso, eh. Lo que pasa es que para no caer en complejos de inferioridad, hay que quererse un poco, y eso es algo que se les escapa vistosamente de las manos. Será otro día: pero el asunto es ése.

Hay otros tipos de colonos mentales.

¿Tienes un colono en tu mente?

¿Tengo uno en la mía?

Te lo dejo pensando.

Sobre el pobre de L. Rosero: mal asunto.

El RU está integrado por la isla de Gran Bretaña (Inglaterra, Escocia y Gales) y la isla de Irlanda (del Norte y la República de Irlanda).

Sí, ya sé, es columna de opinión nomás. Pero opinar que la República de Irlanda pertenece al RU, bueno, yo le recomiendo encarecidamente que no lo vaya diciendo allá, por lo menos si en algo valora y aprecia sus rótulas. Por lo demás, de nuevo estamos con lo mismo: los partidarios de la salida de la UE son, ipso facto, de la extrema derecha. Plus ca change...



Saturday, July 2, 2016

"It's only wafferrr thin!"

Me refiero al compromiso de algunos miembros de la biempensanteoisie británica, la de Remain, con la democracia plebiscitaria (¿cuáles? Date un paseo por la portada del Guardian). Y es que no salgo de mi asombro al ver a tantísima gente que si hubieran ganado, aunque por estrechísimo margen, habrían celebrado con bombos y platillos el "triunfo de la democracia". Como no ganaron, desde hace una semana las páginas del Guardian se han transformado en un simposio filosófico sobre los límites de tan defectuoso sistema. De repente algunos han descubierto que los referendos "no valen" si no coinciden por lo menos dos tercios de los votos; otros han salido con la interesante teoría de que eso de votar es muy siglo pasado, que para "perfeccionar" la democracia habría que olvidarse de los votos y confiar en los sorteos; otros, más atávicos, salen a la calle a reclamar a grito pelado, o simplemente se ponen a llorar y a patalear.

Y me parece muy bien que se cuestione la democracia: yo llevo algunos años cuestionándola. Pero no sólo cuando uno pierde. Eso es como un futbolista que descubre que no está de acuerdo con el offside rule sólo cuando le anulan un gol. Es que canta un poco.

¿Quieren saber qué pienso de la democracia? Pienso que es mejor que la tiranía. Sólo eso. Si tengo que escoger entre vivir bajo un dictador único y singular, o bajo los caprichos de unos cuantos millones de dictadorzuelos bien provistos de sánduches que gritan al unísono "¡somos más! ¡somos muchísimos más!" pues me decanto por lo segundo. La dictadura de la mayoría casi siempre será mejor que la dictadura de uno solo, simplemente porque las mayorías, indefectiblemente, son tontos, y así, siendo tontos a veces te dan chance. No hay cosa en el mundo más aterrador que un dictador inteligente. Peor todavía si él cree a sí mismo "benévolo". Prácticamente todos los genocidios de la historia nacieron en el corazón de un alma benévola.

Pero si la democracia es mejor que la tiranía, eso es muy poco decir, y creo que hay que ser un poco más ambiciosos o digamos que exigentes. Obviamente hay algo mejor que la democracia, y ese algo es la libertad individual. Aclarémoslo con un ejemplo:

Su excelencia el Gran Poobah de la República decide cuáles películas puedo ver y cuáles no. < -- Peor opción.
Un comité nombrado por un gobierno democráticamente elegido decide cuáles películas puedo ver y cuáles no. < -- Un poco mejor, pero aún no me pongo a bailar.
Yo mismo decido cuáles películas quiero ver y cuáles no. < -- Mejor opción.

Como dijo mi amigo el periquito: no mear sobre papas ajenas será toda la Ley. Fuera de eso, que cada uno haga lo que le plazca.  A quienes quieren voz y voto sobre qué hacen los demás hay que mandarles las veces que sean necesarios a freír espárragos, hasta que maduren. Cansa, pero hay que hacerlo. Por el bien de uno mismo, que casi siempre será el bien de todos.

Por eso uno se decantó por el Leave: por no darle cancha a los dictadorzuelos.

Y todavía salen tontas del bote como ésta para quejarse de que no hay un Plan, y de que los elegidos por esa defectuosa democracia culpable del Brexit serán "de las élites". ¿Es en serio? Los elegidos serán de las élites?

elite: late 18th century: from French élite ‘selection, choice,’ from élire ‘to elect,’ from a variant of Latin eligere (see elect)

Vaya por Dios. Luego se estará quejando de que todos los limones que venden en el súper saben así como cítricos. Hasta dice, con voz plañidera, que ni Farage ni Rupert Murdoch "care about her life". Lo que es yo, que algún político "se preocupe" por mí me parece prácticamente la peor pesadilla concebible.

El error de fondo: querer líderes. Querer que otros te faciliten la vida. Escoger la opción cómoda. Puedo simpatizar... pero mejor no lo hago por escrito. A fin de cuentas, somos humanos. Intentemos, empero, ser un poco mejores que lo que somos. Al menos por escrito.

Últimamente (cambiando de tema, y mirando el reloj: chucha, son las doce y media) me entretengo con el pensamiento de que el sexo, visto desde fuera (o sea, desde la decrepitud asexuada: hola), es en todas sus variantes no solamente divertido (en el sentido de que Buster Keaton lo fue) sino, además y sobre todo, enternecedor. Estoy seguro al cien por cien de que esos alienígenos que no existen y que nos espían desde su enorme nave invisible nos envidian el sistema de reproducción que tenemos, y eso a pesar de que nos impide, durante la casi totalidad de nuestra vida, no solamente madurar sino pensar siquiera con claridad. Porque también hay que decirlo: un ser sexual es un ser tonto.

Miren esto por ejemplo. La pobre ni cuenta se da del ridículo que hace, escribiendo todo un artículo sobre un simple comentario de un comentarista (para más inri), donde grandemente es cuestión de quejarse de que un hombre que compara públicamente la apariencia de una dentista desconocida con la de un odontólogo un poco más conocido es ipso facto sexista. Hasta se cae en la falacia o superstición de la tractor-beam ocular, de la mirada que hace y deshace, abrocha y desabrocha:

A woman, however attractive, should be able to sit in a crowd to support her boyfriend during an important match without being appraised, which after all is just posh-speak for “ogled”. She should be able to sit there just for her man, not for all men.

Que alguien se moleste en explicar a esta señora que quien mira, así sea lascivamente (ogling), simplemente está permitiendo que unos rayos de luz lleguen a su retina: que ninguna mirada efectúa cambios de estado en la materia donde esa luz es refractada, y que por tanto, empezar a emitir decretos sobre lo que la gente debe mirar y lo que no, o "cómo" deben hacerlo, es llevar las propias tendencias autoritarias o dictatoriales al paroxismo.  Es ser absurdo. De nuevo, como ente absolutamente absurdo puedo simpatizar, pero intento no hacerlo demasiado por escrito. Hay niños viendo.

Aun así, el Guardian sin toda esa opinión es medio bueno como medio. Ojalá algún día financien alguno así, pero un poquitín más sensato. Ah, y que inventen un limón que no sea cítrico. Ya va siendo hora.