Tuesday, April 11, 2017

Shall I compare thee to a Sour Grape?

Acabas de perder un juego de póquer. Tus ahorros, todos para el sonriente ganador, con su odiosa cara burlona. Sospechas que ha habido trampa, pero no tienes pruebas. El otro es demasiado astuto. ¿Qué haces?

Las reglas dicen que en casos así, hay que saber perder con dignidad. Puede que él haya hecho trampa. Puede que no. Cree lo que quieres. Sin esas pruebas tuyas, que no tienes, da exactamente lo mismo. Déjalo ir. El juego es así.

¿Cómo es eso de perder con dignidad? Mejor dicho, ¿cómo se hace?

Bueno, da la casualidad que en eso de perder, estás leyendo a un experto.  Pon atención. 

El quid está en decir "esas uvas de todas maneras eran agrias". Simplemente eso. Decirlo las veces que sean necesarias. Y creerlo.

- Pero - espeta el candidato jugador. - Pero lo que estaba en juego era nada menos que el poderrr. ¿Quién va a decir que el poderrr, el mismo poderrr, era un premio sin importancia, una bagatelle, un déjalo ir? ¿Quién sería capaz de creerse semejante cosa? El poderrr, por definición, es lo que todo el mundo desearía para sí. Ni modo de decir que eso pueda resultar agrio.

Revisa tus definiciones. (También revisa la cara del ganador. Nótese bien lo drenada de simpatía que sorprendentemente luce. Presta atención a esa metamórfosis. Hasta Correa demoró algunas semanas, si bien recuerdo, en sucumbir ante las evidencias de su propia majestad. Moreno, ni días. Ya va con esa hambre. "Respétame, soy presidente, soy jefe de jefes, soy lo máx, flexionen sendas rodillas izquierdas, inclinen la cabeza." ¿Vieron?)

Definición correcta: Poderrr, sustantivo masculino. Capacidad, sustentada con apoyo de leyes y constituciones, para ser un hijo de puta sin sufrir las consecuencias. Ansias de poderrr: primera etapa de la enajenación mental. 

¿Ves? Ni siquiera resulta difícil abjurar del poderrr, si pones empeño en ello. Claro que luego tendrás que revisar tu visión del mundo un poco. Hacer algunos cambios en tus supuestos ideológicos. Total, te tomará un par de días hasta que puedas salir a la calle con un Weltanschauung más o menos estable, sin hacer ruidos extraños. (Cuidado con los radicalismos.)

Si quieres una analogía (en algún remoto pasado me piropeaban mis analogías, por eso) pues piensa en todas aquellas mujeres que no cortejaste, por saberte de rango inferior y sin posibilidades por ese lado. ¿Recuerdas el mecanismo? Primero buscas la manera de compararla con un summer's day una uva agria. A veces funciona ("total, era una cabeza hueca"), a veces ni modo. Demasiado evidente que se trataba de una diosa, con una cabeza absolutamente llena de dioserías y desprovista de oquedades. Entonces, plan B: si no puedes convencerte de que ella no vale la pena, enfocas tus energías en probar que ello no vale la pena. ¿Ello? Pues eso, chico, el cortejo y todo ese rollo. 

- Pero - se lamenta el candidato desdichado príncipe de Aquitaine á la tour abolie. - ¡Pero no puedo siquiera concebir la vida sin el sexo amor! 

Entonces tendrás que ampliar la red un poco, y abjurar de la vida misma. El conjunto de cosas que no valen la pena simplemente se expande un poco más, engloba más cosas. Tampoco es tan, tan difícil.

A los que llegaron a este punto, y luego desaparecieron, un afectuoso saludo (con leves matices sarcásticas). 

A quien sigue en la brecha (mon semblable, mon frére), pues acá estamos. Rodeados (y a nuestra edad) de uvas agrias por todos lados. Esto es la vejez, talvez no de todos pero sí de los perdedores, que somos mayoría: la vejez es esto, habitar un mundo donde queda ya muy poco significado, porque casi todo lo que ves ya fue convertido hace décadas en otra de esas uvas agrias, de esas cosas que no valen la pena. 

Lo curioso del asunto es que con todo esto, tienes la sensación de ver mejor que los demás. Sí. En serio. Otro será prisionero de las vanas ilusiones del deseo. Tú, en cambio, ves las cosas como lo que son: simples cadenas de causa y efecto que remiten a una explosión sin sentido en un universo sin alma y sin futuro.

Y te pones a escribir un libro. "The World as Won't and No Idea". Toma.

¿Lo positivo? Allá íbamos. Primero: el perdedor tiene (si lo quiere, muchos no quieren) ese don, esa posibilidad de ejercer la empatía. El perdedor puede ponerse en la cabeza del ganador, ver como él. sentir como él. Puede perdonarle al ganador su ganancia. Puede adoptar ese punto vista más grande e incluyente, ese sub specie aeternitatis. En cambio, el ganador no puede perdonarle al perdedor, porque no lo conoce, ni puede conocerle, siquiera en su atrofiada imaginación. Hasta que pierda, claro, que es cuando uno generalmente se despierta.

Segundo: si llegaste a expandir ese conjunto de las uvas agrias hasta darle con él la vuelta al mundo, y aun vives, es porque hay algo en ti que se resiste a no valer la pena. Hablemos claro: es porque, de joven presumiblemente, cultivaste tu imaginación. Esa fortaleza interior es la que te salvó. Y te seguirá salvando.

Hay todo un submundo (en YT, especialmente) de crítica, febril y fermentada, hacia esa extraña modalidad de "educación moderna" (es un decir) que en ciertos países supuestamente avanzados está creando una generación de adultos-infantes, intolerantes y susceptibles, generadores de safe spaces y trigger warnings, destructores de plataformas, puritanos apres la lettre. Los medios, por supuesto, ni por enterados. ¿Tiene importancia? 

Creo que sí. Lo que ha cambiado en la educación es una sola variable: la imaginación. Se trata de algo que antes se consideraba importante, y ahora no. ¿Para qué imaginación, si tenemos a la Disney, si tenemos GoT, si tenemos Goat Simulator? Profesionalmente me doy cuenta de ello. No hay que dejarle al estudiante imaginar nada, bajo ningún concepto. La LOES, sin ir más lejos: un himno a la utopía de la no imaginación. Lo mismo se diría del culto radical de rechazo a la "mentira" (invento ecuatoriano, por supuesto, pero ahora extendido mundialmente bajo el lema de Fake News). Se equipara la imaginación con la mentira y listos: una generación de zombis pasmados, consumidores del cuáquer diario gubernamental. Estamos en ello.

Si para ti "las reglas" prohiben todo y te dejan sin cancha, levántate de la mesa, discúlpate, busca el aire de afuera, lo que hace rodar el tumbleweed y te trae un lejano e intrigante olor a sal y ozono.

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