Friday, April 21, 2017

Superchería

En el colegio me hicieron leer los cuentos escogidos de Leopoldo Alas "Clarín", donde el más largo tenía este nombre, de etimología en aquel entonces misteriosa. La colección entera me embelesó, y ese cuento en especial. Para entendernos: el hogar espiritual de Clarín a mi ver siempre fue esa Asturias lluviosa, ese Oviedo/Vetusta conservador, provinciano y soñador que supe vislumbrar más luego también en la ciudad de Segovia, donde residí un año. Yo, de adolescente, vivía en una Inglaterra también lluviosa, conservadora, provinciana y soñadora: tenía, entonces, referencias suficientes para compartir estados de ánimo, desesperaciones, dudas, escrúpulos, lujurias con aquel autor. Del argumento del cuento no me acuerdo con detalle: un tipo se enamora de una diosa, de ésas dulces y discretas, una diosa clariniana, para luego enterarse de que ella participa en un engaño urdido por un marido inescrupuloso, con fines de supervivencia económica y para darle de comer a un hijo. Lo importante, para mí: ese momento álgido de desengaño por parte de un protagonista joven, inmaduro y heroicamente ingenuo, con quien supe identificarme fácilmente. Y es que - se me ocurre - el desengaño, la honda decepción, figura como eje o clímax del argumento de gran número de mis historias favoritas: pienso por ejemplo en Young Goodman Brown. De adolescente ya me estaba preparando, espiritualmente, para una vida cargada de decepciones. (Crecí con Thatcher.) Pero no quería hablar de eso.

Acabo de ver un interesante video donde el intermitentemente brillante filósofo Roger Scruton explica lo que considera la diferencia entre "lying" y "faking". Me pareció interesante el tema, y hasta desarrollable. Mi problema: no encuentro términos en castellano adecuados (ver mis múltiples posts sobre el tema de la mentira, y el problema de traducir "lie" por "mentir": es obvio que no hay equivalencia cultural en eso), así que me quedaré con "mentira" versus "superchería". Pensé también en "falsificación" para el segundo término, pero superchería me parece una palabra más entrañable, por los motivos expuestos.

Así que, resumiendo, lo que dice Scruton es que si quieres engañar a otro, le sirves una mentira. Si quieres que el conjunto de los engañados se expanda un poco para incluirte a ti también bajo su paraguas, entonces falsificas la realidad, urdes una superchería. El mentiroso engaña, pero le importa no creerse su propio cuento, porque de aquella oculta diferencia entre la verdad y su versión mentirosa saca algún beneficio secreto. El falsificador engaña, y... con suerte, tal vez con tiempo de por medio, llega a creerse su propia versión falsa: en todo caso, aunque no lo consiga, quisiera creérsela.

Un ejemplo se me ocurre. ¿Por qué los orgasmos se fingen, pero no se miente sobre ellos? (Por lo menos en inglés. Y sí, boba: los hombres también fingimos. Sospecho que más que ustedes, hoy en día.) Porque si dices "ella mintió sobre su orgasmo", estás dando a entender que derivó algún secreto beneficio del hecho de no tener ese orgasmo en aquel momento: tal vez lo guardó subrepticiamente debajo de la almohada para disfrutarlo más tarde a solas, egoístamente. Lo cual, si no es imposible, es raro. Cuando la gente finge (fake), está diciendo "yo quisiera que las cosas fueran así. De modo que voy a pretender que son así." Eso es lo que Scruton (y ahora yo) entendemos por superchería, por faking.

Tengo que insistir en una cosa: somos seres contradictorios (a menos que seas una chica descomplicada, o sea, unicelular, una ameba con patas). Eso se demuestra sobre todo en nuestra capacidad para creer algo y no creerlo simultáneamente. Pienso en el headbanger que toca air guitar: él no espera realmente que pensemos que esa guitarra invisible sea de verdad, o que él sea virtuoso de verdad. y tampoco se lo cree el... salvo en ese momento. A medias si quieres, pero se lo cree lo suficiente para que la actividad a todas luces ridícula de fingir tocar una guitarra que no existe le resulte placentera. Lo mismo cuando leemos una novela: la disbelief se suspende sólo parcialmente, si quieres, pero lo suficiente. No es imprescindible, para ejercer nuestra imaginación, que nos creamos siquiera una poco nuestros cuentos, pero la posibilidad de intentarlo siempre nos está abierta, y muchas veces resulta tentadora.

En otro post reciente dije que si mentir se define como decir algo sabiendo plenamente que no es verdad, es algo que sólo hacemos de vez en cuando y con cara de gil. En cambio, si es decir algo pensando que si bien no se ajusta a la verdad, la verdad (si insistimos un poco con el calzador, o con las cuerdas del encorsetado si eres Scarlett O'Hara) puede adaptarse para acomodar nuestra fabulación, entonces es algo que hacemos continuamente. Me complugo saber que Scruton está de acuerdo conmigo en eso. La mayoría no somos (tan) mentirosos, pero somos fakers. Es decir, organizamos nuestra experiencia, de por sí caótica, en narratives (esa palabra tan de moda), en confabulaciones en algunos casos, o por lo menos en simplificaciones que si le hacemos caso a esa pequeña voz interior, no convencen plenamente.

Un ejemplo: si fuera del gobierno, si fuera telegrafista, supongo que me importaría convencerme de que toda la oposición política en este país consiste, bien en izquierdistas cojudos presos de una ortodoxia caduca, bien en derechosos que, fíjense bien, han de ser necesariamente ricos, corruptos, egoístas, mentirosos, y financiados por la CIA. Tiene que ser así, porque la simple idea de que pueda existir una oposición, derechosa o no, honrada, escrupulosa, altruista, reflexiva y chira, sin financiación secreta, conlleva demasiados dolores de cabeza. Ahora bien, estoy dispuesto a considerar la posibilidad de que todas esas bestias mencionadas existan en el panorama político del país (me imagino que habrá algún banquero rico, mentiroso y corrupto, si te pones a buscar) si bien lo de la CIA, sólo puede decir que si están involucrados esos gringos, son tan espectacularmente incompetentes (a los hechos me remito) que su oculta presencia sería un dato irrelevante. Lo que no estoy dispuesto a consentir es el cuento de que toda la oposición sea así. No considero que eso sea una mentira, técnicamente hablando, sino simplemente un cuento, una simplificación de la realidad con fines principalmente propagandísticos, pero que seguramente resulta fácil de creer a menos que seas de esa misma oposición. Es decir, no dudo de la sinceridad de quien dice creer eso. Puede ser perfectamente sincero. Lo que no es, es muy perspicaz.

No comments:

Post a Comment