Thursday, April 13, 2017

(Cuidado con los radicalismos)

¿Cómo se reconoce a un radical? Dos métodos que se me ocurren:

(1) Explícale un dilema ético. No importa cuál. Unos de los consagrados. Si su primera palabra después de escuchar tu exposición es "Fácil...", es un radical. Da lo mismo que haya escogido salvar al gordinflón sacrificando a las 5 reinitas de belleza, o al revés (todo dilema se reduce a eso: circunstancias y números pueden variar), es decir su solución particular es lo de menos: la cuestión es que para él, la elección de lo éticamente correcto es eso, fácil. Sacrificar a un ser humano o a varios, mientras tengas la justificación bajo el codo en texto de 8,5 puntos y encuadernado de cuero viejo, es fácil. Ya está.

(2) "Para hacer una tortilla hay que romper huevos". Uno habría pensado que un siglo XX, cualquier siglo XX, bastaba por sí solo para exiliar ese refrán a la zona de las ironías conscientes, pero no. No apunté el dato (tal vez en este blog, si buscas) pero juro que un columnista del Telégrafo (where else) lo usó absolutamente sin ironías una vez. Anduve con náuseas durante el resto de ese día.

Abundemos un poco en esto último. Creo que vale la pena.

Eres médico en un hospital. Se admite a un paciente que tiene dentro de su tórax un terrible parásito, con forma de pulpo, cuyos tentáculos están dispuestos alrededor del corazón del afectado.El médico radical, compañero tuyo, dice: hay que matar a ese parásito. Asientes con la cabeza. A continuación, él agrega: lástima que va a morir también el paciente, pero hay que hacerlo. Vaya, dices para tus adentros: vaya con el compañero radical. Menos mal que existe el juramento hipocrático.

En el caso expuesto, es evidente (salvo al enajenado de remate) que matar al parásito no tiene sentido si muere también el paciente a quien se pretende salvar. Menos evidente es que se pueda hacer algo. El parásito sabía lo que hacía, rodeando al corazón de su huésped, para que cualquier agresión contra él pusiera en peligro la vida de su víctima. La táctica del escudo humano, en suma, ampliamente ensayada en varios conflictos bélicos de reciente recuerdo. Pero no pensaba precisamente en eso cuando se me ocurrió la analogía: pensaba más bien en el Estado, ese enemigo primordial y secular de la humanidad, ese parásito por antonomasia. Sus innumerables tentáculos ("Estado de Bienestar", bonos, ejércitos, "sistemas de salud", v.gr.) pretenden lo mismo que ese monstruo estilo Alien: suplantar las vías normales de suministro y de riego, volverse indispensables, enlazarse con el complicado tejido de la sociedad, para que de su salud dependa la de su víctima. Y en gran medida lo ha conseguido. De modo que difícilmente atentarás, de modo frontal, contra el Estado sin poner en peligro el bienestar (como mínimo) de un gran número de dependientes suyos. Y eso, el no radical no lo puede hacer:

Cuestión de principios.

Se confunde hoy en día demasiado fácilmente el principio con el eslógan o el dogma. La misma palabra, bien pensado, te saca de la duda: un principio ético te proporciona el comienzo o la base de la respuesta, no la respuesta en sí. Una base sobre la que aun tienes que levantar algo. Quien carece de principios no tiene bases sobre las que actuar: será, por tanto, populista o algo igualmente deleznable. El principio en este caso es: salvar al paciente. El parásito lo mantiene en vida por el momento, pero sin parásitos respiramos todos mucho mejor y por más tiempo. Salvar al paciente, entonces, matando (a ser posible) el parásito. ¿Cómo lo hacemos? En este caso, despacio y con mucha mano izquierda. Tal vez no surta efecto, pero intentemos que la bestia muera, poco a poco, de inanición. A ser posible sin darse cuenta (esa rana en el agua que grado a grado sube de temperatura). Negándole el alimento y privilegiando las vías alternativas de riego y de suministro. Es lento, es fabiano, es frustrante, pero no veo otra. No hay otra, a menos que seas radical, dispuesto a romper huevos.

La excusa sempiterna del radical: sí, rompo huevos (mato a personas, robo su propiedad, siembro odio) pero para salvar a otros, a muchos más, a muchísimos más. Habitamos aun un mundo monocromático: el futuro que nosotros construimos es en Tecnicolor. Llegará el momento en que todo habrá valido la pena. El futuro perfecto.

A lo que uno contesta: léete la historia del siglo XX, la historia de los futuros perfectos. Siguiente.

El radical: eres individualista, eres neoliberal, eres incapaz de apreciar la conciencia de clase, de subordinar tus intereses a los del colectivo.

A lo que uno contesta: a mucha honra. No, nunca subordinaré mis intereses a los del colectivo. A los de otro ser humano, las veces que quieres, pero al colectivo, nunca. ¿Por qué?

Los colectivos se construyen no a base de sumar, sino de restar ("subordinar"). Por eso mismo. El humano colectivizado es también el humano simplificado, el primate-esperpento. Como humanos compartimos cosas gloriosas y grandiosas, pero los mecanismos existentes que permiten crear colectivos descansan sobre la base de esa poquita cosa que resulta propensa a levantar pasiones, lealtades, enemistades, obediencias. Es decir, el colectivo se define en base a lo más primitivo que tenemos. Los colectivos, a fin de cuentas, son creación del odio y del prejuicio y del atavismo, del querer sumergirse en esa embriaguez que resulta de disolver la responsabilidad individual en el océano de la supuesta mente colectiva, al cual uno atribuye erróneamente agencia moral. Algunos han estudiado esa mente colectiva. Sus características:

No puede crear (ningún colectivo en la historia de la humanidad ha dado luz a una idea nueva).

No puede sentir amistad, ni compasión, ni pena. (Ningún colectivo en la historia de la humanidad ha llorado más que lágrimas de cocodrilo.)

No puede razonar. (Enseñame el colectivo que piensa.)

Sí puede enojarse, odiar, agredir, matar, destruir. Prácticamente es lo único que sabe hacer. Aparte, claro, de obedecer. La defensa de Nuremberg, a eso me refiero. La razón de ser del colectivo ("clase", "sector", "interés", "tendencia política") es que sigue órdenes.

Estas características no son necesariamente las del colectivo pequeño, pues la estadística a ese nivel es volátil. En tanto uno va sumando decenas, luegos miles y millones, la proporción se estabiliza alrededor de ese número, esa proprción áurea que propuso y supo demostrar Milgram. Pasada cierta cantidad crítica, en todo colectivo humano habrá un sesenta y pico por ciento que mantendrá funcionando las cámaras de gas, los campamentos de la muerte, mientras haya una "autoridad" que lo ordena. Por eso, los colectivos hay que desarmarlos, no fortalecerlos. Es urgente no prestarles ninguna atención en sus reclamos. El único colectivo válido es el que nos engloba a todos: la humanidad. Y la única autoridad válida es tu conciencia y la mía.

Atarse al colectivo: pregunte cómo le fue a Sinbad con el Viejo del Mar.

El radical: eres conservador, eres reaccionario, eres neoliberal, eres defensor del status quo.

A lo que uno contesta: el status quo, otramente denominado la realidad, no necesita defensa. Lo que sí necesita defensa es la imaginación, ese otro mundo paralelo a la realidad, y eso, porque ustedes los radicales creen que la única visión válida es la suya, la cual quieren imponernos a nosotros utilizando a la realidad como intermediario. Una persona sana reconoce que, aparte de su visión de un mundo ideal (sociedad sin clases, verbigracia, proliferación de ejecutivas, mucha energia limpia, sabatinas los 24 horas del día, playas bolivianas, "igualdad", lo que flote tu barco) hay otros siete billones y medio de personas en el mundo, con sendas visiones, igualmente válidas y dignas de tomar en cuenta, pues en eso de la imaginación, no hay títulos de cuarto nivel que valgan, ni élite, ni "intelectuales" (por cierto, los "intelectuales" casi siempre se distinguen por carecer de imaginación, en grado patológico en algunos casos), por lo que queda descartada (cuestión de ética elemental) la vía de la imposición y sólo queda la del diálogo y del cambio evolucionario, si es que realmente quieres que eclosione en el mundo real tu visión personal (yo no: prefiero que mis fantasías queden en fantasías: es mucho más cómodo).

Para el radical, el status quo es un cuarto lleno de trastos inservibles. El mundo nace nuevo cada día, sin historia y sin esperanzas. Para el resto, robarle a alguien su expectativa de futuro (y la propiedad privada es eso, una expectativa de futuro) es... bueno, quedemos en acto de violencia. Cambiar las reglas bajo las que alguien vive y construye futuro y sueños es cometer un acto de violencia hacia esa persona. Difícil de justificar, a menos que sea para terminar con una violencia mayor, o porque existe un consenso (no "una mayoría"). Por eso el status quo (prefiero el término "realidad") tiene importancia. Sin él, no sería siquiera posible actuar éticamente.

No tengo más tiempo. Cuidado con ellos.

1 comment:

  1. Gracias.
    Leerte es un placer así como un aprender. Envidio sanamente tu bagaje literario y cultural.
    No dejes de escribir. Es un don que no a todos se nos da.
    Un abrazo.

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